lunes, 8 de febrero de 2016

Medicina Náhuatl.

MEDICINA NÁHUATL: VÍNCULOS HISTÓRICOS.
© DR Xavier A. López y de la Peña
La práctica de la medicina en México tiene indudablemente raíces profundas en el conocimiento precortesiano que sobre salud y enfermedad tenían los antiguos mesoamericanos y mantienen vigencia actual algunos ejemplos como el de relacionar algunos padecimientos con el frío o la humedad, el calor y la sequedad. Comentaremos algunos aspectos históricos acerca de la medicina náhuatl, historia que constituye un puente entre el hoy y el ayer, la historia entendida como lo expresara Fray Juan de Torquemada en el siglo XVI:
"...es un beneficio inmortal que se comunica a muchos: ¿Qué depósito hay más cierto y más enriquecido que la historia? Allí tenemos presentes las cosas pasadas y testimonio y argumento de las por venir. Ella nos da noticia y declara y muestra lo que en diversos lugares y tiempos acontece. Los montes no la estrechan, ni los ríos, ni los años, ni los meses, porque ni está sujeta a la diferencia de los tiempos ni del lugar. Es la historia un enemigo grande y declarado contra la injuria de los tiempos, de los cuales claramente triunfa. Es la reparadora de la mortalidad de los hombres y una recompensa de la brevedad de esta vida..."
De una manera extraordinariamente simplista podemos resumir el contexto histórico del desarrollo cultural náhuatl como base de la interpretación de la medicina, en que el ordenamiento material tenía como base el régimen militar y el espiritual el teocrático, ambos entrelazados indisolublemente. Así, la gestación de la práctica médica y el desenvolvimiento alcanzado hasta el tiempo de la llegada de los españoles transitó entre un continuo luchar, conquistar y domeñar tierras y hombres, amalgamando las tradiciones, costumbres, ideologías, conceptos, artes y técnicas de las culturas de los otros pueblos mesoamericanos, desde el momento mismo del establecimiento del imperio azteca en Tenochtitlán guiados por el implacable dios Hitchilopochtli -colibrí zurdo-, el dios de la guerra.
Nace de esta manera una nueva cultura, la náhuatl, fortaleciendo el Ticiotl o arte y técnica de la medicina que habrán de darnos a conocer los historiadores; recios conquistadores y pacientísimos sacerdotes a la luz de la espada, la cruz y la pluma que en un choque cultural portentoso gestaron nuestro mestizaje aderezado con un fuerte sabor medieval.
El hombre prehispánico ejercía la práctica médica, nos dice el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, en la edad adulta, en tanto que la mujer lo conseguía hasta pasada la menopausia una vez libre de la impureza derivada de partos y menstruaciones.
Pero, ¿qué hacía, cómo actuaba ese médico? Fray Bernardino de Sahagún nos da una descripción de sus acciones: "El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador, y por ser inhábil, en lugar de sanar empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aun a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas".
El ejercicio de la práctica médica se heredaba de padres a hijos según declaraciones del Dr. Francisco Hernández, protomédico de las Indias en su obra Historia Natural de la Nueva España , y también hay pruebas de que en los templos como el Cálmecac, los sacerdotes (o sátrapas según Sahagún) enseñaban acerca de las propiedades medicinales de algunas hierbas pues "algunos eran médicos".
El formulario terapéutico que utilizaban era amplísimo y aquí ofrecemos algunos breves ejemplos: Para concertar lo huesos (tratar las fracturas) se indicaba que "...las quebraduras de los huesos de los pies, curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli (panta parecida al hinojo) y la de la tuna que deberá ponerse en la quebradura del pie, y envolverse, y atarse con algún lienzo o paño. y después de puesto, se han de poner cuatro palitos o tablitas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuertemente con algún cordelejo, para que de esta manera salga la sangrasa, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro porque no se pudra la herida; y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después de este tiempo, se ha de echar una bilma de ocolzótl (cierta clase de pino) con polvos de la raíz de maguey, con alguna poca de cal y sintiendo alguna mejoría, podránse tomar algunos baños" .
