miércoles, 2 de septiembre de 2020

Eutanasia.



EUTANASIA, PALABRA POLISÉMICA
Y TEMA ESCABROSO.

Se ha dicho que la Eutanasia [buena muerte]
deberá ser objeto de disposiciones legales claras y precisas hasta donde sea posible.
Hay que pasar del jus conditum al jus condendum, es decir,
del Derecho ya establecido, al Derecho por establecer.
En esto no hay gran novedad: A lo largo de los siglos las nuevas
situaciones han exigido siempre nuevos ordenamientos legales.[i]


Dr. Xavier A. López y de la Peña

               La legislación en salud de México consigna por primera vez en su historia la palabra Eutanasia, en el Artículo 166 Bis 21 de la Ley General de Salud, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de enero de 2009 diciendo:

Artículo 166 Bis 21. Queda prohibida, la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley. En tal caso se estará a lo que señalan las disposiciones penales aplicables.

            Seguramente ha sido así, porque el termino produce escozor al escucharlo, un temor irreverente a discutirlo y un miedo pánico, lógicamente, a registrarlo por escrito con sus reflexiones consecuentes ya sea a favor como en contra.
            Hoy, los temas de la vida y de la muerte están en los labios de la sociedad en formas inimaginables a como estaban a principios de siglo. El genoma humano, la base estructural de la vida, ha sido descifrada; se manipulan ya las propias células germinales y se abre camino a pasos agigantados la clonación de mamíferos, incluyendo a los humanos; se discuten acalorada e interminablemente los temas del aborto, la contracepción, el suicido médico asistido y la eutanasia, entre otros, en otras latitudes. En México estos tópicos todavía representan mayoritariamente un tabú.
            La Eutanasia, de las palabras griegas eu y thanatos, que juntas significan “buena muerte” o “muerte suave”, parece ser sin embargo y así de golpe, un vocablo que en nada debería atemorizar. No obstante, su significado es polisémico, por ejemplo: la palabra buena o bueno¸ tiene un significado variable ya sea utilizado en asuntos políticos, morales, económicos, legales, sociales y más, y muerte se asocia con la llamada muerte digna, el derecho al suicidio, a dejar morir, al suicidio asistido o matar por compasión y otras más.

