miércoles, 1 de mayo de 2019

Estructuralismo social.


 CONCEPTO DE INDIANISMO EN MÉXICO:
IDEAS DEL DR. JESÚS DÍAZ DE LEÓN ÁVILA.1


En la medida que el ámbito indígena se difunde y colora a los otros grupos y realidades; en la medida que se proyecta sobre ellos, la diversidad de sangres, cultura e intereses adquiere el frescor rudo de una esperanza inédita, y la sabiduría absorta de quien empieza reconocer su fortaleza.

José María Arguedas




Dr. Xavier A. López y de la Peña

             En la Sociedad Indianista Mexicana (1911-1914) se reconocía que para “regenerar” al indio, habría que estudiar primero su psicología para ver si no se fracasaría ante su inevitable degeneración y aprovechar los estudios históricos, filológicos y sociológicos que se han realizado para poder “cerciorarse de que dicha raza es apta para recibir las enseñanzas de la civilización”.2
             Además, al concepto de indianismo o indigenismo se le asociaba con ideas evolucionistas de la época, como lo refirió el Lic. Miguel Bolaños Cacho (1869-1928) diciendo que, la raza indígena o se asimila a las clases superiores o desaparecerá de acuerdo a la ley de adaptación al medio.

             El Dr. Jesús Díaz de León Ávila, segundo director de dicha sociedad, aborda este tema con la conferencia titulada “Concepto del Indianismo en México” dada a nombre de la citada Sociedad Indianista Mexicana en 1911, considerándolo -especifica-, bajo el punto de vista de su función social y (para) ver si responde a una necesidad del medio como factor importante en nuestra evolución.
             En este trabajo, maneja el asunto del indígena desde una óptica estructuralista, adecuando conceptos tanto orgánicos como funcionales para inferir sus constructos sociales en torno al indigenismo.
             Confiesa también, sin embargo, que ha sido un poco reservado al establecer analogías entre los organismos como elementos o agrupaciones histológicas, y los grupos sociales y el hombre como elemento social, sin embargo lo hace al establecer que para comprender el papel (que) la unidad biológica hombre tiene que desempeñar en la vida colectiva, (y para ello) será conveniente examinar la vida celular bajo el aspecto de su vida de relación”.

             Se refiere a la vida primitiva constituida inicialmente por materia inorgánica y amorfa, diferenciada ulteriormente en una célula; y señala la aportación hecha por el casi desconocido científico y biólogo mexicano, Alfonso L. Herrera López (1868-1942)3, impulsor de la teoría de la plasmogénesis como elemento originario de la vida (1904), que ha logrado reproducir las formas rudimentarias de la vida por medio de elementos químicos reaccionando en determinadas circunstancias, como los modelos pre celulares registrados a los que llamó sulfobios formados a partir de tiocianato de amonio y formaldehído; o los colpoides con aceite de oliva, gasolina, hidróxido de sodio y hematoxilina. Esta teoría físico-química del origen de la vida –sépase- se adelantó 20 años a la formulada por biólogo y bioquímico soviético Alexander Oparin que revolucionaría la biología moderna.

             El ser vivo, dice el Dr. Díaz de León citando al sociólogo, físico y psicólogo francés, Gustave LeBon (1841-1931), está conformado por un grupo de células y cuanto más variada y diversa, es entonces una sociedad de individuos diferentes, pero con un destino común.
             La célula es el elemento fundamental, las células forman luego tejidos y los tejidos órganos y un conjunto de órganos que desempeñan un mismo tipo de función constituyen los aparatos, haciendo que el individuo crezca y se multiplique siguiendo la ley de la evolución.
             Pero -se pregunta el Dr. Díaz de León- ¿por qué a medida que los organismos celulares se hacen más complejos y por su forma caracterizan a las diferentes especies? Afirma que la biología no tiene aún la respuesta.
             Adelante inquiere nuevamente: ¿Por qué adquiere la célula original propiedades vitales para modificar su función? Ello depende –responde siguiendo al lamarckismo- del entorno,  de los estímulos que la solicitan a funcionar de cierta manera. Es el medio el que prepara el terreno para que aparezca el nuevo órgano; es el estímulo el que lo solicita. Este es un principio que tiene aplicación al desenvolvimiento y progreso de los organismos y de las sociedades.
             El ser vivo cumplimenta todas las manifestaciones fundamentales de la vida que después del nacimiento se reducen al crecimiento y multiplicación, fenómenos a los que tiene que obedecer la misma humanidad; el ser humano es con ello, el último eslabón conocido en la cadena del perfeccionamiento de los seres.

