viernes, 16 de agosto de 2024
lunes, 29 de julio de 2024
La expresiva mexicanidad en "Mantras".
Lo
mexicano
en sus Mantras.
El hombre es un animal inserto en
tramas
de significación que él mismo ha
tejido.
Así, la cultura que ha creado debe
basarse
en la búsqueda de significaciones,
en la interpretación de sus expresiones
sociales.1
Dr. Xavier A. López y de la Peña.
Salta la idea de
urdir un ensayo sobre la mexicanidad o lo mexicano interpretando y reinterpretando
lo que han dicho otros escritores sobre el tema, sin embargo, creo que no hay
nada más que decir, porque con lo dicho se ha dicho todo y… nada concreto a la
vez.
Esta idea me vino tras la lectura
del libro Mexicanidad y esquizofrenia del autor Agustín Basave Benítez
(Ed. Océano de México. 2010) cuya dedicatoria va para los mexicanos que
reman día a día, en esperanzador apostolado, contra la corriente de nuestra
esquizofrenia.
Sí, de la esquizofrenia referida al
trastorno mental en el que existe una distorsión del pensamiento, percepciones,
emociones, lenguaje, conciencia y conducta, que suele asociarse con una fuerte
ansiedad y un importante deterioro en las esferas personales, familiares,
sociales, educativas, ocupacionales y de otras importantes facetas de la
vida.
Desarrolla el autor en el referido
libro y desvela el intrincado laberinto -no “de la soledad” ya propuesta por
Octavio Paz-, sino de la conciencia nacional inmersa en el subdesarrollo, la
violencia, la corrupción, la desigualdad e inequidad que nos agobia y que, como
respuesta esperanzadora nos propone e invita a una regeneración.
De hecho, ha corrido mucha tinta y se
ha tratado de definir “algo” de la mexicanidad, desentrañando y desmenuzando un
inacabable, polimorfo e inescrutable espectro que incluye lo biológico, económico,
social, cultural, psicológico, ambiental de lo “mexicano” y más que desemboca,
finalmente, en un enorme galimatías oscilante entre lo racional (o
racionalizado) e irracional o deseado, ya matizado como bueno o, con mayor
frecuencia, demonizado como malo.
Abordando sentimientos de culpa y
minusvalía, de castración, de agresividad explosiva ante el ¿qué me ves?, o del
dejar todo para mañana, o para el “ratito” lo que hay que hacer, entre mil
posibles figuras más. Faltó agregar
-sutileza inexcusable-, la de ser “borracho, (mujeriego), parrandero y jugador”
como reza en la letra del corrido popular mexicano Juan Charraqueado de
Víctor Cordero, como corolario.
Tal vez antes de auto conocernos y
sabernos, o cuando menos de tratar de entendernos, podríamos empezar por
averiguar cómo nos conceptúan o “ven” a los mexicanos en el extranjero:
El Consejo Mexicano de Comercio Exterior en
2004 evaluó qué pensaban los miembros del TLCAN de sus vecinos, Canadá y EUA
percibían a México como un país pobre, injusto, expulsor de migrantes,
peligroso, dividido, tradicional y con playas soleadas.
Según Simon Anholt 2 (2012), los
mismos mexicanos clasificaron la gobernabilidad de su país entre las peores, en
el lugar 45. Particularmente en las áreas de “conducta responsable para
proteger el ambiente” y de “gobierno competente y honesto”.
Forbes3 en 2014 señala que México
es un país con un pobre desempeño económico, con altos índices de
corrupción, con una violencia criminal sostenida, y con un nivel educativo muy
por debajo del promedio de los países emergentes.
Se publicó en Excelsior4 (2024) esta visión: Los mexicanos
usan sombreros grandes y coloridos (sombreros de charro); son ruidosos y
revoltosos; su dieta es a base de tacos y chile; son perezosos y acostumbran la
siesta; su país es desértico y caliente, peligroso y violento; su cultura se
reduce a la fiesta de los muertos y beber tequila; las mujeres tienen bigote;
en dondequiera hay mariachis; los hombres son machistas y golpeadores; la
calidad del agua es mala; en México sólo hay playas y ruinas.
