miércoles, 14 de septiembre de 2016

El conservadurismo y la moral.

Un anticipo de lo que vendrá.
DR. Xavier A. López y de la Peña
Me interesa la moral, a condición de que no haya sermones.
Patricia Highsmith (1921-1995)
Se aprestan a tomar la gubernatura y la alcaldía en Aguascalientes personas afiliadas al Partido Acción Nacional (PAN) quien se rige, entre otras ideologías, por el conservadurismo social que es la doctrina política que defiende el mantenimiento del sistema de valores políticos, sociales y morales tradicionales y se opone a reformas o cambios radicales en la sociedad.
Como ejemplo de lo antes dicho, y en su calidad de virtual gobernador del Estado de Aguascalientes, Martín Orozco Sandoval, se refirió al tema en boga acerca de la diversidad sexual diciendo sarcásticamente, que una parte de su triunfo en las elecciones se lo debía al presidente Enrique Peña Nieto, ya que debido a su iniciativa de ley sobre matrimonio igualitario, le ayudó en su posicionamiento entre la población conservadora de Aguascalientes: “fue un regalito del cielo” -concluyó-.
Habrá entonces que esperar a que salgan a la calle, consecuentemente, los nuevos inspectores de la moralidad teñidos de azul. Es por ello que me hago las siguientes reflexiones.
Primero: ¿Quiénes serán? ¿Quién les dará autoridad? ¿Qué van a inspeccionar? ¿Qué entenderán por acto moral? ¿Qué criterios aplicarán para determinar qué clase de acciones son moralmente buenas o aceptables?
Segundo: Cuando escuchamos la palabra mesa inmediatamente sabemos que se trata generalmente de un objeto de superficie plana y con forma cuadrada, rectangular, circular u otras, elaborada con madera, plástico, metal u otro material y sostenido por una, dos o más patas y que sirve para muchas cosas, entre otras, para colocar encima los platos en que habrá de servirse la cena, poner el teléfono, el florero o unos libros. Sin embargo, cuando hablamos de libertad, de conciencia o moral, las cosas se complican para entenderlas y poder hacernos una imagen adecuada y coherente de ellas. Lo que sucede es que tratamos con palabras que tienen un contenido simbólico distinto. La primera: mesa, es una palabra que simboliza algo objetivo, en tanto que la segunda: ya sea libertad, conciencia o moral, simbolizan algo subjetivo.
¿Qué es la moral? Moral, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es un adjetivo que se refiere a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva. Se dice también, que es la ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden -lógicamente- a su bondad o malicia.
Existe así mismo el término de bien moral que hace referencia y se reserva para señalar o definir en especial el bien humano. Así se puede decir que un hombre bueno es una persona que es buena en su humanidad y no propiamente por ser hábil en alguna cosa o asunto. Una buena cocinera, un buen comerciante, un buen ciudadano o un buen ciclista no necesariamente son unas personas buenas.
La bondad o malicia de las acciones serán moralmente buenas o malas solamente si la conciencia de la persona los juzga como tales, porque su conciencia, su razón, es su árbitro supremo. Las personas no nacen ni buenas ni malas sino que se hacen personas buenas o malas según sean sus actos buenos o malos. En el actuar específicamente humano se ubica la diferencia para con el actuar de los animales, por la circunstancia de que el actuar humano es hecho con deliberación, esto es, con libertad de elección y con el conocimiento del objeto de ése actuar. Es de esta manera un acto libre y consiente, es su responsabilidad.
¿Qué acto humano es bueno o malo? De manera general se dice que un acto es bueno en tanto que contribuye al crecimiento del ser, que le ayuda a alcanzar la plenitud de su ser. Una persona que miente, roba u ofende en su actuar no contribuye al crecimiento de su persona; se lesiona a sí misma y a los demás, actúa inmoralmente. En tanto que una persona que actúa con veracidad y se conduce con cortesía hacia los demás, ejecuta un acto que ayuda a convivir en la sociedad y por tanto a su desarrollo y crecimiento como ser humano, actúa moralmente.
