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miércoles, 8 de julio de 2015

¿Fue el irlandés, Guillén de Lampart, un precursor de la independencia de la Nueva España?

Xavier A. López y de la Peña
Aun cuando algunos historiadores no consideran que sus acciones sean un antecedente directo de la Independencia de México, existe una estatua de este personaje dentro del mausoleo del Monumento a la Independencia en la Ciudad de México. La figura de Guillén de Lampart se le representa atado al cadalso y ubicado de tal forma que parece custodiar los restos mortales de los insurgentes que allí reposan. (https://es.wikipedia.org/wiki/Guill%C3%A9n_de_Lampart) (Andrea Martínez Baracs: Don Guillén de Lampart, hijo de sus hazañas. FCE México. Colec. Centzontle. 2012).
El Instituto Nacional de Antropología e Historia, al hacer una breve descripción de la Columna de la Independencia (México 2010) se refiere así:
ESTATUA CONTROVERTIDA El mausoleo tiene una estatua del irlandés Guillén de Lampart, un oscuro personaje, que se dice que se proclamó Rey de México, por lo que fue condenado por la Inquisición a ser quemado en la hoguera.
Aunque en torno a él existe una gran controversia, tal vez pueda usted considerarlo como un "interesantísimo" antecedente indirecto después de leer el manuscrito que dejó (entre muchos otros) y que a continuación reproducimos:
Autor: Guillén de Lampart. Título: "Proclama por la liberación de la Nueva España de la sujeción a la Corona de Castilla y sublevación de sus naturales"
Manuscrito con fecha de creación entre 1640-1642, en México que pertenece al Patrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey, Biblioteca Cervantina. (El documento original no lleva título, éste ha sido elegido por la BDMx. Paleografía: Larisa González (Biblioteca del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey) y Andrea Martínez, normalizada en su ortografía y puntuación. Referencia: Biblioteca Cervantina, Colección Conway, ff. 40r-47v.)
Fuente: Biblioteca Digital Mexicana (BDMx). Consultado en internet el 22 de junio de 2015 en: http://bdmx.mx/detalle/?id_cod=25
[f. 40 r] [Notas en el margen izquierdo: El derecho ilegítimo a dichos reinos. Causas para deponer al de Castilla y elegir nuevo rey.]
Por cuanto Dios nuestro señor, compasivo de nuestros duelos inhumanos y misericordioso con los que afligidos invocan su divino amparo, ha sido servido con dolo, atento a las justas y piadosas exclamaciones de estos avasallados y rendidos reinos, cuya posesión inicua y conquista injusta, ha más de ciento y veinte años tiranamente tenía usurpado la corona de Castilla, sin más justificación que el pretexto de introducir nuestra santa fe católica en ellos, lo que en ninguna ley positiva divina ni humana se pudo practicar, pues la creencia no supone premio temporal en su predicación, sino eterno, ni puede el gentil ser apremiado con pérdida de sus estados a que se convierta, si él espontáneamente no escucha el divino auxilio, como lo hicieron los apóstoles, sin quitar ni despojar con ese título (caso que resistieran) a nadie de los bienes suyos, mucho menos no resistiendo ni oponiéndose a su conversión como los antiguos naturales no lo hicieron, pues siendo de iure gentium dichos gentiles tan dueños en lo temporal de lo que es suyo, como los cristianos, sin embargo los primeros conquistadores, sin atención a la poca justificación y sin temor de Dios, les privaron violentamente de lo que no podían, con poca seguridad de sus conciencias, reduciéndolos al obsequio injurioso de un príncipe cuya distancia les ha prohibido todo consuelo, y (acumulo) toda inhumanidad. Y aun estando a la vista de los suyos (que legítimamente lo son), se han rebelado con buenas causas, y han procurado y deliberado por mejor morir de una vez en su restitución y libertad, que vivir apremiados, tiranizados y supeditados, según se ha visto en los reinos de Portugal, Cataluña, Navarra, y Viscaya. Y siendo las injusticias que padecen estos reinos, los que en substancia y verdad no son suyos, ni tiene acción legitimada alguna a ellos, más que con poder intruso adquiridos, y siendo las extorsiones de acá mucho mas indefensas, colmadas y gravosas, las de allá las extorsiones allá cometidas, como al fin en reinos tan remotos y tan usurpados, con más razón no sólo pueden, sino deben, estos reinos como más oprimidos y ajenos, sublevarse en la mejor forma y vía que pudieren, como agora, por la misericordia infinita de Dios y socorro de los buenos y leales a la patria, se ha hecho se procura y se pretende hacer. Además que la misma causa en la primera sujeción de estos reinos a la corona de Castilla, proclama según queda dicho al cielo por injusta, también lo demuestran los mismos hechos en tantos años
[f. 40 v] [Notas en el margen izquierdo: Hechos que declaran la ilegitimidad. Los que posean estos reinos viven excomulgados. Pedir absolución a su Santidad. Cualquier caballero puede legítimamente emprender libertar al reino.]
malogrados, por que tantos tesoros que los dichos reyes han adquirido hasta hoy, tantos logros e intereses que los tratantes han usurpado con tantos riesgos, tantas rentas, vasallos, posesiones de los primeros conquistadores, ¿qué fin, qué reinos, qué medros se han visto por justos juicios de Dios alcanzados? Ningunos, antes mendigan dichos conquistadores y sus descendientes, atenidos a que los virreyes les provean el más vil oficio de justicia que hay en dichos reinos sólo porque no mueran de hambre y aún eso no alcanzarán. Las flotas, perdidas las más veces, y cuando hayan llegado a España, más dueños son los reinos extranjeros que los españoles que lo beneficiaron; y de esto el mundo es testigo. Ni lo que hoy en día han afanado los padres, llegan a gozar los hijos, por haberse fundado sobre cimientos ajenos y violentamente usurpados. Y a estas razones se allega otra, no de menos eficacia y evidencia: que es que, por lo mesmo tiranamente poseído, forzosamente habrán incurrido no solo los reyes de Castilla sino los dichos conquistadores y moradores de estos reinos, excomunión del cielo in fo… interiori, aunque no fuese expresamente fulminada contra ellos, a lo menos tácitamente cayeron en la censura como los que usurpan, hurtan o retienen contra la voluntad de sus dueños lo que es ajeno. Además apenas hay persona en estos reinos que no vive por sí y por lo común descomulgado por sí, como retenedores de bienes y sacrilegios, robos o deudas, que cada día incurren en dichas censuras , sin género de escrúpulo en la restitución por lo común. Fuera de lo alegado, desde la violencia execrada de los virreyes y atrevidos amagos suyos y por consiguiente del vulgo, y sus secuaces, en oponerse a los santos arzobispos y atreverse a quebrantar los fueros y las inmunidades de las iglesias, con suma irreverencia y desacato a Dios y a su Iglesia y santos ministros. Por cuyas causas y motivos será forzoso acudamos luego a Su Santidad, como hijos fieles y obedientes suyos, dándole lo uno la obediencia debida, y lo otro suplicándole nos absuelva de dichas censuras y excomuniones generalmente y a todo el reino, que estando en gracia y privanza con Dios, toda nuestra monarquía y aciertos tendrán dichoso fin y florido aliento. Prevista ya la tirana posesión e injusta de la Corona de Castilla, y su lábil acción a estos reinos por vía de poder intruso (causa más que urgente) para poner en ejecución y práctica cualquier celoso caballero su restauración y restitución, y adjudicarlo a los que tienen voto para elegirle espontáneamente por su príncipe, que los gobierne en paz y los defienda en guerra, y los premie en ambos. También hay
[f. 41r] [Notas en el margen izquierdo: Aunque los reyes poseyeren bien estos reinos se pueden ya quitar y aun se deben y por qué? Elección verdadera y segura, y legítima. Lastimoso estado de los eclesiásticos. Nuevas razones de nueva elección. Los seglares rematados]
otros fundamentos, casi tan precisos y aun más, para obligar a todos a deponer los reyes de Castilla de estos reinos, admitido ya que fuesen legítimos poseedores de ellos, lo que nunca fueron ni podrán ser, aun haciendo la misma deligencia que agora nosotros, porque siempre en lo moral se reputara por violenta (como los que mandan) cualquiera deligencia aparente que hicieran. Y es cierto que si dejara en la elección libre de los naturales de estos reinos el escogerlos, o no, de nuevo por su Rey; caso que echaran mano de otro, procurarán de nuevo sujetarlos por armas y quedando siempre en pie su injusticia. Lo que en nosotros no tiene verosímil ni consistencia igual, por cuanto mediante el consentimiento de los propios naturales, que son los que solamente en esta elección tienen voto substancial como propietarios, y todos los demás son no más que accidentales, y adyacentes, seremos elegidos con toda equidad y espontáneo consentimiento general, dándonos la posesión y el dominio como en agradecimiento de restituirles a su libertad y a su derecho antiguo. Además de las causas relatadas en oposición tan evidente de la retinencia actual de estos reinos en la corona de Castilla, también militan otros absurdos que cualquiera de ellos es bastante [para] anular el derecho, si lo tuviere, muy justificado. Pues estos míseros vasallos viven reducidos a tan mortal dolencia de servidumbre, que el que más libre le parece es más cautivo, entre tantas pensiones envuelto, y sujeto a tantas calamidades de la codicia, honor, poderío y agravios. Tomemos el origen de los santos eclesiásticos y religiosos tan ofendidos cuanto quejosos, pues carecen del premio que sus letras, méritos, sangre y santidad merecen, lo uno por lo remoto, lo otro por el logro y simonía que contra el derecho positivo divino y humano se recibe en la provisión de dignidades eclesiásticas sin atención a los méritos, a que se allega el sentimiento universal a todos los de sangre noble, de virtud adquirida, de letras eminentes, por verse defraudados de lo que con toda equidad les tocaba, y aun los mismos enteresados a veces desesperan en lo que con tantas ansias y solicitud de tiempo y dineros alcanzan, por la dilación grande en la corte de España y luego la espera forzosa de la confirmación y títulos de Su Santidad, lo que agora se remedia, pues con solo el despacho de Su Santidad y nuestro nombramiento se alcanza conforme los méritos y calidad de cada uno. Los seculares y conquistadores totalmente exhaustos y mendigos, sin nombre, premio ni honor por sus hazañas, supeditados de los más abatidos logreros, con la diferencia del tesoro e interés, sin que la nobleza ni virtud halle el abrigo que el cielo y los español
