lunes, 8 de agosto de 2016

La matería en sincronía.

Sincronía es la coincidencia en el tiempo de dos o más hechos, fenómenos o circunstancias, especialmente cuando el ritmo de uno es adecuado al de otro.
DR. Xavier A. López y de la Peña
¿Qué es, por tanto el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si pretendo explicarlo, no lo sé.
San Agustín (Confesiones XI/14)
Dos comentarios incitan a la reflexión sobre el asunto. El primero de ellos establece una premisa que liga el tema de una forma extraordinariamente sencilla con las palabras de Norbert Wiener en 1964, el llamado padre de la cibernética al decir lo siguiente: "Los grandes problemas de la biología están ligados con los sistemas y su organización en el tiempo y el espacio. También aquí la autoorganización debe jugar un enorme papel. Por ello, mis conjeturas en el dominio de las ciencias de la vida se refieren no sólo a su asimilación progresiva por la física, sino también al proceso inverso: la progresiva asimilación de la física por parte de ellas".
La vida y la física constituyen así una indisoluble relación en el contexto espacio y tiempo.
El segundo comentario esboza los tropiezos en el establecimiento de éstas relaciones: "Podemos maravillarnos con las teorías que nos hablan de la estructura en los organismos vivientes más simples, por ejemplo, los virus, constituidos casi por completo por un eje de ácido nucleico encerrado en una cápsula proteínica; pero no podemos darnos por satisfechos con ellas. No es indispensable desarrollar una teoría supra estructural que nos permita comprender la organización de las formas superiores más complejas de la vida. Sin embargo, la elaboración de tal base, indispensable en biología para estudiar el camino que va del virus al ratón, constituye, probablemente, una tarea más grandiosa que aquella que resolvió la física en el camino que va desde el núcleo atómico a la molécula, al semiconductor y a la estrella".
El tiempo, lo temporal es el establecimiento generalmente arbitrario de acontecimientos sucesivos entre sí en un lugar (espacio) determinado; la distancia medida entre uno y otro a través o por medio de un punto de referencia que lo haga comprensible a nosotros, como por ejemplo: una hora, una semana o un año. Por ello hay un tiempo para sembrar o cosechar -sucesión de estaciones- para dormir o despertar -sucesión diaria-, la vida en sí representa una sucesión de acontecimientos a los que reaccionamos de manera periódica de tal forma que los acontecimientos cambiantes en el ambiente seguramente son los elementos que contribuyen de la manera más decisiva en la evolución biológica. Recordamos el ejemplo sobresaliente de Linneo que en el siglo XVIII construyó un "reloj floral" en el que a ciertas horas específicas, se abrían o cerraban algunos tipos de flores.
Antes de la aparición de la vida sobre el planeta ya se realizaban cambios periódicos de acontecimientos a nivel geofísico que mantenían cuando menos dos ventajas sobresalientes: la predictibilidad y la posibilidad consecuente de cambios sucesivos en medio. Del primero puede comentarse, para ejemplificar de manera sencilla, que el período medio de la rotación de la Tierra sobre su eje ha variado en apenas unos 20 segundos (según nuestro sistema de medidas) en un lapso de 1 millón de años y en la segunda, que la rotación de la Tierra ofrece cambios sucesivos o cíclicos de temperatura -caliente a frío- y de iluminación -día y noche- en su superficie, entre muchos otros, además del efecto de la gravedad que otros cuerpos ejercen, el magnetismo y radiaciones de diversa índole.
Resulta entonces claro que la fisiología y la conducta de las especies sean consecuentes con los cambios periódicos geofísicos y no es aventurado decir que estén modelado por ellos. Estos cambios cíclicos o periódicos geofísicos impusieron en los organismos su contraparte de respuesta adaptativa expresado en la enorme cantidad de variaciones rítmicas que ahora se conocen y que abarcan un amplio campo de frecuencias. Desde los diferentes tiempos de crecimiento de las plantas (años), hasta el batir de alas de un insecto a razón de 2,000 ciclos por segundo o el latir del corazón humano adulto en condiciones de reposo entre los 60 y 100 latidos por minuto.
La capacidad de los organismos para responder adaptativamente a los cambios que se generan en el ambiente se da a través de los llamados relojes biológicos.
