lunes, 1 de abril de 2019

Carácter del mexicano.


El carácter del mexicano por
Ezequiel A. Chávez Lavista (1868-1946).

“Sin importar el tamaño de la ciudad o pueblo donde
nacen los hombres y mujeres,
 ellos finalmente, son el tamaño de su obra,
 de su voluntad de engrandecer y enriquecer a sus hermanos.”

Ignacio Allende.
Capitán del Ejército realista durante la Independencia de México.


Destacado y posiblemente el primer ensayo publicado sobre el carácter del mexicano en México, casi desconocido entre quienes se han ocupado de bosquejar dicho carácter, fue escrito por el abogado, educador y filósofo aguascalentense Ezequiel Adeodato Chávez Lavista, con el título de La sensibilidad del mexicano, cuya obra fue publicada en el número 3 de la Revista Positiva de México, el 1 de marzo de 1901.1
             Aquí me permito hacer un resumen del mismo, recordando además, que se define el carácter de una persona como la manera en la que ésta reacciona habitualmente frente a una determinada situación. Es también la forma de expresar esta manera de reaccionar, señalando así que la persona posee tal o cual perfil, característica o inclinación.

             Como preámbulo señala el autor que en México casi nada se ha escrito sobre el tema si bien se sabe que somos distintos psíquicamente de un francés, un chino, un alemán o un angloamericano. Para empezar su estudio, sigue el método recomendado por Renato Descartes, dividiendo el problema por sus partes, a saber: origen del fenómeno, su caracterización, su permanencia, sus efectos y términos. Y el objeto de estudio recae en los diversos grupos sociales que conforman el pueblo mexicano y que divide principalmente en: indígenas, mestizos vulgares y mestizos superiores, sólo escuetamente se refiere a los europeos y criollos.

             1. En cuanto al origen del fenómeno y con relación hacia el trabajo particularmente, se pregunta ¿qué estímulo despierta con facilidad la sensibilidad (nosotros, de aquí en adelante le llamaremos respuesta emocional) del mexicano?
             En el indígena, refiere que éstas respuestas se despiertan con trabajo, lentamente y con resistencia. Así, en toda América latina -afirma- es proverbial la flema imperturbable del indio, su estoica taciturnidad, su impasible inercia. Ello se debe -asienta- a que no logra progresar dada su insensibilidad relativa, al desdén por todo: por el progreso como al retroceso, por la muerte como por la vida, por el trabajo como por el descanso… el indio es un inerte sobre el que no se ejerce, sino débilmente, el factor fundamental de los actos.
             Para los mestizos vulgares, que también les llama individuos mezclados sin árbol genealógico fijo –dice-, son excitables en sus apetitos, por ello, enredados en las relaciones amorosas e inestables en el matrimonio; despilfarradores y adaptados a las pocas o inexistentes comodidades de la vida.
             En los mestizos superiores, hijos de familias de buena cuna, mezcladas y regularmente establecidas, se advierte una excitabilidad moderada; una capacidad menor de nutrir los refinamientos de la comodidad de la clase de europeos y criollos, e inconmovibles ante los vaivenes públicos.
             En tanto que entre los europeos y criollos se experimentan de manera superabundantemente fácil las emociones, particularmente entre los primeros

             2. Ahora bien,  una vez producida la respuesta emocional ¿qué la distingue en el carácter mexicano?
             En ello se sitúan tanto ya la respuesta emocional como la racional influenciadas particularmente, por el grado de instrucción.
             En el indígena, desprovisto de cultura, atado a tradicionalismos, a la superstición e indestructibles hábitos, hay pocas respuestas emocionales por lo que se muestra inerte e indiferente a todo excepto a su tierra que le provee su casi irrisoria alimentación. Cuanto que el medio social que le rodea suele ser despótico, siente aversión a la limitación de su libertad, desconfiado y receloso por los cambios que le hacen aislarse, a sentirse impotente ante lo que no entiende. Agobiado por ello busca refugio en la embriaguez y no teme a la muerte. Su desgracia emocional sólo ha sido posible paliarla con el sentimiento protector que la iglesia católica le ha ofrecido; de allí la intensísima gratitud, sublimada en el fervoroso culto que le profesa a la Virgen de Guadalupe. Es de esta manera que su respuesta emocional es más visceral que razonada.