             Seguidamente reúne lo biológico con lo social en una forma de continuus:

             La vida del ser humano discurre de un parasitismo para con su madre, a un parasitismo en forma de comensalismo, pues hasta unos dos años más dependerá de ella y luego continuará la obra de protección y educación por parte de los padres hasta que pueda bastarse a sí mismo y sea capaz de adaptarse al medio. Así se constituye en parte de un órgano más complejo: la familia, y de la reunión de varias familias, la tribu. Todos estos órganos, aunque regidos por las leyes biológicas, ahora también se rigen por las leyes que agrupan a las sociedades; la ontonomía o el código fundamental del organismo social conocido en  la ciencia como el derecho natural.
            
             Más adelante, un grupo de tribus conforman una nueva entidad biológica llamada estado que a su vez puede llegar a conformar un organismo más vasto, que es el de una nación. Y, si se observan las diferencias que pudiera haber entre una nación y otra se entrará en el terreno de estudio que compete a la antropología.
             La integridad de cada cuerpo social depende entonces de múltiples elementos y de acuerdo tanto por sus caracteres físicos como por sus aptitudes particulares se reconocen a las razas, unidades regidas por las mismas leyes civiles, creencia religiosa, costumbres e historia.
             Para su adaptación al entorno, el ser humano requiere principalmente del lenguaje. Es un factor determinante para el perfeccionamiento de la raza, único medio para conseguir la aglutinación de las inteligencias, la dominación y apropiación del territorio del que forma parte interactiva, modelándolo a su manera y estructurando con ello un organismo superior: la patria.

             Hablando ya específicamente de México, el Dr. Díaz de León, refiere que la nación mexicana está formada de supervivientes de antiguos reinos independientes. Empero, el dominante imperio azteca sometió a los otros haciéndolos tributarios, es decir los convirtió en nutrientes para su desarrollo pero, como no estaban ligados armónicamente con ellos por medio del lenguaje, al menor tropiezo habrían de separarse y aún de oponérsele.
             Así, el imperio Azteca en los buenos tiempos de Chimalpopoca, Ahuizotl y Moctezuma, no supo imponer su lengua a los vencidos tributarios que, con la llegada de los españoles a su tierra del Anáhuac, se aliaron a ellos en contra de los aztecas para caer al fin en una verdadera esclavitud con la conquista española.
             Sin embargo, en el mismo tono el conquistador español, como organismo más poderoso porque traía el calor de una civilización muy avanzada… eran más fuertes y dominaron a los organismos que en vía de evolución y progreso, llevaban en su seno, muchos elementos de disolución y de muerte, no logró imponer el idioma a todos los aborígenes.
             En el virreinato ocurrió la mezcla de razas, la española y las nativas nutridas por la misma sangre: el idioma español. Sin embargo, muchos y diversos grupos indígenas quedaron aislados por la lengua, entonces ¿cuál era el hogar, la patria  de esta nueva raza? Luego entonces todos esos organismos no unificados (indígenas) por el idioma están reclamando, por las leyes de armonía fisiológica, la armonía funcional (integrarse al progreso, a la vida civilizada) que no se conseguirá sino por medio del idioma.
             El indígena -reconoce- tiene aptitudes para la vida civilizada que deberían aprovecharse para aglutinarle a nuestro organismo para aprovechar sus energías en bien del conjunto. Esta convicción es la revelación de una necesidad fisiológica en el momento histórico de nuestra evolución, y esa necesidad fisiológica ha creado el órgano que llenará la función reclamada por las leyes biológicas de la masa en la patria mexicana. Este órgano es la llamada Sociedad Indianista.
             Así, el indio no nos pertenece porque no nos entiende y forma parte de una patria que ha conquistado con su sudor y su sangre y no sabe lo que es… Las diversas tribus de indios difundidas en todo el territorio nacional son otros tantos organismos parásitos que llevan una vida como conquistada a la vida nacional.
             La nación no ha prosperado más debido a la ignorancia y aislamiento de estas razas indígenas. No se trata de reducir a la civilización a razas salvajes o exterminarlas en caso de ser refractarias al progreso (…) sino de instruirlas. Educar al indio es enseñarle el idioma, y (con ello), enseñarle a reconocer y a amar a la patria, constituyéndose, si no la unidad de la raza, sí la unidad de un organismo en una patria común.
             La asimilación de estas razas por el idioma… y la enseñanza de la cultura agrícola moderna… contribuirán al desarrollo del país en una verdadera integración orgánica.
             Tenemos que asimilar las razas que nos pertenecen al organismo nacional, para construir con ellas la nacionalidad mexicana y esta quedará consolidada en día en que en todo el territorio se hable la misma lengua que es el nexo vital de todo nuestro organismo.

