jueves, 8 de marzo de 2012

Sobre los sueños


INTERPRETANDO SUEÑOS

© DR. Xavier A. López y de la Peña



Así como un pez nada a lo largo
de ambas márgenes de un río,
así también cada persona se desliza
entre dos estados, el del sueño y el de la vigilia.

Uspanishad


Ayer soñé algo verdaderamente angustiante -me decía una persona-, un hombre de 45 años, profesionista socialmente bien aceptado en la comunidad en la que vive, culto y elocuente.
Soñé –continuó diciendo- que subía no sabía cómo a una columna muy alta de concreto pintada de blanco de unos 2 metros de ancho y aproximadamente cuatro de altura. Esta columna, aunque firme, estaba situada en medio de un mar agitado y me sentía aterrado porque, tanto en este sueño como en la realidad siento un terror pánico a las alturas. Al lograr llegar a la cima y echado de bruces en la parte alta, terriblemente cansado por el esfuerzo realizado para subir, miraba tímidamente y con horror hacia abajo sin poder comprender qué hacía allí, ni cómo podría hacer para bajar y, peor aún, ya en el agua, también no sabía qué habría de hacer.
Escuchaba con atención a este hombre que vestía pulcramente y se sentaba rígidamente frente a mí. Sus ademanes eran discretos, se le veía tenso y se expresaba en forma fluida, espontánea y abierta. Yo le conocía bien de tiempo atrás por otras razones.
Su sueño, le dije al terminar su relato, es ciertamente extraordinario. El hecho de que en su sueño haya podido usted reunir dos componentes tan disímbolos como son el elemento móvil e inestable del agua, con el elemento inmóvil, fijo, de una columna que, usted mismo en el sueño reconoció como de “concreto” tienen connotaciones peculiares. Ello nos da una primera aproximación a inferir que su sueño expresa, ciertamente, elementos de choque en función de su seguridad. Hay en el contenido del sueño -continué diciendo-, revelaciones íntimas de que hay situaciones que le enfrentan en su vida personal a circunstancias cambiantes, inciertas algunas, firmes otras y que le mantienen en zozobra en su representación onírica.
Déjeme tratar de explicárselo. El agua, por un lado, simbólicamente remite a reconocer en su sueño un retorno a nuestros orígenes. La vida como usted bien sabe -continuo diciendo-, se originó en el océano en el llamado “caldo primigenio” en el que se generó la vida en el planeta y hace referencia también al medio acuoso en el que el ser humano se desarrolla y llega a la vida; aquí, el agua es el representante del líquido amniótico que le envolvió y le protegió hasta su llegada al mundo.
El océano, el mar, el agua en fin, se muestra como un fluido en movimiento constante. El movimiento, a su vez, es parte esencial de la vida. Agua-dinámica-vida. Términos ligados indisolublemente entre sí con nuestro concepto de “vida”; no existe el uno sin el otro en los procesos vitales. Por ello, es posible que su desconcierto en el sueño acerca de “no saber qué hacer” en el agua una vez llegado a ella, pueda representar una negación íntima a “regresar” a sus orígenes o, si bien se quiere entender y expresado de otra forma, que la situación de zozobra que el sueño le ofrece obedece a una determinada circunstancia de su vida personal a la que usted no quiere regresar.
Prefiere entonces, de otro lado, la firmeza de una columna sólida (representativa de su situación actual) que, proyectada hacia arriba expresa, casi con seguridad y simbólicamente por supuesto también, su deseo de superación. A sus esfuerzos por alcanzar metas superiores como corresponde a su vida en constante lucha por mejorar.
La columna que usted refiere de forma peculiarmente rectangular, podría guardar una estrecha relación con rasgos que esbocen las características de una personalidad rígida, recta, con contornos y límites perfectamente delineados y definidos y, por añadidura “blanca” pareciendo conformar representativamente a un ideal o un proyecto de vida que usted ha seguido y en el que usted ha cifrado sus esperanzas. La columna parece representar entonces a una línea de conducta que usted procura seguir en todos sus asuntos de manera incontrovertida, firme, constante y por tanto segura a la que se llega sólo con esfuerzo y tesón, por ello se siente seguramente “cansado” al llegar a la cima.
El esfuerzo que imprime usted para lograr sus metas en la vida le producen ése estado, nada es gratuito. Está cansado pero se siente “seguro” en la base de sustentación que le da la cima, convencido de que los medios utilizados para lograr sus objetivos han sido puros, diáfanos, legítimos. Ello explica, casi con certeza, el color “blanco” de la columna, símbolo consecuente de la pureza, de la claridad. Rectitud en el quehacer diario.
