domingo, 16 de abril de 2017

Contra el tabaco.

TABACO: EL MAL EVITABLE.
Fumar es un placer, genial, sensual fumando espero a la que tanto quiero tras los cristales de alegres ventanales y mientras fumo mi vida no consumo porque flotando el humo me suelo adormecer.
Carlos Gardel (“Fumando espero”, Tango. 1922)
La encuesta Nacional sobre Adicciones de 2011 sobre el tabaco en México, señala que, tanto el consumo de tabaco como la exposición a su humo, siguen siendo la primera causa de muerte prevenible en el orbe. Más de mil millones de personas en el mundo lo fuman y ello causa la muerte prematura en cerca de seis millones de ellas. Y habrán de incrementarse a 10 millones alrededor de los años 2020 si no se le pone freno inmediato y seguro a este nocivo hábito.
El fumar tabaco reduce la esperanza de vida ya que causa cáncer de pulmón, laringe, riñón, vejiga, estómago, colon, cavidad oral y esófago; así como con leucemia, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cardiopatía isquémica, aborto y parto prematuro, defectos de nacimiento e infertilidad, entre otras enfermedades (CDC., 2010)
Las campañas contra el tabaco están en marcha y es importante desalentar toda forma de producción, comercialización, difusión y consumo de tan nefasto producto vegetal. Al efecto, el Dr. Gro Harlem Brundtland –Director General de la WHO- dio inicio al proyecto de Iniciativa Libre de Tabaco en julio de 1998 para implementar y coordinar una estrategia de orden global contra el tabaco como un aspecto sobresaliente de salud pública. Dicho proyecto contempla los siguientes puntos:
1. Polarizar la ayuda global en relación a políticas de control y acciones contra el tabaco basadas en evidencias. 2. Construir nuevos modelos de acción en este rubro y fortalecer los existentes. 3. Resaltar los mecanismos de prevención a nivel personal, económico y social sobre el daño que produce el tabaco en todos los sectores de la sociedad, y la necesidad de realizar acciones coherentes a todos niveles. 4. Acelerar a nivel regional, nacional y global los planes estratégicos, su implementación y los mecanismos de evaluación correspondientes. 5. Establecer una comisión de investigación política que dé soporte rápido y substancial a todas las acciones innovadoras. 6. Movilizar de manera adecuada las fuentes que den soporte a sus acciones. 7. Integrar ampliamente el problema del tabaco en las agendas de salud y desarrollo.
La tarea no es nada sencilla y a ella se opone la gran industria tabacalera que tiene en su haber unos 400 billones de dólares para promover y movilizar sus dañinos productos. Tampoco puede hacerse a un lado la gran cantidad de mexicanos que viven en torno a la industria del tabaco y por ello deben implementarse los mecanismos para la conversión de sus labores hacia otro tipo de productos.
El Comité de Cancerólogos de la Comunidad Europea resalta en su primera regla: NO FUME FUMADOR: DEJE DE FUMAR LO ANTES POSIBLE Y NO FUME EN PRESENCIA DE OTROS. Nuestra Ley General de Salud le dedica el capítulo III al programa contra el tabaquismo y con fecha 30 de octubre del 2006 fue publicada en el Periódico Oficial del Estado la “Ley para la protección de los no fumadores en el Estado de Aguascalientes” actualmente en vigor que merece difundirse ampliamente en todos los sectores de la sociedad como una contribución a la lucha contra el tabaco.
¿Por qué para protección de los NO fumadores? Porque los NO fumadores se afectan con el humo del tabaco presente en el aire que les rodea proveniente de los SI fumadores en lo que se conoce como «tabaquismo pasivo». Este humo visible llega a contener hasta 4 000 substancias químicas diversas nocivas para la salud y cerca de 40 de ellas relacionadas directamente con la producción de cáncer pulmonar.