             Sobre el mestizo vulgar, dice coincidiendo con su contemporáneo el escritor, periodista y político mexicano Francisco Alonso de Bulnes, que:
…es fanfarrón y valiente… pero no es supersticioso, ni potruco ni semidiós… es prácticamente polígamo, infiel a todas las damas, a sus dioses y a sus reyes. Es un espíritu  bárbaramente escéptico desinteresado como el indio, con una gran virtud, nada ni nadie le produce envidia. No tiene más aspiración que la de ser muy hombre… ama a su patria y tiene el sentimiento de lo que es una gran nación; es fiel como un árabe cuando promete pelear e informal como un astrólogo cuando promete saldar sus deudas… es anticlerical, jacobino sin apetito sanguinario: se burla de los frailes sin aborrecerlos y le entusiasma todo lo que es progreso, osadía, civilización.
             Sin embargo, recalca que no está de acuerdo con la última parte que se refiere al entusiasmo por el progreso y la cultura. No resiste la tentación ni la burla fácil, ni a las bebidas embriagantes, ni a la sugestión de las faldas ni del motín callejero, ni la pereza del san lunes. No le interesa la economía ni la vejez y no trata de salir de su esfera social de libertad e irregular trabajo; tampoco se preocupa por aspiraciones superiores. Su respuesta emocional en consecuencia es cerebral, intuitiva, concreta, imaginativa, no intelectual propiamente dicha, abstracta y deductiva.

             En cambio, en el mestizo superior su respuesta emocional se intelectualiza, sus ideas se transforman lúcidamente en ideales. Así, él ha sentido el ideal de la Independencia, de la Reforma, de la democracia, de la instrucción obligatoria, de la civilización profusa y gratuita. Si bien no lo hace como el anglosajón, poco a poco y con algunos traspiés, logra sus cometidos.

             3. Luego trata cuánto dura y cuál es la fuerza de dichas respuestas emocionales.
             En el indígena la respuesta emocional se produce con dificultad, también con dificultad penetran en él las ideas y por tanto sus respuestas emocionales no se diversifican ni enriquecen. El indígena –dice- “es comparable a un volcán coronado de nieves: es superiormente impasible aunque esté profundamente llagado”. Nada altera el rostro de esta raza como el de Cuauhtémoc que incólume sufriera consumirse sus pies y palmas de sus manos a fuego lento. De ello nace su testarudez y tenacidad.

             Sigue luego con el mestizo vulgar con respuesta emocional más brillante y aguda, más rápida e intelectualizada que la del indígena, pero es sólo superficial; son inestables y lo único que les dura es el amor propio o dignidad al estilo de los extintos señores feudales.

             Para el mestizo superior no sólo por la simple imaginación sino de la manera de construir abstractos ideales, raquíticos o extensos, cerebralizando los sentimientos los hace a los tiempos fuertes y vivaces, relativamente estables y concentrados: resultan con ello los hombres del sistema a los que llamamos jacobinos, adaptables al concepto racionalista. Como ejemplo cita a Gabino Barreda, el padre de la Escuela Nacional Preparatoria.

             4. Efectos de la respuesta emocional; se pregunta ¿produce ésta múltiples reacciones exteriores, es expansiva, dinámica, centrífuga, o bien por lo contrario determina efectos internos, es centrípeta, inerte?