Los sueños son así, hogaño como antaño, representaciones personales. Producto de nuestras propias vivencias. La situación del país -entorno circunstancial propio-, con sus altibajos económicos, políticos y sociales con toda seguridad imprime su huella en el quehacer de todos nosotros. Además, la lucha a la que nos enfrenta una sociedad cada día más competitiva y demandante, exige nuevas estrategias, técnicas, habilidades o métodos que quizá ya no seamos capaces de generar o aprender. Ello suscita ciertamente angustia entre los individuos y con ello surge el mecanismo posible de la depresión. Una forma de auto evasión al conflicto.
El sueño suyo podría entonces interpretarse, finalmente, como una lucha entre el ser y hacer en su vida, conducida bajo patrones rígidos y en contraposición ante situaciones controversiales nuevas y en el que subyacen matices posiblemente depresivos ante ésos nuevos retos difíciles de sortear. Incómodos.
El sueño o los sueños en general constituyen en toda persona, una forma de expresión de las vivencias personales, únicas e irrepetibles. Saber interpretarlos es llegar a conocer nuestra intimidad por intrincados, complejos o terribles que pudieran ser. Fue dicho por el rabino Chisda de Jerusalén hace mucho tiempo: Un sueño que no se interpreta es como una carta que no se lee.
Recordamos que ya Platón se refería a los sueños y a su contenido de la siguiente manera: “En todos nosotros, aun en los hombres virtuosos, existe una naturaleza salvaje e indómita que se revela en el sueño... No hay locura o crimen concebible, ni siquiera el incesto u otra pasión antinatural, hasta el parricidio, que durante el sueño, libre de vergüenza y todo sentido, el hombre no sea capaz de cometer”, teoría que reafirmara como la “relajación de los frenos morales” según el investigador Havelock Ellis.
Hace 3000 años en la literatura hindú el texto Suhrita Samhita determinaba que una persona estaba enferma cuando soñaba con frecuencia que era “tragada por un pez o que caía desde lo alto de una montaña a una caverna tenebrosa”.
Artemidoro ya había dicho con toda claridad que el sueño era un sentimiento expresado en lenguaje simbólico y Sigmund Freud, con su teoría del inconsciente y la interpretación de los sueños del año de 1900, su obra posiblemente mejor acabada, daba a los sueños la categoría de forma de expresión de las emociones -sentimientos- reprimidas en las que reconocía dos elementos de singular importancia: el contenido llamado manifiesto, es decir, el sueño propiamente experimentado por el individuo, y el latente o el verdadero significado del sueño.
Se descubrió -decía Freud- un día que los síntomas patológicos de determinados sujetos nerviosos poseían un sentido, descubrimiento que constituyó la base y el punto de partida del tratamiento psicoanalítico. En este tratamiento se observó, después, que los enfermos incluían entre sus síntomas algunos de sus sueños, y esta inclusión fue lo que hizo suponer que dichos sueños debían poseer igualmente su sentido propio. Freud sin embargo, dio a la interpretación de los sueños tintes sexuales exagerados criticados acremente luego por Carl Gustav Jung y Alfred Adler.
Posteriormente siguieron líneas de pensamiento que dieron a los sueños un contexto más amplio como el de Karen Horney quien señaló que el hombre no es una criatura guiada sólo por los instintos, sino un organismo complejo íntimamente relacionado con el ambiente, y que sus sueños expresan tanto sus deseos creadores y afirmativos de la personalidad, como sus problemas.
Hoy, sin embargo, puede decirse siguiendo al Dr. Walter Bonime que “el simbolismo onírico es resultado de la historia vital de cada individuo, sólo ésta nos ofrece la clave para interpretar el contenido simbólico de los sueños”. ¿Quieres saber porqué sueñas lo que sueñas? Dime entonces qué sueñas, cómo eres, cómo has vivido y te diré qué significado tiene.
Interpretar sueños, o tratar de hacerlo puede ser simple o complejo. Se requiere sin embargo, de una particular formación para traducir su oculto mensaje expresado de manera simbólica. No todo soñar con serpientes tiene un sentido simbólico fálico, como tampoco el repicar de campanas deba representar un rito funerario o que la visión de siete vacas flacas represente escasez.
El sueño puede ser tan absurdo y sin sentido como coherente y lleno de razón, sin embargo el sueño es en última instancia, como el reflejo en un espejo de nuestra imagen ya terriblemente distorsionada o fiel a nosotros mismos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