El fumador sólo inhala el 15% del humo producido por la combustión de un cigarrillo, en tanto que el restante 85% se emite a la atmósfera y afecta a los NO fumadores. Las molestias que el tabaquismo pasivo suelen producir son, entre otras, irritación en los ojos, nariz y garganta; dolor de cabeza, náuseas, mareos, cansancio, falta de concentración, reducción progresiva y creciente de la agudeza olfatoria y gustativa y hasta olor al humo del cigarro en la ropa y en la piel. Con el tabaquismo pasivo se aumenta importantemente el riesgo de padecer cáncer pulmonar y pone en riesgo también a las personas con alteraciones respiratorias y cardíacas agravando a todas aquellas que tienen enfermedades preexistentes como enfisema, bronquitis y asma.
Esta acertada Ley se sustenta, desde luego, en que el «fumador activo» al fumar, de hecho, viola el derecho a un ambiente saludable que tiene el no fumador puesto que le impone el humo de su cigarrillo haciéndolo un «fumador pasivo» contra su voluntad o aún involuntariamente. La aplicación y vigilancia de dicha Ley -dice- le corresponde al Poder Ejecutivo a través del Instituto de Salud,
mediante las Unidades Administrativas correspondientes, así como a los Ayuntamientos en sus respectivos ámbitos de competencia, y señala como copartícipes en la vigilancia de su cumplimiento a los propietarios, poseedores o responsables y empleados de los locales cerrados, establecimientos y medios de transporte a los que se refieren los artículos 4º. y 7º de la misma Ley, así como a las asociaciones de padres de familia de las escuelas e instituciones públicas y privadas.
Queda prohibido fumar en los cines, bibliotecas, teatros, salas de conferencias y auditorios cerrados y cubiertos a los que tenga acceso el público en general; En todas las unidades médicas; En los vehículos de servicio público de transporte de pasajeros que circulen en el Estado; En las áreas de atención al público de tiendas de autoservicio, oficinas bancarias, financieras, industriales, comerciales y de bienes y servicios; En los centros comerciales, excepto en aquellas áreas ventiladas y con la señalización respectiva; En los salones de clases de las escuelas de educación especial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior; En las oficinas de los tres Poderes del Estado, las unidades administrativas dependientes del Gobierno Federal, del Estado y Municipios, excepto en aquellas áreas ventiladas y con la señalización respectiva; En las áreas de atención al público, salas de espera, sanitarios de aeropuertos, Centrales de Autobuses y Estaciones Ferroviarias del Estado.
Después de esto, hoy cambiamos la letra del tango de Carlos Gardel para cantarse de la siguiente manera:
“Fumar es un [terror, vanal, mortal] fumando espero [que pronto llegue el cáncer], tras los [efectos nocivos del tabaco], y mientras fumo [la vida me consumo], porque flotando el humo, [me apresto a perecer].”

viernes, 3 de marzo de 2017

Aproximaciones a la naturaleza y a la técnica.

"Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana".
Carl Gustav Jung (1875-1961)
DR. Xavier A. López y de la Peña
El término naturaleza, en sentido amplio, equivale al mundo natural, mundo material o universo material; en síntesis, la naturaleza es materia. Luego entonces el ser humano como parte de la naturaleza, es también materia (“somos polvo de estrellas”, como le llamó el astrónomo y divulgador de la ciencia norteamericano, Carl Sagan 1934-1996) pero, a diferencia con otros seres vivos, es una materia capaz de interiorizarse, de tener conciencia (conocimiento reflexivo de las cosas y de la actividad mental que sólo es accesible para el propio sujeto) de sí misma mediante el proceso psíquico personal que le hace percibirse como una parte del todo en la naturaleza, preocupándose por el sentido del mundo y de su propia vida.
Al cuestionarse sobre sí, sobre lo que existe y participa en su Ser, inexorablemente el concepto de naturaleza (la physis) cobra una enorme importancia.
Al ser humano se le ha considerado ser un proceso, un producto de la transformación de la naturaleza y también de ser un elemento capaz de manejarla y experimentar con ella. Los filósofos griegos pre socráticos (como Empédocles, por ejemplo) fueron los primeros pensadores que trataron de explicar el origen de las diversas formas del mundo natural, incluyendo al ser humano por supuesto, de una manera racional que dejaba a un lado las explicaciones míticas y sobrenaturales, concluyendo que eran producto de algún elemento natural: agua, fuego, tierra o aire.