Si se dejan de lado los elementos propuestos utilizados de carácter mágico e inútil, ciertamente el conocimiento de la inmovilización debió haber sido eficaz como lo demuestran algunos huesos fracturados y consolidados de la época prehispánica, como los hallados en Nonoalco según las descripciones osteopatológicas realizadas por T. Jaén y C. Serrano.
La realización de sangrías como método terapéutico en numerosos casos patológicos de manera única o como coadyuvante en las curaciones prehispánicas empleando corrientemente puntas de maguey, ciertamente no representaban como para los europeos, el dar con ello salida del cuerpo al elemento "morbífico" que contenía, sino que se ubicaba en el contexto de representar una "ofrenda" a los dioses para esperar su auxilio en recuerdo del autosacrificio de Quetzalcóatl (Dios del aire, representado bajo la forma de serpiente, emblema de los vientos y los torbellinos, recubierta de plumas de quetzalli, que representaban los céfiros y las nubes negras. Serpiente emplumada) que con su propia sangre dio vida (vivificó los huesos robados a Mictlatencutli -dios del reino de los muertos que en el gran templo de México tenía una capilla llamada tlaxico -en el vientre de la tierra-) a la generación presente.
Para tratar los furúnculos, este era el remedio descrito en el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por Martín de la Cruz en 1552: "se muelen las raíces del tlalahuehuetl y otras bien sin agua, en yema de huevo se aplican al furúnculo de la cabeza después de bien lavado el pus, dos veces al día, por la mañana y por la tarde. Después se cubre bien la cabeza. Ahora, si solamente hay una parte en que se halle esta pudrición, se lavará con orines y se pondrá el mismo medicamento Hace tiempo se demostró que la alnuína, substancia antiinflamatoria obtenida de una variedad de alnus, especie del árbol ylin, tiene, como el tlalhahuehuetl propiedades astringentes y la yema de huevo contiene citopoyetinas que estimulan la proliferación de los fibrobalastos, elementos que utilizados en la fórmula anterior posiblemente hubieran contribuido a la solución de los furúnculos descritos.
La vida y la muerte, la salud y la enfermedad estaban íntimamente ligados a influencias teogónicas y cosmogónicas. En general, ambos conceptos duales representaban ya el castigo a una ofensa proferido por alguna deidad (enfermedad o muerte) o la recompensa (salud y vida) al buen comportamiento y devoción por los dioses. Como ejemplos: Xipe-totec el dios tutelar de la medicina y de los orfebres castigaba con el "mal de ojo, la sarna y la postema , Tezcatlipoca ("espejo brillante o que humea", gran dios con poder de provocar la guerra) el eterno enemigo de Quetzalcóatl castigaba a los viciosos con diversas y terribles enfermedades, algunas incurables del corazón y formaba parte también de la mitología mexica relacionada con la práctica de la medicina. El eclipse de luna como ejemplo de la influencia cosmogónica en la interpretación de las enfermedades determinaba algunos de los defectos congénitos como el de labio leporino, por mencionar uno bien conocido en relación con este fenómeno natural.
La actuación médica prehispánica por parte del ticitl (médico, partera, augur, adivino), había alcanzado un gran desarrollo al momento de la conquista española, su arte le llevó a reconocer y diferenciar para terminar con este vastísimo campo, las hemorroides externas de las internas: "la enfermedad de las almorranas se curará con el agua de la yerba tetlemaitl... entiéndanse estando dentro las almorranas; pero si estuvieran fuera, será necesario moler la dicha yerba y los polvos y ponerse sobre ellas".
La medicina prehispánica constituye aún un filón muy rico para explorar aunque poco esfuerzo se encamina a éste propósito, y la herbolaria representa un importante arsenal terapéutico en espera de incorporarse formalmente a la práctica médica oficial que le rechaza por presiones económicas y culturales básicamente.
Sirvan estas breves líneas para interesar al lector en el ticiyotl o ticiotl, el arte de la medicina expresado en la sutil y bella lengua náhuatl ligándolo a la concepción histórica y médica que nos ofrece el eminente Pedro Laín Entralgo:
"Para quien considere el ejercicio de la medicina sólo como una profesión más o menos lucrativa o como la mera ejecución [...] de técnicas y diagnósticos y terapéuticas perfectamente reguladas, la historia del saber médico será, sin el menor género de duda, pura inutilidad. Pero las principales razones por las cuales posee alguna utilidad el conocimiento de la historia de la medicina, es para quienes como médicos no se contenten con ser simples técnicos repetidores de técnicas, para cuantos aspiren a poseer en su persona la doble perfección del hombre culto y del técnico intelectualmente ambicioso".

