jueves, 9 de agosto de 2012

La Naturaleza

IDEAS SOBRE LA NATURALEZA
© DR. Xavier A. López y de la Peña
“...nada muere ni nada vive; todo pasa por etapas que se suceden unas a otras sin que la esencia cambie. Al morir el Hombre se reintegra al telar cósmico y la aguja tejedora vuelve a comenzar a trabajar para él; todos los seres salen así un día de la hilandería cósmica para volver a entrar y luego volver a salir.” En el antiguo libro chino Chu-Fuh-Ling de Lieh Tsé.
Todo lo que rodea al ser humano es la naturaleza. Él mismo es naturaleza. En el pensamiento griego se generaron varias corrientes que trataron de explicar las relaciones entre el hombre y la naturaleza girando sobre dos ejes: el de la motilidad y la objetividad llevando implícitamente la tentativa de establecer una teoría general del mundo basada en el quehacer cotidiano, haremos un breve asomo a estas ideas. Tales de Mileto, el filósofo jónico considerado padre de la filosofía, estaba en la creencia de que el mundo estaba habitado por innumerables dioses que le regían, en contraposición con los atomistas que establecían la inexistencia de los espíritus y que sólo los cuerpos tangibles eran reales; principio divergente y común entre la ciencia y la fe. También a este pensador, maravillado con sus observaciones sobre el mar, en su ir y venir constante y del conocimiento de sus tres estados: líquido, sólido y gaseoso, se le hace acreedor a la teoría de que todas las cosas estaban constituidas originalmente por agua de la que se formaron la tierra, el aire y todos los seres vivos. Tales fue un hilozista porque se dice que reunía inseparablemente a la materia con la vida. Uno de sus discípulos, Anaximandro, introdujo después en su ideología un concepto importantísimo en la historia del pensamiento: el apeiron, traducido como lo infinito, lo indeterminado o lo infinito. Parménides de Elea (Elea, hoy llamada Castellamare, en Italia) sostenía que todo en el mundo era inmóvil, inmutable, en tanto que Heráclito afirmaba que todo estaba en movimiento basado en el elemento fuego. Todas las cosas -decía- se cambian en el fuego y el fuego se cambia en todas, como el oro por mercancías y las mercancías por oro. Protágoras, en fin, reunió las diversas ideas de pensamiento centrándolas en la persona -el hombre es la medida de todas las cosas-. El hombre era así el centro de la reflexión y su pensamiento en torno a la naturaleza estaba cimentada en que no había modos ni grados del ser, las cosas eran o no eran y para comprobarlo decía que si sentía frío al tocar un objeto era porque este era frío, si algo le sabía dulce, era porque dicho elemento era dulce. Su ideología se definía en base al nivel de las sensaciones y de su capacidad de percibirlas e interpretarlas, siempre en constante transformación. Para él todo era móvil coincidiendo con Heráclito. Mis sensaciones -decía Protágoras- no se producen por sí mismas, sino siempre en relación con algún proceso de estímulo. Este a su vez no se experimentará tal como es en sí mismo, sino sólo tal como es en relación conmigo y con mis órganos de percepción. El mundo cambia constantemente y no es posible, ni necesario especular sobre su causalidad. El hombre en el medio de la naturaleza cambiante surge con la intuición inventiva y creadora que le ha hecho sobrevivir entre los animales mejor dotados físicamente que él y sobre las fuerzas extrañas de la misma naturaleza mudable y muchas veces hostil. Pitágoras (582 - 500 a.C.) agregó los números a la naturaleza para darle sentido, y de su escuela los pitagóricos establecieron relaciones del alma con las formas eternas de los números llegando a la conclusión de que el mundo en su totalidad estaba constituido por números puros. Parménides de Elea (450 a.C.) de quien hicimos breve alusión más arriba, conocido como el filósofo de la razón pura, de la verdad, se opuso a la técnica de observación y experimentación basado en la falibilidad de los sentidos -ojos que ven pero no miran, como oídos que oyen pero no escuchan-, en contraposición a que las verdades relativas al número y apreciadas por la razón pura, eran absolutas. Demócrito salió al paso contra la teoría del universo constituido por números ideales al concebirlo formado por innumerables