[f. 41 v] [Notas en el margen izquierdo, abajo en la página: Prosiguen las raras conveniencias de nuestra fuerzas]
es políticos ordenan. Los republicanos consumidos entre funestos duelos, pues les tienen impedido el trato en otros reinos, con embargos, contrabandos y penas capitales, y cerrado menos que sea con España donde forzosamente obligan, y la misma necesidad constriñe se compre por mil lo que apenas vale uno. Puesto estar privados de otro consuelo, y aun si en estas vejaciones y tiranías pararan los desdichas, fueran más tolerables, antes el poco trato concedido está cargado con tantas gavelas de tributos, pechos, alcabalas, y otros millares de dolores, reducidos ya los pueblos a tanta calamidad, desnudez y hambre que ya boquean desesperados, mudos y atónitos en sus miserias lastimosas. La justicia y puestos honoríficos de la república (tiranía jamás antes vista, ni oída), en venta y puesta, despojado el limpio, recto, y benemérito vasallo de lo que las leyes y la misma república estableció para su premio, y consentió que los reyes de Castilla, como administradores, los repartiesen a los beneméritos no como propio sino común a todos, entendiendo que no se redujera a tiranía lo que era de justicia. También las audiencias, y la equidad de ellos por la tolerancia y soberbia, por el logro y la codicia de algunos ministros de ellos, se han reducido en todos estos reinos a behetrías, cohecho y poder insufrible, sin que el pobre ni desvalido alcance ningún consuelo, porque sólo el poderoso es el amparado: el latrocinio, la maldad, el vicio, el sacrilegio defendido, y si el hurto no es importante a desperdiciar cohechos, muere no por lo que hurtó, sino por lo poco, pues no alcanzó para repartirse entre los jueces interesados. La inocencia por cárceles, fugas, retraimientos y molestias perseguida. La pasión con dibujo de cristiandad y celo paliada. El desagravio ni la justicia contra quien gobierna sin remedio en su apelación, porque aunque se llegue la queja y antes que se oiga el dolor, y después de substanciado el duelo, se compra y se rescata con el cohecho. Todo el reino entre tributos, desperdicios, gavelas y vicios submergido y anegado. Todo es confusión, incendio, alboroto, tiranía y crueldad impía. Las sangrías exorbitantes que cada flota de veinte, de diez y ocho, de quince millones cuando menos, se entresacan de los reinos a los de España, dejándolos unos sin substancia, y no augmentando a los otros en ninguna contingencia. Que retenido tan extendido tesoro entre nosotros, aunque sea tarde, viviremos los mas poderosos del orbe, pues dejando el comercio libre a todas las naciones, sobraran azogues y otros géneros. Que son muy pocos los que nos faltan, puesto que vino, aceite y otras menudencias se dan mejor en estos reinos que en otros ningunos. Las sedas se augmentarán negado el trato con Castilla y aplicaránse los ociosos al trabajo en este y otros infinitos
[f. 42r] [Notas en el margen izquierdo, abajo: Prosiguen las raras conveniencias de nuestras fuerzas.]
géneros que por Castilla se prohíben. Además que será forzoso que China tenga su comercio en pie, pues es Castilla más enteresada en eso que nosotros, por la plata y prevención de pólvora y munición, que su costa se le entregará en cambio por sus sedas. Fuera de que mandaremos armar naos que traginen a otra ciudades de China no sujetas a Castilla, y será doblado el logro y la ganancia y la total ruina de Filipinas si nos niega el comercio. Y con esto hasta las calles públicas bañarán en plata y riquezas. Y para nuestro patrocinio y defensa, nosotros solos somos bastantes contra el poder del orbe mediante el divino auxilio, sin el amparo de otro alguno de la Europa. Y dado que intentara el de Castilla reiterar su injusta pretensión en recobrar estos reinos, el de Francia, Inglaterra y el portugués, sólo por darles paso libre al contrato con nosotros, tienen capitulado socorro cuando sintieren cualquier movimiento leve en España. Lo mesmo Venecia y Holanda, con que descansadamente podremos vivir sin ningún recelo. Y cuando todos negaran (lo que fuera imposible) el ayudarnos, nuestras propias fuerzas tan unidas y con tres presidios solos defendemos la mayor parte del orbe todo. Y lo que ayudó mucho al precipicio total hasta agora son los alaridos, quejas y lágrimas de estos pobres naturales, así caciques y principales como republicanos y plebeyos, que no sólo viven despojados de sus haciendas, posesiones y tierras, sino míseramente tiranizados y condenados a repartimientos, como si fuesen no libres, sino esclavos de los esclavos mismos, que también les señorean; y expuestos a feudos y tributos viles, obligándoles por vía de fuerza, sin pagarles el trabajo corporal (siquiera), a que en minas, labores, desagües, haciendas, trapiches, perpetuamente sirvan, sin consentirles que sean señores de lo que a ellos solos les tocaba, antes se han rendido al trabajo. Qué pena de tanta tiranía, habiéndose muerto y consumido más de doscientos millones de ellos desde la conquista, lo que ningún piadoso pecho podrá escuchar sin enternecerse del ahogo grave: debiendo en toda buena razón ser ellos señores a lo menos igualmente con nosotros, ya que no mayores, pues es suyo el reino. [Notas en el margen izquierdo: La inicua esclavitud de los merejos [¿?] y mulatos] La mesma aflicción y pena causa la tirana esclavitud de tanto número de negros, mulatos, berberiscos y otros infinitos ramos que penden de estos troncos, cuyo derecho de naturaleza está usurpado, con poco temor de Dios, por los españoles, pues de libres que los crió Dios, les reducen a la mísera esclavitud y servidumbre, pena la más fatal, pues antepónese la libertad más dulce y amable de la misma vida, igualándolos con los brutos ani
[f. 42 v] [Notas en el margen izquierdo: Muchos emperadores de bajo suelo. Cuenta su real sangre y declara ser hijo del serenísimo rey F.]
males en el aprecio y maltrato, siendo como son criados y redimidos y capaces de la misma gloria como nosotros; y siendo asimesmo cristianos y miembros católicos de la iglesia, están privados de lo que es más estimable que la vida el vivir, que es la libertad y por consiguiente es lo que más vale. Lo que también Y esto bien y forzosamente aclama y conmueve la piedad divina a que alguna vez se apiade de su aflicción severa y esclavitud tan dilatada, condoliéndose de tantos afanes y sirviéndose de mitigar tantas y tan colmadas penas, libertando estos reinos y vasallos, de estas y otras infinitas tiranías como agora se pretende y se ejecuta. Por tanto Dios nuestro señor, por cuya mano y poder infinito son elegidos los príncipes y son nombrados los reyes sin atención a los linajes ni prosapias sino a los incomprehensibles secretos suyos, pues entre los étnicos y gentiles tenemos ejemplares vivos de esto mesmo, que sólo en lo moral de sus acciones pudieran alcanzar premio temporal y no eterno. ¿No subió de esclavo la fortuna a emperador a Pertinax? Marino y Máximo, no alcanzaron el cetro siendo herradores? No fue Filipo emperador, habiendo sido antes ban-[ilegible] del arado? ¿Al imperio no se levantaron los toscos pero valientes emperadores Aurelio, Maximino y Hércules? Valentiniano y Valente, hijos de padre cordonero, no señorearon el imperio romano? ¿No fueron dueños de la diadema Justino y Justiniano, los dos bueyeros? Mauricio y Teodorico, emperadores, no fue notario aquél, tendero ese otro? Isaurico, Traulo, Basileo, Macedonio, todos de humilde aliento pero dueños del orbe por su virtud y ajustado gobierno? y con otros infinitos. Luego dado que en nos no concurriera tan heroica sangre como hoy blasonan los reyes, poco importara, mientras el cielo con su poderosa mano y nuestra virtud alcanzara el remedio pretendido. Cuanto y más teniendo como tenemos embebecido en nuestras venas por linea paterna y materna la más real sangre de los reyes de la Europa, siendo hijo supuesto de los ilustres y heroicos barones de Guesfordia, cuya real prosapia desciende de los reyes godos, longobardos y iberos, princes rey de la Viscaya. Pero soy hijo verdadero del serenísimo príncipe y señor don Felipe tercero, que Dios haya, y de la ilustre señora condesa de Riff, que pasó con el barón su marido a la corte el año de mil y seiscientos y trece, que condujo a su costa mil infantes irlandeses a España y pasó con ellos a Flandes donde, volviendo a Madrid con su esposa, fue Dios servido llevarle para sí en el camino, habiendo sido casado antes con la Ilustre señora condesa de Media, dejando a mi madre de pocos años, y de peregrina beldad llegó a la corte
[f. 43 r]
