sábado, 4 de abril de 2015

Sobre el libro.

IDEAS SOBRE EL LIBRO.
© DR Xavier A. López y de la Peña
Palabras en el evento de presentación del libro: Atlas práctico de Otodermias. Autores: Dr. Eduardo D. Poletti y Dr. Julio César Salas-Alanís. Hotel Marriot, Aguascalientes, Ags., 30 de mayo de 2011, 19.00 hrs.
Haré referencia a un objeto producido por aquél organismo que pertenece al superreino Eukariota, reino Animalia, filo Chordata, clase Mammalia, orden Primates, Familia Hominidae, tribu Hominini, género Homo y especie Homo sapiens sapiens. Esto es importante porque ningún chango, león, cacatúa, salmón, chinche, bacteria, virus u otro cualquier ser “vivo”, hasta ahora, ha producido el objeto aludido: un libro. Luego entonces sólo el ser humano lo ha hecho.
El libro es un producto cultural del ser humano. Lo conforma con su lenguaje improntado en símbolos sobre diversos materiales: piedra, madera, arcilla, algodón, seda y otros, que dan cuenta del conocimiento entendido como hechos, o datos de información adquiridos por una o más personas a través de la experiencia o la educación, la comprensión teórica o práctica de un tema u objeto de la realidad. El libro, como manifestación cultural, le da al ser humano la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, identificándolo como un ser precisamente humano, racional, crítico y éticamente comprometido. Al través del libro el ser humano discierne valores y realiza opciones, se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, cuestiona sus propias realizaciones, se mantiene a la búsqueda de nuevas significaciones y crea obras que lo trascienden.
El libro es el eje y pivote que le provee a la cultura toda la información y habilidades que posee el ser humano. El libro está conformado por muchos meme, esto es, en las teorías de la difusión cultural, la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente. Estos meme (neologismo acuñado por Richard Dawkins en su obra “El gen egoísta”) también se replican. Por analogía con la agrupación genética en los cromosomas, se considera que los memes también se agrupan en dimensiones culturales, incrementables con nuevas adquisiciones culturales. La gran diferencia es que, mientras los cromosomas son unidades naturales independientes de nuestras acciones, las dimensiones culturales son nuestras construcciones. De hecho, el ser humano añade a su propia “naturaleza”, una exponencialmente creciente “culturaleza”. La cultura entonces, no es tanto un conjunto de formas conductuales, sino más bien información que las especifica.
El término meme, considero importante señalar, deriva del griego mnemosime “memoria”, personificada por Mnemosina, diosa Titánide, hija de Gea y Urano, y la madre de las Musas con Zeus. Hermosa alegoría esta de la memoria, como hija de la tierra y el cielo, y madre de la inspiración y la fuerza o el poder. Pues bien, el libro es el desiderátum de la cultura. Pero ¿Porqué se escribe? El escritor y periodista británico Georges Orwell (pseudónimo de Erick Arthur Blair) refiere que:
• Quizá por egoísmo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta. • Por entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte, en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas. • Por impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad. • Por propósito político, entendiendo lo "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.
Todo lo anterior está bien, más yo creo que el que escribe un libro es porque ha terminado de pensar, espero que creativamente, y le parece importante o valioso darlo a la luz pública. Escribir un libro requiere de una idea, y si es buena insisto, mucho mejor. También se necesita constancia, mucho tiempo, trabajo y dinero, orden e información, conocimiento previo pertinente del asunto y una autocrítica limitada, con esto quiero decir, que después de 30, 110 o más lecturas con correcciones, adiciones, supresiones y hartazgo, se decida ponerle punto final al libro y no agregarle una palabra, nota, imagen o idea nueva aunque quedara mucha tinta en el tintero.
Al escribir un libro, las palabras hiladas que construyen su camino deben ser propias, y solicitar, obtener licencia y dar los créditos correspondientes en su caso, de los textos, gráficos, tablas, fotografías u otros elementos de autoría ajena que se incluyan en el texto.