El tiempo en biología tiene un conocimiento remoto. Hipócrates refería que "aquél que desee investigar en medicina apropiadamente debe proceder así: en primer lugar, debe considerar las estaciones del año, y qué efectos tiene cada una de ellas, pues difieren entre sí. Luego, los vientos, el calor y el frío...".
Los relojes biológicos formalmente estudiados desde hace cerca de 50 años, dieron paso a acuñar términos como el de "ritmos cicadianos" para representar a la sucesión cíclica de acontecimientos que se llevaban a efecto en un período de tiempo cercano a las 24 hrs. (circa y día) y han dado luz a la integración de los conceptos de la vida con el espacio y el tiempo, y más recientemente al conocimiento de ritmos menores a 1 día llamados infradianos o mayores conocidos como ultradianos entre los que sobresalen el lunar con 28 días (que podría llamarse circasinódico), el de 7 días (circaseptadiano) o de 3.5 días conocido como circasemiseptadiano.
El ser humano tiene sus propios relojes biológicos y para muestra nos referiremos a uno que nos hace despertar o dormir cíclicamente acorde a los periodos, cíclicos también, del día y la noche geofísicos. Este reloj está ubicado en un núcleo de la base del cerebro cercano a los nervios ópticos conocido como "supraquiasmático" y está conformado por unas 10,000 neuronas. Para reaccionar a los cambios cíclicos de luminosidad, este núcleo recibe información a partir de la retina de los ojos en la que algunas fibras nerviosas que le componen actúan como "dosímetros" de luz y llevan la información al núcleo supraquiasmático. Con esta información, el núcleo a su vez envía señales o mensajes hormonales (vía hipófisis) y nerviosas (vía simpático) al sistema de "alerta" del organismo para que este se despierte, si es el caso, o que se duerma.
De esta forma los impulsos endocrinos u hormonales y nerviosos que actúan en las personas para mantenerse despiertos o para dormir, se llevan a efecto con una periodicidad acorde a los ciclos día-noche, de forma sincrónica.
Hay personas, sin embargo, que tienen "su" reloj biológico del alerta diferente al ciclo día-noche geofísico normal, acorde a las necesidades de su trabajo como sucede con los panaderos, veladores, artistas, etc., en los que duermen de día y trabajan de noche sin ningún problema. Malo es cuando una persona se encuentra en desajuste con su reloj biológico y tenga que mantenerse "despierto" cuando su señal sea "dormir" o la inversa, como sucede con frecuencia con el empleado que debe cubrir, alternadamente y por ciertos períodos de tiempo, los turnos laborales nocturnos o diurnos; hecho que pasa desapercibido con mucha frecuencia en la industria, con el consecuente daño a la salud del trabajador y la disminución en la productividad, incremento en los riesgos de accidentes laborales y otros.
Tan importante es el conocimiento de los relojes biológicos que actualmente se propugna por adaptar algunos tratamientos a ciertos horarios para el logro máximo de efecto en lo que se conoce como "cronoterapia".
De acuerdo con esta información podría hacerse la sugestión de evitar visitar al odontólogo a las 6 de la tarde porque justamente a esta hora los mecanismos analgésicos internos (llamados endorfinas) se encuentran en su punto más bajo, o tomar los medicamentos contra alergias conocidos como antihistamínicos preferentemente a las 7 de la mañana y no a las 7 de la noche que es cuando el organismo produce el máximo de histamina.
Si su reloj biológico funciona acorde con el geofísico, es decir sincrónico en lo relativo al ciclo día-noche, tendrá la oportunidad de iniciar el día a las 8 de la mañana con un máximo de ansiedad a consecuencia de la adrenalina producida en su organismo que se encuentra en su nivel óptimo, en el caso contrario que su reloj esté asincrónico, habrá de iniciar el día sintiéndose desganado, malhumorado y cansado.

jueves, 14 de julio de 2016

Acercamiento a la Coevolución.

COEVOLUCIÓN
Dr. Xavier A. López y de la Peña.
La evolución ha ido avanzando hacia la cumbre de la complejidad y, tanto si nos gusta como si no, la cumbre en estos momentos somos nosotros. De nosotros depende que la evolución continúe produciendo formas más complejas en el futuro. Podemos ayudar a hacer que este mundo sea un lugar más increíble que nunca o acelerar su retorno al polvo inorgánico.