De la diatriba y el sarcasmo


EL CIENTÍFICO,
SEGÚN GIOVANNI PAPINI*

© DR. Xavier A. López y de la Peña


La agudeza y penetración de las ideas de Giovanni Papini (1881-1956), cargadas de un sarcasmo sutil que hunde como un puñal filoso en los asuntos que analiza, no deja fuera a los científicos desde la perspectiva del eterno conflicto sobre la materia y el espíritu, como tampoco dejó a los filósofos, desde la óptica de la filosofía, como a Manuel Kant, Jorge Hegel, Augusto Comte, Arturo Schopenhauer y Federico Nietzsche.
De Kant -nada más como ejemplo-, dijo que no estaba seguro de que fuera un gran filósofo, ni siquiera que fuera siempre filósofo y le cataloga, simple y llanamente, como un burgués honrado y ordenado en la que toda su filosofía se remite a éstos tres adjetivos y, fuera de ella es un perfecto filisteo que por la noche bebe cerveza con negociantes, riendo de las historias de la jornada, y calculando cuántas onzas debe comer y cuántos minutos debe pasear. Alguien que se refiere al arte sin haber conocido jamás las obras de Shakespeare, que nunca ha visitado una galería de cuadros y que prefiere la música generada por una banda militar por sobre cualquier otra. Enseñó geografía y nunca salió de Koenisberg más allá de diez millas a la redonda; habla de los sentimientos y nunca quiso tener relación alguna con sus hermanas pobres. Kant negó lo que existía, descubrió lo que no era, y dio al a priori lo que es del lenguaje; no podía comenzar peor su Crítica de la razón pura en la que, queriendo aclarar las cosa ha iniciado con no verlas y enredarlas por completo.
Sobre el científico, ya para entrar en materia, lanza el primer dardo diciendo en su exposición del 14 de agosto de 1928, que es un parricida que, en lugar de honrar a su padre legítimo -el Mago- lo escarnece y jacta de haberle dado muerte.
El científico y el mago creen en la sucesión de los fenómenos y se valen de asociaciones de ideas por semejanza y por contigüidad. Ninguno de ellos cree en las intervenciones personales en el decurso de la naturaleza y no echan mano de las divinidades para dominarla. La diferencia entre ellos radica en que, mientras el mago inexperto confía en apreciaciones erróneas y analogías ilusorias, el científico con paciencia llega a observar sucesiones reales y ello le da la posibilidad de hacer eficaces previsiones. Por esto, el científico carece del derecho de matar a su progenitor brujo de quien ha heredado lo esencial y no pocos rasgos de su fisonomía.
El científico también es un Deicida ya que la ciencia desde su inicio busca desconocer a los dioses y expulsar los espíritus dejándola sin misterios ni milagros. Dios es una fábula fabricada en la noche de la ignorancia, una hipótesis innecesaria que no vive sino en las pálidas almas de las santurronas analfabetas.
Como Deicida, el científico adula en el hombre su propia soberbia y le ofrece el dominio. Volar como los pájaros y dominar a la naturaleza; saborear la victoria y omnipotencia en el espacio por medio de la tecnología; detener y hacer retroceder aún a la muerte con elíxires e injertos glandulares en la idea de la inmortalidad y, en cierto orden de hechos, con el don de la profecía matemática.
Imagina conocer la realidad sin saber que sólo conoce una pequeña parte, la materia mensurable. En por tanto un mensurador, un agrimensor, un metro ambulante encargado de hacer un inventario y catastro del universo tangible por mediación de aparatos del que, no obstante, escapa el conocimiento del infinito profundo y complejo del espíritu.
Pretende llegar a la verdad pero confiesa más su amor por la búsqueda que llegar a la verdad misma a la que, en el fondo no cree llegar a conquistar y, si lo lograra, sería su fin. Su búsqueda aún en las ciencias aparentemente más desinteresadas es hacia la utilidad, la comodidad, la aplicación práctica, el imperio. Su necesidad es servir a la vida más que para revelar el ser. Cree en el determinismo universal pero es refutado por la libertad atestiguada por el espíritu y por el milagro certificado por la fe.
El científico se enorgullece de haber contribuido a disminuir la carga física y la infelicidad de los hombres, y con su contribución en la industria no ha hecho sino multiplicar las necesidades y, consecuentemente, el trabajo y la esclavitud, aumentando con su carga de conocimientos inútiles y una vida más insaciable, el peso de nuestros dolores. Pretende reemplazar al sacerdote y no logra, sin embargo, dar respuesta a las interrogantes apremiantes del ser humano como su destino y la muerte por efecto de su servidumbre a la materia y al cuerpo.
Reconoce en el científico su saber -aunque poco- sobre la materia, como si mirase al mundo desde afuera reduciéndolo a cantidades y números o símbolos, pero no desde adentro, no su alma. Los primeros paso de la ciencia se orientaron a las matemáticas, la física y la astronomía que lo llevaron indefectiblemente por el camino de la materia condenándola y restringiéndola entre los márgenes de la espacialidad.
El científico al cuantificar el universo, a la materia, no hace sino reducirla a leyes necesarias para fijar previsiones y éstas, a su vez, mecanizarlas para dominar a la naturaleza. Ello le hace un servidor de las necesidades del cuerpo y de la utilidad social.
A esto debe su poder actual, sus inhumanos derechos y la admiración de semidoctos e ignorantes. No es admirado por su búsqueda de la verdad sino por los resultados útiles de sus afanes. Si los científicos no consiguen darle a los hombres las satisfacciones materiales que a ellos les parezcan valiosas, serían tratados como parásitos insoportables, peor que a los poetas que, cuando menos a veces nos hacen pasar agradablemente el tiempo.
La admiración hacia la ciencia no proviene de una verdadera y sincera gratitud hacia los esfuerzos inhumanos de los neo-Magos, sino de un inconsciente cálculo del egoísmo universal.
Y termina diciendo: Se aproxima el tiempo en que serán condenados los pecados de este usurpador de la sapiencia divina. Los oculistas, nietos de los Magos, vuelven atrevidamente para vengarse del Parricida; la religión, que se fortalece después de las desilusionantes experiencias satánicas, pondrá en su lugar al Deicida, y los hombres, desengañados por las promesas jamás mantenidas, y diezmados por las catástrofes de las que la ciencia también es responsable, abandonarán al Tentador y a sus lisonjas.

