miércoles, 4 de diciembre de 2013

La acupuntura en México

Carta de naturalización.
© DR Xavier A. López y de la Peña
El enfoque cultural de la práctica médica entre oriente y occidente presenta diferencias notables, difíciles de asimilar en un primer acercamiento.
La evolución que ambas culturas han tenido ha permanecido distante por múltiples razones y quizá el representante simbólico más conocido lo figure la Gran Muralla China, el magnífico y colosal monumento que aun puede apreciarse en algunas partes y cuya construcción fue iniciada por Shih Huang-ti, fundador de la dinastía Ch’in quien reinó de 246 a 209 a. de C. para evitar las invasiones tártaras y de otros nómadas del norte. Esta muralla aisló material e ideológicamente al pujante pueblo que desarrolló su cultura entre los ríos Hoang-Ho, Yang-tse-Kiang y el Si-Kiang.
La medicina china, según la tradición, da origen a esta durante el reinado de los emperadores Fu-Hsi (ca. 2900 a. de C.) propulsor de la ideología del equilibrio en la naturaleza de las fuerzas antagónicas llamadas yang y yin; Shen Nung (ca. de 2700 a. de C.) iniciador de la medicina a base de hierbas y de la técnica que nos ocupa de la acupuntura, y Huang-ti (ca. de 2600 a. de C.), el autor del texto médico chino más antiguo que aún permanece vigente en nuestros días: el Nei Ching. Personajes destacados en la materia fueron: Bian Que, del Período de los Estados Combatientes (475-221 a. de C.) y Hua Tuo, de la dinastía Han del Este ( 220 a. de C. - 25 d. C.), considerado el primer inventor de la anestesiología en el mundo; ellos realizaron curaciones extraordinarias por lo que llevaron el sobrenombre de “médicos divinos”.
También es de recordar a Wang Weiyi, médico de la dinastía Song, quien creara dos modelos de bronce con la figura humana en la que se presentaban esculpidos, los doce canales principales y colaterales, así como los 354 puntos acupunturales, con lo que se facilitaba enormemente el estudio y la enseñanza de este milenario arte.
La acupuntura consiste, simplistamente, en la introducción de agujas en los imaginarios canales que se identifican a todo lo largo y ancho de la economía corporal llamados chin por los cuales se supone que fluyen los dos principios vitales opositores. Estas agujas contribuyen a estimular o desembarazar el paso del principio vital benéfico, o permiten que salgan las fuerzas vitales nocivas, restableciendo el equilibrio y por tanto la salud en el cuerpo. La acupuntura en nuestro medio es considerada como una medicina «alternativa», esto es, no oficial, en igualdad de circunstancias con la herbolaria, la osteopatía o la homeopatía para no abundar.
Su cada día mayor presencia en el ámbito médico heterodoxo en México obedece, como también sucede con la figura de las “otras medicinas”, al desencanto que la medicina ortodoxa genera entre un creciente número de nuestra población y varios son los razonamientos que se exponen para explicarlo. Independientemente del lugar y la importancia que puedan tener unos con otros, una de las razones radica en la creciente dependencia tecnológica que tiene la medicina ortodoxa u oficial, lo que le hace cada día más costosa y que promueve a paso creciente la inversión de la atención a los problemas de salud del paciente, entre el enfoque que se le da de “sujeto,” al de “objeto”. La burocratización de la atención a los problemas de salud constituye otro frente que decepciona al paciente quien con ello se convierte ahora en un “usuario” o “cliente” ante una organización jerárquica modulada muy rígidamente y con una visión ya gerencial de costos más que de eficiencia, y más de corte curativo que preventivo.
