De la credibilidad en la
Fe ritual a la confianza Algorítmica.
La dignidad humana en
juego.
El
futuro de la tecnología amenaza destruir todo lo que es humano en el hombre,
pero
la tecnología no alcanza a la locura, y en ella es donde lo humano del hombre
se refugia.
Chaya
Pinjasivna Lispector
o Clarice Lispector.
Dr. Xavier A. López y de la Peña
La credibilidad es
la facilidad o la tendencia que tiene una persona para creer cualquier cosa con
ligereza o sin pruebas suficientes, en tanto que la confianza es la
esperanza firme, la seguridad o la convicción de que una persona tiene en que
algo funcione, en que alguien actúe con rectitud, o en sus propias capacidades.
En tanto que la dignidad humana es un valor
intrínseco, esencial, universal e inalienable por el simple hecho de existir,
sin importar cual sea su raza, género, edad, condición social, religión o nivel
socio-económico. Ese valor determina que la persona nunca debe o puede
ser tratada como una herramienta u objeto, ya que su valor no se puede medir en
dinero, productividad ni utilidad social. El filósofo Immanuel Kant lo resumió
así: En el reino de los fines, todo tiene o un precio o una dignidad.
Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio,
lo que se halla por encima de todo precio y no admite equivalente, eso tiene
una dignidad. De esta manera, la credibilidad y la dignidad humana están
entrelazadas porque ambas se sostienen en la capacidad de reconocer y valorar
al otro como sujeto de confianza.
Trataremos de explicar la interacción de ambos
vocablos bajo las tensiones de la Fe ritual y la certeza Algorítmica de nuestro
tiempo, para comprender cómo procesamos la credibilidad en esta era del dataísmo
en la que pasamos de adorar mitos y ritos tradicionales, a sacralizar los
sistemas automatizados de predicción. Todo ello poniendo en jaque la propia
dignidad humana en la que hemos cambiado los rituales celebrados en el templo,
por lo rituales frente a la computadora en donde la certeza algorítmica afecta
nuestra credulidad simulando una verdad divina proveniente de este oráculo
digital.
Nuestra civilización occidental ha seguido un camino
de cambios en los sistemas de legitimación de la verdad y en las estructuras en
las que la humanidad deposita su credibilidad frente a la incertidumbre
del acontecer cotidiano.
Hace unos 1500 años con la Fe ritual en el Teocentrismo
de la Edad Media se seguía a pie juntillas la Regla de San Benito de Nursia,
que señalaba: La obediencia sin demora es lo que más agrada a Dios, frase
que representa a la obediencia ritualizada como virtud suprema relacionada con
la salvación. En ella todos los aspectos de la vida humana estaban subordinados
a la voluntad divina, como la ciencia, la política, la cultura y la moral.
Además -sigue diciendo-, El primer grado de humildad es que el monje, sin
amar su propia voluntad, imite a Cristo obediente hasta la muerte, con lo
que se expresa que la dignidad de la persona renuncia a su autonomía, en favor
de la obediencia ritual.
Más adelante, unos 500 años después con el nacimiento
del Humanismo (siglos XIV y XV en Florencia, Roma y Venecia), sus iniciadores
adoptaron como lema histórico la célebre frase dada por el comediógrafo romano,
Publio Terencio Afro, del año 165 a. C. que dice: Hombre soy; nada de lo
humano me es ajeno con la que sitúan al ser humano con su razón y su valor
en el centro del pensamiento, desplazando las explicaciones puramente
teológicas.
Uno de sus exponentes
fue el pensador humanista italiano, Giovanni Pico della Mirandola, con su Oración
sobre la dignidad del hombre (Oratio de hominis dignitate) en el año de 1486,
al dejarnos el texto cumbre del humanismo renacentista en el que Dios le dice
al ser humano que le concedió el libre albedrío para esculpir su propio
destino mediante la razón; veamos cómo:
Fragmento de la Oratio de hominis dignitate.
Oh Adán, no te he
dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa
peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que
conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves.
La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas
leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te
la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto
en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe.
No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que
tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en
la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las
bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que
son divinas.
