viernes, 6 de enero de 2012

Obesidad


ASUNTO DE PESO*

© DR. Xavier A. López y de la Peña


El culto al cuerpo señala hoy que la esbeltez es sinónimo de belleza y salud, y por tanto, un objetivo deseable por alcanzar.
La moda se ciñe a este concepto y las personas, hombres y mujeres, sufren por no encontrar ropa alguna que les “quede”.
El sobrepeso, eufemismo utilizado en general para no darle otro nombre a la obesidad y su consecuente estigmatización, es un lastre que se asienta cada día más en la sociedad mexicana de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud del 2006, que revela una prevalencia de sobrepeso y obesidad en el país del 70%.
Antaño se consideraba como explicación amplia y suficiente que la obesidad era consecuencia únicamente de una conducta inapropiada y excesiva en comer alimentos atractivos y hoy, basados en estudios sobre modelos animales, sobre alteraciones bioquímicas y genéticas en seres humanos, en complejas relaciones psicosociales y socioculturales ha quedado fuera de duda que la obesidad es un consecuente multifactorial.
El o la obesa, enfrentan sin embargo un problema serio de discriminación por su apariencia física de acuerdo a ciertos patrones sociales y culturales, que diferencian a los feos(as) de los bonitos(as), los blancos de los negros o amarillos, los católicos de los protestantes, los mexicans de los americans, los chinos de los holandeses, etc.
El llevar a cuestas sobre los hombros y las caderas una mayor cantidad de grasa que la que el término medio considera “normal” o aceptable, le hace a él o a ella ser vulnerable. La vulnerabilidad mantiene una relación directamente proporcional para con el peso. Ello repercute también en la autoestima de forma importante porque a diestro y siniestro el prejuicio y la señalización afloran abierta y declaradamente o sutil y encubiertamente: ¡Vaya que gusto verte! ¿te veo más llenita?
La concepción de belleza física y salud ha dejado atrás a las redondeadas Majas vestidas o desnudas de Goya o las llenitas Meninas para entronizarse en las esqueléticas y vomitantes (porque suelen, con mucha frecuencia vomitar los alimentos que acaban de ingerir) modelos que a partir de los 60s. marcan la moda femenina particularmente.
Comer con su consecuente de engordar, o no comer con su consecuente de adelgazar, es el dilema que enfrentan cada día más seres humanos con problemas de peso excesivo o deficitario, real o ficticio.
En la práctica se dice que hay obesidad en los adultos cuando el índice de masa corporal [este índice de masa corporal (IMC) es el criterio de diagnóstico que se obtiene dividiendo el peso corporal de la persona en kilogramos entre la talla en metros elevada al cuadrado (Peso/talla2)] es mayor a 27, y en los adultos de talla baja mayor de 25; sobrepeso en quienes tienen un índice de masa corporal mayor de 25 y menor de 27 en la población adulta general, y en población adulta con talla baja mayor de 23 y menor de 25.
Para determinar obesidad o sobrepeso en los niños y adolescentes es útil considerar los criterios que se describen en la Norma Oficial Mexicana NOM-008-SSA2-1993, control de la nutrición, crecimiento y desarrollo del niño y del adolescente.
La obesidad ha dado paso a una gigantesca y multivariada empresa. Lo editores no se dan abasto en publicar uno y mil temas en torno a las dietas, antidietas, cocina “sana” sin grasa, herbolaria dietética, hábitos de alimentación en aparente contrapunto como el de “coma y no engorde”, ejercicios para “consumir” grasa, acupuntura y esbeltez; el Fen Shui -por llamarlo de alguna manera- del control metabólico, cremas reductoras, aparatos eléctricos, mecánicos, electrónicos, etcétera, etcétera.
