sábado, 13 de diciembre de 2014

Dr. Nicolás León Calderón

Un personaje inolvidable en la historia de la medicina en México.
© DR Xavier A. López y de la Peña
El médico homeópata y antropólogo físico, Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, hace referencia a la figura de un antropólogo prominente de los Estados Unidos y de origen checo, Ales Hrldicka (1869-1943), como profesor del Dr. Nicolás León Calderón, el ilustre, controvertido y polifacético michoacano que merece la paternidad de la antropología física mexicana. Como ferviente interesado en la historia médica mexicana, reconozco en el Dr. Nicolás León a uno de los grandes pilares al lado de las enormes figuras también de Don Joaquín García Icazbalceta, Fco. del Paso y Troncoso y José Ma. Reyes. El Dr. León fue un hombre que destacó ampliamente como bibliófilo, lingüista, antropólogo, folklorista, arqueólogo, etnógrafo, polígrafo, médico, naturalista, historiador en general de México y de la medicina en particular.
Nació en Quiroga, Michoacán, el 6 de diciembre de 1859 y estudió medicina en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo en Morelia graduándose el 10 de octubre de 1883 y casi de inmediato (1984) recibió también su primer puesto profesional como profesor de Patología Interna en su misma Alma Mater. Las orientaciones y capacidades del Dr. León se manifestaron desde muy temprana edad y ya a los 15 años consigue la publicación de su primera obra (1884): “Hombres ilustres y escritores michoacanos, galería fotográfica y apuntamientos biográficos” .
El Dr. León recibió su nombramiento como Director de las Salas de Medicina y Cirugía de mujeres en el Hospital Civil de Morelia en 1885, mientras daba sus cursos de latín en el Colegio de San Nicolás y de botánica en el Colegio de niñas de Morelia. Mantiene una intensa búsqueda de fuentes materiales para saciar sus inquietudes como historiador, siempre inquisitivo , y sostiene correspondencia con una gran cantidad de personajes dentro y fuera del país de tal suerte que el Museo Etnográfico de Leipzig le otorga el nombramiento de corresponsal de etnología en Michoacán. Al amparo entonces del gobernador del Estado, el general Mariano Jiménez quien conoce sus aptitudes y enormes capacidades, le nombra Director en 1886 del Museo Michoacano, donde realiza una formidable labor que comparte con un nombramiento político como diputado local, hasta que el relevo de su mecenas y las rencillas políticas unidas -posiblemente también- al carácter áspero y difícil del Dr. León, le hacen dejar Michoacán y enfilar rumbo a Oaxaca y sin plata en los bolsillos no sin antes quejarse del sucesor del general Jiménez, de quien dice el Dr. León... “ya por considerar inútil la publicación del periódico en que esta obra se editaba (su Bibliografía del Siglo XVIII), ya por antipatía a su autor, o por ambas cosas, suprimió el Museo Michoacano ejecutando en contra de quien esto escribe una serie de actos hostiles que hicieron imposible la prosecución y conclusión de la obra comenzada” . Años más tarde y ya radicado en la ciudad de México, el general Porfirio Díaz en 1899 conocedor de su valía, le nombra miembro del Instituto Bibliográfico Mexicano donde concluye su Bibliografía Mexicana del Siglo XVIII y luego, de 1904 a 1907 se ocupa de la cátedra de Antropología en el Museo Nacional de México inaugurada en 1903 . La Revolución trastorna la vida nacional a partir de 1910, y hasta 1911 se restablece en el Museo Nacional el Departamento de Antropología Física que se encomienda justamente al Dr. Nicolás León y como ayudantes a los doctores Emilio Varela y Everardo Landa. En este tiempo publicó de inmediato su Programa correspondiente, una Antropometría, las Tablas de índices para usos de los Antropometristas del profesor Fürst y un folleto: Procedimiento fácil y rápido para la medición del diámetro bi-isquiático y en 1914 otros folletos especialistas para la clase de Antropología Física.
