lunes, 4 de marzo de 2019

Medicina Teúrgica.


Jirones en la Medicina Teúrgica.


En estas cuatro cosas -creencia en los espíritus, ignorancia de las causas segundas,
 devoción a lo que suscita el temor de los hombres y el tomar como presagio
 lo que es casual- consiste la semilla natural de la religión; (Thomas Hobbes en “Leviatán, 1651)

o de la elección de las medicinas alternativas.


Dr. Xavier A. López y de la Peña.

             De camino del Aeropuerto de Lhasa Gonggar (a una altura de 3570 msnm) en la Región Autónoma del Tíbet, hacia la ciudad de Lhasa, por la carretera Chuanzang, me detuve ante el monumento erigido al Dios Buda de la Medicina: Bhaisajyaguru.

             De este evento surge la siguiente reflexión sobre la medicina teúrgica.

             Comenzaré diciendo que el término teúrgia, se refiere a la magia mediante la cual en la Antigüedad se pretendía entrar en comunicación con los dioses y ejercer influencia sobre ellos para la consecución de alguna cosa. Como adjetivo aplicado a la medicina se entiende como la magia médica que, lejos de quedarse en los tiempos antiguos aún pervive entre nosotros.

             La imagen que aquí presento corresponde a Bhaiṣajyaguru que es el llamado «Buda de la Medicina» y suele ser generalmente representado como un buda de color azul, que deriva del lapislázuli, piedra azul con diminutas vetas doradas asociada desde tiempos inmemoriales con la sanación de los enfermos, probablemente desde el tiempo de la civilización sumeria y pudiendo estar asociada con la leyenda de la diosa Inanna (Ishtar)

             El siguiente mantra (sonido compuesto por sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras que otorgan a quien las pronuncia y en ciertas creencias, cierto poder psicológico o espiritual) y que nos llevaría a la iluminación, suele repetirse ante este Buda de la Medicina:

Mantra del Buda de la Medicina

TAYATA OM BEKANDZE BEKANDZE MAHA
BEKANDZE RADZA SAMUDGATE SOHA.

(Mantra que puede traducirse así):

“Pueda yo tener las mejores, las mejores, las muy mejores condiciones a fin de poder ayudar a los demás. Que se elimine el dolor que procede del sufrimiento del cuerpo y la mente, la vejez y la enfermedad, que se elimine el sufrimiento que procede de la mente y los pensamientos perturbadores, que se eliminen el sufrimiento que procede de las huellas que dejaron esos pensamientos en mi mente. Que pueda yo así ofrecer la mejor terapia y ayuda a mi paciente”.

             Recuérdese que los doce juramentos del Buda Maestro de Medicina al lograr la iluminación, de acuerdo con el Sutra del Buda Maestro de Medicina son:

             Iluminar incontables reinos con su radiante luz, permitiendo a todos convertirse en un Buda como él.
             Despertar las mentes de los seres conscientes a través de su luz de lapislázuli.
             Proveer a los seres conscientes con cualquier necesidad material que tengan.
             Corregir las perspectivas heréticas e inspirar a los seres hacia el camino de un Boddhisattva.
             Ayudar a los seres conscientes a seguir los preceptos morales, aún si han fallado en cumplirlos anteriormente.
             Curar a seres con deformidades, enfermedades u otros sufrimientos físicos.
             Ayudar a aliviar el sufrimiento de los indigentes y enfermos.
             Ayudar a las mujeres que desean reencarnar como hombres a que logren su reencarnación deseada.
             Ayudar a curar enfermedades mentales y delirios.
             Ayudar a los oprimidos a ser liberados del sufrimiento.
             Aliviar a quienes sufren de mucha hambre y sed.
             Ayudar a proveer ropas a indigentes y a quienes sufren por el frío y los mosquitos.1