Pero, ¿qué somos? Como dijera
Agustín Basave: Para saber lo que somos es preciso conocer nuestras
invariantes, nuestro contexto geográfico e histórico particular, nuestras
etnias y nuestras tradiciones y para ser un país fuerte, apuntó a su vez
Antonio Caso, necesitamos riqueza, justicia e ilustración.
Samuel Ramos (1934) -psicoanalíticamente-,
nos asoció y tundió con poseer un sentimiento de inferioridad que nos
viene desde la época de la conquista española, de ser idealistas y
desconfiados irracionalmente, casi siempre de mal humor y a menudo iracundos
y violentos, faltos de autocrítica.
Octavio Paz tampoco nos favoreció
mucho refiriendo que el mexicano no quiere ser ni indio, ni español. Tampoco
quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino
como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada y.… ya me detengo
para no acabar hecho pinole porque, como dijo José Agustín: Ya estuvo de
todos esos pinches estereotipos de México -como-país-de-la-muerte-paraíso-infernal-,
¿está bien?5
En un estudio realizado con 629
personas mexicanas en San Luis Potosí, México, un grupo de investigadores evaluaron
un total de 14 variables que reflejaban valores como: honradez, sinceridad,
precaución, amabilidad, ahorro, trabajo, solidaridad, cariño, inteligencia,
romanticismo, valentía, ser fiestero, entrón y apasionado. Estos valores
fueron, a su vez, distinguidos en dos vertientes: en Yo soy y los
mexicanos son.
Las respuestas con mayor valor,
tanto para Yo soy como para los mexicanos son fueron: trabajador(a),
honrado(a) y sincero(a); en tanto que los de menos valor fueron: romántico(a),
apasionado(a) y cariñoso(a), así como fiestero(a). También hubo
diferencias entre los habitantes urbanos y los rurales: los primeros se
percibieron como fiesteros y entrones, y los segundos, como ahorradores,
trabajadores y sinceros.
Como conclusión dicen que, en
función de los valores no existe una definición única en la identidad del
mexicano, pues existen subculturas que se explican por los aspectos estudiados.6
Para más, en La encuesta de
valores, Diagnóstico axiológico/México, de la Fletcher School de la
Universidad de Tufts, EUA, del año 2011, expone como resultados:
Que éstos revelan una dualidad. A
pesar de que la encuesta muestra que los mexicanos tienen valores positivos
respecto a su espíritu emprendedor, al ahorro y a la competencia, la percepción
de incertidumbre en la que se encuentran inmersos, evita que se maximice el
capital social con el que cuenta el país.
La debilidad de las instituciones
podría explicar en buena medida la coexistencia de nociones contradictorias al
actuar de los mexicanos, tales como saber que es malo meterse en la fila, pero
al mismo tiempo pensar que es de tontos cumplir con la ley cuando en su entorno
no se cumple.
Ante instituciones endebles, el
entorno se vuelve más incierto y la búsqueda de soluciones informales se
consolida. En este sentido, percibirse en un contexto incierto afecta desde la
disposición a ser corruptos hasta las decisiones de ahorro. Lo ideal sería que
las instituciones crearan un ambiente que proporcionaran a los individuos los
incentivos para tomar la decisión más conveniente.
Resulta interesante que el mexicano
esté consciente de la realidad y sin embargo acepte sin dudar un entorno
arbitrario e injusto. Bajo este panorama, el fortalecimiento institucional se
vuelve clave para la transformación del país.7
Quizás pues, lo que realmente
caracterice más (esto es, en mayor número) al mexicano(a) sea el gusto por
la comida en tacos y con chile, saber y cantar el Cielito lindo, su
filiación a la muerte, declararse guadalupano y su apasionada afición
por sus “mantras” (entendidas como frases retóricas especialmente expresivas en
la vox populi) como lo refiere el maestro de meditación y terapeuta de
nuevas energías, el italiano Prem Dayal (2023) en su incisivo, mordaz, sarcástico
y algo irreverente libro titulado: “¡Me vale madres!”, que detalla irónicamente
por qué la humanidad está tan jodida
y cómo la cultura mexicana puede salvar al mundo con sus mantras.
