sábado, 28 de mayo de 2011

La mujer mexicana


Algunas palabras para la mujer.

© DR. Xavier A. López y de la Peña.



    El retrato de mujer, construido y teñido sobre suelo mexicano, guarda tonalidades diversas, incomprensibles algunas, misteriosas otras, bellísimas también las más, que nos muestran la posición mosaica que a ellas y de ellas se ha dado en nuestra tierra mexicana.
    La mujer en México, como en otras latitudes por supuesto, se reconoce como la del “rostro negado”, la que es un-no-es lamentablemente todavía, desde la perspectiva de muchos. Óptica cultural necesitada urgentemente de anteojos con graduación progresiva, no regresiva.
   ¿Qué o cuál mujer? La de Parácuaro, lindo nombre purépecha, la Cabello de Elote salida de la pluma de Mauricio Magdaleno, que nos muestra el encuentro moderno del extranjero italiano Felipe Galeri con Romana la india de la que nace Florentina, la Cabello de Elote recreando en el horizonte michoacano el vivir de una mujer en su circunstancia particular; una mujer mexicana cincelada por la cultura de su momento.
    Quizá Hortensia Chacón, la mujer descrita por Carlos Fuentes en La región más transparente que aprende a callar desde su más tierna infancia porque quien solicita, pide o abruma -dice-, no es mujer. “La mujer -sigue hablando Hortensia- tiene que esperar sin abrir los labios, esperar su momento de dolor y su momento de que la llamen, sin pedir anticipadamente ese dolor o esa llamada, usted lo sabe; y eso aprendí; no con palabras, le digo, no con claridad, pero sí en el lugar mudo de todo lo cierto”. ¿Quién más con su vida, su entrega, sufrimiento y luchas? ¿Sor Juana Inés de la Cruz enfrentando la terrible opresión y censura eclesiástica para “realizarse”, Doña Josefa Ortiz de Domínguez conspirando por la libertad mexicana? ¿Paula, Encarnación, Margarita, Jimena, Juana, Elisa, Martha, Florencia, Josefina, Mireya, Judith, Eloísa, Cristina, Esmeralda, Claudia, Verónica....? Cualquier mujer.
    La mujer y el hombre con diferencias, pero también, con semejanzas notables, se conflictúan no pocas veces en sus relaciones. Uno y otra se miran y conceptúan divergentemente. Mantienen un choque y una eterna pugna por diferendos culturales. Sí, sólo culturales.
    Los machos y las hembras entre otros mamíferos no pugnan entre sí, de suerte que las leonas son leonas y se comportan como leonas, y los leones son leones y se comportan como leones siempre.           Luego entonces ni las leonas quieren ser leones y comportarse como tales, ni los leones quieren ser leonas y comportarse también como ellas. Cada uno de ellos tiene su “hacer” determinado naturalmente. Sí, porque los animales No tienen cultura. La cultura sólo se da entre los seres humanos y ella, sí es orientada por y hacia un sexo, aquí está el conflicto. Mientras que en los otros seres hay “naturaleza”, armonía, en los seres humanos hay “culturaleza”, provocadora de disarmonía que impone a cada quién, ser humano macho o hembra, un rol determinado que “debe” seguir en su vida para legitimarse socialmente ya como macho o hembra. La lucha y diferendo entre hombres y mujeres hace tiempo, pretende desvanecer estos “debe” (culturales) que señalan diferencias a uno y otro en aras de un “ser” (natural). Podríamos preguntarnos entonces, ¿seremos capaces de modificar la cultura haciéndola unisex?
