lunes, 20 de noviembre de 2017

"Hantiguedades"

De visita en un tianguis lugareño.

Dr. Xavier A. López y de la Peña


Ensayo literario

En medio del bullicio típico dominguero del mercado público, mezclado con los olores a fritangas, frutas, flores y –de vez en cuando- a humanidad, deambulaba a paso calmo mirando con una mezcla de curiosidad y desenfado los diversos puestos con mercancía varia.
La gente alrededor deambulaba afanosamente por los improvisados pasillos a la búsqueda de tornillos, aditamentos para el inodoro, una blusa, herramienta usada, un compact disk o una licuadora más o menos en buen estado. Otras más se detenían a comer unos tacos de lechón con don Ramón; de birria o un sencillo cucurucho de papel repleto de fruta fresca de la estación jugosamente espolvoreada con chile en polvo y sal.
            El sol abrileño a las 11 de la mañana ya caía a plomo y los improvisados toldos multicolores apenas aliviaban el bochorno matinal adicionándole un efecto «invernadero» al paseo.
El año pasado las lluvias habían escaseado -recordaba- y al tiempo relacionaba el recuerdo con las necesarias lluvias para fecundar al campo y, de paso, contribuir a limpiar los pasillos del mercado.
¡Pásele a ver qué le gusta! ¡Pónga precio! -interrumpían las meditaciones que me hacía, escuchándose aquí y allá la voz de los gritones marchantes.
No lejos, desde un automóvil viejo y destartalado,  retapizado con jirones de tiempo, hablaba el típico merolico, el locuaz inacabable con la boca llena de palabras que publicitaba sus mercaderías de la herbolaria afanosamente como útiles.
Garantizado patroncito –recalcaba. 
Hablaba y hablaba de los menjurjes contra el mal del pinto, la diarrea, los temblores, la calentura o los granos rebeldes de la cara. Sobre éstos últimos decía con un bien estudiado lenguaje:  No deje que su apariencia demerite ante los demás –argumentaba pomposamente, sin dejar de hablar y sin un sólo error de dicción-  y cúrese definitivamente los granos seborreicos o acneiformes de su cara con el tradicional ungüento del Tío Pancho que contiene, en su fórmula, los ingredientes más reconocidos por la dermatología del mundo para restaurar la piel maltratada por el sol, la tierra y la terrible contaminación que inflige, junto con la radiación ultravioleta y los gérmenes del ambiente, serios daños a la epidermis y la dermis adjunta.  ¡Únteselo por la mañana con un leve masaje, déjelo actuar unos 5 minutos y lávese con jabón de pastilla! No encontrará algo mejor –decía y decía sin parar- y a sólo 1 pesito. ¡Llévese 3 por sólo el precio de 2 y haga feliz,  regalándoselo, a su graniento vecino o a la comadre concha! La amplificada voz del merolico brotaba inacabable por los altavoces improvisados colocados sobre el multicolor techo de su automóvil que mostraba tantos restos de colores que señalaban, cada uno de ellos en años y décadas probablemente, el paso del tiempo en su estructura en símil con el de los anillos que la naturaleza imprime en el tronco de los árboles. La voz del merolico competía en volumen –avatares de la lucha sórdida comercial- con el del puesto de enfrente que vendía, entre muchas, cintas pirata grabadas del grupo norteño Tigres de Nuevo León y de la popular Chacha Lona que, en ese momento se reproducía y que a ritmo de salsa estridente brotaba por los baffles colocados a ambos lados del changarro con una salida de 200 watts de potencia y acompañado por el rítmico saltar de las luces multicolores desplegadas en la carátula del amplificador. La estridencia superaba, con mucho, los decibeles permisibles para preservar la capacidad auditiva al óptimo.