            La muerte es un evento propio de la misma vida. Es el marcador de una etapa que los seres vivos invariablemente habremos de cumplir. La muerte, por tanto, dulce y buena (eutanasia) se contrapone con la muerte amarga, difícil, dolorosa, conocida con el término de Distanasia, palabra formada a partir de los vocablos griegos también de dis que significa obstáculo o dificultad y el thanatos, muerte, ya referido.             La Eutanasia (buena muerte), sin embargo, se entiende de forma general como la muerte directamente buscada de una persona (con su consentimiento o sin él) para acortar sus sufrimientos o para librarlo de una «vida indigna».[ii]
            Distanasia es “la práctica que tiende a alejar lo más que sea posible a la muerte, prolongando la vida del paciente, del anciano o del moribundo, sin esperanza de vida, desahuciados, utilizando todos los medios disponibles, aún los extraordinarios, muy costosos en sí mismos o en relación con la situación económica del enfermo y de su familia[iii]” y es también un término conocido como “encarnizamiento terapéutico”. Forma considerada moralmente reprobable que se convierte, de hecho, en un robar indignamente la muerte a nuestros semejantes. Representa el enajenar la conciencia personal o colectiva en una lucha desigual contra lo inevitable por el mero seguir hasta donde sea y a costa de lo que sea, por mantener un corazón latiendo en un ser humano, de hecho, ya muerto.
            La muerte de un ser humano cuando se conjuga en activo matar premeditada o imprudencialmente es un homicidio, matar o dejar morir con fines piadosos, por compasión y bajo determinadas circunstancias es Eutanasia.
            La Eutanasia suele conocerse a su vez en las forma activa o positiva, cuando se procura la muerte para librar del dolor o del sufrimiento a una persona desahuciada; Eutanasia pasiva o negativa, cuando se actúa evitando sufrimientos y dolores a la persona, y se deja llegar a la muerte cuando ya no hay esperanza alguna de vida. Esta última forma, para complicar más el asunto, suele llamarse ahora Adistanasia (de la misma raíz que distanasia, pero con la “a” privativa), esto es, dejar morir en paz sin poner obstáculos a la muerte.
            Médicamente se tiene la misión y obligación de preservar la vida de los seres humanos, pero se habla de vida en sentido amplio entiéndase bien, no de preservar la vida biológica únicamente. De hecho, se ha hecho referencia a que un criterio importante para actuar en favor de la vida, con los recursos que puedan tenerse disponibles, y ello estriba en que se tenga la posibilidad de que la persona alcance en vida un desarrollo sensato de su libertad humana, la cual debe estar ligada invariablemente a la recuperación de su vida consciente[iv].
            La Eutanasia y sus diversas formas de nombrarle, polarizan sensiblemente las opiniones. El corazón y la razón entran en serios conflictos personales, familiares y comunitarios entre los que juegan papeles importantes los deseos, expectativas e intereses de muy diversa índole sobre el asunto eutanásico.            Sin embargo, ya debe darse a la Eutanasia el lugar que le corresponde en el léxico común y en el lenguaje jurídico e implantarse en las normas de salud, civiles y penales de forma amplia. Es ya mandatorio que se legisle en torno a este asunto y se abra la sociedad ante este fenómeno tan añejo y tan cercano a todos, tan cotidiano como la muerte misma.
            La muerte del ser humano en la actualidad (como siempre) se relaciona directamente con la eutanasia, aunque se le soslaye en la legislación y resulte palabra prohibida para nuestros labios. Se hace y vive la eutanasia (como muerte dulce, suave) en el morir diario de nuestros semejantes, se decide eutanásicamente en torno a ello y pensamos eutanásicamente en nuestra propia futura muerte.
            La Eutanasia voluntaria, la que se realiza a solicitud del paciente, ha merecido grandes titulares en la prensa mundial y se ejecuta (en otros países) con el consentimiento informado previo y por escrito del solicitante. Esta forma de Eutanasia parece que no está exenta de controversias ante la posibilidad de que la solicitud no hubiese sido hecha atendiendo al propio bien de la persona. Quizá dicha petición se hubiere fundado en el supuesto de que con su muerte se libraría de una posible carga a sus familiares, o tal vez que su decisión estuviere basada en una información incompleta y por tanto se hubiese hecho una falsa impresión de sus expectativas de vida, de su calidad de vida y otras. Una decisión realizada por una persona con una importante depresión podría desvirtuar de forma diametralmente opuesta, sus deseos reales, etc.
            La Eutanasia voluntaria puede semejarse al también controvertido suicido médicamente asistido como el que fomentaba el patólogo estadounidense retirado Dr. Kevorkian quien utilizaba un aparato de especial diseño listo para que el solicitante lo accione y se muera. La mayor parte de los argumentos contra la Eutanasia voluntaria o el suicidio médicamente asistido vienen del terreno religioso, el judeo-cristianismo y el islamismo básicamente, ya que consideran a la vida como un don que no le pertenece a la persona y por tanto no puede disponer de ella a voluntad. Este pensamiento se opone al concepto de la persona dueña de sí y en el ejercicio pleno de su autonomía que puede decidir qué hacer consigo mismo.
            El argumento o la Tesis (así le llama su autor) propuesta por el Dr. Mauro Rodríguez en este sentido de ejercer la autonomía, está formulada de la siguiente manera y le llama Tanasia (corresponde aproximadamente al Living Will propuesto y ejercido en E.U.A. y otros países o a la “Voluntad anticipada” como ocurre ahora aquí en México), para distinguirla de la Eutanasia en la que se infiere que “otro” decida sobre la propia muerte:
            Una persona puede ordenar la propia muerte cuando a su propio juicio o al de una persona que ella designe ante un notario, ya haya vivido lo suficiente y además un serio dictamen médico le atribuya una enfermedad grave, incurable y terminal.
            A favor de la Eutanasia voluntaria positiva se esgrimen, entre otros, los considerandos de que el ser humano que padece una enfermedad terminal o incurable ha venido a ser inútil para su familia, para la sociedad y para él mismo; que se encuentra incapacitado para cumplir con deberes y que la prolongación de su sufrimiento es un mal mayor que procurarse una muerte inmediata que de cualquier forma habrá de llegar. Es insensato pretender conservar la vida de una persona que no quiere vivir más y oponerse a su libre decisión como detentor absoluto, dueño de sí y, por tanto, de su vida o muerte.[v]
            Como argumentos en contra de la Eutanasia voluntaria se tiene el peso de la tradición occidental y la filosofía teísta que señala a Dios como poseedor único y en dominio directo de la vida humana. En otra esfera y en base a la naturaleza humana racional, ¿qué razones podrían esgrimirse para solicitarle al médico o a otra persona que ponga fin a su vida?, ¿la liberación -con la muerte- del dolor o sufrimiento al que todos tememos, es mejor o más digna que la búsqueda de recursos que lo alivien?, ¿la decisión autónoma, puede dejar de estar matizada por presiones e intereses económicos, sociales, políticos o familiares?, ¿quién será el encargado de ejecutar la voluntad del requirente?
            Como posición intermedia surge hace algunos años el término de Ortotanasia, neologismo formado del griego orthos, recto, justo y thanatos, muerte y que se refiere a la muerte justa, equilibrada, recta para hablar de la postura que “tiende a conocer y respetar el momento natural de la muerte de cada ser humano y sus concretas circunstancias, sin querer adelantarla para no incidir en la Eutanasia [activa] reprobable, ni tampoco prolongar artificialmente cualquier tipo de vida con medios desproporcionados, para no caer en el extremo opuesto de una Distanasia, también reprobable; aunque siempre dejando actuar e intervenir la relativa libertad de conducta que permite y exige la racionalidad humana, frente a una pasividad meramente animal”.[vi]
            La muerte, el thanatos está en cada uno de nosotros como nuestra propia sombra, y todos aspiramos a una buena muerte, a una Eutanasia; palabra y reflexión compleja, tormentosa, rodeada de prejuicios, simbolismos, tradiciones y variables circunstancias que habremos de afrontar tarde o temprano.
            La deontología médica y la moral (que no la ley en algunos países) se oponen y reprueban a la Eutanasia activa y directa sea esta voluntaria o involuntaria. En tanto que acepta a la Eutanasia pasiva o indirecta que deja que la muerte llegue cuando tenga que llegar librando al ser humano de dolor y sufrimiento en la medida de las posibilidades, respetando siempre la autonomía de la persona y acompañándole en el último tramo del vivir, solidaria, digna y humanamente[vii]. No constituido en su verdugo directo o indirecto.