             Refiriéndose nuevamente al citado F. Bulnes, sobre el indígena, anota:
...es un hombre que debía vestir una mortaja y regalar sus magníficos dientes, pues ni ríe, ni habla, ni canta y casi ni come. Job en su muladar es un vociferador de color socialista; el indio en el suyo es el verdadero Job, con aspecto taciturno y ateo.
             De este carácter interno y centrípeto, la respuesta emocional indígena, que en todas las razas son impulsivas, dado que la reacción sucede inmediatamente a la excitación y suele originar con ello delitos; en toda América, el indígena es una excepción: no es impulsivo sino inerte, estático y pasivo. Con ello el excitante queda sin respuesta emocional o se aplaza por largo tiempo produciéndole rencor (el indio nunca olvida).
             Es así que el indígena sometido y quebrantado durante siglos, como ocurría con los macehuales desde los tiempos de Moctezuma Xocoyotzin, ha llegado a soportarlo todo: hambre, que sacia con el exiguo alimento, como la fatiga a la que es sometido como bestia de carga.
…y tanto la larga peregrinación con silicios de espinas para llegar al santuario de Guadalupe, cuanto la afrenta del zafio tendero que lo trata con burla procaz e imbécil desdén, y el despotismo del amo de la hacienda, de la misma manera que el del militar de superior graduación que lo coge de leva, lo trata a cintarazos y lo lleva a pelear y a morir en cualquier hecho de armas.
             El resultado de esta centenaria expoliación no ha aniquilado a los indígenas dada la dificultad y lentitud que tienen para que se produzcan reacciones o respuestas emocionales adecuadas, y le han dejado fortalecida su humildad, su desfallecimiento e hipocresía. Le han hecho desconfiado, semejando a una sombra sin voz ni aliento, viviendo sin sentido y sólo reaccionando cuando la desesperación lo sacude hasta las entrañas.

             En el mestizo vulgar las respuestas emocionales se oponen a las del indígena: es invasora y dinámica. Dice el autor,  que en el individuo al que despectivamente se le llama pelado, la respuesta emocional es centrífuga y expansiva, impulsiva, ardorosa y fugaz. De ello da cuenta la criminalidad observada en las ciudades por el sociólogo Miguel S. Macedo, generada por una respuesta emocional súbita y desproporcionada incrementada frecuentemente por la embriaguez, en gran parte de la altiplanicie por debida al consumo del pulque como señalara el pionero de la pediatría y criminología en México: Dr. Roque Macouzet.

             Para el caso de los mestizos superiores las respuestas emocionales son dinámicas y centrífugas y conducen a actos. Los diversos estímulos que se reciben, son tamizados de alguna manera en la balanza de la voluntad, por la reflexión y así la respuesta emocional queda liberada del aventurero régimen de los reflejos. Surge con ello el concepto del propio interés y del ajeno y que aparezcan subconsciente como conscientemente, el egoísmo y el altruismo. Afirma el autor que en México se observa poco el egoísmo y más el altruismo como lo han descrito (los comerciantes) don Enrique C. Creel (1854 – 1931) y don Telésforo García (1890- ¿?).
             Se observa en la gran masa de mestizos superiores que, “por su considerable estado de cultura, han sido mejor que los restantes grupos demográficos del país los que con hambre y sed de perfeccionamiento han planteado y resuelto, a menudo satisfactoriamente, colosales problemas nacionales”.

             Datos complementarios sobre la vida y obra de este personaje se pueden encontrar en estas fuentes:

Hernández Luna, Juan. Ezequiel A. Chávez. Impulsor de la educación mexicana. México, UNAM, 1981. CD Enciclopedia de México. Consultado en internet en: http://biblioweb.tic.unam.mx/diccionario/htm/biografias/bio_c/chavez_eze.htm

Ezequiel A. Chávez. El Colegio Nacional. Consultado en internet el 6 de marzo de 2019 en: http://colnal.mx/members/ezequiel-a-chavez

Ma. del Carmen Rovira Gaspar. Ezequiel A. Chávez ante la condición humana. Facultad de Filosofía y Letras/UNAM. Julio 2006. Consultado en internet el 6 de marzo de 2019 en: https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/mexico/chavez.htm



1 . Ezequiel A. Chávez. La sensibilidad del mexicano, en: Roger Bartra (Selección y prólogo). Anatomía del mexicano. Random House Mondadori, S. A. de C. V. México 2006, pp. 25-45.







lunes, 4 de marzo de 2019

Medicina Teúrgica.


