sábado, 1 de febrero de 2020

Biofilosofía



Disertación sobre la teleología de la vida.

Todo organismo vivo tiene un fin o propósito principal: conservar su estructura sin
participación ni intención sobrenatural alguna.



             Para iniciar, aunque la definición de vida sigue siendo un tema altamente debatible, aquí consideraremos que los sistemas u organismos vivos son una organización especial y localizada de la materia cuya compleja estructura molecular está compuesta  particularmente por carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre, y fósforo (CHONSP, por sus siglas en inglés), autoorganizada, capaz de intercambiar energía y materia con el entorno con la finalidad de automantenerse, renovarse y finalmente reproducirse a través de información hereditaria codificada en ácidos nucleicos, produciendo un continuo incremento de orden sin intervención externa y que es capaz de evolucionar mediante la selección natural.
             Estos sistemas vivos poseen la capacidad de responder a múltiples estímulos tanto externos como internos mediante un mecanismo llamado irritabilidad, diferente a otras formas de respuestas observadas en la naturaleza. Estas respuestas son adaptativas, asegurando la integridad del sistema vivo y por tanto su sobrevivencia.
             Ahora bien, podremos plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué finalidad, objetivo o meta tienen (si esto es así), los sistemas u organismos vivos? O dicho de otra manera ¿la vida tiene algún sentido? Se podría contestar entonces con una afirmación o con una negación, ya que no habría posibilidad de un término medio.
             Recuérdese que el fin, la meta o el objetivo de cualquier acción es siempre la resolución de un problema percibido, y de que un medio es lo que sirve para alcanzar cualquier fin, meta u objetivo.1
             A este respecto el filósofo, físico y epistemólogo argentino, Mario Bunge, refiere que los organismos no actúan o se comportan así para lograr tal o cual objetivo o meta, y agrega que ello sólo sería posible si tuviesen un sistema nervioso muy desarrollado para imaginarlo y planear estrategias para alcanzarlo. Esto es, que sólo sería posible si estos organismos tuvieren consciencia. Lo dice así:

(…) los organismos no se comportan como lo hacen para alcanzar tal o cual meta, a menos que posean un sistema nervioso altamente desarrollado que les permita, efectivamente, imaginar metas y estrategias para alcanzarlas.2

             Nosotros no compartimos este razonamiento, creemos que todos los sistemas u organismos vivos si persiguen una meta, un objetivo o un fin determinado, esto es, que no es necesario tener consciencia para lograrlo; desde el organismo vivo más simple hasta el más desarrollado o complejo, todos los seres vivos tienen la finalidad (meta, objetivo) de mantener su estructura funcional y por ende, la de seguir vivos. Esto es lo que podemos llamar, su teleología.
             La teleología es un neologismo creado por el filósofo alemán Christian von Wolff  en su obra de 1728 en latín titulada Philosophia rationalis sive lógica, uniendo las voces griegas teleos=fin y logia=estudio, ciencia. En filosofía, teleología se entiende como una creencia en que la marcha del universo es como un orden de fines que las cosas tienden a realizar, y no una sucesión de causas y efectos.
             Es así, que la teleología ocupa hoy un lugar preeminente en el debate epistemológico, particularmente en la biofilosofía.
             Al respecto, el biólogo evolutivo español nacionalizado estadounidense, profesor Francisco José Ayala, defensor de la teleología en los sistemas u organismos vivos, reafirma que la

“explicación teleológica es un modo de explicación aplicable a los organismos, pero no a otro género de objetos del mundo natural; que la explicación teleológica es compatible con la explicación causal, en el sentido científico, pero no puede exponerse en forma no teleológica sin perder sentido explicativo, y que la explicación teleológica es el distintivo de la biología como ciencia natural. Así también, es consciente de que no todos los procesos biológicos necesitan explicación teleológica; sólo son teleológicos aquellos que necesariamente están dirigidos al mantenimiento o supervivencia del sistema”.3

             Las características teleológicas de los organismos pueden identificarse como adaptaciones, sean estructuras, órganos, comportamientos. Dichas adaptaciones cumplen con ciertas funciones que incrementan el éxito reproductor y de supervivencia de sus portadores.
             Luego entonces, parece ser que el criterio determinante para distinguir si una explicación teleológica en biología es apropiada, es el indicado por la propia selección natural cuya finalidad es siempre la supervivencia del individuo y su éxito reproductor, lo cual concuerda plenamente con la ya citada definición de teleología facilitada por el Dr. Ayala.
             Para una comprensión y aplicación correctas del sentido teleológico de los sistemas u organismos vivos, presenta el profesor Ayala una división de la teleología de la siguiente manera:
             La Teleología puede ser:
1.      Natural o interna, y a su vez determinada (Función biológica) o indeterminada (Adaptación, características aportadas por la selección natural).
2.      Artificial o externa, como resultado de la intención de algún agente.