Escribir un libro también puede atormentar. Las ideas se disipan rápidamente si no se tiene un lápiz a la mano, tampoco quiere hacerse un “refrito” de más de lo mismo, quiere uno ser original, creativo, propositivo y constructivo. Sin embargo, las ideas no llegan, las palabras se atropellan, pasa el tiempo y no acabamos el libro. Cuando el libro se hace en conjunto con otro u otros autores el problema se multiplica a veces de manera alarmante. La segunda pregunta que un escritor debiera hacerse es ¿Qué diferencias, ventajas y aportaciones ofrece mi libro, comparado con otras obras similares, si las hubiere? ¿Qué título? ¿Cuántos capítulos? ¿Qué extensión? ¿A qué público está dirigido? y otras, tienen la mayor importancia en concordancia con el fin propuesto. Ya terminado o en su curso, el autor quisiera tener opiniones de sus pares, preferentemente, y debe uno aceptar que estas no siempre sean buenas y con ellas, si es posible, mejorar su trabajo.
Después viene lo más problemático para un autor novel, sin padrino, “sin historial,” sin apellidos García Márquez o Vargas Llosa, entre otros: la búsqueda de un posible editor. Un paso importante previo es haber hecho el registro de la obra en la oficina del Derecho de Autor, si es que uno mismo no lo hace por cuenta propia. De acuerdo a la naturaleza del libro el autor selecciona una, dos o más posibles casas editoriales que pudieran interesarse en él. Para tal efecto, el libro debe presentarse con ellas de la mejor manera posible y …esperar sentados. Las respuestas del editor, si es que le contestan o cuando menos le envían “acuse de recibo” de su obra, suelen ser:
“Agradecemos cumplidamente la confianza depositada en nuestra casa editora al enviarnos a consideración su libro tal….. Sin embargo, nuestro programa editorial está actualmente cubierto y por tanto no estamos en condiciones de aceptar su meritorio trabajo.” “El gran problema por el que atraviesa actualmente la industria editorial en el país, nos limita importantemente en la adquisición de nuevos compromisos editoriales.” “El libro me parece estupendo, pero su edición ya no representa un negocio para nosotros, le sugerimos proponérselo a una empresa farmacéutica (si se trata de un libro médico) para que ella lo compre, y nosotros haríamos con ellos la edición.” Otro editor, al fin si es que lo logra, le contestará que sí acepta su trabajo.
Hablaré ahora de la importancia, concretamente, de un libro de medicina. La principal característica de un libro de medicina frente a los generales es el tema, seguido de su terminología particular. Su Especialidad se define por la temática. Tiene como Objetivo y fin informar con precisión, claridad y economía a un receptor que está supuestamente al mismo nivel de comunicación que el emisor y que por lo tanto no tendrá problemas a la hora de decodificar el mensaje. Debe estar escrito con Claridad, estos es, con oraciones bien construidas, ordenadas y sin sobreentendidos; con sencillez sintáctica.
Procurará ser Preciso, evitando terminología ambigua y subjetiva. Deberá tener Verificabilidad, es decir, veracidad de los enunciados comprobables ya por leyes científicas como de hipótesis. Otra característica deberá ser la Universalidad: Posibilidad de que en cualquier parte del mundo la obra pueda ser entendida por cualquier miembro del grupo al que va dirigida. Y por último, pero no por ello menos importante, deberá contar con Objetividad, dando primacía a los hechos y datos sobre las opiniones y valoraciones subjetivas del autor. Actualmente los avances tecnológicos e informáticos permiten la elaboración de libros en formato electrónico. Tiene sus ventajas, pero yo prefiero el libro impreso en papel y creo que sobrevivirá por mucho tiempo más.