            No faltaba tampoco el comerciante agresivo que, en torno a su mercadería compuesta de artículos de ferretería de origen chino o taiwanés pero con vistosos empaques multicolores y títulos en inglés decía a los viandantes ¡Acérquese, no se raje! ¡Si no compra no mire, deje turno al que puede! ¡Estoy aquí para vender, agarre lo que le guste y nos arreglamos!
            El mercado o tianguis dominguero con su barullo multicolor y festivo era el centro de atracción comercial de la población con escasos recursos y para todos aquellos que por una u otra razón, no habían podido comprar durante la ajetreada semana  ya naranjas, jitomates, unos huacales de pollo para el caldo o refacciones para el boiler. Día de fiesta popular, paseo obligado para muchos, oportunidad de comercio para los más.
            Llegué, casi al final del mercado, a uno de los dos locales que desde hacía unos dos años se había instalado luego que el municipio trató, con su construcción y asignación por enésima vez, de reordenar al comercio ambulante. En él se ofrecían baratijas viejas y  dizque viejas de  las más disímbolas.
“Hantigüedades” -decía un letrero que lucía en la parte alta, mal escrito en letras amarillas desteñidas sobre una tabla de ocote vieja y cuarteada fijada a la pared con 3 clavos oxidados y torcidos -quizá para enfatizar, inconscientemente o subliminalmente como se estila, que lo que ahí se vendía era realmente viejo-.
            Nada podía estar más a tono con el negocio que su dueña: doña Tula  (realmente ella se llamaba Esperanza) como todos le decían- , una mujer de unos 75 años de edad, enjuta, algo encorvada, de pelo blanco mal peinado o despeinado para ser más justos. Tan activa que parecía tener menor edad. No paraba, y ya desde el banquillo desvencijado de madera que tenía fuera del negocio miraba “como no queriendo” a todo el que entraba a su negocio, lista siempre a darle el precio que consideraba justo por sus baratijas. Inquieta pasaba de un local al otro separados sólo por una pared. No perdía detalle de nada. Llevaba 30 años en el negocio –me confesó alguna vez- cuando su viejo la abandonó dejándola con seis hijos allá en el pueblo de Acatipla, Estado de Morelos y se juntó -luego, luego, por la necesidá –recalcaba, con un antigüero epiléptico que recorría los pueblos de la región en busca de cosas viejas para comerciar. Ella tuvo que sufrir “muncho” –decía con orgullo- para sacar de pobres a sus hijos y darles estudios. La vida para ella había sido marcada como la de otras muchas mujeres mexicanas nacidas en el campo y sin contacto con ofertas culturales: dura, llena de privaciones y trabajo de sol a sol. Nunca fue a la escuela pero aprendió los números y las letras poco a poco de Pancho, su nuevo viejo “piléptico” –decía, que había ya pasado a mejor vida –allá por el 1985, día del temblor de México- y que le dejó ello como herencia y, por supuesto, el amor por el valor comercial que tienen algunas cosas viejas.
            -Buenos días, doña Tula. ¿Cómo sigue? –inquirí sin mostrar un verdadero interés porque de lo contrario tendría que armarme de paciencia para escuchar, nuevamente, toda su patobiografía en retahíla salpicada de una y mil anécdotas intermedias. Desde su “desfuerzamiento” del brazo izquierdo secundario a una espina de maguey que le encajó a los 8 años de edad su prima Remigia en el patio de los gallos,  hasta la osteoporosis que le habían diagnosticado en León, Guanajuato,  cuando la sometieron a una  “quiensequé-metría”  carísima –como decía.
            Mal doctor -contestó sentada en su banquillo sin voltear a mirarme. Me recetaron unas inyecciones “muin” caras para la “osporosis”.
            De súbito, se incorporó ágilmente tan pronto una señora que cargaba un niño chillón y con el espacio entre nariz y labio superior lleno de mocos resecos le preguntó: ¿cuánto por la “basculita” ésta? –dijo señalando una desvencijada e inútil báscula de platillos de latón.

