domingo, 1 de febrero de 2026

Interpretación del cuerpo humano.

 

Soma Somos.

Dr. Xavier A. López y de la Peña 


La palabra "soma" viene de raíces griegas y sánscritas, y significa "cuerpo". Es también un

término polisémico que conecta lo puramente físico del cuerpo con significados metafísicos, espirituales y místicos en algunas culturas.
            La estructura física de todos los seres vivos constituye su “cuerpo” y cada cuerpo sigue un ciclo de vida a través de verbos conjugados en la primera persona del plural del presente de indicativo (nosotros) como: nacemos, crecemos, nos reproducimos, envejecemos y morimos.
            En tanto que el “somos”, entendido como esencia y naturaleza, identidad o estado, es un término sólo aplicable a los humanos ya que entre los demás seres vivos sólo “son” subsistencia y procreación.
Sea como sea, el saber quiénes “somos” representa una de las preguntas más antiguas y difíciles que se plantean en la ciencia, la filosofía y la experiencia humana. Por ello haremos las siguientes consideraciones basados en lo expresado en algunas frases de unos pensadores para tratar de comprenderlo mejor -ya que no se tiene una respuesta única-, haciendo referencia a algunas características que constituyen al cuerpo:
“…el hombre es un ser que se pregunta, se interpreta a sí mismo porque sabe que necesita una imagen rectora que le ayude a construirse y a constituirse”;
¿Qué es el hombre?, cuando: “…el hombre va al encuentro consigo mismo, cuando puede descubrir en su propio yo al hombre, y en sus propios problemas a los del hombre. Él va al encuentro de su esencia cuando se asume como problema”;
“Por eso cuando queremos estudiar al ser humano no podemos prescindir de su realidad corpórea; la vida del hombre es libertad, capacidad de entender y de amar: pero es también actividad de los órganos de percepción y función digestiva”;
“…mi cuerpo soy yo”;
“En este momento, miro y siento mi cuerpo, ¿Cómo lo percibo? ¿Qué es mi cuerpo para mí, cuál es el total significado del pronombre posesivo mi cuando lo refiero a mi cuerpo? ¿Qué dice mi cuerpo, acerca de mi viviente realidad, de la realidad que, con muy diversas intenciones, tímidamente unas veces, retadoramente otras, de modo consciente o inconsciente actualizo cuando digo yo”?1
El cuerpo humano -o nuestro “soma”-, es con ello una morada de la materia, una estructura biológica que obedece leyes tanto físicas y químicas como evolutivas; pero también, es un escenario íntimo donde se despliega la conciencia, el pensamiento, la memoria y el deseo. Es pues una combinación tanto física como metafísica. Somos una estructura organizada con límites y ritmos situada en el mundo con un mesurable cuerpo, peso, extensión, organización, proporción, resistencia y vulnerabilidad que nos define tanto como un adentro y un afuera, un yo con lo ajeno que nos rodea, un umbral entre el sujeto y el mundo que, además, tiene consciencia de su finitud en un espacio donde sentimos, sufrimos, gozamos y morimos.
Somos, amplia y sencillamente nuestro cuerpo, un cuerpo como lo refiere el filósofo Maurice Merleau-Ponty,2 “un cuerpo vivido, un cuerpo experiencial no un objeto entre objetos, sino una manera de existir”.
Como ejemplos: Al ejecutar un movimiento como el levantar un brazo, no sentimos a nuestros músculos contrayéndose, sino la intención de levantarlo; al caminar, no pensamos en la secuencia biomecánica sostenida que mantiene nuestro paso: simplemente avanzamos. Al abochornarnos3 expresamos una sensación de “vergüenza ajena” cuando, por ejemplo, nos sentimos en parte responsables por las inapropiadas conductas sociales de algún acompañante. Al caminar por una calle oscura, antes de que pensemos que “esto pueda ser peligroso”, el cuerpo ya se tensa, acelera el pulso y se prepara para reaccionar, pues nuestro cuerpo interpreta la situación como riesgosa, etc.  El cuerpo vivido es así una síntesis inmediata entre el querer y el hacer. Es la encarnación de la conciencia en la acción de una inseparable corporalidad de la subjetividad.
Nuestro cuerpo es a la vez un territorio de expresión simbólica en donde se revelan tanto emociones (llanto, piel erizada, temblor) como identidad (postura, gestos conducta) manifestándose como un texto vivo acorde con la historia personal, la cultura y las normas sociales seguidas en el entorno. De hecho, esta dimensión demuestra que el cuerpo es una construcción tan cultural como natural.
El cuerpo es también un soporte simbólico que se modela con cada sociedad, cultura y época como un texto donde se inscriben valores y significados colectivos tanto de normas, prohibiciones, discursos e ideales que determinan como ser y comportarse nuestro cuerpo. Pero también es cierto que puede aceptarlos, negarlos o rechazarlos, lo que hace que el cuerpo se debata entre la individualidad y la colectividad. Cuerpo como símbolo al que la sociedad le otorga significados: belleza, fuerza, pureza, pecado, salud, función, género. No solo es solo biología, también es interpretación.
Es un límite y frontera entre el Yo y el Tú y, paradójicamente también, constituye una barrera y un puente al mismo tiempo.
Es también un proceso que vive, crece, envejece, enferma, sana, olvida, aprende, enseña, siente y piensa en la unidad de lo físico con lo inmaterial o metafísico, entre el existir y el estar. Este proceso se desenvuelve en un territorio en donde imperan el orden (orgánico-funcional donde se regula la temperatura, la presión, el pH, la homeostasis, el ritmo metabólico) y el caos (las mutaciones, los errores replicativos, las variaciones mínimas que generan diversidad, la enfermedad, el dolor, la fiebre, la inflamación, la ruptura muscular, las crisis emocionales y otras) no como fuerzas opuestas sino como inseparables una de la otra, donde el sistema estructura y organiza la vida con precisión en un medio donde puede irrumpir lo imprevisible y lo indeterminado y le da a su “vivir” sentido, experiencia e identidad. El cuerpo es, finalmente, el lugar donde el orden y el caos se vuelven vida. 
    Finalmente, y, en síntesis:

El cuerpo es el centro desde el cual el mundo aparece como significativo: no solo “tenemos” un cuerpo biológico, “somos” un cuerpo como estructura originaria de nuestra identidad que nos hace posible la percepción, la afectividad, la intersubjetividad, la interpretación y la comprensión del mundo.



1 . García-Echeverri, Jonny Alexander, Giraldo-Zuluaga, Conrado de Jesús, & Duque-Naranjo, Nicolás. (2020). Pedro Laín Entralgo, una visión filosófica del cuerpo: Yo soy mi cuerpo. Discusiones Filosóficas, 21(37), 115-142. Epub June 22, 2021.https://doi.org/10.17151/difil.2020.21.37.7
2 . https://es.wikipedia.org/wiki/Maurice_Merleau-Ponty
3. https://etimologias.dechile.net/?bochorno