Jirones en la Medicina Teúrgica.


En estas cuatro cosas -creencia en los espíritus, ignorancia de las causas segundas,
 devoción a lo que suscita el temor de los hombres y el tomar como presagio
 lo que es casual- consiste la semilla natural de la religión; (Thomas Hobbes en “Leviatán, 1651)

o de la elección de las medicinas alternativas.


Dr. Xavier A. López y de la Peña.

             De camino del Aeropuerto de Lhasa Gonggar (a una altura de 3570 msnm) en la Región Autónoma del Tíbet, hacia la ciudad de Lhasa, por la carretera Chuanzang, me detuve ante el monumento erigido al Dios Buda de la Medicina: Bhaisajyaguru.

             De este evento surge la siguiente reflexión sobre la medicina teúrgica.

             Comenzaré diciendo que el término teúrgia, se refiere a la magia mediante la cual en la Antigüedad se pretendía entrar en comunicación con los dioses y ejercer influencia sobre ellos para la consecución de alguna cosa. Como adjetivo aplicado a la medicina se entiende como la magia médica que, lejos de quedarse en los tiempos antiguos aún pervive entre nosotros.

             La imagen que aquí presento corresponde a Bhaiṣajyaguru que es el llamado «Buda de la Medicina» y suele ser generalmente representado como un buda de color azul, que deriva del lapislázuli, piedra azul con diminutas vetas doradas asociada desde tiempos inmemoriales con la sanación de los enfermos, probablemente desde el tiempo de la civilización sumeria y pudiendo estar asociada con la leyenda de la diosa Inanna (Ishtar)

             El siguiente mantra (sonido compuesto por sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras que otorgan a quien las pronuncia y en ciertas creencias, cierto poder psicológico o espiritual) y que nos llevaría a la iluminación, suele repetirse ante este Buda de la Medicina:

Mantra del Buda de la Medicina

TAYATA OM BEKANDZE BEKANDZE MAHA
BEKANDZE RADZA SAMUDGATE SOHA.

(Mantra que puede traducirse así):

“Pueda yo tener las mejores, las mejores, las muy mejores condiciones a fin de poder ayudar a los demás. Que se elimine el dolor que procede del sufrimiento del cuerpo y la mente, la vejez y la enfermedad, que se elimine el sufrimiento que procede de la mente y los pensamientos perturbadores, que se eliminen el sufrimiento que procede de las huellas que dejaron esos pensamientos en mi mente. Que pueda yo así ofrecer la mejor terapia y ayuda a mi paciente”.

             Recuérdese que los doce juramentos del Buda Maestro de Medicina al lograr la iluminación, de acuerdo con el Sutra del Buda Maestro de Medicina son:

             Iluminar incontables reinos con su radiante luz, permitiendo a todos convertirse en un Buda como él.
             Despertar las mentes de los seres conscientes a través de su luz de lapislázuli.
             Proveer a los seres conscientes con cualquier necesidad material que tengan.
             Corregir las perspectivas heréticas e inspirar a los seres hacia el camino de un Boddhisattva.
             Ayudar a los seres conscientes a seguir los preceptos morales, aún si han fallado en cumplirlos anteriormente.
             Curar a seres con deformidades, enfermedades u otros sufrimientos físicos.
             Ayudar a aliviar el sufrimiento de los indigentes y enfermos.
             Ayudar a las mujeres que desean reencarnar como hombres a que logren su reencarnación deseada.
             Ayudar a curar enfermedades mentales y delirios.
             Ayudar a los oprimidos a ser liberados del sufrimiento.
             Aliviar a quienes sufren de mucha hambre y sed.
             Ayudar a proveer ropas a indigentes y a quienes sufren por el frío y los mosquitos.1