Por estas y muchas otras razones, la acupuntura (como las otras medicinas alternativas) gana adeptos. El enfoque que nos ofrece, también, sigue una tendencia que pretende ser holística y que parece conferirle al paciente un mayor control sobre su propio proceso de curación de una parte, contribuye a establecer una mejor comunicación y confianza entre paciente y médico, tiene un menor costo y sus riesgos parecen ser menores por la otra. Además, tiene aditivamente el atractivo de lo milenario, místico y simple (de lo novedoso, porqué no) de la activación del “principio vital” capaz de energizarnos en la lucha contra el mal (enfermedad), y de la simplificación integradora de la mente con el cuerpo al través de pequeñas agujas (que no fármacos potencialmente generadores de efectos secundarios indeseables) capaces de restablecer el equilibrio salud-enfermedad perdido.
Hoy en México, la medicina oficial u ortodoxa ha aguzado su báculo (en su acepción de término como sustantivo masculino) en símil de una aguja de acupuntura, en apoyo u alivio (en su acepción de término en sentido figurado) a las dolencias del pueblo con la expedición de la Norma Oficial Mexicana NOM-017-SSA3-2012, Regulación de servicios de salud. Para la práctica de la acupuntura humana y métodos relacionados, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 18 de septiembre de 2012 y que con ello le confiere carta de naturalización a esta modalidad de medicina alternativa, paralela u heterodoxa.
Esta Norma define a la «acupuntura humana» al método clínico-terapéutico no medicamentoso, útil en el manejo médico, que consiste en la inserción de agujas metálicas esterilizadas de cuerpo sólido en puntos específicos, sobre la superficie del cuerpo humano y a los «puntos de acupuntura», a las pequeñas áreas específicas de la piel, distribuidas en la superficie corporal que son utilizados con fines diagnósticos y terapéuticos en acupuntura. La acupuntura humana podrá ser practicada por el profesional de la salud, que cuenta con título profesional o certificado de especialización, que hayan sido legalmente expedidos por institución de enseñanza superior o institución de salud reconocida oficialmente y la cédula profesional que corresponda, expedida por las autoridades educativas competentes, en particular: el médico especialista en acupuntura humana, el médico general y los especialistas en otras ramas de la medicina y odontología, con capacitación y experiencia en el uso y aplicación de este procedimiento terapéutico, así como el licenciado en acupuntura médica y rehabilitación integral, denominación o nivel académico homólogo, cada uno en sus respectivos ámbitos de competencia y responsabilidad profesional. El personal médico, los licenciados en acupuntura médica y rehabilitación integral, denominación o nivel académico homólogo, deberán integrar un expediente clínico de los pacientes, según corresponda; el personal técnico a que se refiere esta norma, deberá registrar en dicho documento la información relativa a su intervención en la atención del paciente, de conformidad con lo establecido en las Normas Oficiales Mexicanas, referida en los numerales 3.5 y 3.7 de esta norma. Los métodos relacionados en los que se apoya la práctica de la acupuntura humana y que pueden ser utilizados son: electroacupuntura, analgesia acupuntural, microsistemas, estimulación por láser, moxibustión, masaje tuina, electroestimulación, electrodiagnóstico acupuntural, sangría y ventosas. Los procedimientos de acutomoterapia, implantación de hilos biodegradables en puntos de acupuntura y farmacoacupuntura, serán realizados exclusivamente por personal médico acupunturista. Las personas físicas, morales, representantes legales o la persona facultada para ello, en los establecimientos para la atención médica ambulatoria y hospitalaria de los sectores público, social y privado, en los cuales se practique acupuntura humana y métodos relacionados, en su caso, podrán solicitar la evaluación de la conformidad respecto de esta norma, ante los organismos acreditados y aprobados para dicho propósito. La acupuntura no podrá emplearse como tratamiento único en aquellos padecimientos o desequilibrios homeostáticos que, por su gravedad o trascendencia, no estén demostrados sus beneficios (malformaciones congénitas y adquiridas, tumores benignos y malignos, infecciones bacterianas graves, infecciones virales; VIH, hepatitis y padecimientos que impliquen cirugía mayor), así como en aquellos que estén restringidos por otras Normas Oficiales