miércoles, 2 de marzo de 2016

Del sentimiento rítmico de la vida.

Ritmo.
“La música es la receta perfecta para todo facultativo agobiado de trabajo”.
Dr. Harvey Salomón. Internista-timbalero, Nueva York. 1966
© DR Xavier A. López y de la Peña
La vida es todo ritmo. Estamos sometidos a las variaciones rítmicas estacionales de primavera al invierno, ciclos día-noche, frío y calor, y al cambio cósmico cíclico también con variaciones temporales diversas como algunos de los factores externos. Somos compañeros inevitables de nuestro propio y rítmico latido cardíaco, del ritmo respiratorio, de la cadencia de nuestro talante que oscila rítmicamente también entre la alegría y la depresión, de ciclos hormonales circadianos, ultradianos e infradianos como algunos factores internos. La expresión emocional vibra también a ritmos. Con la voz inicialmente expresamos nuestras emociones -a más de gestos y posturas- y luego a través de instrumentos. Sonidos rítmicos creados con instrumentos que posteriormente se armonizaron.
¿Qué música nos hace vibrar de emoción? ¿Qué emoción despiertan? Habrá quien llegue a las lágrimas con el canto de un jilguero o el de un canario, como quien se cimbre más ante la modulación de sonidos que con el ritmo como sucede entre los mongoles.
Recuerdo a un viejo argelino, Ahmed, que al tañer acompasadamente un instrumento de cuerdas de fabricación propia pedía a los transeúntes, en los suburbios de Orán, alguna moneda para poder sobrevivir. Música, ritmo y sentimiento de la miseria del ejecutante, haciendo vibrar la compasión del distraído viajero.
Música sacra y profana, contraste de comunicaciones emocionales entre lo sagrado y lo terreno aunque de cualquier forma, sublimes ambos; música folklórica y popular que señala un lugar con sus usos y costumbres tradicionales como la interpretada por un solitario violinista de Helsingland, al oeste de Suecia, contra la sinfónica que alcanza un nivel universal; música infantil que recrea sueños y fantasías propias del menor, contra el estridente ritmo juvenil que en su expresión musical nos demuestra sus pasiones, desencuentros y búsquedas de adolescente ávido por crecer y ser; música para evocar o, inclusive, para forzar a comer. Ritmo que excita a favor o deprime en contra de una u otra expresión emocional.
El ritmo es también señal. Ha sido usado como señal de duelo -deprime-; señal de alerta -excita- como el ulular de las sirenas que previenen sobre un inminente bombardeo o del paso de una ambulancia; solicitud de socorro -demanda- como el representado por el lenguaje Morse con su SOS (tres golpes cortos, tres golpes largos y tres golpes cortos); bienvenida –alegría-. Juego: fanfarria olímpica. Guerra, marcha militar con olor a muerte, rígida. Acongoja si la cadencia del ritmo unida a la experiencia personal nos hace rememorar algún episodio triste en nuestro pasado como escuchar un lánguido dúo de damas japonesas tocando típicos instrumentos de cuerdas: el gekkin y el samisen.
Incita a beber y comer cuando se le escucha en los restaurantes o tabernas haciendo que el comensal o bebensal entre en tensión, y la desesperación -respuesta subliminal- inconsciente que genera, les haga pedir otra copa más o un pastelillo adicional, para mitigarle. Música con mariachis en el Asador Musquis, fiesta, disipación, alegría y jolgorio con el toque nacionalista. Regocijo. El ritmo de las bandas de guerra que al son de sus marchas militares nos indican y marcan orden, disciplina. Ritmos que alientan al honor en la defensa (¿) de una causa, en morir dignamente para ser glorificados y en el matar al prójimo -sin remordimiento- a grado de excelsitud: ... al sonoro rugir del cañón. Ritmo nacionalista o regionalista.
Ritmos cuya cadencia nos hace entrar en un sopor que invita, irremediablemente al sueño. El rítmico sonido del oleaje, relaja y hace entrar en sincronía a nuestros sentimientos. Tic tac de la naturaleza que impacta a otra naturaleza.
Villancicos, o aguinaldos venezolanos evocando episodios navideños cristianos. Rítmico el masaje que en el ir y venir de la mano, o las manos, impulsada por el músculo de ejecutante, hacen fluir el tónico para mitigar la contractura, posicionar la vértebra, reubicar el despistado tendón o dinamizar la linfa estancada. Relajar la tensión.