             La búsqueda por obtener la salud perdida, entre muchas otras cosas, invocando de diversa forma a seres superiores o deidades con más propiedad, se pierde en el pasado histórico de la humanidad. Ello ha estado a cargo ya de magos, chamanes, sacerdotes o personas con algún alto puesto político o religioso dentro de determinada comunidad. Ellos han sido llamados taumaturgos (palabra proveniente del griego thauuma, milagro o cosa digna de admiración o maravillosa y ergon, trabajo), esto es, gente con la supuesta capacidad de realizar acciones extraordinarias de carácter sobrenatural.
             Múltiples ejemplos pictóricos se encuentran en diversas cavernas descubiertas alrededor del mundo en los que se muestran actos y ritos varios de invocación a “dioses” o a ciertos elementos que rigen nuestras vidas en el cosmos.
             En el principio de la historia hace cinco mil años, los sumerios dejaron inscrito en sus tablillas de arcilla diversas referencias a rituales, hechizos, recetas y más para conjurar la enfermedad, solicitar la intervención divina para la resolución de sus problemas y conseguir la salud. Luego con los egipcios, los griegos, los chinos, los hindúes, los aztecas, los mochicas, en fin, en casi todas las culturas, los taumaturgos han estado y están, de alguna manera, presentes.
             Todo ello proviene de la generalizada percepción, franca o soterrada mente, que se tiene de una interpretación cosmodivina de la naturaleza del ser humano. Esto da pie a la “supuesta” realidad del hecho milagroso; de un lado, está el sufrimiento del paciente que le hace susceptible a la sugestión y del otro el operador taumaturgo dispuesto a llenar esa necesidad.
             Ya el neurólogo francés Jean Marie Charcot (1825-1893) a fines del siglo XIX había dado cuenta de ello de la siguiente manera:

          Los llamados hechos milagrosos tienen un doble carácter; son engendrados por una disposición especial del espíritu del enfermo. Como la confianza, la credibilidad, la sugestión; como se dice hoy en día, constituyen la “fe que cura”, que puede ponerse en marcha por razones de distinto orden.
          En general, la “fe que cura” no se desarrolla de manera espontánea en toda su intensidad curadora. Un enfermo escucha decir que hay un santuario en el que se producen curaciones milagrosas, indaga entre quienes lo rodean, solicita informes sobre las circunstancias en que se dieron las curaciones maravillosas cuyo rumor ha escuchado. Y no sólo escucha palabras alentadoras por parte de su entorno directo, incluso a veces de su médico, que no quiere privar a su paciente de una última esperanza. La contradicción en tal caso, no puede tener otro efecto más que la exaltación de la creencia en la posibilidad de una curación milagrosa. La “fe que cura” comienza a nacer, se desarrolla paulatinamente, se prepara incubándose hasta que la realización de una peregrinación se vuelve idea fija. En tales condiciones, el estado mental no tarda en dominar al estado físico. El último esfuerzo será una ablución en el estanque como parte del culto exterior; entonces la “fe que cura” produce el efecto deseado, la curación milagrosa se vuelve realidad.2

             Este es el disparador inicial para que cualquier persona con mentalidad creencial se afilie a una medicina teúrgica o hacia alguna de las llamadas “alternativas”.


1 . Bhaiṣajyaguru. Consultado en internet el 3 de marzo de 2019 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Bhaisajyaguru
2 . Jean-Marie Abgrall. Los charlatanes de la salud. Ed. Oceano. México 2003, p. 197.

viernes, 1 de febrero de 2019

Surrealismo.