Los libros en papel son un lugar privilegiado de la memoria que permite crear en el imaginario del lector un espacio de representación, un teatro interior; que facilita conducir el pensamiento del lector como un pensamiento teatral, como un espacio mental en el que se inscribe lo que el autor ha escrito y que se representa a sí mismo a través de lo que el autor ha escrito. Y eso es así porque los libros poseen unos límites físicos dentro de los cuales la memoria queda fijada: poseen una camisola mnemónica que les dota de estabilidad diacrónica, que delimita su principio y su final; poseen un final o un desenlace que, como un vector que atraviesa el libro, estructura su contenido y lo dota de sentido, como una columna vertebral; posee una personalidad tipográfica, una personalidad estructural única.
Los libros son el lugar donde se encarna el saber constituido, son el lugar donde se despliega el orden de las razones. Este orden de las razones se fundamenta en un orden convenido de la narración, en la sucesión de argumentos bien trabados que, buscan su resolución lógica en un final hacia el que todo tiende. Los libros tienen, por eso, unidad estructural.
Los libros son uno de los interfaces más estables que la humanidad haya desarrollado, cápsulas de sentido que circulan a través del tiempo y el espacio, propiciando la comunicación entre seres humanos, generando comunidades de intereses y de saber.
Para terminar, les leeré dos frases sobre el libro:
“Un libro abierto es un cerebro que habla; Cerrado un amigo que espera; Olvidado, un alma que perdona; Destruido, un corazón que llora.”
“La capa de polvo de cubre a un libro en una biblioteca pública, es directamente proporcional a la cultura de la población en la que éste se ubica.”

miércoles, 4 de marzo de 2015

Merolico.

HABLAR Y HABLAR... PARA EMBAUCAR.
© DR Xavier A. López y de la Peña
En todas las sociedades y en todos los tiempos ha habido gente que, gracias a sus dotes de oratoria, retórica y algo o mucha capacidad histriónica tienen la habilidad de hacer creer a la gente, con fines de lucro por supuesto, de que lo que dicen es cierto -a sabiendas de que están errados-: los “merolicos” o charlatanes.
La palabra “merolico”, tan usada en nuestro lenguaje actual, viene de la deformación del apellido que la sociedad hizo de un judío originario de Polonia -otros le dan un origen alemán- llamado Raphael Juan de Meraulyock, quien se asentó ostentándose como dentista en México por allá del 1879. La ciudad contaba entonces con unos 25 de estos profesionales y, aunque el Dr. José Sanfilippo B refiere que no hay expediente de este personaje “ni en el Archivo Histórico de la Escuela de Medicina de la UNAM, ni en el de la Secretaría de Salud”, aunque mas adelante anota que si presentó examen de dentista -no de médico- el lunes 29 de septiembre de 1879 del que fue aprobado por unanimidad, después de que se le hubo leído el “catecismo”.
Se ocupaba, como él mismo se hacía anunciar a través de los diarios y con grandes carteles coloreados y con su propio retrato en varios puntos de la ciudad, de atender todo tipo de males e invitaba al público de la capital a acudir a consulta en una habitación muy ostentosa que alquilaba en el Hotel Iturbide (sito en la calle de San Francisco) en donde se “comprometía a ejecutar los siguientes trabajos de cirujía clásica. [A las personas de ambos sexos que tengan el defecto o deformidad natural de tener los ojos chicos [les ofrece operarlos cortando hábilmente los músculos y epidermis de los orbiculares sin que por ésta célebre y magnífica operación cause el más mínimo dolor” y también -sigue anunciando-, “sacará con diestra y hábil mano toda clase de lobanillos y tumores de cualquier parte del cuerpo, así como trabajos de cirujía ordinaria [como curaciones de heridas, roturas, quemaduras, dislocaciones, garantizando el buen éxito y perfección de todas estas operaciones, [cobrando precios convencionales”. Seguramente su acento extranjero fascinaba a los oyentes y le daban, porqué no, cierto aire de aristócrata sapiencia entre su auditorio, ávido de encontrar alivio a sus problemas de salud.
