miércoles, 2 de abril de 2014

Ideas sobre las manos.

LAS MANOS.
© DR Xavier A. López y de la Peña.
La mirada acaso muestre el estado de nuestro ánimo, mas la mano traduce todo a la vez, los secretos del cuerpo y del pensamiento.
Honorato de Balzac.
Las manos han sido las herramientas del intelecto y sin ellas los seres humanos no hubieran podido alcanzar su desarrollo actual. Las manos y el cerebro guardan vínculos muy estrechos y es prácticamente inconcebible disociar una estructura de la otra. En la forma gráfica de representar la influencia que la corteza cerebral concede a la mano, de acuerdo con el neurocirujano canadiense Wilder Graves Penfield, la zona motora que corresponde a la mano en la zona cerebral, representa aproximadamente un 28% -¡una tercera parte!- del total del área en cuestión, evidenciando la enorme importancia que tiene esta estructura anatómica nuestra.
Las manos nos sirven tanto para acariciar como para destruir y sin ellas nos vemos terriblemente limitados, incapaces incluso de sobrevivir sin una ayuda externa eficaz. El ser humano ha conformado su entorno en concordancia siempre con sus manos y sin ellas, ve reducida su capacidad operativa a nada. Desde los interruptores eléctricos, los libros, el martillo o destornillador, hasta las mismas monedas o el ordenador, están elaborados acorde a nuestras manos para poder manipularlos.
Aunque para todas las personas las manos constituyen un apoyo a su expresión verbal en mayor o menor grado, en algunas de ellas es tan sobresaliente que, si se les atara, prácticamente no podrían comunicarse o lo harían con enormes dificultades. Las manos así les sirven como complemento a sus conversaciones. Los movimientos, las posiciones y direcciones que le imprimen a las manos apoyan de una forma gráfica y simbólica al tema de la conversación ya moviéndolas en forma de círculo cuando se habla de un grupo y reuniendo los dedos para completar y dar forma a la idea de que el grupo de que se habla, de alguna manera se mantiene unido o sólido, quizá congruente con un ideal. Las manos son parte de lo “humano” y transmiten no sólo ideas, emociones, pasiones y sentimientos diversos sino que ofrecen a la vista de los otros, la imagen, concepto y costumbres del poseedor. ¡Muéstrame tus manos y te diré quién eres! Pero cuidado, podría caerse en el mismo error en que incurrió el doctor Adolphe Desbarolles (1804-1886) -quiromántico científico, como solía llamarse a sí mismo- quien habiendo estudiado las manos de Alejandro Dumas y de Musset, leyó también las manos del romántico escritor francés Alphonse de Lamartine y, en un grito de dolor y con las manos elevadas al cielo le confesó: ¿Queréis que os diga, señor, una cosa? -exclamó- . Yo creía que tendríais una mano femenina, delicada, blanca, con dedos afilados, las manos que han escrito Graziella, Las meditaciones y Jocelin. Tenéis, en cambio, perdonadme señor, una mano gruesa, con dedos gordos y nudosos ¡Una mano de mercader!
Los artistas, anatomistas y psicólogos se han dado a la tarea de descubrir en las manos ya su maravillosa estructura y funcionalidad, como sus más sutiles e intrincados secretos que le dan una plasticidad incomparable, y la gitana, en un ambiente de superstición, hechicería y magia sazonado con perfumes o incienso, anuncia la buena o la mala nueva al personaje que ansiosamente busca “saber” lo incognoscible siguiendo la “lectura” de los hechos pasados y futuros impresionados en los surcos (pliegues) de la línea de la vida, del amor o la fortuna evidenciados en la mano.
Las manos conectan con el corazón -creencia añeja-, residencia de las emociones y los sentimientos, así que no es inverosímil entonces que al dedo medio se le llame cordial y que los corazones de los desposados se unan simbólicamente con un anillo colocado, también en uno de los dedos de la mano: el anular. De la amada, se pide la mano, no más. Las manos de la mujer que se ama, se muestran perfectas al enamorado ya por su suavidad y tersura, por el contorno suavemente delineado de los dedos o quizá por los hoyuelos que su mano regordeta hace a nivel de los nudillos. Con las manos, sin embargo, se toma al sujeto amado y se nos toma en el acto del amor. Las manos guían, exploran, reconocen conducen, quizá -y porqué no- también contienen o detienen pero nunca podrán ser indiferentes a la emoción que la intención les imprime ya de manera impetuosa y ardiente, o mesurada y sutil, brusca o suave, tímida o enérgica. En los últimos instantes de la vida del creador de La comedia humana, Honorato de Balzac, se acercó a su lecho Defina de Girardin y aquél le dijo: “Mi gran amiga dejad vuestras manos entre las mías, que yo siento vuestra belleza por el tacto... porque no veo más”. El amor llegó a su vida, a su lado, acompañado de la muerte en la unión de sus manos.