La medicalización de la salud ha sentado también sus reales en torno al tema y tratamiento de la obesidad y se usa y abusa de dietas cetogénicas, hipocalóricas de contenido variado, macrobióticas; fármacos diuréticos; hormonales tiroideos particularmente; anorexigénicos anfetamínicos; laxantes; liposecuestrantes; ejercicios aeróbicos para reducir la grasa de nalgas, cintura o caderas; psicoterapias y hasta cirugías cosméticas y/o bariátricas para eliminar la grasa corporal excesiva, o modificando artificialmente el libre flujo de los alimentos por el tracto digestivo para limitar su capacidad.
Se estigmatizan así mismo a los elementos periféricos asociados con frecuencia a la obesidad: el colesterol y los triglicéridos y los alimentos ricos en estas grasas que les contienen como la carne de puerco y sus derivados. Se prefiere el caldo de pollo “desgrasado”, el aceite de cártamo o de ajonjolí, los huevos sin la yema y el indicativo low fat and cholesterol hasta en las salchichas, el germen de trigo o los helados Häagen-Dazs amén del brócoli y la Colas light.
Los “otros” (entiéndase al amigo, vecino, compadre, compañero(a) de trabajo y más), la comida, la báscula y la propia (distorsionada) concepción de imagen corporal, representan los “cocos” de las personas gordas.
El gordo(a) es de cierto un discapacitado que nunca obtendrá un puesto de trabajo en una agencia de modelos, una tienda de artículos naturistas, un gimnasio o una tienda que oferte productos alimentarios “saludables” por citar sólo unos cuantos.
Tampoco encontrará ropa de su talla o dispondrá de una butaca en el cine de su preferencia que acepte cómodamente su trasero.
Tendrá vedado practicar el alpinismo y el ciclismo de montaña o la gimnasia a manos libres.
No cabrá en el tomógrafo del hospital para hacerle un estudio de su páncreas enfermo; el riesgo quirúrgico que enfrentará en caso necesario se incrementará proporcionalmente con su peso y será víctima potencial de la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, las várices en sus extremidades, la aterosclerosis, las enfermedades vasculares cerebrales, el infarto de miocardio, la depresión rampante y el daño a su autoestima de manera permanente.
Para las personas obesas el conflicto entre comer y no comer les hará soñar problemáticamente siempre con poder comer a media tarde un -cuando menos- enorme bolillo relleno con cajeta envinada y en la noche hartarse de tamales rojos con atole de piñón; poder verse algún día con el modelito de Versace como el que usó la princesa Diana en la recepción de cierto jeque árabe; ponerse el frac que lucía Leonardo Di Caprio en el filme Titanic; o con el halago del “otro” que le diga al verle, simple, sincera y espontáneamente: ¡Que bien te ves!
Nunca podrá dejar de percibir a una báscula como si viese a Linda Blair poseída por el demonio como se nos presentó en el Exorcista.
La obesidad, cuando no obedece a causas endocrinas que también son las menos, se debe habitualmente a los hábitos de alimentación inapropiados para determinada persona.
El excedente energético-calórico proveniente de los alimentos suele depositarse en forma de grasa en el cuerpo de manera equivalente al ahorro de dinero: si gasto menos dinero que el que recibo quincenal o semanalmente, tendré más y más dinero ahorrado en el banco. En el caso de la grasa, cuando se ahorra, esta no queda depositada en el banco sino en las «perchas» del cuerpo: los hombros y las caderas sobresalientemente.
La obesidad constituye en México un serio problema de salud pública y se han detectado muchos problemas derivados por malos manejos de la misma por un número importante de establecimientos y personas dedicados a ello, por esto mismo se ha emitido la Norma Oficial Mexicana NOM-174-SSA1-1998, para el manejo integral de la obesidad publicada en el Diario Oficial de la Federación el 12 de abril de 2000.