Poco después los socráticos (Sócrates, Platón, Aristóteles y Protágoras) superaron el saber centrado en la naturaleza y dieron inicio al saber centrado en la persona humana, esto es, dieron inicio al período llamado antropológico. El sistema o método utilizado en su razonamiento también fue diferente, pues viraron de la observación empírica particularmente deductiva, a la inductiva. Esto es, buscaron una explicación de los hechos en la naturaleza descartando la intervención sobrenatural, mítica y caprichosa de las deidades, siguiendo un proceso dicotómico en donde un concepto se explicaba en función de su contrario: blando contra duro, alto contra bajo, caliente contra frío, etc.
Desde otro ángulo, enfocando el conocimiento de la naturaleza nuevamente bajo el proceso dicotómico, el ser humano a través de sus acciones (ya a favor o en contra) sobre la naturaleza, le hacen ir al margen o contra ella; esto es, algo que propiamente puede llamarse artificial (algo que ha sido hecho por el ser humano y no por la naturaleza). Estas relaciones las estudia la filosofía de la tecnología: rama de la filosofía que estudia la naturaleza de la tecnología y sus efectos sociales.
Aquí llegamos a nuestro acercamiento sobre las ideas de la naturaleza y la técnica, al concepto que de naturaleza nos ofrece Lewis Mumford (1895-1990), diciendo que el ser humano es "homo sapiens" en primera instancia, y sólo secundariamente "homo faber". El filósofo Javier Bustamante Donas, profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad Complutense de Madrid, en su trabajo: La evolución del concepto de naturaleza en la filosofía de la tecnología , plantea entre otras la siguiente pregunta:
“¿Es lo artificial una trasgresión del orden natural? O, por el contrario, ¿es la técnica nuestra forma natural de habitar el mundo –con todas sus consecuencias– y, por tanto, es legítimo para el hombre emprender el camino de la transformación de la realidad para adecuarla a sus necesidades?”
Veamos. Ciertamente desde los tiempos de Empédocles, el pensamiento occidental se valió de analogías tecnológicas para aclarar variados procesos del mundo que le rodeaba. Las herramientas (techné: tecnología) que para acrecentar este conocimiento se utilizaban contribuían a cubrir tres aspectos: la reproducción de las formas de la naturaleza; sobre los principios de la física, especialmente el de la causalidad eficiente (una de las cuatro causas según Aristóteles), es decir, el por qué se produce determinado efecto y sobre la propia actividad de la naturaleza o de Dios.
Más adelante, Renato Descartes, bajo su constructo mecanicista da al traste con las diferencias metafísicas otrora entendidas entre physis y techné; y resume que en el mundo todo sigue las leyes de una mecánica universal, todo es sencilla o complejamente una máquina. Charles Darwin, con su teoría de la evolución (génesis del evolucionismo), dio otro paso más y nos enseñó que todos los seres vivos son un producto acumulativo de cambios, adaptación y selección natural, y que la tecnología (entre otras como el lenguaje, su abstracción conceptual, etc.), en el ser humano, lo destacan y diferencian en la naturaleza, pasando a ser un producto contingente a las alternativas de supervivencia y la selección natural.
De esta forma el ser humano evoluciona adaptando el ambiente a sus necesidades mediante el uso de las herramientas y la técnica. Esta intervención humana sobre el medio natural virgen es algo ciertamente artificial, ya se trate de algo tan sencillo como roturar la tierra o construir un transbordador espacial, como señalara el filósofo alemán Friedrich Rapp en su Filosofía analítica de la técnica. Estas intervenciones le han permitido adaptarse al medio y sobrevivir sobre otras especies.
Aún hay más que discutir en torno acerca de lo artificial en los procesos técnicos y su aceptación o rechazo dependerá del grado de evolución cultural hay que se haya llegado. Así, el movilizarse en un automóvil por las calles de Hong Kong para un empresario croata es tan natural, como absurdamente incomprensible, artificial y antinatural le parecería ello a un bosquimano de la República de Botsuana que caza y recolecta. Todo lo que pudiere ser considerado artificial o antinatural dejará entonces de serlo cuando ello se incorpore a nuestra vida cotidiana.