Mihály Csikszentmiháilyi
La historia del pensamiento en torno a la evolución se remonta hasta la antigüedad en la que sobresalieron pensadores como Empédocles de Agrigento y Aristóteles de la corriente filosófica griega, a San Agustín en el Renacimiento y luego Kant, Geoffroy Saint-Hillarie y otros más por señalar solo unos cuantos en los tiempos recientes.
Sin embargo, la estructura conceptual moderna de la evolución asienta en el pensamiento del caballero de Lamarck , Juan Bautista Pedro Antonio de Monet que nació el 1o. de agosto de 1744 en Bazentin, Picardía, Francia y quien se dedicó a la carrera de las armas, al estudio de la medicina en la Universidad de Edimburgo, a la meteorología, a la física y química experimentales y por último a la botánica cuyo fruto fue la creación del método dicotómico para la clasificación de las plantas en su célebre obra de 1779 Flore française ou description succinte de toutes les plantes qui croissent naturellement en France, posteriormente el primer estudio sistematizado de los invertebrados en su monumental obra de siete volúmenes titulada Historie des animaux sans vertèbres publicado en París entre 1815 y 1822. Empero, la obra en la que postula la teoría de la evolución se da en su Philosophie zoologique de 1809.
Esta teoría ya la había referido desde 7 años atrás en su Lección inaugural con que iniciaba sus cursos de zoología, y que podría resumirse en los siguientes puntos, harto discutidos y ya históricos:
1) Los seres vivos y las partes que lo conforman siguen la tendencia a incrementar su tamaño continuamente, 2) la aparición de una nueva estructura corporal es una resultante lógica a una necesidad que ésta debe cubrir y a su vez es consecuencia de las condiciones del medio en donde se desarrolla el organismo. El organismo frente a las necesidades cambiantes de su medio, o se adapta y sobrevive, o muere, 3) una estructura orgánica se desarrollará en relación directamente proporcional a su uso, en caso contrario se atrofia y desaparece, 4) los cambios sufridos en el organismo como resultado de la presión externa se transmitirán a la descendencia
El 11 de enero de 1844 Charles Darwin, otro de los pilares de la teoría de la evolución escribía a Joseph Dalton Hooker su amigo naturalista, colega y crítico:
“Finalmente, algunos rayos de luz me han iluminado y estoy casi totalmente convencido (en contraste con mi punto de vista inicial) de que las especies no son (es como confesar un asesinato) inmutables. ¡El cielo me proteja del contrasentido de Lamarck de "una tendencia al progreso" o de "adaptaciones debido al tenue deseo de las especies", etc.! Aunque las conclusiones a que he llegado no son muy diferentes de las suyas, los mecanismos por lo que las especies cambian son totalmente distintos. Creo que he encontrado (¡qué presunción!) el sencillo mecanismo por el cual las especies adquieren exquisitas adaptaciones para varios fines. Probablemente ahora usted se queje y piense para sus adentros: "con qué tipo de persona he estado perdiendo el tiempo". Yo hubiese pensado lo mismo hace cinco años”.
Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra. También estudio algo de medicina en la Universidad de Edimburgo. Fracasó en su vocación eclesiástica y se hizo un naturalista autodidacta a partir de su incorporación a bordo del bergantín Beagle (durante 1831-1836) de 235 toneladas que, bajo las órdenes del capitán Fitz-Roy exploraría las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego, las de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y llevaría a cabo mediciones cronométricas diversas.
Su producción científica le merece un destacado sitial como zoólogo, botánico y paleontólogo al escribir (sólo por citar unos cuantos) una monografía sobre los cirripedios, observaciones sobre di y trimorfismo de algunos géneros de plantas, sobre la fecundación de las orquídeas a través de insectos, sobre los movimientos de las plantas trepadoras, sobre plantas insectívoras, sobre fecundación cruzada en vegetales, sobre el efecto de las lombrices en la formación de tierra vegetal, sus Observaciones geológicas de las islas volcánicas, las Observaciones geológicas de Sudamérica.