viuda, y pidiendo licencia de volver a su patria Su Majestad el rey mi señor se enamoró de su hermosura, con tan honesto recato que nunca fue sabido sino con gran secreto, como al fin amor de semejantes príncipes. De cuyo vínculo estrecho nací yo, año y medio después de muerto el barón tenido por mi padre, que por el honor que se incubriese salió de España y parió en Irlanda, recibiendo cartas amorosas cada dos meses de Su Majestad recomendando mucho la persona de su hijo, que deseaba ver tiernamente, diciendo que si acaso Dios le hubiera llevado antes de tener ya edad yo para verle me viese, que encargaría mucho mi persona y le comunicaría de secreto (como por los efectos hizo) al príncipe su hijo el rey Felipe Cuarto, para que entendiese la hermandad y la obligación, y me tuviese en igual respeto que los demás hermanos, atendiendo a la real e ilustre sangre no sólo de mi padre sino de mi madre. Y fue dios servido llevar para sí a los cinco años de mi edad al Rey mi señor, y llegando yo a edad de nueve años me envió mi madre y señora a otros reinos (como es uso y costumbre de los grandes señores) a aprender varias lenguas. Y pediéndola con todo secreto mi hermano el rey Felipe cuarto que me remitiese a España en conformidad de lo que le había comunicado el rey su mi padre y señor en su enfermedad de muerte. En cuya conformidad, pasando yo por Francia y embarcándome desde la ciudad de San Malos, me cogió el enemigo pirata, y entendiendo por algún camino quién yo era, a lo menos de parte materna por relación de los de la nao, me hizo general de sus cuatro galeones, de edad de catorce años y menos. Y gasté dos años y medio en ese género de vida forzada, hasta que los reduje al servicio de la corona de España en el puerto del Dean en el reino de Galicia, y llevándolos al santo oficio de la inquisición de Santiago fueron absueltos de sus herejías (los que lo eran) sirviendo yo de intérprete para confesarlos y enseñarles en persona la cristiana doctrina, que eran cuatrocientos y cincuenta y dos personas y cuatro galeones con treinta y dos piezas de artillería cada uno con otro. Y sabiendo Su Majestad la persona que había llamado quién yo era, ignorándolo yo hasta el año de treinta y dos que mi madre y señora me lo envió a decir con el príncipe de Vetonia mi tío, siendo colegial mayor ya en el real y milagroso de San Lorenzo, habiéndolo sido antes en el de los niños nobles del hábito de Cristo, el cual me mandó con todo sigilo que guardase mi secreto hasta que el Rey mi hermano lo publicase, con los favores que empezó a hacerme como lo hizo hasta hoy, y me dio las cartas de mi madre y señora con algunas para ella en esa conformidad del Rey mi padre, que hoy guarda el dicho mi tío el príncipe de Vetonia del consejo de guerra de Su Majestad, de la llave dorada del hábito de Calatrava, comendador de Carrión, mayordomo de Su Majestad y maese de campo de un tercio de irlandeses en la
[f. 43v] [Notas en el margen izquierdo, de arriba abajo a lo largo de la página: cierto [ilegible] Acompaña al infante cardenal a Flandes Batalla de Norlenga Embajada a Venecia Sirve en el estado [ilegible] con el conde duque Entra en Fuenterrabía y otras cosas Recibe embajadas Dispone la facción de Irlanda Justa queja contra el rey]
ocasión de Fuenterrabía y otros. Y viendo Su Majestad los medios a mi alcance o por ponerme a riesgos de la fortuna, me mandó salir de mi colegio y acompañar al infante cardenal a Flandes, visto mi estudio y experiencia en materia de fortificación y escuadras. Obedecí, y marchando saliendo de Milán [ilegible] do del infante mi hermano, no por noticia de mi persona nuestro parentesco sino por natural simpatía de los dos, y semejanza en todo; y porque también mis talentos ayudaban me honrase cuando otros títulos me faltaran. Llegamos a Norlenga donde nos aguardó el enemigo el rey de Suecia y los confederados heréticos de Alemania. Juntose con nosotros en rey de Hungría y emperador de Alemania. Y estando para dar batalla aquel día, dispuse yo los escuadrones con el padre Gamoso de la Compañía de Jesús mi maestro en las matemáticas, de donde se siguió ganar la más célebre victoria oída ni alcanzada, matando veinte y dos mil enemigos con pérdida de doscientos hombres solos. A la vuelta de España, antes que llegué, me envió orden Su Majestad de pasar con embajada a Venecia. Obedecí, no me [palabra ilegible] –ron por mozo, volví, entregáronme los papeles de estado y la privanza del conde duque. Hice prodigiosos servicios en lo secreto del estado, levanto a mi costa doscientos infantes, bajo a Fuenterrabía a mi costa, entro con el primer socorro de doscientos infantes estando cercado con veinte y siete mil enemigos, hago salidas, asisto en todo, vuelvo a la corte, recibo (entre otras muchos embajadas para oírlos por orden de Su Majestad) la embajada de los príncipes y señores católicos de Irlanda piden socorro de Su Majestad para sacudirse del yugo tirano del inglés, vista la buena ocasión de la rebelión de Escocia. Juntose dos de cada consejo sobre el caso, que se propagó por mayor para mayor secreto. No saben dar salida a tan difícil empeño, aflígese el Rey, y pido que a mí solo se remita, como se hizo. Despuse el negocio igualmente grato a ambos reinos, y en la forma accidental de anticiparse ellos con las instrucciones políticas, que ellos mismos, vista la ocasión tan despuesta y próspera, se levantaron sin ayudarse del Rey. Entonces me hizo [ilegible] dilatados de dos títulos de maese de campo y otras muchas infinitos [ilegible], así hábitos como títulos de capitán y ayudas de costa, calidades y condiciones grandes, etcétera. Y había de salir yo en persona a levantar dos mil y cuatrocientos irlandeses para lo despuesto en secreto. Suspendió Su Majestad mi ida, y en vez de acabar de descubrir mi persona, cuando no hubiera merecido por mi sangre sino por hazañas tan portentosas hazañas en mis tiernos años, me desterró a estos reinos, seguiendo la razón de estado del conde duque, con achaque de que informó el marqués de Cadereyta que esta ciudad estaba rebelada y que importaría mucho mi persona para lo que se ofreciere
[f. 44 r] [Notas en el margen izquierdo: Razón de estado del Rey en desterrarme. ejemplo del [ilegible] epílogo [ilegible] queja justa y lastimosa]
con todo secreto y esto sin que nadie lo entendiese, y pasase como otro cualquier postajero con la disimulación y recato que convenía a la recomendación de Su Majestad, con dos fines: el uno para informar del estado de entonces: y el otro de la prosecución y del gobierno del marqués de Villena. Y todo era no más que pretexto para deslumbrarme de no llegar a conocer mi igualdad, ni que tuviese ocasión para que nadie me lo dijese, pues temían mis aplausos, mis hazañas, mis aciertos, mis talentos en materias del estado, mis ardides en la guerra, y todo junto con la alteza de mi sangre pudiera urdir algún desconcierto, y más habiendo recibido yo tan notorios agravios en privarme tantos años de los privilegios y grandeza que me tocaban. Y esto por antojo y capricho de solamente dos. Como el príncipe Segismundo había padecido antes aún con su propio padre, crédulo de los astros, lo que después se verificó seguro pues se vengó de él, venciéndole y desposeyéndole del reino justamente en recompensa del agravio recibido, porque le negó el ser que él mismo le había dado, porque le fue pronosticado había de vencerle y rendirle a sus plantas. Que a no haber dado la ocasión el padre, nunca la hubiera ejecutado el hijo. Fundados pues el rey y el conde duque en esa lábil e inconstante razón de estado, y yo de la otra parte paciente, sufrido, y disimulando hasta que, apiadándose de mi opresión y agravio el cielo. Jamás he dado que entiendan sino que soy quien dicen mis informaciones mandadas hacer por Su Majestad cuando entré en dichos colegios. Después que llegué a estos reinos, sin haberse Su Majestad lastimado de mis fatigas siempre tan obedientes, y sin cuidar aún de mi natural sustento, mucho menos de mi lucimiento, que contradice en su opinión y en la mía con mi empleo, he padecido los más colmados duelos no digo que príncipe ha sufrido, sino el más anichilado esclavo, sin atreverme a formar mi queja ni mi penuria a nadie, ni tampoco darme a conocer más que lo que mis méritos naturales pregonan, y eso a muy pocos, porque todos se admiran de mis prendas acreditadas con mi poco premio. Que si el conde ha intentado que imite yo los pasos de su don Julián, está muy engañado y ha de saber vive con engaño y sepa la grande diferencia que hay de príncipe a vasallo avillanado, habido de otro vasallo en mujer casada de sangre baja, y él casado con otra de su porte y divorciado sin equidad por el brazo de quien priva; que a tanto se atreve a mi me entierre tan oprimido y aun muerto como a don Carlos, si el suyo
[f. 44 v] [Notas en el margen izquierdo: Remedio El poco amor que Su Majestad muestra a estos reinos. Refuta la disposición de marqués de Villena Razones persuasivas de desengaños a los vasallos]
