Homo Stupidus.
O de las bofetadas
deportivas.
Hay
dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana.
Y del Universo no estoy seguro.
Albert
Einstein
Dr. Xavier A. López y de la Peña
Cuando el ser humano abdica de su capacidad ética, racional y creativa,
dentro de la antropología filosófica puede conceptuarse como una figura crítica
y satírica nombrándole “Homo Sapiens subespecie Stupidus”.
Llámase así a aquel individuo que utiliza el máximo
desarrollo intelectual y tecnológico de la historia para diseñar formas
voluntarias, complejas y masivas de autodestrucción1
(aunque el termino no esté registrado aún en el Diccionario de la Real Academia
de la Lengua Española).
Pero, ¿cómo se le caracteriza?
Como un Homo Sapiens subesp. Stupidus, presente en
el período Antropoceno tardío y empoderado a partir de la era digital. Habita
en entornos hiperconectados, complejos digitales, oficinas de planificación
burocrática y escenarios de entretenimiento masivo. Su lema existencial es: "Porque
puedo, porque genera ganancias y porque quiero ver qué pasa". Sus rasgos sicológicos
y conceptuales destacan por tener un cerebro idéntico al del Homo Sapiens, pero
su entramado cognitivo opera bajo tres graves distorsiones: 1) Anulación
voluntaria de su instinto de conservación, 2) Gracias a su arrogancia
tecno-burocrática tiene una fe ciega en que puede "corregir" la
naturaleza mediante la fuerza bruta y, 3) Merced a su desconexión entre causa y
efecto, es incapaz de proyectar las consecuencias de sus actos a mediano plazo,
priorizando el beneficio inmediato como dinero,
un récord o fama a cambio de su propia salud, su libertad o el equilibrio del
planeta.
De hecho, si el Homo Sapiens ha sobrevivido en la
tierra a catástrofes climáticas, depredadores, hambrunas y guerras gracias a la
cooperación y al análisis racional de su entorno, el Homo Stupidus por el
contrario, es un peligro latente para su propia sobrevivencia que no se
extinguirá por falta de recursos, sino por exceso de iniciativa mal dirigida.
Su fin no ocurrirá por la llegada al planeta de un nuevo gran meteorito como
aquél cuyo impacto dio origen al famoso cráter de Chicxulub, ubicado en la
península de Yucatán, México, ocurrido hace unos 66 millones de años y llamado
científicamente el impacto K-Pg (límite Cretácico-Paleógeno), sino por un
megaproyecto mal calculado (guerra atómica) o de una cachetada o bofetada que
él mismo diseñó y decidió voluntariamente recibir estoicamente, sin defenderse
y con los brazos abajo.
Recordemos que, desde el punto de vista histórico, social
y sicológico, recibir o dar una cachetada o bofetada nunca ha sido simplemente
un golpe físico; es un potente acto comunicativo y simbólico que tiene múltiples
significados interpretables.
Por ejemplo, a diferencia de un puñetazo (que busca
derribar, dañar físicamente o destruir), una bofetada se da tradicionalmente sólo
a una persona con la mano abierta significando que no se trata de infligir
primordialmente daño o dolor, sino la humillación pública y la denigración del
estatus del “otro”. Como un mensaje que dice: "No te considero un rival
digno para darte con el puño cerrado; te desprecio".
Ahora me referiré a otro tipo de cachetadas o
bofetadas en las que una persona considera voluntaria y dignamente
recibirlas sin defenderse y, a su vez, propinarlas.
Todo lo anterior viene
a consecuencia de que por primera vez me enteré y vi una transmisión por
televisión de un “deporte a bofetadas” (Fox Sports México: Reality show Power
Slap: Road to the Title).