             La búsqueda por obtener la salud perdida, entre muchas otras cosas, invocando de diversa forma a seres superiores o deidades con más propiedad, se pierde en el pasado histórico de la humanidad. Ello ha estado a cargo ya de magos, chamanes, sacerdotes o personas con algún alto puesto político o religioso dentro de determinada comunidad. Ellos han sido llamados taumaturgos (palabra proveniente del griego thauuma, milagro o cosa digna de admiración o maravillosa y ergon, trabajo), esto es, gente con la supuesta capacidad de realizar acciones extraordinarias de carácter sobrenatural.
             Múltiples ejemplos pictóricos se encuentran en diversas cavernas descubiertas alrededor del mundo en los que se muestran actos y ritos varios de invocación a “dioses” o a ciertos elementos que rigen nuestras vidas en el cosmos.
             En el principio de la historia hace cinco mil años, los sumerios dejaron inscrito en sus tablillas de arcilla diversas referencias a rituales, hechizos, recetas y más para conjurar la enfermedad, solicitar la intervención divina para la resolución de sus problemas y conseguir la salud. Luego con los egipcios, los griegos, los chinos, los hindúes, los aztecas, los mochicas, en fin, en casi todas las culturas, los taumaturgos han estado y están, de alguna manera, presentes.
             Todo ello proviene de la generalizada percepción, franca o soterrada mente, que se tiene de una interpretación cosmodivina de la naturaleza del ser humano. Esto da pie a la “supuesta” realidad del hecho milagroso; de un lado, está el sufrimiento del paciente que le hace susceptible a la sugestión y del otro el operador taumaturgo dispuesto a llenar esa necesidad.
             Ya el neurólogo francés Jean Marie Charcot (1825-1893) a fines del siglo XIX había dado cuenta de ello de la siguiente manera:

          Los llamados hechos milagrosos tienen un doble carácter; son engendrados por una disposición especial del espíritu del enfermo. Como la confianza, la credibilidad, la sugestión; como se dice hoy en día, constituyen la “fe que cura”, que puede ponerse en marcha por razones de distinto orden.
          En general, la “fe que cura” no se desarrolla de manera espontánea en toda su intensidad curadora. Un enfermo escucha decir que hay un santuario en el que se producen curaciones milagrosas, indaga entre quienes lo rodean, solicita informes sobre las circunstancias en que se dieron las curaciones maravillosas cuyo rumor ha escuchado. Y no sólo escucha palabras alentadoras por parte de su entorno directo, incluso a veces de su médico, que no quiere privar a su paciente de una última esperanza. La contradicción en tal caso, no puede tener otro efecto más que la exaltación de la creencia en la posibilidad de una curación milagrosa. La “fe que cura” comienza a nacer, se desarrolla paulatinamente, se prepara incubándose hasta que la realización de una peregrinación se vuelve idea fija. En tales condiciones, el estado mental no tarda en dominar al estado físico. El último esfuerzo será una ablución en el estanque como parte del culto exterior; entonces la “fe que cura” produce el efecto deseado, la curación milagrosa se vuelve realidad.2

             Este es el disparador inicial para que cualquier persona con mentalidad creencial se afilie a una medicina teúrgica o hacia alguna de las llamadas “alternativas”.


1 . Bhaiṣajyaguru. Consultado en internet el 3 de marzo de 2019 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Bhaisajyaguru
2 . Jean-Marie Abgrall. Los charlatanes de la salud. Ed. Oceano. México 2003, p. 197.

viernes, 1 de febrero de 2019

Surrealismo.




XILITLA:


El surrealismo no es la sorpresa mágica
de encontrar un león en el armario
donde quería tomar una camisa (Frida Kahlo); no,
es la torcida cercanía de la locura ajena aguijoneando
mi propia realidad.

Dr. Xavier A. López y de la Peña.