            Setenta y cinco pesos –contestó casi de inmediato y añadiendo: -es marca “Jiménez”, no tiene una pata, pero está güena dijo doña Tula levantándola y quitándole el polvo con un fuerte soplido.

viernes, 27 de octubre de 2017

Ciudadanos, confianza, gobierno.



Pero ¡cuánto más frecuente es que la inclinación natural
a la sociedad sea perturbada o destruida por la acción
del Gobierno! Cuando el Gobierno, en lugar de estar
arraigado en los principios de aquélla [la sociedad], pretende existir
por sí mismo y se conduce parcialmente empleando
el favor [corrupción] y la opresión, se convierte en la causa de los
males que debiera evitar.

THOMAS PAINE 1

Dr. Xavier A. López y de la Peña.

            México provee en abundancia, sin embargo, el desarrollo del país es demasiado lento, cargado del lastre corrupto y corruptor del sistema.
            La figura del emprendedor que lucha contra la naturaleza indómita, feraz y terrible (si la comparamos con nuestro benigno clima y prolífico suelo) se nos ha mostrado siempre como ejemplar. La vida de las personas en los países nórdicos o en Canadá puede servir claramente de ejemplo.
            Los ciudadanos deben entonces comportarse de manera particular, en conjunto, para sortear las dificultades enormes que la naturaleza les impone. Bajo estas circunstancias, cada ciudadano debería acatar y seguir consecuentemente determinadas reglas, lineamientos, normas o leyes tan diversas y variadas como la complejidad del desarrollo le impusiera. De no hacerse así, había una sanción inmediata o mediata como mecanismo de control social. No habría medias tintas y todos debían reconocerlas como válidas e indiscutibles (hasta cierto punto, ya que toda ley es perfectible). En ello estaba su misma supervivencia. La libertad de cada persona entonces estaba limitada y regulada por la ley, en consonancia con la libertad de la otra, u otras personas dentro del grupo social. Nadie entonces podía hacer lo que le viniera en gana, habría orden y concierto. Esta es la forma social de convivencia, plasmado en el llamado contrato social desglosado hace mucho tiempo y que sigue siendo la forma de relación en convivencia civilizada.
            El grupo o cuerpo social entregó entonces a ciertas personas el encargo de hacer cumplir las leyes emanadas para el bien común de la misma sociedad y surgió el Estado como organismo regulador  encabezado por el Gobierno. El empleado, artesano, industrial, comerciante o profesor, podía entonces dedicarse a su actividad de forma plena, creando nuevas técnicas o procesos, estructurando ideas y proyectos de mejora en sus quehaceres en tanto que el Estado, a través del Gobierno se ocuparía de regular, proveer orden, infraestructura, distribuir las riquezas equitativamente y de aplicar, en su caso, las leyes con desarrollo y en armonía mirando siempre hacia el bien común.
            El Estado a su vez creó instituciones de gobierno para “regular” dicha armonía. El ciudadano debería entonces depositar su confianza y respeto hacia las instituciones creadas por el Estado para el buen gobierno de las relaciones sociales.
            México requiere que sus ciudadanos le tengan confianza y respeto a las instituciones de gobierno creadas por el Estado.
            Si el ciudadano no tiene respeto y confianza en sus instituciones se inicia la desintegración del Estado cayendo en la anarquía de forma progresiva.
            Las limitaciones a hacer lo que “me dé la gana” están impuestas por la ley, de las mismas leyes emanadas de la sociedad a la que sirven.
            México requiere de una ciudadanía consciente de los problemas que afronta el país. Es necesaria la mejora en educación, la información y la cultura de respeto a los valores sociales entre muchas otras cosas. Para ello se requiere crear la riqueza necesaria para cumplimentar con estas necesidades y para crearla, se requiere incuestionablemente de un ambiente que propicie el trabajo, la libertad, la paz y la confianza en las instituciones y las leyes. Es inaplazable por ello mismo, que en la reforma del Estado recientemente hecha en un marco de pluralidad tolerante y tolerada se ejerza la democracia y se fortalezcan las instituciones en base a la certeza diáfana de su quehacer en bien de la comunidad, pero ello a luces vistas no ha ocurrido.