De entrada, describe en un primer
lugar al propio y enfático decir: ¡Me vale madres! O mantra del “desapego”
que, -explica- nos libera de prejuicios, reglas, miedos, dogmas, deseos y leyes
restituyendo nuestro derecho, orgullo y dignidad de ser uno mismo; ¡A la
Chingada! O el mantra de la “purificación liberadora” de todo aquello que
nos enfada, disgusta, oprime, angustia o atemoriza; ¡A Huevo! O mantra
del “poder” que afirma categóricamente nuestra resolución, determinación, compromiso,
atrevimiento, audacia u osadía en alguna acción a realizar o realizada; el de ¡No
es mi pedo! O mantra de la “desidentificación” que nos desliga a entera satisfacción
de cualquier asunto mundano y, finalmente, el multi repetido, tajante y común ¡No
hay pedo! O mantra de la “Ley Universal” que es como decir, simple y sencillamente
con pasmosa y diáfana claridad: ¡No hay problema!8
Estos “mantras” me recuerdan cómo se
refirió el escritor mexicano, Carlos Monsiváis (2010) sobre la estructuración
de la mexicanidad, diciendo que:
Separada
de sus cánones gubernamentales, la mexicanidad deviene en las masas vía
existencial de comprensión del mundo. De nuevo, se funden cultura urbana e
‘identidad nacional’, ya no el corpus de tradiciones, sino la manera en que el
instinto colectivo mezcla realidades y mitologías, computadoras y cultura oral [incluyendo sus mantras,
sumaría yo], televisión y corridos, para orientarse animadamente en un mundo
que, de otro modo, sería todavía más incomprensible.9
1 . Geertz,
Clifford. Conocimiento local. Ensayo sobre la interpretación de las culturas, Ed.
Paidós, Barcelona, 1983, p. 5.
2 .
Simon Anholt. Mito y realidad: la imagen
internacional de México. Simon Anholt, “Mexico’s International Standing”.
Traducción de Antonio Ortiz Martínez. A A Ortiz Traductores, S. de R. L. de C.
V., revisada por César Villanueva, coordinador de este número de la RMPE. S.
Anholt autoriza su publicación. En https://revistadigital.sre.gob.mx/index.php/rmpe/article/view/520/497
3 . Forbes. México y su imagen en el mundo en el 2014. En https://www.forbes.com.mx/mexico-y-su-imagen-en-el-mundo-en-el-2014/
4 .
Peter D. Así es cómo erróneamente el mundo percibe a los mexicanos| 02-02-2024.
https://www.excelsior.com.mx/trending/percepcion-de-mexicanos-en-el-mundo/1633631
5 .
Instituto de la mexicanidad. En https://mexicanidad.org/definiciones-de-la-mexicanidad/
6 .
Figueroa Rodríguez, Katia A., Figueroa Sandoval, Benjamín, Figueroa Rodríguez,
Benjamín, & Hernández Rosas, Francisco. (2012). Análisis de los valores que
construyen la identidad del mexicano. Culturales, 8(16), 7-32. Recuperado en 16
de julio de 2024, de
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-11912012000200001&lng=es&tlng=es.
7 . http://cidac.org/esp/uploads/1/VALORES_2.pdf
8. Prem Dayal. ¡Me vale madres! Debolsillo. Penguin Random House Grupo
Editorial, S.A. de C.V., México 2023.
9 .
Carlos Monsiváis. El Ateneo de la Juventud. En La cultura mexicana en el siglo
XX. México: COLMEX (Historia mínima), 2010.
lunes, 1 de julio de 2024
Eppur si muove.
Eppur si muove.
(Y,
sin embargo, ¡Se mueve!)
Galileo
Galilei.
Todo está en movimiento. Todo fluye.
Todo está vibrando.
Dr. Xavier A. López y de la Peña.
Vamos a discurrir en algunas ideas
sobre el movimiento.
Adelantamos que, inicialmente todo
lo que nos rodea en el Universo es “movimiento”. Esto se refiere a que, desde
un principio y hasta hoy, “algo físico” (materia-energía) originario se “movió”
de un lugar a otro ocupando en ello un determinado “tiempo”. No nos referiremos
aquí a otras formas de “movimiento”, como como podrían ser el social,
religioso, político, estudiantil, revolucionario, artístico, etc.