En 1915 se clausuraron todos los establecimientos de instrucción pública incluyendo el Museo Nacional y, en ese mismo año en la Gaceta Médica de México Tomo X, Núm. 1-4:3-44 (anteriormente nominado como Periódico de la Academia Nacional de Medicina y hoy, Órgano oficial de la misma) publica su trabajo de concurso convocado por la misma Academia: Los precursores de la literatura médica mexicana en los siglos XVI, XVII, XVIII y primer tercio del siglo XIX, (hasta 1883). Datos bio-bibliográficos para la historia de la medicina en México, presentándose como Director del Consultorio Central de la Beneficencia Pública del Distrito Federal, ex-partero del Hospital Morelos, Profesor de Antropología Física en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología y miembro de varias sociedades científicas nacionales y extranjeras.
El carácter difícil -repetimos-, del Dr. León, referido en casos como violento, aún se hacía recordar -como el polvo de aquellos lodos- entre quienes le llegaron a conocer aún a 28 años de su fallecimiento según anotaba el historiador Dr. Germán Somolinos D’Ardois en 1957 y se aunaba a ello su posición de anticlerical empedernido. Este autor comenta sobre ello: el Dr. León “fue señalado como un heterodoxo por quienes, sin capacidad para discernir sino por actos externos, veían en él al hombre áspero y violento que se irritaba ante la tontería o la mala fe de donde quiera que viniesen. Sus rebeldías anticlericales en un ambiente tan levítico y falsamente religioso como tuvo que soportar en muchos momentos de su vida, son un aspecto más de su personalidad psíquica.... Más rebelde de palabra que de corazón, su anticlericalismo violento era un producto de la época unido al pensamiento liberal avanzado en cuyas filas políticas militó siempre don Nicolás.”
La historia de la antropología física en México se enriqueció también con su trabajo: La antropología física y la antropometría en México (1922) que contiene una bibliografía Antropo-Somatológica Mexicana y, por citar sólo uno para el extenso capítulo de la historia de la medicina en México, en 1910 y como contribución a los homenajes del Centenario de la Independencia, nos regaló su obra La obstetricia en México como fruto de más de 30 años de esfuerzos.
El Dr. Nicolás León también ofreció -aparentemente en un gesto inusitado dado su carácter- a la Academia Nacional de Medicina legarle todos los documentos impresos y manuscritos que había acumulado a lo largo de los años relativos a la Historia de la Medicina si ésta (la Academia) llegara a establecerse en un local propio y de forma adecuadamente organizada como quedó asentado en el Acta de la Academia Nacional de Medicina correspondiente a la sesión del 23 de junio de 1915 .
Tras su muerte en Oaxaca el 23 de enero de 1929 su deseo no fue cumplido pues sus familiares se opusieron férreamente aduciendo que la Academia no contaba con edificio propio, según los deseos del Dr. León, e iniciaron trámites para vender su acervo al extranjero. El Estado intervino y los adquirió a nombre de la Nación.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El consentimiento informado en México

EL CONSENTIR EN EL CONTRATO PACIENTE-MÉDICO EN MÉXICO.
© DR Xavier A. López y de la Peña
La terminología en el ámbito del derecho tiene una gran importancia debido a la complejidad propia de los conceptos jurídicos y a que el uso de dichos términos produce consecuencias directas en las personas.
La interacción profesional entre el médico y el paciente se constituye formalmente en un contrato ya que se producen obligaciones y derechos entre ambos y, para que el este contrato tenga valor y se presuma su existencia, se requiere del consentimiento del paciente por un lado, y por el otro que el objeto de que se trate (problema de salud en este caso) sea materia de contrato. En el ámbito profesional médico se establece el contrato en la forma más común a través del consentimiento llamado tácito, esto es, en que se presupone el consentimiento por el sólo hecho de que el paciente acuda a solicitar atención médica al proveedor de servicios de salud, y se le llama expreso, cuando el consentimiento se expresa o manifiesta inequívocamente de forma verbal o por escrito. El consentimiento como tal, ya en el área médica como en cualquier otro tipo de contrato, no es sólo un capricho legislativo ya que su ejercicio y protección efectivos están encaminados a salvaguardar la autonomía de las personas como un derecho personalísimo.