partículas indivisibles llamadas átomos que adoptaban muchas formas geométricas con lo que explicaban su gran capacidad de combinarse y de formar las múltiples estructuras de la naturaleza y, de cuyo movimiento en el vacío -otro nuevo concepto introducido por él y aterrador para los pensadores anteriores- se explicaban los cambios visibles. Sócrates, tan célebre como su frase del “conócete a ti mismo”, el enorme sofista amante de la bondad que contribuyó a la metodología racional con sus razonamientos inductivos y la definición universal, concibió el mundo más allá de una sencilla o compleja y embrollada percepción por los sentidos siguiendo a Parménides. El mundo tenía una estructura definida e invariable capaz de aprehenderse sólo con la razón y no con los sentidos. Así, la naturaleza no estaba constituida por un caos accidental sino como un sistema perfectamente ordenado de elementos interactuantes entre sí. El hombre es el término del orden natural y sólo él puede iluminar a la naturaleza con el entendimiento y conducir su vida y actividades en una armonía voluntaria con este orden. Su principal objetivo era la bondad individual, o virtud, que resultaba originalmente del conocimiento. Platón, el discípulo de Sócrates quien dijo refiriéndose al maestro: fue, en verdad, el más sabio, el más justo y el mejor de los hombres que jamás haya conocido llevó adelante las ideas del maestro estableciendo que los elementos de la naturaleza aparentemente estables como un caballo, el hombre o una montaña y las virtudes como la templanza y la justicia existen aparte de las cosas sujetas al cambio. Fue el filósofo de la belleza que enseñó durante cuarenta años en los jardines del héroe Academo (de aquí el origen de la palabra academia) su doctrina y a cuya entrada podía leerse la célebre frase: “No entre aquí quien ignore las matemáticas”. Platón vino a zanjar la diferencia entre el pensamiento popular que consideraba que los cuerpos celestes eran seres divinos, contra la impía creencia de los filósofos jónicos que les consideraba esferas de fuego que erraban a través del cielo, al reunir las matemáticas con la teología afirmando que los planetas mostraban su divinidad en la inmutable regularidad de sus movimientos perfectos y circulares, formando entre todos ellos la inaudible armonía de las esferas y proscribiendo con ello cualquier alteración en los cielos. Ahogó el pensamiento pitagórico que establecía que la tierra se movía y también estableció distingos de clase entre los hombres, algunos con cualidades del oro o del bronce dedicados a mandar y ser servidos, y otros, los más a servir y ser esclavos. La naturaleza en su concepción estaba conformada por tierra, aire, fuego y agua. Aristóteles, nacido el año 384 a.C. y discípulo de Platón discrepaba muchas veces con él diciendo, soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad, y considerada que sólo a través de los sentidos podría hacerse de la verdad y se dedicó fervientemente a clasificar todos los campos del saber por lo que se hizo acreedor a ser llamado el más enciclopédico de los filósofos. Para este pensador, el universo era un cosmos ordenado de entes en cambio constantes y en diferentes niveles; cosas inorgánicas, plantas, animales y hombres eran todos dependientes de un primer principio al que llamó el acto perfecto. Estableció que los cambios en los entes eran resultados de un acto cuya actividad (energeia) mediadora operaba indefectiblemente. Estos tipos de cambio eran: generación y corrupción, locomoción o cambio de lugar, crecimiento y disminución o cambio de tamaño y, por último, la alteración o cambio de cualidad. Consideraba que el cambio más importante era el de la generación, merced a la cual se originaba una nueva substancia. Esta substancia existe, no como una propiedad de otra (un accidente) sino en sí misma. Que contiene la materia de la que surgió y una composición esencial o forma que la convierte en el tipo de objeto que es. De ahí que la capacidad de la mente humana tienda a definir cada ser natural mediante un género, que está en correspondencia con su materia, y una diferencia específica, que corresponde a su forma última esencial.

viernes, 27 de julio de 2012

Quetzalcóatl

QUETZALCÓATL, EL DADOR DE VIDA.