El florentino Giovanni Papini fue, ciertamente, un irredento irreverente; un hombre prisionero de sí mismo, mordaz e insatisfecho con la vida que transitó empuñando la ironía para, con su literario retruécano, denostar y desfigurar sagaz, aunque falsariamente el pensamiento ajeno.
Transitó en su existencia del escepticismo al más ferviente catolicismo. De fascista y antisemita a refugiado en el convento franciscano de Verna tras la caída de su amigo, el Duce, Benito Mussolini.
Enojoso escritor en la época de nuestros abuelos que entretejió sus palabras contra el stablishment al entrevistarse Gog (apócope de su imaginario personaje, el hawaiano Goggins; Libro publicado en 1931) con algunos personajes, entre otros, con Mahatma Gandhi, al que tildó como el menos indio de todos los humanos, motivo por el cual se ha convertido en guía de los indios; con Sigmund Freud, a quien se refirió como ser un poeta y novelista bajo el aspecto de un hombre de ciencia; literato por instinto y médico por la fuerza, que tuvo la ilusión de transformar a la psiquiatría -rama de la medicina-, en literatura.
Él mismo catalogó a su obra (Gog) como un monstruo que reflejaba ciertas tendencias modernas de su época, una expresión grotesca que permite una mejor percepción de las enfermedades secretas o espirituales de la civilización actual.
El pensamiento de Giovanni Papini plasmado en sus obras, podremos sufrirlo o gozarlo, pero no podremos apartarlo de nuestra memoria al mostrarnos otro punto de vista, apenas en un controvertido atisbo, de lo que en la historia de las ideas el ser humano a generado.

