jueves, 6 de septiembre de 2018

“Hantiguedades” 4ª. Parte.



El asunto criptográfico.

Hablan mucho de la belleza de la certidumbre
como si ignorasen la belleza sutil de la duda.
Creer es muy monótono; la duda es apasionante.

Oscar Wilde


Dr. Xavier A. López y de la Peña

            Tras de mis pesquisas en el Archivo Histórico local, particularmente en la hemeroteca, encontré las siguientes noticias acerca del doctor Abelardo Portugal, considerado el dueño del maletín que había comprado a doña Tula en su local comercial de “Hantiguedades”.
  

          Veamos:

Noticia en el DESPERTADOR del 14 de junio de 1905.

En la ciudad de Maravatío, Michoacán, falleció el día de ayer el ilustre Doctor Don Abelardo Portugal víctima de un accidente.
Su cuerpo será trasladado a esta ciudad en un vagón de ferrocarril especialmente fletado por el C. Gobernador del Estado.
El Director de este diario se suma a las sentidas e innumerables condolencias que la sociedad en general ha hecho llegar a sus familiares más cercanos.
Descanse en paz.

NOTA: El novenario se celebrará en el Templo del Señor del Sabino en el horario acostumbrado. Se contará con la presencia de su Ilustrísima Monseñor Enrique Montaño, Obispo de Guadalajara.

Noticia en LA CRÓNICA, 16 de junio de 1905

Mensaje del Director por el sentido fallecimiento del Doctor Abelardo Portugal:

No hay suficientes palabras para decir lo mucho que la sociedad siente ante la pérdida del Doctor Abelardo Portugal, ilustre aguascalentense, fallecido en Maravatío, Michoacán el pasado día 13.
Hombre sabio y probo, le dio al Estado su primera Biblioteca Pública gracias a sus incansables oficios, y dignificó la atención a los necesitados en el Hospital Civil.
El Dr. Abelardo Portugal ejerció como asistente sin honorarios en el Hospital Civil de 1890 a 1895 en que fue nombrado Director General.
Sus prácticas clínicas y quirúrgicas le habían dado importante fama en el ambiente médico local y regional; así mismo, ordenaba con frecuencia complicadas fórmulas que sólo el diligente boticario Don Artemio Guizar podía elaborar.
Don Artemio era un impenitente solterón regordete, bonachón y rubicundo cuya estancia en el Hospital se remontaba desde el año de 1829 cuando éste se encontraba en ruinas tras los problemas post independentistas que convulsionaron a la región y se acentuaron más tarde con la aplicación liberal de las Leyes de Reforma impulsadas por Don Benito Juárez. Cuando Don Artemio, por razones de salud frecuentemente, dejaba de asistir al Hospital o en casos especiales, el mismo doctor Don Abelardo Portugal, sabedor como el que más de la ciencia de la química y la farmacia, se encargaba de la preparación y administración, en muchos casos, de las pócimas y otros brebajes necesarios para sus pacientes. Ello le hizo merecer el reconocimiento de muchos enfermos y quizá hasta de ser recipiendario silencioso de palabras y afectos similares a las que dedicó Séneca a su médico:

Este médico empleó más de su labor en mí de lo que por obligación debería realizar; tuvo más cuidado de mí que de su reputación y crédito, no solamente se limitó a prescribirme remedios, sino también se dignó aplicármelos y administrármelos.

Entretanto, él me velaba cuidadosamente y me auxiliaba e impedía la presentación y el vigor de mi acceso; ninguna tarea le desagradaba, ningún pesar le disgustaba, si me veía lamentarme, se mostraba afligido. Entre todos aquellos que claman por él, tuvo particular cuidado de mí, llevaba consigo no otro tiempo que el de visitar al resto de sus pacientes enfermos, que así como mis achaques le retribuyeron y le dieron oportunidad. Con este hombre yo no estoy ligado como a un médico, sino como a un amigo.