Ritmo en el aquelarre, las ceremonias de iniciación donde desbordan las acciones colectivas de posesiones ultraterrenas y demoníacas. Ritmo de la marcha nupcial indicando la unión de dos personas ante la sociedad. Ritmo que mueve a convulsión y posesiona a los participantes en ciertas ceremonias haitianas, impregnados de vudú al monótono son de los tambores.
La voz humana que sigue el ritmo de la música y genera también intensas emociones es, en algunos casos, incapaz de ser superada por otros. Es así, que la interpretación de la canción de 1951 Padam-padam interpretada sin el particularísimo estilo de la francesa Edith Piaf, carecería de todo encanto. El artista imprime emoción también al ejecutar su instrumento, sentimiento que se trasmite a quien le escucha. Ritmo, tono, altura, compás, textura, duración, timbre. Emoción en todo. Ritmo y comercio. “Al son que me toquen bailo”, espectáculo taquillero, disco de platino por ventas en el mundo a cierto exitoso fonograma.
Ritmo con el cuerpo en las artes marciales desde el más sutil hasta el más enérgico, con o sin contacto físico con otro. Ritmo en la práctica gimnástica y para el acondicionamiento físico; ritmo del desarrollo muscular a fuerza de contraer una, dos, tres y mil veces más un músculo o un grupo muscular contra una carga determinada; ritmo de construcción de imagen corporal. Ritmo para el baile: danzón, cumbia, vals, joropo, merengue.... Ritmo negro, blanco, amarillo impulsado por el color de la piel de las personas de una u otra región. Ritmo en la siega del trigo, en la pizca del tomate combinando sudor y esfuerzo. Ritmo de banyo (como la famosa composición instrumental de Arthur "Guitar Boogie" Smith, de 1955 para banjo bajo el título Feudin' Banjos) o del blues que surge de las manos negras del recolector de algodón norteamericano como la obra Summertime, aria compuesta en 1935 por George Gershwin, en que nos ofrece una canción cargada de dolor, sufrimiento, esperanza tal vez.
Una vez de viaje en Guatemala, reunidos en una larga casa con techumbre de paja llena de gente, nos sentamos en unas sillas hechas de cuero en el centro. Llegaron luego veinte músicos vistosamente vestidos con chalecos policromos, fajines, pañuelos y calzones cortos, cargando marimbas hechas por ellos mismos y, a su ritmo ejecutaron un repertorio musical incitante mezclado con los olores de la campiña de la ciudad de Retalhuleu, animados entre el calor humano concentrado y los efectos de la chicha.
Ritmos los hay para una contada elite refinada en la que una sinfonía de Mozart, un cuarteto de Beethoven, una pieza instrumental del austríaco Anton Webern, un concierto brandenburgés de Bach, un preludio de Chopin o una obra orquestal de Bartók, son partituras estimadas por los estetas como la más alta proyección del pensamiento musical. En contraposición, la música popular que hermana en la democracia, emana –como dijo Jacobo Grimm- como cualquier cosa buena de la naturaleza, silenciosamente y de la pacífica fuerza de todos; nace como también apuntó Cecil Sharp, del inconsciente colectivo.
El ritmo es, a fin de cuentas y en última esencia parte polifónica de nuestra propia existencia. En cuanto a la música se refiere y como en gustos se rompen géneros, cada quien tiene su especial sensibilidad y respuesta al ritmo y yo, ni hablar, como repetidamente he dicho prefiero el ritmo de la salsa.
El ritmo a nadie puede ser indiferente. El ciclo vital oscila ente el ritmo del nacer y el morir. Ritmo de crecimiento, ritmo de bombeo, ritmo de producción; todo es ritmo, la frecuencia periódica de un fenómeno en el que está inmersa la vida.

lunes, 8 de febrero de 2016

Medicina Náhuatl.

MEDICINA NÁHUATL: VÍNCULOS HISTÓRICOS.