miércoles, 6 de enero de 2016

Herbolarium Medicum

LA HERBOLARIA EN LA MEDICINA
© DR Xavier A. López y de la Peña.
El ser humano ínter depende con las plantas. De ellas obtuvo alimento para el cuerpo, abrigo, material para elaborar diversos objetos y remedio para sus males.
La biotecnología actual impulsa hace décadas a los grandes consorcios fármaco-biológicos en la búsqueda de los principios activos de las plantas alrededor del orbe. Dichas instituciones patrocinan a un nutrido grupo de investigadores de las más variadas disciplinas que recopilan información acerca de los usos tradicionales de las plantas en la atención de uno más problemas de salud. Interesa su reconocimiento, clasificación, propiedades reales y supuestas y el “posible” principio activo que le confiere sus cualidades. El conocimiento primigenio acerca de cómo se obtuvo el saber sobre las propiedades de las plantas se oculta en el pasado remoto por ausencia de fuentes que lo constaten, mismo que se generó, a no dudarlo, a fuerza del ensayo y error de nuestros ancestros. Sin embargo, datos acerca de la sistematización en el conocimiento de las plantas nos ofrece el primer catálogo conocido de hierbas de uso medicinal que se generó en China a manos del emperador Shen Nung, considerado el dios chino de la medicina e inventor también del arado en el tercer milenio a. de C., y los conocimientos sobre el tema que nos legaron los egipcios y que nos dejaron escrito en el conocido Papiro de Ebers. Teofrasto, seguidor y sucesor de Aristóteles nos dejó en su Historia de las plantas y Causas de las plantas, aparentemente la primera clasificación de las plantas que incluye su descripción física, formas de crecimiento y métodos de germinación, y cuyos datos obtuvo precisamente en el jardín botánico del Liceo que aderezó el propio Aristóteles.
El romano Plinio el Viejo acrecentó el número de plantas descritas con muchos aciertos y más errores; el médico y farmacólogo griego, Pedanio Discórides, como cirujano de las legiones romanas a través de sus múltiples viajes, acopió gran cantidad de ejemplares y su descripción aumentó de manera considerable el conocimiento acerca de las plantas en su época. De entre los egipcios se tienen pruebas de la época de los faraones (bajorrelieves, papiros) que muestran el gran conocimiento por ellos adquirido sobre una enorme cantidad de las plantas y, de ellas las de uso medicinal.
Los árabes no se quedaron atrás. El moro español de Málaga Ibn Baithar, infatigablemente y hasta su muerte en 1248 reunió datos y materiales botánicos al través de sus viajes por el norte de África, Egipto, Grecia, Arabia y Mesopotamia. Todo el panorama del conocimiento se transformó con el Renacimiento. La botánica fue una de las que mayor impulso tomó y de cuya memoria se conservan los extraordinarios herbarios exquisitamente ilustrados como los que hiciera el inglés John Gerard, o los estupendos escritos sobre la materia que nos legara Andrea Cesalpino, médico de los papas.
El envión tomado para viajar en esta época y conocer nuevas rutas, gentes y mercaderías; hizo que los andariegos y navegantes intrépidos se surtieran de acompañantes ávidos de conocer, palpar, gustar, oler, dibujar, describir y coleccionar nuevas especies ya vegetales como animales a más de recrear o repudiar usos y costumbres de los habitantes de lugares hasta entonces ignorados. La geografía del mundo inició su reconstrucción. Cayeron las ideas geocéntricas y el sol se entronizó al centro del universo. Martín Lutero se encargó de causar el cisma del catolicismo. Se “encontró” por error de cálculo al Nuevo Mundo más allá de las columnas de Hércules. América y el lejano Oriente exportaron sus mercaderías y plantas a Europa llenado de asombro a gentiles y soberanos. De la Nueva España llegó pronto a Europa para quedar oculto por siglos en la Biblioteca Vaticana, el Libelus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por Martín de la Cruz y traducido por Juan Badiano, médicos indígenas de Tlatelolco, dando cuenta del extraordinario desarrollo alcanzado en este campo del conocimiento por los mexicanos acerca la herbolaria medicinal.