            Ya es necesario que la ciudadanía conozca cuánto gana un senador, un diputado, un representante popular cualquiera o el presidente de la república, ya que siempre ha sido un misterio celosamente guardado. Ya basta de cuentas secretas, de derroche financiero, de discrecionalidad en el manejo de los recursos y de la aplicación equivocada de la ley. La austeridad tan deseada en el político o el gobernante en turno ha sido la excepción -si es que la hay- más que la regla. Seguridad en las personas y sus bienes; acceso a los servicios de salud; salarios remuneradores que satisfagan las necesidades básicas, etc. Seguridad en el trabajo, estímulos a la producción, respeto a las personas y grupos vulnerables.
            Los mexicanos queremos creer en México, en sus instituciones, en sus leyes y la procuración de justicia. La confianza y el respeto deben iniciar en el mismo núcleo de la sociedad que es la familia. Una familia en la que cada uno de sus integrantes crea, de la forma más simplista posible, que el semáforo en luz roja indica, indiscutiblemente, que debe uno detenerse. Que el presupuesto para desarrollo social será equitativamente el presupuesto adecuado y necesario y que se aplique conforme se estipula. Que los escándalos de la Casa Blanca, Odebrecht, la casa en Malinalco, los desaparecidos de Ayotzinapa, la guardería ABC, Tlatlaya, los ex gobernadores ladrones y mil más se cierren con los culpables debidamente sancionados y la reparación del daño, en su caso, y no queden como hasta ahora y para siempre en la impunidad.
            Los ciudadanos ya estamos hartos de escuchar las inacabables, sucias y superfluas descalificaciones entre los diversos actores con colores partidarios políticos y no oírles propuestas creativas, constructivas. Los detentores de los reductos del poder  público se restringen y desgastan en “buscar” los negritos en el arroz del contrario ideológico (contrario en el poder para ser precisos, qué ideología ni que ocho cuartos) en una lucha interna feroz en la que lo que menos importa es la ciudadanía.
            La ciudadanía no decidió quién la representara para presenciar los melodramas entre colores, sus contubernios, trastadas, corruptelas y fechorías varias. No. Quiere que sus elegidos actúen y se conduzcan con rectitud, con honestidad y credibilidad. Mucho me temo que ni con la lámpara de Diógenes podamos encontrar a uno de ellos.
            Las leyes son las rectoras del quehacer social y el ciudadano debería creer en ellas y en quien las tutela.
            Las leyes, ordenamientos, reglamentos, normas, etc. están hechas para armonizar la convivencia social. Son el substrato del desarrollo. Limitan el hacer “lo que me dé la gana”. No son “pretextos” ruines y malintencionados para molestar.
            El año venidero es un año político en donde la ciudadanía puede y debe ejercer su compromiso social y se muestra ávida por conocer propuestas serias, respetuosas, tolerantes y creativas por parte de los diversos actores políticos. No quiere oír tonterías, lambisconerías, denuestos y estratagemas varias que, en discurso demagógico, populista y servil, ofrezcan más deshacer que hacer. No quiere promesas vanas y seguir padeciendo tanta ratería. La ciudadanía quiere escuchar debatir, frente a frente sobre los problemas, necesidades y proyectos del México por venir a todos los aspirantes en la contienda política.
            Basta echar una mirada al espectro político nacional para desencantarse y pensar que tal vez estamos en un callejón sin salida. De hecho, “el 70% de los mexicanos tiene poca o ninguna confianza en los partidos políticos y el 52% de los ciudadanos está poco o nada satisfecho con la actual democracia”.2
            Las propuestas políticas deberían estar acompañadas de los “hechos” concretos en la vida de los señalados para justipreciarlas.
            Aguascalientes representada por sus ciudadanos espera, observa, mide y juzga. Ya decidirá.