Pero la tecnología avanza a pasos agigantados como sucede, por citar sólo un ejemplo, con la biotecnología que es capaz de modificar el cuerpo humano de diversas maneras y sobre lo cual cabría preguntarse ¿hasta qué límites podrá mantenerse el control de dichas tecnologías que modifican la vida y el propio cuerpo humano? Es posible entonces que tal vez la diferencia entre lo considerado como natural y lo artificial vaya más allá de la percepción del propio ser humano y de su entorno cultural.
El filósofo español de la Universidad de Navarra, Juan Cruz Cruz, dice que “aunque parezca que el hombre moderno se encuentra siempre consigo mismo -o que su actitud es antropocéntrica- cuando se topa con ámbitos que él mismo ha transformado por la técnica y que serían el reflejo de sus propias finalidades, en realidad, ocurre lo contrario: en ninguna parte encuentra el hombre hoy día su propia esencia.”
Antonio Fernández Balsells, a su vez se pregunta: “¿Verdaderamente podemos pensar que este desarrollo científico-tecnológico que estamos viviendo, es producto únicamente de una mitológica ideologización del «Progreso»? ¿Acaso no tenían para los griegos tanto el dios, el templo, el lenguaje, la polis o el trirreme (antigua embarcación de tres remos), physis? ¿La techné extensa -la que vemos- acaso no estaba siendo posibilitada por ese algo intensivo e inmaterial que es la Naturaleza? ¿No encontramos «técnica» tanto entre los animales como entre les seres humanos? ¿Es la Naturaleza verdaderamente ajena a la Técnica?”
El doctor en filosofía de la Universidad Mcquarie en Australia, Andrés Vaccari, ahora en Bariloche, Argentina, responde: “La técnica no puede ser comprendida fuera del mundo humano; es una expresión de su modo de relación en el mundo. Este mundo humano, a su vez, no puede ser comprendido sin lo viviente y su carga virtual, pre individual, que lo orienta hacia el futuro. ”
Sin embargo y finalmente, podemos decir que la relación del ser humano con la naturaleza ha alcanzado un nivel de tecnologización cualitativamente y cuantitativamente tan altos que, si se sale de control, podría poner en riesgo la destrucción del medio natural y la propia vida humana.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Símbolos

Cuando yo era joven fui a la universidad y aprendí un lenguaje racional, a pensar con el lado izquierdo del cerebro. Pero en el lado derecho del cerebro, que tiene la intuición y la imaginación. Las palabras no son la verdad, sino que indican el camino a seguir, pero hay que ir solo, en silencio. Los símbolos tienen un lenguaje que mata a las palabras.
Alejandro Jodorowsky
©DR Xavier A. López y de la Peña
El ser humanos es creador de símbolos y ellos le sirven ya para orientarle, intimidar o instruir entre otros. Erich Fromm en su libro "El lenguaje Olvidado" (1951), reconoce 3 diferentes variedades de símbolos: el convencional que suele utilizarse en la vida diaria como el ejemplo de la palabra silla que todos sabemos para qué sirve y qué significa cuando la escuchamos o la vemos escrita en alguna parte, sin embargo, el arreglo de las letras en sí (S-I-L-L-A) y el objeto no poseen ninguna relación intrínseca, es un convencionalismo que se da a un arreglo de letras para simbolizar una silla. Otro es el llamado símbolo accidental relacionado con vivencias personales que expresan de una u otra manera nuestro "sentir" con respecto de circunstancias particulares. Así puede "sentirse" una sensación de disgusto y rechazo al oír hablar de nopales, o ver y oler un melón que traen a nuestra memoria un recuerdo desagradable vivido en relación con estos productos. Y por último el símbolo universal que tiene una relación intrínseca con lo que representa y es, en verdad, la única lengua común de los seres humanos.
El fuego es el más importante exponente del lenguaje simbólico universal. Hacia el percibimos de una u otra forma la sensación de calor, luz, protección y poder de una parte, y de otra terror, desolación, miedo e impotencia. Puede entonces representar algo constructivo o algo destructivo y con ello se constituye en dinámico.