Tampoco es lo mismo, y en este sentido queremos hacer hincapié, aunque lo parezcan, que el uso de términos como: aceptar, autorizar o aprobar , puedan ser utilizados en lugar de consentir. En la terminología legal el uso de palabras para delinear un concepto cobra una gran importancia, por cuanto que la utilización ambigua y, en algunos casos equívocos, pueden trastornar de manera significativa el sentido que se pretende dar a una ley. El término consentimiento de acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española editado por la Real Academia Española (2012) se define como: "Manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula jurídicamente".
En el ámbito médico el consentimiento cobró una importancia fundamental en el llamado Código de Nuremberg (1947) tras conocerse los horrores "médicos" llevados a cabo en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que recalca como imperativo ético, la obtención del consentimiento por parte de las personas que se vayan a someter a investigación médica en los siguientes términos: "Es absolutamente esencial el consentimiento voluntario del sujeto humano. Esto significa que la persona interesada debe tener la capacidad jurídica de dar su consentimiento y ejercer su elección sin coerción, dolo, engaño, constreñimiento o mala interpretación; y que debe tener suficiente conocimiento y comprensión de todos los elementos del problema, a fin de poder tomar una decisión inteligente e iluminada".
Sin embargo, no es sino hasta la década de los sesentas aproximadamente en Estados Unidos de Norteamérica en que el concepto del consentimiento se amplió de manera contundente a todos los aspectos de la práctica médica (no sólo a la investigación), impulsado por el creciente conocimiento y conciencia de los ciudadanos en torno de los Derechos Civiles. Cualquier acción médica a realizarse requeriría y requiere actualmente que el paciente consienta en las acciones a seguir.
El consentimiento ha venido a sustituir el antiguo "paternalismo" médico y dado categoría igualitaria a la relación paciente-médico al valorar y aceptar la autonomía de este último. El paciente consciente de su autonomía y por ende, de la inviolabilidad de su persona, ejerce su derecho de manera cada vez más significativa y a ritmo creciente en las acciones ejercidas o por ejercer en torno a su problema de salud. En México el desarrollo de la teoría del consentimiento propiamente aplicado se restringe prácticamente al rubro de la investigación médica, y justamente es en el Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Investigación en el Artículo 20 en el que se ofrece su definición: "Se entiende por consentimiento informado (la cursiva es nuestra) el acuerdo por escrito, mediante el cual el sujeto de investigación o, en su caso, su representante legal autoriza su participación en la investigación, con pleno conocimiento de la naturaleza de los procedimientos y riesgos a los que se someterá, con la capacidad de libre elección y sin coacción alguna".
Como se aprecia, el contenido guarda gran similitud con el referido Código de Nuremberg y se adiciona al término consentimiento un adjetivo de extraordinaria importancia: informado. Así el consentir como elemento necesario en los contratos médicos, se enriquece con el aderezo de ser informado: ..."con pleno conocimiento de la naturaleza de los procedimientos y riesgos...". El referido diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define así el consentimiento informado: " Es el consentimiento que ha de prestar el enfermo o, de resultarle imposible, sus allegados, antes de iniciarse un tratamiento médico o quirúrgico, tras la información que debe transmitirle el médico de las razones y riesgos de dicho tratamiento".
Sin embargo en México cuando el paciente firma que acepta una intervención quirúrgica, en realidad no está otorgando su consentimiento en los términos que la ley define, puesto que éste consentimiento se refiere únicamente a casos de investigación, sino que se le solicita y -en su caso- da su autorización (Acción y efecto de autorizar. Dar a uno autoridad o facultad para hacer alguna cosa) como la ley lo exige y que por supuesto, no es lo mismo que consentir informadamente. Este hecho se confirma con lo que dice el Art. 80 del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Prestación de Servicios de Atención Médica: "En todo hospital y siempre que el estado del paciente lo permita, deberá recabarse a su ingreso autorización (las cursivas son mías) escrita y firmada para practicarle, con fines diagnósticos o terapéuticos, los procedimientos médico-quirúrgicos necesarios de acuerdo al padecimiento de que se trate, debiendo informarle claramente el tipo de documento que se le presenta para su firma."