1 Paine T. Los Derechos del Hombre. FCE México, 2a. Ed. 1986, p. 153.
2 Erick Osiris Leines Jiménez. Credibilidad en los partidos políticos. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Consultado en internet el 27 de octubre de 2017 en: https://www.uaeh.edu.mx/scige/boletin/prepa4/n4/e4.html

lunes, 18 de septiembre de 2017

Violencia Obstétrica.

Juridificación de los derechos de la mujer.


Mientras me cosían el desgarro, sin anestesia, yo al notarlo me echaba atrás en acto reflejo y la ginecóloga me dijo: "Te voy a coser por las buenas o por las malas, tú verás". En el mismo parto: "Qué poca tolerancia al dolor tienes, ¿no?". Pedí que cerraran la ventana porque me dio una tiritona y la matrona me dijo: "Pues es que hace calor y los que estamos trabajando somos nosotros".

Bebés y más. https://www.bebesymas.com/parto/mas-de-50-frases-horribles-que-te-pueden-decir-en-un-hospital-cuando-vas-a-parir-y-que-nunca-olvidaras

Dr. Xavier A. López y de la Peña

            La Organización Mundial de la Salud dio a conocer en 2014 que en todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola sus derechos a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación. Esta declaración reclama un accionar más enérgico, diálogo, investigación y apoyo en relación con este importante problema de salud pública y de derechos humanos.[1]
            Esta es una consecuencia del modelo biomédico actual en la que el parto, de ser un proceso particularmente familiar y doméstico pasó luego a conformarse como un evento de salud pública a realizarse en un hospital o centro de salud, afianzando con ello el poder y control hegemónico (medicalización) del aparato de salud que controla tanto la vida como la salud, la reproducción y la muerte de las personas.
            Como bien lo señala la doctora en filosofía, Laura F. Belli, el paradigma actual de tecnificación y medicalización en la atención institucionalizada que se da en el parto (como todo en el hacer médico, en general adicionamos nosotros), ve a la mujer que pare como un objeto de intervención y no como un sujeto de derecho.[2]
            Es aquí entonces cuando surge la necesidad de revertir esta óptica objetivante dada a la mujer, enfatizando la relación interpersonal entre el prestador de servicios de salud y la mujer embarazada con los valores profesionales, éticos y morales que el humanismo provee y, si ello no se cumple como vemos que frecuentemente ocurre, con la juridificación ahora de este particular acto médico; esto es, dotándole de una serie de preceptos y obligaciones a que deban ceñirse los ejecutores de estas acciones y que tengan una determinada sanción para quien las incumpla.[3]
            Este trato inadecuado para con la mujer durante el parto es lo que se conoce como violencia obstétrica, que el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) en 2013 la define así: “Durante la atención institucional del parto, la violación de los derechos humanos y reproductivos de las mujeres va desde regaños, burlas, ironías, insultos, amenazas, humillaciones, manipulación de la información y negación al tratamiento, sin referir a otros servicios para recibir asistencia oportuna, aplazamiento de la atención médica urgente, indiferencia frente a sus solicitudes o reclamos, no consultarlas o informarlas sobre las decisiones que se van tomando en el curso del trabajo de parto, utilizarlas como recurso didáctico sin ningún respeto a su dignidad humana, el manejo del dolor durante el trabajo de parto, como castigo y la coacción para obtener su “consentimiento”, hasta formas en las que es posible constatar que ha causado daño deliberado a la salud de la afectada, o bien que se ha incurrido en una violación aún más grave de sus derechos”.[4]
            Dicho de otra manera, “la violencia obstétrica es el acto de anular la autoridad y autonomía que tienen las mujeres sobre sus sexualidades, sus cuerpos, sus bebés y sus experiencias al dar a luz. Es también el acto de restar consideración a la espontaneidad, las posiciones los ritmos y el tiempo que requiere el trabajo de parto para progresar de manera normal, cuando no hay indicación para llevar a cabo una intervención. Y es también, la falta de respeto por las emociones de la madre y el bebé durante todo el trabajo de parto, parto y nacimiento”.[5]

            El Boletín N°. 2575 emitido por la Cámara de Diputados de la LXIII Legislatura fechado el 18 de noviembre de 2016, titulado México ocupa primeros lugares en violencia obstétrica, señala que en México no existen estudios o informes cuantitativos sobre violencia obstétrica; sin embargo, nuestro país ocupa el cuarto lugar a nivel mundial en el uso de la práctica de cesárea sin indicación médica, en los sectores público y privado, lo que lleva a una forma común de violencia hacia las mujeres. A este tipo de daño se exponen, en promedio, más de 6 mil 800 mexicanas al día, debido a que se registran alrededor de 2 millones 500 mil nacimientos anuales, de los cuales 475 mil son de madres adolescentes en situación vulnerable. Asimismo, hay un incremento de quejas sobre tratos inhumanos, principalmente hacia las mujeres indígenas que, por no contar con servicios de salud, en ocasiones alumbran en patios de hospitales o en la calle. El daño obstétrico es la característica más representativa de la violencia de género, la cual también implica violencia institucional, debido al trato deshumanizado hacia las mujeres desde el período de gestación hasta después del parto, lo que afecta de manera directa o indirecta su cuerpo y procesos reproductivos.[6]

            Al respecto, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha emitido del 19 de junio de 2015 al 21 de junio de 2017, 29 recomendaciones que incluyen la violencia obstétrica tanto a diversas dependencias de la Secretaría de Salud como al Instituto Mexicano del Seguro Social en Tabasco, Durango, Estado de México, Ciudad de México, Oaxaca, Hidalgo, Chiapas, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas, Puebla, Baja California, Veracruz y Morelos.  Por ello, es ya indispensable que la violencia obstétrica se tipifique tanto en el Código Penal Federal como en los Códigos Penales de los Estados de la Federación.