            La demoscopia nacional sobre el tema llevada a cabo en el año 2016, fue realizada por Investigación en salud y demografía, S.C. (INSAD), quien hizo el levantamiento de la Encuesta Nacional sobre Muerte Digna para la Asociación Civil Derecho a Morir con Dignidad A.C. (DMD), en la que se concluye que un número mayor de mexicanos se muestra a favor de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, y desean que las leyes se modifiquen para regular su práctica, evitando con ello el dolor y sufrimiento que se tiene antes de que la muerte llegue.[viii]

            Finalmente, podemos decir que el ser humano debería ser capaz de decidir sobre su partida y cantar a la vida en su ocaso como Amado Nervo nos legó con su poema EN PAZ, despidiéndonos con serenidad, tranquilidad, dignidad y entereza de la vida «eutanásicamente», acompañados por nuestros seres queridos y lejos del enajenante silbido de monitores, del ambiente ajeno, aséptico e impersonal de una clínica u hospital, invadido por cánulas, sondas, catéteres y más, lejos de aquellos insensibles cancerberos luchadores contra la muerte que no, en algunas ocasiones, nuestros verdaderos aliados en el tramo final de nuestra existencia.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que, si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales coseché siempre rosas.
... Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡Mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en mi camino tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!


[i] . Doctor en psicología, Mauro Rodríguez Estrada. La nueva Tanasia. Ediciones Botas S.A., México 1989 p. 57.
[ii] . Alfons Auer. Problemas éticos de la eutanasia y de la prolongación artificial de la vida. En Ética y Medicina (varios autores). Ediciones Guadarrama. Madrid (España) 1972 p 174.
[iii] . Ortelano A. Problemas actuales de moral, 1980. Citado en: El ser humano y su dignidad ante la muerte. Soc. Internacional Pro-Valores Humanos E. Fromm y S. Zubiran, A.C. 1989, México, p. 76.
[iv] . Kautzky, citado en: El ser humano. Ob Cit. pag. 79
[v] . Xavier A. López de la Peña, Moisés Rodríguez-Santillán. Por la autonomía del paciente. Gac Méd Méx Vol. 138 No. 1, 2002, pp. 121-127.
[vi] . Víctor M. Pérez Vela. La eutanasia: problema humano fundamental. En El ser humano, Ob cit. p 80.
[vii] . Xavier A. López de la Peña. El médico ante la muerte. Pren Méd Mex 1977;42(5-6):525-526.
[viii] . En Contexto. Salvador Moreno y Noemí Segovia. La muerte tiene permiso. Eutanasia o el derecho a la muerte digna. Abril de 2019. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP), Cámara de Diputados. Consultado en internet en: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/CESOP-IL-72-14-MuerteTienePermiso-300419%20(1).pdf

sábado, 1 de agosto de 2020

Epidemia: insoportable contrariedad.