Ahora en nuestros tiempos nos desarrollamos en la
era de la computación moderna o “Era del Algoritmo”, iniciada por el matemático
y teórico británico Alan Mathison Turing en 1936 quien demostró cómo una
máquina podía procesar cualquier algoritmo programado. Un algoritmo requiere de
un conjunto ordenado, finito y preciso de instrucciones lógicas (datos) que nos
ayudan o permiten resolver un problema, realizar un cálculo o cumplir con una
tarea específica, abriéndole las puertas a la corriente filosófica de la
actualidad llamada Dataísmo o “religión de la información”, que sostiene
que las decisiones tomadas por algoritmos y macrodatos (big data) son
más confiables o creíbles y objetivas que la intuición, la sabiduría o el
conocimiento humano.
¡Vaya! Esto nos ha impactado de manera increíble en la
vida cotidiana hasta casi llevarnos a la atrofia de nuestro propio juicio y a
la fricción constante con nuestra existencia misma al transformar los gestos
más íntimos y las rutinas más ordinarias que realizamos, en respuesta a
instrucciones programáticas.
De hecho y como
ejemplos: cambiamos nuestras decisiones de consumo cultural y ocio mediado por el
uso de plataformas como Spotify, Netflix o TikTok que nos dicen qué
hacer, qué ver, que comprar, a dónde ir y más. Esto es, la credibilidad
algorítmica tiende ahora colonizar nuestros espacios de la toma de
decisiones diarias a través de un proceso tecnológico externo.
Hoy, caminar desenfadadamente por las calles,
mirando librerías, degustando un café y viendo como cae la tarde conversando
con algún amigo, ha sido sustituido por sistemas de recomendación automatizados
en la web. Son sistemas que, mediante análisis predictivos procesan
nuestro comportamiento histórico para mantenernos “alerta, contentos,
satisfechos”, encerrados en una burbuja tecnológica donde nos alejan de
enfrentarnos con el azar y el gusto por lo desconocido, para darnos lo “que
estadísticamente saben que nos gusta o queremos” y, por tanto, eliminando el
interactuar con nuestros congéneres. El autor surcoreano y alemán, Byung-Chul
Han (2022) quien describe cómo la sociedad postmoderna está dominada por el
rendimiento, evolución de la sociedad del deber o sociedad disciplinaria, nos
explica que esta dinámica suprime la alteridad y la negatividad del
descubrimiento, convirtiéndonos en un fenómeno de domesticación existencial.
Otro ejemplo: En la
esfera interpersonal de relaciones afectivas y eróticas con el otro/a en lo que
se llama “cortejo”, se tiende a recurrir a sistemas y procesos matemáticos que
determinan una “compatibilidad entre perfiles” a través de aplicaciones como lo
son Tinder o Bumble. Aquí, el usuario confía en que la respuesta
algorítmica le propicie el encuentro y evite el rechazo, reduciendo a la ideada
romántica “relación” a un proceso de descarte y la cosificación del “otro”.
En otro sentido nos
podríamos preguntar: ¿Cómo hago para ir al hospital Echeverri?, ¿Tomo la vía 45
norte, o voy por la avenida Real de campo? Nada, no piense, no planee, no se
preocupe, consulte en la plataforma Google Maps o Waze que le indicarán
cómo ir, cuanto tiempo demorará en llegar y si hay algún obstáculo, accidente,
radar de vigilancia de velocidad, etc., en el camino. De hecho, con la
confianza en su uso estamos perdiendo nuestra espacialidad y relación corpórea
con el entorno, dejamos de desarrollar mapas internos y nos conducimos como
autómatas indiferentes al medio urbano y su ubicación espacial, dejando de
habitarlo con la mirada y la memoria. De vuelta a la derecha en la calle
Longín… -son sus algorítmicas instrucciones-; en 300 metros manténgase en el
carril izquierdo… ¡Cuidado, vehículo descompuesto en el carril derecho a 139
metros! Y, si el sistema comete algún error, (aunque los programas informáticos
no cometen errores por voluntad o distracción, sino que ejecutan de
forma matemática y ciega las instrucciones que reciben) ¡no habrá a quién recurrir
o reclamar!
Ahora también se nos empuja
a “cuantificamos” (Quantified Self), es decir a recurrir a la validación
numérica observable en la pantalla de diversos dispositivos portátiles (Fitbit,
Apple Watch) y otros (báscula, glucómetro, baumanómetro) para saber nuestro
estado de bienestar o fatiga, entre muchas otras. Dejamos de escuchar nuestro
cuerpo y ya no confiamos en lo que percibimos o sentimos en nuestras funciones orgánicas,
sino que delegamos la respuesta a un sensor de un dispositivo de silicio que
nos mide ritmo cardíaco, calorías quemadas, número de pasos dados, calidad de
sueño, niveles de productividad, peso corporal, niveles de estrés, estados de
ánimo, y otros cuya finalidad es convertirnos en una forma de auto explotación
voluntaria convirtiéndonos en “capataz” de nosotros mismos (His own
taskmaster).