Mexicanas, salvo en los casos de que sea utilizada como paliativo del dolor y terapéutica complementaria, para brindar una mejor calidad de vida de los pacientes con enfermedades en etapa terminal; en el caso de atención a personas con sobrepeso u obesidad, se deberán observar las disposiciones establecidas en la Norma Oficial Mexicana, referida en el numeral 3.2 de esta norma. En la práctica de la acupuntura, el profesional de la salud deberá mantener su instrumental en perfectas condiciones. Las agujas de acupuntura, agujas de tres filos, tachuelas y cualquier medio que se introduzca en el cuerpo humano -dice la Norma-, deberán estar previamente esterilizados de acuerdo con las normas oficiales mexicanas que al efecto determine la Secretaría de Salud; cada paciente tendrá su propio juego de agujas, intransferibles, conservadas en tubo de ensayo o recipiente debidamente rotulado, cuidando de no maltratar la punta de la aguja y re esterilizarlas cada vez hasta concluir el tratamiento. También se deberán utilizar testigos biológicos para el control de calidad de los ciclos de esterilización, aplicándose una vez por semana, tanto para hornos de calor seco, como para autoclaves. Además de cumplir con el mobiliario, equipo e instrumental descrito en las Normas Oficiales Mexicanas, referidas en los numerales 3.1 y 3.8 de esta norma, el equipo auxiliar y materiales para la práctica de la acupuntura humana y métodos relacionados que se pueden utilizar de manera opcional, son los siguientes: Acutomo, Balines y semillas, Electrodetector, Electroestimulador, Hilos biodegradables, Fármacos. Lámpara de rayos infrarrojos. Láser, Magnetos. Martillo de siete puntas, Moxas, Neurómetro, Ventosas.
Esta novedosa Norma sobre la práctica heterodoxa de la acupuntura en México amplía el horizonte de opciones para la atención a los problemas de salud de las personas sujetándola, sin embargo, a la responsabilidad de la ortodoxia oficial. Esperaremos las siguientes (que las habrá) Normas Oficiales Mexicanas que regulen la práctica de la homeopatía, osteopatía, quiropráctica, herbolaria, etc.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Sin las manos atadas.

PARA PENSAR.
© DR. Xavier A. López y de la Peña
La razón y el corazón equivalentes del pensamiento y el sentimiento o, dicho de otra manera lo que es y lo que siento que es, se amalgaman de forma muy interesante en la vida del pensador Blaise Pascal (1632-1662) quien fue el precursor de la geometría proyectiva, inventor del barómetro basado en el experimento de Torricelli e iniciador también de las matemáticas aplicadas entre otras (razón) y que asimismo fue un incansable defensor de la fe cristiana del siglo XVII (corazón) con una frase suya que le personaliza de manera extraordinaria: "El corazón tiene sus razones, que la razón ignora".
Con lo anterior hacemos referencia a que el corazón y la razón concurren y pueden o no competir en el ser humano por detentar la verdad: cada cual su verdad.
Veamos este ejemplo sencillo: el miedo que una persona podría percibir en un lugar oscuro -y en general a lo desconocido- representa el dominio a su razón por el corazón que manda; da -o pretende dar- certeza de un peligro, de inseguridad, de desconocimiento, de algo que amenaza. Sin embargo cuando la razón poco a poco ilumina el lugar por intermedio del conocimiento y nos muestra su contenido, la amenaza se desvanece y el corazón pierde el control para cedérselo nuevamente a la razón.
Es así que la búsqueda de la verdad por la razón constituye el pensamiento filosófico. La interpretación racional del universo.
Desde el pasado remoto sigue causando dolor el trabajo de parto de este pensamiento filosófico cuya huella se remonta más allá de los límites de la historia y su evolución dio frutos en el siglo XVII o época del Idealismo cuando se establecieron los cimientos intelectuales, políticos y sociales del mundo moderno surgiendo uno de los intelectos más brillantes en la figura del filósofo francés Renato Descartes, el racionalista lógico, que propone en su "Discurso del método" un proceso consistente en cuatro pasos a seguir para -como dice- "bien dirigir a la razón y buscar la verdad..." con lo que establece las bases del pensamiento científico y que son:
1) No aceptar por verdadero lo que no se conoce como tal. 2) Fraccionar o dividir el asunto a tratar en pequeñas partes para mejor resolverlo. 3) Orientar al pensamiento para que éste vaya de lo más simple a lo más complejo y 4) No olvidarse de nada de lo que se esté examinando.