El semáforo que regula el tránsito de vehículos y peatones combina símbolos convencionales en un arreglo de luces de colores que indican ya seguir adelante (verde), como detenerse (rojo) o tener precaución (ámbar), y símbolos universales como el color rojo que, relacionado con el fuego y la sangre imprimen en quien le mira una idea de temor instándole a detenerse; el verde que recuerda la vegetación o el mar ofrece seguridad, tranquilidad y permite seguir la marcha. El ámbar mantiene un estado de neutralidad, paz y sosiego. Más aún, el ordenamiento de los símbolos luminosos con el rojo en la parte superior (generalmente, aunque ya hay algunos que se presentan horizontalmente) le dan una representación jerárquica indudable.
El ser humano en su historia ha creado y adorado a los símbolos, les ha utilizado como repositorios de la sabiduría y a través de ellos ha tratado de llegar a la curación de los cuerpos y las almas y les ha dado una dimensión artística impresionante como sucede con el cuadro de Pablo Picasso Guernica que mediante formas simbólicas llenas de dinámica plasticidad nos muestran el horror de la guerra y el sufrimiento humano que conlleva.
Algunos símbolos han sufrido transformaciones con el paso de los siglos, adecuándose a las circunstancias y culturas dominantes. El comercio que enlazaba a las diversas civilizaciones y culturas fue el motor que impulsó a estos cambios en el simbolismo. Así, el símbolo del Ojo de Horus egipcio sufrió grandes transformaciones al mezclarse con atributos de otras deidades; dice una antigua interpretación que "representaba la creación del hombre a partir de lágrimas del ojo divino". Horus era el primitivo dios halcón del firmamento muy probablemente derivado de otras deidades y al que se relacionó con Ra como hijo del dios Sol y como ojo del Ra naciente, es decir, el amanecer. El sol en Egipto fue conocido como el Ojo de Horus, en lugar de ojo de Ra. Probablemente una versión del Ojo de Horus se estableció posteriormente en el signo romano que simbolizaba a Júpiter y que se dibujaba de forma muy parecida a un número 4 arábigo, muy utilizado en las prescripciones médicas en los tiempos de Nerón, para que el medicamento llevara la influencia de Júpiter y contribuyera de forma significativa a su curación. Anteriormente en la cultura de Mesopotamia el bârû (experto en adivinación) ya había establecido nexos entre las enfermedades y los astros y Marduc, dios del sol y de las curaciones había sido identificado precisamente también, con Júpiter.
En la Edad Media solía utilizarse el símbolo Rx en las prescripciones médicas y se supone que correspondía a un símbolo del arcángel San Rafael, nombre que significa -dicen algunos estudiosos- "medicina de Dios" y otros historiadores le refieren como una abreviatura de la palabra latina recipe, imperativo del verbo recipere (recibir) y originaria del castellano récipe y, hay hasta quién llegó a considerarle como una variante del signo de Júpiter. En esta misma época el análisis de la orina o la uroscopía (método que se remonta a orígenes egipcio-babilónicos) llegó a ser tan popular que el frasco para depositar y examinar la orina se convirtió en un símbolo médico al plasmarse en un diagrama circular conocido como "anillo de la orina".
Alrededor de los siglos XIII y XVIII los cirujanos-barberos eran reconocidos por la "vara del sangrador" cuyo símbolo se cree originado en una tablilla pintada de color rojo y que se colocaba en la mano del que se iba a sangrar, al que se hacía apretarla fuertemente para lograr que se hincharan las venas. Cuando no se utilizaba esta vara era cubierta con una venda blanca colocada en espiral. Aún hoy queda en algunos lugares este símbolo de las barberías o peluquerías.
La medicina astrológica se rigió por los diagramas anatómicos como El Sangrador y El Herido normados por los signos del Zodíaco que los alquimistas representaban, por medio de símbolos a los planetas para designar a ciertos metales: el sol era el oro, la luna la plata, Venus el cobre, Mercurio el mercurio, Marte el hierro, Júpiter el estaño y Saturno el plomo. Venus y Marte a su vez también simbolizaban al sexo femenino y masculino respectivamente, hoy todavía en uso en la simbología médica.
El color tuvo también una fuerte representación simbólica. Los cuatro estados de la materia en la antigüedad eran representados asimismo por colores. El negro representaba el pecado, lo malo y la culpabilidad para la materia en su estado básico; el blanco era representante de la purificación, ablución y correspondía a la primera transmutación o transformación de la materia; el rojo simbolizaba a la pasión y el amor en la segunda transmutación de la materia y finalmente, el oro era símbolo de la inmortalidad, sueño eterno de los alquimistas, y de la salvación en el fin último de la materia.