La capacidad creativa del ser humano es enorme. Sus derroteros son también disímbolos y amplísimamente contrastantes, sin embargo, el crear algo es inherente a la humanidad. Bien lo dice la frase que “de músico, poeta y loco todos tenemos un poco” para señalar el deseo artístico y creador de cada uno de nosotros.
             Edward Frank Willis James (1907-1984) mejor conocido en México como “el inglés”, es uno de los personajes que dejó en un lugar conocido como Las Pozas en Xilitla, S.L.P. una muestra de su capacidad creativa desbordada.
             Incrustada en la Huasteca potosina y sobre un accidentado terreno sobre la ladera del monte Xilitla (lugar de caracoles) se extiende el desarrollo onírico-quimérico-creativo del “inglés” sobre una superficie agreste de 40 hectáreas.
             Durante el recorrido de esta muestra arquitectónica surrealista la razón y el corazón chocan  (esta es una interpretación personal) y plantean preguntas ávidas de respuesta: ¿qué sentido tiene construir tantos elementos obtusos, inútiles e inertes en medio de una maravillosa infraestructura natural palpitante y desbordante de vida? ¿Por qué se dilapidan 5 millones de dólares en irreales construcciones coloridas en el centro de una comunidad con necesidades sociales primarias insatisfechas?
             La obra considerada artística (de hecho, todo lo es)  despierta emociones varias en el espectador que le mira o le escucha. Puede agradarle o desagradarle, sus tonalidades, su textura, sus combinaciones, su representación, su forma, su contenido, su expresión, su idea, etc.
             La casa del “inglés” en Xilitla causa emoción ciertamente. Es la expresión concreta de una mente atormentada por el hastío con fuertes rasgos psicopatológicos y posiblemente influenciados por drogas psicotrópicas. A los 15 años de edad -recuerda el mismo Edward James- “un día en presencia de mi madre, estallé en sollozos incontrolables y sólo pude explicarme diciendo: ¡Ya no puedo soportarlo más... no puedo... no puedo!”
             La naturaleza vívida, incontenible y exuberante engulle progresivamente la obra del “inglés” sobreponiéndosele. Hace falta mucho esfuerzo humano para mantenerla a raya, contribuyendo con ello a lucirla como “una irreal obra incorporada al paisaje natural”.
             Desbordada la imaginería combinando intenciones, formas y colores, la obra del “inglés” mezcla intrincados simbolismos entre los que destacan las escaleras que llevan a ningún lugar y las puertas o ventanas que no se incorporan a nada. Una representación de búsqueda sin encuentro, un destino incompleto, una insatisfacción expresada íntimamente. La construcción “jamesiana” como todo constructo surrealista en totalmente impráctico, arquitectónicamente opuesto a lo funcional y útil. Tiene también su expresión religiosa con la vereda de las serpientes que nos muestra a siete serpientes de piedra proyectándose desde el suelo y que representan a los siete pecados capitales, la plaza de san Isidro y la puerta de san Pedro y san Pablo. Incongruencias no sólo estéticas sino reales como la bóveda de los murciélagos que tiene en uno de sus muros un altorrelieve con motivos egipcios presididos por Ra, el dios sol de su mitología, en contraposición al quiróptero al que se le dedica, conocido como el rey de las tinieblas o de la noche.
             Edward James incorporó al paisaje de Las Pozas su inconsciente probablemente atormentado y retuvo a la misma naturaleza en libertad en jaulas (casa de los flamencos, casa de las aves, casa del ocelote, casa de los pericos, corral de venados, casa o bóveda de los murciélagos, templo de los patos) en un acto de posesión del entorno estático y dinámico como diciendo: yo soy yo y la naturaleza. Su obra es la obra de un solitario luchador por conocer su destino, por conocerse a sí mismo en una expresión artística surrealista en que campean los símbolos inacabados de su vivir sin sentido. La obra de un ególatra que se asume como única parte de la naturaleza, la expresión misma de la primera persona del singular dejando fuera a todos los demás. Una plancha de cemento en la parte alta de la selva de Las Pozas, con la forma del cuerpo del “inglés” en la que solía recostarse a reposar rodeado de velas encendidas, constituye el monumento a tal aseveración.
             Las Pozas, en Xilitla, S.L.P. fue el oasis en el que el “inglés” Edward James sació su sed de identidad incorporando al paisaje sus sueños, sin integrarse al suelo potosino o mexicano, sin aprehender la esencia de lo humano a su derredor. Nada de lo construido tiene visos de la más mínima influencia mexicana, ni siquiera un nombre de raigambre local como podría haber sido “papalotitlán” (lugar de las mariposas) en alusión a estos lepidópteros tan abundantes en ése lugar. Columnas, arcos, flores estilizadas, caminos, puentes, puertas y ventanas evidencias su armamentarium cultural neogótico delirante y en ofrenda a sus mentores y admirados que no disimula en homenajear: Max Ernst y Henry Moore. Conoce a Leonora Carrington y Salvador Dalí  a quien patrocina y a muchas otras personalidades; vive de la imaginería fantástica y pretende conocerse al través de los intrincados laberintos del surrealismo. Su vida se expresa de esta manera: inexplicablemente, y su contacto con Erich Fromm en México tal vez no fuera sólo casual y le hubiera ayudado a tratar de descifrar y desestructurar su psicopatología desde el punto de vista profesional.
             Su huella en tierra mexicana lucha por perpetuarse contra los embates de la naturaleza que engulle inmisericordemente la obra del “inglés”. Los mexicanos que le sirvieron no dejaron en él ninguna huella aparente. El tampoco dejó una huella de humanismo en México. Las Pozas, Xilitla, S.L.P. fue un accidente en la vida agitada de Edward James, como podía haber sido un lugar en Borneo, Paraguay o en el archipiélago Malayo. Edward James viajaba y vivía buscándose.
             La obra del “inglés” se muestra como un monumento a la egolatría, una expresión artística que combina formas y figuras caprichosas entremezcladas con la naturaleza feraz de Las Pozas, Xilitla, S.L.P. cuyas estructuras antaño coloridas se muestran desteñidas, sin calor.
             Asombra, ciertamente, la capacidad creativa del “inglés”. Su obra contrastante en competencia desleal con la naturaleza del lugar dejó, sin embargo, su huella fría en monumentos de piedra, carentes de calor, ausente del tú y del nosotros.
             Al conocer la “casa del inglés” me sentí ausente; nada me ligaba gustosamente al surrealismo circundante en el medio de su arquitectura fantástica. Sentí la torcida cercanía de la locura ajena aguijoneando mi propia realidad. Admiraba la capacidad creadora en sus formas delirantes y sufrí el vacío de Edward James. El poeta y loco que luchaba afanosamente por su identidad, el ególatra que se hacía llevar en andas por los caminos inhóspitos de su contra-naturaleza ideológica radicada en Xilitla como un faraón, dueño y señor de su particular mundo privado.
             Las Pozas, Xilitla, S.L.P. en el mismo corazón de la Huasteca potosina es el monumento surrealista a la memoria del inglés Edward James, el multimillonario que tuvo todo sin tener nunca nada.   Un derroche de recursos integrados al paisaje selvático de la ladera del monte Xilitla sin ningún ápice de sentido social. Un mausoleo irreal a la imaginería obtusa del yo: Edward James. El solitario añorando morir solo como siempre vivió.