© DR. Xavier A. López y de la Peña
La práctica de la medicina en México tiene, indudablemente, raíces profundas en el conocimiento precortesiano tanto sobre la salud como sobre la enfermedad como lo demuestra como sencillo ejemplo el de que ciertos problemas de salud provengan influidos por el frío y la humedad. La historia así, nos lleva a comprender en la medida de las posibilidades éste tan prolífico tema. La historia de la medicina no busca simplemente conocer las “bases” de tal práctica con el propósito de hacerla “muy interesante” a secas, a quien a esto se asomen, o para satisfacer el interés meramente histórico de los conocimientos de los hechos del pasado en relación con la medicina a los que de ello se ocupen, sino que al penetrar en las entrañas (o cuando menos intentarlo) del llamado Ticiotl o arte médico precortesiano entre nuestros antepasados, se ofrezca una luz hacia las raíces de nuestra práctica médica actual por un lado, y sea la fuente de conocimiento acerca de muchísimas inquietudes sobre las propiedades medicinales de tantos elementos, casi todos vegetales, provenientes de la herbolaria precortesiana tan poco estudiada y apreciada aún. Fray Juan de Torquemada hacía referencia a que la historia ... “es un beneficio inmortal que se comunica a muchos: ¿Qué depósito hay más cierto y más enriquecido que la historia? Allí tenemos presentes las cosas pasadas y testimonio y argumento de las por venir. Ella nos da noticia y declara y muestra lo que en diversos lugares y tiempos acontece. Los montes no la estrechan, ni los ríos, ni los años, ni los meses, porque ni está sujeta a la diferencia de los tiempos ni del lugar. Es la historia un enemigo grande y declarado contra la injuria de los tiempos, de los cuales claramente triunfa. Es la reparadora de la mortalidad de los hombres y una recompensa de la brevedad de esta vida...” El tímido asomo que haremos a este Ticiotl o arte médico precortesiano tiene la intención de sembrar la inquietud hacia nuestro pasado, cimentar aún cuando superficialmente la raigambre de nuestro mestizaje cultural y demostrar el amplísimo panorama alcanzado en materia médica por los pueblos que conformaron la cultura Náhuatl. La investigación sobre los hechos del pasado necesitan indiscutiblemente, para su adecuada apreciación, ubicar los acontecimientos dentro del marco de referencia social, cultural ideológico y otros acorde con la época y, para ello, las fuentes más útiles aún cuando no necesariamente las mejores, las obtenemos de los escritos del siglo XVI. De una forma muy simplista podemos resumir el contexto histórico del desarrollo cultural náhuatl como base a la interpretación de su medicina, en que el ordenamiento material tenía como base el régimen militar, y el espiritual el teocrático. Así, la gestación de la práctica médica y el desarrollo alcanzado hasta el tiempo de la llegada de los españoles se desenvolvió en un continuo luchar, conquistar y domeñar tierras y hombres, amalgamando las tradiciones, costumbres, ideologías, conceptos, artes y técnicas de las culturas de otros pueblos mesoamericanos, desde el momento mismo del establecimiento del imperio azteca, militar por excelencia, en Tenochtitlán y guiados en su largo peregrinar por el implacable dios Hitchilopochtli -colibrí zurdo-, el dios de la guerra. Nace entonces el lazo de la lengua náhuatl y se fortalece el Ticiotl, el arte y la técnica de la medicina que nos darán a conocer los historiadores; recios conquistadores y pacientísimos sacerdotes principalmente. La espada, la cruz y la pluma (en este mismo orden) se enfrentaron en un choque ideológico-cultural portentoso, cuna de nuestro mestizaje y a la luz de la cultura europea con fuerte sabor medieval que, si bien es cierto que sus apreciaciones serán un tanto distorsionadas, constituyen la principal, sino única fuente de información para el conocimiento de la medicina náhuatl. No trataremos de “racionalizar” la medicina precortesiana a la luz de nuestros conocimientos actuales sino que dejaremos que sean sus obras ya en escultura, pintura o escritos las que nos muestren por sí mismas, las ideas que sobre salud y enfermedad imperaban en la época. “El hombre ejercía la práctica médica -nos dice el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán- en la edad adulta, en tanto que la mujer lo conseguía hasta pasada la menopausia, una vez libre de la impureza derivada de partos y menstruaciones”. La figura del que se ocupaba de restaurar la salud que pudiera ser comparable al chaman, nombre que se da en el ámbito antropológico al médico-brujo, podría estar dentro de la descripción que hace de él Fray Bernardino de Sahagún: “El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendedor, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador, y por ser inhábil, el lugar de sanar, empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aún a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas”. El ejercicio de la práctica médica se heredaba de padres a hijos de acuerdo a las declaraciones del Dr. Francisco Hernández, protomédico de las Indias en su obra Historia Natural de la Nueva España y la enseñanza pudiera decirse más formal (el pueblo tenía un amplio conocimiento de las propiedades medicinales de múltiples elementos de la naturaleza) se llevaba a cabo en el Cálmecac ya que también el propio Bernardino de Sahagún refiere que en estos templos había unos sátrapas ya médicos o ministros. Ciertamente que aún y a pesar de las ideas supersticiosas y mágicas, el conocimiento adquirido a través de la experiencia les había llevado a realizar procedimientos como el siguiente en referencia al tratamiento de las fracturas: “Las quebraduras de los huesos de los pies, curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli, y la de la tuna que deberá ponerse en la quebradura del pie, y envolverse, y atarse con algún lienzo o paño, y después de puesto, se han de poner cuatro palitos o tablitas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuertemente con algún cordelejo, para que de esta manera salga la sangraza, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro porque no se pudra la herida; y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después de este tiempo, se ha de echar una bilma de ocozótl con polvos de la raíz de maguey, con alguna poca de cal y sintiendo alguna mejoría, podránse tomar algunos baños”. Las sangrías representaban un insuperable remedio terapéutico ya realizado como elemento único o combinado en el que se utilizaban con frecuencia puntas de maguey y cuyo simbolismo no tenía únicamente el fundamento (como el europeo) de ayudar así a la eliminación del agente morboso, sino que representaba en sí misma una ofrenda a los dioses rememorando el auto sacrificio de Quetzalcóatl, fuerza positiva del panteón Azteca que dio origen a la humanidad presente según esta descripción que nos hace llegar en versión del ilustre nahuatlato, el padre Ángel Ma. Garibay Kintana:
“Luego deliberan los dioses, Dijeron: -¿Quién habrá de morar? Consolidóse el cielo, se consolidó la Señora Tierra, ¿quién habrá de morar en ella, oh dioses? Todos ellos se preocuparon. Pero ya va Quetzalcóatl, llega al reino de la Muerte, al lado del Señor y la Señora del Reino de la Muerte. Al momento les dijo: -He aquí por lo que he venido. Huesos preciosos tú guardas: yo he venido a tomarlos. Pero le dice el rey de los muertos: -¿Qué vas a hacer, Quetzalcóatl? Y éste de nuevo responde: -Preocupados están los dioses de quien ha de habitar la tierra. El Señor del Reino de la Muerte dice: -Bien está, tañe mi trompeta de caracol y cuatro veces llévalos en torno de mi redondo asiento de esmeraldas. Pero como el caracol no tiene asa, llama luego a los gusanos. Ellos le hicieron muchos agujeros por donde al instante, entraron avispones y las abejas nocturnas. Una vez más dice el Señor del Reino de la Muerte: -¡Bien está, toma los huesos! Pero dice a sus vasallos los muertos. -¿Decidle aún, oh dioses, que ha de venir a dejarlos! Pero Quetzalcóatl responde: -¡No, para siempre los tomo! Pero su doble le dijo: -Diles: ¡Los vendré a dejar! Y Quetzalcóatl va a decirles, y a gritos les dice: -¡He venir a dejarlos! -Ya con esto subir puede, ya toma los huesos preciosos. En un sitio hay huesos de varón, en otro sitio, huesos de mujer: los coge, los hace fardo, y luego los lleva consigo. Pero otra vez dice el Señor de los Muertos a sus vasallos: -¡Dioses, de veras se los lleva, los huesos preciosos! Venid y ponedle un hoyo. -Ellos vienen a ponerlo: él azotó en el hoyo y cayó, azotó en tierra consigo, lo espantaron las codornices, cayó como un muerto, y con ello desparramó por tierra los huesos preciosos, lo mordisquearon, lo picotearon las codornices. Mas pronto se recuperó Quetzalcóatl, llora por lo sucedido y dice a su doble: -Doble mío, ¿cómo será esto? Y él dice: -¿Cómo será? ¡Pues cierto se echó a perder, pero sea como fuere! Y luego ya los recogió, uno a uno los levantó, y con ellos hizo un fardo, y los llevó a Tamoanchan. Y cuando a Tamoanchan llegó, ya los remuele Quilaztli, en un lebrillo precisos hecha los huesos molidos, y sobre ellos su sangre sacada del miembro viril echa Quetzalcóatl y luego todos los dioses hacen penitencia y por esto dijeron luego: “Nacieron los merecidos de los dioses, pues por nosotros hicieron penitencia meritoria”.