Dios quiso llevarse a su lado al Doctor Abelardo Portugal dejando aquí a su inconsolable esposa Doña María Engracia Pedrero, refinada y abnegada compañera, y a su hijo Abelardo Jr. por quienes imploramos pronto consuelo ante tan irreparable deceso.

Noticia en EL REVERENTE, 17 de junio de 1905.

Palabras del señor doctor don Eutiquio Meléndez a nombre del Congreso del Estado en la despedida fúnebre del Dr. Don Abelardo Portugal en su última morada en el Panteón del Ruedo el 15 pasado.

“El hombre vive para la muerte. Es menester, sin embargo, seguir los pasos de la vida para tan inevitable fin cargados de bonhomía y don de gentes. Cualidades éstas que, a más de muchas otras guiaban el camino en la vida del ilustre e inolvidable amigo y coterráneo  doctor Don Abelardo Portugal cuyos restos hoy alcanzan prematuramente el reposo eterno.
Su distinguida trayectoria  profesional le valió el aprecio y la consideración de la sociedad aguascalentense, siempre con sus atinados diagnósticos guiados por su sabiduría en las intrincadas dolencias que la enfermedad inflige a la humanidad. Digno discípulo de las enseñanzas de Galeno forjado en el crisol de la Universidad de Guadalajara de la que egresó con mención sobresaliente en el año de 1880. El futuro se mostraba promisorio para el doctor Portugal cuando un infausto accidente cercenó su vida. La humanidad doliente queda huérfana con tan sensible pérdida.
El doctor Portugal fue -a más abundar- un dilecto amigo, comprensivo compañero y tolerante ante sus opositores ideológicos a los que trató siempre de frente, sin ambigüedades ni dobleces. Su digna y notoria trayectoria al frente del Hospital Civil imprimió renovados cambios a favor de los más necesitados siempre. Hombre de recio carácter y forjado a la antigua que, no obstante, moderaba con su trato gentil y respetuoso. Ávido de sabiduría llegó a poseer una biblioteca en la que los autores franceses, particularmente, resaltaban en tópicos diversos de la sólo medicina.
Impulsó de manera sobresaliente la educación en el Estado al erigir la Biblioteca Pública en la Plaza Centenario con donaciones del Ministerio de Educación, el Consulado Francés, la Representación Diplomática de España y el Fondo Gausset de la Universidad de Buenos Aires en Argentina. Dicha obra fue inaugurada distinguidamente por el señor Licenciado Don José Juan Mireles, Ministro de Educación en representación del señor Presidente Don Porfirio Díaz. Gracias a sus oficios también, logró importantes donaciones de filántropos anónimos para el Colegio San Juan y el Ateneo  Pedro de Gante en cuanto a mobiliario y equipos de física, química, astronomía, biología y electricidad.
Metódico y perspicaz como clínico brillante, llevaba notaciones especiales en la atención de cada uno de sus pacientes en su libro clínico al que recurría con frecuencia para saber si el Calomel o el Ruibarbo utilizados, entre otros en un paciente, habían dado el resultado esperado.
Repartía sus esfuerzos sin distinción entre la clientela de su consultorio particular y sus necesitados (como les llamaba delicadamente) que llegaban  al Hospital Civil. El interés por ayudar al prójimo le hizo habilitar en el propio Hospital Civil una habitación especial para cuidados a pacientes con necesidades de aislamiento y a la cercanía de su bien surtida botica.
Compartió con su esposa Doña María Engracia Pedrero un matrimonio cristiano ejemplar al que Dios bendijo con la llegada hace cinco años de un único hijo. Amante esposo y diligente señor de su casa, formó una familia digna de ser emulada.
En su domicilio se daban cita, ya para felicísimas tertulias como para diversos asuntos políticos, sociales y más, los personajes más destacados de la sociedad. Su magnanimidad era proverbial y nunca faltó en su mesa la charla amena, el vino y los bocadillos con los que Doña María Engracia obsequiaba a sus numerosas visitas.
El quehacer del Doctor Abelardo Portugal desde tempranas fechas estuvo ligado por circunstancias diversas al Poder Ejecutivo al que ofrecía su consejo, su propuesta y su atención cuando sus servicios profesionales eran requeridos. Nunca aceptó participar en ningún puesto de público a pesar de las reiteradas invitaciones a que era objeto por parte del sector conservador del poder, bajo su argumento de que “la política es al César, como el servicio es a Dios”.
Murió, como dije prematuramente dejando un lugar en el corazón de todos difícil de consolar.
Descanse en eterna paz en el Señor”.