que estaba yo capaz de mi dicha y sangre y si yo no hubiera lo que he disimulado con tanto valor en mi propio ahogo en los y agravios recibidos de aquel tirano, y mi hermano el Rey (que lo es igual) pues pudiendo y debiendo, no lo quiso remediar, y debiéndome remedió, antes [ilegible] ofensivo a su grandeza y [ilegible] a su persona, habiéndome hecho tan amable en su servicio como si hubiera nacido sin obligaciones, por sólo darle gusto solamente. Aquí es la universal ruina de todos: de que una y otra vez a vosotros vasallos pido os apiadéis no de mí, aunque la misma causa os lo pide, sino de vosotros mismos que corréis igual fortuna y peligráis en igual diferencia. Y habiendo yo informado de la paz y serenidad de los reinos, y del agravio hecho a tan leales vasallos en el informe siniestro del marqués de Cadereyta, intendiendo que el rey había de mostrarse agradecido a estos reinos en honrarlos, apenas proveyó una carta de consuelo y satisfacción de su seguridad, lo que claro está causaría a todos no digo desconsuelo, sino desesperación continua, conforme mi amor a vasallos tan dóciles y tan liberales, según aborrece mi natural ver tiranías, injusticias ni absurdos, avisé del intempestivo gobierno del marqués de Villena con todo rigor y esfuerzo. Conseguí los intentos que deliberé en lo político de mi razón de estado, fundado siempre en la justificación de las causas e intentos sanos, juzgando lo uno merecía el despojarle del gobierno; lo otro, estando él en posesión como quien vendía tantos ahogos patrocinios, me fuera más defícil asegurar a vista de su ejercicio mis intentos y vuestros desahogos. Porque parece se inclinaba con previas disposiciones a anticiparse; aunque ni tendría ánimo, valor, prudencia ni consejo para emprender negocio tan defícil y arduo, como quien ignoraba lo uno, la acción de Castilla a estos ayunos; y lo otro, como quien estaba más honrado que agraviado con estos ayunos con el la posesión de este gobierno. Y como al fin me lastime ver que afligiese también a los vasallos de estos reinos, y no tenía la acción inmediata de mi sangre para la empresa, antes quizá le acobardaba la ausencia de su hijo y el recelo de la pérdida de sus estados, caso que su dicha no conseguiera lo que el cielo tenía para mí guardado. Esto presupuesto, ya veis que los virreyes nuevos cada uno como gente limitada procura agradar a mi hermano con tiranizaros más, y cada día irá en disminución vuestra grandeza, y cuanto más dilatáis vuestra libertad, tanto más os arrimáis al precipicio. Y aunque en el último aviso el Rey me escribió con su mano y letra y en el penúltimo lo mesmo, y el conde duque y su se
[f. 45 r] [Notas en el margen izquierdo: Me hacen marqués de Cropani y superintendente de los asientos reales Resolución excelsa Protestación a Dios nuestro señor Al santo oficio de la inquisición]
cretario Pedro López de Calo en respuesta de las anteriores mías y en conformidad de nuevas ocurrencias me dieron cuenta, o para animarme a vivir desterrado, o para deslumbrarme más, de cómo me habían hecho marqués de Cropani, título en Italia y superviviente de los asientos reales, puestos para quien no naciera igual, y mejor que el infante don Juan de Austria, y con mucho mayores ventajas de la parte materna, como al fin igual con las princesas de mayor calidad. Luego este mismo agasajo no sirve de mayor afrenta y agravio mío, y de mayor desperdicio del veneno descubierto de tan poderosos enemigos nuestros? En cuya consecuencia el cielo fue servido inspirar ánimos y darme fuerzas y vigor, y prudencia para disimular tan atroces agravios, hasta este tiempo en que por divino y soberano impulso, y por medios y auxilios del cielo celestiales, he dispuesto tomar las armas, y con ellas por la vía más pacífica y piadosa posible, sacudir el grave yugo y tiranía que padecen estos reinos, dando libertad a todo género de oprimidos y relevando a todos de cualesquiera opresión que padecieren, en la forma y manera con las calidades y previlegios que se siguen. Y porque ante todas cosas es bien afianzar en Dios nuestros intentos buenos, protestamos vivir y morir en la santa fe católica de nuestro señor Jesucristo Dios y hombre verdadero, rindiendo con toda reverencia nuestros cuellos al suave yugo de su ley sacrosanta que profesa la santa madre iglesia católica apostólica romana. Y en su nombre prestamos la debida obediencia a su vicario nuestro muy santo padre Urbano Octavo, pontífice máximo que Dios guarde, según y cómo nuestros predecesores catoliquísimos en tantos siglos han hecho, reverenciando así mesmo en esa parte al santo oficio de la Inquisición, confirmando y corroborando su santo instituto para siempre jamás en estos reinos, a cuyo santo tribunal en nombre de la iglesia haremos voto solemne de defender hasta la muerte con todos nuestros reinos la santa fe católica. Y nuestros sucesores han de hacer y cumplir lo mesmo, so pena de ser privados de los reinos y de la acción hereditaria a ellos mediante la espontánea elección por voz común de todos. Lo segundo, porque juzgamos, y es cierto que para tener legitimada posesión, y derecho sin escrúpulo, nos y nuestros herederos, es necesario vencer y libertar estos reinos y vasallos por fuerza de armas, los cuales reducidos a pacífica unión y vasallos
[f. 45 v] [Notas en el margen izquierdo: Protestación al reino. Edictos favorables a todos estos reinos. No haya impuestos ni pechos. Los asentistas sean libres. Que aunque en estas materias nadie podemos admitir mejor, habiendo cuenta nuestra larga experiencia en negocios de gobierno todavía, para mayor acierto en todo, deseo haya consentimiento y comunicación de los interesados mismos, pues será fuerza que lo miren con el mismo celo y lo voten con el mismo aliento.]
[ilegible] líquido y seguro protestamos juntar cortes para que, visto por conveniente y necesario, en remuneración y premio de nuestro trabajo y con atención a nuestro valor, nos elijan por su Rey y príncipe y a nuestros sucesores, o al que mejor les pareciere, con advertencia que en dichas cortes igualmente han de tener voz y voto los naturales, y los libertados, como los españoles. Lo tercero. Hacemos notorio a todos que desde luego mandamos publicar y publicamos que en adelante sean desmembrados y apartados de la corona de Castilla todos estos reinos de la gran América y sus adyacentes, sin obedecer a otro príncipe que al que fuere elegido a su tiempo , so pena de incurrir la indignación sonora. Y en esta conformidad al presente mandamos revocar y revocamos, y anulamos todo género de tributos, pechos, alcabalas y nuevas imposiciones, dejando a la voluntad de todos, una nueva orden suave y moderada de derechos reales para la defensa general de todos y lucimiento de su príncipe, y por agora libre lo realengo y los caídos para las defensas de todos. Asimesmo absolvemos esta ciudad de México (caso no se oponga a su libertad) de todo género de alcance que tuviere y que debiere, así ella como los particulares y asentistas, y corran en lo adelante fijos, menos que sean imposiciones, de que la hemos relevado para siempre jamás. El comercio sea libre y sin derechos sino en la forma dicha, todo cuanto no fuere gravoso vaya corrientemente, diezmos y quintos de minas, y lo que el consulado y la ciudad nombre del reino juzgaren por conveniente, encargándoles sea muy moderado. Que también dispongan el consulado y la ciudad leyes de buen contrato y gobierno, y con qué naciones parece conveniente? Y enteresable que nombren y propongan embajadores para Roma, Francia, Venecia, Holanda, Portugal, y Irlanda. El tributo de los naturales se suspenda luego, y de los demás comprehendidos no haya repartimientos, pero no cesen de trabajar para sustentarse y a la república así españoles como ellos como españoles y demás gente, so pena de la indignación y castigo nuestro. Y los que tuvieren dependencia con España en el comercio y correspondencia, lo prosigan por la mejor vía que pudieren, caso fuere necesario y provechoso, por no defraudar a nadie ni ser defraudados. Pero no ha de haber nadie que de hecho pueda recibir cargazón de allá, ni enviarlo tampoco, que la que hubiere sea por via de cambios y no más. Y esto podrá ser por mano de las demás naciones que contrataren con nosotros, o por la de los peruleros porque no falten restituciones de una y otra parte.
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Lo cuarto. Sean luego al punto libres cuantos esclavos hubieren en estos reinos si ellos se que se levantaren para su defensa y libertad, los cuales sin eximir a nadie de ninguna condición ni calidad de ellos, agora sea bozal, agora ladino, en adelante conforme sus servicios y hazañas será tan capaz de premios, títulos, encomiendas, hábitos, señoríos y oficios así de mar como de tierra, así de la república como del gobierno, como los mismos españoles, y conforme el ingenio y la aplicación de los demás que se aplicaren a cultivar la tierra y ser labradores se les dará tierra y lo necesario, haciéndoles señores libres de ello. Lo sexto. Que los españoles que desde luego con sus personas, séquito y esclavos, salieren al augmento y defensa de su libertad, no solo quedarán en posesión de los estados, haciendas, posesiones que hoy tienen, sino que también, aunque dichos esclavos sean libres por nuestro edicto y su propio valor, se les ha de dar no sólo equivalente satisfacción de sus esclavos ya libres, sino mucho más aventajada, fuera del premio que merecieren dichos españoles en cualquiera cosa o forma que pidieren. Lo séptimo. Que los esclavos y aun libres de este género que luego al punto no se pusieran en armas a la voz de la libertad para siempre jamás lo sean ellos, sus hijos, descendientes y posteridad, sin que haya rescate ni cláusula de testamento que los pueda libertar, los cuales se irán comprando por nos y nuestros sucesores, aplicándoles para minas, obrajes, labores, haciendas y otras obras serviles, pagándonos por su trabajo personal, con que serán dejados a nuestros sucesores como cosa realenga por vínculo de mayorazgo de la Corona. Lo octavo. Los españoles de cualquiera condición o calidad que sean, que no sólo no se oponen, sino que personalmente no ayuden actos que en la ocasión se hallaren a esta justificada libertad de todos, sean reputados y tenidos por miembros viles, y desposeídos de toda cuanta hacienda, puestos, dignidades, fueros, previlegios, y tenidos por incapaces de ningun premio, como hoy tienen ellos a los esclavos, y que sus hijos y descendientes sean tenidos por inhábiles de ningún derecho a premio ni puestos, y expulsos siempre a las fronteras chichimecas, como opuestos al augmento propio y de su libertad, y desde luego se elistarán, para que sean notorios enemigos a Dios y a su grandeza. Lo nono. Los españoles que desde luego, con sus personas y séquito, salieren y fueren asistentes, y ayudaren a esta santa conspiración y libertad universal, además de que se les dejará la pacífica posesión de todo cuanto hoy gozan y poseen, juntamente se les augmentarán sus estados y dignidades conforme los méritos de cada uno, con títulos de condes, barones, marqueses, duques, caballeros, y otras honoríficas y provechosas dignidades, dándoseles pueblos, rentas y encomiendas, oficios o preeminencias para el lucimiento de cada uno, conforme su dictado y obligaciones. Lo décimo. Que todos los puestos, oficios o dignidades proveídos por el Rey de Castilla estén en la forma que hoy, con su fuerza y vigor, por el mismo tiempo y término que fueron concedidos y con los mismos fueros , caso que los tales no se opongan al intento y libertad, y si no ayudaren viéndose en la ocasión. Y si algún oficio o puesto llegara a consumirse como el de tributos, que se quita por que no habrá tributarios, se les será restituido otro más honorífico y más interesado. Lo undécimo. Los españoles que en el principio de esta facción,