Quedé sorprendido de
ver este espectáculo de insensatez y estupidez inaudita (para darle una mínima graduación
con este calificativo) de este llamado SLAP FIGHTING o “deporte de las
cachetadas”, considerado ya como un deporte de combate y de exhibición
extrema (combate sin armas, por supuesto) que fue oficializado como una disciplina
regulada el 18 de octubre de 2022 por la Comisión Atlética del Estado de Nevada
(NSAC) en los Estados Unidos de Norteamérica. La iniciativa y los encargados de
lograr esta regulación fueron, nada más, los directivos de la UFC (Ultimate
Fighting Championship): Dana White (presidente de la UFC) y Hunter Campbell
(director de negocios de la UFC) quienes presentaron una estructura formal ante
la comisión para la creación de su liga: Power Slap. Para su aprobación
argumentaron que estas competencias de bofetadas ya existían de manera
clandestina o viral en redes sociales (como Rusia y Polonia) y, por tanto,
habría que regularle para hacerle “mejor y más seguro” vigilado y con un marco
legal integrado con pruebas médicas, que dejarle sin supervisión.2
Bueno, para empezar, hay que recordar que el
propósito del deporte a nivel universal, es potenciar el desarrollo integral
del ser humano y fomentar la cohesión social mediante la actividad física
estructurada y competitiva; además de promover la salud, el respeto mutuo y la
disciplina.
Por esta razón, disciplinas con altos niveles de
violencia descontrolada o nula protección del competidor (como las peleas
clandestinas) tardan años o nunca logran ser aceptadas formalmente, mientras
que otras como el slap fighting han tenido que forzar su reglamentación
médica para ser consideradas como tales.
En el deporte se
pregona como valor el fair play o juego limpio, pero, ¿cómo se respeta
al rival si se le va a dar una fortísima cachetada para incapacitarlo y de ser
posible noquearlo? Y también, -esto es lo más importante- ¿sin que éste se
defienda? ¡Ah!, pero eso sí, cumpliendo ahora con ciertas reglas establecidas
(no moverse, no defenderse y casi casi no parpadear), protocolos médicos donde
se indica que el traumatismo cerebral ocasionado, no es grave y puede
continuar siendo golpeado y ¡claro! respetando al rival por igual.
Otro valor es del del lograr esfuerzo y superación
en el deporte y ¡por supuesto!, en este caso entrenando duro para propinarle al
rival una cachetada tan fenomenal que le ocasione una disrupción cerebral que
lo desconecte con la realidad y caiga como peso muerto, o tal vez muerto de
verdad (aunque se pregone que este último suceso sea totalmente indeseable).
El competidor busca con el deporte el crecimiento
personal y dar el máximo más allá de la derrota o la victoria: ¡Bravo! Ya
noqueó a su total y voluntariamente indefenso rival dejándolo con su brutal
cachetada inconsciente durante treinta minutos y, en el caso de haber perdido exclamará:
¡Joder! sólo me atarantó seis milésimas de segundo y el año que viene acabaré
con él.
Otro valor es del
trabajo en equipo y bien, en este deporte sus rudos asesores físicos y técnicos
le enseñan como cachetear “mejor y más fuerte” al indefenso, lo repito e
insisto rival, ilustrándole sobre la “venerable física de los golpes” a su
congénere que se rige por la transferencia de energía a través de la cadena
cinética y los principios de la mecánica clásica, donde la potencia no depende
solo de la fuerza bruta, sino de la velocidad y la masa efectiva.3
En este llamado “deporte” el espíritu que trasciende
la competencia física, no es entonces una filosofía de vida basada en la
nobleza, la solidaridad y la convivencia pacífica, sino una manifestación agresiva,
consentida y potencialmente letal entre competidores que abandonan
voluntariamente su principal instinto de supervivencia, la defensa. Todo
en ello contrario al señalamiento que ha hecho la UNESCO en el sentido de que
la práctica deportiva ayuda a formar ciudadanos inclusivos y respetuosos que
trasladan estos aprendizajes fuera de las canchas.
¡Vaya estupidez! Por ello este producto “deportivo”
es obra del Homo Sapiens subesp. Stupidus en donde esta estupidez se expresa no
como un insulto sino como una fuerza social destructiva como la refiriera el
historiador y economista italiano Carlo María Cipolla en su obra Allegro ma
non troppo (Ed. Il Mulino, 1988) en donde formula las cinco Leyes de la
Estupidez Humana. Me referiré concretamente sólo a su 3ª. Ley que dice: Una
persona estúpida es aquella que causa pérdidas o daños a otra persona o grupo
de personas sin obtener ningún beneficio para sí misma, o incluso
perjudicándose a sí. Esta es pues, la radiografía exacta del participante
del equivocado e irresponsablemente llamado deporte de bofetadas, en la
que los rivales aceptan voluntariamente y sin defenderse la destrucción de sus neuronas
a cambio de una recompensa utilitaria ínfima, dañando su futuro sin generar un
valor real para el mundo.