    Hoy como siempre, hechos de la “culturaleza”, hay casos de hombres que quieren ser “mujeres” y mujeres que quieren ser “hombres” y su comportamiento ya sencillo o complejo les hace llegar a extremos de someterse a cirugías de cambio de sexo; un cambio de sexo morfológico que les provea de atributos exógenos, que no genéticos, compatibles con sus “sentires” ya varoniles o femeniles. La “culturaleza”, en la pugna de la sociedad actual, abriga entonces la esperanza de llegarse a la cultura del ser humano “neutra”. Fuera lo masculino y lo femenino predominante de las leyes, igualdad para unos y otras, mismas oportunidades, obligaciones y derechos.
    La cultura ha sido modelada “masculina” quiérase o no y por muchas razones, este es el escollo, el punto álgido. De allí la terminología que, en el hacer “culturaleza”, acuñó en genérico para referirse al ser humano: homo (hombre) erectus, habilis, faber o sapiens, y nunca en la mulier (mujer) erectus, habilis, faber o sapiens. Hoy se pretende integrar la humanum culturae en general, la cultura sin sexo. Pero ya nos estamos desviando.
    La mujer y el hombre proceden del mismo barro, tienen ojos y brazos, cabeza y pies, un corazón y dos riñones, y genéticamente sólo se diferencian en tener (los hombres) una combinación cromosómica XY y las mujeres una doble X (XX).
    Ambos poseen hormonas tiroideas y suprarrenales y son capaces de comer los mismos alimentos si la “culturaleza” no les hace hacerse vegetarianos adictos a la lechuga y las zanahorias o carnívoros afectos a las “carnitas” o la birria, pero en los dos casos, fanáticos a ultranza. Pero... los modelos finales son diferentes. Distribuyen la grasa corporal de distinta forma, elaboran ciertas hormonas en cantidades, ritmos y a receptores en cantidades diferentes o hacia órganos distintos, poseen un timbre de voz también diverso, su pelo se distribuye de manera desigual en unos y otras, utilizan el cerebro integralmente en forma distinta (Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, ya se sabe), se tienen pene o vagina, y más. ¡vive le difference!
     Tienen en sus semejanzas y en sus diferencias sólo dos posibilidades a ser: hombres o mujeres. El intermediarismo e indiferenciación no infrecuentemente polifacético, terreno áspero en que se sitúan alguno/as, aceptado o rechazado por algunos de nosotros, dejan que la verdadera homosexualidad -como dice Oriol Anguera- una vez que se han roto “las amarras genitales a nivel orgánico, una vez liberadas las restricciones a nivel freudiano, una vez borrada la condena limitante a nivel religioso, una vez instalada la juventud en un ambiente de pornografía, “unisex”, discotecas y música electrónica, la sexualidad se hace múltiple y confusa. Ni homosexualidad pura ni heterosexualidad permanente. Lo grave es que una vez instalados sobre esta plataforma intersexual... Todo se vale. Todo es lícito. Todo apetece. Todo Cansa. Nada apetece. En una palabra: vivimos la época de las neurosis noogénicas, y por ende cosechamos a pasto: Depresiones y delirios. Drogas y alcoholismo. Suicidios y homicidios... ¡Esta es nuestra perspectiva para el futuro!”
    Vivimos una “culturaleza” -digo yo ahora- modernista que llega a legitimar uniones y expresiones contra “natura”, valga otro latinajo, ¡mutatio mundi!, afanada en la búsqueda, aún no lograda, del material genético en ellos/as que sea el que promueva ciertos impulsos altruistas de la humanidad, como sugirió el sociobiólogo Edward O. Wilson.
    Bueno, la aprobación de las preferencias sexuales, bajo cierta óptica, ya establecida por la “culturaleza” actual, que la siga el o la que le guste en tanto que cumpla “cabalmente en todos los frentes del comportamiento humano, [...] porque la alcoba del ser humano no forma parte de la vida pública del ciudadano/a”, como indica Oriol Anguera. Entiendo que a algunos/as les gusten los chocolates, yo, prefiero los caramelos y que cada quien disfrute su golosina.