El Renacimiento inicio también el impulso a la técnica y surge el microscopio con los que Marcello Malpighi, en Bolonia, y Nehemiah Grew, en Coventry, iniciaron el estudio de la micro estructura las plantas. También se empezaron a conocer los fenómenos de circulación en las plantas, de hojas a raíces, como de raíces a hojas y otras, y recientemente acerca de los procesos de la fotosíntesis para generar nutrimentos a partir de sustancias inorgánicas.
Miles y miles de plantas empezaban a darse a conocer provenientes de los cuatro puntos cardinales. Todo el mundo también se afanaba en dar nombre a las plantas y a clasificarlas de una u otra forma haciendo de ello una nomenclatura caótica a la que hubo de avocarse Karl von Linné, o Carolus Linnaeus (1707-1778). Este profesor de la Universidad de Upsala, Suecia, que dedicó su vida a establecer una clasificación binaria de las plantas por género y especie; diseñó un sistema de 24 clases de plantas en base a las características sexuales y con ello sentó las bases modernas de la nomenclatura botánica. Luego de Francia surgió la clasificación basada en la anatomía quedando en los llamados “órdenes” o familias que en buena medida se siguen empleando aún.
El mundo vegetal sustentaba cerca del 80% del armamentario terapéutico médico hasta principios del siglo XX en que se inicio un “divorcio” temporal de la medicina y la botánica con la llegada de los medicamentos sintéticos. Los precursores de las hormonas esteroides se obtenían de la raíz del barbasco, sin embargo, su fabricación sintética hizo a un lado a esta planta. No obstante, la mirada se vuelca nuevamente hacia la naturaleza y se analizan en la actualizad millones de plantas en la búsqueda de sus principios activos. Se entrevistan a herbolarios y se hurga en el pasado a la búsqueda de señales acerca de sus usos. Curanderos y herbolarios son acosados y casi forzados a revelar sus milenarios secretos por los detentores del imperialismo farmacéutico. Y, no están equivocados pues la naturaleza mantiene aun en reserva muchas sorpresas.
Recuérdese el impacto que produjo el conocimiento y aplicación médica como sedante en la cultura de occidente hace trescientos años, de la Rauwolfia serpentina, planta del Himalaya que había sido usada por más de treinta siglos por los sanadores ayurvédicos para tratamiento de la disentería y el insomnio. Los investigadores patrocinados por la industria farmacéutica aislaron pronto sus cristales de reserpina como principio activo y luego dieron con otras plantas africanas que también contenían esta sustancia. Luego se le encontraron otras aplicaciones como la de medicamento contra la presión arterial alta.
Historias y leyendas se nutren y entretejen acerca de las plantas y sus usos. La Digitalis purpurea conocida desde la antigüedad, formando parte de las fórmulas medioevales y citado posteriormente como específico para el tratamiento de la hidropesía; la fascinante historia de la Cinchona calisaya cuyo nombre se toma de la virreina del Perú, la condesa Cinchón, y que sirvió para el tratamiento de la malaria gracias a su contenido en quinina que no se sintetizó sino hasta 1945; el aceite de ricino como laxante que se obtiene del Ricinus communis o planta del castor que ya va quedando en el pasado; el Plantago Psyllium que se emplea ahora el casi todo el mundo como formador de bolo fecal hidratado para el tratamiento de la constipación. La mandrágora, la valeriana, el ácido salicílico, el ginko biloba; la atropina (Atropa belladona) conocida como la mortal sombra de la noche ya utilizada para dilatar las pupilas de las mujeres –por eso de bella-mujer; belladona- el anticolinérgico por excelencia o empleada como veneno para deshacerse de la pareja infiel, el enemigo o el rival.
Los seres humanos somos naturaleza y dependemos de la naturaleza. Ella nos provee de alimentos y remedios. Debemos aprender de ella y aprovecharla racionalmente.