             Nota: Para saber más sobre el tema, se recomienda leer: Margaret Hooks. Surreal Eden: Edward James and Las Pozas. Princeton Architectural Press. Nueva York 2006. 

sábado, 12 de enero de 2019

Medicina Dosimétrica en Aguascalientes, 1899




Su fugaz presencia .


Las nuevas opiniones siempre son puestas en juicio y encuentran oposición,
 generalmente, sin ninguna otra razón que la de ser nuevas.

John Locke

Dr. Xavier A. López y de la Peña.

             En México y durante el período llamado "porfiriato" se debatieron varias teorías médicas acerca de la enfermedad y su terapéutica.
             Al lado de la alopatía y la homeopatía surgió el tema de la medicina dosimétrica que fuera impulsada a  partir del año de 1873 por el médico, cirujano y profesor de medicina en la Universidad de Gante en Bélgica, Adolph Burggraeve (1806-1902), quien muy posiblemente se inspiró en las ideas del médico ortodoxo alemán, Martín Wilhelm von Mandt (1799-1858), profesor en la Universidad de Greifswald (a partir de 1933 lleva el nombre de Ernst-Moritz-Arndt Universität), quien se convirtió posteriormente a la práctica de la homeopatía y quien fuera médico de la corte del zar Nicolás I de Rusia.
             Los principios que este autor propuso tenían las siguientes bases:
             1. Empleo de medicamentos químicamente puros.
             2. Preferentemente en forma de gránulos, como forma farmacéutica.
             3. Establecer y personalizar los tratamientos y
            4. Administrar dichos gránulos en pequeñas y repetidas dosis de forma regular, hasta obtener el efecto deseado.1

             Algunos países que siguieron de forma muy limitada este novedoso enfoque terapéutico fueron también: España, Francia, Italia e Inglaterra.
             Sin embargo su teoría cayó en el olvido rápidamente, aunque dejó algunos rastros en la historia de las compañías farmacéuticas, como lo fuera en la sociedad norteamericana Abbott fundada en 1888 por el Dr. Wallace C. Abbott, que comenzó sus actividades con el "Desarrollo de una nueva forma de presentación-dosificación en "gránulos dosimétricos" para alcaloides activos."2