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y los naturales libertados o libres, que fueren sin género de caudal y pobres, serán dueños con igual repartimiento de toda la hacienda, así moble como raíz, de los que se opusieren a ellos, y de sus oficios públicos, y tenidos ellos y todos sus descendientes por nobles y hidalgos de solar conocido para siempre jamás, y caso que no hubiere oposición serán premiados muy a su contento y nuestra satisfacción. Lo décimo. Los naturales que prueben ser defraudados de sus haciendas desde la conquista hasta hoy, serán restituidos. Y los que en esta empresa se mostraren leales y deseosos de su libertad serán premiados. Y los caciques, nobles y caballeros de ellos que con su persona, gente y hacienda asistieren y adelantaren esta empresa, serán premiados con títulos de marqueses, duques, condes, barones, con hábitos, grandes del reino y otras mercedes, conforme los méritos de cada uno, con los mismos fueros y preeminencias que los españoles, capaces del lucimiento de carrozas, libreas, espadas y demás cosas, sin excepción alguna. Lo trece. Lo mesmo de los demás géneros de gente de cualquiera calidad o condición que sea, sin que en adelante haya desigualdad en lo tocante a ser capaz del premio merecido en ninguno, como hemos dicho, pues todos son libres y hijos de su hazañas en adelante, y capaces así en lo eclesiástico como en lo secular y milicia como los españoles. Lo catorce. Que porque sigue grave desconcierto a la república y al avío de lo necesario en tan breve libertad y tan repentina de los esclavos, y mucho detrimento a los vasallos que en las haciendas, trapiches, obrajes y otros empleos tienen impuesta su esperanza y remedio de todo, que padecerá con la ausencia de los que manejan, trabajan y alientan estos empleos, y luego será forzoso sentir grave desconsuelo en la pérdida a su parecer de los esclavos, mandamos que si los dichos dueños de las haciendas, obrajes, labores, o los amos de los oficiales luego al punto empezaren a pagar su trabajo personal como a libres que lo son, irán a asistir sin atreverse nadie a maltratarlos, pegarlos, herirlos, azotarlos, ni otra acción más que despedirlos si no son a propósito, como a españoles al fin. Y los amos, como hemos dicho, que se mostraren a tiempo defensores de esta libertad, serán recompensados en la pérdida de sus esclavos en más que equivalente restitución, aunque la compra no fue legítima pues como no lo fue la venta, pero escusaremos quejas ni agravios que lo parecen aunque no lo son. Lo quince. Los naturales que luego no acudieren a redemir su ve…ción de todas partes de los reinos, se quedarán tributarios y sujetos a los repartimientos, y los esclavos que no acudieren asimesmo con sus personas, administrando a nuestro ejército víveres y comida, a los cuales se les ha de pagar, y lo mismo los indios quedarán esclavos y los hijos que de ellos nacieren. Y los dueños que les impiden, además de
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perderlos serán castigados a su tiempo y ellos serán esclavos. Y las indias que no hicieran lo mismo, sus hijos serán tributarios también, aunque sus maridos acudan a su obligación, porque es es justo que desempeñen algún trabajo, pues participan también del provecho y libertad, grandeza y comodidad de todo. 16°. Los naturales, libres y libertados, si merecieron hábitos se les darán con bastante lucimiento y hacienda para sustentarlo, y sus informaciones se harán sin escrúpulo alguno, pues es notorio no participar ellos de ninguna raza judaica ni herética. Y los españoles que lo merecieren tendrán por nuestra dispensación licencia de hacer sus informaciones aquí en estos reinos, sin pasar a los de Castilla, y lo suplicaremos después a Su Santidad se sirva de concedernos las mismas bulas, gracias y indulgencias como al de Castilla, y facultad de nombrarlos y confirmación de los dados. Asimismo las informaciones, y para el Santo Oficio se harán con exacción aquí y los demás. 17° Que los beneficios eclesiásticos, obispados, canonicatos, arzobispados y cuanto toca al de Castilla el nombramiento, en adelante nos tocará a nosotros. Y actualmente corren pues Su Santidad los confirma por bien nombrados, y los vacantes nos tocarán en adelante. Que las doctrinas se vuelvan a los religiosos en la forma y manera en que estaban, y sean perpetuamente suyas. Y la limosna que les tocaba de vino y aceite, en habiéndolo cese por como fruto de la tierra, cese y se conmute en raíces que nombraren, para su sustento y gastos de sus capítulos generales. 18°. Que porque necesito de las santas oraciones de los siervos de Dios para que mediante ellas logren mis intentos el deseado fin, para su mayor servicio pido y suplico a todas las comunidades, así religiosos como religiosas, intercedan con su divina Majestad me alumbre y me encamine para mayor honra y gloria suya, y libertad y bien de estos vasallos. Y porque todo se encamine con más efecto, hago voto y promesa ante Dios nuestro señor de dar renta y señalar patrimonio a los conventos más pobres y necesitados en todo el reino como patrón suyo, y costear cada un año cien doncellas pobres y honradas, o ya por mí o por mi intervención, y esto mientras viviere. 19° Que los estados del marqués del Valle sean confiscados como inicuamente poseídos, y si hubiere legítimos herederos vivos y constare serlo, se les sea vuelto a cada año lo que le tocare, y mientras se averigüe se reparta a los beneméritos que en esta facción se señalaren. 20° Que suspenda su comisión el arzobispo electo de visitador general, y sean sueltos y perdonados cualesquiera delincuentes, y abiertas las cárceles públicas para que libremente salgan. Y lo mismo los pre
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sos por el santo oficio de la inquisición, menos los rebeldes y obstinaces en sus errores contra nuestra santa fe católica, y los relapsos sentenciados se ejecuten. Los demás sean sueltos y anotados por si reinciden, para que el santo tribunal proceda contra ellos. Que los oidores, alcaldes de corte y ministros de audiencias proveídos de Castilla en toda la Nueva España ejerzan sus oficios mientras hubieren, y pidan nuevos favores conforme sus méritos, letras, justicia y calidades. 21. Que los que fueron oficiales reales en propiedad sean de nuestro consejo de hacienda, los oidores sean del consejo real, los alcaldes sean oidores para nueva chancillería, los alcaldes de corte que se han de nombrar irán subiendo conforme sus méritos, y los demás pues de títulos y grandes de estos reinos se nombrarán conforme sus méritos y hazañas en estos empleos. Por tanto, atendiendo a la infinita misericordia de Dios nuestro señor y a la intercesión de su bendita madre nuestra señora, que nos alienta y inspira a esta justificada y heroica facción, amonestamos y exortamos a todos, de cualquiera calidad que sean, que con toda paz y tranquilidad se reduzcan a la razón y justificación propuesta. Y serán premiados con suma grandeza. Y obrando en lo contrario será forzoso (aunque con sumo desconsuelo de nuestro corazón, tan inclinado a la clemencia y benignidad y liberalidad), proceder con el furor militar que en estas ocasiones es permitido, y procurar reducirlos por armas. Que no se puede conseguir menos que poner a riesgo manifiesto las vidas, que en nosotros que lo seguimos será de premio eterno por juntarnos con la verdad y piadosa hazaña como sacudir el tirano yugo que tantos y tantos afligidos pueblos padecen. Y en los que resistieran no sólo peligra la salud temporal de la vida entre las armas sino la de la eterna, por cuanto intentan interrumpir la equidad y la verdad, el sosiego y la paz pública y el común descanso de todos. Lo que el cielo no permita, pues hemos visto ejemplos manifiestos de buen y de feliz acierto desde el principio del mundo hasta hoy con los que animan y emprenden semejantes hazañas deregidas al consuelo universal de todos, que se encamina primeramente al mayor servicio de Dios, para que sus criaturas le sirvan con mayores veras, como más libres, más contentos, más dueños de sus causas, más refrenados del vicio y más alentados a la virtud y justicia, que mediante el buen gobierno se alcanza. Bendita sea su divina majestad que así lo ordena, en honra y gloria suya por siglos de los siglos. [posible firma, borrada con tinta].