La insoportable contrariedad del no ser.

La vida no es fácil para ninguno de nosotros.
Debemos tener perseverancia y, sobre todo, confianza en nosotros mismos.
Debemos creer que estamos dotados para algo y que esto debe ser alcanzado.


Dr. Xavier A. López y de la Peña


           Con el aviso de la llegada y rápida propagación ulterior de la enfermedad, SARS-Cov-2 o Covid-19, el mundo se trastornó y pasamos vivencialmente de una insoportable levedad del ser, a la más insoportable contrariedad del no ser.

           Cercanía, abrazos, besos y caricias, ahora se ofrecen, cuando mejor con un guiño, un gesto, una señal con las manos y, por supuesto, con trozo de tela de por medio: un tapabocas. Saludo de manos: imposible. Adquirimos una dependencia imprescindible del sanitizante y del gel anti bacterial. El nuevo virus nos acecha, nos ataca, nos puede llevar a la muerte; más, si tenemos alguna comorbilidad o edad avanzada
           La zozobra por cumplir con el trabajo se incrementa por la imposibilidad de salir de la casa. Hay un estado de tensión aumentado. El miedo, la desconfianza y el recelo al contagio, nos aprisionan el cuerpo y el alma.
           Vivimos ahora, forzadamente, en y con nosotros mismos. Nuestros pensamientos e ideas se constriñen a nuestro doméstico entorno. Con ello afloran desencuentros con nosotros mismos y los, muchos o pocos, que nos rodean. No hallamos lugar de sosiego y paz.
           Angustia que, muchas veces, calma con la comida, pero ¿qué comer? ¿quién saldrá a comprar?; además, ¿con qué dinero voy a pagarla si no puedo salir a vender mi mercancía?
           El transporte público aterra. Que si no se respeta la sana distancia, que si no usan cubrebocas.
           Nos atosigan con los semáforos de la contingencia. Hoy rojo, mañana naranja y después nuevamente rojo. ¡Ya se aplanó la curva! gritan algunos; mentira, otros musitan y aún peor, otros ni en cuenta lo toman. La infodemia también nos ahoga.
           Ya la economía se vino al traste. Cerraron muchísimas empresas y pequeños negocios. El vendedor de automóviles ahora fabrica tapabocas. El adulto despedido de la empresa textilera de la esquina de la calle Zaragoza con Jacobo Sota, ahora vende tamales de casa en casa en nuestra colonia.
           Petróleos mexicanos perdió 44 mmdp en el segundo trimestre de este año.
           El Producto Interno Bruto (PIB) "disminuyó (-)17,3% en términos reales en el trimestre abril-junio de 2020 frente al trimestre previo, con cifras ajustadas por estacionalidad", señala el INEGI; también, que 2.1 millones de personas perdieron sus empleos, pero fueron catalogadas como población económicamente inactiva.
           Coneval informa que, para el segundo trimestre de 2020 el porcentaje de la población con un salario inferior al costo de la canasta básica aumentará de 37.3 a 45.8%. Además, la pobreza por ingresos puede aumentar entre 7.2 y 7.9 puntos porcentuales, por un incremento de la población en situación de pobreza extrema por ingresos entre 6.1 y 10.7 millones de personas para 2020, mientras que para la pobreza laboral se estima un aumento de 37.3% a 45.8% en el segundo trimestre del 2020.[i]
           ¡Qué horror!, pero ya llegó Lozoya extraditado de España y está soltando la sopa.            Sopa, por supuesto, que no nos dará de comer a nosotros sino a la prensa amarillista, pendiente de su llegada a México, de cómo se viste, qué semblante tiene, a quién salpicará de la bancada del PAN, PRI, PT, VERDE, etc., y cuánto. ¿Cuándo pisará la cárcel, quienes lo acompañarán y que tratamiento está recibiendo para su gastritis, esofagitis, o quién sabe que “itis” en el chalet (perdón) hospital al que llegó como un reo fifí, digno de toda política consideración? Leo la revista PROCESO y acabo irritado tirándola nuevamente a la basura, maldiciendo el haberla leído (otra vez) y percatarme de que hágase lo que se haga poco (lastimosamente) se cambia y siempre me deja un sabor amargo en la boca, un coraje que parecen dos, y una desesperanza abonada por el aislamiento social que nos priva de la “otredad” y su circunstancia.

