lunes, 2 de noviembre de 2026

De la Fe ritual a la confianza Algorítmica

 De la credibilidad en la Fe ritual a la confianza Algorítmica.
La dignidad humana en juego.

El futuro de la tecnología amenaza destruir todo lo que es humano en el hombre,
pero la tecnología no alcanza a la locura, y en ella es donde lo humano del hombre se refugia.
 
Chaya Pinjasivna Lispector o Clarice Lispector.

Dr. Xavier A. López y de la Peña



La credibilidad es la facilidad o la tendencia que tiene una persona para creer cualquier cosa con ligereza o sin pruebas suficientes, en tanto que la confianza es la esperanza firme, la seguridad o la convicción de que una persona tiene en que algo funcione, en que alguien actúe con rectitud, o en sus propias capacidades.
En tanto que la dignidad humana es un valor intrínseco, esencial, universal e inalienable por el simple hecho de existir, sin importar cual sea su raza, género, edad, condición social, religión o nivel socio-económico. Ese valor determina que la persona nunca debe o puede ser tratada como una herramienta u objeto, ya que su valor no se puede medir en dinero, productividad ni utilidad social. El filósofo Immanuel Kant lo resumió así: En el reino de los fines, todo tiene o un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y no admite equivalente, eso tiene una dignidad. De esta manera, la credibilidad y la dignidad humana están entrelazadas porque ambas se sostienen en la capacidad de reconocer y valorar al otro como sujeto de confianza.
Trataremos de explicar la interacción de ambos vocablos bajo las tensiones de la Fe ritual y la certeza Algorítmica de nuestro tiempo, para comprender cómo procesamos la credibilidad en esta era del dataísmo en la que pasamos de adorar mitos y ritos tradicionales, a sacralizar los sistemas automatizados de predicción. Todo ello poniendo en jaque la propia dignidad humana en la que hemos cambiado los rituales celebrados en el templo, por lo rituales frente a la computadora en donde la certeza algorítmica afecta nuestra credulidad simulando una verdad divina proveniente de este oráculo digital.
Nuestra civilización occidental ha seguido un camino de cambios en los sistemas de legitimación de la verdad y en las estructuras en las que la humanidad deposita su credibilidad frente a la incertidumbre del acontecer cotidiano.
Hace unos 1500 años con la Fe ritual en el Teocentrismo de la Edad Media se seguía a pie juntillas la Regla de San Benito de Nursia, que señalaba: La obediencia sin demora es lo que más agrada a Dios, frase que representa a la obediencia ritualizada como virtud suprema relacionada con la salvación. En ella todos los aspectos de la vida humana estaban subordinados a la voluntad divina, como la ciencia, la política, la cultura y la moral. Además -sigue diciendo-, El primer grado de humildad es que el monje, sin amar su propia voluntad, imite a Cristo obediente hasta la muerte, con lo que se expresa que la dignidad de la persona renuncia a su autonomía, en favor de la obediencia ritual.
Más adelante, unos 500 años después con el nacimiento del Humanismo (siglos XIV y XV en Florencia, Roma y Venecia), sus iniciadores adoptaron como lema histórico la célebre frase dada por el comediógrafo romano, Publio Terencio Afro, del año 165 a. C. que dice: Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno con la que sitúan al ser humano con su razón y su valor en el centro del pensamiento, desplazando las explicaciones puramente teológicas.
            Uno de sus exponentes fue el pensador humanista italiano, Giovanni Pico della Mirandola, con su Oración sobre la dignidad del hombre (Oratio de hominis dignitate) en el año de 1486, al dejarnos el texto cumbre del humanismo renacentista en el que Dios le dice al ser humano que le concedió el libre albedrío para esculpir su propio destino mediante la razón; veamos cómo:

Fragmento de la Oratio de hominis dignitate.

 

Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas.