             Por otra parte, el filósofo francés Henri Bergson no compartió el racionalismo inscrito en la teoría de la evolución, manifestándose contrariado por el desperdicio ciego y sin razón de energía vital (Élan Vital) en ella, ya que tanto el ser humano como todos los organismos vivos, son fruto de una de las infinitas posibilidades en las que podía haber desembocado el proceso evolutivo y no un fin lógico previamente planificado por la naturaleza, pues esta, ni es racional ni actúa regida por patrones.4
             En este caso, la vida biológica estaría abierta a la novedad, a lo imprevisible: estaríamos dentro de un flujo vital del que cabría esperar lo inimaginable porque no estaría sometido ni al poder de una causa eficiente ni al poder de una causa final. Habría, por tanto, un “esfuerzo” (de “Dios”, o siendo “Dios mismo”) del que surgirían formas incesantes e imprevisibles. Eso sería la evolución creadora.5
             El concepto de vida bergsoniano no es elemento ni resultado, sino principio, como dice el filósofo español Xavier Zubiri, o como asienta el propio Bergson en su obra La evolución creadora, torbellino, proceso: nosotros no somos la corriente vital misma; somos esa corriente una vez cargada de materia, es decir, partes congeladas de su substancia que arrastra a lo largo de su recorrido 6. Biológicamente, sería que los átomos, moléculas, células germinales, etc., no son nada más que los medios necesarios para que aparezca la vida en los diversos organismos y no como resultante, sino como propiedad emergente. La vida, l’élan vital, no es una energía distinta como tantas veces se ha dicho, sino el conjunto de fuerzas naturales que actúan en los seres vivos como un empuje inicial. El error del finalismo clásico es haber situado la meta por delante, vis a fronte, en vez de situar el principio por detrás, vis a tergo.
             En opinión de otro estudioso, el jesuita, paleontólogo y filósofo francés, Pierre Teilhard de Chardin, considera que la teleología de la vida se alcanza con la llegada al punto omega (o Dios), la meta de la evolución. La historia evolutiva en la tierra se embebe en una complejidad y consciencia crecientes en la que el ser humano es el constructo más refinado del desarrollo evolutivo de la gran síntesis biológica.7
             El bioquímico francés, Jacques Monod, hace referencia a que la calidad del aparente propósito y orientación a objetivos de las estructuras y funciones de los organismos vivos, deriva de su historia y de su adaptación evolutiva para el éxito reproductivo, y emplea en ello un término diferente al de teleología, la teleonomía que conforma la teoría biológica que defiende que las estructuras y las funciones de los seres vivos están orientadas hacia un fin determinado.
             Igualmente que F.J. Ayala, tiende a admitir este rasgo teleológico de los seres vivos, empleando su término de teleonomía.

|            En la obra de J. Monod El azar y la necesidad, se encuentra estas frases:

(…) subrayar lo estéril y arbitrario de querer negar que el órgano natural, el ojo, representa el término de un proyecto. (…) Todo artefacto es un producto de la actividad de un ser vivo que expresa así, y de forma particularmente evidente, una de las propiedades fundamentales que caracterizan sin excepción a todos los seres vivos: la de ser objetos dotados de un proyecto que a la vez representan en sus estructuras y cumplen con sus actuaciones (tales como, por ejemplo, la creación de artefactos). En vez de rehusar esta noción (como ciertos biólogos han intentado hacer), es por el contrario indispensable reconocerla como esencial a la definición misma de los seres vivos. Diremos que éstos se distinguen de todas las demás estructuras de todos los sistemas presentes en el universo por esta propiedad que llamaremos teleonomía.8

             El biólogo francés, François Jacob, ganador del premio Nobel de fisiología en 1965 que compartió con André M. Lwoff y Jacques L. Monod, por sus descubrimientos sobre el control genético de la síntesis de enzimas y la síntesis de virus, afirmó en su explicación y comentario al programa genético la teleología de los sistemas u organismos vivos, de la manera siguiente:

(…) El organismo se convierte así en la realización de un programa prescrito por la herencia. La traducción de un mensaje sustituye a la intención de una Psique. Desde luego que el ser viviente representa la ejecución de un diseño, pero sin que éste haya sido concebido por inteligencia alguna. Tiende hacia un objetivo, pero sin que voluntad alguna lo haya decidido. El objetivo es preparar un programa idéntico para la generación siguiente. Es reproducirse.
(…) Hoy en día no es necesario cambiar ni una sola letra de estas líneas. No hay ni una sola frase que la biología moderna no pueda asumir. Sencillamente, con la descripción de la herencia como un programa cifrado en una secuencia de radicales químicos, la contradicción ha desaparecido. (…) En un ser vivo todo está dispuesto con vistas a la reproducción (…) la reproducción que constituye la causa misma de su existencia se convierte también en su fin.9

             El filósofo y científico estadounidense, Charles S. Peirce, postula a su vez una Teoría de la Teleología Natural señalando que la naturaleza tiene una predilección inherente y auto-engendrante del incremento de complejidad. Considera que en la evolución, el crecimiento,  y la complejidad son simplemente tendencias al desarrollo intrínsecas en la Naturaleza. El Universo físico es, en este respecto, autoteleológico, impulsándose a partir de sus propios recursos hacia una complejidad siempre mayor.10

             Entonces, se podría aceptar que la finalidad o teleología de los sistemas u organismos vivos es la conservación de su estructura en vistas a la reproducción, rechazando toda probable intencionalidad sobrenatural o humana en ello.

             Sin embargo y como apunta el doctor en filosofía, Diego Cano Espinosa, otros científicos argumentan que la explicación teleológica es aplicable a todo sistema dinámico organizado como es todo el Universo físico de quien también forman parte los seres vivos, pero no como exclusiva de éstos. Sin embargo, los conceptos de funcionalidad, adaptabilidad y supervivencia son más pronunciados en los organismos vivos y hacen que la explicación teleológica sea más evidente, apropiada e imprescindible en estos últimos por lo que puede ser considerada como distintivo de la Biología, pero no con carácter de exclusión.11


1 . Stefunko, Martin. Human Action: A Chapter-by-Chapter Summary. Published on mises.org, October 3, 2018. Consultado en internet en: https://mises.org/es/library/la-acci%C3%B3n-humana-un-resumen-cap%C3%ADtulo-por-cap%C3%ADtulo
2 . Mario Bunge. Epistemología: curso de actualización. 4a. Edición. Siglo XXI Editores. México 2004, p. 113.
3 . Diego Cano Espinosa. Teleología en el pensamiento biofilosófico de F. J. Ayala. PENSAMIENTO, 2009(65);246:915-946.
4 . Jorge Rodríguez. Henri Bergson, la Filosofía Francesa del Siglo XX y su Vitalismo. 19 de junio 2010. En: https://dialektika.org/2010/06/19/henri-bergson-vitalismo/
5 . David López. Un blog de Filosofía. En: https://www.davidlopez.info/diccionarios-filosoficos-es/filosofos-miticos-del-mitico-siglo-xx-henri-bergson/
6. Bergson, H. L’Évolucion créatrice, Ouvres, A. Robinet y H. Gouhier, Paris, 1959, p. 547.
7 . Teilhard de Chardin. El fenómeno humano, Edit. Taurus, Madrid, 1963.
8 . Monod, J. El azar y la necesidad. Tusquets Editores, S.A., Barcelona, 1981, pp. 19-31.

9. Jacob, F. La Lógica de lo viviente. Tusquets Editores, S.A., Barcelona, 1999, pp. 16-18.
10 . Rescher, N. Las modalidades de la complejidad. En Filosofía actual de la Ciencia, editor Pascual Martínez Freire, Suplemento 3 de Contrastes, 1998, Revista Interdisciplinar de Filosofía (ISSN: 1136-9922), Universidad de Málaga, pp. 223-243.
11 . Diego Cano Espinosa. Ob. Cit.

viernes, 3 de enero de 2020

Vericuetos de la percepción.



LAS RUINAS DE ASCLEPEION DE EPIDAURO.

Dr. Xavier A. López y de la Peña


En las ruinas de determinada cultura se perciben los esfuerzos, ideales, costumbres, progresos y desarrollo del ser humano expresados en toda su grandeza.
Sólo basta con descifrar el código en el que fue inscrito para asombro de sabernos sus sucesores.
De hecho, como decía W. Shakespeare, “el pasado es un prólogo” que hay que apreciar, interpretar y saber leer, y no pensar y sentir como lo refiere el rapero español Lírico con su frase: “Hay monumentos que para mí solo son ruinas”.