Las manos realizan el último acto del pensar que es el escribir dando certeza a la frase que dice que “escribir es terminar de pensar”, creando, descubriendo, trasmitiendo ideas, sentimientos, emociones, pasiones, incoherencias, estupideces o ya simples informes. Con las manos damos la bienvenida a los visitantes con un gesto amistoso y con ellas también les despedimos. La mano abierta representa una señal de amistad como si se “estuviese diciendo” al otro: mira, soy capaz de empuñar un arma, sin embargo, no lo hago; vengo en paz; no tengo nada que te amedrente. El puño cerrado denota ira, rabia, enojo y amenaza -fuerza agresiva- o expresa en otro contexto dolor e impotencia, o fuerza, decisión y coraje. Unidas las manos ayudan a solicitar clemencia o perdón, denotan concentración o ensimismamiento y pretenden, en la oración, como si su conjunción sirviese de guía para llevar hasta la deidad simbolizando una zambullida celestial. Formando con los dedos pulgar e índice un circulo y los dedos medio -o cordial-, anular y meñique extendidos; la ideología oriental expresa concentración y contacto místico profundo del Yo con el Ser Supremo.
Al estrechar una mano proyectamos y recibimos información sobre la persona, y para el Dr. Gregorio Marañón las manos encerraban el gesto simbólico de nuestro ser. En sus estudios endocrinológicos hacía referencia a que las manos húmedas y frías eran comunes en las personas hipoemotivas, indiferentes e hipogenitales, en tanto que las cálidas pertenecían a los apasionados, vehementes, ansiosos, impetuosos e hipertímicos. La mano que saluda con firmeza revela aplomo y seguridad en quien la ofrece y la proyecta a quien la toma, y en contrario, el saludo huidizo, fláccido y breve transmite de inmediato inseguridad y timidez. Las manos que se ocultan tras el hábito (que no es lo mismo que guardarlas en los bolsillos del pantalón) de ciertas órdenes religiosas quizá sirva para demostrar a su poseedor y a los ojos de los demás, que no son sus manos -herramientas del intelecto- públicas, sino manos privadas dedicadas exclusivamente al servicio de Dios y que sólo pueden ser mostradas unidas y elevadas en la oración.
Algunas personas en fin, lejos de reconocer en sus manos unos apéndices maravilloso que, como el rostro nunca se muestran inexpresivas, pretenden darle lucimiento -bárbara idea- con adornos en la muñeca o en los dedos y les llenan de anillos con piedras preciosas o no, engarzadas en metales varios siguiendo una antigua tradición en el uso de los anillos que otorgaban -aún pretenden hacerlo- ya posición social, eclesiástica y preeminencia en otros órdenes al poseedor que establece con ello en ciertos casos -como cuando se besa el anillo de un jerarca de la iglesia- probablemente un límite artificioso entre los labios del gentil, del miserable o plebeyo y la mano indigna de ser tocada.

martes, 4 de marzo de 2014

Sobre la Ley.

LA LEY: SU VALOR Y LA BASE SOCIAL.
© DR Xavier A. López y de la Peña
El valor de los derechos del hombre está en... “el de los derechos que, aunque todavía no los son conforme a los textos de las leyes, han alcanzado o van alcanzando reconocimiento en la conciencia de los pueblos o en sectores importantes de ellos; pero no una conciencia pasiva o contemplativa sino, si se me permite la expresión, una conciencia militante, no en un sentido bélico, claro, sino en el de una voluntad de luchar, de asumir riesgos por una causa en que se cree.”
Antonio Carrillo Flores (1909-1986)
El punto de referencia entre las relaciones humanas se sitúa en la Ley y esta sirve para establecer orden y concierto en la sociedad orientándose hacia el bien común. Aristóteles con toda justicia en el siglo IV a.C. se refirió al ser humano como el de que es un “animal esencialmente sociable”. La ley, compuesta con diversos ordenamientos y utilizando un lenguaje propio se hace difícil, cuando no imposible de comprender para el ciudadano común que le mira receloso y se genera, aunado a la reiterada costumbre de violarla en nuestro medio, una gran desconfianza sobre la ley y el derecho.