Diariamente y puntualmente a media mañana, se dice que salía del Hotel Iturbide para abordar un carruaje tirado por briosos y finos caballos, vistiendo impecablemente con uniformes de vivos colores y el pecho engalanado con múltiples medallas; haciéndose seguir por una banda musical que, en tono festivo y en medio de una gran y estruendosa algarabía recorría las principales calles de la ciudad hasta llegar a el Zócalo u otras plazas principales donde se instalaba y empezaba a hablar y hablar... hasta embaucar a la gente en la compra de sus productos: bálsamos como aquél “bálsamo milagroso vegetal para todas las enfermedades” que, analizado posteriormente en los laboratorios de química de la Escuela Nacional Preparatoria demostró que contenía alcohol, alcanfor, goma arábiga, esencia de clavo y fuschina; ungüentos y polvos como la “Esmaltelina”, “¡polvo vegetal para restaurar las muelas y dientes, boca y encías, la mejor y única preparación para el esmalte al precio de un peso!”
Meraulyock fue sin duda alguna un personaje célebre en su época. Se dice que las extracciones dentales “sin dolor” que realizaba las hacía sujetando al doliente a una silla colocada encima de un tablado a la vista del público que se arremolinaba para ver tan aparatoso y anunciado suceso. Atrás de este escenario, la banda entonaba alguna suave melodía que iba subiendo de tono en sus acordes al tiempo que Meraulyock hacía presa de la pieza dental afectada con unas pinzas. Sigilosamente un ayudante se colocaba a un lado del enfermo llevando una pistola en la mano cargada con una salva y.... al momento de ejecutar la rápida y hábil extracción, se escuchaba de súbito el estrépito del disparo del revólver y la banda tocando estruendosamente que, unidos al susto y asombro del enfermo, hacían que este “no tuviese tiempo de quejarse e incluso de sentir dolor”. El procedimiento -como anunciaba puntualmente- era cobrado a “precios convencionales”.
Fama tuvieron muchos otros “curanderos, charlatanes y merolicos” antes y después de Meraulyock a pesar de los esfuerzos del Protomedicato en aquellos tiempos por contrarrestarlos. Inclusive en el año de 1700 había un grupo de religiosos conocidos como los “padres hospitalarios” que “por sí y ante sí se declararon competentes para curar” . La prestigiada Gaceta de México se hizo cargo de escribir algunas notas en relación a una célebre curandera también, Doña Lugarda Pérez allá por el siglo XVII.
En el siglo XVIII hizo aparición notable una persona conocida como “El Beato” originaria de Pátzcuaro, Mich. quien “daba” a sus pacientes un maravilloso y curativo brebaje compuesto de “raíz de maguey cocida en pulque, raíz de begonia, rosa de Castilla y carne de víbora entre otras cosas”. Tanta fama e influencia tuvo este curandero que -decía el escritor José de J. Núñez y Domínguez en 1934- “su procedimiento para curar a los sifilíticos fue adoptado por el mismísimo Dr. Francisco Javier Balmis, introductor de la vacuna en México, y que obtuvo también ciertas prerrogativas de parte del Arzobispo Núñez de Haro para hacer algunas demostraciones de sus procedimientos.”
El célebre Dr. Bartolache decía en 1772 que a “las personas que repugnaría un medicamento prescrito por un médico docto, toman los brebajes más absurdos y desatinados si se los ordenan los curanderos”. “A la caída del llamado Imperio -refiere el historiador Francisco Flores en su Historia de la Medicina en México- tuvimos al conde Ulises de Seguir, llamado el tentón, quien, prosélito de Eduardo el Confesor que se dice fue el primero que allá en remotos tiempos ejerció el arte de curar por simples tocamientos, especulaba con admiración de nuestro pueblo, con esa práctica del onceno siglo, curando, y esto pudo ser posible con sólo tocar a los enfermos”, y -sigue diciendo- “alguna vez tuvimos también a un individuo que curaba palpando a los enfermos con las manos untadas de saliva”.