             Las frases anteriores se engloban claramente en las palabras que nos dejara F. Nietzche “no hay hechos sino interpretaciones”;[i] esto es, son nuestras necesidades las que interpretan y nos dan idea del mundo: nuestros impulsos con sus pros y sus contras. Cada impulso es una especie de ansia de dominio (poder), en la que cada uno tiene su percepción, que quisiera imponer como norma a todos los demás impulsos.
             Cada particular percepción va indiscutiblemente ligada con la cultura. Al viajar te percatarás de lo variable que puede ser la percepción en diferentes ámbitos políticos, económicos, sociales o geográficos. Así por ejemplo, ante las ruinas de una pretérita cultura, algunas personas lo percibirán como algo grandioso y placentero, en tanto que en otros se manifestará hastío, cansancio, o simple indiferencia ante un cúmulo de vetustas piedras amontonadas.
             En torno a estas ideas, diremos algunas palabras y reflexiones sobre las ruinas del Asclepeion de Epidauro, tradicionalmente considerado el lugar de nacimiento del dios griego de la medicina o la curación, Asclepio o Esculapio, como le nombraron los romanos, ubicado a unos 10 km al oeste de la ciudad de Epidauro, en la Argólida (Peloponeso).

             El lingüista belga, Henri Grégoire (1881-1964), especialista en estudios sobre el Imperio bizantino, investigando sobre el origen del nombre de Asclepio, refiere que su origen probablemente derive de las palabras griegas spalax, aspalax o skalops, todas ellas haciendo referencia al topo (animal subterráneo de la familia de mamíferos placentarios del orden Eulipotyphla), que cava madrigueras redondas, llamadas toperas y que cuentan con varias comunicaciones.
             Quizás por ello en el Santuario dedicado a Asclepio ubicado en Epidauro, emplazado en un pequeño valle griego llamado Herión (es decir, sagrado), cerca de la ciudad Koroni (derivado de Coronis o Corónide, llamada así en honor a la madre de Asclepio) rodeado por montañas en el Peloponeso y cuyo sitio comprende un santuario sagrado con diversos edificios públicos y dedicado al dios griego de la medicina Asclepio o Esculapio para los romanos, se encuentra una sobresaliente estructura circular llamada tholos[ii], simulando o recreando prácticamente algo similar a una topera.
             El culto a Asclepio o Esculapio, emanado del rendido antiguamente a su padre Apolo Maleatas, cobró forma como muy tarde en el siglo VI a.C. y llegó ser el culto oficial de la ciudad-estado de Epidauro. Algún autor ha señalado que podría caerse en la tentación de afirmar que Asclepio no fuera más que “un epíteto o epíclesis de Apolo” (Apolo “con el topo” o con la “topera”).[iii]
             Así, los principales monumentos del sitio, construidos en el siglo IV a.C., son el ya mencionado tholos, el templo de Esculapio y el teatro, que están considerados una de las más puras obras maestras de la arquitectura griega. Con sus hospitales y templos consagrados a otros dioses curadores, el conjunto del sitio aporta un testimonio excepcional sobre los cultos terapéuticos de la Antigüedad grecorromana.
             Describió el militar y príncipe espartano, Pausanias, que en el recinto del tholos había unas estelas escritas en lengua doria con los nombres de los que allí habían sido curados por Esculapio. Además, en las excavaciones posteriores se han hallado muchas inscripciones en dialecto argivo, que pertenece al grupo dorio, propio de Epidauro, que confirman estos hechos.
             Es por ello que el tholos con su singular estructura circular y sus múltiples e interconectadas galerías similares a las de las toperas, fuera considerado como un lugar sagrado y de culto en el que actuaba y se veneraba a Esculapio, y donde se creía que él mismo había sido enterrado.
             La ideología fantástica de aquellos tiempos le daba al topo cualidades curativas superiores, tanto que los magos consideraban que aquel que comiera el corazón de este animal aun palpitante, tendría el don de la adivinación y se elaboraban diversos y variados remedios curativos con múltiples partes del cuerpo de este pequeño, pero toti potencial mamífero: hígado, sangre, huesos, dientes y más.
             Tanto en el folklore alemán y francés, la topera es el lugar ideal para sepultar las enfermedades y en la Antigüedad clásica fue catalogado como el animal mágico y terapéutico por excelencia. Plinio refería que el topo era considerado el animal preferido por los magos y su corazón era mántrico (adivinatorio). Además, la tierra de la topera mezclada con vino, era útil contra las picaduras de víbora, etc.