           Pero, ¡¿qué voy a hacer mañana?!

           Bajo el encierro (ya de cuatro meses) en que muchos nos encontramos, supongo que deberíamos planear algo constructivo.
           ¡Sí!
           Pero no necesariamente el de hacer un mueble modernista de madera para la cocina estilo NewFoW (por sus siglas en inglés de Forniture on Wisdom), ni de diseñar un Algoritmo Cuántico para hacer que se determine con suficiente antelación el momento óptimo de aparición del próximo huracán en las Bermudas; tejer un chal para la comadre Ceci, impermeabilizar la azotea o zurcir los calcetines, etc., etc. ¡No!
           Sea como sea, me doy cuenta de que no tengo suficiente madera en mi taller para lo primero, ni capacidad neuronal para lo segundo, pero sí de que, básicamente y de forma general: porque no tengo ganas.

           Esto es, como que empiezo a suponer que me ha entrado algo de depresión. El trajín doméstico trastoca horrible e inexorablemente nuestra cotidianidad. Ya queremos salir. Ir a la oficina, la fábrica, la empresa o la negociación a trabajar como hacíamos en la “otra normalidad”; al cine o al teatro; con los amigos y compañeros, a practicar fútbol, tenis, natación o gimnasia y mucho más. Pero nada, ahora la “nueva normalidad” nos mantiene sujetos al encierro #QuedándonosEnCasa.

           ¡Ah!, pero creo que puedo iniciar una novela. Pero ¿sobre qué?

           Bueno, creo que no en estos tiempos sobre la batalla de las Termópilas analizada bajo una óptica hermenéutica, o sobre el tema de la usura como lo manejara Shakespeare en el Mercader de Venecia, pero considerándolo desde el punto de vista de Adam Smith, como tampoco podría abordar el tema de discutir lo que se ha escrito sobre la Ecléctica herejía entre los mozárabes cordobeses durante la dominación islámica. ¡No! Habrá de ser, una novela sobre la nueva realidad ya que esta afirmación está de moda.

           ¡Sí!, trataríase entonces de un melodrama inmerso en una realidad aumentada o un suprarrealismo; tal vez, de un alterado realismo mágico evocando un nuevo Macondo decadente, en retroceso, poblado por habitantes sometidos al descrédito en medio de la corrupción, el desengaño y la prepotencia de un líder anacrónico, pero poderoso, vil pero malicioso, maldiciente y andrógino o misógino -según la conveniencia del caso-, por añadidura. Mucha intriga y misterio entrelazado con un inacabable desborde de pasiones por parte de los protagonistas que se ven sin mirarse, hablan sin oírse y entienden sin comprenderse, en una alegoría fantástica y frenética para alcanzar a toda costa la deseable eutimia.

           La novela en mente se dividirá en cinco partes, es decir, propositivamente se integrará en una pentalogía.

           En la primera parte se esbozará -detalladamente por supuesto-, el profundo desengaño sufrido por la bella Eufrosina al saber truncado su matrimonio con el internacionalmente afamado cimbalista, de origen chipriota, Mefifiso de Cue, causado por la innoble y decidida interferencia del mismísimo vice director del Chase-Manhattan Bank: míster Fushing Woldenberg.
           Toda la trama tendrá verificativo en el sofocante clima tropical de un enclave cercano al canal de Panamá; específicamente, en un amplio territorio ubicado a la orilla suroeste del Lago Gatún. En el argumento se seguirá la vida de la dicha Eufrosina, plagado de desencuentros con la realidad, esto es, modélicamente interpretada bajo una mirada psicoanalítica tipo frommiana. ¡Sí!

           Al inicio de esta primera parte habrá, por supuesto, la descripción de una escena impactante para atrapar al futuro lector desde un principio. Trátase esta parte, del pescador William López, un enjuto pero recio hombre de mar, natural de la Isla Tambor perteneciente a la Provincia de Colón, quien súbitamente se presenta ante el comandante de la sexagésima zona militar del regimiento ProCanal, el despótico y mal encarado Juan. G. Valdovinos, dándole la noticia de que la hormiga fórmica, (una plaga transgénica proveniente del sudeste asiático) ha invadido la chacra del mismísimo ministro del interior, Jacobo Spadafora (padre de la bella Eufrosina), y dado muerte al retirado abad y destacado polímata, Josefo Nasso.