La idea de la ley confrontada por los hechos en un juicio, inmediatamente trae a la memoria de las personas en general, la imagen de un tormentoso camino lleno de incomodidades, sinsabores y asperezas cargadas de enormes costos económicos y morales en manos de abogados que conocen, no una sino mil formas de “arreglar” el asunto a favor, por supuesto, de una y otra de las partes en conflicto. Hacen ver, además, que tanto una como la otra detentan la razón, es decir, su causa es legítima ¿quién entonces está equivocado? Los conflictuados así representados por sus abogados, cada uno con su pretendida “razón” se presentarán posteriormente ante el árbitro de la ley: el juez, quien teóricamente se hace cargo de seguir ciertas reglas encauzadas a la búsqueda de la verdad considerando las pruebas y los testimonios que de uno y otro lado se presenten, y que habrá finalmente de emitir una resolución, un juicio que sancione a favor de uno u otro el diferendo.
Históricamente los grupos sociales de antaño debieron subordinarse a una persona que hubo de constituirse en “jefe” emitiendo reglas o normas de conducta (leyes) para el buen desarrollo de la comunidad, tanto en el orden territorial, como en el de relaciones entre ellos mismos de forma organizada con lo que se sustenta de forma primitiva la idea del Estado. Este modelo primigenio de ordenamiento cimentó la estructura legal que aún nos rige, dando marcha atrás a la anarquía y la barbarie prehumanas. La palabra escrita desde sus orígenes hace 5000 años aproximadamente, ya registra testimonios de leyes y reglas dirigidas a las personas para hacerlas cumplir y lograr convivir en armonía y generalmente eran consideradas como provenientes de una divinidad.
El código babilónico de Hammurabi (1750 a.C) escrito en lenguaje sumerio es un ejemplo notable de ello ya que en la parte superior de la estela o cilindro de diorita que le contiene, tiene un relieve que muestra a el mismo rey Hammurabi recibiendo el código de manos del dios-sol Shamiash. Los hititas y sumerios posteriormente asimilaron las leyes babilónicas y las trasmitieron a la cultura judeo-cristiana. Algunas reminiscencias de este proceso quedaron plasmados en el Decálogo entregado por Yahvé o Jehová a Moisés en el monte Sinaí al año 1300 a.C y que a través de una recopilación pacientemente realizada durante siglos de este y más ordenamientos jurídicos, conformaron una serie de leyes conocidas como Ley mosaica. La ley hebrea que se conoció más ampliamente por su severidad ante el aserto del “ojo por ojo y diente por diente” (Éxodo 21:12). Solón (639-559 a.C.), el filósofo elegido como supremo arconte o gobernante de Atenas en el siglo 594 a.C., heredero de una cultura occidental rica en leyes y conceptos como los de la igualdad y libertad de los hombres, y sustentando el germen del conocimiento de que el real sentido de la ley es lograr una sociedad perfecta, transformó las despiadadas leyes de Dacrón ubicándolas en un ámbito de justicia dando seguridad a los ciudadanos de que las leyes no pudieran ser interpretadas por los jueces a discreción, y por ello, se le considera el verdadero fundador de la democracia. Dijo Solón que redactaría sus leyes de manera que todos los ciudadanos se convenzan de que les es más útil obedecerlas que violarlas.
El Corán (kitab-ullah, libro de Dios), la obra escrita que más ha influido en el mundo después de la Biblia, contiene la palabra divina para el mahometano revelada por Alá al profeta Mahoma ofreciendo el summum del saber y constituye la base de la política, la moral, las leyes y la religión musulmanas. El México prehispánico también tuvo un sistema legal conformado por tribunales y jueces encargados de la administración de la justicia encabezados por el cihuacóatl que hacía las veces de magistrado supremo y era nombrado por el rey. Tribunales como el tlacatecatl conformado por tres jueces y que despachaban en los palacios, o las solemnes audiencias que se celebraban cada 80 días, los nappapohuallatolli, que atendían los asuntos más graves y determinaban las sentencias, muchas veces severísimas, a los reos convictos. Los dioses en la cosmovisión náhuatl decididamente influían en las decisiones de los jueces y súbditos presentándose como señales diversas: la rotura de un cántaro o una lluvia de estrellas; por doquier se manifestaban, sólo habría que interpretarlas en el correcto sentido y proveer lo conducente. La Colonia en fin, ya tocando a su término, impuso en México una serie de leyes inspiradas en el depurado código napoleónico del que abrevó España y transmitió a Hispanoamérica vía descubrimiento, conquista y colonización.