Pero para poder llegar a dar con el juicio de lo que es moralmente bueno o malo, es necesario poder encontrar el criterio con el cual se pueda determinar qué acciones son las que nos llevan a obtener dicho crecimiento del ser, qué acciones nos hacen más humanos, en síntesis, qué clase de acciones son moralmente buenas. Es frecuente que se juzgue un acto en moral o inmoral porque a una persona le parezca buena o mala, es decir, sus sentimientos y emociones son las que determinan la bondad o la malicia del acto en sí mismo. Una determinación así tomada realmente no puede cumplir con un buen criterio para juzgar la moralidad de un acto. Inmediatamente aflorará el prejuicio y el estado anímico particular del juzgador en la decisión. La opinión por tanto será visceral y no cerebral.
Otra forma posible de juzgar es por intuición basada en el dicho de que todas las personas normalmente desarrolladas tienen esta facultad para determinar lo que es bueno o malo de los actos pero sin que puedan dar razón para explicarlo, como saber que algo tiene un olor fétido pero no poder definirlo. Por otro lado ¿quién, o en base a qué podrá entonces juzgar que una intuición sea buena o mala, esto es, correcta e incorrecta, cuando haya otra que discrepe? Más todavía, podría juzgarse que algo es moralmente bueno o malo no por la naturaleza intrínseca del acto, sino por los elementos ajenos a él como se determina en el llamado positivismo moral que tiene una de sus más importantes estrategias diseñadas en el contrato-social. En este orden de ideas, las personas pueden celebrar un contrato o convenio con el gobierno para poder vivir en paz, comprometiéndose y obligándose a obedecerlo, y recibiendo en cambio garantías de seguridad y orden sociales. El gobierno entonces se convierte en decisor de qué acto está o no permitido y por tanto, qué es bueno o malo.
En el terreno religioso, el positivismo moral determinará si los actos fueron buenos o malos según las mande o las prohíba Dios. Si Dios dice que la mujer debe cubrirse el rostro cuando está en un lugar público, será un acto malo o inmoral si no lo hiciere, aunque tener o no el rostro cubierto ya en público como en privado no sea en sí mismo algo bueno o malo.
Un acto es bueno cuando produce placer, y malo cuando determina no-placer dice la perspectiva hedonista que viene desde la antigua Grecia. El bien es un medio para la realización del hombre en la felicidad. Epicuro y Aristipo sin embargo, hicieron hincapié en que los placeres del espíritu más que de la carne son los más durables y sensibles. ¿Todo lo que produce placer será entonces bueno? Seguramente a alguno se le ocurrirá que no.
¿El juicio moral del acto podrá ser enfocado desde la perspectiva del utilitarismo? Esta teoría complementa la teoría hedonista referida identificando al placer con la felicidad y determinando que la finalidad del actuar humano debe orientarse a alcanzar la mayor felicidad posible. La capacidad de producir felicidad fue llamada utilidad por Jeremías Bentham (1748-1832), de allí el nombre de utilitarismo. El utilitarismo enfrenta muchas veces conflictos serios con la idea de justicia porque, la búsqueda de satisfactores que provean felicidad (como sucede) podría determinar una distribución inequitativa de éstos satisfactores. ¿Es entonces mejor, bueno o moral tener? ¿O ser?
Una consideración más es la que plantea la posición existencialista, de forma amplia y clara en representación de Jean-Paul Sartre: la ética de situación que sostiene que la naturaleza no nos fue dada por un gran diseñador, Dios, porque Dios no existe. Asiente así mismo que no hay una naturaleza humana específica que nos obligue a una forma segura de obrar, por lo que el hombre haga o deje de hacer, dependerá única y exclusivamente de su libertad de acción. Así el hombre creará libremente los valores de acuerdo a una gran variedad de circunstancias y situaciones por lo que la moralidad será subjetiva y cambiable. El acto moralmente bueno es el que es hecho en libertad y tiene en consideración la situación actual. La conducción de la vida racional de Sartre se orientó siempre dentro de una activa responsabilidad que él mismo llamaba engagé (en francés ocupado), que significa estar definitivamente empeñado en modelar su propia vida.
Tercero: Pienso que el actuar moralmente presupone tener una madurez suficiente que nos capacite para reflexionar sobre los principios éticos que recibimos cuando menos desde la infancia, preguntándonos si son correctos o no. Si los consideramos adecuados, justos o morales, atendiendo a los elementos distintivos del acto humano específico, a saber: el objeto, el motivo, las circunstancias y las consecuencias previstas o imprevistas posibles. Los seguiremos en el futuro sobre la base de nuestra legítima e irrestricta libertad y convicción intelectuales, no a causa de la fuerza -si se le pudiera dar este nombre- de alguna supuesta o impuesta pseudo-autoridad ajena a nuestra conciencia, erigida como cancerbera de la moral pública con quién sabe qué intenciones.