           La segunda parte, tratará del vericueto seguido por la bella Eufrosina dentro del seno familiar, desarrollado en un ambiente campirano sazonado con el Deporte de Lazo que practican los vaqueros panameños, el arraigado gusto por el sancocho, el chicheme y el seco, y la intromisión de la delincuencia organizada llamada Forza Nuova en el trasiego de cocaína proveniente de Colombia, a través del canal.
           La realidad y la fantasía compiten, se oponen y expresan en el desarrollo de la cuasi insondable personalidad de la bella Eufrosina, quien enfrenta el carácter recio de su padre, Jacobo Spadafora y el de la indulgente y bipolar Anselma Guituy, su madre. La bella Eufrosina fue la tercera de 8 hijos habido del matrimonio de los antedichos, y cada uno de ellos con una particular historia casi imposibles de seguir en esta novela, por lo que habrán de tratarse solo de una forma superficial.
           La bella Eufrosina pues, nace en Chitré, Provincia de Chiriquí el día 18 de junio de 1983, tres meses antes de que ascendiera a comandante en jefe de la Guardia Nacional de Panamá, el nefasto General de Cuatro Estrellas, Manuel Antonio Noriega.

           …….


           Bueno, quiero terminar hasta aquí para no quitarle más tiempo al lector, porque me asalta, en este encierro otra idea para seguirla quizás en otro ensayo y que versaría epistemológicamente sobre la discusión suscitada entre Teetetes, discípulo del geómetra Teodoro y Sócrates, en el diálogo que sostienen sobre la Ciencia. Además, creo que el encierro forzado ya está pasando en mí la factura, pero…

#QuédenseEnCasaPeroHaganAlgoConstructivoGracias.



[i] . Eugenio Herrera Nuño. ¿Alcanza el salario mínimo del 2020 para comprar la canasta básica mexicana? Disponible en: https://www.liderempresarial.com/alcanza-el-salario-minimo-del-2020-para-comprar-la-canasta-basica-mexicana/#:~:text=El%20valor%20de%20una%20canasta,salario%20m%C3%ADnimo%20durante%20el%202019.

jueves, 2 de julio de 2020

Sátira médica.


Sátira sobre los médicos
y la muerte, o al revés.

La medicina es el arte de disputar los hombres a la muerte de hoy,
para cedérselos en mejor estado, un poco más tarde.



Abordaremos en este ensayo, un capítulo (el número 10 que lleva por título: Pesadumbre que tuvo la muerte en el fallecimiento de un médico que amaba tiernamente), de la obra La portentosa vida de la muerte, emperatriz de los sepulcros, vengadora de los agravios del Altísimo y muy señora de la humana naturaleza (México, Joseph de Jáuregui, 1792)[i], libro considerado como un iniciador de la novelística criolla novohispana, escrita por un mexicano, el michoacano y sacerdote franciscano, Joaquín Hermenegildo Bolaños.[ii]

           Es una obra gustosa de leer, ya que el autor nos ofrece una reseña de principio (La Muerte es hija legítima del pecado de Adán, la culpa de Eva podemos decir que fue su Madre) a fin, de la atribulada y sempiterna “vida” de la Muerte a través de sus 40 capítulos.
           Como es de esperar en un escritor religioso católico, la trama toda del libro se entreteje en consonancia con diversos pasajes de la biblia, en una alegoría sazonada y regida por la época y circunstancia del pensamiento místico novohispano, en la que conviven los mexicanos con su propia ideología de la muerte. Es, a su vez, una prédica moralizante de exaltación hacia el vivir la vida ordenadamente -según hace suyo, el canon católico- para lograr una inevitable -y cristiana, por supuesto- buena muerte.