Ya el teólogo luterano y filósofo alemán Dietrich
Bonhoeffer, mientras estaba prisionero de los nazis escribió y advirtió sobre
la estupidez en su obra Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el
cautiverio (1951), diciendo que la estupidez no es un problema de falta de
cerebro, sino de personas que renuncian voluntariamente a su capacidad crítica
para formar parte de una masa o seguir consignas ideológicas. El estúpido se
vuelve inmune a los hechos y a la razón; si intentas argumentar con él con
datos clínicos o lógicos, simplemente se indigna o te agrede.
Erasmo de Rotterdam en su obra Elogio de la
locura (1511) advierte que, si el ser humano fuera 100% racional, la
sociedad se detendría. Es la estupidez la que impulsa a los hombres a la guerra
por una medalla colorida de latón barato, a casarse a ciegas o a invertir y gastar
fortunas en espectáculos absurdos como este de las brutales cachetadas.
La advertencia implícita es que la sociedad tiene una alarmante tendencia a
premiar, aplaudir y seguir a los estúpidos, convirtiendo el disparate en la
norma cultural.
De hecho, el deporte de las cachetadas o "Slap Fighting"
se ha estudiado bajo la mirada crítica entre la psicopatología y la neuro
traumatología ya que, a diferencia de los deportes de contacto tradicionales,
en este espectáculo se elimina por completo la defensa en la que los
competidores se sostienen de una mesa y están ¡obligados a recibir un
impacto directo a mano abierta en el rostro sin esquivarlo, bloquearlo ni
parpadear!
Nuestro cerebro humano no está diseñado para
absorber impactos repetitivos directos sin amortiguación, por lo que bajo un riguroso
estudio clínico hecho por la Universidad de Pittsburgh publicado en JAMA
Surgery4 se
demostró que más de la mitad de las secuencias de bofetadas en este “abominable
espectáculo” provocaron que los participantes presentaran signos visibles de conmoción
cerebral. Al término de los partidos aproximadamente un tercio de las
secuencias dieron como resultado que los participantes tuvieran una mirada
perdida y vacía; casi el 40% de las secuencias mostraron signos de mala
coordinación motora, y casi el 80% de los luchadores mostraron signos
visibles de conmoción cerebral al menos una vez durante la serie de
combates; en una cuarta parte de las secuencias, los participantes tardaban en
levantarse después de haber recibido un golpe que los derribaba. Así, los
resultados sugieren que las peleas a bofetadas pueden provocar lesiones
cerebrales traumáticas en los participantes que podrían tener consecuencias
neurológicas a largo plazo.
El traumatismo cerebral repetido (TBI o Traumatic
Brain Injury) y el riesgo inminente de Encefalopatía Traumática Crónica
(CTE o Cronic Traumatic Encefalopaty) destruyen paulatinamente el tejido
cerebral y las lesiones se concentran severamente en el lóbulo frontal y
prefrontal. Ello puede ocasionar, entre otras, depresión severa y labilidad
emocional extrema; brotes de ira súbita, irritabilidad patológica y agresividad
injustificada; demencia prematura, deterioro motriz y lagunas mentales
recurrentes tras los impactos.
¿Cuál puede ser la interpretación psicopatológica
del participante?
1. Desensibilización extrema al dolor por una
distorsión en el procesamiento del autocuidado y del instinto básico de
supervivencia, haciendo que el participante anule la respuesta natural de huida
o defensa ante una agresión inminente.
2. Vulnerabilidad socioeconómica y necesidad de
validación, ya que gran parte de los competidores provienen de entornos
vulnerables. El dinero rápido y la búsqueda de viralidad inmediata actúan como
potentes reforzadores. Esto los lleva a aceptar la instrumentalización de sus
cuerpos y la destrucción de su salud neurológica a cambio de una notoriedad
efímera.
¿Cuál es la del espectador?