             Esta teoría se abrió paso en México a través de la revista La Medicina Científica, impulsada por los doctores Fernando Malanco y Juan F. Fenelón. Esta teoría enfatiza evitar los efectos secundarios provocados por la alopatía, particularmente por altas las dosis de medicamentos que se suelen prescribir y recomendando entonces utilizar sólo elementos puros y en dosis pequeñas y muy precisas.
             El procedimiento médico requería, en primer término, la aplicación de un purgante para limpiar las vías digestivas y propiciar la inmediata absorción de los fármacos, mediante la administración de los gránulos llamados de Sedlitz Chanteaud (sulfato de magnesia, preparación elaborada por el farmacéutico, Antoine Charles Chanteaud (1833-1905), director del Instituto de Medicina Dosimétrica de París.

             En México, la propuesta dosimétrica se establece en 1888 con la publicación de la revista La Medicina Científica y pronto, El Observador Médico lo comenta de la manera siguiente:

La dosimetría ha recibido el bautismo de la moda, está a la orden del día y es de congratularse que personas tan entendidas y competentes como las que escriben en Medicina Científica vengan a ocuparse ante nosotros, de un asunto que reclama seriamente la atención de cuanto se interesen por lo que significa adelanto, y que nunca debe ni adoptarse ciegamente, ni relegarse al olvido sin haber hecho antes de ello un estudio concienzudo, detenido y sobre todo desapasionado.3

             Compañero de empresa de Fenelón, el «gladiador de la ciencia» Fernando Malanco, se recibe en la Facultad de Medicina el 28 de abril de 1872, entra como titular de la Academia el 21 de abril de 1875. Apóstol de la terapéutica dosimétrica y fundador de La Medicina Científica de la que publica once tomos como director. Su laboriosidad en la Academia Nacional de Medicina fue notoria, pero más se da a conocer en el campo del «escrito científico». Su trabajo para entrar a la Academia se titula «Estudio higiénico sobre los Panteones, Cementerios y Muladares de México». Es Inspector General de Vacuna del D.F. en 1875. Muere en San Antonio, Texas, el 29 de agosto de 1898. Con su desaparición termina el periodo de auge de la revista que dirige, que significa un importante lugar de debate de una variedad de problemas médicos.30 Las diferencias que muestra Malanco con la Academia, parecen ser posteriores a la fundación, en 1888, de La Medicina Científica.

             A pesar de las diferencias que separan a los representantes de la medicina dosimétrica de la homeopática, la distancia de los primeros con la alópata parece ser mayor, sobre todo cuando el poder de La Academia Nacional de Medicina se impone a la comunidad. Las espadas se blanden de un lado y otro, y el doctor Malanco, al opinar sobre homeopatía señala:

Apenas puede creerse, sólo la Homeopatía concurre al foco de luz a enseñar, mientras la Alopatía Ortodoxa que tantos generales invictos cuenta, que tantos guerreros esforzados numera, retrocede amedrentada ó pusilánime, se esconde en refunfuños, blande el chisme, y esto dentro del más vergonzoso tuciorismo[...] Adelante señores, la pereza y el miedo no son de este lugar; se trata de nuestro deber; está confiada á nosotros la salud y la vida; vamos á conseguir el acierto, ó, cuando menos, á conquistar la tranquilidad, en el ejercicio de nuestra profesión.4

             Juan Francisco Fenelón de Uvillos (1833-1893), nacido en Oaxaca de padre francés y madre mexicana, a los 5 años es enviado a París a realizar estudios hasta obtener el título en la Facultad de Medicina de París en 1857. Por concurso colabora como externo del Hospital de Midi. Posteriormente revalida su título en México en 1861, a donde llega acompañado del doctor Julio Clement, quien había viajado a Francia. Ejerce su profesión primero en Oaxaca, después en Guadalajara y en 1864 se instala de manera definitiva en la capital. Este mismo año forma parte del grupo de médicos que integra la Academia Nacional de Medicina. Discípulo del doctor Clement, se especializa en ginecología y en cirugía general. Es médico del Hospital Francés y del Hospital González de Echeverría y llega en ambos lugares a ocupar el cargo de director. Sus trabajos en cirugía, ginecología y dosimetría son reconocidos. Es redactor de La Escuela de Medicina, «publicó en este periódico algunos importantes artículos científicos o de combate», llenos de sprit. Es conocido como «médico de los pobres». Muere en la Hacienda de Mexía, Zinatlán, Oaxaca a los 57 años.