martes, 26 de junio de 2012

Pensar libremente

BERTRAND RUSSELL (1872-1970), EL PENSADOR LIBRE.
© DR. Xavier A. López y de la Peña.
La figura controvertida de este gran pensador quedará por siempre consagrada en su obra más conocida Principia mathematica que escribió en colaboración con Alfred North Whitehead (su maestro en el Trinity College) entre 1910 y 1913, libro con cuyas ideas revolucionó la lógica a partir de Aristóteles en su Órganon, y de la que el mismo Kant decía que a partir de ella no había nada escrito digno de considerarse. La inquietud intelectual que le hizo voltear la mirada hacía la lógica y las matemáticas germinó previamente en las mentes de Frege y Peano, entre otros, en base de que la verdad a partir de la geometría no-euclideana se derrumbaba, o cuando menos se tambaleaba, y le hizo pensar en la Lógica para sustentar el valor de las conclusiones matemáticas, con lo que surgieron la Lógica matemática y la Lógica simbólica posteriormente. La Lógica matemática se estableció en los cimientos del empirismo inglés, hoy llamado positivismo lógico o Filosofía analítica, que contiene el principio de verificabilidad que rechaza el sancionar como verdadero o falso a todo aquello que no ha sido posible comprobar de forma experimental o que no se ve cómo se pueda comprobar. Bertrand Russell (1872 - 1970) nació en Inglaterra en el seno de una familia acomodada y aristocrática quedando huérfano a los tres años. Su padre le nombró como tutores a dos librepensadores, entre ellos al defensor de la libertad intelectual, John Stuart Mill, sin embargo, por azares de la vida un tribunal anuló las instrucciones testamentarias y se le educó en la fe cristiana bajo la rígida tutela de severas institutrices alemanas. Hizo estudios de economía y teología, abandonando esta última por sus "inseguridades" y prefiriendo las "certezas" que le ofrecían las matemáticas, para en seguida abrazar a la filosofía "no por la esperanza de una satisfacción ética o teológica, sino por el deseo de descubrir si en verdad poseemos algo que pueda ser llamado conocimiento". Grandes polémicas suscitó este gran librepensador inglés que se opuso férreamente a la creencia del impulso vital defendida por Bergson. Los lastres de la humanidad -decía- se deben al misticismo y la obscuridad de pensamiento; el pensar claramente y sin dar vueltas, debía ser la primer ley moral. Filósofo y crítico social a ultranza, recibió la represión esperada en su tiempo por pensar y disentir contra lo establecido y fue multado en una ocasión con 100 libras (para el pago de la multa su biblioteca fue embargada) por escribir un panfleto defendiendo a un objetante de conciencia durante la Primera Guerra Mundial. Lo corrieron de su cátedra en el Trinity College y le fue negado el nombramiento para ir a enseñar a la Universidad de la ciudad Nueva York. Su obra Introducción a la filosofía matemática la escribió en la cárcel en 1918 en la que se le recluyó un semestre por haber escrito un artículo pacifista y en 1961 volvió a visitarla por protestar contra la bomba atómica en un mitin público, siendo ya Lord Russell, con todo y su Orden del Mérito Británico que recibió en 1949, y el Nobel de Literatura del año 1950. Cómo no va a dejar de ser controversial este filósofo si el 6 de marzo de 1927 pronunció su conferencia Porqué no soy cristiano en el Ayuntamiento de Battesa, bajo los auspicios de la Sociedad Secular Nacional (Sección del sur de Londres) cimbrando la conciencia de sus oyentes al concluirla diciendo: Tenemos que hacer el mundo lo mejor posible, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que lo que esos otros han hecho de él en todos estos siglos. Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor; no necesita el pesaroso anhelo del pasado, ni el aherrojamiento de la inteligencia libre mediante las palabras proferidas hace mucho por hombres ignorantes. Necesita un criterio sin temor y una inteligencia libre. Necesita la esperanza del futuro, no el mirar hacia un pasado muerto, que confiamos será superado por el futuro que nuestra inteligencia puede crear. En 1930, también generando fuertes polémicas por sus opiniones acerca de la religión, escribió su ensayo ¿Ha hecho la religión contribuciones útiles a la civilización? que termina con las siguientes palabras: La injusticia, la crueldad y la miseria que existen en el mundo moderno son una herencia del pasado, y su raíz es económica, ya que la competencia de vida o muerte era inevitable en las primeras épocas. Pero ahora no es inevitable. Con nuestra actual técnica industrial podemos, si queremos, proporcionar una existencia tolerable a todo el mundo. Podríamos asegurar también que fuera estacionaria la población del mundo, si no lo impidiera la influencia de las Iglesias que prefieren la guerra, la peste y el hambre a la contraconcepción. Existe el conocimiento para asegurar la dicha universal; el principal obstáculo a su utilización para tal fin es la enseñanza de la religión. La religión impide que nuestros hijos tengan una educación racional; la religión impide suprimir las principales causas de la guerra; la religión impide enseñar la ética de la cooperación científica en lugar de las antiguas doctrinas del pecado y el castigo. Posiblemente la humanidad se halla en el umbral de una edad de oro; pero si es así, primero será necesario matar el dragón que guarda la puerta, y este dragón es la religión. La producción de Lord Bertrand Russel fue vasta y abordó temas tan disímbolos como la educación, la libertad, la religión, la ética, la política y las costumbres entre otras, sin mencionar por supuesto a las filosóficas, reunidos en unos 65 libros y varios miles de artículos. En su obra Matrimonio y moral publicada en 1929, Bertrand Russell sostenía que las rígidas leyes acerca del divorcio hacían del matrimonio una institución penal; y en la que además propugnaba por las relaciones sexuales pre y extramatrimoniales y se mostraba a favor del control de la natalidad, le ganaron aún más la animadversión de un fuerte grupo social dentro y fuera de su país. Luego, en 1936 publicó Nuestra ética sexual, que inicia de esta manera: El sexo, más que ningún otro elemento de la vida humana, es aún mirado por muchos, quizá por la mayoría, de un modo irracional. El homicidio, la peste, la locura, el oro y las piedras preciosas -todas las cosas que son objeto de esperanzas o miedos apasionados- han sido vistos, en lo pasado, a través de una niebla mágica o mitológica; pero el sol de la razón ha disipado ahora la niebla, excepto en algunos rincones. La nube más densa está en el territorio del sexo, cosa natural quizás, ya que el sexo es la parte que se mira más apasionadamente por la mayoría de las personas. El 24 de febrero de 1940, Ordway Tead, Presidente de la Junta de Educación Superior de la Universidad de la ciudad de Nueva York escribió a Bertrand Russell notificándole su aceptación como profesor para impartir las cátedras de Filosofía 13 (Estudio de los modernos conceptos de lógica y de su relación con la ciencia, las matemáticas y la filosofía), Filosofía 24 b (Estudio de los problemas de los fundamentos de las matemáticas) y Filosofía 27 (Relaciones de las ciencias puras con las aplicadas, y la influencia recíproca entre la metafísica y las teorías científicas) en los siguientes términos: Mi querido profesor Russell: Como un verdadero privilegio aprovecho esta oportunidad para notificarle su nombramiento como profesor de Filosofía de la Universidad de Nueva York, durante el período comprendido entre el 1 de febrero de 1941 hasta el 30 de junio de 1942, de acuerdo con lo decidido por la Junta de Educación Superior en su reunión de febrero de 1940. Sé que su aceptación del nombramiento añadirá lustre al nombre y las realizaciones del Departamento y la Universidad, y que ampliará y profundizará el interés de la Universidad por las bases filosóficas de la vida misma. Al conocerse públicamente lo anterior, la respuesta opositora al nombramiento fue feroz y enconada. El obispo Manning de la Iglesia Episcopal Protestante, al encabezarla escribió: ¿Qué puede decirse de las universidades y colegios que presentan a nuestra juventud como maestro responsable de filosofía... a un hombre que es reconocido propagandista contra la religión y la moralidad, y que defiende específicamente el adulterio...? ¿Puede alguien interesado en el bien de nuestro país prestarse a que tales enseñanzas se difundan con el apoyo de