El premio Nobel de medicina otorgado conjuntamente en el 2015 al irlandés William Campbell, al japonés Satoshi Omura y a la china Tu Youyou, se debió a su desarrollo de tratamientos contra infecciones parasitarias. Particularmente la científica médica y químico farmacéutica, Tu Youyou, da cuenta de un eficaz tratamiento contra el paludismo (padecimiento que afecta anualmente a cerca de 200 millones de personas) obtenido de un extracto de la planta de ajenjo dulce Artemisia annua, basándose en lo referido en antiguos textos médicos chinos y remedios populares. El extracto que obtuvo de la Artemisia absinthium fue la artemisinina (dihidroartemisinina).

viernes, 4 de diciembre de 2015

Atisbo sobre la "relatividad especial", para intelectuales remisos.

Sobre la "relatividad especial".
Teoría del éter: La idea del éter como medio absoluto y fijo a través del cual debía moverse el universo, no logró trascender a su mítica y corta existencia, como se esperaba. Y es que, aunque al éter sólo le faltaba el “no” para ser “eterno”, en cuanto se lo dieron por unanimidad, justo en ese momento y no antes, dejó de existir para siempre, especialmente en el mundo de las ideas.
Del libro: Teorías de la relatividad poética. Dante Amerisi 2011.
Xavier A. López y de la Peña.
El término relatividad, (de relativo, que es incompleto o dependiente de cierta comparación o relación) de la manera en que le emplea el físico teórico nacido en Alemania, Albert Einstein (1879- 1955), hace referencia a que la teoría que nos ofreció en 1905 y que ayuda a comprender mejor el complejo mundo físico en sistemas inerciales del movimiento en el marco de un espacio-tiempo plano que nos rodea y del que formamos parte, se dibuja al mostrarnos un sistema en el que integra el fenómeno observado con el observador, es decir, al objeto con el sujeto.
El asunto de la Relatividad especial se relaciona entonces directamente con las ideas acerca del movimiento de la materia en el espacio y el tiempo; por ello conviene tener algunas definiciones de ciertos términos. El espacio (del latín espatium), es el medio físico en el que se ubica la materia y los movimientos, y que suele caracterizarse como homogéneo, continuo, tridimensional e ilimitado; en tanto que el tiempo (del latín tempus), es la dimensión física (cuya magnitud se estima con algún utensilio u aparato tomando como patrón una cierta unidad) que sirve para medir la sucesión de estados por los que pasa la materia, y dicho cambio sea advertido por un observador.
Ahora veamos qué es la materia: La materia es el componente principal de los cuerpos, susceptible de toda clase de formas y de sufrir cambios, que se caracteriza por un conjunto de propiedades físicas o químicas, perceptibles a través de los sentidos. Dicho de otra manera, la materia es todo aquello que ocupa un lugar en el espacio, posee una cierta cantidad de energía, y está sujeto a cambios en el tiempo y a interacciones con ciertos aparatos de medida.
Con lo anterior, ahora se sabe que el espacio es el lugar que ocupa la materia y el tiempo es el resultado del orden en la secuencia de los distintos movimientos (movimiento es el cambio de la posición de un cuerpo a lo largo del tiempo respecto de un sistema de referencia) de dicha materia y, con esto se deduce que, para ocurrir movimiento, debe haber consecuentemente más de un cuerpo o materia. Para concluir: sin materia o cuerpo no habría espacio, y sin el movimiento entre los cuerpos no habría entonces tiempo.
Desde que el pensamiento humano inició su entronización en la razón con la cultura griega, que tiene como principio el conocimiento conceptual, se va dejando atrás el conocimiento obtenido solamente por la experiencia. Dicho empleo de la razón o con más precisión del razonamiento para la obtención del conocimiento, se consigue mediante el diálogo, la argumentación y la discusión. Así pues, con el razonamiento se obtiene determinada construcción mental cimentada en una estructura lógico-mecánica que nos hace capaces de pensar, entender, evaluar y proceder acorde con principios de optimidad (que refiere a que, dada una secuencia óptima de decisiones, toda subsecuencia de ella será, a su vez, óptima) y consistencia (cualidad de lo que es estable, coherente y no desaparece fácilmente), para completar cierto objetivo o fin.