© DR Xavier A. López y de la Peña
La práctica de la medicina en México tiene indudablemente raíces profundas en el conocimiento precortesiano que sobre salud y enfermedad tenían los antiguos mesoamericanos y mantienen vigencia actual algunos ejemplos como el de relacionar algunos padecimientos con el frío o la humedad, el calor y la sequedad. Comentaremos algunos aspectos históricos acerca de la medicina náhuatl, historia que constituye un puente entre el hoy y el ayer, la historia entendida como lo expresara Fray Juan de Torquemada en el siglo XVI:
"...es un beneficio inmortal que se comunica a muchos: ¿Qué depósito hay más cierto y más enriquecido que la historia? Allí tenemos presentes las cosas pasadas y testimonio y argumento de las por venir. Ella nos da noticia y declara y muestra lo que en diversos lugares y tiempos acontece. Los montes no la estrechan, ni los ríos, ni los años, ni los meses, porque ni está sujeta a la diferencia de los tiempos ni del lugar. Es la historia un enemigo grande y declarado contra la injuria de los tiempos, de los cuales claramente triunfa. Es la reparadora de la mortalidad de los hombres y una recompensa de la brevedad de esta vida..."
De una manera extraordinariamente simplista podemos resumir el contexto histórico del desarrollo cultural náhuatl como base de la interpretación de la medicina, en que el ordenamiento material tenía como base el régimen militar y el espiritual el teocrático, ambos entrelazados indisolublemente. Así, la gestación de la práctica médica y el desenvolvimiento alcanzado hasta el tiempo de la llegada de los españoles transitó entre un continuo luchar, conquistar y domeñar tierras y hombres, amalgamando las tradiciones, costumbres, ideologías, conceptos, artes y técnicas de las culturas de los otros pueblos mesoamericanos, desde el momento mismo del establecimiento del imperio azteca en Tenochtitlán guiados por el implacable dios Hitchilopochtli -colibrí zurdo-, el dios de la guerra.
Nace de esta manera una nueva cultura, la náhuatl, fortaleciendo el Ticiotl o arte y técnica de la medicina que habrán de darnos a conocer los historiadores; recios conquistadores y pacientísimos sacerdotes a la luz de la espada, la cruz y la pluma que en un choque cultural portentoso gestaron nuestro mestizaje aderezado con un fuerte sabor medieval.
El hombre prehispánico ejercía la práctica médica, nos dice el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, en la edad adulta, en tanto que la mujer lo conseguía hasta pasada la menopausia una vez libre de la impureza derivada de partos y menstruaciones.
Pero, ¿qué hacía, cómo actuaba ese médico? Fray Bernardino de Sahagún nos da una descripción de sus acciones: "El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador, y por ser inhábil, en lugar de sanar empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aun a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas".
El ejercicio de la práctica médica se heredaba de padres a hijos según declaraciones del Dr. Francisco Hernández, protomédico de las Indias en su obra Historia Natural de la Nueva España , y también hay pruebas de que en los templos como el Cálmecac, los sacerdotes (o sátrapas según Sahagún) enseñaban acerca de las propiedades medicinales de algunas hierbas pues "algunos eran médicos".
El formulario terapéutico que utilizaban era amplísimo y aquí ofrecemos algunos breves ejemplos: Para concertar lo huesos (tratar las fracturas) se indicaba que "...las quebraduras de los huesos de los pies, curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli (panta parecida al hinojo) y la de la tuna que deberá ponerse en la quebradura del pie, y envolverse, y atarse con algún lienzo o paño. y después de puesto, se han de poner cuatro palitos o tablitas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuertemente con algún cordelejo, para que de esta manera salga la sangrasa, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro porque no se pudra la herida; y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después de este tiempo, se ha de echar una bilma de ocolzótl (cierta clase de pino) con polvos de la raíz de maguey, con alguna poca de cal y sintiendo alguna mejoría, podránse tomar algunos baños" .
Si se dejan de lado los elementos propuestos utilizados de carácter mágico e inútil, ciertamente el conocimiento de la inmovilización debió haber sido eficaz como lo demuestran algunos huesos fracturados y consolidados de la época prehispánica, como los hallados en Nonoalco según las descripciones osteopatológicas realizadas por T. Jaén y C. Serrano.