En el atuendo de los monjes, además de pretender con su forma ocultar y negar la corporeidad de quien lo porta para así entregarse más a los asuntos del alma, también el color tuvo y tiene un fuerte significado simbólico. Por el año 1000 el hábito de la Orden de Cluny era negro para conjurar el maleficio del blanco ya que éste era el color del caballo que representaba a la conquista en el Apocalipsis, sin embargo dos siglos después y de manera opuesta la Orden de Cister usaba el blanco como símbolo de pureza. Antes del año 1000 los colores de la simbología religiosa en frescos y miniaturas estaban representados dominantemente con los colores negro y rojo, después por un movimiento de trasposición, el negro se hace el color del diablo y el blanco acompaña con su luz clara a las representaciones virginales.
En la India el color es símbolo de jerarquía social: blanco para los brahmanes, rojo para los guerreros, amarillo para los campesinos y comerciantes y negro para los siervos en general. El azul corresponde al aire, el pardo a la tierra, el verde al agua y el rojo al fuego. El blanco, verde, rojo y azul son colores simbólicos bienhechores y alegres. En contrario, el negro, amarillo y violeta suelen ser considerados colores simbólicos tristes y nefastos que evocan la penitencia y el duelo. El blanco simboliza la luz y la eternidad.
Cuando se fundó la Cruz Roja en 1864 se eligió como emblema a la bandera suiza por su eterna ideología neutral, con los colores invertidos: una cruz roja sobre fondo blanco. Al paso del tiempo, este símbolo representa la misericordia y la compasión en donde quiera que se le vea. El lenguaje simbólico en todas sus formas de expresión sigue latente en la época moderna. Carl Jung encontró que la energía que el hombre occidental dedicara en otros tiempos a la mitología, hoy la aplica a la ciencia y a la técnica y que la interpretación de los símbolos oníricos no es un proceso empírico sino personal, ya que su significado varía según cada persona.
Freud entendía a los síntomas neuróticos como expresiones simbólicas procedentes del inconsciente, como cuando un hombre deja olvidado su paraguas en la casa de una mujer, éste se convierte en símbolo de su intención sexual. Religión, arte y literatura están plagados, como todo en la vida de un simbolismo sutil o profundo.
La transformación que sufre Gregor Samsa -el protagonista de la obra La metamorfosis de Franz Kafka- en una cucaracha, lleva la intención de producir simbólicamente náuseas, y las manzanas que su padre le avienta y se pudren en su costado, simbolizan la salvación (sol, manzana) denegada. El cuento de La caperucita roja (rojo, símbolo de la menstruación) representa la transformación de la niña en mujer y le alerta contra los peligros del sexo y la virginidad al indicarle "no perder el camino" y "cuidarse de no romper la botella" ante la amenaza del lobo (el hombre).
El sacerdote católico, Agustín Dueñas Aguilar, quien fuera párroco del templo en Mechoacanejo, Jal., fue conocido nacional e internacionalmente por su obra en ese lugar (hoy lamentablemente destruido) en el que el lenguaje simbólico era su modo de expresión más destacado a nuestro juicio. Recordamos que en un terreno frente al atrio de la iglesia (donde tenía su exposición-colección-construcción-simbólicos, si se nos permite llamarle así) había un viejo mezquite con varios jarros de barro colgando de sus ramas y cenizas en su base. Al preguntarle en una de las múltiples visitas que hicimos a ese lugar y que tuvimos la suerte de contar con su compañía-guía ¿qué era ello? De forma brusca y seca -tal como era su carácter- nos respondió rápidamente: "es el monumento a la madre mexicana cuya entereza y dureza se expresan por la madera del mezquite, lo torcido de su tronco representa los problemas que cada madre debe sortear en su vida, los jarros de barro significan que la madre provee siempre y las cenizas a sus pies nos dicen de su apego constante a la cocina -al hogar- y que también, con la mayor facilidad se le manda a la tiznada."
Nada mejor que esta sencilla expresión simbólica.