lunes, 8 de junio de 2015

Precursor de la independencia en México.

En la Biblioteca Digital Mexicana, puede accederse al documento que en la Nueva España escribió el inmigrante, conspirador, soldado, revolucionario y poeta místico irlandés Guillén de Lampart entre los años 1640-1642, hasta hoy en lo general, un olvidado precursor de la independencia de México. Dicho manuscrito lleva por título:
Proclama por la liberación de la Nueva España de la sujeción a la Corona de Castilla y sublevación de sus naturales.
Este personaje murió en la hoguera en 1659 en la ciudad de México, por desafiar a la Inquisición al promover este movimiento insurreccional en la Nueva España, para separarla de la Corona de Castilla y con ello emancipar a indios, esclavos y castas.
Patrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey, Biblioteca Cervantina.
http://bdmx.mx/detalle_documento/?id_cod=25&codigo=folio46a

viernes, 27 de julio de 2012

Quetzalcóatl

QUETZALCÓATL, EL DADOR DE VIDA.
© DR. Xavier A. López y de la Peña
La práctica de la medicina en México tiene, indudablemente, raíces profundas en el conocimiento precortesiano tanto sobre la salud como sobre la enfermedad como lo demuestra como sencillo ejemplo el de que ciertos problemas de salud provengan influidos por el frío y la humedad. La historia así, nos lleva a comprender en la medida de las posibilidades éste tan prolífico tema. La historia de la medicina no busca simplemente conocer las “bases” de tal práctica con el propósito de hacerla “muy interesante” a secas, a quien a esto se asomen, o para satisfacer el interés meramente histórico de los conocimientos de los hechos del pasado en relación con la medicina a los que de ello se ocupen, sino que al penetrar en las entrañas (o cuando menos intentarlo) del llamado Ticiotl o arte médico precortesiano entre nuestros antepasados, se ofrezca una luz hacia las raíces de nuestra práctica médica actual por un lado, y sea la fuente de conocimiento acerca de muchísimas inquietudes sobre las propiedades medicinales de tantos elementos, casi todos vegetales, provenientes de la herbolaria precortesiana tan poco estudiada y apreciada aún. Fray Juan de Torquemada hacía referencia a que la historia ... “es un beneficio inmortal que se comunica a muchos: ¿Qué depósito hay más cierto y más enriquecido que la historia? Allí tenemos presentes las cosas pasadas y testimonio y argumento de las por venir. Ella nos da noticia y declara y muestra lo que en diversos lugares y tiempos acontece. Los montes no la estrechan, ni los ríos, ni los años, ni los meses, porque ni está sujeta a la diferencia de los tiempos ni del lugar. Es la historia un enemigo grande y declarado contra la injuria de los tiempos, de los cuales claramente triunfa. Es la reparadora de la mortalidad de los hombres y una recompensa de la brevedad de esta vida...” El tímido asomo que haremos a este Ticiotl o arte médico precortesiano tiene la intención de sembrar la inquietud hacia nuestro pasado, cimentar aún cuando superficialmente la raigambre de nuestro mestizaje cultural y demostrar el amplísimo panorama alcanzado en materia médica por los pueblos que conformaron la cultura Náhuatl. La investigación sobre los hechos del pasado necesitan indiscutiblemente, para su adecuada apreciación, ubicar los acontecimientos dentro del marco de referencia social, cultural ideológico y otros acorde con la época y, para ello, las fuentes más útiles aún cuando no necesariamente las mejores, las obtenemos de los escritos del siglo XVI. De una forma muy simplista podemos resumir el contexto histórico del desarrollo cultural náhuatl como base a la interpretación de su medicina, en que el ordenamiento material tenía como base el régimen militar, y el espiritual el teocrático. Así, la gestación de la práctica médica y el desarrollo alcanzado hasta el tiempo de la llegada de los españoles se desenvolvió en un continuo luchar, conquistar y domeñar tierras y hombres, amalgamando las tradiciones, costumbres, ideologías, conceptos, artes y técnicas de las culturas de otros pueblos mesoamericanos, desde el momento mismo del establecimiento del imperio azteca, militar por excelencia, en Tenochtitlán y guiados en su largo peregrinar por el implacable dios Hitchilopochtli -colibrí zurdo-, el dios de la guerra. Nace entonces el lazo de la lengua náhuatl y se fortalece el Ticiotl, el arte y la técnica de la medicina que nos darán a conocer los historiadores; recios conquistadores y pacientísimos sacerdotes principalmente. La espada, la cruz y la pluma (en este mismo orden) se enfrentaron en un choque ideológico-cultural portentoso, cuna de nuestro mestizaje y a la luz de la cultura europea con fuerte sabor medieval que, si bien es cierto que sus apreciaciones serán un tanto distorsionadas, constituyen la principal, sino única fuente de información para el conocimiento de la medicina náhuatl. No trataremos de “racionalizar” la medicina precortesiana a la luz de nuestros conocimientos actuales sino que dejaremos que sean sus obras ya en escultura, pintura o escritos las que nos muestren por sí mismas, las ideas que sobre salud y enfermedad imperaban en la época. “El hombre ejercía la práctica médica -nos dice el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán- en la edad adulta, en tanto que la mujer lo conseguía hasta pasada la menopausia, una vez libre de la impureza derivada de partos y menstruaciones”. La figura del que se ocupaba de restaurar la salud que pudiera ser comparable al chaman, nombre que se da en el ámbito antropológico al médico-brujo, podría estar dentro de la descripción que hace de él Fray Bernardino de Sahagún: “El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendedor, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador, y por ser inhábil, el lugar de sanar, empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aún a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas”. El ejercicio de la práctica médica se heredaba de padres a hijos de acuerdo a las declaraciones del Dr. Francisco Hernández, protomédico de las Indias en su obra Historia Natural de la Nueva España y la enseñanza pudiera decirse más formal (el pueblo tenía un amplio conocimiento de las propiedades medicinales de múltiples elementos de la naturaleza) se llevaba a cabo en el Cálmecac ya que también el propio Bernardino de Sahagún refiere que en estos templos había unos sátrapas ya médicos o ministros. Ciertamente que aún y a pesar de las ideas supersticiosas y mágicas, el conocimiento adquirido a través de la experiencia les había llevado a realizar procedimientos como el siguiente en referencia al tratamiento de las fracturas: “Las quebraduras de los huesos de los pies, curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli, y la de la tuna que deberá ponerse en la quebradura del pie, y envolverse, y atarse con algún lienzo o paño, y después de puesto, se han de poner cuatro palitos o tablitas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuertemente con algún cordelejo, para que de esta manera salga la sangraza, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro porque no se pudra la herida; y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después de este tiempo, se ha de echar una bilma de ocozótl con polvos de la raíz de maguey, con alguna poca de cal y sintiendo alguna mejoría, podránse tomar algunos baños”. Las sangrías representaban un insuperable remedio terapéutico ya realizado como elemento único o combinado en el que se utilizaban con frecuencia puntas de maguey y cuyo simbolismo no tenía únicamente el fundamento (como el europeo) de ayudar así a la eliminación del agente morboso, sino que representaba en sí misma una ofrenda a los dioses rememorando el auto sacrificio de Quetzalcóatl, fuerza positiva del panteón Azteca que dio origen a la humanidad presente según esta descripción que nos hace llegar en versión del ilustre nahuatlato, el padre Ángel Ma. Garibay Kintana:
“Luego deliberan los dioses, Dijeron: -¿Quién habrá de morar? Consolidóse el cielo, se consolidó la Señora Tierra, ¿quién habrá de morar en ella, oh dioses? Todos ellos se preocuparon. Pero ya va Quetzalcóatl, llega al reino de la Muerte, al lado del Señor y la Señora del Reino de la Muerte. Al momento les dijo: -He aquí por lo que he venido. Huesos preciosos tú guardas: yo he venido a tomarlos. Pero le dice el rey de los muertos: -¿Qué vas a hacer, Quetzalcóatl? Y éste de nuevo responde: -Preocupados están los dioses de quien ha de habitar la tierra. El Señor del Reino de la Muerte dice: -Bien está, tañe mi trompeta de caracol y cuatro veces llévalos en torno de mi redondo asiento de esmeraldas. Pero como el caracol no tiene asa, llama luego a los gusanos. Ellos le hicieron muchos agujeros por donde al instante, entraron avispones y las abejas nocturnas. Una vez más dice el Señor del Reino de la Muerte: -¡Bien está, toma los huesos! Pero dice a sus vasallos los muertos. -¿Decidle aún, oh dioses, que ha de venir a dejarlos! Pero Quetzalcóatl responde: -¡No, para siempre los tomo! Pero su doble le dijo: -Diles: ¡Los vendré a dejar! Y Quetzalcóatl va a decirles, y a gritos les dice: -¡He venir a dejarlos! -Ya con esto subir puede, ya toma los huesos preciosos. En un sitio hay huesos de varón, en otro sitio, huesos de mujer: los coge, los hace fardo, y luego los lleva consigo. Pero otra vez dice el Señor de los Muertos a sus vasallos: -¡Dioses, de veras se los lleva, los huesos preciosos! Venid y ponedle un hoyo. -Ellos vienen a ponerlo: él azotó en el hoyo y cayó, azotó en tierra consigo, lo espantaron las codornices, cayó como un muerto, y con ello desparramó por tierra los huesos preciosos, lo mordisquearon, lo picotearon las codornices. Mas pronto se recuperó Quetzalcóatl, llora por lo sucedido y dice a su doble: -Doble mío, ¿cómo será esto? Y él dice: -¿Cómo será? ¡Pues cierto se echó a perder, pero sea como fuere! Y luego ya los recogió, uno a uno los levantó, y con ellos hizo un fardo, y los llevó a Tamoanchan. Y cuando a Tamoanchan llegó, ya los remuele Quilaztli, en un lebrillo precisos hecha los huesos molidos, y sobre ellos su sangre sacada del miembro viril echa Quetzalcóatl y luego todos los dioses hacen penitencia y por esto dijeron luego: “Nacieron los merecidos de los dioses, pues por nosotros hicieron penitencia meritoria”.

lunes, 18 de julio de 2011

Lenguaje Náhuatl



Nuestro lenguaje olvidado.