Bien pero, vuelvo a preguntarme: ¿Qué hacían estas notas encriptadas en poder del Dr. Abelardo Portugal?, ¿qué significaban?, ¿quién las escribió?, ¿qué relación posible habría entre éste médico con el señor Jacques Clemenceau, los hermanos Guggenheim y el gobernador Nicéforo Domínguez Estrada?, ¿por qué el interés sobre el asunto del criptólogo suizo Dormnstand Echke?

            Seguiré investigando.

lunes, 13 de agosto de 2018

¿Cómo escribir un libro?



Dr. Xavier A. López y de la Peña


(...) Lo que me gusta es escribir y cuando termino
 es como cuando uno se va dejando resbalar de lado
después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay
otras cosas que te golpean en la ventana,
 escribir es eso, abrirles los postigos y que entren.

                                                                 Julio Cortázar


            Veamos primero, ¿por qué se quiere escribir?

Se dice y con razón, que escribir es terminar de pensar.
Escribir es plasmar nuestras ideas, conceptos, planes, programas, inquietudes, recuerdos, deseos, intenciones, propuestas, etc., en palabras que queremos transmitir a los demás.
Recuérdese que en el principio fue… la palabra o el logos (en griego λóγος -lôgos-) que significa: la palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada, es decir: razonamiento, argumentación, habla o discurso con la que se expresan acciones, procesos, estados o existencia que afectan a las personas o las cosas; tiene variación de tiempo, aspecto, modo, voz, número y persona y funciona como núcleo del predicado.1

Múltiples razones podría haber para escribir: como método de enseñanza de algún arte u oficio, sobre cómo realizar determinada técnica o proceso, para aclarar o explicar algún evento, para expresar nuestros más variados sentimientos, como satisfacción personal, para el registro a la posteridad de un suceso fuera o no de lo común, para describir un concepto muy abstracto como el amor, el alma, la inmortalidad, o para recordar el pasado y más.
            El gusto por entretejer palabras que den salida real o ficticia a un secreto (tal vez el nuestro), a un íntimo deseo, a una inconfesable ambición y pasión o quizá para dar cuenta de un horrendo crimen cometido diez años atrás por un primo hermano.
            Las palabras salen, se moldean, modelan y se dejan caer, una tras otra, tanto por su sonoridad como por su riqueza conceptual, por su expresividad, su armonía, su sutileza, candor y pudor; como también por su energía, fuerza, contraste, tensión y carácter ya constructivo como destructivo.
            Las palabras (como bien apunta la filósofa y ensayista española María Zambrano) “van así cayendo, precisas, en un proceso de reconciliación del hombre que las suelta reteniéndolas, de quien las dice en comedida generosidad.”2
            Se escribe pues dejando caer las palabras ya poéticamente, con galanura, melancolía, desasosiego, cortesía o vulgarmente; con caridad, amor, hastío o emoción; pulcramente, con lentitud o premura; con claridad o torpeza; con una técnica y armonía deliciosamente estructurada o gramaticalmente de forma atroz y con lenguaje soez.
            Para empezar a escribir se necesitan sólo algunas pocas palabras iniciales; recuerdo, como sencillo ejemplo, esta bella dedicatoria en un libro (Plenitud, de Amado Nervo) que mi padre obsequiara a mi madre a mitad del siglo pasado:
            Mi cielo, si alguna cosa te gusta de este libro tómala como mía, si por el contario te disgustara, déjalo para los demás.