La realización de sangrías como método terapéutico en numerosos casos patológicos de manera única o como coadyuvante en las curaciones prehispánicas empleando corrientemente puntas de maguey, ciertamente no representaban como para los europeos, el dar con ello salida del cuerpo al elemento "morbífico" que contenía, sino que se ubicaba en el contexto de representar una "ofrenda" a los dioses para esperar su auxilio en recuerdo del autosacrificio de Quetzalcóatl (Dios del aire, representado bajo la forma de serpiente, emblema de los vientos y los torbellinos, recubierta de plumas de quetzalli, que representaban los céfiros y las nubes negras. Serpiente emplumada) que con su propia sangre dio vida (vivificó los huesos robados a Mictlatencutli -dios del reino de los muertos que en el gran templo de México tenía una capilla llamada tlaxico -en el vientre de la tierra-) a la generación presente.
Para tratar los furúnculos, este era el remedio descrito en el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por Martín de la Cruz en 1552: "se muelen las raíces del tlalahuehuetl y otras bien sin agua, en yema de huevo se aplican al furúnculo de la cabeza después de bien lavado el pus, dos veces al día, por la mañana y por la tarde. Después se cubre bien la cabeza. Ahora, si solamente hay una parte en que se halle esta pudrición, se lavará con orines y se pondrá el mismo medicamento Hace tiempo se demostró que la alnuína, substancia antiinflamatoria obtenida de una variedad de alnus, especie del árbol ylin, tiene, como el tlalhahuehuetl propiedades astringentes y la yema de huevo contiene citopoyetinas que estimulan la proliferación de los fibrobalastos, elementos que utilizados en la fórmula anterior posiblemente hubieran contribuido a la solución de los furúnculos descritos.
La vida y la muerte, la salud y la enfermedad estaban íntimamente ligados a influencias teogónicas y cosmogónicas. En general, ambos conceptos duales representaban ya el castigo a una ofensa proferido por alguna deidad (enfermedad o muerte) o la recompensa (salud y vida) al buen comportamiento y devoción por los dioses. Como ejemplos: Xipe-totec el dios tutelar de la medicina y de los orfebres castigaba con el "mal de ojo, la sarna y la postema , Tezcatlipoca ("espejo brillante o que humea", gran dios con poder de provocar la guerra) el eterno enemigo de Quetzalcóatl castigaba a los viciosos con diversas y terribles enfermedades, algunas incurables del corazón y formaba parte también de la mitología mexica relacionada con la práctica de la medicina. El eclipse de luna como ejemplo de la influencia cosmogónica en la interpretación de las enfermedades determinaba algunos de los defectos congénitos como el de labio leporino, por mencionar uno bien conocido en relación con este fenómeno natural.
La actuación médica prehispánica por parte del ticitl (médico, partera, augur, adivino), había alcanzado un gran desarrollo al momento de la conquista española, su arte le llevó a reconocer y diferenciar para terminar con este vastísimo campo, las hemorroides externas de las internas: "la enfermedad de las almorranas se curará con el agua de la yerba tetlemaitl... entiéndanse estando dentro las almorranas; pero si estuvieran fuera, será necesario moler la dicha yerba y los polvos y ponerse sobre ellas".
La medicina prehispánica constituye aún un filón muy rico para explorar aunque poco esfuerzo se encamina a éste propósito, y la herbolaria representa un importante arsenal terapéutico en espera de incorporarse formalmente a la práctica médica oficial que le rechaza por presiones económicas y culturales básicamente.
Sirvan estas breves líneas para interesar al lector en el ticiyotl o ticiotl, el arte de la medicina expresado en la sutil y bella lengua náhuatl ligándolo a la concepción histórica y médica que nos ofrece el eminente Pedro Laín Entralgo:
"Para quien considere el ejercicio de la medicina sólo como una profesión más o menos lucrativa o como la mera ejecución [...] de técnicas y diagnósticos y terapéuticas perfectamente reguladas, la historia del saber médico será, sin el menor género de duda, pura inutilidad. Pero las principales razones por las cuales posee alguna utilidad el conocimiento de la historia de la medicina, es para quienes como médicos no se contenten con ser simples técnicos repetidores de técnicas, para cuantos aspiren a poseer en su persona la doble perfección del hombre culto y del técnico intelectualmente ambicioso".

miércoles, 6 de enero de 2016

Herbolarium Medicum

LA HERBOLARIA EN LA MEDICINA
© DR Xavier A. López y de la Peña.