nuestros colegios y universidades? La filosofía, la religión y el sexo se entrelazaban en una lucha ideológica estéril, llena de prejuicios y tabúes en las mentes impotentes para dirimir sus diferencias con la razón en la discusión intelectual abierta. Albert Einstein señaló entonces que los grandes espíritus han hallado siempre violenta oposición de parte de las mediocridades. Estas no pueden entender que un hombre no se someta irreflexivamente a los prejuicios hereditarios y use honrada y valientemente su inteligencia. Bertrand Russell no pudo enseñar filosofía al fin en la Universidad de Nueva York, por sus ideas acerca de la religión el sexo y la moral, replicando lo siguiente en una carta fechada el 26 de abril de 1940: Espero que me permitan hacer un comentario a su referencia a la polémica originada por mi nombramiento en la Universidad de la ciudad de Nueva York y particularmente de que "yo debería haber tenido la prudencia de renunciar a la plaza en cuanto se hicieron evidentes sus dañinos resultados". En un sentido, esto habría sido lo más prudente; habría sido seguramente más prudente en lo relativo a mis intereses personales y mucho más placentero. Si yo hubiera considerado solamente mis intereses y mis inclinaciones, me habría retirado inmediatamente. Pero por prudente que hubiera sido tal acción desde el punto de vista personal, habría sido, a mi juicio, cobarde y egoísta. Una gran cantidad de personas que comprendían mis intereses y los principios de tolerancia y libre palabra que se hallaban en peligro estaban deseosas, desde el principio, en continuar la polémica. Si me hubiera retirado, les habría privado de su "causus belli" y tácitamente asentido a la proposición de la oposición de que los grupos importantes pueden quitar de los puestos públicos a los individuos cuyas opiniones, raza o nacionalidad les disgusta. Para mí esto es inmoral. Mi abuelo fue el que provocó la derogación de la ley que imponía cierto juramento a los empleados públicos, y de las leyes corporativas que prohibían la entrada en los organismos del Estado a todo el que no fuese miembro de la Iglesia Anglicana, a la cual pertenecía él, y uno de mis primeros y más importantes recuerdos es una diputación de metodistas y wesleyanos que vinieron a dar vítores bajo su ventana el quincuagésimo aniversario de esta derogación, aunque el mayor de los grupos afectados era el católico. No creo que sea dañina la polémica sobre temas generales. Lo que pone en peligro la democracia no son la polémica ni las diferencias claras. Por el contrario, son sus mayores salvaguardias. Es parte esencial de la democracia que los grupos importantes, incluso las mayorías, sean tolerantes con los grupos disidentes, por pequeños que sean, y por mucho que ofendan sus sentimientos. Bertrand Russell, hablando de la Libertad en las universidades publicado en mayo de 1940, se refirió a que en la lucha por la libertad académica lo que está en juego, tanto en lo grande como en lo chico, es la libertad del espíritu humano individual para expresar sus creencias y esperanzas con respecto a la humanidad, ya sean éstas compartidas por muchos, por pocos o por ninguno. Las nuevas esperanzas, las nuevas creencias y los nuevos pensamientos son siempre necesarios a la humanidad, y no puede esperarse que surjan de una absoluta uniformidad. En la sociedad, el pensamiento libre enfrenta los obstáculos de la obcecación, el dogma y la sanción adversa a la opinión diferente. Bertrand Russel dejó en claro en su autobiografía que vivió en busca de una visión, tanto personal como social. Personal: cuidar lo que es noble, lo que es bello, lo que es amable; permitir momentos de intuición para entregar sabiduría en los tiempos más mundanos. Social: ver en la imaginación la sociedad que debe ser creada, donde los individuos crecen libremente, y donde el odio y la codicia y la envidia mueren porque no hay nada que los sustente. Estas cosas, y el mundo, con todos sus horrores, me han dado fortaleza.
¿Podremos nosotros actuar y vivir en libertad? ¿Podremos formar nuestras opiniones basados en la reflexión imparcial de los asuntos y tomar nuestras propias decisiones, con independencia de todo aquello que por dogma se nos quiera imponer?