Sin embargo los científicos toman en cuenta las tesis transformista hasta que publica el 24 de noviembre 1859, con un tiraje de 1250 ejemplares a 15 chelines cada uno y que se agotaron el mismo día, su obra magna: On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, la conservación de las razas en la lucha por la vida). El impacto que su obra produjo en la ciencia y la fe fue dramático y probablemente no haya sido evaluado en toda su magnitud hasta la fecha.
Darwin abrevó en las ideas de Tomás Roberto Malthus (1766-1834) plasmadas en su An Essay on the Principle of Population que le hicieron reflexionar y desarrollar su teoría de que la selección natural era el resultado de la lucha por la vida y el mayor mérito de su concepción evolutiva de la vida fue que incorporó a ella un apabullante cúmulo de información científica como fruto de su acción e investigación personales, contra las ideas evolutivas previas basadas en teorías básicamente.
Resumidamente Charles Darwin explicó el proceso evolutivo bajo 3 grandes rubros: 1) la selección natural, 2) la selección sexual y 3) la pangénesis. Esta última fue una teoría que desarrolló para explicarse la idea que le atormentaba sobre el cómo las variaciones adquiridas por los individuos se transmitían a la descendencia (desconocía por supuesto el trabajo del monje agustino Johan Gregor Mendel sobre la herencia). Esta pangénesis se sustentaba en que, así como la planta produce granos, así cada célula del organismo producía "gémulas" o pequeñísimas partículas materiales que representaban exactamente a las células madres y que se recreaban en la progenie.
Luego surgió el neodarwinismo como teoría explicativa de la evolución como corriente de pensamiento biológico que considera la evolución de las especies como resultado de un juego complejo de mutaciones y de recombinaciones genéticas en el acervo hereditario de los seres vivos. Entre ellos sobresalen el genetista de poblaciones Theodosius Dobzhansky con su libro La genética y el origen de las especies de 1937 y Ernst Mayr, zóologo y evolucionista con La sistemática y el origen de las especies que vio la luz editorial en 1942, y hoy se acumulan cada vez más evidencias en el sentido que los cambios genéticos ocurren independientes de los procesos de selección natural y se deben a mutaciones aleatorias, combinadas con efectos de deriva genética.
Ahora las cosa se comprende mejor con el surgimiento del concepto de coevolución, término sugerido a partir de los trabajos de Paul Ehrlich y Peter Raven en 1965 (Butterflies and plants: A study in coevolution’, Evolution, 18:586-608) para explicar cómo las mariposas de la superfamilia Papilionoidea (muchos ejemplos han surgido después) han evolucionado conjuntamente con plantas de diversas familias taxonómicas. Es decir, la coevolución se explica como la "evolución conjunta de dos o más taxa que tienen relaciones ecológicas estrechas, sin intercambio de genes, y cuyas presiones selectivas operan recíprocamente originando con esto que la evolución de cada taxón sea independiente del otro" [Ken Oyama, 1988].
Este enfoque parecería que se opone, desde luego, a la teoría neutral de la evolución molecular propuesta por el investigador Motoo. Kimura (1983) que se refiere a que la mayor parte de los cambios a nivel molecular se llevan a cabo por procesos de la deriva génica más que por procesos de selección natural y adaptación. Sin embargo, la mayoría de los biólogos evolutivos consideran que las dos teorías son compatibles En síntesis, la coevolución es un cambio evolutivo recíproco que ocurre en especies interactuantes y que está mediado por la selección natural, o dicho de otra forma (Janzen. 1980), es aquel proceso por el cual dos o más organismos ejercen presión de selección mutua y sincrónica (en tiempo geológico) que resulta en adaptaciones específicas recíprocas. Si no hay adaptación mutua, no puede hablarse de coevolución.
Los biólogos e investigadores Rodolfo Dirzo y John Thompson resumen el asunto de la coevolución diciendo que
“a partir de las ideas de la evolución de Darwin más las herramientas de la biología molecular y el estudio de ecosistemas poco alterados por la acción humana, permite aprovechar la perspectiva coevolutiva para entender mejor el curso de vida en el planeta y para hacer lo más posible por conservarla. Lo más posible implica -afirman estos autores-, conservar hábitats de forma tal que permita a las especies seguir evolucionando y coevolucionando. Idealmente, deberíamos aspirar a vivir en un paisaje en el que la actividad humana se alterne con remanentes del esplendor y la exuberancia de la naturaleza silvestre”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Réquiem por el cabás o maletín médico.