Nuestras leyes actuales tienen una rica historia y tradición nutrida en muchas fuentes y que están amalgamadas en la Constitución. Empero, el precepto constitucional se ve violado con harta frecuencia. El sistema legal como inicialmente señalamos, se presenta ahora desvirtuado y parece manejarse en forma discrecional apartándonos de la opinión que Antonio Aparici y Guijarro (1815-1872) hiciera: ...si tenemos una ley, debemos cumplirla en el espíritu y en su letra; una mentira deshonra a un particular, una ley que es mentira corrompe a un pueblo. No queremos ver más a un puerco en el Congreso de la Unión como sucedió alguna vez en nuestro pasado histórico, como reflejo del desatino, desacierto, burla, mofa y descontrol de una sociedad de partidos, que verdaderamente están partidos, sumida en la desconfianza y la inseguridad, en la falta de respeto hacia las instituciones y en medio de una pobreza creciente en la que sienta reales la corrupción; el cáncer que devora despiadadamente a la sociedad mexicana como si fuese un buitre que hace suya la carroña. De una sociedad guiada por aquellos que tergiversan la verdad, aplican las leyes discrecionalmente y pretenden calificar la verdad o las leyes invocadas por una persona, o un grupo de ellas, en tener o no una base social, que no razón.
Los próceres de nuestra Independencia fueron tildados en su tiempo de rufianes sin base social, pero la razón de lo legítimo de sus ideales dio a su gesta insurgente luz en el camino del México en el que pretendemos vivir. A México lo oscurecen unos pocos. Por poco tiempo habrá de ser mientras se tenga el valor civil de denunciar y señalar los atropellos de los que hacen de las leyes, que hacen de ellas lo que les viene en gana y piensan que pueden engañarnos.
La sociedad está despertando y grita por la justicia. La ley tiene el valor de la base social que la creó, y el ciudadano o los ciudadanos que la invocan tienen la razón, aunque algunos ciegos y sordos a esta verdad no la quieran, todavía, ni “ver ni oír”. El último grado de perversidad es hacer servir las leyes para la injusticia, como dijo el enorme pensador Voltaire (1694-1778).

miércoles, 5 de febrero de 2014

Algo sobre la fibra

LA FIBRA EN LA DIETA
© DR Xavier A. López y de la Peña
Hace ya tiempo que se preconiza el establecimiento de nuevos patrones de conducta alimentaria dirigidos hacia la población en general con el propósito de evitar alteraciones a la salud entre los que se cuentan hemorroides, algunas formas de cáncer, la temida aterosclerosis y sus efectos en la esfera cardiovascular y muchos otros más.
La fórmula generalmente recomendada fue la de reducir el consumo de grasas hasta un máximo de 30 por ciento de las calorías totales diarias, incrementar el consumo de frutas, verduras y legumbres como fuente de fibra, y el de azúcares complejos de absorción lenta como los que contienen la papa y algunas legumbres y evitar al máximo posible el consumo de azúcar refinada, los alimentos ahumados y los preparados de alimentos que contengan conservadores.
La fibra, tema que nos ocupa, contenida en una amplia variedad de alimentos también ha merecido un importante y creciente interés y ha sido recomendada para el tratamiento de algunos padecimientos como la constipación, las hemorroides, el aumento de las grasas en la sangre (hipercolesterolemia), la obesidad y la diabetes mellitus entre otras, y como preventivo contra enfermedades del corazón y el cáncer del colon particularmente. La producción científica que se ha dado en la investigación de este campo y su ulterior difusión por la prensa ha sido determinante en estos cambios influyendo en los patrones de compra, consumo y producción de alimentos de manera sobresaliente. De hecho, el conocimiento de la importancia que el consumo de fibra tiene para la salud humana en general impulsó a la industria de los alimentos a destacarla como un contenido importante en sus productos, y se ha incorporado ya a la dieta de una buena parte de los mexicanos el otrora desconocido pero rico en fibra, brócoli.
La fibra de los alimentos está constituida por aquella parte de la planta que es resistente a la degradación por las enzimas que contiene el intestino delgado humano y está formada principalmente por polímeros de carbohidratos complejos como la celulosa, pectina, hemicelulosa y mucílago. A la fibra vegetal a su vez suele reconocérsele en dos formas: la soluble y la insoluble en agua y aún cuando ambas son resistentes a la degradación enzimática en el intestino delgado como arriba mencionamos, la fibra conocida como soluble sí es degradada de forma muy eficaz por las bacterias que contiene el colon en tanto que la fibra insoluble pasa sin modificaciones a través de todo el tracto digestivo.