             Tiempo después con la mezcla de magia, hechicería y superstición, ya en la era cristiana el topo fue entonces considerado como un animal maldecido por los dioses[iv], como un símbolo herético y figura del diablo[v] condenado a vivir bajo la tierra privado de toda luz.
             De hecho, en La Biblia de las Américas (LBLA), se lee en el Levítico 11, lo siguiente:

“Y de entre los animales que se arrastran sobre la tierra, estos serán inmundos para vosotros: el topo, el ratón y el lagarto según sus especies; el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija de arena y el camaleón. Estos serán inmundos para vosotros de entre todos los animales que se arrastran; todo el que los toque cuando estén muertos quedará inmundo hasta el atardecer. También quedará inmunda cualquier cosa sobre la cual caiga muerto uno de ellos, incluso cualquier artículo de madera, ropa, piel, saco, o cualquier utensilio de trabajo; será puesto en el agua y quedará inmundo hasta el atardecer; entonces quedará limpio”.[vi]

             Volviendo al tema, el culto a Esculapio se extendió rápidamente por toda Grecia, Asia Menor y el imperio grecorromano a finales del siglo VI a.C. y en sus templos se enseñaba y practicaba tanto la medicina empírica como la mágico-religiosa.
             A los templos acudían, de todos los rincones, el fervoroso pueblo en busca de la salud trastocada. Dentro del templo surgía imponente, ante la atónita mirada de los dolientes, la preciosa escultura de Esculapio sentada en un sillón, hecha el oro y marfil por el escultor Trasimedes.
             En el Tholos de Epidauro pues, se representan constructivamente sintetizados todos los usos del animal (topo) y de su vivienda; su centro, equivalente a la cámara de una topera, sería la residencia del dios. También contaba con unas pinturas referidas por el pintor griego Pausias, representando al dios del amor Eros colocando su arco y flecha para recoger su lira. De igual manera había una pintura que retrataba la figura alegórica de la embriaguez como una mujer (Mete), bebiendo vino de una copa de cristal con la cara visible a través de la copa, probablemente sugiriendo con ello evitar los peligros de una vida disipada. Así mismo en esta construcción fluía de manera regular agua transparente proveniente de un manantial con propiedades aparentemente curativas.
             Cerca del Tholos se alzaba el Abaton, unos pabellones a los que eran trasladados los enfermos provenientes del templo. Una vez purificados, se introducían en esta sala para pasar momentos de vigilia esperando febrilmente que llegara la curación deseada. En Delfos se denominaba así a una sala situada al fondo del templo, donde sólo estaba permitido el acceso a la Pitonisa y los sacerdotes.[vii]

          Las ruinas de Asclepion de Epidauro son vivas voces pétreas del grandioso pasado griego del que somos herederos, o quizá sólo piedras consideradas por la estulticia de otro.


[i] . Friedrich Nietzsche. Fragmentos póstumos. Vol. IV. Tecnos. Madrid, 2008. Traducción Juan Luis Vermal – Joan. B. Llinares.
[ii] . Glosario ilustrado de arte arquitectónico. Consultado en internet: https://www.glosarioarquitectonico.com/
[iii] . José Carlos Bermejo Barrera. Mitología y mitos de la Hispania prerromana II. Akal Ed., Madrid, España 2005, p. 68.
[iv] . Theo Löbsack. Medicina mágica. Métodos y méritos de los curanderos milagrosos. Fondo de Cultura Económica. México 1986, p. 131.
[v] . María Dolores Carmen Morales Muñiz. Los animales en el mundo medieval cristiano-occidental: Actitud y mentalidad. Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H.a Medieval, t. 11, 1998, págs. 307-329.
[vi] . Biblia de las Américas. Consultado en internet en: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/version/Biblia-de-las-americas
[vii] . Abaton. ArteHistoria. https://www.artehistoria.com/es/termino/abaton

lunes, 2 de diciembre de 2019

Persona no humana.


Persona no humana:
dislate lingüístico y conceptual.

(…) Creo que podría retornar y vivir con los animales, ellos son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largo rato.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad de un cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo así lo acepto.

Walt Whitman. Hojas de hierba, fragmento.