Esta Norma establece que el personal profesional facultado para intervenir en el manejo integral del paciente obeso sólo podrá ser un médico(a), nutriólogo (a) o psicólogo(a) titulado y registrado ante la autoridad competente.
Sólo el médico puede prescribir anorexigénicos u otros medicamentos necesarios y las indicaciones de cirugía se limitan sólo a operaciones de tipo restrictivo en personas seleccionadas, con sus variantes: gastroplastía vertical, derivación gástrica y bandaje gástrico. La liposucción y la lipoescultura tan socorridas comercialmente no se deberán utilizar como tratamiento integral contra la obesidad. La Norma refiere también -entre otras- que publicitariamente no se debe anunciar la curación definitiva ni promover la utilización de medicamentos secretos y/o fraccionados.
La obesidad es un problema de salud prevenible pero hace falta incidir en muchos terrenos para lograrlo y ningún esfuerzo deberá escatimarse para conseguirlo.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en su panel de consenso de 1985 señalaron que tiene una importancia capital buscar en la infancia aquellos “marcadores” que puedan sernos útiles como predictores de la obesidad en la vida adulta posterior; ampliar y perfeccionar nuestro conocimiento sobre los factores que regulan la distribución de la grasa en el cuerpo y definir su asociación con los efectos adversos de la obesidad; ampliar la esfera de conocimientos sobre la obesidad fuera de los médico-biológicos extendiéndolos a los sociales, culturales, económicos y políticos.
Difícil reto para las personas obesas cambiar sus hábitos de alimentación, sus patrones de consumo, su relación e interacción social con los “otros” pero deben hacerlo si quieren evitarse los riesgos inherentes al sobrepeso.
La Sociedad Mexicana de Cirugía de Obesidad, A.C. hace las siguientes recomendaciones para evitar la obesidad en los adultos:
Comer diariamente en el desayuno, comida o cena: verduras y frutas; poca carne, leche o huevo; cuidar el consumo de alimentos como pastas, pan o tortilla; preferir cereales integrales como avena, trigo, arroz; tomar cuando menos 8 vasos de agua al día; evitar el consumo de alimentos ricos en grasa como el chicharrón, chorizo, tacos, frituras; disminuir el consumo de golosinas como dulces y chocolates, así como postres, refrescos y bebidas alcohólicas; hacer ejercicio o caminar cuando menos media hora de manera continua todos los días; no substituir la alimentación por complementos, medicamentos y polvos dietéticos; olvídese de las dietas de la luna, del aguacate, etc. y, si sufre de obesidad, acuda a una unidad de salud para obtener la orientación que corresponda.
Comer es un placer pero saber qué, cuánto y a qué hora comer es un asunto de cultura nutricional que debe fomentarse en todos los ámbitos.
El “como, luego existo”, debería cambiarse por el “existo, luego como.”
Las enchiladas o los chilaquiles, las carnitas estilo Michoacán, los peneques, el chorizo de Toluca, la cochinita pibil yucateca, el menudo, las morelianas, el pozole, los tamales de chile o dulce, el “mancha mantel”, el mole poblano, la birria estilo Jalisco y la infinita variedad de platillos mexicanos de extremo a extremo en el país, no son demonios placenteros ni demoníacos placeres, son sencillamente deliciosos alimentos que deben gozarse con razón, prudencia y mesura. Son, eso sí, flaquezas de mucho peso que la persona con problemas de exceso de peso debe saber controlar, de ello depende su salud, su futuro y su vida misma.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Palabras sobre Argentina