Como vemos se solicita autorización no consentimiento y además, se le informa acerca del documento que se le presenta, no que se le informa sobre el porqué, cómo, cuándo, etc., de las acciones médicas o quirúrgicas a seguirse.
Lo mismo sucede con las salpingoclasias y vasectomías. Así en el Artículo 119 del Reglamento anteriormente referido se dice que: "Para la realización de salpingoclasias y vasectomías, será indispensable obtener la autorización expresa y por escrito de los solicitantes, previa información a los mismos sobre el carácter de la intervención y sus consecuencias". Aquí se pide nuevamente autorización no consentimiento informado pero ya cuando menos se le "informa" acerca del carácter y consecuencias de la intervención.
Ejemplos como los anteriores serían muchos, sin embargo, lo que pretendemos es hacer conciencia de que en la relación contractual paciente-médico la legislación debería uniformar el criterio en torno al concepto del consentimiento informado como se propone desde el Código de Nuremberg y cuya definición se establece en los Artículos 20 y 21 del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud, pero no aplicable únicamente al terreno de la investigación médica, sino a toda relación paciente-médico que por su naturaleza requiera del consentimiento expreso, y substituir de la legislación en salud los términos: autorización, anuencia, permiso, voluntad, aprobación y otras, por el de consentimiento informado que es el término adecuado que nosotros consideramos debe establecerse en toda relación contractual paciente-médico.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Música y medicina.

LA MEDICINA CON “M” DE MÚSICA.
© DR Xavier A. López y de la Peña
La vida sigue secuencias rítmicas al tenor cósmico y el sonido, materia prima de la que se nutre la música, debe cumplir también con un ritmo. El sonido con sus diversos componentes de altura, timbre, intensidad y duración, tratado rítmicamente, se convierte en música. La música en sí misma ha sido reconocida desde la más remota antigüedad como expresión de la armonía universal y por ello mismo se mantiene ligada a todas las actividades del ser humano. El reconocimiento antiguo de instrumentos musicales ubica al arco musical como el más remoto, unos 40 000 años, presente en una pintura de la gruta de “Los tres Hermanos” en Ariège, Francia y que muestra a un hombre enmascarado y que con un instrumento de éste tipo conduce a una manada de renos, según anotaba el musicólogo Jacques Chailley.
El ritmo aplicado al sonido tiene antecedentes en el caminar, el palmear o chasquear los dedos así como percutir con un objeto cualquiera sobre una superficie determinada a intervalos regulares dando origen a los instrumentos de percusión, en tanto que la voz se constituyó en una prolongación de expresión rítmica en los instrumentos de viento. No parece inverosímil la idea de que en el ambiente prehistórico el susurro de una frase o de ciertos sonidos al oído del escucha le generara consuelo o alivio, quizá lo adormeciera como sucede hoy con las canciones de cuna o los adagios, o que la reiterada repetición de una figura rítmica produjera excitación y exaltación guerreras, o la compulsión (tensión) a beber o comprar como sucede hoy también en los centros nocturnos y supermercados.