Dr. Xavier A. López y de la Peña

             El habeas corpus es una figura jurídica adoptada desde la Inglaterra medieval que reconoce el derecho de la persona a no ser privada de la libertad sin acusación y actualmente constituye el procedimiento jurídico que hace que cualquier ciudadano pueda comparecer ante un juez para que éste determine o no la legalidad de su arresto o prisión.
             Sin embargo, en relación con los animales la solicitud de aplicación del habeas corpus para ellos, ha sido el primer hito esgrimido en el largo camino seguido hasta ahora para el reconocimiento jurídico pleno de los denominados “derechos” de los animales.
             La lucha seguida parte y se sustenta en la “Declaración Universal de los Derechos Animales”, promovida por la Liga Internacional de los Derechos Animales desde el año de 1978; sin embargo, dicha declaración NO ha sido acogida o aprobada nunca por la UNESCO ni por la ONU como lo refiere el abogado Francisco J. Capacete González, especialista en Derecho Animal y representante en Baleares del Proyecto Gran Simio. No obstante no tener esta Declaración  validez jurídica ni legal, algunos de sus contenidos se han incorporado en la legislación de varios países.1
             En relación a esto, hace 2 años (junio de 2017) la División de Apelaciones de la Corte Suprema de Nueva York resolvió que los chimpancés no tienen derecho al habeas corpus. Este recurso había sido interpuesto por Nonhuman Rights Project, Inc., con miras a buscar la protección de esa figura jurídica para sus clientes, los primates Tommy y Kiko.2 Aquí está incluido el dislate lingüístico y conceptual dado a los primates refiriéndose a ellos como “personas-no-humanas”. Así, parafraseando como apunta Luis Gonzalo Diez, el dilslatista lingüístico prometeico está poseído por la manía de clasificarlo todo sin querer decir con ello que haya reformas que corrijan aberraciones pasadas, ni de que las campañas que promueven la igualdad carezcan de sentido… No.

Lo que estoy diciendo –recalca- es que hay personas, grupos y colectivos que, literalmente, han enfermado con el imperativo de igualdad y lo han convertido en el motor de una cruzada cuyos absurdos lingüísticos (miembros y miembras, portavoces y portavozas) constituirían la metáfora de una vida purgada de defectos, perfecta y modélica y, por ello, profundamente absurda, extravagante y anormal. Vida en la que, por decreto del dislatista lingüístico prometeico, los animales tendrían derechos como las personas3 -al considerárseles personas no humanas-.

             Recordamos que el filósofo y poeta latino romano, Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, emitió hace cerca de 1 500 años el sintético concepto de persona aún más aceptado hoy día y que dice: persona es naturae rationalis individua substantia; esto es, que el ser humano es un ente de naturaleza racional y es la razón lo que le sirve para demostrar su esencia individual.
             Sin embargo, en el ámbito creencial de nuestra cultura también suelen denominarse como personas a entes no humanos como sucede con las llamadas personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, o en referencia a personas diabólicas o angélicas y mitológicas.
             El concepto de persona, a su vez, se ha estudiado y discutido desde el punto de vista ontológico, jurídico y ético. Brevemente diremos que ontológicamente se estudia a la persona en su totalidad considerándole un ente racional dotado de conocimiento, con voluntad propia, dueña y responsable de sus acciones; jurídicamente se le trata como un ente racional en capacidad de adquirir derechos y obligaciones y que por su naturaleza pueden dividirse en personas jurídicas tanto individuales (persona física) como colectivas (persona moral); y por su capacidad racional en personas capaces o incapaces; y finalmente desde el punto de vista ético, es decir, sobre el valor de las acciones humanas de acuerdo a la conducta ideal del comportamiento de la persona.4
             Estas fuentes conceptuales, lamentablemente, se suelen olvidar como lo mencionaba el filósofo mexicano  Francisco Luna Arroyo:

           El concepto de persona se ha complicado notablemente en los últimos años a causa de la irrupción en el campo de la filosofía de teorías que, con el incoercible afán de originalidad, no reparan, unas veces, en la tradición filosófica de que son deudoras, y otras, en los ostensibles errores a que sucumben.5