© DR. Xavier A. López y de la Peña


Tlacatle tlatoanie ca ye otimotequili,
ca ye otimotlacotili,
ca ye ompopouh ca ye on ixtlauh in itcoca in imamaloca in matzin in motepetzin...


La traducción de las líneas iniciales escritas en náhuatl, forman parte del Huehuetlatolli o “pláticas de los ancianos”, a partir del manuscrito MPM 4068.J83 de la Biblioteca de Bancroft de la Universidad de California, en Berkeley E.U.A. que nos ofrece el padre Ángel Ma. Garibay Kintana (1943), y dice así:
Señor Rey, pues ya cumpliste con tu encargo, ya has trabajado como esclavo pues ya se realizó se cumplió el gobierno el mando de tu ciudad... Cuando se desconoce una lengua, el contenido de sus escritos resulta enigmático, fascinante e indescifrable y limita en gran medida el acercamiento al “conocimiento” que se nos brinda. El conocerla al fin tras denodados esfuerzos, resulta en una explosión de belleza inconmensurable y representa la llave que abre el cofre del tesoro de ese conocimiento inscrito en caracteres mucho tiempo atrás ignorados. Con ello, un jirón más del ropaje cultural de la humanidad con un tejido otrora desconocido tras el que se ocultaban celosamente, tanto el artesano como el telar y su entorno, ha sido dado a la luz.
Otras veces, tenemos el conocimiento -por ejemplo- de que en el México prehispánico los sacrificios humanos como ofrenda a los dioses eran practicados como parte de un ritual de enorme trascendencia y, creo que para muchas personas, el conocer que sobre la piedra de los sacrificios el sacerdote abría el pecho del sacrificado para extraerle el corazón palpitante aún es algo familiar.
El padre Fco. Javier Clavijero se refería a éstas prácticas diciendo que “el empleo más considerable del sacerdocio y el acto principal de la religión de los mexicanos eran los sacrificios que hacían para merecer algún favor del cielo o en acción de gracias por los beneficios recibidos.” Sin embargo, no hay como las representaciones ideo-gráficas que nos ofrecen los códices para resumir, en unas cuantas figuras, tan enorme concepto con nombre y apellido -si se me permite decirlo así- de los protagonistas como podemos ver en la figura de arriba a la derecha tomada del Códice Selden A, pág. 12 que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Oxford:
En ella se observa -basándonos en la interpretación realizada por el Dr. Hermann Beyer- que, sobre una “faja con almenas se asienta un techcatl o una piedra de sacrificio y sobre ella y de espaldas, a una víctima tendida. El sacerdote o ministro conocido generalmente como topiltzin que se encarga de la ejecución, apoya su cuerpo hendiendo con un cuchillo el pecho de la víctima abriendo una herida de la cual brota abundante sangre. Ambos personajes tienen sus nombres inscritos a la derecha con numerales e ideogramas que representan fechas del calendario; el hombre ritualmente sacrificado lleva el nombre de “13-ciervo” y el sacerdote el de “9-casa”. En la parte superior de la figura se observa la imagen de un dios solar recibiendo el corazón y sangre de la víctima llevada hasta él por dos figuras mitológicas: en la mano-garra de una águila al lado derecho, y en la mano de una deidad con caparazón de tortuga al lado izquierdo.
La “piedra del sol”, o “calendario azteca”, (imagen de arriba a la izquierda) es un monumento pétreo dedicado al culto solar cuya parte central se representa en las monedas de 10 pesos actuales. Esta obra del artífice prehispánico fue encontrada en 1790 al sureste de la actual Plaza de la Constitución en México, D.F. y por un tiempo se exhibió en el costado poniente de la torre occidental de la Catedral Metropolitana, hasta que en 1885 se llevó y guardó en el Museo Nacional de Antropología en un lado del Palacio Nacional. Hoy, esta soberbia pieza ocupa un sitio de honor en el Museo Nacional de Antropología e Historia de Chapultepec, y es considerado uno de los monolitos más conocidos sobre la cultura mexicana en el mundo.
Aparentemente esta piedra fue labrada en tiempos del rey Axayácatl, sexto rey de México, en el año de 1479 y estaba colocada en el Templo del Sol. Su contenido ideo-gráfico simbólico sin embargo, sigue siendo ajeno a muchos de nosotros a pesar de rodar en nuestras manos impresionado como moneda y utilizarle frecuentemente en nuestras transacciones comerciales.
Si le observamos detenidamente y quizá con la ayuda de una lupa, veremos que la parte central está representada por un rostro, reconocido hoy como tonatiuh el numen solar quien lleva en la frente una banda adornada con 3 chalchihuites , la central con forma de corazón. Se observa que Tonatiuh tiene así mismo la boca abierta simbolizando que de él emanan los rayos de luz y el calor que da vida a la tierra y de ella también sale su lengua transformada en un cuchillo de sacrificio, el tecpatl o “cuchillo de pedernal” como si se mostrase ávido de incidir sobre el pecho de los mortales para recibir de ellos el manjar de su corazón y su sangre: su “vitalidad”.
A la izquierda y derecha de la imagen de tonatiuh se observa una “garra” transformada en fauces que devoran un corazón y, complementando el marco se aprecian cuatro figuras rectangulares (Nahui-Ollin -cuatro-movimiento-) representando a los 4 soles, ya perdidos y que antecedieron al actual “quinto sol” central.
Arriba a la izquierda está Ehecatonatiuh , “el sol del aire” representando a Quetzalcóatl , el norte como punto cardinal y con el símbolo de tecpatl (pedernal) para significar que los vientos eran tan cortantes como el filo de un cuchillo. A la derecha y arriba está Tlaltonatiuh o “sol de tierra”, cuyo punto cardinal es el sur, su elemento la tierra y el símbolo es el tochtli (conejo). Abajo a la derecha está Atonatiuh “dios de agua” cuyo punto cardinal es el oriente, su dios Tezcatlipoca y su símbolo Acatl (caña) y la estación el verano. Por último abajo a la izquierda Tletonatiuh o “sol de fuego” representado por el dios Tonatiuh, punto cardinal poniente, estación del año que representa es la primavera y su símbolo calli (casa).
De esta manera y de forma muy sencilla, hemos apreciado que las obras artísticas del pasado prehispánico perduran grabadas en nuestras monedas -como la que analizamos- como una liga en el continum del saber con nuestros antepasados, en un vínculo temporal, aunque poco nos demos cuenta de ello.
Con la ayuda de la lupa también, si no se tienen buenos ojos, podrá leer con facilidad en los billetes de 100 pesos, al lado derecho (izquierdo en los billetes pequeños más recientes) de la figura de Netzahualcóyotl, el rey poeta hijo del soberano Ixtlilcozhitzin Ome Tochtli y de Matlalcihuatzin, uno de sus poemas más sobresalientes:

Amo el canto del zentzontle,
pájaro de cuatrocientas voces.
Amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores.
Pero amo más a mi hermano el hombre.

sábado, 28 de mayo de 2011

La mujer mexicana


Algunas palabras para la mujer.

© DR. Xavier A. López y de la Peña.