Dr. Xavier A. López y de la Peña, 1970
Dr. Xavier A. López y de la Peña
Cualquier profesional, esto es, la actividad habitual para la que una persona se ha preparado formalmente y que, al ejercerla tiene el derecho a recibir una remuneración económica, requiere de cierto tipo de utensilios para llevarlos consigo y ejecutar su trabajo.
Así, cada profesión demanda ciertos útiles para poder cumplir con su objetivo. En la profesión médica los útiles de trabajo conforman su particular armamentarium (en el diccionario inglés Collins: los objetos que componen el material y equipo utilizado por el médico en su práctica profesional) El profesionista médico suele utilizar un cabás (palabra de origen provenzal, cabas, y del latín vulgar capacium, capazo o capacho originalmente, en Francia; cesto que servía para llevar provisiones de boca, durante mucho tiempo tejido con juncos o eneas) o maletín pequeño para cumplir con su función y con el que generalmente se reconoce al médico general que hace visitas a domicilio.
El empleo de este particular contenedor, bolso o cabás se remonta a los tiempos prehistóricos en los que el primer sanador, médico brujo o chamán -por llamarlo de alguna manera-, asiste a su prójimo enfermo apoyándose con las diversas hierbas, flores, frutos, tierra u otros variados y múltiples objetos que consideraba necesario llevar consigo y realizando diversas maniobras y rituales a la luz de lo que le indicaren las estrellas en el firmamento, o la historia reciente de una inundación o una plaga cualquiera o la ira sobrenatural de su creación de la divinidad.
Algunas personas, no necesariamente médicos, habían de estar provistas de un determinado bolso o cabás con lo necesario para atender sus propias necesidades de salud trastornada, como lo demuestra el hallazgo de Ötzi, el Hombre de Similaun u Hombre de Hauslabjoch, como suele llamarse a este hombre momificado que vivió cerca del año 3300 a.n.e., encontrado en los Alpes de Ötztal, cerca de Hauslabjoch en la frontera ítalo-austríaca a una altitud de 3200 msnm., y quien aparentemente trató de curar una herida en su mano usando un hongo que llevaba en su cabás, el Fomes fomentarius, que podía usarse tanto como yesca para hacer fuego como para curar heridas, ya que este hongo posee acción antibacteriana; también llevaba consigo otro hongo, el Piptoporus betulinus (hongo del abedul), usado como remedio tradicional para combatir los parásitos, lo cual tiene sentido porque también se encontraron huevos de parásitos en el intestino de ese hombre.
Como quiera que haya sido, el chamán o sanador generalista poco a poco fue diversificándose, según sus propias cualidades, gustos, capacidades y necesidades sociales hacia determinado ámbito de la salud trastornada con lo que empezaron a distinguirse los sanadores de ojos, de huesos, de humores desajustados y más. Siempre acompañándose con su respectivo cabás provisto con lo necesario para hacer su trabajo.
Documentalmente, uno de los más antiguos cabás formalmente empleados en la práctica de la medicina está representado en un grabado en piedra caliza de un templo egipcio dedicado a los dioses Apolo e Isis de Kom Ombo (templo comenzado a construir por Ptolomeo VI en el siglo II a.n.e., siendo Kom Ombo capital del primer nomo del Alto Egipto, y terminado por Ptolomeo XII en el siglo I a.n.e.) que nos muestra ciertos instrumentos médicos utilizados en aquella época para el tratamiento quirúrgico de cataratas ya que en el templo también se recibían y atendían personas enfermas.
Gran variedad de materiales han sido utilizados para confeccionar el cabás o maletín médico: vegetales, animales y minerales, y presentándose también en diversas modalidades: como el xiquipilli (bolsa en náhuatl) que llevaría el tícitl (médico en náhuatl) en la época prehispánica, cartera, faltriquera, macuto, bulto, caja, maleta, talego, alforja, valija, zurrón o estuche.