             Sobre este tema el filósofo y escritor británico, Sir Roger Vernon Scruton, opina que la idea de los "derechos de los animales” (considerándoles a su vez como personas-no-humanas) modelan un cambio cultural muy extraño dentro de la visión liberal del mundo, promoviendo más confusión de lo requerido en ella. El concepto de un derecho acompañado de deber, responsabilidad, ley y obediencia, consagra lo que distingue a la condición humana. Difundir el concepto más allá de nuestra especie es poner en peligro nuestra dignidad como seres morales, que viven en juicio mutuo y de sí mismos. (Las cursivas son mías)
             Sépase –reafirma- que somos miembros de la especie humana. Pero también somos personas y, como tales, animados de principio a fin por un ideal de lo que esa especie podría lograr. Además –insiste-, el concepto de persona no tiene lugar en la ciencia biológica, ya que "persona" no es una categoría biológica. Sin embargo, es fundamental para todo nuestro pensamiento legal y moral. De igual manera  argumenta que si los animales tienen derechos, entonces también tienen obligaciones, que los animales continuamente violarían, con casi todos ellos siendo "criminales habituales" y los animales predadores como los zorros, lobos y orcas siendo "empedernidos asesinos" que "deberían estar permanentemente encerrados". Acusa a los defensores del anti-especismo de "antropomorfismo precientífico", atribuyendo rasgos a los animales que son, dice, como lo describe la escritora y fabulista británica Helen Beatrix Potter, donde "sólo el hombre es vil". Es, argumenta, "una fantasía, un mundo de escape" para los urbanitas.6

             Este dislate lingüístico y conceptual de persona-no-humana se da a la propuesta de creación de una figura jurídica postulada para concederse a ciertas especies de animales. Para ello se requiere que dichos animales demuestren tener elevadas capacidades cognitivas y notable inteligencia, en comparación con el resto de las especies. Está especialmente diseñada para intentar proteger los derechos de los chimpancés, orangutanes y restantes grandes simios. Y ya en varios países se han abierto causas judiciales basándose en este concepto. Sin embargo, otros defensores de dicha figura jurídica argumentan que el criterio para otorgar personalidad jurídica es simplemente poseer una conciencia, es decir, tener capacidad para sentir.7
             Los chimpancés, se dice: «...mantienen lazos afectivos, razonan, sienten, se frustran con el encierro, toman decisiones, poseen autoconciencia y percepción del tiempo, lloran las pérdidas, aprenden, se comunican y son capaces de transmitir lo aprendido en sistemas culturales complejos como el de los humanos.»8

             En España el naturalista y primatólogo, Pedro Pozas Terrados (Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio), sobre estos primates argumentó que:

«...Son seres racionales y “personas sintientes” (aquí ya les denomina “personas”) que cultivan lazos familiares y se enferman física y psicológicamente en cautiverio. Su grado de inteligencia es muy alto, tienen cultura, han sabido aprender, comprender el lenguaje de los signos humanos e inventar palabras compuestas: si desconocían la palabra maceta, decían: cubo de tierra. Son nuestros compañeros evolutivos, seres especiales, lloran y ríen. No podemos tratarlos como meros objetos sin derechos».8

             En Estados Unidos de Norteamérica el abogado de Nonhuman Rights Project, Steve Wise, insiste en que a los primates se les otorgue el estatus de “persona”:

«......nosotros no pedimos que los chimpancés sean considerados seres humanos, porque no lo son, sino que los tribunales tomen en cuenta la opinión de los 12 primatólogos más prestigiosos del mundo, que respaldan el planteo, y les adjudiquen la categorización de personas no humanas. El “Homo sapiens” es hombre-animal humano. El “Pan troglodytes” (chimpancé) es un animal-no humano: posee autonomía, autoconciencia, determinación, razonamiento para elegir, para construir herramientas por sus propios medios, para comunicarse por señas, automedicarse en la naturaleza y una estructura mental, emocional e imaginativa compleja como la nuestra: no pueden seguir siendo una cosa. Deben reconocérseles derechos básicos; si no serán abusados y explotados, como lo fueron los esclavos.»

            El filósofo bilbaíno, Iñigo Ongay de Felipe en su tesis doctoral titulada El proyecto ´Gran simio´ desde el materialismo filosófico (2007), refiere que ciertamente se deben otorgar ciertos derechos a los animales, aunque con excepciones; por ejemplo, es imposible darle el derecho al voto a un caballo o a la libertad de expresión a un cerdo. El derecho a la libertad individual como a la vida, evitaría que hubieran zoológicos y granjas y tendríamos que convertirnos en vegetarianos; el derecho a la protección contra el maltrato terminaría, en algunos casos, con la investigación biomédica y otras. Además, la ética universal, que es propia de los seres humanos, no la tienen los animales, del mismo modo que no tienen un lenguaje doblemente articulado y no pueden expresar categorías éticas. La ética depende de la filosofía y los chimpancés, bonobos, orangutanes y otros no tienen filosofía. Tampoco tienen política como se ha dicho.9