Tiene mucho interés además el saber que, independientemente de que la fibra sea soluble o insoluble, ambos tipos de fibras poseen propiedades algo diferentes tanto sobre la mecánica intestinal como en varios efectos metabólicos, de tal suerte que la fibra soluble retrasa el vaciamiento gástrico en tanto que la insoluble no lo hace y ambos tipos de fibra regulan de igual manera el tiempo del tránsito del bolo fecal por el colon, su volumen y la frecuencia de los movimientos intestinales. La fibra soluble lentifica la absorción de glucosa por el intestino delgado y reduce el colesterol total de la sangre en tanto que la fibra insoluble no tiene estos efectos. Vamos a señalar por partes algunas de las acciones benéficas que la fibra en general tiene sobre las funciones del tubo digestivo, su empleo en la obesidad, la diabetes mellitus y la hiperlipidemia y por último sus efectos indeseables que también los tiene. Para un adecuado funcionamiento intestinal suele recomendarse la ingestión diaria de 30 gramos de fibra que puede conseguirse fácilmente con la adición de una o más porciones de frutas y vegetales al día en los alimentos o desayunar cereal e incrementar la ingestión de líquidos. A nivel intestinal la fibra tanto la soluble como la insoluble previenen y corrigen la constipación incrementando el bolo fecal al hidratarse en el intestino haciendo más fácil la evacuación con lo que mejora o previenen las hemorroides, la diverticulosis, la diverticulitis y la hernia hiatal al disminuirse la presión intra-abdominal que se ejerce al pujar. También a nivel de colon puede prevenir el cáncer ya que en diversos modelos experimentales se ha demostrado que la fibra contenida en la dieta puede inhibir la acción de ciertos carcinógenos. En el caso de la obesidad, la fibra ha cobrado una gran importancia dado que produce una sensación de "plenitud" en el estómago y por ello ha sido recomendada como complemento en las dietas de reducción de peso, además de que estas mismas dietas suelen ser bajas en grasas y en calorías totales. Para el caso de la diabetes mellitus, la fibra de la dieta ocupa un segundo lugar en importancia después de sus acciones directas sobre las alteraciones gastro-intestinales y esto ha hecho que la Asociación Americana de Diabetes recomendara una dieta que contenga unos 40 gramos de fibra al día en los diabéticos. Esta indicación está basada en múltiples estudios que han demostrado que consumiendo cantidades iguales del mismo azúcar pero en diferentes alimentos, se producía una diferencia importante en su absorción lo que llevó al concepto de que los alimentos tiene un determinado "índice glucémico" y ello puede deberse cuando menos en forma parcial, al contenido de fibra que los mismos tienen, particularmente la fibra soluble, por lo que se ha recomendado ampliamente su consumo como coadyuvante en el tratamiento de esta enfermedad. El ataque al colesterol y sus efectos devastadores a nivel cardiovascular particularmente, ha enfocado la atención hacia la fibra contenida en los alimentos ya que también se ha demostrado que el consumo de la misma en grandes cantidades en su forma soluble y purificada como el caso de la pectina y el psyllium, reducen los niveles sanguíneos de colesterol, en tanto que la fibra insoluble no tiene estos efectos. Los mecanismos que buscan explicar estas acciones son varias y entre otros se mencionan su efecto sobre el metabolismo de los ácidos biliares y cambios también en el metabolismo de los ácidos grasos por las bacterias del colon, sin olvidar asimismo que la simple adición de fibra a la dieta por si misma, tiene efectos sobre otros componentes de la misma como son sobre los azúcares y las grasas.
Por último algunas consideraciones sobre los efectos indeseables de la fibra contenida en los alimentos y entre ellos sobresale el de que puede aumentar la producción de gases en el intestino (metano, dióxido de carbono e hidrógeno) producidos por el metabolismo bacteriano sobre las fibras no digeridas en el colon, y la posibilidad de causar severa constipación y aún una completa obstrucción intestinal cuando la ingestión de fibra no se acompaña de cantidades suficientes de líquidos. También podría ser causa de cierto grado de deficiencia en calcio y zinc debido a que algunas substancias de las fibras pueden unirse a estos elementos e impedir su absorción a nivel intestinal. No deben pasar desapercibidos tampoco las reacciones alérgicas que algunas fibras pueden producir a algunas personas.