           Sobre esta obra, el polímata mexicano, José Antonio Alzate (1737-1799), quien fuera su primer crítico, dijo que el autor era un consumado predicador y pregonero del evangelio y que no encontró en esta obra ninguna virtud; la consideró así mismo, “perjudicial al dogma y a las buenas costumbres”.
           En tanto que el novelista y político mexicano, Agustín Yáñez Delgadillo (1904-1980), señala que, esta obra es un producto con en el que los curas conservadores tenían el recurso al temor a la muerte como una estratagema para refrenar las pasiones del siglo[iii], y en la que la ficción queda relegada y, cuando aparece, es balbuciente, construida con vistas a la ejemplaridad, cuando no sea sin más un ejemplo tomado del repertorio convencional de los predicadores… Así resulta el hibridismo de su esfuerzo: ni es propiamente sermón, tratado apologético o análisis místico, ni novela.[iv]
           Sin embargo, con mesura, tolerancia y análisis crítico racional, la historiadora mexicana contemporánea, doctora Blanca López de Mariscal, considera en cambio que, la obra del padre Bolaños es un riquísimo compendio de las tradiciones, las posturas frente a la vida y la muerte y la idiosincrasia de los mexicanos. Reconoce, además, que su lectura no es fácil y continuará siendo siempre polémica y declara que ha tratado de recuperar el contexto en el cual se produjo, para que por medio de éste encontremos una brecha para acercarnos a una producción literaria que marca el origen de la novela en México.[v]

           Bien, el autor de esta obra, Joaquín Hermenegildo Bolaños fue hijo natural[vi] de Miguel de Bolaños y Pabla Santos de Villa. Fue bautizado el 14 de abril de 1741,[vii] en Michoacán, y se asentó en Cuitzeo de la Laguna, cabecera del Municipio de Michoacán. El 2 de agosto de 1766, en el convento de Guadalupe, Zacatecas, tomó el hábito de la orden franciscana. Predicador del Colegio de Propaganda Fide en Zacatecas y examinador sinodal del Obispado del Nuevo Reino de León.

El capítulo al que nos referiremos, lo reitero, es el número 10 y lleva por título: Pesadumbre que tuvo la muerte en el fallecimiento de un médico que amaba tiernamente.

 

           En este capítulo, el padre Bolaños hace una sátira hacia el quehacer médico ya que, desde la mirada cristiana de entonces se consideraba que, el pequeño triunfo obtenido por la medicina, representaba un acto de soberbia, al usurparle dicha unívoca facultad a la Providencia Divina.

           Sin embargo, el autor se cura en salud al iniciar este satírico capítulo, diciendo que no ha sido su ánimo zaherir, ni satirizar a un cuerpo tan ilustre, tan distinguido y tan sabio en la república literaria, en cuyos miembros tenemos librado nuestro consuelo en los lances más apretados de la vida.

           Para desarrollar su sátira, recurre a la ficticia figura de don Rafael Quirino Pimentel de la Mata, excelso representante del antimodelo médico de la picaresca hispánica, resaltando que por su apellido Mata, que venía heredando por su padre, traía impresa una divisa, infausto presagio o pronóstico de mal agüero, con que venía anunciando al mundo una guerra intestina contra el quinto precepto del Decálogo, como lo mostró la experiencia en toda la serie de su preciosa vida.
           Una vez matriculado en la clase de los médicos practicantes, cursó como un incompetente estudiante, al que no le ayudaba a sus deseos la limitada escasez de sus talentos, salió tan aprovechado en las aulas, que abarcó en su entendimiento con todo el abismo de la nada.[viii]
           Graduado fue con las correspondientes licencias del protomedicato y ya, desde entonces, no se apartaba la Muerte de su lado ni un instante… Con tan estrecha unión y amistad, don Rafael, salía a sus visitas llevando a la Muerte en las ancas de su mula.
           Ante el enfermo, sus acciones se distribuían así: la Muerte tomaba el pulso y la pluma para escribir con puntualidad los récipes (Récipe, segunda persona del singular del modo imperativo de recipio del latín, que significa recibir o tomar: y por consiguiente récipe quiere decir Toma, y es la palabra con que suelen comenzar habitualmente todas las recetas -Rp-)[ix] que habían de presentar en la botica, y don Rafael se aplicaba a los accipes (palabra derivada del latín accipere, recibir, aceptar), y los aplicaba a su bolsa.
           De esta manera, recetando la Muerte al enfermo, no hubo (alguno) de cuantos visitó nuestro célebre don Rafael, que no quedara sin dolencia en breve tiempo, pues para que el cuerpo no sienta, no hay remedio más eficaz que separarlo del alma.
           Con una vida llena de múltiples y variados desaciertos fatales, en su desgraciada práctica de la medicina, don Rafael, a sus avanzados ochenta años llegó al término de su vida.    Su compañera y amiga, la Muerte no podía prolongar las licencias a su vida, porque no (tenía) el privilegio de pasar más allá (de su final), por lo que se vio fuertemente obligada, con indecible dolor de su real pecho, a romper el frágil estambre de que estaba pendiente la preciosa vida de un compañero tan antiguo y de un amigo que le había sido tan fino.
           Ante don Rafael ya difunto, se vistió la Muerte de bayetas (tela de lana, floja y poco tupida) negras en señal de sentimiento, junto a la viuda y demás interesados en la pena.            Durante el novenario hubo pocos difuntos, porque la Muerte, estaba tan fuera de sí, tan oprimida del dolor y del cuidado, que no se acordaba de meter la hoz en otra mies.
           A su entierro, ocurrieron numerosos miembros de la plebe y la nobleza, …y no se cansaban las gentes de bendecir a Dios y darle gracias a la Muerte de haberse llevado a don Rafael a la obscura región de los sepulcros.
           Con todo, en su funeral hubo algunas canciones y poemas; y en el cuerpo de la pira, esculpidas estas redondillas:

Este túmulo elegante
De un médico es, evidente,
Que en despachar tanta gente
Con un solo vomitorio
Que don Rafael recetaba,
Al enfermo sentenciaba
A penas de purgatorio,
Dolorida se ha mostrado,
La Parca, bien resentida,
Pues ha perdido una vida,
Que tantas vidas le ha dado.
Fuerte trance, trance fuerte,
¡Oh trance desesperado!
¿Qué no se le haya escapado
Su Benjamín a la Muerte?

Sólo el silencio testigo
Ha de ser de mi tormento,
Pues no cabe lo que siento,
En una ollita de a tlaco:
Ese cadáver tan flaco,
Fue objeto de mis encantos,
Y fueron sus triunfos tantos,
Que, ajustándole la cuenta,
Abasteció de osamenta
A todos los capos santos.

Setecientas carretadas,
Como el ministro más fiel
Me ha entregado don Rafael
De calaveras mondadas:
Las trojes bien apretadas
Según lo que yo percibo
Están por su genio activo;
Y pues él dio cumplimiento,
Yo le doy este instrumento,
En que consta del recibo.

Si a canillazos la Muerte
El motín no apaciguara,
Otro gallo le cantara
A don Rafael, de otra suerte:
Válgale empeño tan fuerte
Al médico vejancón,
Pues en aquesta ocasión
Le hiciéramos mil pedazos,
Si la Muerte a canillazos
No le alcanzara el perdón.

           Un forastero que por allí pasaba y ante el evidente alboroto, se atrevió a preguntarle la causa de ello a la Muerte; tomándolo (ella) por la mano, lo llevó a las iglesias, cementerios y osarios, y le dijo: Mira si tengo razón para sentir la muerte de mi amantísimo proveedor: no me deja otro consuelo esta pérdida tan fatal, que una cláusula de su testamento, en la que deja el difunto a sus discípulos por únicos herederos de su doctrina.


[i] . Agustín Yáñez. “Prólogo” a Francisco Bramón, Los sirgueros de la Virgen y Joaquín Bolaños. La portentosa vida de la Muerte. México, D.F., Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, Biblioteca del estudiante universitario, 1944: V-XXVII.
[ii] . Ángel Muñoz Fernández. Fichero bio-bibliográfico de la literatura mexicana del siglo XIX. 2 t., México. Factoría Ediciones, 1995. Disponible en: Enciclopedia de la literatura en México. Secretaría de Cultura. México. http://www.elem.mx/autor/datos/2918
[iii] . Agustín Yáñez. Ob cit.
[iv] . Trinidad Barrera. En la región del aire: Obras de ficción en la prosa novohispana. Ed. Renacimiento. Sevilla, España, 2011, p. 105.
[v] . Fray Joaquín Bolaños, La portentosa vida de la Muerte. Ed., introducción y notas de Blanca López de Mariscal. El Colegio de México/ Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios [COLMEX] (Biblioteca Novohispana [Obras]; 2). México, 1992, p. 18.
[vi] . Fray Joaquín Bolaños., Ob. Cit., p. 11.
[vii] . "México bautismos, 1560-1950", database, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:NG1Q-QXX : 10 April 2020), Joachin Hermenegildo Volanos Santos, 1741.
[ix] . Ramón Cabrera. Diccionario de etimologías de la lengua castellana, publ. Por J.P. Ayegui.