Finalmente:

             El tema del asunto indígena sigue latente y a la espera de atención y solución. Ya no se habla de “regenerar”, sino de “respetar” (también se incluyen a los afromexicanos) sus culturas e identidades; por ello, el 4 de diciembre del 2018, bajo el mandato del presidente constitucional de la república, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, en el Diario Oficial de la Federación se promulgó la Ley del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas en cuyo Artículo 2 se estipula que:

El Instituto es la autoridad del Poder Ejecutivo Federal en los asuntos relacionados con los pueblos indígenas y afromexicano, que tiene como objeto definir, normar, diseñar, establecer, ejecutar, orientar, coordinar, promover, dar seguimiento y evaluar las políticas, programas, proyectos, estrategias y acciones públicas, para garantizar el ejercicio y la implementación de los derechos de los pueblos indígenas y afromexicano, así como su desarrollo integral y sostenible y el fortalecimiento de sus culturas e identidades, de conformidad con lo dispuesto en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en los instrumentos jurídicos internacionales de los que el país es parte.


1 . Jesús Díaz de León. Concepto del indianismo en México. Estudio presentado ante la Sociedad Indianista Mexicana. Tip. de la Vda. de F. Díaz de León, Sucs., México 1911, pp. 1-23.
2. “Discurso del Lic. Canseco, Oaxaca”. Boletín de la Sociedad Indianista Mexicana. n. 4 de abril de 1911, p. 23. Citado en Beatriz Urías Horcasitas. Etnología y Filantropía. Las propuestas de “Regeneración” para indios de la Sociedad Indianista Mexicana, 1910-1914. Revista: Serie de historia moderna y contemporánea. Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM. México 2001, p. 228.
3 . Enrique Beltrán. Alfonso L. Herrera. Primera figura de la biología mexicana. Leído en la Academia Nacional de Ciencias el 17 de junio de 1968 para conmemorar el centenario de su nacimiento. Disponible en internet en: http://repositorio.fciencias.unam.mx:8080/jspui/bitstream/11154/143222/1/29VAlfonsoHerrera.pdf

lunes, 1 de abril de 2019

Carácter del mexicano.


El carácter del mexicano por
Ezequiel A. Chávez Lavista (1868-1946).

“Sin importar el tamaño de la ciudad o pueblo donde
nacen los hombres y mujeres,
 ellos finalmente, son el tamaño de su obra,
 de su voluntad de engrandecer y enriquecer a sus hermanos.”