    Pero regresamos a la mujer. Ella, (con la suma de algunos de nosotros, hombres) lucha por la igualdad enfrentando un mundo modelado con troqueles masculinos.
    La “culturaleza”, con más propiedad, debería entonces también ser llamada “culturalezo”. Enfrenta así dos retos de enorme profundidad y complejidad. Por un lado, el de revertir el mundo masculinizado en un orbe uni-genérico (“culturalez” simple podría denominarse, sin a ni o) y luchar contra sí misma por lograr una congruencia entre su concepción real y legítima de independencia, con su actuar autónomo en un medio hostil. De otro lado, compaginar su particularidad procreativa con su ser en “su” circunstancia. La liberación femenina no pretende enajenar a la mujer su capacidad gestadora ni de negar darle su leche al ser nacido, ¡no!, pretende hacerla accesar al voto (que no se piense que ésta es sólo una simpleza), a compartir y construir con el hombre un mundo nuevo en libertad e igualdad. Pretende retirar de la faz de la tierra el concepto represivo religioso (cristiano, musulmán, etc.) que le representa como un peligro y tentación temibles, o sujeta al hombre como lo dice la Epístola de Paulo a los éfesos (éfesos 5, versículos 22 a 23): Fratres: Mulíeres viris suis súbditae sint, sicut Dómino: quóniam vir caput est mulíeris: sicut Christus caput est Ecclésiae: Ipse, salvátor córporis ejus. «Hermanos: Las casadas están sujetas a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo», y que cursa periódicamente con impurezas. La Eva inductora al pecado, causal de la tragedia humana. Tentación, pecado, suciedad, represión, histeria, frustración y más, unidos al sexo femenino como epítetos descalificadores elaborados e impuestos por hombres necios. La ideología religiosa lo machaca en sus fieles en interminables frases como esta del Corán (Sura II, La Vaca, 228): “Los maridos son primero que sus mujeres, Dios es poderoso y sabio.”
    La mujer tiene el derecho a accesar al fruto del bien y del mal como le plazca, ejerciendo su libre albedrío y mordiendo la manzana que elija con su propia dentadura; dejando en ella su huella marcada con dos cromosomas X por sobre la faz de la tierra y aún más allá, sin nadie por encima que se lo prohíba.
    La mujer utilizada, enajenada y constreñida debe ya quedar atrás y sólo permanece en remanente en algunas sociedades retrógradas y decadentes, o habitando la enteca mente de algunos estúpidos/as.
    Debe ser historia el mundo de la mujer que delineara Gabriel Careaga en su obra Mitos y fantasías de la clase media en México, describiendo a la mujer-objeto mexicana construida y acotada desde la ideología masculina. Debe ser historia también su retroyección con la Coatlicue, la diosa azteca de la tierra que dio vida a Huitzilopochtli (el colibrí zurdo) y de la que, por otras razones, se ha dado la explicación a su supuesto carácter endeble e indefenso; con la Malintzin de Coatzacualco que se dijo traicionara a su pueblo uniéndose al extranjero Cortés, o con la mujer que se raja o se abre en el lenguaje paziano (de Octavio Paz), quien quiera que sea; debe dejar atrás (su brega es por ello) ya la estigmatización impuesta por las religiones y toda la “culturaleza” machista que le enajena en lo familiar, social, económico, político, cultural y estético para decir hoy, uniendo voces como con la de quienes luchan por ello en sus trincheras:

Hoy soy y seré capaz de crear, creer, proponer y de soñar,
de sentir, vivir, discutir, disentir y compartir,
de disfrutar y sufrir también, ¿por qué no?
en libertad, igualdad y con autonomía en el mundo,
con la alegría y el orgullo de ser humanum mujer.

martes, 12 de abril de 2011

Medicina Alternativa


SOBRE LA ACUPUNTURA CHINA*

*© DR. Xavier A. López y de la Peña.

La medicina china es una de las más antiguas y quizá la menos comprendida por la mente occidental por razones varias, entre las que destacan su desarrollo cultural protegido por milenios con un aislacionismo férreo, como queda representado simbólicamente hoy con la Gran Muralla.
Los orígenes de la acupuntura (Tchin-kieu) se pierden en el pasado histórico chino pues se tiene evidencia de agujas de obsidiana y hueso desde el Neolítico en Asia, sin embargo, hay datos que remontan al tiempo del emperador Fu-Hsi (ca. 2900 AC) en que gestaron los conceptos del yang y yin (elementos masculino y femenino) de manera formal y que regulan la actividad del universo con sus cualidades opuestas y que también aplicaban al organismo en cuyo equilibrio radicaba precisamente la salud; Shen Nung (ca. 2700 AC) reconocido como el padre de la herbolaria y la acupuntura y de Wang-ti -el llamado "emperador amarillo"- (ca. 2600 AC) quien escribió el texto de medicina más antiguo, el Nei Ching aún vigente en aquél país y que contiene información muy interesante, además de la acupuntura a la que se dedica el 50% de la obra, sobre el interrogatorio y la exploración física incluyendo la auscultación y la palpación muy detallada sobre el pulso particularmente del que describían más de dos centenares de variantes y 37 matices del color de la lengua.
La historia registra una gran cantidad de médicos destacados en la práctica de la acupuntura, entre ellos Bian Que del Período de los Estados Combatientes (475-221 AC) y Hua Tuo de la dinastía Han del Este (220 AC.-25 DC.) quienes llevaron el sobrenombre de “médicos divinos”. También se recuerda a Wang Weiyi de la dinastía Song quien sobresalió por haber diseñado y ordenado hacer en el año 1027 dos modelos de figuras humanas en bronce, en las que estaban delicada y maravillosamente esculpidos los doce canales principales y colaterales, así como los 354 puntos acupunturales. Estos modelos sirvieron enormemente para las tareas de enseñanza aprendizaje de este arte milenario de la acupuntura china.
La acupuntura (de la traducción china al latín: acus, aguja y punctum, punto) es la práctica médica china consistente en la introducción de agujas muy finas a través de la piel en ciertos puntos especiales por donde se supone que corren ciertos "canales" llamados chin; con ello se pretenden liberar los posibles obstáculos o elementos dañinos que impiden la adecuada circulación de los principios vitales yin y yang alterados.
De la acupuntura ha derivado otro método chino no invasivo, el Ngan-mo (ngan, mano y mo, descanso) que consiste en hacer presión con los dedos -pulgares principalmente- sobre puntos similares a los de la acupuntura y similar a la técnica japonesa del Shiatsu (shi, dedo y atsu, presión).
Las agujas utilizadas fueron en un tiempo de oro (con efecto estimulante) y de plata (de efecto sedante) a las que se les asignaba también un principio yin o yang, hoy substituidas por las de acero inoxidable y se aplican -hay una gran variabilidad- hasta en cerca de 780 puntos que "activan o desactivan" la energía vital llamada chi que va o fluye por los 12 o 14 meridianos o canales que corren por el cuerpo y que corresponden a los órganos internos y las extremidades. Por ejemplo: el meridiano denominado Fey-ching corresponde a los pulmones y se localiza desde la tercera costilla hasta el pulgar y tiene 11 puntos sobre los que se puede actuar con las agujas, sin embargo es muy importante reconocer su localización exacta y para ello se dispone de ciertos atlas o mapas anatómicos que les ubican o se toman y usan medidas correspondientes a los de una pulgada o tsun en cada caso particular.