viernes, 6 de enero de 2012

Obesidad


ASUNTO DE PESO*

© DR. Xavier A. López y de la Peña


El culto al cuerpo señala hoy que la esbeltez es sinónimo de belleza y salud, y por tanto, un objetivo deseable por alcanzar.
La moda se ciñe a este concepto y las personas, hombres y mujeres, sufren por no encontrar ropa alguna que les “quede”.
El sobrepeso, eufemismo utilizado en general para no darle otro nombre a la obesidad y su consecuente estigmatización, es un lastre que se asienta cada día más en la sociedad mexicana de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud del 2006, que revela una prevalencia de sobrepeso y obesidad en el país del 70%.
Antaño se consideraba como explicación amplia y suficiente que la obesidad era consecuencia únicamente de una conducta inapropiada y excesiva en comer alimentos atractivos y hoy, basados en estudios sobre modelos animales, sobre alteraciones bioquímicas y genéticas en seres humanos, en complejas relaciones psicosociales y socioculturales ha quedado fuera de duda que la obesidad es un consecuente multifactorial.
El o la obesa, enfrentan sin embargo un problema serio de discriminación por su apariencia física de acuerdo a ciertos patrones sociales y culturales, que diferencian a los feos(as) de los bonitos(as), los blancos de los negros o amarillos, los católicos de los protestantes, los mexicans de los americans, los chinos de los holandeses, etc.
El llevar a cuestas sobre los hombros y las caderas una mayor cantidad de grasa que la que el término medio considera “normal” o aceptable, le hace a él o a ella ser vulnerable. La vulnerabilidad mantiene una relación directamente proporcional para con el peso. Ello repercute también en la autoestima de forma importante porque a diestro y siniestro el prejuicio y la señalización afloran abierta y declaradamente o sutil y encubiertamente: ¡Vaya que gusto verte! ¿te veo más llenita?
La concepción de belleza física y salud ha dejado atrás a las redondeadas Majas vestidas o desnudas de Goya o las llenitas Meninas para entronizarse en las esqueléticas y vomitantes (porque suelen, con mucha frecuencia vomitar los alimentos que acaban de ingerir) modelos que a partir de los 60s. marcan la moda femenina particularmente.
Comer con su consecuente de engordar, o no comer con su consecuente de adelgazar, es el dilema que enfrentan cada día más seres humanos con problemas de peso excesivo o deficitario, real o ficticio.
En la práctica se dice que hay obesidad en los adultos cuando el índice de masa corporal [este índice de masa corporal (IMC) es el criterio de diagnóstico que se obtiene dividiendo el peso corporal de la persona en kilogramos entre la talla en metros elevada al cuadrado (Peso/talla2)] es mayor a 27, y en los adultos de talla baja mayor de 25; sobrepeso en quienes tienen un índice de masa corporal mayor de 25 y menor de 27 en la población adulta general, y en población adulta con talla baja mayor de 23 y menor de 25.
Para determinar obesidad o sobrepeso en los niños y adolescentes es útil considerar los criterios que se describen en la Norma Oficial Mexicana NOM-008-SSA2-1993, control de la nutrición, crecimiento y desarrollo del niño y del adolescente.
La obesidad ha dado paso a una gigantesca y multivariada empresa. Lo editores no se dan abasto en publicar uno y mil temas en torno a las dietas, antidietas, cocina “sana” sin grasa, herbolaria dietética, hábitos de alimentación en aparente contrapunto como el de “coma y no engorde”, ejercicios para “consumir” grasa, acupuntura y esbeltez; el Fen Shui -por llamarlo de alguna manera- del control metabólico, cremas reductoras, aparatos eléctricos, mecánicos, electrónicos, etcétera, etcétera.