Los liberales en Aguascalientes con una visión moderna de un Estado nacional laico, enfrentaremos nuevamente -espero equivocarme-, la visión pre moderna de grupos anclados a una visión conservadora del mundo como ya ha sido dado a conocer.

lunes, 8 de agosto de 2016

La matería en sincronía.

Sincronía es la coincidencia en el tiempo de dos o más hechos, fenómenos o circunstancias, especialmente cuando el ritmo de uno es adecuado al de otro.
DR. Xavier A. López y de la Peña
¿Qué es, por tanto el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si pretendo explicarlo, no lo sé.
San Agustín (Confesiones XI/14)
Dos comentarios incitan a la reflexión sobre el asunto. El primero de ellos establece una premisa que liga el tema de una forma extraordinariamente sencilla con las palabras de Norbert Wiener en 1964, el llamado padre de la cibernética al decir lo siguiente: "Los grandes problemas de la biología están ligados con los sistemas y su organización en el tiempo y el espacio. También aquí la autoorganización debe jugar un enorme papel. Por ello, mis conjeturas en el dominio de las ciencias de la vida se refieren no sólo a su asimilación progresiva por la física, sino también al proceso inverso: la progresiva asimilación de la física por parte de ellas".
La vida y la física constituyen así una indisoluble relación en el contexto espacio y tiempo.
El segundo comentario esboza los tropiezos en el establecimiento de éstas relaciones: "Podemos maravillarnos con las teorías que nos hablan de la estructura en los organismos vivientes más simples, por ejemplo, los virus, constituidos casi por completo por un eje de ácido nucleico encerrado en una cápsula proteínica; pero no podemos darnos por satisfechos con ellas. No es indispensable desarrollar una teoría supra estructural que nos permita comprender la organización de las formas superiores más complejas de la vida. Sin embargo, la elaboración de tal base, indispensable en biología para estudiar el camino que va del virus al ratón, constituye, probablemente, una tarea más grandiosa que aquella que resolvió la física en el camino que va desde el núcleo atómico a la molécula, al semiconductor y a la estrella".
El tiempo, lo temporal es el establecimiento generalmente arbitrario de acontecimientos sucesivos entre sí en un lugar (espacio) determinado; la distancia medida entre uno y otro a través o por medio de un punto de referencia que lo haga comprensible a nosotros, como por ejemplo: una hora, una semana o un año. Por ello hay un tiempo para sembrar o cosechar -sucesión de estaciones- para dormir o despertar -sucesión diaria-, la vida en sí representa una sucesión de acontecimientos a los que reaccionamos de manera periódica de tal forma que los acontecimientos cambiantes en el ambiente seguramente son los elementos que contribuyen de la manera más decisiva en la evolución biológica. Recordamos el ejemplo sobresaliente de Linneo que en el siglo XVIII construyó un "reloj floral" en el que a ciertas horas específicas, se abrían o cerraban algunos tipos de flores.
Antes de la aparición de la vida sobre el planeta ya se realizaban cambios periódicos de acontecimientos a nivel geofísico que mantenían cuando menos dos ventajas sobresalientes: la predictibilidad y la posibilidad consecuente de cambios sucesivos en medio. Del primero puede comentarse, para ejemplificar de manera sencilla, que el período medio de la rotación de la Tierra sobre su eje ha variado en apenas unos 20 segundos (según nuestro sistema de medidas) en un lapso de 1 millón de años y en la segunda, que la rotación de la Tierra ofrece cambios sucesivos o cíclicos de temperatura -caliente a frío- y de iluminación -día y noche- en su superficie, entre muchos otros, además del efecto de la gravedad que otros cuerpos ejercen, el magnetismo y radiaciones de diversa índole.
Resulta entonces claro que la fisiología y la conducta de las especies sean consecuentes con los cambios periódicos geofísicos y no es aventurado decir que estén modelado por ellos. Estos cambios cíclicos o periódicos geofísicos impusieron en los organismos su contraparte de respuesta adaptativa expresado en la enorme cantidad de variaciones rítmicas que ahora se conocen y que abarcan un amplio campo de frecuencias. Desde los diferentes tiempos de crecimiento de las plantas (años), hasta el batir de alas de un insecto a razón de 2,000 ciclos por segundo o el latir del corazón humano adulto en condiciones de reposo entre los 60 y 100 latidos por minuto.