La acupuntura ha sufrido los embates, aún dentro de la misma China por la influencia de la medicina occidental que pretendió en 1822 por medio del Gran Consejo Médico Imperial eliminarla sin resultados y por el fundador de la República china en 1911, el médico titulado en Hong-Kong Sun Yat-sen quien hizo esfuerzos por implantar la medicina occidental en su país de manera infructuosa.
La revolución china que encabezó Mao Tse-tung y que consolidó a la República Popular China de 1949, amalgamó en 1954 en la Asociación Médica China en igualdad profesional a los chong-yi o médicos tradicionales (de los que había 1:900 habitantes) con los si-yi médicos científicos graduados (1:10,000 habitantes).
La acupuntura ha logrado refinamientos con el paso del tiempo y así, se ha incorporado a su práctica el elemento eléctrico aplicando corrientes hasta de 20 miliamperios a las agujas dando paso a la ahora llamada "anestesia por electroestimulación" con importantes seguidores en China, Japón, Vietnam, Corea y otros países occidentales como Alemania, Francia y Suiza entre otros.
Para la mentalidad occidental que demanda justificar los procedimientos sobre bases fisiopatológicas, los conceptos del yang y yin así como el principio vital del chi son aún incomprensibles y han permeado de forma tan importante la cultura china, que a dado paso a que se cuestione esto mismo en libros de acupuntura de gran relevancia conceptual en Shangai de1971, sin embargo los intensos estudios sobre acupuntura en el campo particular de la anestesia y analgesia, han demostrado que los estímulos producidos por las agujas se transmiten por fibras nerviosas muy mielinizadas o fibras "beta" capaces de bloquear los impulsos dolorosos que en tanto se transmiten por fibras no mielinizadas o "alfa" como evidenció el profesor Chang Hsiang-tung en sus investigaciones del Instituto de Fisiología de Shangai.
También se han aislado vías nerviosas sensitivas con mediciones simultaneas del potencial eléctrico entre la fibra y el electroencefalograma, demostrando que la acupuntura generaba unos impulsos eléctricos capaces de ser bloqueados con el uso de anestésicos locales, hecho que confirma su utilidad y efecto en algunos procesos dolorosos particulares como en 1992 demostraron unos investigadores suizos.
Médicos occidentales han comprobado los efectos de la acupuntura en China y con chinos, en el que su práctica está milenariamente arraigada y se toma, a falta de elementos sólidamente estructurados para la mentalidad occidental, como una artículo de fé independientemente de sus bases nerviosas ya mencionadas; mecanismo que a su vez es capaz de producir ciertas substancias a nivel del sistema nervioso central llamadas "endorfinas" que actúan como analgésicos.
La acupuntura, fuera de los países asiáticos en que su reconocimiento es oficial, tiene un buen sitio ganado en países europeos y americanos como una medicina paralela, alternativa o marginal particularmente en la esfera del control del dolor.
Una investigación en Estados Unidos de América sobre medicinas "no convencionales" estimaba que en 1990 se otorgaron 425 millones de de consultas a 61 millones de norteamericanos por proveedores de estas medicinas -entre ellas la acupuntura-, lo que representó un gasto aproximado de 13.7 billones de dólares. En México no se conoce en cifras la participación que, como medicina alternativa tiene la acupuntura en el terreno de la salud.
Atractiva por exótica, misteriosa y, en algunos casos por simple extravagancia al impulso de lo novedoso, la acupuntura hace presa fácil en el público que recurre a ella en manos de charlatanes y no de verdaderos artistas de esta milenaria medicina china que se redime hoy con la voz de Hsiang-Tung Chang, (Laboratory of Neurobiology, Shanxi Medical University, Taiyuan 030001, China and Neurological Science Institute, Oregon Health and Science University, Portland, OR 97006, USA) distinguido neurobiólogo que estudiara las modificaciones de la plasticidad sináptica de los potenciales de accion dendríticos:

El antiguo arte chino de la acupuntura ha sido colocado ahora sobre una base científica y así se lo ha revivido. Sin duda, conducirá en todo el mundo a un enriquecimiento del instrumental médico en la lucha contra el dolor.

miércoles, 9 de marzo de 2011

De Certezas


CERTEZA E INCERTIDUMBRE

© DR Xavier A. López y de la Peña

“...todo el comportamiento de la materia obedece a las
mismas leyes de la física, sólo que la complejidad creciente
de las diversas ramas de la ciencia y nuestra ignorancia,
hace que utilicemos un lenguaje especial para cada
etapa de la evolución de la materia. De tal modo que el
lenguaje de la química es más vago que el de la física, el de la biología
más vago aún que el de la química y, por último, el de la psicología y
el de la sociología resultan ser los más vagos de todos."

EDUARDO CÉSARMAN, 1974

El mundo de las ideas, en términos muy simples, gira en torno de dos supuestos. Lo que se conoce y lo que se desconoce. Todos nosotros nos manejamos cotidianamente entre ambos extremos. Conocemos el espectro de la luz al descomponerse a su paso por un prisma como demostrara Isaac Newton desde 1666, y que la longitud de onda de la luz roja equivale a unos 6.600 angströms en tanto que la violeta corresponde a 4.600 angströms, que la velocidad de la luz se desplaza a 299.792.458 m/seg, que la tierra pesa 5 977 trillones de toneladas y sabemos también la posición precisa que diversos aminoácidos guardan en la estructura de la insulina humana, la hormona que interviene en la homeostasis de la glucosa. Desconocemos sin embargo, qué es la conciencia y dónde radica, o porqué un grupo ordenado y extraordinariamente complejo de macromoléculas se “activa” en lo que conocemos como “vida” por mencionar sólo unos pocos asuntos.
Un ejemplo sobresaliente para ilustrar este negocio sobre el ordenamiento de lo que conocemos y lo que desconocemos lo tenemos en la historia al recordarnos que, al clasificar los escritos de Aristóteles para darlos a la publicidad en Roma, Andrónico de Rodas, el filósofo peripatético griego del siglo I a.C, tropezó con la dificultad de asignarles un título acorde con el tema que trataban algunos de ellos. Para no quebrarse más la cabeza decidió que los títulos que no se referían a la física, a hechos concretos, se integraran en un grupo aparte bajo el nombre de meta ta physika, es decir, “después de la física” para incorporarse luego en el término conocido por metaphysica. Hoy, la moderna metafísica se acepta como un método, un procedimiento para llegar al conocimiento.
El quehacer diario de la humanidad en su conjunto sigue rigiéndose, sin embargo, entre certezas e incertidumbres. El vivir es decidir constantemente ante la incertidumbre que da la vida. El ser humano antes que ocuparse de sí mismo se pre-ocupa por sí mismo y para ello debe actuar, debe decidir sobre qué, cuándo y cómo hacer alguna cosa. Al preocuparse por qué hacer, y haciéndolo, se ocupa a su vez en construirse a sí mismo.
Preparar la tierra para sembrar maíz a partir de mañana -pensaría un campesino- implica, para el que lo desea hacer, tomar las providencias necesarias para ello, esto es, que se pre-ocupe y, al siguiente día, se ocupe en ello. Debe entonces esta persona tomar ciertas decisiones a seguir: proponerse el levantarse temprano al siguiente día, luego vestirse, lavarse, desayunar algo, proveerse de un recipiente con agua para resistir la temperatura elevada que prevé tener para el día siguiente, tener a mano los implementos necesarios para roturar la tierra, y luego caminar hasta llegar a la parcela que se sitúa a 5 km de distancia, etc. En lo referido, la persona tiene la certeza de lo que habrá de hacer al siguiente día, sin embargo, también existe la incertidumbre de si podrá hacerlo, tal vez porque el cielo se ha visto nublado hace unos días y podría llover, también tiene incertidumbre en saber si se logrará la cosecha del maíz que se propone sembrar porque podrían atrasarse o adelantarse las lluvias, ser muy escasas o abundantes, y más.
La física y la metafísica en sentido amplio, se amalgaman en la vida. Con otras palabras dicho, la certeza y la incertidumbre (principio físico enunciado por Werner Heisenberg en 1927) se reúnen. Lo que se conoce con lo que se desconoce. Lo natural con lo sobrenatural. Lo que puedo con lo que no puedo controlar. Lo que sé con lo que no sé.
El ser humano vive haciendo su propio camino en un mundo de hechos, creencias, ideas y conceptos, preocupado por su futuro entre la certeza y la incertidumbre. Los animales tienen un destino preconcebido y no necesitan preocuparse.
Lo cierto nos da seguridad en tanto que lo incierto atemoriza, sobrecoge en algunos casos extremos y quizá hasta aterroriza. En nuestro hacer cotidiano solemos darles explicaciones a los hechos que desconocemos. Justificamos los hechos o situaciones inciertas de una u otra forma y con ello la angustia se desvanece y recuperamos seguridad, estabilidad, certeza.