Así, entonces, se define el
movimiento en física como el cambio de posición que experimenta un cuerpo u
objeto en el espacio en un determinado período de tiempo.
En biología, no obstante, el
movimiento es en sí mismo la vida. Todo ser vivo entonces se mueve, o se muere.
Este movimiento se refiere a realizar un cambio de posición de una parte o de
la totalidad de su cuerpo ya sea en la búsqueda de alimento, para reproducirse
o para huir; y estos movimientos pueden ser del tipo nombrado de locomoción
(mediante pseudópodos y flagelos o pili en los organismo unicelulares; o reptar,
caminar, nadar o volar en organismos más complejos), y cuyos movimientos son guiados
por algunas modalidades como pueden ser: el tropismo o movimiento
direccional (fototropismo o gravitropismo), taxias (quimiotaxis,
fototaxis) o nastias, esto es, el movimiento como respuesta a estímulos
(cierre de hojas en plantas carnívoras). Sin embargo, como materia física compleja
(orgánica) al fin, a su muerte aún continuará su “movimiento” en el terreno
físico siguiendo la ley de la entropía.
El interés por lo que conocemos y
entendemos sobre la naturaleza del movimiento viene de mucho tiempo atrás y
combina e incluye a muchas materias: a la religión, filosofía, la física, la
psicología, las neurociencias y otras.
Parménides de Elea (530-515 a.C.)
consideraba que el movimiento era una ilusión; que todo en sí está en un cambio
y movimiento constante, y que la materia de la vida es el propio cambio o la
Causa Primera.
Heráclito de Éfeso (535-480 a.C.). Argumentaba
sobre el movimiento como el concepto del cambio constante y la armonía
universal. Así mismo, creía en la unidad de los opuestos y afirmaba que todas
las cosas en el mundo están moviéndose constantemente y transformándose.
Demócrito de Abdera (nacido
alrededor del año 460) expuso la teoría atómica, en la que fragmentos
indivisibles de materia están en constante movimiento a través del vacío.
Platón (427-347 a.C.) consideraba el
tiempo como la imagen móvil de la eternidad inmóvil; que el movimiento tiene
su origen en un auto movimiento "espiritual" infinito y continuo, como
un sinónimo de vida y del alma. Este movimiento perpetuo provoca un movimiento
"comunicado", que es el movimiento percibido de los cuerpos. Consideraba
el movimiento como una imitación imperfecta de las ideas eternas y perfectas.
Aristóteles (384-322 a.C.), por su
parte y como ejemplo, consideraba el movimiento como un cambio de estado. Hacía
referencia a el primer motor inmóvil (en griego: ὃ οὐ κινούμενος κινεῖ)
como una causa metafísica que describe la primera causa de todo el movimiento
en el universo. Se considera inmóvil y no es movido por nada. En su obra dada a
conocer por Andrónico de Rodas en su libro "Física", discute el movimiento como un proceso natural
que ocurre en cuatro categorías principales: sustancial, cualitativo,
cuantitativo y local. Su visión teleológica del movimiento sugiere que los
objetos se mueven hacia un propósito o fin específico y clasificó el movimiento
en natural (como el crecimiento de las plantas) y violento (causado por una
fuerza externa).
Nagarjuna, filósofo budista en su
tratado Mūlamadhyamakakārikā o Versos fundamentales del Camino Medio, en
el siglo II y III d.C., trata la filosofía del movimiento.1
Galileo Galilei (1564-1642) desafió
las nociones aristotélicas del movimiento con sus estudios sobre la caída libre
y el movimiento de proyectiles, a más de enfrentar también a la Iglesia por su
teoría heliocéntrica opuesta al dogma por lo que fue acusado de herejía y
juzgado por la Inquisición Romana en 1633 en la que, interrogado y bajo amenaza
de tortura se le obligo a retractarse de sus ideas. Sin embargo, al retirarse
del juicio, el lexicógrafo y lingüista italiano Giuseppe Baretti afirmó un
siglo después que, después de la abjuración, Galileo murmuró la supuesta famosa
frase de Eppur si muove (Y, sin embargo, se mueve).
Renato Descartes (1596-1650):
Propuso que el movimiento es inherente a la materia y se conserva en sistemas
cerrados.