XILITLA:


El surrealismo no es la sorpresa mágica
de encontrar un león en el armario
donde quería tomar una camisa (Frida Kahlo); no,
es la torcida cercanía de la locura ajena aguijoneando
mi propia realidad.

Dr. Xavier A. López y de la Peña.


La capacidad creativa del ser humano es enorme. Sus derroteros son también disímbolos y amplísimamente contrastantes, sin embargo, el crear algo es inherente a la humanidad. Bien lo dice la frase que “de músico, poeta y loco todos tenemos un poco” para señalar el deseo artístico y creador de cada uno de nosotros.
             Edward Frank Willis James (1907-1984) mejor conocido en México como “el inglés”, es uno de los personajes que dejó en un lugar conocido como Las Pozas en Xilitla, S.L.P. una muestra de su capacidad creativa desbordada.
             Incrustada en la Huasteca potosina y sobre un accidentado terreno sobre la ladera del monte Xilitla (lugar de caracoles) se extiende el desarrollo onírico-quimérico-creativo del “inglés” sobre una superficie agreste de 40 hectáreas.
             Durante el recorrido de esta muestra arquitectónica surrealista la razón y el corazón chocan  (esta es una interpretación personal) y plantean preguntas ávidas de respuesta: ¿qué sentido tiene construir tantos elementos obtusos, inútiles e inertes en medio de una maravillosa infraestructura natural palpitante y desbordante de vida? ¿Por qué se dilapidan 5 millones de dólares en irreales construcciones coloridas en el centro de una comunidad con necesidades sociales primarias insatisfechas?
             La obra considerada artística (de hecho, todo lo es)  despierta emociones varias en el espectador que le mira o le escucha. Puede agradarle o desagradarle, sus tonalidades, su textura, sus combinaciones, su representación, su forma, su contenido, su expresión, su idea, etc.
             La casa del “inglés” en Xilitla causa emoción ciertamente. Es la expresión concreta de una mente atormentada por el hastío con fuertes rasgos psicopatológicos y posiblemente influenciados por drogas psicotrópicas. A los 15 años de edad -recuerda el mismo Edward James- “un día en presencia de mi madre, estallé en sollozos incontrolables y sólo pude explicarme diciendo: ¡Ya no puedo soportarlo más... no puedo... no puedo!”
             La naturaleza vívida, incontenible y exuberante engulle progresivamente la obra del “inglés” sobreponiéndosele. Hace falta mucho esfuerzo humano para mantenerla a raya, contribuyendo con ello a lucirla como “una irreal obra incorporada al paisaje natural”.
             Desbordada la imaginería combinando intenciones, formas y colores, la obra del “inglés” mezcla intrincados simbolismos entre los que destacan las escaleras que llevan a ningún lugar y las puertas o ventanas que no se incorporan a nada. Una representación de búsqueda sin encuentro, un destino incompleto, una insatisfacción expresada íntimamente. La construcción “jamesiana” como todo constructo surrealista en totalmente impráctico, arquitectónicamente opuesto a lo funcional y útil. Tiene también su expresión religiosa con la vereda de las serpientes que nos muestra a siete serpientes de piedra proyectándose desde el suelo y que representan a los siete pecados capitales, la plaza de san Isidro y la puerta de san Pedro y san Pablo. Incongruencias no sólo estéticas sino reales como la bóveda de los murciélagos que tiene en uno de sus muros un altorrelieve con motivos egipcios presididos por Ra, el dios sol de su mitología, en contraposición al quiróptero al que se le dedica, conocido como el rey de las tinieblas o de la noche.