Si desconozco porqué la célula cardíaca se contrae rítmicamente y me refiero, no sólo al conocimiento que pudiera tener de los cambios en los potenciales de membrana que en ella se suscitan, de la estructura molecular de sus elementos constitutivos ni de la compleja termodinámica que ello determina, entonces debo asignar a algo la razón qué “explique” porqué la célula cardiaca se contrae y ello puede ser asignado a un fenómeno sobrenatural -metafísico- o justificarlo con un simple “hasta ahora no lo sé, pero es posible que mañana pueda descubrirlo”. Si doy una u otra explicación (válida o no a la luz de la inteligencia o conocimientos de otras personas) a algo que por ahora no sé o desconozco, entonces cede la angustia y me tranquilizo.
En el campo de la medicina suele suceder algo similar. Hace muchos años tuve la oportunidad de leer un libro titulado Curación Cuántica (Quantum Healing, 1989) escrito por el Dr. Deepak Chopra, médico endocrinólogo de origen indio formado en la medicina occidental y orientado en su quehacer profesional ahora hacia la medicina Ayurvédica.
Enfoca de inmediato en su libro el conflicto entre la certeza y la incertidumbre en que el ser humano se desenvuelve al decir que la “base física de la ciencia es muy sólida, “certeza, physica” y, para un médico, sumamente convincente. En cambio, el poder de la mente es harto sospechoso “incertidumbre, metaphysica”.
El título del libro ya es en sí mismo sugerente: Curación Cuántica. Considero que atrae y, de alguna manera, pretende explicar algo hoy inexplicable aparentemente. Ello lo hace a su vez más interesante comercialmente. La curación, que en este caso representa la certeza de que una enfermedad tenida por una persona, se esfuma y, cómo no sabe cómo, le vino en gana darle el calificativo de cuántica en consonancia con los conceptos del físico alemán Max Planck (1858-1947) de 1900 al determinar que la radiación se compone de “cuantos”, ondas-partículas cuyo dualismo demostró ulteriormente el físico Arthur Holly Compton (1892-1962), galardonado con el premio Nobel de Física en 1927. Por cuántica, se refiere al paso de un nivel de funcionamiento a otro superior. El paso o “salto” que se da cuando el enfermo -dice el Dr. Chopra- sabe o intuye que va a curarse, y siente que la fuerza responsable viene de dentro y a la vez no se limita al interior, expandiéndose más allá de sus fronteras personales, hacia la Naturaleza.
Este “salto cuántico” que podríamos decir, del cuerpo (física) a la mente (metafísica) lo reúne también con el término “holístico”, cuyos requisitos cubre de forma satisfactoria -dice también-, la medicina Ayurvédica.
El o los efectos de la mente sobre el cuerpo son, de tiempo atrás harto conocidos. Se sabe que una persona con mente sana tiene por lo general un cuerpo sano. Que una actitud positiva, de superación ante la adversidad o una enfermedad le hace sobrellevarla de mejor forma e incluso superarla. El organismo responde afirmativa o negativamente a nivel inmunológico ante el estrés. El encéfalo, bajo determinadas circunstancias, puede liberar “endorfinas” capaces de controlar el dolor, etc.
No es la medicina Ayurvédica, China, alopática u homeopática la que cura por sí misma. Es la certidumbre, en síntesis, que la persona posee de que tal o cual orientación terapéutica restablecerán el equilibrio entre el cuerpo y la mente para que el sistema inmunológico -entre otros- reaccione favorablemente. A este nivel, las células que conforman el sistema inmunológico no repararán en saber si el médico cree o no en la medicina tradicional o las otras referidas.
En la medicina, como en todos los campos del conocimiento humano no hay nada sobrenatural o metafísico. Quizá no comprendamos ahora todos sus secretos pero a la larga, sus misterios serán revelados. Mientras tengamos alguna incógnita sobre la naturaleza o el universo, seguiremos subsanándola con la explicación que nuestras ideas, creencias, hechos y conceptos generen. La incertidumbre entonces se trocará en certeza y esta sólo será válida a partir de la física. Aún el “principio de incertidumbre” donde se afirma la imposibilidad de reducir el error en la posición sin incrementar el error en el momento, y que ha sido leído a menudo como que el conocimiento científico está a merced de los caprichos imprevisibles de un Universo donde el efecto no sigue necesariamente a la causa, viene a recordarnos que el Universo es más complejo de lo supuesto, pero que sin embargo no es irracional como ha señalado Isaak Yudovich Osimov (1920-1992).
Materia y energía integradas en la naturaleza de manera organizada, se presentan acumulando energía en forma ascendente y jerarquizada.
Cuerpo y mente conforman una unidad de naturaleza física tratando de comprenderse a sí misma.