La capacidad de los organismos para responder adaptativamente a los cambios que se generan en el ambiente se da a través de los llamados relojes biológicos.
El tiempo en biología tiene un conocimiento remoto. Hipócrates refería que "aquél que desee investigar en medicina apropiadamente debe proceder así: en primer lugar, debe considerar las estaciones del año, y qué efectos tiene cada una de ellas, pues difieren entre sí. Luego, los vientos, el calor y el frío...".
Los relojes biológicos formalmente estudiados desde hace cerca de 50 años, dieron paso a acuñar términos como el de "ritmos cicadianos" para representar a la sucesión cíclica de acontecimientos que se llevaban a efecto en un período de tiempo cercano a las 24 hrs. (circa y día) y han dado luz a la integración de los conceptos de la vida con el espacio y el tiempo, y más recientemente al conocimiento de ritmos menores a 1 día llamados infradianos o mayores conocidos como ultradianos entre los que sobresalen el lunar con 28 días (que podría llamarse circasinódico), el de 7 días (circaseptadiano) o de 3.5 días conocido como circasemiseptadiano.
El ser humano tiene sus propios relojes biológicos y para muestra nos referiremos a uno que nos hace despertar o dormir cíclicamente acorde a los periodos, cíclicos también, del día y la noche geofísicos. Este reloj está ubicado en un núcleo de la base del cerebro cercano a los nervios ópticos conocido como "supraquiasmático" y está conformado por unas 10,000 neuronas. Para reaccionar a los cambios cíclicos de luminosidad, este núcleo recibe información a partir de la retina de los ojos en la que algunas fibras nerviosas que le componen actúan como "dosímetros" de luz y llevan la información al núcleo supraquiasmático. Con esta información, el núcleo a su vez envía señales o mensajes hormonales (vía hipófisis) y nerviosas (vía simpático) al sistema de "alerta" del organismo para que este se despierte, si es el caso, o que se duerma.
De esta forma los impulsos endocrinos u hormonales y nerviosos que actúan en las personas para mantenerse despiertos o para dormir, se llevan a efecto con una periodicidad acorde a los ciclos día-noche, de forma sincrónica.
Hay personas, sin embargo, que tienen "su" reloj biológico del alerta diferente al ciclo día-noche geofísico normal, acorde a las necesidades de su trabajo como sucede con los panaderos, veladores, artistas, etc., en los que duermen de día y trabajan de noche sin ningún problema. Malo es cuando una persona se encuentra en desajuste con su reloj biológico y tenga que mantenerse "despierto" cuando su señal sea "dormir" o la inversa, como sucede con frecuencia con el empleado que debe cubrir, alternadamente y por ciertos períodos de tiempo, los turnos laborales nocturnos o diurnos; hecho que pasa desapercibido con mucha frecuencia en la industria, con el consecuente daño a la salud del trabajador y la disminución en la productividad, incremento en los riesgos de accidentes laborales y otros.
Tan importante es el conocimiento de los relojes biológicos que actualmente se propugna por adaptar algunos tratamientos a ciertos horarios para el logro máximo de efecto en lo que se conoce como "cronoterapia".
De acuerdo con esta información podría hacerse la sugestión de evitar visitar al odontólogo a las 6 de la tarde porque justamente a esta hora los mecanismos analgésicos internos (llamados endorfinas) se encuentran en su punto más bajo, o tomar los medicamentos contra alergias conocidos como antihistamínicos preferentemente a las 7 de la mañana y no a las 7 de la noche que es cuando el organismo produce el máximo de histamina.
Si su reloj biológico funciona acorde con el geofísico, es decir sincrónico en lo relativo al ciclo día-noche, tendrá la oportunidad de iniciar el día a las 8 de la mañana con un máximo de ansiedad a consecuencia de la adrenalina producida en su organismo que se encuentra en su nivel óptimo, en el caso contrario que su reloj esté asincrónico, habrá de iniciar el día sintiéndose desganado, malhumorado y cansado.

jueves, 14 de julio de 2016

Acercamiento a la Coevolución.

COEVOLUCIÓN
Dr. Xavier A. López y de la Peña.