Argentina*

© DR. Xavier A. López y de la Peña


¡Gaucho! me gritan algunos, tontos en tono burlón.
Son híbridos del montón, que se arrean como vacunos.
No me incomoda ninguno, con su canto con su ruido,
yo conozco bien el nido, donde el canto se prolonga,
por ser cantor de milongas, argentino y bien parido.

Argentino y bien parido.
Milonga del poeta, cantor y guitarrista gaucho: Argentino (El Negro) Luna.


Hicimos un viaje a la Argentina y mientras completábamos mi esposa y yo el recorrido montados en el “Tren a las Nubes” en el noroeste de este país, compartimos una amena conversación con una pareja de argentinos: Jessica Favaloro y Gunther Aráoz.
Jessica es sobrina del hoy desaparecido Dr. René Favaloro (1923-2000) quien desarrolló en Estados Unidos de América, particularmente en la Cleveland Clinic en Ohio, la revolucionaria técnica de revascularización coronaria o by-pass coronario y fundó en Argentina en 1975, su propia institución de renombre internacional, la Fundación Favaloro. Ella, nada tiene que ver con la ciencia pero sí es una extraordinaria artista miembro de un grupo de bailarines en la célebre Tangoteca de Buenos Aires, sita en la avenida Alicia Moreau de Justo y Carlos Calvo, en Puerto Madero y allí precisamente le conocimos mientras pasábamos una velada pintoresca disfrutando de unos langostinos Shao Mai preparados por la propia chef Liliana Numer y acompañados de un delicioso Chandon Brut Rosé. Jessica se acercó a nosotros gentilmente para mostrarnos el estilo y los pasos necesarios para “bailar” a ritmo de tango, para.... luego tratar de bailar tango en el mejor estilo arrabalero del que me confieso, ser solamente, un soberano fracasado por mi disléxica conexión sono-rítmica/motriz-efectora; pasamos entonces mejor a la mesa y conversamos un buen rato.
Las conversaciones entre extranjeros casi siempre se sitúan en comparaciones, diferencias de nombres, de gustos, de cultura en una palabra. Sin embargo, es claro que los humanos somos partícipes de una etnósfera en la que con “esos” rasgos distintivos todos comemos, vestimos, disfrutamos, sufrimos, construimos, nos comunicamos y hacemos “cultura” en consideración y acorde con nuestro propio hábitat y circunstancia.
De esta manera Argentina con sus primitivas tribus de “abipones, puelches y pampas” guarda un símil para con México, y Aguascalientes en particular con sus “chichimecas”, las dos en el centro del país, gente nómada, belicosa y cazadora-recolectora. Los charros y el mariachi nos distinguen tanto como a ellos los gauchos de las pampas o los faenadores del barrio de Mataderos, nuestros boleros con el tango, el llamar a los niños escuincles o mocosos y ellos el pibe, o culicagado como le dirían los colombianos.
México se abrió a la lucha por su independencia al impulso de los criollos en 1810 y vivió una época post revolucionaria llena de conflictos, en tanto que en Argentina después de varios conatos que fracasaron ante el poderío de Liniers (entre los que figuraban el ex alcalde español Martín de Alzaga y varios criollos ilustres) se dio el golpe revolucionario, también en 1810: el nuevo virrey Cisneros tuvo que convocar entonces a un cabildo abierto ante el cual renunció. Se formó posteriormente el 25 de mayo de ese mismo año una junta, presidida por Cornelio Saavedra e integrada por patriotas notables como Mariano Moreno y Manuel Belgrano. Compartimos también con Argentina un índice elevadísimo de corrupción.
El viajero contrasta y no hay tiempo que alcance para “sentir o pulsar” todo el entorno. Argentina, el país que ocupa el 2º. lugar en tamaño de Suramérica, abruma con su contrastante belleza que se extiende en sus límites al norte con Bolivia y Paraguay, al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico y al oeste con Chile, la parte oriental de Tierra del Fuego y reclama como suyos algunos islotes en el Río Uruguay, parte de la Antártida y el Archipiélago de las Malvinas de triste memoria reciente.
Mientras esperábamos para abordar el Tren de las Nubes en Salta, la ciudad capital de esta provincia el sábado a las 7.05 hrs. tuvimos tiempo de visitar un día antes el Museo de Arqueología Pío Pablo Díaz en la población de Cachi, o tierra de la sal, con la visión al fondo de la cordillera de los Andes y el majestuoso Nevado del Cachi que se eleva a 6 720 m. de altura. El pintoresco pueblo de Cachi, polvoriento y vetusto escenario de estrechas calles y veredas adoquinadas reúne al atardecer a los cacheños en la plaza colonial a tiro de piedra de la iglesia de San José de Cachi, de mediados del siglo XVIII coronada con su típica espadaña de tres campanas. El museo expone sólo un 10% de su colección de cerca de 5000 piezas y contiene petroglifos, urnas para infantes correspondientes al período que va del 900 a 1450 d. C., diversas piezas de cerámica cocida de origen incaico llamados aribaloides y aribalos, provenientes de ésta zona que fue señoreada por los indios calchaquíes. En Cachi disfrutamos también de sus platillos típicos como humitas de choclo rallado cocidas en chala, empanadas con cebolla de verdeo y papas, cabrito al asador y de postre quesillo con miel.