 

Ahora en nuestros tiempos nos desarrollamos en la era de la computación moderna o “Era del Algoritmo”, iniciada por el matemático y teórico británico Alan Mathison Turing en 1936 quien demostró cómo una máquina podía procesar cualquier algoritmo programado. Un algoritmo requiere de un conjunto ordenado, finito y preciso de instrucciones lógicas (datos) que nos ayudan o permiten resolver un problema, realizar un cálculo o cumplir con una tarea específica, abriéndole las puertas a la corriente filosófica de la actualidad llamada Dataísmo o “religión de la información”, que sostiene que las decisiones tomadas por algoritmos y macrodatos (big data) son más confiables o creíbles y objetivas que la intuición, la sabiduría o el conocimiento humano.
            ¡Vaya! Esto nos ha impactado de manera increíble en la vida cotidiana hasta casi llevarnos a la atrofia de nuestro propio juicio y a la fricción constante con nuestra existencia misma al transformar los gestos más íntimos y las rutinas más ordinarias que realizamos, en respuesta a instrucciones programáticas.
            De hecho y como ejemplos: cambiamos nuestras decisiones de consumo cultural y ocio mediado por el uso de plataformas como Spotify, Netflix o TikTok que nos dicen qué hacer, qué ver, que comprar, a dónde ir y más. Esto es, la credibilidad algorítmica tiende ahora colonizar nuestros espacios de la toma de decisiones diarias a través de un proceso tecnológico externo.
Hoy, caminar desenfadadamente por las calles, mirando librerías, degustando un café y viendo como cae la tarde conversando con algún amigo, ha sido sustituido por sistemas de recomendación automatizados en la web. Son sistemas que, mediante análisis predictivos procesan nuestro comportamiento histórico para mantenernos “alerta, contentos, satisfechos”, encerrados en una burbuja tecnológica donde nos alejan de enfrentarnos con el azar y el gusto por lo desconocido, para darnos lo “que estadísticamente saben que nos gusta o queremos” y, por tanto, eliminando el interactuar con nuestros congéneres. El autor surcoreano y alemán, Byung-Chul Han (2022) quien describe cómo la sociedad postmoderna está dominada por el rendimiento, evolución de la sociedad del deber o sociedad disciplinaria, nos explica que esta dinámica suprime la alteridad y la negatividad del descubrimiento, convirtiéndonos en un fenómeno de domesticación existencial.
            Otro ejemplo: En la esfera interpersonal de relaciones afectivas y eróticas con el otro/a en lo que se llama “cortejo”, se tiende a recurrir a sistemas y procesos matemáticos que determinan una “compatibilidad entre perfiles” a través de aplicaciones como lo son Tinder o Bumble. Aquí, el usuario confía en que la respuesta algorítmica le propicie el encuentro y evite el rechazo, reduciendo a la ideada romántica “relación” a un proceso de descarte y la cosificación del “otro”.
            En otro sentido nos podríamos preguntar: ¿Cómo hago para ir al hospital Echeverri?, ¿Tomo la vía 45 norte, o voy por la avenida Real de campo? Nada, no piense, no planee, no se preocupe, consulte en la plataforma Google Maps o Waze que le indicarán cómo ir, cuanto tiempo demorará en llegar y si hay algún obstáculo, accidente, radar de vigilancia de velocidad, etc., en el camino. De hecho, con la confianza en su uso estamos perdiendo nuestra espacialidad y relación corpórea con el entorno, dejamos de desarrollar mapas internos y nos conducimos como autómatas indiferentes al medio urbano y su ubicación espacial, dejando de habitarlo con la mirada y la memoria. De vuelta a la derecha en la calle Longín… -son sus algorítmicas instrucciones-; en 300 metros manténgase en el carril izquierdo… ¡Cuidado, vehículo descompuesto en el carril derecho a 139 metros! Y, si el sistema comete algún error, (aunque los programas informáticos no cometen errores por voluntad o distracción, sino que ejecutan de forma matemática y ciega las instrucciones que reciben) ¡no habrá a quién recurrir o reclamar!
            Ahora también se nos empuja a “cuantificamos” (Quantified Self), es decir a recurrir a la validación numérica observable en la pantalla de diversos dispositivos portátiles (Fitbit, Apple Watch) y otros (báscula, glucómetro, baumanómetro) para saber nuestro estado de bienestar o fatiga, entre muchas otras. Dejamos de escuchar nuestro cuerpo y ya no confiamos en lo que percibimos o sentimos en nuestras funciones orgánicas, sino que delegamos la respuesta a un sensor de un dispositivo de silicio que nos mide ritmo cardíaco, calorías quemadas, número de pasos dados, calidad de sueño, niveles de productividad, peso corporal, niveles de estrés, estados de ánimo, y otros cuya finalidad es convertirnos en una forma de auto explotación voluntaria convirtiéndonos en “capataz” de nosotros mismos (His own taskmaster).
            Ya no necesitamos perder tiempo y esfuerzo en pensar ¿qué vestir?, ¿cómo cortejar a una persona?, ¿qué comer saludable?, ¿a dónde pasar vacaciones?, ¿qué automóvil comprar?, ¿cómo invertir mi dinero?, ¿cómo hacer mi declaración de impuestos, ¿cómo viajar por carretera de Juchitepec, Mor., hasta Durango?, ¿qué película mirar hoy en la noche?, ¿qué reloj inteligente comprar?, ¿qué regalarle al tío Jaime en su cumpleaños?, ¿cómo hacer una presentación en Power Point sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania?, ¿cuál es la receta para hacer una birria?, ¿cómo reparar mi microondas?, ¿qué significa la palabra palindromia?, ¿qué… y qué… y qué…? ¡Pregúntele a su dispositivo Algorítmico!
Debemos darnos cuenta en esta “modernidad” que nos enfrentamos a una transición silenciosa, imperiosa e ineludible: el paso de la Fe ritual a la confianza Algorítmica. No sólo limitada al uso técnico de herramientas de cómputo, sino a una verdadera infraestructura sociotécnica y ontológica donde la credibilidad, la verdad y la capacidad de decisión han sido delegadas a sistemas automatizados de procesamiento de datos e Inteligencia Artificial (IA) con sus respuestas algorítmicas consideradas como presumiblemente infalibles.
Si nos dejamos moldear pasivamente por esta corriente, renunciaríamos a esa libertad y plasticidad que Pico della Mirandola consideraba como nuestra mayor dignidad, volviéndonos predecibles, incapaces e "insulsos". De esta manera y si hoy tuviéramos que reescribir 540 años después su "Oración" o proclama, advirtiendo sobre el peligro de entregar nuestra dignidad a los datos y quedar sometidos en la era posthumanista o dataísta al algoritmo, podría quedar así:

 

Oratio hominis dignitate in aetate algorithmica.

 

Oh, criatura de carne y de misterio, a quien no di una forma fija ni un camino predeterminado en el infinito código del universo, para que fueras tú, con tu propia razón y tu libre albedrío, el escultor de tu destino. No te entregué una brújula de silicio ni registré tus vivencias en una nube de datos. Te di la capacidad de errar para que aprendieras a rectificar; te di la fricción del dolor para que conocieras la empatía; y te di la incertidumbre para que tuvieras la libertad de elegir cómo, qué y quién ser. Mira ahora cómo te arrodillas ante el nuevo altar del cálculo algorítmico, entregando tu intuición a la fría pantalla y tu voluntad al veredicto programado de un inasible software. No abdiques de tu naturaleza; no te conviertas en un nodo pasivo de la red, ni reduzcas tu alma a una métrica utilitaria y optimizada. Recuerda que no eres una máquina para ser programada, ni un animal para ser pastoreado por predicciones. Despierta tu juicio crítico, abraza el azar, sueña, ama y recupera el sentido de tu propia vida. Pues tu mayor dignidad no radica en ser guiado de manera eficiente o predecible para un sistema de IA, sino en la capacidad humana de razonar, decidir, sentir y crear tu propio camino desde la libertad de tu espíritu.

Referencias:
https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-tecnologia
https://www.ipade.mx/newsmedia/factor-humano-es/la-dignidad-humana-en-kant/
Ensayos para pensar. Giovanni Pico Della Mirandola. Discurso sobre la dignidad del hombre. Consultado en internet en: http://editorialpi.net/ensayos/discursosobreladignidaddelhombre.pdf
Arendt, H. La condición humana. Ed. Paidós. 2016.
Han, B.-C. Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia. Ed. Taurus. 2022.
Harari, Y. N. Homo Deus: Breve historia del mañana. Ed. Debate. 2016.
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