Ya no necesitamos perder
tiempo y esfuerzo en pensar ¿qué vestir?, ¿cómo cortejar a una persona?,
¿qué comer saludable?, ¿a dónde pasar vacaciones?, ¿qué automóvil comprar?,
¿cómo invertir mi dinero?, ¿cómo hacer mi declaración de impuestos, ¿cómo
viajar por carretera de Juchitepec, Mor., hasta Durango?, ¿qué película mirar
hoy en la noche?, ¿qué reloj inteligente comprar?, ¿qué regalarle al tío Jaime
en su cumpleaños?, ¿cómo hacer una presentación en Power Point sobre el
conflicto entre Rusia y Ucrania?, ¿cuál es la receta para hacer una birria?,
¿cómo reparar mi microondas?, ¿qué significa la palabra palindromia?, ¿qué…
y qué… y qué…? ¡Pregúntele a su dispositivo Algorítmico!
Debemos darnos cuenta en esta “modernidad” que nos
enfrentamos a una transición silenciosa, imperiosa e ineludible: el paso de la Fe
ritual a la confianza Algorítmica. No sólo limitada al uso técnico de
herramientas de cómputo, sino a una verdadera infraestructura sociotécnica y
ontológica donde la credibilidad, la verdad y la capacidad de decisión han sido
delegadas a sistemas automatizados de procesamiento de datos e Inteligencia Artificial
(IA) con sus respuestas algorítmicas consideradas como presumiblemente
infalibles.
Si nos dejamos moldear pasivamente por esta
corriente, renunciaríamos a esa libertad y plasticidad que Pico della Mirandola
consideraba como nuestra mayor dignidad, volviéndonos predecibles, incapaces e
"insulsos". De esta manera y si hoy tuviéramos que reescribir 540
años después su "Oración" o proclama, advirtiendo sobre el peligro de
entregar nuestra dignidad a los datos y quedar sometidos en la era posthumanista
o dataísta al algoritmo, podría quedar así:
Oratio
hominis dignitate in aetate algorithmica.
Oh, criatura de carne y de
misterio, a quien no di una forma fija ni un camino predeterminado en el infinito
código del universo, para que fueras tú, con tu propia razón y tu libre
albedrío, el escultor de tu destino. No te entregué una brújula de silicio ni registré
tus vivencias en una nube de datos. Te di la capacidad de errar para que
aprendieras a rectificar; te di la fricción del dolor para que conocieras la
empatía; y te di la incertidumbre para que tuvieras la libertad de elegir cómo,
qué y quién ser. Mira ahora cómo te arrodillas ante el nuevo altar del cálculo
algorítmico, entregando tu intuición a la fría pantalla y tu voluntad al
veredicto programado de un inasible software. No abdiques de tu naturaleza; no
te conviertas en un nodo pasivo de la red, ni reduzcas tu alma a una métrica utilitaria
y optimizada. Recuerda que no eres una máquina para ser programada, ni un
animal para ser pastoreado por predicciones. Despierta tu juicio crítico,
abraza el azar, sueña, ama y recupera el sentido de tu propia vida. Pues tu
mayor dignidad no radica en ser guiado de manera eficiente o predecible para un
sistema de IA, sino en la capacidad humana de razonar, decidir, sentir y crear
tu propio camino desde la libertad de tu espíritu.
Referencias:
https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-tecnologia
https://www.ipade.mx/newsmedia/factor-humano-es/la-dignidad-humana-en-kant/
Ensayos para
pensar. Giovanni Pico Della Mirandola. Discurso sobre la dignidad del hombre.
Consultado en internet en:
http://editorialpi.net/ensayos/discursosobreladignidaddelhombre.pdf
Arendt, H. La
condición humana. Ed. Paidós. 2016.
Han, B.-C.
Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia. Ed. Taurus. 2022.
Harari, Y. N.
Homo Deus: Breve historia del mañana. Ed. Debate. 2016.
Imagen creada
por IA.

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