Los instrumentos de cuerda suelen relacionarse en su origen con la leyenda griega referida a Hermes (nombre griego del dios que los romanos llamaron después Júpiter) que, al tropezar accidentalmente con un caparazón de tortuga conteniendo algunas fibras tensas en su interior, dieron origen al laúd. La música se impronta en el ser humano con la secuencia rítmica del universo y al calor del seno materno con el rítmico latir del corazón y el fluir vital de la sangre. A través del tiempo la música se ha utilizado para calmar la angustia y mitigar dolores que, como en el caso de los etruscos, la empleaban al azotar a sus esclavos. La música también se liga con la curación que, en exorcismo, el curandero primitivo empleaba para restablecer en el cuerpo la dinámica apropiada y perdida con la enfermedad. Los griegos hacían uso de la música como vehículo formativo del carácter y temperamento armoniosos de los ciudadanos, y los chinos hacían largos recorridos en el extenso territorio imperial para asegurarse de que la música estuviera presente expresando el concierto y orden provinciales
La vida y la muerte generalmente se acompañaban y acompañan con rituales cánticos en los que intervienen instrumentos y el origen de éstos últimos fue perfeccionándose a partir de los llamados de percusión. Los antiguos habitantes de Mesopotamia incorporaron a su acervo los instrumentos musicales egipcios y generaron la gaita que hubo de recorrer un largo camino que llegó hasta la India y sentó reales en las Islas Británicas llevadas allí por los legionarios romanos o los emigrantes celtas.
Los hebreos citan a la música empleada como terapéutica de forma evidente cuando David (que contaba con 4 000 levitas o sacerdotes hábiles para la música) cura con la música de su arpa a la posible depresión del rey Saúl: Y cuando el espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tomaba el arpa, la tañía con su mano, y Saúl sentía alivio y bienestar... (1 Samuel 16.23). La historia es muy rica en pasajes en los que la música juega un papel importante, así Miriam, la hermana de Moisés, genera el canto antifonal y respondiente cuando dirige la celebración por parte de las mujeres israelitas por haber cruzado el Mar Rojo. Apolo como dios de la música (Apolo Citharede o Lircinos, el que tañe la cítara), la poesía, la danza y la salud, era también conocido como el Apolo Iatromántido: médico-adivino, padre de Asclepios o Esculapio para los latinos).
Pitágoras en el siglo VI a.C. estableció las bases matemáticas de la octava con sus principales intervalos dando el primer paso al estudio científico del fenómeno musical y fue seguido posteriormente por Terpandro (s. VIII a.C.) en la antigua Grecia y por Zarlino (1517-1590) y Galileo (1563-1642) de la Italia renacentista que vincularon los sonidos de diversa altura con el número de vibraciones por segundo que, a medida que aumenta aquél se hace más agudo en tanto que si disminuye produce sones graves.
Los filósofos griegos en la accademia conjugaron las teorías musicales con los humores del cuerpo y sostuvieron la creencia que en ambos, la armonía y el equilibrio, se correspondían con la salud. La música y la medicina han tenido reuniones importantes de tal suerte que cuando en la antigüedad a un papa o cualquier otro alto dignatario eclesiástico se le practicaba alguna curación, purga o sangría, el músico de la corte componía una canción para recordar el suceso. Gerolamo Fracastoro, el experto en sífilis era un músico notable. Andrés Vesalio, el enorme anatomista junto con el músico Gioseffo Zarlino, hicieron referencia al equilibrio entre el cuerpo y la mente con el termino de symphonia. Joseph Louis Roger médico de Montpellier publicó en 1748 un ensayo que versaba sobre las relaciones de la música con la mente y atribuyendo sus bondades al efecto de la armonía con sus vibraciones sobre los diversas estructuras sólidas y líquidas del organismo. Recomendó a los compositores también, que evitaran las florituras que atenuaban el efecto deseado sobre la salud de los enfermos, y les invitaba a que sus composiciones tuviesen una música grave para impactar los sentimientos.
El mundo de la música también contó entre sus adeptos con la destacada figura del cirujano vienés, Theodor Billroth, que combinaba con aguda destreza el bisturí con el pentagrama en interpretaciones al piano, el violín y la viola. Los estudios físicos de Hermann von Helmholtz hace aproximadamente 150 años impresionaron los primeros pasos a la psicofisiología de la música al analizar la función coclear que -creía- eran impresionadas por fibras independientes a nivel de la membrana basilar y emitió el concepto de que la música estaba constituída especialmente para ser captada por órganos especializados combinados con una “traducción” cerebral, es decir, que fuera de la física misma de la transmisión sonora la interpretación del oyente dependía de un particular estado psicológico, y luego, el psiquíatra Gaza Revész impulsó su conocimiento al emitir la teoría polisensorial.