1. El éxito de este "deporte" en el
público radica en la espectacularización del trauma-daño cuyo análisis
psicopatológico colectivo es preocupante. Además, se le suma la recreación de
la estética del daño físico presentado a cámara lenta en las
transmisiones televisivas en las que se aprecia el rostro grotescamente distorsionado
por el brutal impacto que lleva al espectador a una -también antipática como
estúpida-, respuesta casi orgásmica.
2. Las ligas comerciales empaquetan la mirada
perdida (vacant look), las convulsiones tras el impacto o la pérdida de
coordinación motriz de un ser humano como normalización del trauma cerebral en “divertimento,
entretenimiento e insumo” para generar público.
3. El espectador se desensibiliza y muestra una anestesia
empática ante la violencia física explícita. El "atractivo" no es
la destreza o la estrategia atlética, sino el morbo biológico de ver el colapso
del sistema nervioso del contrincante en tiempo real: las convulsiones o el
nocaut.
Por estas razones, la comunidad médica global y
asociaciones como la Brain Injury Association of America han catalogado
esta actividad no como un deporte, sino como "daño cerebral consentido por
lucro", exigiendo de forma constante su prohibición.
¿Por qué ocurre y se acepta en nuestra sociedad?
Porque en nuestros tiempos modernos se emplean
técnicas de sicología conductual para retener al espectador durante el mayor
tiempo posible. Aquí el espectáculo del “Deporte de cachetadas” representa un
producto perfecto para la economía de la atención, cuyo término fue acuñado
por el premio Nobel Herbert Simon, quien explicó que la abundancia de
información genera necesariamente una escasez de lo que esa información
consume: la atención de las personas.
Así, en donde los
deportes tradicionales que duran unas tres horas tienden a perder audiencia
joven -particularmente-, el “Deporte de las cachetadas” garantiza al
público-usuario el espectáculo de un golpe brutal que le lleve al clímax del
nocaut en un formato de vídeo de 8 segundos.
No se requiere de conocer y entender reglas,
estrategias ni entornos; es un impacto visual puro que detiene el scroll
del usuario (se refiere al momento exacto en que un contenido es tan impactante
que logra que la persona frene el dedo, deje de deslizar la pantalla y preste
atención a una publicación específica) que se traduce inmediatamente en clics y
dinero. El público demanda estímulos inmediatos y ¡hay que dárselos! se reza en
el establishment publicitario.
La visión de este espectáculo violento produce una
desconexión empática en el público que ve el daño físico producido como si
fuese un meme o un videojuego donde los competidores estúpidamente se
golpean y carecen de humanidad.
Y finalmente, se normaliza el exceso de lo
que antes se consideraba una como una agresión o pelea callejera y hoy se organiza,
legítima y comercializa como "deporte" de élite bajo marcas globales.
A esto hemos llegado, a que el Homo Sapiens subesp.
Stupidus ahora esté empoderado y no sea inofensivo.
Cuando los estúpidos se organizan, son validados por
algoritmos modernos de redes sociales, o alcanzan el poder institucional,
tienen la capacidad real de arrastrar a toda una civilización hacia el colapso,
como lo hacen ahora normalizando espectáculos basados en la autodestrucción
mutua.
El "colmo de la estupidez" en la era de la economía de la atención no es solo realizar un acto absurdo y lesivo como este obtusamente
llamado Deporte de bofetadas o cachetadas,
donde los competidores
se convierten voluntariamente en indefensa mercancía destructiva para el
entretenimiento de otros, creyendo que se está ganando.
Obra del Homo Sapiens subesp. Stupidus que, además, ¡la justifica!
1 . Paul Tabori. Historia de la estupidez humana. Ed. elaleph.com 1999.
2 . Imagen tomada de:
https://www.facebook.com/robertomtzTV/videos/el-peligro-real-de-los-torneos-de-cachetadas/962653586844856/
3 .
https://translate.google.com/translate?u=https://boxingscience.co.uk/science-behind-punch/&hl=es&sl=en&tl=es&client=sge
4 . JAMA Surg Publicado en línea: 18 de septiembre de 2024.
2024;159;(12):1435-1436. doi:10.1001/jamasurg.2024.2605