             El economista y filósofo español, Manuel Sanchis I Marco (2016), en una crítica al pensamiento del filósofo utilitarista australiano, Peter Singer, regio impulsor de los derechos de los animales dice:

Uno de los problemas fundamentales de Singer es, a mi juicio, que el concepto de hombre que mantiene está muy pegado al de la animalidad, de modo que hombre y animal son indiscernibles. Por ello, a mi juicio, hablar de derechos de los animales es un contrasentido, lo cual no implica que no tengamos un deber moral de respeto hacia ellos. Aún con menor razón, que podamos hablar de hacerlos iguales a los derechos de los hombres, y todavía menos que sean superiores a los de los humanos en aquellos casos en los que los humanos tengan poca o nula capacidad intelectiva.10

             Más aún, el dislate lingüístico conceptual en la India se amplía a otras especies ya que el gobierno reconoció en el 2013 que los cetáceos, delfines incluidos, que nadan en sus aguas son personas no humanas, prohibiendo su captura y su exhibición en delfinarios. Estas son las palabras utilizadas:

«......Los cetáceos son, en líneas generales muy inteligentes y sensibles. Científicos que han investigado el comportamiento de los delfines han sugerido que la inusualmente alta inteligencia, en comparación con otros animales, significa que los delfines se deben considerar como personas no humanas; y como tales deben de tener sus derechos específicos. Es moralmente inaceptable mantenerlos en cautiverio para fines de entretenimiento.»11

¿Volveremos a tropezar con la misma piedra?

Recuérdese que:

          …Los juicios llevados contra “animales” (cerdos, vacas, ratas, caballos, elefantes, etc.) durante los siglos XIII a XVII cumplían con todas las formalidades previstas para el caso de un humano. Un procurador pedía el procesamiento del culpable, se escuchaba a los testigos, se hacía la requisitoria, y el juez dictaba sentencia. Las ejecuciones tenían lugar en la plaza pública o en las llamadas horcas patibularias.
          Otra curiosidad es que, a veces, se vestía al animal con ropas humanas para la ejecución. Símbolo de la confusión en la mentalidad de la época entre hombre y bestia.12


[i] . Francisco J. Capacete González. La Declaración Universal de los Derechos del Animal. Derecho Animal (Forum of Animal Law Studies) 2018(9);3:143-146. Disponible en: https://doi.org/10.5565/rev/da.339
[ii] . Alejandro Anaya Huertas. Primatología jurídica. Revista NEXOS, México, julio 12 2017.
[iii] . Luis Gonzalo Díez. El neologista prometeico o cómo hemos entrado en un delirio cultural. En la revista Democresía: https://democresia.es/pensamiento/delirio-cultural-neologista-prometeico/
[iv] . José Antonio Olguín. La persona humana éticamente considerada. En: http://www.filosofia.org/aut/003/m49a1322.pdf
[v] . Francisco Larroyo. El concepto de persona. Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía. Mendoza, Argentina. Marzo-Abril de 1949, Tomo 2, p. 1297.
[vi] . Roger Scruton. Derechos animales. Verano 2000. Consultado en internet el 11 de noviembre de 2019 en: https://www.city-journal.org/html/animal-rights-11955.html
[vii] . Persona no humana. https://es.wikipedia.org/wiki/Persona_no_humana
[viii] . Loreley Graffoglio. Personas "no humanas": el pedido por los chimpancés que analiza la Justicia. La Nación. Argentina, 7 de septiembre de 2014.
[ix] . La Nueva España. Oviedo, 12 de junio de 2007. Accesible en internet en: http://www.fgbueno.es/hem/2007g12.htm
[x] . Manuel Sanchis I Marco. Crítica a la idea de liberación animal de Peter Singer. Disponible en: https://www.latorredelvirrey.es/critica-a-la-idea-de-liberacion-animal/
[xi] . Government of India. Ministry of Environment & Forest. Central Zoo Authority. Circular. 17 de mayo de 2013, p. 2.
[xii] . Infobae. Argentina, 11 de noviembre de 2019. Cuando los animales eran arrestados y juzgados como personas. Consultado en internet el 11 de noviembre de 2019 en: https://www.infobae.com/2015/10/03/1758106-cuando-los-animales-eran-arrestados-y-juzgados-como-personas/