Isaac Newton (1642-1727) en su
"Principia Mathematica", formuló las tres leyes del movimiento y la
ley de la gravitación universal, proporcionando una base para la mecánica
clásica: inercia, dinámica, y de acción y reacción.
Albert Einstein (1879-1955): Con la
teoría de la relatividad reformuló la comprensión del movimiento, introduciendo
la idea de que el espacio y el tiempo son interdependientes y que el movimiento
debe ser comprendido en el contexto del espacio-tiempo curvado.
En resumidas cuentas, el concepto de
movimiento, sigue debatiéndose apasionadamente y enfrentando
determinados problemas epistemológicos a saber: el de comprenderle como un
proceso determinista (todo acontecimiento está causalmente determinado
por la cadena causa-consecuencia) como ocurre en la física clásica, o indeterminista
(los acontecimientos no dependen de un proceso causal lineal, sino de un
proceso no lineal o por azar) como en la física cuántica; en la observación
y medición ya que el estado del sistema en movimiento puede ser alterado
por el acto de observarle en la física cuántica, lo que lleva a que el
conocimiento pueda ser objetivo o subjetivo y sobre su continuidad o
discontinuidad, considerando que el movimiento fluye de manera continua de
un lugar a otro o discontinuamente mediante saltos cuánticos.2
Bueno, pero dejémonos de
tratamientos sobre las ideas acerca del movimiento expresados por
múltiples autores y concentrémonos en que al principio de este escrito nos referimos
y repetimos, esto es, el saber que todo lo que nos rodea en el Universo es
“movimiento”. Esto se refiere a que, desde un principio y hasta hoy, “algo
físico” (materia-energía) originario se “movió” de un lugar a otro ocupando en
ello un determinado “tiempo”.
Entonces podremos concluir que, si
el origen del Universo está en una primigenia “materia- energía” (el algo
físico) concentrada (luego entonces, hubo de moverse de algún lado
para “concentrarse”) en materia infinita (es decir, que no tiene ni
puede tener fin ni término) a la que ha dado en llamarse singularidad,
(del vocablo latino singularĭtas) definida ésta como un fenómeno o
evento único, extraordinario o impredecible que tiene implicaciones importantes
o trascendentales y que, en términos matemáticos, esta singularidad es
un punto donde una función o una ecuación diferencial no está bien definida, es
decir, donde alguna cantidad se vuelve infinita o no puede ser descrita
adecuadamente por las ecuaciones existentes; que explotó, esto es, que se movió
(nuevamente ahora pero de forma contraria o “desconcentrándose”) de manera súbita,
estrepitosa y de forma indescriptible ( evento o fenómeno llamado popularmente
como “Big bang”) hace 13,800 millones de años, liberando con ello -según
dicen algunos científicos-, una energía estimada de alrededor de 10 ^ 19 GeV, cuyo
valor está cerca de la energía, tiempo de Planck o cronón que es
la escala de energía más alta que puede ser descrita por nuestro entendimiento
actual de la física,3 de aproximadamente 1.22 x 10^19 GeV -gigaelectrones voltios-, haciendo que el
Universo se expanda a una velocidad que
varía y se cree que debe rondar entre los 50 y los 100 kilómetros por segundo
por Megapársec (o Mpc, por sus siglas, como unidad de distancia equivalente a
unos 3,26 millones de años luz).
Con estos datos ahora ya podremos
decir entonces y con toda certeza, parafraseando a San Agustín con su respuesta
a la pregunta ¿Qué es el movimiento? Al decir:
“Que, si nadie me lo pregunta, lo sé.
Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría
cómo hacerlo”.
∞
¡Claro como el cristal!
Sin embargo y hasta hoy, realmente no sabemos qué,
cómo y por qué,
pero se mueve.
Entonces, en el origen: ¿fue la palabra?
¡No!
¡Fue el movimiento!
Atqui
nescio cur moveat!
Y,
sin embargo, ¡no sé por qué se mueve!
1 .
Filosofía del Movimiento. Consultado en internet en: https://academia-lab.com/enciclopedia/filosofia-del-movimiento/
2 .
Íbidem
3 . Tiempo de Planck. Consultado en internet en: https://es.wikipedia.org/wiki/Tiempo_de_Planck
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