A este paso trascendente en la orientación del pensar, se agregó la lógica inductiva del «empirista» inglés, Francis Bacon, quien propuso que sólo a través de la experimentación -esta es su aportación- el hombre puede realizar el proceso que le lleve al conocimiento de la naturaleza y establece con ello los cimientos de la ciencia moderna que precisa de la experiencia para la consecución de su finalidad. De tal suerte que ya no sólo es el "pensar" lo que nos hará conocer -o aspirar a conocer- a la verdad, sino que habrá de sujetarse a la práctica para alcanzarlo.
La propuesta filosófica pretende entonces alcanzar la verdad por la razón y viene a la memoria un fragmento histórico griego mencionando que: "la naturaleza dio a los toros cuernos, a los caballos pezuñas, a las liebres rapidez, pero a los hombres les dio el pensamiento" -se dice en la obra del poeta griego Anacreonte del siglo VI a. de C.
Falta sin embargo un ingrediente de trascendental importancia para que la razón emprenda y siga en la búsqueda afanosa de la verdad: la libertad. Solamente la ausencia de límites al pensar dará luz verde a la razón. Hasta aquí puedes saber, hasta allá se te es permitido llegar, esto es así, aquello no tiene explicación y más son los apellidos de los argumentos que se esgrimen con más frecuencia para restringir a la libertad del pensamiento. ¿Por qué la razón -vía pensamiento- se restringe o puede restringirse de una u otra manera? La respuesta es sencilla: por el poder. El poder se ha ejercido -como enseña el escritor y futurista estadounidense, Alvin Toffler, en su obra "La tercera ola (1980)"- en tres variantes históricas subsecuentes: por medio de la "fuerza" que ejerce el mejor dotado físicamente sobre otro para someterlo, posteriormente a través de la "riqueza" que otorga control sobre otros mediante el dinero -capaz de comprar la fuerza de otros- y por último, con la "información" con la que pueden obtenerse dinero y fuerza para dominar al semejante en la época moderna. Podría pensarse que es ocioso creer que la fuerza, la riqueza o la información en sí puedan "controlar o limitar" el pensamiento; el que una persona pueda pensar lo que le venga en gana pero no es así, todos estos son elementos que pueden concurrir de forma aislada o conjunta para sojuzgar al pensar. Así el pensamiento o la razón -y por ello la búsqueda de la verdad- solo podrá alcanzar legitimidad y plenitud mediante la libertad de su adquisición -información, conocimiento- y expresión tanto intrínseca como extrínsecamente. Cualquier medio o forma que le impida conseguirlo y/o expresarse representará al poder ajeno que intenta sojuzgarle o someterle. Podrá considerarse que su expresión en libertad sea correcta o incorrecta al entender de cada persona, sin embargo, en la pluralidad de ideas y su confrontación radica el germen de la verdad. Ya el historiador y filósofo francés, Voltaire (François-Marie Arouet) lo dijo de manera sencilla en relación a esto: "estaré en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo". Al estudio y evolución del pensar libremente se podría agregar un ingrediente más: el de la duda sistemática razonada propia del "radicalismo humanista" -como definió Erich Fromm a la forma de orientación que sigue el pensador Iván Illich- que somete y cuestiona todo lo dado por "hecho", destrozando el candado que le impone al pensamiento la "verdad" del momento. Esta es la libertad que hace añicos la falaz interpretación que otorga el calificativo de "buena, cierta, adecuada o correcta" una teoría, una medida, un procedimiento, una práctica y una idea o concepto.
Cuando "algo" se da por hecho es como si tuviéramos las manos atadas y se nos impidiera coger otras cosas. Cuando no existen las ataduras tenemos libertad para explorar alternativas que redefinan los "hechos" y vayamos a la búsqueda de "otra" verdad mediante la razón; a la explicación del universo sin ataduras a la razón -lo que es- , cediendo cada día mas el corazón -lo que siento que es- su terreno.