El recorrido del Tren de las Nubes de este a oeste se inicia, como dijimos en Salta y llega hasta San Antonio de los Cobres para luego retornar a Salta a las 22 hrs. En su camino ascendente por entre la cordillera que está flanqueada sobresalientemente por el Nevado del Cachi (6 720 m. de altura) y en de Acay (5 950 m. de altura) al sur y al norte por el nevado de Chañi (6 200 m. de altura) y el Negro (5 000 m. de altura) nos ofrece un panorama impresionante al través de su escarpada geografía. Una locomotora diésel eléctrica tira de una formación de diez vagones entre los que se cuentan una enfermería, coche restaurante, coche bar y siete vagones pullman con capacidad para 520 pasajeros. Las vistas no cesan. De los acantilados a los magníficos puentes, se entremezclan los pequeños poblados sobresaliendo entre los profundos valles: Campo Quijano, Viaducto Río Toro, Chorrillos, El Candado, la Muralla del Inca y más hasta llegar a Mina Concordia a 4 144 m. de altura en donde se hace una parada obligatoria para que la locomotora ahora se coloque en la parte posterior del tren y le “empuje” hasta su destino final en San Antonio de los Cobres y quede en posición de “jalar” el convoy para su regreso de vuelta a Salta. Aquí en Mina Concordia nos asaltan los collas, así llamados a los que viven entre los cerros, con sus vendimias multicolores confeccionadas en lana de vicuña.
Recientemente en este mismo lugar, Salta, fueron descubiertas unas momias en increíble estado de conservación. En la parte más alta del volcán Llullaillaco, a 7 000 m. de altura dos arqueólogos: el norteamericano Johan Reinhard y la argentina María Constanza Ceruti, dieron con las momia de tres niños, dos mujeres y un hombre. Las momias estaban acompañadas con varias estatuillas de llamas y de figuras de hombres y mujeres con vestimentas iguales a las de las momias; pequeños bolsos de lana con granos de maíz y hojas de coca y algunas conchas de la zona del Ecuador.
Argentina es mucho más que los bifes de chorizo y el tango, el teatro Colón o la lánguida nostalgia del Buen Aire a orillas del río de la Plata. Argentina es la prosa del bonaerense Jorge Luis Borges que, a contrapelo de la mayoría de los argentinos, detestaba el fútbol; la memoria del premio Nobel de medicina y fisiología de 1947 otorgado al Dr. Bernardo A. Houssay; las ceremonias en el altiplano, en la puna jujeña, dedicadas a la virgen de la Asunción en el viejo pueblo prehispánico de Casabindo mientras se come charqui (carne salada), picante de mondongo, locro o maíz desgranado acompañado con vino, chicha o aguardiente. Argentina es el país que surge a la luz de sus próceres de la era moderna como don Bartolomé Mitre que vislumbró el nuevo proyecto de Nación en aquél entonces diezmada tanto por sus conflictos internos como por la guerra contra el Paraguay, creando los colegios nacionales tanto en Buenos Aires como en las capitales de las provincias; instalara la Corte Suprema de Justicia, impulsara la organización de la justicia federal y se esmerara por garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.
Los ojos del viajero quedan atónitos ante la naturaleza espléndida y majestuosa de un glaciar, un bosque o una selva, tanto como con la monotonía del desierto o de un páramo, de una parte. De otra, la variada expresión de su “culturaleza” representada por enormes edificios y estructuras físicas que recrean el entorno citadino impresionan de modo diferente pero quizá con la misma intensidad. La hospitalidad y sensibilidad de las personas, sus gustos en el vestir y sus modas, su lenguaje, mitología y magia se entrelazan en torno a los valores universales. Son ésas extraordinarias expresiones de «naturaleza» y «culturaleza» como bien describía mi maestro el Dr. Antonio Oriol Anguera.
El viajar nos hace sentir que dejamos en nuestro bolsillo un llavero, cada vez, con una nueva llave apropiada a cada escenario recién conocido que nos da la capacidad de recrearlo. Nos permite conocer nuestras limitaciones, alcances y diferencias culturales, y admirar en su magnificencia cada “trozo” del mundo en que vivimos develado ante nosotros.
Argentina es parte del mundo,
por tanto,
también es parte nuestra.