             Edward James incorporó al paisaje de Las Pozas su inconsciente probablemente atormentado y retuvo a la misma naturaleza en libertad en jaulas (casa de los flamencos, casa de las aves, casa del ocelote, casa de los pericos, corral de venados, casa o bóveda de los murciélagos, templo de los patos) en un acto de posesión del entorno estático y dinámico como diciendo: yo soy yo y la naturaleza. Su obra es la obra de un solitario luchador por conocer su destino, por conocerse a sí mismo en una expresión artística surrealista en que campean los símbolos inacabados de su vivir sin sentido. La obra de un ególatra que se asume como única parte de la naturaleza, la expresión misma de la primera persona del singular dejando fuera a todos los demás. Una plancha de cemento en la parte alta de la selva de Las Pozas, con la forma del cuerpo del “inglés” en la que solía recostarse a reposar rodeado de velas encendidas, constituye el monumento a tal aseveración.
             Las Pozas, en Xilitla, S.L.P. fue el oasis en el que el “inglés” Edward James sació su sed de identidad incorporando al paisaje sus sueños, sin integrarse al suelo potosino o mexicano, sin aprehender la esencia de lo humano a su derredor. Nada de lo construido tiene visos de la más mínima influencia mexicana, ni siquiera un nombre de raigambre local como podría haber sido “papalotitlán” (lugar de las mariposas) en alusión a estos lepidópteros tan abundantes en ése lugar. Columnas, arcos, flores estilizadas, caminos, puentes, puertas y ventanas evidencias su armamentarium cultural neogótico delirante y en ofrenda a sus mentores y admirados que no disimula en homenajear: Max Ernst y Henry Moore. Conoce a Leonora Carrington y Salvador Dalí  a quien patrocina y a muchas otras personalidades; vive de la imaginería fantástica y pretende conocerse al través de los intrincados laberintos del surrealismo. Su vida se expresa de esta manera: inexplicablemente, y su contacto con Erich Fromm en México tal vez no fuera sólo casual y le hubiera ayudado a tratar de descifrar y desestructurar su psicopatología desde el punto de vista profesional.
             Su huella en tierra mexicana lucha por perpetuarse contra los embates de la naturaleza que engulle inmisericordemente la obra del “inglés”. Los mexicanos que le sirvieron no dejaron en él ninguna huella aparente. El tampoco dejó una huella de humanismo en México. Las Pozas, Xilitla, S.L.P. fue un accidente en la vida agitada de Edward James, como podía haber sido un lugar en Borneo, Paraguay o en el archipiélago Malayo. Edward James viajaba y vivía buscándose.
             La obra del “inglés” se muestra como un monumento a la egolatría, una expresión artística que combina formas y figuras caprichosas entremezcladas con la naturaleza feraz de Las Pozas, Xilitla, S.L.P. cuyas estructuras antaño coloridas se muestran desteñidas, sin calor.
             Asombra, ciertamente, la capacidad creativa del “inglés”. Su obra contrastante en competencia desleal con la naturaleza del lugar dejó, sin embargo, su huella fría en monumentos de piedra, carentes de calor, ausente del tú y del nosotros.
             Al conocer la “casa del inglés” me sentí ausente; nada me ligaba gustosamente al surrealismo circundante en el medio de su arquitectura fantástica. Sentí la torcida cercanía de la locura ajena aguijoneando mi propia realidad. Admiraba la capacidad creadora en sus formas delirantes y sufrí el vacío de Edward James. El poeta y loco que luchaba afanosamente por su identidad, el ególatra que se hacía llevar en andas por los caminos inhóspitos de su contra-naturaleza ideológica radicada en Xilitla como un faraón, dueño y señor de su particular mundo privado.
             Las Pozas, Xilitla, S.L.P. en el mismo corazón de la Huasteca potosina es el monumento surrealista a la memoria del inglés Edward James, el multimillonario que tuvo todo sin tener nunca nada.   Un derroche de recursos integrados al paisaje selvático de la ladera del monte Xilitla sin ningún ápice de sentido social. Un mausoleo irreal a la imaginería obtusa del yo: Edward James. El solitario añorando morir solo como siempre vivió.


             Nota: Para saber más sobre el tema, se recomienda leer: Margaret Hooks. Surreal Eden: Edward James and Las Pozas. Princeton Architectural Press. Nueva York 2006.