martes, 15 de octubre de 2013

Radicalismo humanista

IVÁN ILLICH (1926-2002)
“Describí el impacto del sistema industrial sobre el medio ambiente, sobre sus relaciones sociales y el carácter social sucesivamente, en el espejo de las grandes instituciones que este sistema excretó: la escuela, la empresa internacional, el transporte y la medicina.”
Némesis Médica, 1976.
© DR. Xavier A. López y de la Peña.
Pocos personajes contemporáneos ha dejado tanta huella en la historia de las ideas como el intelectual austriaco Iván Illich fallecido en Bremen, Alemania, el 2 de diciembre de 2002. Controversial, sería el calificativo más suave que pudiera aplicársele a este hombre que Erich Fromm clasificó dentro de una corriente de pensamiento a la que llamó como radicalismo humanista. El discurso que fomenta su lúcido pensamiento siempre fue impactante. Como un puño cerrado dieron en la faz del orgulloso establishment, una y otra vez y en varias de sus caras, sus palabras. Vaya esta frase de ejemplo sobre su punto de vista sobre la escolarización:
“Lo que hemos aprendido «apunta Illich» es que al obligar a todos los niños a subir por una escalera de educación abierta no realzamos la igualdad sino que favorecemos al individuo que empieza antes, al más sano, o al mejor preparado; que la instrucción obligatoria apaga en la mayoría el deseo de obtener conocimientos independientes; y que el conocimiento tratado como mercancía, distribuido en paquetes, y aceptado como propiedad privada una vez adquirido, siempre será escaso;” y esta otra sobre la atención sanitaria: “Mientras que en las favelas, villas miserias y ranchitos, donde se concentra un 90% de la población, la disentería amibiana sigue siendo un mal endémico, los doctores latinoamericanos reciben, en el New York Hospital for Special Surgery, un entrenamiento que luego aplicarán a unos pocos.” [y] “La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud. El impacto del control profesional sobre la medicina, que inhabilita a la gente, ha alcanzado proporciones de una epidemia.”
El tono de las frases precedentes no denota, sin embargo, la agudeza lacerante con la que acostumbra fustigar con su radicalismo humanista al establishment médico como la de que “Ha llegado el momento de quitar de las manos del médico la jeringa, como se quitó la pluma de las manos del escriba durante la Reforma. La mayoría de las enfermedades curables hoy en día se pueden diagnosticar y tratar por profanos. A la gente le resulta muy difícil aceptar esta declaración, porque la complejidad del ritual médico les ha ocultado la simplicidad de sus instrumentos básicos.” Nacido en Viena el 4 de septiembre de 1926, fue hijo de un croata católico y una judía sefaradita. Fue expulsado de su ciudad natal en 1941 a causa de las leyes raciales nazis. Completó sus estudios en Salzburgo, Austria; Florencia, Italia; y Roma en donde se ordenó como sacerdote. Políglota y dedicado a la enseñanza, dio su vida en la aulas de Europa y América enseñando ciencias políticas, historia medieval, arquitectura y sociología entre otras. Iván Illich fue un provocador irreconciliable y un crítico no marxista de las instituciones en las que se basa la economía contemporánea. En Cuernavaca, Morelos, fundo junto con Valentina Borremans y otros el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en 1961 cuyos objetivos eran “ayudar a disminuir el daño que la ejecución de la orden que el Papa Juan XXIII daba en 1960, y en la que encargaba a todos los superiores estadounidenses y canadienses que enviaran el diez por ciento de sus fuerzas efectivas, entre sacerdotes y monjas, a América Latina en el curso de los diez años siguientes para salvarlos de la amenaza del «castrocomunismo».” La oposición de Illich se basaba en que él consideraba que las personas que fueran enviadas recibirían un fuerte daño, y de que sólo serviría de propaganda para incentivar el desarrollismo. Su experiencia en Puerto Rico le había enseñado que eran muchas las personas que sufrían severos daños, sino completamente su destrucción cuando, se les enviaba “de por vida” a trabajar en beneficio de los pobres. Su enfrentamiento con la autoridad de la Iglesia hizo al Vaticano llamarlo a cuentas en 1968 ante la Congregación para la Doctrina de la Fe. Illich rehusó contestar tal cuestionamiento y renunció al sacerdocio un año después.