Por ahora, la tipificación de la violencia obstétrica se tiene en los siguientes Códigos Penales de México:[7]

Chiapas:

Artículo 183 Ter.- Comete el delito de violencia obstétrica el que se apropie del cuerpo y procesos reproductivos de una mujer, expresado en un trato deshumanizador, abuso en el suministro de medicación o patologización de los procesos naturales, generando como consecuencia la pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre su cuerpo y sexualidad.
Con independencia de las lesiones causadas, al responsable del delito de violencia obstétrica, se le impondrá la sanción de uno a tres años de prisión y hasta doscientos días de multa, así como suspensión de la profesión, cargo u oficio, por un término igual al de la pena privativa de libertad impuesta, y el pago de la reparación integral del daño.
Artículo 183 Quáter.- Se equipará a la violencia obstétrica y se sancionará con las mismas penas a quien:
I. Omita la atención oportuna y eficaz de las emergencias obstétricas.
II. Obstaculice el apego precoz del niño o niña con su madre sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo y amamantarlo inmediatamente después de nacer.
III. Altere el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
IV. Practique una cesárea, existiendo condiciones para el parto natural.

Guerrero:

Artículo 202. Violencia de género.
            Se le impondrán de dos a ocho años de prisión y multa de doscientos a quinientos días de salario mínimo a quien por razones de género, cause a persona de otro sexo, daño o sufrimiento económico, físico, obstétrico, patrimonial, psicológico, sexual o laboral tanto en el ámbito privado como en el público, afectando los derechos humanos o la dignidad de las personas.
Artículo 203. Definiciones.
Para los efectos de este delito se entenderá por:
III. Violencia obstétrica: Acto u omisión que impida u obstaculice la atención oportuna y eficaz en el embarazo, parto, puerperio o en emergencias obstétricas o Altere sus procesos reproductivos sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer; Artículo 204. Medidas reeducativas.
Al sujeto activo de los delitos considerados en este capítulo, se le aplicarán, además, medidas reeducativas, integrales, especializadas y gratuitas, conforme a los programas establecidos al efecto.

Veracruz:

Violencia obstétrica.
(ADICIONADO, G.O. 2 DE ABRIL DE 2010)
Artículo 363.- Comete este delito el personal de salud que:
I. No atienda o no brinde atención oportuna y eficaz a las mujeres en el embarazo, parto, puerperio o en emergencias obstétricas;
II. Altere el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer;
III. No obstante existir condiciones para el parto natural, practique el parto por vía de cesárea, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer;
IV. Acose o presione psicológica u ofensivamente a una parturienta, con el fin de inhibir la libre decisión de su maternidad;
V. Sin causa médica justificada, obstaculice el apego del niño o la niña con su madre, mediante la negación a ésta de la posibilidad de cargarle o de amamantarle inmediatamente después de nacer; y
VI. Aun cuando existan los medios necesarios para la realización del las piernas levantadas o en forma distinta a la que sea propia de sus usos, costumbres y tradiciones obstétricas.
A quien realice las conductas señaladas en las fracciones I, II, III y IV, se le impondrán de tres a seis años de prisión y multa de hasta trescientos días de salario; y quien incurra en los supuestos descritos en las fracciones IV y V será sancionado con prisión de seis meses a tres años y multa de hasta doscientos días de salario. Si el sujeto activo del delito fuere servidor público, además de las penas señaladas se le impondrá destitución e inhabilitación, hasta por dos años, para ejercer otro empleo, cargo o comisión públicos.
(ADICIONADO CON LOS ARTÍCULOS QUE LO INTEGRAN, G.O.
2 DE ABRIL DE 2010)
Capítulo VIII
Disposiciones comunes para los delitos de violencia de género
(ADICIONADO, G.O. 2 DE ABRIL DE 2010)
Artículo 369.- Para los efectos de este Título se entenderá por:
III. Violencia obstétrica: Acto u omisión que afecta la autonomía y la capacidad de decidir de las mujeres sobre su sexualidad y sus procesos reproductivos;
(ADICIONADO, G.O. 2 DE ABRIL DE 2010)
Artículo 370.- Al sujeto activo de los delitos considerados en este Título, se le aplicarán medidas reeducativas, integrales, especializadas y gratuitas, conforme a los programas establecidos por el Sistema Estatal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, en el lugar y por el tiempo que la autoridad jurisdiccional indique. Estas medidas reeducativas tienen por objeto eliminar los estereotipos de supremacía de género y los patrones de conducta machistas y misóginos, que generaron la conducta delictiva.