Sentado lo anterior y de manera general, desde el pensamiento racional griego (con herramientas de la mecánica clásica: cinemática, dinámica y estática) y hasta la aparición en escena de Isaac Newton se consideró que tanto el espacio como el tiempo tenía una existencia propia por sí mismos, con independencia de la materia. Al margen lo anterior el médico, teólogo y rabino judío Moshé ben Maimón o Musa ibn Maymun o, simplemente Maimónides (1138-1204) en otro momento histórico, discrepaba de la existencia propia del tiempo y el espacio al considerar a la materia, ya que advierte que esta fue creada de conformidad con la esencia divina en la creación, por tanto tiempo y espacio también debieron ser originadas con ésta y no tiene otro fin que a sí mismo y por lo tanto su duración es ilimitada.
Regresando al referido Newton, él consideraba a la idea del tiempo como un eje iniciado a partir de la creación -siguiendo esta añeja idea-, igual que la materia y de que, los astros se mantenían entre sí en el espacio gracias a las fuerzas de atracción o de gravedad: "todo sucede -explicaba- como si la materia atrajera a la materia con una fuerza que es proporcional a las masas e inversamente proporcional a la distancia que las separa". Así, desde la caída de una manzana del árbol hacia la tierra, como el periplo de la luna alrededor de la tierra y de ésta alrededor del sol, la materia está sujeta a la fuerza gravedad o gravitacional. Para demostrar sus ideas no le fueron suficientes las matemáticas y geometría griegas y entonces desarrolló el cálculo diferencial y el integral. Más adelante el filósofo y matemático alemán, Gottfried Wilhelm Leibnitz (1646-1716) creador del cálculo infinitesimal (aunque otros se lo atribuyen al propio I. Newton), piensa a su vez que la idea del espacio no es un vacío ocupado por materia o cuerpos, esto es, que no tiene nada: concluye tajantemente que el vacío es el vacío, y que sólo puede concebirse el espacio cuando la materia o un cuerpo le ocupe.
Ahora, con la teoría de la relatividad especial de A. Einstein, el espacio y el tiempo quedan asumidos en una sola realidad, el espacio-tiempo, un espacio de cuatro dimensiones (las tres que corresponden al espacio ordinario: arriba-abajo, norte-sur y este-oeste) y el tiempo necesario para situar un acontecimiento. Bajo esta teoría las leyes físicas se transforman cuando se cambia el sistema de referencia; y se demuestra con ello que es imposible hallar un sistema de referencia absoluto. Recuérdese, acordes con esto mismo, que en el universo, "toda la materia-energía está en constante movimiento".
Pongamos un sencillo ejemplo sobre este asunto de la relatividad especial:
Imaginemos a un autobús desplazándose por una carretera a la velocidad de 100 km/h, y a un pasajero sentado en él. Luego preguntaremos ¿A qué velocidad consideraría este pasajero que se mueve dentro del autobús? Para él, claramente el autobús no se mueve en absoluto porque el mismo se mueve junto con el autobús. Y si, de otra parte, consideramos que un pasajero que está parado a un lado de la carretera observa al referido autobús acercarse por la izquierda ¿A qué velocidad considera que se éste se acerca? Para esa persona el autobús se acercaría a 100 km/h.
Ahora bien, si el pasajero en el autobús se levantara y comenzara a caminar dentro de él a 5 km/h hacia la derecha (esto es, en sentido a la dirección del autobús). ¿A qué velocidad se movería el pasajero del tren con respecto al del pasajero parado en la carretera? Pues a 105 km/h ¿Y si se mueve en sentido contrario? Pues entonces se movería a 95km/h
Dicho lo anterior, se demuestra que efectivamente los conceptos de tiempo y el espacio son relativos. Según la velocidad a la que el observador mida el espacio o el tiempo obtendrá un resultado u otro, esto es, será relativo, incompleto o dependiente de cierta comparación o relación.
Para quien desee ampliar sobre el tema:
http://www.librosmaravillosos.com/relatividadparaprincipiantes/pdf/Relatividad%20Para%20Principiantes%20-%20Shahen%20Hacyan.pdf