martes, 22 de noviembre de 2011

Superstición


LA IDEA SUPERSTICIOSA Y
LOS QUIRÓPTEROS*

*© DR. Xavier A. López de la Peña



"Una palabra de adivino, el examen
de una víctima, una voz que se oye,
una ave que pasa, un caldeo o un auríspice
con quien uno se topa, el relámpago que
brilla, el trueno que retumba, hasta el hecho
más insignificante, todo, en fin,
sirve para aterrarnos y no nos es posible
disfrutar de un momento de calma".

Cicerón.


La génesis de la superstición (proveniente del verbo arcaico latino superstitare, que significa "elevarse" o "estar por encima") se pierde en la historia de la humanidad y así también, con justicia, el ser humano por ser supersticioso de siempre, puede ser considerado así mismo como homo superstitio.
Todo supersticioso piensa que ciertas acciones realizadas de forma voluntaria o involuntaria, impactan de manera importante y trascendental su vida, ya se trate de ensalmos, rezos, maldiciones, conjuros, hechizos u otro tipo de rituales.
De entre las supersticiones están consideradas la cartomancia, la adivinación, la geomancia, curanderismo, el feng-shui, la magia, el tarot, la astrología, la quiromancia, el espiritismo y otras.
La superstición tiene nexos históricos indisolubles con el pensamiento evolutivo mágico y religioso. Se matiza de simbolismos variados y está envuelta en una amplísima gama de mitos, leyendas y consejas alrededor de todo el mundo aliándose con la hechicería y la nigromancia.
Con el paso de tiempo la idea supersticiosa se ha popularizado, y a través de las sucesivas transmisiones ha sido falseada y distorsionada en su concepción original. Mauricio Maeterlinck lo describió de singular manera diciendo que "en el fondo de las creencias hay a menudo las más extrañas y absurdas supersticiones y leyendas y también una cierta verdad deformada, desconocida u obscuramente entrevista". Empero, la superstición aún mantiene un enorme poder a pesar del paso de los siglos, porque se ha dicho que es el medio más fácil de "colmar la viudez espiritualista de los ateos, como así mismo de satisfacer, rebajándolas por supuesto, las fervientes creencias de los fieles" (A. Ruffat, 1962).
La idea supersticiosa ha gestado innumerables horrores gracias a su enorme poder, así Frazer ha escrito que por la superstición la humanidad "Ha sacrificado una infinidad de existencias, despilfarrando tesoros inmensos, armado naciones, malquistado amigos..; ha llenado las cárceles y manicomios de víctimas inocentes o engañadas, ha destrozado gran número de corazones, llenado de amargura a vidas enteras.."
Sin embargo, entre la leyenda, el mito, la magia y la superstición subyacen los cimientos del conocimiento de la humanidad, de tal suerte que la astrología sentó las bases de la astronomía y las matemáticas actuales, así como la alquimia los fundamentos de la química y la metalurgia.
Aún hoy se "consultan" los astros y los horóscopos para decidir el camino en la vida de muchas personas, se emplean talismanes para atraer la fortuna o rechazar el maleficio, o se acude a ritos y ceremonias propiciatorias para hacer o deshacer el hechizo que, intencionada o inintencionadamente nos aleja del sujeto amoroso.
Conservamos en nosotros al hombre "primitivo" señalado por Lévy-Bruhl, creador de mitos y supersticiones, ante la certidumbre de nuestra ignorancia hacia el entorno.
La idea supersticiosa reúne y oscila como un péndulo tanto entre lo positivo como lo negativo, lo bueno y lo malo, lo cierto y lo falso, lo justo y lo injusto, acorde a la expectativa individual y grupal en una sociedad y tiempo determinados y orientada hacia el logro y mantenimiento del poder de unos sobre otros.
El difundido concepto del término de la humanidad previsto para el año 1 000, gestó un sentimiento terrorífico entre la sociedad como respuesta a una interpretación hecha del Apocalipsis Bíblico, seguidas de la creación de la idea del "diablo" que, a partir del siglo XIII se convirtió y fue una pesadilla colectiva. Los primeros padres razonaban, interpretaban y deducían sobre el Apocalipsis alertando contra la Bestia "un gran dragón bermejo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre estas siete cabezas, siete diademas...". El diablo, ubique daemon, ¡está por doquier! Es el diablo que hace soñar a las mujeres estos desvaríos; por el prestigio diabólico ellas se imaginan volar por los aires, acompañando a la diosa. El decreto de Graciano, al tiempo que condenaba a los magos y los sortilegios; conservaba el mismo recelo frente a la creencia en la cabalgada nocturna. Con el Siglo XII el papel de la demonología comienza a ganar terreno: cuando Cesáreo de Heisterbach escribe en 1225 su Dialogus miracolorum, obra que está dominada por la creencia en los demonios.