Hace apenas 70 años en nuestro país, un médico reflexionaba sobre el asunto de la siguiente manera: “Aún le quedan a nuestro pueblo restos del fanatismo científico y de la credulidad de pasadas épocas y aun buscan la causa de sus curaciones en lo maravilloso y sobrenatural. No es raro todavía, por lo mismo, verle aplicar estampas de santos o sus cenizas para combatir ciertos dolores; guardar con gran veneración pedazos de piel de venado para curarse las neuralgias; cubrir de obleas el vientre de sus mujeres para contenerles las metrorragias; ponerles rosarios de limones y darles cigarrillos de alcanfor a sus deudos para precaverlos del tifo cuando van a visitar a estos enfermos, y aún será fácil encontrar en las gentes humildes del campo, individuos llevando en el cuello sartas de los huevecillos que ciertas mariposas depositan en los magueyes mansos, dizque para curarse del bocio que padecen”.
Hoy, sigue el curanderismo haciendo presa del necesitado real o imaginario, llenándole las orejas con pequeños parches de esparadrapo, tan visibles -curiosamente no son de color “carne”- como los conocidos y nacionalistas “chiqueadores” de nopal pegados a las sienes que en otros tiempos también se usaban como “curativos”, o “extrayendo el ‘poder’ farmacológico de una medicamento alopático para depositarlo -mediante un procedimiento que desconozco- en unos gránulos azucarados”, entre otras muchas prácticas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Mitla: una realidad en conflicto.

MITLA: Ayer y hoy.
© DR. Xavier A. López y de la Peña
El encuentro con nuestro pasado prehispánico a través de los vestigios arquitectónicos que abundan en nuestro territorio producen diversos efectos, contrastantes las más de las veces y que lógicamente generan conflictos de intereses. La subzona arqueológica de Mitla en el estado de Oaxaca es un ejemplo sobresaliente de ello. Mitla, ubicada en valle de Tlacolula contiene los vestigios de ocupación humana más remotas halladas en Oaxaca y que han sido calculados en cerca de 8000 años en las cuevas y sitios rocosos del norte.
La ciudad-estado de Mitla alcanzó gran esplendor en el año 750 d.C. y hoy muestra el enfrentamiento ideológico católico-zapoteco pared con pared en sus estructuras de la llamada zona norte. Curiosamente también se conjugan construcciones con un simbolismo ideológico-interpretativo disímbolo en este mismo grupo del norte.
En primer lugar, desde el punto de vista estructural el magnífico aunque muy deteriorado templo prehispánico dedicado a Pitao (común a los espíritus), el palacio zapoteco conocido como Yohopechelichi Pezelao (Fortaleza de Pezelao), cuyo dios allí venerado -dice el historiador José Antonio Gay - “era incorpóreo pues no era un espíritu común, sino superior a todos los demás y dotado de atributos que le eran exclusivos: era increado, por lo que se le llamaba Piyetao Piyexoo; era infinito, sin principio, e inmortal, lo que expresaban llamándole Coquicilla, Xetao Pillexao; había sido el creador del universo Pitao Cozaana; especialmente era el autor de los hombres y los peces Uuichaana; y por el se sostenían y gobernaban todas las criaturas, por lo que le decían Coquiza Chibatiya Cozaanatao”.
La construcción muy deteriorada y extraordinariamente saqueada, tiene aún y a pesar de todo una fuerza expresiva impresionante con sus tableros surcados por figuras geométricas que semejan escaleras-serpientes ya hacia arriba o hacia abajo en grecas pétreas que sugieren un constante dinamismo que liga con el supra e inframundo.