La evolución ha ido avanzando hacia la cumbre de la complejidad y, tanto si nos gusta como si no, la cumbre en estos momentos somos nosotros. De nosotros depende que la evolución continúe produciendo formas más complejas en el futuro. Podemos ayudar a hacer que este mundo sea un lugar más increíble que nunca o acelerar su retorno al polvo inorgánico.
Mihály Csikszentmiháilyi
La historia del pensamiento en torno a la evolución se remonta hasta la antigüedad en la que sobresalieron pensadores como Empédocles de Agrigento y Aristóteles de la corriente filosófica griega, a San Agustín en el Renacimiento y luego Kant, Geoffroy Saint-Hillarie y otros más por señalar solo unos cuantos en los tiempos recientes.
Sin embargo, la estructura conceptual moderna de la evolución asienta en el pensamiento del caballero de Lamarck , Juan Bautista Pedro Antonio de Monet que nació el 1o. de agosto de 1744 en Bazentin, Picardía, Francia y quien se dedicó a la carrera de las armas, al estudio de la medicina en la Universidad de Edimburgo, a la meteorología, a la física y química experimentales y por último a la botánica cuyo fruto fue la creación del método dicotómico para la clasificación de las plantas en su célebre obra de 1779 Flore française ou description succinte de toutes les plantes qui croissent naturellement en France, posteriormente el primer estudio sistematizado de los invertebrados en su monumental obra de siete volúmenes titulada Historie des animaux sans vertèbres publicado en París entre 1815 y 1822. Empero, la obra en la que postula la teoría de la evolución se da en su Philosophie zoologique de 1809.
Esta teoría ya la había referido desde 7 años atrás en su Lección inaugural con que iniciaba sus cursos de zoología, y que podría resumirse en los siguientes puntos, harto discutidos y ya históricos:
1) Los seres vivos y las partes que lo conforman siguen la tendencia a incrementar su tamaño continuamente, 2) la aparición de una nueva estructura corporal es una resultante lógica a una necesidad que ésta debe cubrir y a su vez es consecuencia de las condiciones del medio en donde se desarrolla el organismo. El organismo frente a las necesidades cambiantes de su medio, o se adapta y sobrevive, o muere, 3) una estructura orgánica se desarrollará en relación directamente proporcional a su uso, en caso contrario se atrofia y desaparece, 4) los cambios sufridos en el organismo como resultado de la presión externa se transmitirán a la descendencia
El 11 de enero de 1844 Charles Darwin, otro de los pilares de la teoría de la evolución escribía a Joseph Dalton Hooker su amigo naturalista, colega y crítico:
“Finalmente, algunos rayos de luz me han iluminado y estoy casi totalmente convencido (en contraste con mi punto de vista inicial) de que las especies no son (es como confesar un asesinato) inmutables. ¡El cielo me proteja del contrasentido de Lamarck de "una tendencia al progreso" o de "adaptaciones debido al tenue deseo de las especies", etc.! Aunque las conclusiones a que he llegado no son muy diferentes de las suyas, los mecanismos por lo que las especies cambian son totalmente distintos. Creo que he encontrado (¡qué presunción!) el sencillo mecanismo por el cual las especies adquieren exquisitas adaptaciones para varios fines. Probablemente ahora usted se queje y piense para sus adentros: "con qué tipo de persona he estado perdiendo el tiempo". Yo hubiese pensado lo mismo hace cinco años”.
Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra. También estudio algo de medicina en la Universidad de Edimburgo. Fracasó en su vocación eclesiástica y se hizo un naturalista autodidacta a partir de su incorporación a bordo del bergantín Beagle (durante 1831-1836) de 235 toneladas que, bajo las órdenes del capitán Fitz-Roy exploraría las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego, las de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y llevaría a cabo mediciones cronométricas diversas.
Su producción científica le merece un destacado sitial como zoólogo, botánico y paleontólogo al escribir (sólo por citar unos cuantos) una monografía sobre los cirripedios, observaciones sobre di y trimorfismo de algunos géneros de plantas, sobre la fecundación de las orquídeas a través de insectos, sobre los movimientos de las plantas trepadoras, sobre plantas insectívoras, sobre fecundación cruzada en vegetales, sobre el efecto de las lombrices en la formación de tierra vegetal, sus Observaciones geológicas de las islas volcánicas, las Observaciones geológicas de Sudamérica.