            Recientemente el diputado Rafael Hernández Soriano, integrante de la LXIII Legislatura del H. Congreso de la Unión, propuso el 5 de abril de 2016 un decreto para adicionar una fracción al artículo 6º., de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, como sigue:

Único. Se adiciona una fracción al artículo 6o. de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se recorre la siguiente, para quedar como sigue:
Artículo 6o. Los tipos de violencia contra las mujeres son:
I. a V. ...
VI. Violencia obstétrica. Cualquier acción u omisión por parte del personal médico, sea éste público o privado, que cause un daño físico o psicológico a la mujer durante el embarazo, parto o puerperio, que se exprese en la falta de acceso a servicios de salud sexual o reproductiva; un trato cruel, inhumano o degradante; un abuso de la medicalización en los procesos biológicos naturales; la práctica innecesaria o no autorizada de intervenciones o procedimientos quirúrgicos; la manipulación o negación de información; y, en general, en cualquier situación que implique la pérdida o disminución de su autonomía y la capacidad de decidir, de manera libre e informada, a lo largo de dichas etapas.
VII. ...
Transitorio
Único. El presente decreto entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.

            Por todo lo anterior la CNDH emitió la recomendación General 31/2017 sobre la Violencia Obstétrica en el Sistema Nacional de Salud, el 31 de julio de 2017[8] que brevemente señala:

PRIMERA. Que se diseñe y ponga en práctica una política pública de prevención de violaciones a los derechos humanos de las mujeres en ocasión del embarazo, el parto y el puerperio, centrada en el reconocimiento de la mujer como protagonista, en la relación materno-fetal, que atienda a las perspectivas de derechos humanos y género, constituida por acciones de capacitación y sensibilización continua al personal de salud que presta sus servicios en la atención gineco-obstétrica, para contrarrestar prejuicios basados en la discriminación de las mujeres y para el cumplimiento de las Normas Oficiales Mexicanas; así como de información a las mujeres usuarias sobre sus derechos y cómo ejercerlos.
(…)
TERCERA. Que se implemente el “Modelo de Atención a las Mujeres durante el Embarazo, Parto y Puerperio con Enfoque Humanizado, Intercultural y Seguro” de la Secretaría de Salud, en las instituciones del Sistema Nacional de Salud, a fin de garantizar la disminución de la morbi-mortalidad materno-infantil, la atención médica calificada, digna, respetuosa y con perspectiva de género.


Fuentes:



[1] . Organización Mundial de la Salud. Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud (2014) Consultado en internet el 8 de septiembre de 2017 en: http://www.who.int/reproductivehealth/topics/maternal_perinatal/statement-childbirth/es/.
[2] . Laura F. Belli. La violencia obstétrica: otra forma de violación a los derechos humanos. Revista Redbioética/UNESCO, Año 4, Enero-Junio 2013, 1 (7): 25-34.
[3] . Al respecto se sugiere leer a Manuel Atienza: Juridificar la bioética. Consultado en internet el 10 de agosto ede 2017 en: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/juridificar-la-biotica-0.pdf
[4] . Grupo de Información en Reproducción Elegida, GIRE. Omisión e indiferencia. Derechos reproductivos en México. GIRE, México. 2013. Pp. 120.
[5] . Bellón S. Obstetric Violence: Medicalization, authority abuse and sexism within Spanish obstetric assistance. A new name for old issues?. [Tesis de Maestría Erasmus Mundus en Estudios de la Mujer y El Género]. Utrecht University, Faculty of Humanities.; 2014. Available from: http://dspace.library.uu.nl/handle/1874/298064.
[6] . Cámara de Diputados, LXIII Legislatura. Boletín No. 2575. Consultado en internet el 7 de julio de 2017 en: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Derechos%20de%20la%20Mujer%20-Violencia%20obst%C3%A9trica/2575%20-%20M%C3%A9xico%20ocupa%20primeros%20lugares%20en%20violencia%20obst%C3%A9trica%20_%2018%20_%20Noviembre%20_%202016%20_%20Boletines%20_%20Comunicaci%C3%B3n%20_%20Inicio%20-%20Camara%20de%20Diputados.html
[7] . Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Cuarta Visitaduría General. Programa de Asuntos de la Mujer y de Igualdad entre Mujeres y Hombres. Tipificación de la violencia obstétrica en los diversos Códigos Penales. Última actualización, Diciembre de 2015.
[8] . Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Recomendación General 31/2017. Sobre la Violencia Obstétrica en el Sistema Nacional de Salud. Consultado en internet el 16 de septiembre de 2017 en: http://www.cndh.org.mx/sites/all/doc/Recomendaciones/generales/RecGral_031.pdf