El ser humano ínter depende con las plantas. De ellas obtuvo alimento para el cuerpo, abrigo, material para elaborar diversos objetos y remedio para sus males.
La biotecnología actual impulsa hace décadas a los grandes consorcios fármaco-biológicos en la búsqueda de los principios activos de las plantas alrededor del orbe. Dichas instituciones patrocinan a un nutrido grupo de investigadores de las más variadas disciplinas que recopilan información acerca de los usos tradicionales de las plantas en la atención de uno más problemas de salud. Interesa su reconocimiento, clasificación, propiedades reales y supuestas y el “posible” principio activo que le confiere sus cualidades. El conocimiento primigenio acerca de cómo se obtuvo el saber sobre las propiedades de las plantas se oculta en el pasado remoto por ausencia de fuentes que lo constaten, mismo que se generó, a no dudarlo, a fuerza del ensayo y error de nuestros ancestros. Sin embargo, datos acerca de la sistematización en el conocimiento de las plantas nos ofrece el primer catálogo conocido de hierbas de uso medicinal que se generó en China a manos del emperador Shen Nung, considerado el dios chino de la medicina e inventor también del arado en el tercer milenio a. de C., y los conocimientos sobre el tema que nos legaron los egipcios y que nos dejaron escrito en el conocido Papiro de Ebers. Teofrasto, seguidor y sucesor de Aristóteles nos dejó en su Historia de las plantas y Causas de las plantas, aparentemente la primera clasificación de las plantas que incluye su descripción física, formas de crecimiento y métodos de germinación, y cuyos datos obtuvo precisamente en el jardín botánico del Liceo que aderezó el propio Aristóteles.
El romano Plinio el Viejo acrecentó el número de plantas descritas con muchos aciertos y más errores; el médico y farmacólogo griego, Pedanio Discórides, como cirujano de las legiones romanas a través de sus múltiples viajes, acopió gran cantidad de ejemplares y su descripción aumentó de manera considerable el conocimiento acerca de las plantas en su época. De entre los egipcios se tienen pruebas de la época de los faraones (bajorrelieves, papiros) que muestran el gran conocimiento por ellos adquirido sobre una enorme cantidad de las plantas y, de ellas las de uso medicinal.
Los árabes no se quedaron atrás. El moro español de Málaga Ibn Baithar, infatigablemente y hasta su muerte en 1248 reunió datos y materiales botánicos al través de sus viajes por el norte de África, Egipto, Grecia, Arabia y Mesopotamia. Todo el panorama del conocimiento se transformó con el Renacimiento. La botánica fue una de las que mayor impulso tomó y de cuya memoria se conservan los extraordinarios herbarios exquisitamente ilustrados como los que hiciera el inglés John Gerard, o los estupendos escritos sobre la materia que nos legara Andrea Cesalpino, médico de los papas.
El envión tomado para viajar en esta época y conocer nuevas rutas, gentes y mercaderías; hizo que los andariegos y navegantes intrépidos se surtieran de acompañantes ávidos de conocer, palpar, gustar, oler, dibujar, describir y coleccionar nuevas especies ya vegetales como animales a más de recrear o repudiar usos y costumbres de los habitantes de lugares hasta entonces ignorados. La geografía del mundo inició su reconstrucción. Cayeron las ideas geocéntricas y el sol se entronizó al centro del universo. Martín Lutero se encargó de causar el cisma del catolicismo. Se “encontró” por error de cálculo al Nuevo Mundo más allá de las columnas de Hércules. América y el lejano Oriente exportaron sus mercaderías y plantas a Europa llenado de asombro a gentiles y soberanos. De la Nueva España llegó pronto a Europa para quedar oculto por siglos en la Biblioteca Vaticana, el Libelus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por Martín de la Cruz y traducido por Juan Badiano, médicos indígenas de Tlatelolco, dando cuenta del extraordinario desarrollo alcanzado en este campo del conocimiento por los mexicanos acerca la herbolaria medicinal.
El Renacimiento inicio también el impulso a la técnica y surge el microscopio con los que Marcello Malpighi, en Bolonia, y Nehemiah Grew, en Coventry, iniciaron el estudio de la micro estructura las plantas. También se empezaron a conocer los fenómenos de circulación en las plantas, de hojas a raíces, como de raíces a hojas y otras, y recientemente acerca de los procesos de la fotosíntesis para generar nutrimentos a partir de sustancias inorgánicas.