             Fenelón, aun dentro del marco de la Academia, sigue mostrándose con una posición de distancia crítica hacia ella. En la sesión de este organismo, del 12 de enero de 1892, el galeno no sólo señala la poca importancia de la lectura ahí realizada, pues los socios «dijeron que estaban recibiendo una clase de botánica y estaban aburridos», sino que también caracteriza al organismo de la siguiente forma:

La Academia, jamás ha puesto en claro un punto oscuro de la ciencia, se concreta únicamente á exigir a sus socios, que presenten trabajos de mayor ó menos importancia, y luego, ó no les hace caso, ó bien, si los discute y estudia, es sólo por un momento, para mandarlos en seguida al Archivo y no volverse á acordar de ellos. En términos claros: la Academia es una agrupación de médicos que pierden el tiempo. Un médico de la Academia es un hombre vestido de negro que introduce sustancias que conoce poco, en un Cuerpo que no conoce.5

             La medicina dosimétrica tuvo una vida efímera en el mundo y aquí en México también (alrededor de 15 años), frente al embate opositor de la medicina alopática abanderada por médicos de la Academia de Medicina.

             En Aguascalientes se cuenta con una breve aparición de la medicina dosimétrica, misma que quedó registrada en el inventario de la botica del Hospital Civil elaborado por el encargado de la misma, Juan N. Marín y con el Vo. Bo. de su director, el Dr. Manuel Gómez Portugal Rangel, con fecha 23 de junio de 1899.
             En seguida damos cuenta de algunos de los 50 productos dosimétricos adquiridos para la botica del Hospital Civil a instancias de su progresista director, el Dr. Manuel Gómez Portugal Rangel.

             3 cajas Gránulos dosimétricos de Hyosciamina.
             5 cajas Gránulos dosimétricos de Arseniato de fierro.
             2 cajas Gránulos dosimétricos de Fosfuro de zinc.
             3 cajas Gránulos dosimétricos de Sulfuro de calcio.
             3 cajas Gránulos dosimétricos de Digitalina.
             3 cajas Gránulos dosimétricos de Valerianato de quinina.
             3 cajas Gránulos dosimétricos de Ácido salicílico.
             2 cajas Gránulos dosimétricos de Veratrina.
             2 cajas Gránulos dosimétricos de Ácido tánico.
             2 cajas Gránulos dosimétricos de Benzoato de amoníaco.
             3 cajas Gránulos dosimétricos de Arseniato de estricnina.

             El Dr. Jesús Díaz de León Ávila se ocupó brevemente del tratamiento médico “dosimétrico”, particularmente con el uso de arsenicales para el tratamiento de algunas enfermedades de niños y adultos; son útiles -refiere-, para el tratamiento de la fiebre carbonosa, fiebre tifoidea, fiebre amarilla, difteria, angina crupal, tosferina, escarlatina, sarampión, empleando preparaciones dosimétricas de ácido arsenioso, arseniato de estricnina, arseniato de quinina y arseniato de fierro.6


1 . Natividad Alcon Gargallo y Ma. Carmen Vidal Casero. 1895-1897: La Dosimetría. Revista de Medicina Dosimétrica Catalana. Pp. 9-16. Consultado en internet el 3 de diciembre de 2018 en: https://www.raco.cat/index.php/gimbernat/article/viewFile/43976/53992
2 . Adolphe_Burggraeve. Consultado en internet el 3 de diciembre de 2018 en: https://fr.wikipedia.org/wiki/Adolphe_Burggraeve
3 . La Medicina Científica. No. 8, Tomo I  15 de abril 1888, pp. 113-125.
4 . Fernando Malanco, «La Homeopatía», La Medicina Científica, Tomo I. Entrega 6a., 15 de marzo de 1888.
5 . Rosalina Estrada Urroz. Entre Ricord y Fournier: la polémica, de médicos mexicanos sobre la utilización del mercurio en el tratamiento de la sífilis. Consultado en internet el 3 de diciembre de 2018 en:  https://books.openedition.org/cemca/855.
6 . Jesús Gil Rendón. La obra científica del doctor Jesús Díaz de León. Instituto Cultural de Aguascalientes. Aguascalientes, México 2008. Pp. 206-207.