El diablo aparece por todas partes, tomando la figura de mujer, de un hombre negro, buey o perro. Los judíos y los musulmanes propagaron la astrología y la alquimia, junto con las supersticiones y su demonología por la Europa cristiana y así, el sabio Guillermo de Auvernia, obispo de París de 1228 a 1249, admitía que los demonios podían producir tempestades, naufragios, incendios: es al diablo a quien los magos se dirigen para hacer sus maleficios.
El diablo también era capaz de poseer a la gente, y en el siglo XI se creía que "esos espíritus infernales", en número de seis mil seiscientos sesenta y seis (6666) -de aquí proviene la marca del maligno 666- podían introducirse en el cuerpo y provocar el descontrol más terrible.
El clero y los cristianos en general durante los tres primeros siglos de nuestra era recurrían desde entonces al exorcismo como lo decía Tertuliano a los gentiles: "Sin los cristianos ¿quién rescataría vuestras almas y cuerpos a esos enemigos solapados que lo devastan todo? Hablo de los demonios que os acosan.."
Los hechiceros pactaban con el diablo y en el siglo XV en Francia se calculaba que había unos trescientos mil. El Tribunal de la Inquisición gestado desde el concilio de Verona de 1183 los incluyó en la nómina de los herejes.
La imaginería ha dado a Satanás morfología diversa, no escapando la figura humana, pero -curiosamente- sin nalgas como se dice: dorsa tamen non habemus -¡pero no tenemos nalgas!-.
La superstición también ha llevado a dotar al maligno con figura humana-animal y escogió como símbolo occidental que persiste hasta nuestros días, acaso como forma más expresiva y permanente de todos, el de poseer alas de murciélago.
El murciélago, lamentablemente la figura escogida, que habita en las cavernas y cuevas, se convertía por ello mismo en el "medio" de contacto entre el mundo y el inframundo. Fue considerado, por definición asociativa, el opositor de la luz -verdad y realidad- y amante de las tinieblas -mentira, engaño- y por tanto estigmatizado.
Ya desde el siglo X en Asia, los artistas representaban a los demonios como humanos dotados de alas de murciélago como puede verse en una pintura de Tcheu Ki-tch'ang y Liu T'ing-Kuei -entre 1163 y 1180- conservado en el Museo de Boston, que le muestra con un cuerpo sombrío y nudoso, con rostro de fealdad bestial, cuernos pequeños y alas nocturnas inmensas de murciélago y, a partir del año 1250 aproximadamente, el diablo es ya, la representación generalizada de un hombre-quiróptero cuyas alas membranosas reemplazaron a las plumas.
El arquetipo del demonio-vampiro conformado, se enseñoreó a partir del siglo XIII en el Antiguo Continente y fue llevado y traído por las hordas mongolas de Gengis Khan y por los incansables viajeros europeos por Asia: los Polo, Ruisbroeck y Montecorvino. Posteriormente el Cristianismo le llevó a América.
Necesaria, sin duda, -dice el investigador A. Ruffat, 1962- durante milenios todavía, la superstición -que en tanto como sentimiento ha creado los prejuicios- hará sentir su yugo de intolerancia sobre los pueblos que no se hallan maduros para la libertad. Nadie puede librar a la humanidad de la superstición en el sentido antedicho, pero cada cual puede emprender pacientemente, en el fondo de sí mismo, una conquista que algunos juzgan ilusoria. Del creyente al ateo, del espiritualista al materialista, no existe otro modo de liberarse que por medio de una elevación laboriosa del hombre respecto de sí mismo.
Aun en el caso de que, en este combate contra un error que forma parte de nosotros mismos, no llegáramos hasta la luz, aun si no nos fuera dable extirpar la superstición de nuestros corazones medrosos, el mayor mérito de una existencia humana ¿no radicaría al menos en la frase famosa del príncipe de Ligne "haber acometido una empresa sin -ni siquiera- esperar salir airoso de ella"?
Los quirópteros no son, no han sido ni serán, ni malignos ni demoníacos. Sólo la superstición les dio una impronta negativa que debe ya ser superada.
El servicio que nos ofrecen los quirópteros actualmente está demostrado por numerosos estudios científicos en el mantenimiento y regeneración de bosques, en la dispersión de semillas, o su actuación como polinizadores o como agentes biológicos de control de plagas.