Miles y miles de plantas empezaban a darse a conocer provenientes de los cuatro puntos cardinales. Todo el mundo también se afanaba en dar nombre a las plantas y a clasificarlas de una u otra forma haciendo de ello una nomenclatura caótica a la que hubo de avocarse Karl von Linné, o Carolus Linnaeus (1707-1778). Este profesor de la Universidad de Upsala, Suecia, que dedicó su vida a establecer una clasificación binaria de las plantas por género y especie; diseñó un sistema de 24 clases de plantas en base a las características sexuales y con ello sentó las bases modernas de la nomenclatura botánica. Luego de Francia surgió la clasificación basada en la anatomía quedando en los llamados “órdenes” o familias que en buena medida se siguen empleando aún.
El mundo vegetal sustentaba cerca del 80% del armamentario terapéutico médico hasta principios del siglo XX en que se inicio un “divorcio” temporal de la medicina y la botánica con la llegada de los medicamentos sintéticos. Los precursores de las hormonas esteroides se obtenían de la raíz del barbasco, sin embargo, su fabricación sintética hizo a un lado a esta planta. No obstante, la mirada se vuelca nuevamente hacia la naturaleza y se analizan en la actualizad millones de plantas en la búsqueda de sus principios activos. Se entrevistan a herbolarios y se hurga en el pasado a la búsqueda de señales acerca de sus usos. Curanderos y herbolarios son acosados y casi forzados a revelar sus milenarios secretos por los detentores del imperialismo farmacéutico. Y, no están equivocados pues la naturaleza mantiene aun en reserva muchas sorpresas.
Recuérdese el impacto que produjo el conocimiento y aplicación médica como sedante en la cultura de occidente hace trescientos años, de la Rauwolfia serpentina, planta del Himalaya que había sido usada por más de treinta siglos por los sanadores ayurvédicos para tratamiento de la disentería y el insomnio. Los investigadores patrocinados por la industria farmacéutica aislaron pronto sus cristales de reserpina como principio activo y luego dieron con otras plantas africanas que también contenían esta sustancia. Luego se le encontraron otras aplicaciones como la de medicamento contra la presión arterial alta.
Historias y leyendas se nutren y entretejen acerca de las plantas y sus usos. La Digitalis purpurea conocida desde la antigüedad, formando parte de las fórmulas medioevales y citado posteriormente como específico para el tratamiento de la hidropesía; la fascinante historia de la Cinchona calisaya cuyo nombre se toma de la virreina del Perú, la condesa Cinchón, y que sirvió para el tratamiento de la malaria gracias a su contenido en quinina que no se sintetizó sino hasta 1945; el aceite de ricino como laxante que se obtiene del Ricinus communis o planta del castor que ya va quedando en el pasado; el Plantago Psyllium que se emplea ahora el casi todo el mundo como formador de bolo fecal hidratado para el tratamiento de la constipación. La mandrágora, la valeriana, el ácido salicílico, el ginko biloba; la atropina (Atropa belladona) conocida como la mortal sombra de la noche ya utilizada para dilatar las pupilas de las mujeres –por eso de bella-mujer; belladona- el anticolinérgico por excelencia o empleada como veneno para deshacerse de la pareja infiel, el enemigo o el rival.
Los seres humanos somos naturaleza y dependemos de la naturaleza. Ella nos provee de alimentos y remedios. Debemos aprender de ella y aprovecharla racionalmente.
El premio Nobel de medicina otorgado conjuntamente en el 2015 al irlandés William Campbell, al japonés Satoshi Omura y a la china Tu Youyou, se debió a su desarrollo de tratamientos contra infecciones parasitarias. Particularmente la científica médica y químico farmacéutica, Tu Youyou, da cuenta de un eficaz tratamiento contra el paludismo (padecimiento que afecta anualmente a cerca de 200 millones de personas) obtenido de un extracto de la planta de ajenjo dulce Artemisia annua, basándose en lo referido en antiguos textos médicos chinos y remedios populares. El extracto que obtuvo de la Artemisia absinthium fue la artemisinina (dihidroartemisinina).