            Pero ¿por qué se escribe? Porque nos da la gana, porque algo nos impulsa a hacerlo, porque sufrimos o porque amamos y con ello nos desahogamos, porque queremos demostrar que podemos hacerlo aunque digamos puras aparentes tonterías, porque tenemos que hacerlo cada mes o cada semana como nos propusimos, porque algo hay que decir ahora, porque queremos opinar o influir en algún asunto económico, político o social, porque queremos compartir nuestras ideas o experiencias, porque queremos dar a conocer una noticia, porque se quiere ganar dinero o tener éxito, porque se nos considere interesantes, importantes o grandes, porque buscamos la expiación de una culpa o para calumniar a un vecino, por egoísmo, egocentrismo o fatuidad; por despecho ante un desamor, por megalomanía o, simplemente por el gusto y placer que nos ofrece el entretejido de palabras que ofrecemos cual si nos desnudáramos ante nuestro lector.
            Finalmente, como lo dice Primo Levi “…llega un momento en el que puede parecer que escribes por costumbre, pero lo que realmente ocurre es que escribes porque sientes el impulso y la necesidad de hacerlo. Sencillamente, no sabes no escribir.”3

            Pero ya sin más preámbulo ¿cómo escribir un libro?4
            En primer lugar, porque tenemos algo que queremos comunicar. Segundo, sólo necesitamos una hoja de papel y un lápiz, estilógrafo o bolígrafo y, ya. ¡Eso es todo!

Empiece  a escribir lo que se ha propuesto ya sea una novela, un ensayo, un pasaje, una poesía, un relato, una crónica, una historia, un texto un verso, etc.
            Relate sus experiencias como agricultor o como arquitecto, como analista informático o corredor de bolsa. Sus peripecias como estudiante de secundaria o de las fallidas relaciones intrafamiliares que supone, le fastidiaron el carácter.
Escriba sobre su primer viaje a Japón o sobre la desgracia, la solidaridad y la catástrofe ocurrida durante el terremoto de la ciudad de México en 1985. Estructure un manual para el operario de máquinas troqueladoras industriales o sobre cómo elaborar plantillas para cortar madera en una sierra de banco. Escriba sobre sus experiencias como asistente social en un manicomio rural casi en ruinas o sobre cómo se inició en el estudio del esperanto. También sobre cómo llegó a conquistar a su vecina Angélica y lo engorroso, inquietante y quizá hasta peligroso encuentro que tuvo con sus futuros cuñados.
Tal vez -como caso extremo-, desee escribir sobre sus vicisitudes al tratar de leer y entender un mafufo ensayo sobre “Los paralelismos entre la Apología de Sócrates y la Medicina Cuántica de Deepak Chopra”.
Abra las puertas a sus emociones, desperécese. Comparta sus ideas o sus inquietudes. Cierto es que en México no hay muchos escritores ni lectores, pero si le provoca escribir, hágalo.

            Si necesita más datos quizá esto le sirva:

            Defina el tema a seguir. Por ejemplo una novela policíaca.
            Piense en el protagonista principal y el argumento básico. Si se trata de buscar a un ladrón o de resolver un caso de homicidio. Tal vez ir tras la búsqueda de un valioso tesoro escondido en las islas Salomón o de resolver un intrincado, multimillonario y truculento fraude tramado por hackers croatas, a través de las bolsas de Nueva York, Hong Kong y Frankfurt.
            Aunque es posible que sólo quiera referirse a una apasionada y turbulenta relación amorosa entre dos lesbianas con severos e inconcebibles desajustes psicopatológicos.
En fin, a usar el lápiz y dejar fluir y caer las palabras. Eso sí, tiene que haber algo de constancia, dedicación, perseverancia y tenacidad.
            Haga borradores, planee capítulos si es necesario, póngase metas y tiempos para cubrirlas.
            Lea e inspírese en obras similares. Busque la manera de describir a sus personajes dotándoles de una determinada personalidad, desentrañe y desnude sus pasiones, pulsiones, errores y aciertos. Detalle el entorno en el que se desarrolla la trama de cada escena tratando de que el lector se ensimisme y vibre en ella, sufra en ella o ame en ella, según el caso.