Mitla era en realidad un templo panteón. El “infierno” mexicano -derivado del náhuatl Mictlán, lugar de los muertos, que era presidido por las deidades masculina y femenina de Mictlatencutli y Mictlatencihualtl- era llamado con toda propiedad por los indios del lugar -sigue diciendo Gay- Liovaana, centro de descanso.
Le sigue, en segundo término y cronológicamente hablando la construcción del templo católico de San Pablo cuya edificación se inició a finales del siglo XVI, símbolo de la nueva religión y poder españoles, erigido parcialmente sobre los cimientos del templo “pagano” y utilizando gran parte de sus materiales.
La edificación católica muestra su sobriedad y austeridad -si se le compara con la filigrana prehispánica zapoteca- de sus cúpulas que apuntan al cielo en celebración al Dios de los vivos. Contraste mayúsculo de las edificaciones unidas físicamente por el tiempo y la piedra labrada en manos del hombre, la una dedicada a los muertos y la otra en celebración a la vida. Pareciera que la cultura zapoteca llevara a hombros a la cultura española en la lucha por el poder-verdad de cada cual.
En 1925 se hicieron algunas reparaciones, adaptaciones y reconstrucciones parciales al conjunto del grupo de la Iglesia, tratando de preservar ambas estructuras.
Un tercer elemento contrastante lo da el de la modernidad. Parado de pie en el centro del templo de la edificación del norte y mirando hacia este mismo punto cardinal en dirección noroeste por sobre los tableros del edificio prehispánico, puede hoy mirarse una estructura metálica circular de aprox. 3 metros de diámetro asentada sobre una casa habitación moderna: una antena parabólica. Elemento simbólico de la nueva era revolucionaria de la informática que relaciona al hombre más allá del espacio con las nuevas deidades tecnológicas: las diosas de la electrónica y la comunicación en la era del quinto sol -la que ahora vivimos según la ideología náhuatl-, la del éter.
El visitante de Mitla puede ya sentir el esfuerzo, la esperanza, la dedicación, el dolor y el sufrimiento de sus antiguos constructores que bellamente pulimentaron los pilares monolíticos existentes y que apenas dos hombres pueden abarcar con su brazos, y decoraron los tableros de sus templos con grecas de intrincado simbolismo tratando de reunir al hombre con sus muertos; como puede también percibir el deseo del conquistador español por “borrar” de la faz de la tierra el “paganismo” zapoteco-prehispánico, construyendo un templo católico dedicado a San Pablo como imposición a su Dios en la enseñanza de una nueva “verdad”; como puede así mismo sentir el bullicio del comercio artesanal que ofrece mayoritariamente textiles policromos al turismo invadiendo y deteriorando el entorno arqueológico al amparo de nuestra nueva era del éter.
Épocas e ideologías constituyen la mítica Mitla de hoy en un vínculo indisoluble y cuya permanencia se ve amenazada. Si el comercio artesanal que devora el emplazamiento arqueológico se pretende retirar de allí en aras de un mejor control, pende la amenaza de los líderes de los artesanos -como la espada de Damócles- de reducir a cenizas los arcaicos monumentos.
El nuevo dios del comercio, el Mercurio moderno, se enseñorea hoy sobre Mitla y su culto es reverenciado, temido y respetado teniendo como antecedentes y marco al dios zapoteco y al católico en la nueva era de las comunicaciones por el éter, la del quinto sol.
El simbolismo del sol, circular, dador de vida, representado por todas las religiones de una u otra forma también está representado en la era del éter: la antena parabólica.
La Dra. Nelly M. Robles García, arqueóloga y antropóloga titular del Proyecto Mitla desde 1987 y directora del centro INAH-Oaxaca en 2010 nos dijo, y con toda propiedad que: “... la lección de Mitla es, ante todo, la de un sitio que ha mostrado una gran capacidad de adaptación y respuesta propia a los cambios sociales, económicos y tecnológicos que ha experimentado la región del valle de Oaxaca a lo largo de su historia”.