Las llamadas por él «excretas del sistema industrial» que arman y fundamentan la economía contemporánea fueron sus blancos preferidos. Sobre el hacer médico, sobre la “medicalización”, indicó que “la medicina se ha convertido en la mayor amenaza para la salud; diciendo que la depresión, infección, incapacidad y el mal funcionamiento que vino desde su intervención, causa ahora más sufrimiento que el de todos los accidentes de tráfico y de la industria, y de que solamente el perjuicio orgánico causado por la producción industrial de alimentos puede rivalizar con el deterioro de la salud causado por los doctores. Por añadidura, la práctica médica patrocina la enfermedad reforzando a una sociedad morbosa que no sólo protege sus anormalidades sino que engendra al cliente del terapeuta de un modo cibernético.”
Finalmente –sigue diciendo-, las llamadas “profesiones para fomentar la salud” tienen un poder indirecto repugnante, una eficacia estructuralmente negativa para la salud. Ellas transforman al dolor, a la enfermedad y a la muerte, de un desafío personal, en un problema técnico y de ese modo enajenan la eficacia de la gente para habérselas con su condición humana con plena autonomía. Su obra Némesis médica fue escrita -según aclara- y hecha para los legos en la materia, sin embargo, considero que debe ser una lectura obligada para todas las personas que ejercen la medicina. Ciertamente, a una generación de distancia, sus conceptos y percepciones se adecuan fácilmente a los tiempos actuales. Sigue por tanto siendo la Némesis, la diosa de la venganza divina que a partir del siglo IV a. C. se pasó a considerarla como la guardiana del orden universal, responsable de la moral e instrumento de la justicia que aseguraba una distribución más equitativa de los favores divinos, la que nos anuncia la venganza o el castigo a la insensatez y soberbia con el que la sociedad industrial conduce el hacer médico. Némesis médica es una obra de reflexión y crítica a la medicina. Otras voces sin embargo y lejos de entender la profundidad de su crítica sienten herido su orgullo y proclaman que a Iván Illich, algún médico le pasó unos honorarios que no le parecieron correctos y la tomó con nosotros. Illich fue un hombre inquieto, ávido por expresar y compartir sus ideas acerca de todo aquello que le atormentaba. Vivió en su lucha por exhibir, y con ello posteriormente domeñar, a los demonios que la industrialización de la sociedad había liberado. Vivió entre el pasado profundizando con sus “medievales”, y el presente, destacando el valor de la autonomía, la hospitalidad y la amistad; mirando siempre al futuro disecando el cuerpo de la sociedad industrial para que, en símil con el célebre anatomista belga Andrés Vesalio (1514-1564) que en los albores del renacimiento nos mostrara el cuerpo humano tal como es y desterró por siempre los errores de Galeno, en la esperanza de que los que vienen reconozcan sus yerros y corrijan el entuerto para bien de la sociedad.
La tesis central de Iván Illich recalca que ninguna institución tradicional desarrollada en la sociedad industrial cumple con las necesidades del mundo actual, particularmente la más nefasta de ellas: la escuela, ya que la educación que tradicionalmente ofrece se ha transformado en una mercancía sin valores éticos y concebida únicamente como un importante instrumento para la formación de escolares utilitaristas y competitivos. Las ideas de Iván Illich no murieron con él en diciembre del 2002. Siguen siendo vigentes las ideas del intelectual que exhibió las cadenas que aprisionan a las instituciones que fundamentan la economía contemporánea: la escuela, la salud, el desarrollo y el consumo de energía. Que otros se ahoguen entre sus eslabones, ciegos ante los sólidos argumentos de este pensante y lúcido liberador.