La medicalización de la salud ha sentado también sus reales en torno al tema y tratamiento de la obesidad y se usa y abusa de dietas cetogénicas, hipocalóricas de contenido variado, macrobióticas; fármacos diuréticos; hormonales tiroideos particularmente; anorexigénicos anfetamínicos; laxantes; liposecuestrantes; ejercicios aeróbicos para reducir la grasa de nalgas, cintura o caderas; psicoterapias y hasta cirugías cosméticas y/o bariátricas para eliminar la grasa corporal excesiva, o modificando artificialmente el libre flujo de los alimentos por el tracto digestivo para limitar su capacidad.
Se estigmatizan así mismo a los elementos periféricos asociados con frecuencia a la obesidad: el colesterol y los triglicéridos y los alimentos ricos en estas grasas que les contienen como la carne de puerco y sus derivados. Se prefiere el caldo de pollo “desgrasado”, el aceite de cártamo o de ajonjolí, los huevos sin la yema y el indicativo low fat and cholesterol hasta en las salchichas, el germen de trigo o los helados Häagen-Dazs amén del brócoli y la Colas light.
Los “otros” (entiéndase al amigo, vecino, compadre, compañero(a) de trabajo y más), la comida, la báscula y la propia (distorsionada) concepción de imagen corporal, representan los “cocos” de las personas gordas.
El gordo(a) es de cierto un discapacitado que nunca obtendrá un puesto de trabajo en una agencia de modelos, una tienda de artículos naturistas, un gimnasio o una tienda que oferte productos alimentarios “saludables” por citar sólo unos cuantos.
Tampoco encontrará ropa de su talla o dispondrá de una butaca en el cine de su preferencia que acepte cómodamente su trasero.
Tendrá vedado practicar el alpinismo y el ciclismo de montaña o la gimnasia a manos libres.
No cabrá en el tomógrafo del hospital para hacerle un estudio de su páncreas enfermo; el riesgo quirúrgico que enfrentará en caso necesario se incrementará proporcionalmente con su peso y será víctima potencial de la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, las várices en sus extremidades, la aterosclerosis, las enfermedades vasculares cerebrales, el infarto de miocardio, la depresión rampante y el daño a su autoestima de manera permanente.
Para las personas obesas el conflicto entre comer y no comer les hará soñar problemáticamente siempre con poder comer a media tarde un -cuando menos- enorme bolillo relleno con cajeta envinada y en la noche hartarse de tamales rojos con atole de piñón; poder verse algún día con el modelito de Versace como el que usó la princesa Diana en la recepción de cierto jeque árabe; ponerse el frac que lucía Leonardo Di Caprio en el filme Titanic; o con el halago del “otro” que le diga al verle, simple, sincera y espontáneamente: ¡Que bien te ves!
Nunca podrá dejar de percibir a una báscula como si viese a Linda Blair poseída por el demonio como se nos presentó en el Exorcista.
La obesidad, cuando no obedece a causas endocrinas que también son las menos, se debe habitualmente a los hábitos de alimentación inapropiados para determinada persona.
El excedente energético-calórico proveniente de los alimentos suele depositarse en forma de grasa en el cuerpo de manera equivalente al ahorro de dinero: si gasto menos dinero que el que recibo quincenal o semanalmente, tendré más y más dinero ahorrado en el banco. En el caso de la grasa, cuando se ahorra, esta no queda depositada en el banco sino en las «perchas» del cuerpo: los hombros y las caderas sobresalientemente.
La obesidad constituye en México un serio problema de salud pública y se han detectado muchos problemas derivados por malos manejos de la misma por un número importante de establecimientos y personas dedicados a ello, por esto mismo se ha emitido la Norma Oficial Mexicana NOM-174-SSA1-1998, para el manejo integral de la obesidad publicada en el Diario Oficial de la Federación el 12 de abril de 2000.