Sin embargo los científicos toman en cuenta las tesis transformista hasta que publica el 24 de noviembre 1859, con un tiraje de 1250 ejemplares a 15 chelines cada uno y que se agotaron el mismo día, su obra magna: On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, la conservación de las razas en la lucha por la vida). El impacto que su obra produjo en la ciencia y la fe fue dramático y probablemente no haya sido evaluado en toda su magnitud hasta la fecha.
Darwin abrevó en las ideas de Tomás Roberto Malthus (1766-1834) plasmadas en su An Essay on the Principle of Population que le hicieron reflexionar y desarrollar su teoría de que la selección natural era el resultado de la lucha por la vida y el mayor mérito de su concepción evolutiva de la vida fue que incorporó a ella un apabullante cúmulo de información científica como fruto de su acción e investigación personales, contra las ideas evolutivas previas basadas en teorías básicamente.
Resumidamente Charles Darwin explicó el proceso evolutivo bajo 3 grandes rubros: 1) la selección natural, 2) la selección sexual y 3) la pangénesis. Esta última fue una teoría que desarrolló para explicarse la idea que le atormentaba sobre el cómo las variaciones adquiridas por los individuos se transmitían a la descendencia (desconocía por supuesto el trabajo del monje agustino Johan Gregor Mendel sobre la herencia). Esta pangénesis se sustentaba en que, así como la planta produce granos, así cada célula del organismo producía "gémulas" o pequeñísimas partículas materiales que representaban exactamente a las células madres y que se recreaban en la progenie.
Luego surgió el neodarwinismo como teoría explicativa de la evolución como corriente de pensamiento biológico que considera la evolución de las especies como resultado de un juego complejo de mutaciones y de recombinaciones genéticas en el acervo hereditario de los seres vivos. Entre ellos sobresalen el genetista de poblaciones Theodosius Dobzhansky con su libro La genética y el origen de las especies de 1937 y Ernst Mayr, zóologo y evolucionista con La sistemática y el origen de las especies que vio la luz editorial en 1942, y hoy se acumulan cada vez más evidencias en el sentido que los cambios genéticos ocurren independientes de los procesos de selección natural y se deben a mutaciones aleatorias, combinadas con efectos de deriva genética.
Ahora las cosa se comprende mejor con el surgimiento del concepto de coevolución, término sugerido a partir de los trabajos de Paul Ehrlich y Peter Raven en 1965 (Butterflies and plants: A study in coevolution’, Evolution, 18:586-608) para explicar cómo las mariposas de la superfamilia Papilionoidea (muchos ejemplos han surgido después) han evolucionado conjuntamente con plantas de diversas familias taxonómicas. Es decir, la coevolución se explica como la "evolución conjunta de dos o más taxa que tienen relaciones ecológicas estrechas, sin intercambio de genes, y cuyas presiones selectivas operan recíprocamente originando con esto que la evolución de cada taxón sea independiente del otro" [Ken Oyama, 1988].
Este enfoque parecería que se opone, desde luego, a la teoría neutral de la evolución molecular propuesta por el investigador Motoo. Kimura (1983) que se refiere a que la mayor parte de los cambios a nivel molecular se llevan a cabo por procesos de la deriva génica más que por procesos de selección natural y adaptación. Sin embargo, la mayoría de los biólogos evolutivos consideran que las dos teorías son compatibles En síntesis, la coevolución es un cambio evolutivo recíproco que ocurre en especies interactuantes y que está mediado por la selección natural, o dicho de otra forma (Janzen. 1980), es aquel proceso por el cual dos o más organismos ejercen presión de selección mutua y sincrónica (en tiempo geológico) que resulta en adaptaciones específicas recíprocas. Si no hay adaptación mutua, no puede hablarse de coevolución.
Los biólogos e investigadores Rodolfo Dirzo y John Thompson resumen el asunto de la coevolución diciendo que
“a partir de las ideas de la evolución de Darwin más las herramientas de la biología molecular y el estudio de ecosistemas poco alterados por la acción humana, permite aprovechar la perspectiva coevolutiva para entender mejor el curso de vida en el planeta y para hacer lo más posible por conservarla. Lo más posible implica -afirman estos autores-, conservar hábitats de forma tal que permita a las especies seguir evolucionando y coevolucionando. Idealmente, deberíamos aspirar a vivir en un paisaje en el que la actividad humana se alterne con remanentes del esplendor y la exuberancia de la naturaleza silvestre”.