    El retrato de mujer, construido y teñido sobre suelo mexicano, guarda tonalidades diversas, incomprensibles algunas, misteriosas otras, bellísimas también las más, que nos muestran la posición mosaica que a ellas y de ellas se ha dado en nuestra tierra mexicana.
    La mujer en México, como en otras latitudes por supuesto, se reconoce como la del “rostro negado”, la que es un-no-es lamentablemente todavía, desde la perspectiva de muchos. Óptica cultural necesitada urgentemente de anteojos con graduación progresiva, no regresiva.
   ¿Qué o cuál mujer? La de Parácuaro, lindo nombre purépecha, la Cabello de Elote salida de la pluma de Mauricio Magdaleno, que nos muestra el encuentro moderno del extranjero italiano Felipe Galeri con Romana la india de la que nace Florentina, la Cabello de Elote recreando en el horizonte michoacano el vivir de una mujer en su circunstancia particular; una mujer mexicana cincelada por la cultura de su momento.
    Quizá Hortensia Chacón, la mujer descrita por Carlos Fuentes en La región más transparente que aprende a callar desde su más tierna infancia porque quien solicita, pide o abruma -dice-, no es mujer. “La mujer -sigue hablando Hortensia- tiene que esperar sin abrir los labios, esperar su momento de dolor y su momento de que la llamen, sin pedir anticipadamente ese dolor o esa llamada, usted lo sabe; y eso aprendí; no con palabras, le digo, no con claridad, pero sí en el lugar mudo de todo lo cierto”. ¿Quién más con su vida, su entrega, sufrimiento y luchas? ¿Sor Juana Inés de la Cruz enfrentando la terrible opresión y censura eclesiástica para “realizarse”, Doña Josefa Ortiz de Domínguez conspirando por la libertad mexicana? ¿Paula, Encarnación, Margarita, Jimena, Juana, Elisa, Martha, Florencia, Josefina, Mireya, Judith, Eloísa, Cristina, Esmeralda, Claudia, Verónica....? Cualquier mujer.
    La mujer y el hombre con diferencias, pero también, con semejanzas notables, se conflictúan no pocas veces en sus relaciones. Uno y otra se miran y conceptúan divergentemente. Mantienen un choque y una eterna pugna por diferendos culturales. Sí, sólo culturales.
    Los machos y las hembras entre otros mamíferos no pugnan entre sí, de suerte que las leonas son leonas y se comportan como leonas, y los leones son leones y se comportan como leones siempre.           Luego entonces ni las leonas quieren ser leones y comportarse como tales, ni los leones quieren ser leonas y comportarse también como ellas. Cada uno de ellos tiene su “hacer” determinado naturalmente. Sí, porque los animales No tienen cultura. La cultura sólo se da entre los seres humanos y ella, sí es orientada por y hacia un sexo, aquí está el conflicto. Mientras que en los otros seres hay “naturaleza”, armonía, en los seres humanos hay “culturaleza”, provocadora de disarmonía que impone a cada quién, ser humano macho o hembra, un rol determinado que “debe” seguir en su vida para legitimarse socialmente ya como macho o hembra. La lucha y diferendo entre hombres y mujeres hace tiempo, pretende desvanecer estos “debe” (culturales) que señalan diferencias a uno y otro en aras de un “ser” (natural). Podríamos preguntarnos entonces, ¿seremos capaces de modificar la cultura haciéndola unisex?
    Hoy como siempre, hechos de la “culturaleza”, hay casos de hombres que quieren ser “mujeres” y mujeres que quieren ser “hombres” y su comportamiento ya sencillo o complejo les hace llegar a extremos de someterse a cirugías de cambio de sexo; un cambio de sexo morfológico que les provea de atributos exógenos, que no genéticos, compatibles con sus “sentires” ya varoniles o femeniles. La “culturaleza”, en la pugna de la sociedad actual, abriga entonces la esperanza de llegarse a la cultura del ser humano “neutra”. Fuera lo masculino y lo femenino predominante de las leyes, igualdad para unos y otras, mismas oportunidades, obligaciones y derechos.
    La cultura ha sido modelada “masculina” quiérase o no y por muchas razones, este es el escollo, el punto álgido. De allí la terminología que, en el hacer “culturaleza”, acuñó en genérico para referirse al ser humano: homo (hombre) erectus, habilis, faber o sapiens, y nunca en la mulier (mujer) erectus, habilis, faber o sapiens. Hoy se pretende integrar la humanum culturae en general, la cultura sin sexo. Pero ya nos estamos desviando.
    La mujer y el hombre proceden del mismo barro, tienen ojos y brazos, cabeza y pies, un corazón y dos riñones, y genéticamente sólo se diferencian en tener (los hombres) una combinación cromosómica XY y las mujeres una doble X (XX).
    Ambos poseen hormonas tiroideas y suprarrenales y son capaces de comer los mismos alimentos si la “culturaleza” no les hace hacerse vegetarianos adictos a la lechuga y las zanahorias o carnívoros afectos a las “carnitas” o la birria, pero en los dos casos, fanáticos a ultranza. Pero... los modelos finales son diferentes. Distribuyen la grasa corporal de distinta forma, elaboran ciertas hormonas en cantidades, ritmos y a receptores en cantidades diferentes o hacia órganos distintos, poseen un timbre de voz también diverso, su pelo se distribuye de manera desigual en unos y otras, utilizan el cerebro integralmente en forma distinta (Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, ya se sabe), se tienen pene o vagina, y más. ¡vive le difference!
     Tienen en sus semejanzas y en sus diferencias sólo dos posibilidades a ser: hombres o mujeres. El intermediarismo e indiferenciación no infrecuentemente polifacético, terreno áspero en que se sitúan alguno/as, aceptado o rechazado por algunos de nosotros, dejan que la verdadera homosexualidad -como dice Oriol Anguera- una vez que se han roto “las amarras genitales a nivel orgánico, una vez liberadas las restricciones a nivel freudiano, una vez borrada la condena limitante a nivel religioso, una vez instalada la juventud en un ambiente de pornografía, “unisex”, discotecas y música electrónica, la sexualidad se hace múltiple y confusa. Ni homosexualidad pura ni heterosexualidad permanente. Lo grave es que una vez instalados sobre esta plataforma intersexual... Todo se vale. Todo es lícito. Todo apetece. Todo Cansa. Nada apetece. En una palabra: vivimos la época de las neurosis noogénicas, y por ende cosechamos a pasto: Depresiones y delirios. Drogas y alcoholismo. Suicidios y homicidios... ¡Esta es nuestra perspectiva para el futuro!”
    Vivimos una “culturaleza” -digo yo ahora- modernista que llega a legitimar uniones y expresiones contra “natura”, valga otro latinajo, ¡mutatio mundi!, afanada en la búsqueda, aún no lograda, del material genético en ellos/as que sea el que promueva ciertos impulsos altruistas de la humanidad, como sugirió el sociobiólogo Edward O. Wilson.
    Bueno, la aprobación de las preferencias sexuales, bajo cierta óptica, ya establecida por la “culturaleza” actual, que la siga el o la que le guste en tanto que cumpla “cabalmente en todos los frentes del comportamiento humano, [...] porque la alcoba del ser humano no forma parte de la vida pública del ciudadano/a”, como indica Oriol Anguera. Entiendo que a algunos/as les gusten los chocolates, yo, prefiero los caramelos y que cada quien disfrute su golosina.
    Pero regresamos a la mujer. Ella, (con la suma de algunos de nosotros, hombres) lucha por la igualdad enfrentando un mundo modelado con troqueles masculinos.
    La “culturaleza”, con más propiedad, debería entonces también ser llamada “culturalezo”. Enfrenta así dos retos de enorme profundidad y complejidad. Por un lado, el de revertir el mundo masculinizado en un orbe uni-genérico (“culturalez” simple podría denominarse, sin a ni o) y luchar contra sí misma por lograr una congruencia entre su concepción real y legítima de independencia, con su actuar autónomo en un medio hostil. De otro lado, compaginar su particularidad procreativa con su ser en “su” circunstancia. La liberación femenina no pretende enajenar a la mujer su capacidad gestadora ni de negar darle su leche al ser nacido, ¡no!, pretende hacerla accesar al voto (que no se piense que ésta es sólo una simpleza), a compartir y construir con el hombre un mundo nuevo en libertad e igualdad. Pretende retirar de la faz de la tierra el concepto represivo religioso (cristiano, musulmán, etc.) que le representa como un peligro y tentación temibles, o sujeta al hombre como lo dice la Epístola de Paulo a los éfesos (éfesos 5, versículos 22 a 23): Fratres: Mulíeres viris suis súbditae sint, sicut Dómino: quóniam vir caput est mulíeris: sicut Christus caput est Ecclésiae: Ipse, salvátor córporis ejus. «Hermanos: Las casadas están sujetas a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo», y que cursa periódicamente con impurezas. La Eva inductora al pecado, causal de la tragedia humana. Tentación, pecado, suciedad, represión, histeria, frustración y más, unidos al sexo femenino como epítetos descalificadores elaborados e impuestos por hombres necios. La ideología religiosa lo machaca en sus fieles en interminables frases como esta del Corán (Sura II, La Vaca, 228): “Los maridos son primero que sus mujeres, Dios es poderoso y sabio.”
    La mujer tiene el derecho a accesar al fruto del bien y del mal como le plazca, ejerciendo su libre albedrío y mordiendo la manzana que elija con su propia dentadura; dejando en ella su huella marcada con dos cromosomas X por sobre la faz de la tierra y aún más allá, sin nadie por encima que se lo prohíba.
    La mujer utilizada, enajenada y constreñida debe ya quedar atrás y sólo permanece en remanente en algunas sociedades retrógradas y decadentes, o habitando la enteca mente de algunos estúpidos/as.
    Debe ser historia el mundo de la mujer que delineara Gabriel Careaga en su obra Mitos y fantasías de la clase media en México, describiendo a la mujer-objeto mexicana construida y acotada desde la ideología masculina. Debe ser historia también su retroyección con la Coatlicue, la diosa azteca de la tierra que dio vida a Huitzilopochtli (el colibrí zurdo) y de la que, por otras razones, se ha dado la explicación a su supuesto carácter endeble e indefenso; con la Malintzin de Coatzacualco que se dijo traicionara a su pueblo uniéndose al extranjero Cortés, o con la mujer que se raja o se abre en el lenguaje paziano (de Octavio Paz), quien quiera que sea; debe dejar atrás (su brega es por ello) ya la estigmatización impuesta por las religiones y toda la “culturaleza” machista que le enajena en lo familiar, social, económico, político, cultural y estético para decir hoy, uniendo voces como con la de quienes luchan por ello en sus trincheras:

Hoy soy y seré capaz de crear, creer, proponer y de soñar,
de sentir, vivir, discutir, disentir y compartir,
de disfrutar y sufrir también, ¿por qué no?
en libertad, igualdad y con autonomía en el mundo,
con la alegría y el orgullo de ser humanum mujer.