Sea como fuere la música impresiona de diversa forma al escucha y su respuesta es multifactorial. El momento en que se escucha una melodía, la capacidad auditiva, la “formación” musical previa de la persona, el ambiente, la cultura y más, le confieren a la música cualidades y respuestas psicofisiológicas individuales. En general se conoce que el tono y la intensidad tiene una mayor respuesta afectiva que el “modo”; así una música en tono menor, a gran volumen y con registro agudo suele determinar un sentimiento de euforia o alegría, en tanto que los acordes tocados en tono mayor y con un registro grave suelen sumir al escucha en la melancolía o la depresión. La música de compás rápido o de carácter marcial suelen ser estimulantes y por su asociación con ciertas ideas y símbolos como la bandera, pueden incrementar el sentimiento patriótico o de pertenecía y orgullo a un determinado grupo social. El ritmo y el “modo” musical de algunas piezas pueden desencadenar un sentimiento colectivo frenético y explosivo entre grupos de personas, como sucede entre los adolescentes con la música del rock •n• roll que suele combinarse con ideologías de liberación, rechazo a la autoridad, independencia y de ser asociados en gran medida también, con la sexualidad.
La música como terapia ya había sido propuesta y utilizada por Phillipe Pinel en el siglo XVIII para contribuir al tratamiento de los pacientes con epilepsia. También fue la música empleada por los ingleses en las fábricas de materiales bélicos para reducir la tensión y fatiga de sus empleados durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo su empleo formal y científico tiene antecedentes con el psiquíatra Ira M. Altschuler quien en Detroit, U.S.A. empleó este método para el tratamiento de pacientes psicóticos; el también psiquíatra Edward Podolsky de New York, U.S.A. publicó uno de los libros elementales en esta materia: Music Therapy. 1954.
Para los médicos melómanos seguramente habrá de resultarles familiar el siguiente repertorio musical que cuente con: a) una obra del siglo XVIII para clavicordio, viola de gamba y un narrador, del compositor francés Marin Marais y titulada: Tableau de l’ opération de la taille que es una composición basada en una !colecistectomía o extirpación de la vesícula biliar¡ b) la obra del organista alemán Johann Kuhnau llamada la Sonata bíblica, inspirada en la enfermedad y curación por la plegaria del rey Ezequías.
La música es parte del ser humano y cada uno la percibe “a su modo”. Son pocos, afortunadamente, los que padecen amusia o sea la incapacidad de la persona para reproducir la música aunque la perciba y comprenda adecuadamente, o las personas con alucinaciones auditivas como la que padeció Robert Schumann de forma tormentosa antes de su muerte escuchando incesantemente la nota: la.
Escuchamos cierta música y reaccionamos a ella de diversa forma. Sin embargo, nuestra formación cultural occidental con estructuras musicales cimentadas en una serie de sonidos amalgamados según su altura e integrados acorde con ciertas reglas de parentesco codificadas en “armonía”, ha dejado un hueco enorme para nuestra sensibilidad auditiva -y en general para aquéllos que no tenemos formación y oído musical- al negarnos a apreciar las sutilezas del sistema musical chino o el gamelang javanés, los pesados râgas hindúes o los intrincados acordes musicales del teatro nô japonés.
Finalmente, el Instituto Catalán de Musicoterapia en Barcelona, España, celebró el 21 de febrero de 2014, la Primera Jornada de Música y Medicina, en la que se dieron a conocer las herramientas para abordar la atención a personas con enfermedades mentales, terminales, cerebrovasculares o degenerativas, y sobre cómo promover la humanización profesional del entorno donde se proporcionan estos cuidados. Sobresalientemente se abordaron los siguientes temas: Cerebro y música, una pareja saludable, Terapia musical y córtex sensoriomotor. Pacientes con AVC, Técnicas efectivas de músico terapia en el tratamiento oncoradiológico, Técnicas y recursos de Musicoterapia en la Unidad de Cuidados Paliativos y más.