            Como dato curioso, sepa que en la República de Islandia que cuenta con cerca de 340,000 habitantes, uno de cada diez habitantes publica un libro. En este país todo el mundo da a luz un libro ("Ad ganga med bok I maganum") y probablemente ello sea causado por el clima que obliga a los islandeses a estar recluidos por mucho tiempo y ello les permite idear y contar historias (sagas) y escribirlas prolijamente alrededor del hogar.5


1 . Verbo (cristianismo). Consultado en internet el 9 de agosto de 2018 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Verbo_(cristianismo)
2 . Zambrano, María: Por qué se escribe. Revista de Occidente, tomo XLIV, p. 318, Madrid, 1934.
3 .Primo Levi. Consultado en internet el 10 de agosto de 2018 en: http://www.cosasqmepasan.com/2014/01/por-que-se-escribe-primo-levi-y-los.html#.W2x73M5KivE
4 . Recuerdo el libro con este mismo título, del autor Rafael Pérez Lobo. Ed. Diana 1975.
5 . Rosie Goldsmith. El país donde una de cada diez personas publica un libro. BBC, 21 octubre 2013. Consultado en internet el 11 de agosto de 2018 en: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/10/131014_cultura_islandia_escritores_saga_jrg

lunes, 2 de julio de 2018

Carta del Paciente.


CARTA DEL PACIENTE
(Aguascalientes, México.)


DR © Dr. Xavier A. López y de la Peña


PRESENTACIÓN:

La relación entre el profesional de la salud y el paciente tiene características especiales que deben ser reconocidas y aplicadas en una sociedad pluricultural y multiétnica como la nuestra, en la que la evolución técnica y científica le lleva a reformar la medicina, la ley y los valores sociales, y en donde el paciente lucha hoy por hacer valer sus derechos.
Así, esta Carta pretende ser la voz del paciente para ser oída, considerada y llevada a cabo por el profesional de la salud en México.


DE ESTA MANERA:

Quienquiera que seas, e independientemente del puesto o función que realices en el campo de la atención y servicios a la salud de la persona, por favor:
Atiéndeme siempre de la misma forma y espíritu con que tú quisieras ser atendido. Con el tacto, aplomo, entereza, prudencia y delicadeza o energía necesarios, que guían el humanismo sustentado en la ética y la moral médica.
Que la bondad, el respeto, la justicia, la igualdad y la equidad normen tu conducta en mi servicio y que ésta se me ofrezca en plenitud de tus condiciones físicas y mentales.
Mantén tu atención con énfasis preventivo y enfocado siempre hacia mi adecuada y pronta recuperación, y cultiva permanentemente el arte y ciencia médicos constantemente en evolución.
Fomenta y ofréceme todas aquellas formas y normas de control de calidad y garantías de satisfacción que merezco como paciente bajo tu atención y/o servicios.
Estimula y participa con tus conocimientos y experiencia, y mediante todos los recursos a tu alcance en la promoción, mantenimiento y conservación de condiciones ambientales saludables para hoy y mañana, para mí y para todos.
Asísteme con respeto a mi dignidad y personalidad, en conciencia e independientemente de mi sexo, edad, origen étnico o geográfico, capacidad económica o forma de pago, situación civil o laboral, condición social, creencias políticas o religiosas, patrimonio genético, valores, cultura y/o formación tradicional, preferencias sexuales o de cualquier otra índole, del diagnóstico real o supuesto y su pronóstico, y de cualquier otra limitación, diferencia o desventaja que pudiera tener para con otro ser humano en todos los órdenes.
Sírveme solícita, leal, comprometida, subsidiaria, solidariamente y con verdad siempre, empleando toda tu capacidad y destreza por el tiempo que sea necesario en mi atención y cuidados.
Escúchame, oriéntame, acompáñame y entiéndeme como un ser humano íntegro; cuerpo y mente con historia y destino único, modelado bajo determinadas circunstancias ambientales, económicas, políticas, sociales y culturales, y confórtame en mi sufrimiento con calor humano y esperanza, procurando mi alivio físico y moral necesario siempre.
Provéeme o facilítame dentro de lo posible, todo aquello que contribuya a mi bienestar material, físico, mental, espiritual y social, incluyendo, pero no limitándose, a la compañía de mis seres queridos.
Evítame todo daño actuando con prudencia y sin riesgos buscando sólo mi mayor beneficio, y protégeme contra cualquier agresión directa o indirecta ya sea física, mental, moral o de cualquier otra índole, utilizando todas las medidas pertinentes. Defiende mis derechos sin limitaciones y hazlos valer ante los demás cuando sea necesario.
Que tu lenguaje y tus comunicaciones sean siempre claras, oportunas y completas, y aceptes en su caso, mi deseo de no ser informado. Esto es válido también para con mis familiares, tutores o representantes legales en el caso que por alguna circunstancia yo no esté en capacidad de recibirlas y decidir autónomamente. Procúrame un intérprete si no hablo tu idioma siempre que ello sea posible, y los apoyos necesarios que corrijan, en su caso, cualquier discapacidad mental, visual, auditiva, oral y/o motriz que tuviese.
Enséñame los caminos, medios y recursos de cualquier índole necesarios, posibles y accesibles para promover, mantener, aliviar o recuperar la salud por mis propios medios.
Demuéstrame tu capacidad y experiencia en la atención al problema de salud que me aqueja, cualquiera que sea. Sé sincero en reconocer tus limitaciones para con mi atención oportunamente, y bríndame la forma o medio posible para contrarrestarlas.
Antes de proceder infórmame sobre lo que quieres hacer y actúa con mi consentimiento por escrito si es necesario, o el de mi tutor o representante legal de acuerdo con los principios éticos y legales que la ley señala.
Permíteme discutir y rechazar en su caso dentro del marco de lo que prevea la ley y bajo información, cualquier asunto relativo a mi problema de salud aún cuando éste se oponga a tu criterio, incluyendo, pero sin limitarse, a la investigación y enseñanza, sin que por ello yo reciba sanciones, reproches, rechazo o cualquier otro tipo de daño.
Al ingresar a un hospital o clínica, infórmame por escrito acerca de los horarios de visitas, de los servicios que ofrecen y sus costos, así como de mis obligaciones y derechos en el mismo.
Trátame con discreción y privacía, guardando estrictamente y bajo protección (excepto aquello que la ley indique) todo lo relacionado con mi problema de salud. Esta información sólo podrá ser revelada a terceros con mi consentimiento por escrito cuando ello se me solicite oportunamente, o mediante la autorización de mi tutor o representante legal si yo no estoy en capacidad de hacerlo.