Esta Norma establece que el personal profesional facultado para intervenir en el manejo integral del paciente obeso sólo podrá ser un médico(a), nutriólogo (a) o psicólogo(a) titulado y registrado ante la autoridad competente.
Sólo el médico puede prescribir anorexigénicos u otros medicamentos necesarios y las indicaciones de cirugía se limitan sólo a operaciones de tipo restrictivo en personas seleccionadas, con sus variantes: gastroplastía vertical, derivación gástrica y bandaje gástrico. La liposucción y la lipoescultura tan socorridas comercialmente no se deberán utilizar como tratamiento integral contra la obesidad. La Norma refiere también -entre otras- que publicitariamente no se debe anunciar la curación definitiva ni promover la utilización de medicamentos secretos y/o fraccionados.
La obesidad es un problema de salud prevenible pero hace falta incidir en muchos terrenos para lograrlo y ningún esfuerzo deberá escatimarse para conseguirlo.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en su panel de consenso de 1985 señalaron que tiene una importancia capital buscar en la infancia aquellos “marcadores” que puedan sernos útiles como predictores de la obesidad en la vida adulta posterior; ampliar y perfeccionar nuestro conocimiento sobre los factores que regulan la distribución de la grasa en el cuerpo y definir su asociación con los efectos adversos de la obesidad; ampliar la esfera de conocimientos sobre la obesidad fuera de los médico-biológicos extendiéndolos a los sociales, culturales, económicos y políticos.
Difícil reto para las personas obesas cambiar sus hábitos de alimentación, sus patrones de consumo, su relación e interacción social con los “otros” pero deben hacerlo si quieren evitarse los riesgos inherentes al sobrepeso.
La Sociedad Mexicana de Cirugía de Obesidad, A.C. hace las siguientes recomendaciones para evitar la obesidad en los adultos:
Comer diariamente en el desayuno, comida o cena: verduras y frutas; poca carne, leche o huevo; cuidar el consumo de alimentos como pastas, pan o tortilla; preferir cereales integrales como avena, trigo, arroz; tomar cuando menos 8 vasos de agua al día; evitar el consumo de alimentos ricos en grasa como el chicharrón, chorizo, tacos, frituras; disminuir el consumo de golosinas como dulces y chocolates, así como postres, refrescos y bebidas alcohólicas; hacer ejercicio o caminar cuando menos media hora de manera continua todos los días; no substituir la alimentación por complementos, medicamentos y polvos dietéticos; olvídese de las dietas de la luna, del aguacate, etc. y, si sufre de obesidad, acuda a una unidad de salud para obtener la orientación que corresponda.
Comer es un placer pero saber qué, cuánto y a qué hora comer es un asunto de cultura nutricional que debe fomentarse en todos los ámbitos.
El “como, luego existo”, debería cambiarse por el “existo, luego como.”
Las enchiladas o los chilaquiles, las carnitas estilo Michoacán, los peneques, el chorizo de Toluca, la cochinita pibil yucateca, el menudo, las morelianas, el pozole, los tamales de chile o dulce, el “mancha mantel”, el mole poblano, la birria estilo Jalisco y la infinita variedad de platillos mexicanos de extremo a extremo en el país, no son demonios placenteros ni demoníacos placeres, son sencillamente deliciosos alimentos que deben gozarse con razón, prudencia y mesura. Son, eso sí, flaquezas de mucho peso que la persona con problemas de exceso de peso debe saber controlar, de ello depende su salud, su futuro y su vida misma.