También el contenido de cada cabás informa, de alguna manera, sobre la capacidad de respuesta del profesional de la salud que lo utiliza ante determinado problema. De hecho, lo que lleva en él nos ofrece un perfil de su campo de acción ya que contendrá principalmente material quirúrgico si se trata de un médico que atienda pacientes con heridas, o analgésicos potentes como la morfina si se ocupa de la atención a enfermos terminales.
En ocasiones un cabás puede ser insuficiente para el médico generalista cuando éste ejerce en un lugar aislado (como suele ocurrir en el medio rural) en donde previamente debe procurarse la mayor información posible acerca del caso que irá a atender para estar en condición de llevar lo posiblemente necesario. Por ejemplo: cuando al médico en este lugar rural es llamado para dar servicio a una persona enferma a la que se puede llegar a pie a dos o tres horas de distancia, no es lo mismo llevar el cabás ordinario con el que se podrá asistir a una persona con un proceso neumónico, que encontrarse con una paciente en trabajo de parto distócico que demande el uso de un fórceps u otro material que tenemos preparado en otro cabás en el consultorio y que no llevamos con nosotros.
En términos generales el cabás domiciliario de los médicos generalistas o de familia en una ciudad suelen contener pero no limitarse a: material impreso como el recetario, equipo diagnóstico (esfigmomanómetro, estetoscopio, termómetro, estuche de diagnóstico, martillo percusor, glucómetro capilar, abatelenguas, cánula de Guedel) material de curación (vendas, gasas, esparadrapo, guantes, jeringas y agujas, gel lubricante, solución antiséptica, ligadura, equipo para pequeña cirugía), medicamentos (adrenalina, atropina, cortico esteroides, analgésicos, antieméticos, sedantes, antimicrobianos, antihipertensivos, diuréticos, anestésicos locales, solución salina y glucosada al 50% en ampolletas, etc.)
Aun con lo referido, algunos estudios realizados particularmente en España (Roca y cols. Los maletines domiciliarios de los médicos de familia. Aten Primaria. 2008;40(7):371-8.), evidencian graves carencias sobre el contenido del cabás del médico generalista o familiar como que en más del 30% de los 103 cabás revisados de estos profesionistas carecían de esfigmomanómetro o estetoscopio, más del 60% no tenían fármacos para la reanimación cardiopulmonar y ninguno llevaba antimicrobianos.
El estudio anterior demuestra la falta de interés de algunos profesionales de la salud por conocer la presión arterial de su paciente o por escucharle el pecho, esto es de establecer un contacto físico con él o ella, o tal vez por dar por sentado que toda consulta será fácil y estará bajo control con sólo dialogar y escribir una prescripción, o que habrán de remitirle al Centro de Salud.
Así, el icónico cabás o maletín del médico que destacaba a mediados del siglo pasado: languidece. Ya no le sostiene una mano interesada en atender conocer y solucionar el problema de salud de su congénere en la primera visita. Ya no lleva en sus entrañas el armamentarium elemental que le daba presencia, orgullo a su portador y tranquilidad, seguridad o esperanza al enfermo que le veía llegar.
Ya no nos muestra su curtido y reluciente cuero y las iniciales grabadas de su orgulloso portador que, con el paso del tiempo, se iba engalanando de raspones, grietas y fisuras ganadas en el servicio que su dueño le daba por servir a otros. Persona y objeto en la atención al sujeto se han trastocado en los tiempos actuales dejando al cabás famélico e incapaz.
Ahora es la bata blanca y el estetoscopio al cuello del sujeto embutido en el ambiente aséptico del centro de salud u hospital que gira en torno a la medicina mercantilizada que brinda servicios de salud la que nos proporciona esta imagen icónica, y dejando abandonando en el rincón de un armario al cabás de otros tiempos.
Sin embargo, aún hay voces de aliento hacia el cabás o maletín médico como la siguiente:
El profesional de la salud -refieren los médicos españoles Juan Gérvas y Mercedes Pérez Fernández-, aparte de trabajar con sus conocimientos científicos, de los pacientes y de sus comunidades, y del compromiso con el paciente y la sociedad, debería mantener en saludable equilibrio material su cabás ya que “el trabajo sin ellos se torna de baja calidad, y termina llevando a la pérdida de autoestima y del prestigio profesional”.