Respeta mi derecho a conocer la información contenida en mi expediente médico y facilítame su consulta y, a solicitud expresa mía o de mi tutor o representante legal, copias o resumen del mismo.
Considera la fortaleza, confianza y seguridad que pudiera yo tener al solicitar otra opinión de un proveedor de servicios de salud distinto a ti, elegido por mí libremente.
Atiende a mis quejas con tolerancia, paciencia y prontitud, procurando darme soluciones adecuadas y suficientes para cada una de ellas. Evita que se repitan en el futuro.
Asegúrame en la medida posible, el acceso a un defensor de derechos del paciente en el nivel de atención en el que me encuentre para asesoría, tramitación, intervención y/o facilitación en la resolución de problemas, quejas, sugerencias y propuestas surgidas en torno a la atención de mi problema de salud.
Oriéntame acerca de la asistencia de trabajo social necesaria para la coordinación entre servicios y prestadores de servicios de salud o entre unidades de atención, para el llenado de formularios, sobre informaciones varias, y en relación a citas subsecuentes y otras necesarias a mi atención y cuidados presentes o futuros.
Garantiza la continuidad en mi atención médica cualquiera que sea la modalidad (pública, social o privada) en que esta se me ofrezca: consultas subsecuentes, interconsultas, valoraciones, citas para exámenes de laboratorio y/o gabinete, curaciones, procedimientos u otros.
Avísame oportunamente si por alguna razón válida tuvieras que dejar de atenderme e indícame, en la medida posible y con el tiempo suficiente, cómo y con quién tramitar o arreglar dónde seguir contando con el apoyo que necesito.
Anticípame con oportunidad si tuvieres alguna objeción de conciencia en tu actuar médico contraria a mis deseos (no aceptar transfusiones de sangre, atenderme en huelga de hambre, esterilizaciones, etc.) o de cualquier restricción de índole política hospitalaria establecida que pudiera limitar mi atención elegida (abortos, esterilizaciones, fertilizaciones), para yo poder elegir libremente a otro proveedor de servicios de salud u hospital en su caso.
Infórmame con anticipación las razones a favor y en contra que tuvieras para considerar mi traslado a otra unidad de atención para tratar mi problema de salud, y acepta mi libre y voluntaria decisión de rechazarlo, en su caso, entendiendo sus consecuencias. En el caso de aceptar el traslado, confirma previamente mi aceptación y recepción por parte del personal en el nivel y lugar de destino.
Que tu trato hacia mí sea de completa libertad en tus juicios clínicos y éticos, sin ninguna injerencia externa que los deteriore, distorsione, limite, o impida.
Déjame contribuir y colaborar de acuerdo a mi experiencia y mis necesidades de enfermo, a enriquecer nuestro conocimiento orientado a la resolución de mi problema de salud.
Considera el pago o la gratuidad de tus servicios ya en honorarios u en otra forma, de acuerdo con los principios de generosidad, justicia, solidaridad y equidad, y a mis posibilidades económicas. En caso necesario, remíteme si ello es posible, con un asesor financiero que me pueda brindar opciones viables y razonables para su pago.
Cuando me encuentre incapacitado para tomar decisiones a consecuencia de un grave deterioro físico y/o mental, como por ejemplo, con daño cerebral severo e irreversible o tumor maligno diseminado en fase avanzada, considera mi atención cumpliendo con los requisitos morales y legales correspondientes y, si así lo he expresado, con mis deseos dados en el “testamento vital” o “voluntad por anticipado” en donde rechace, pero sin limitarse a estos, el uso de recursos que prolonguen mi vida por medios artificiales tales como técnicas de soporte vital, líquidos intravenosos, fármacos o alimentación artificial. En caso de alguna objeción a ello, házmelo saber a mí o a quien me represente legalmente con la oportunidad necesaria para decidir en consecuencia.
Llegada mi hora déjame morir con dignidad y respeto, libre de terapias fútiles o encarnizadas y sin esperanza, sintiendo junto a mí y con los míos siempre que sea posible, el apoyo de ellos, y del de quien con delicadeza y sensibilidad abraza la noble misión de atender y asistir a los problemas de salud de sus congéneres.
Que mi cuerpo sea tratado digna y respetuosamente después de muerto, independientemente de si se trata de necropsias, donación o trasplante de órganos y tejidos u otros estudios o fines, y se brinde atención, apoyo y asistencia a mis familiares, amigos y representantes legales en todo lo que sea posible.
Al final, si has procedido así, recibirás la recompensa suprema que otorga la satisfacción del deber cumplido dignamente y en conciencia en la atención y asistencia de un semejante enfermo, cualquiera que haya sido el resultado obtenido: el agradecimiento, reconocimiento y honor implícito o explícito siempre de parte del paciente, de los suyos y de todos nosotros hoy y siempre.