Ignacio Allende.
Capitán del Ejército realista durante la Independencia de México.


Destacado y posiblemente el primer ensayo publicado sobre el carácter del mexicano en México, casi desconocido entre quienes se han ocupado de bosquejar dicho carácter, fue escrito por el abogado, educador y filósofo aguascalentense Ezequiel Adeodato Chávez Lavista, con el título de La sensibilidad del mexicano, cuya obra fue publicada en el número 3 de la Revista Positiva de México, el 1 de marzo de 1901.1
             Aquí me permito hacer un resumen del mismo, recordando además, que se define el carácter de una persona como la manera en la que ésta reacciona habitualmente frente a una determinada situación. Es también la forma de expresar esta manera de reaccionar, señalando así que la persona posee tal o cual perfil, característica o inclinación.

             Como preámbulo señala el autor que en México casi nada se ha escrito sobre el tema si bien se sabe que somos distintos psíquicamente de un francés, un chino, un alemán o un angloamericano. Para empezar su estudio, sigue el método recomendado por Renato Descartes, dividiendo el problema por sus partes, a saber: origen del fenómeno, su caracterización, su permanencia, sus efectos y términos. Y el objeto de estudio recae en los diversos grupos sociales que conforman el pueblo mexicano y que divide principalmente en: indígenas, mestizos vulgares y mestizos superiores, sólo escuetamente se refiere a los europeos y criollos.

             1. En cuanto al origen del fenómeno y con relación hacia el trabajo particularmente, se pregunta ¿qué estímulo despierta con facilidad la sensibilidad (nosotros, de aquí en adelante le llamaremos respuesta emocional) del mexicano?
             En el indígena, refiere que éstas respuestas se despiertan con trabajo, lentamente y con resistencia. Así, en toda América latina -afirma- es proverbial la flema imperturbable del indio, su estoica taciturnidad, su impasible inercia. Ello se debe -asienta- a que no logra progresar dada su insensibilidad relativa, al desdén por todo: por el progreso como al retroceso, por la muerte como por la vida, por el trabajo como por el descanso… el indio es un inerte sobre el que no se ejerce, sino débilmente, el factor fundamental de los actos.
             Para los mestizos vulgares, que también les llama individuos mezclados sin árbol genealógico fijo –dice-, son excitables en sus apetitos, por ello, enredados en las relaciones amorosas e inestables en el matrimonio; despilfarradores y adaptados a las pocas o inexistentes comodidades de la vida.
             En los mestizos superiores, hijos de familias de buena cuna, mezcladas y regularmente establecidas, se advierte una excitabilidad moderada; una capacidad menor de nutrir los refinamientos de la comodidad de la clase de europeos y criollos, e inconmovibles ante los vaivenes públicos.
             En tanto que entre los europeos y criollos se experimentan de manera superabundantemente fácil las emociones, particularmente entre los primeros

             2. Ahora bien,  una vez producida la respuesta emocional ¿qué la distingue en el carácter mexicano?
             En ello se sitúan tanto ya la respuesta emocional como la racional influenciadas particularmente, por el grado de instrucción.
             En el indígena, desprovisto de cultura, atado a tradicionalismos, a la superstición e indestructibles hábitos, hay pocas respuestas emocionales por lo que se muestra inerte e indiferente a todo excepto a su tierra que le provee su casi irrisoria alimentación. Cuanto que el medio social que le rodea suele ser despótico, siente aversión a la limitación de su libertad, desconfiado y receloso por los cambios que le hacen aislarse, a sentirse impotente ante lo que no entiende. Agobiado por ello busca refugio en la embriaguez y no teme a la muerte. Su desgracia emocional sólo ha sido posible paliarla con el sentimiento protector que la iglesia católica le ha ofrecido; de allí la intensísima gratitud, sublimada en el fervoroso culto que le profesa a la Virgen de Guadalupe. Es de esta manera que su respuesta emocional es más visceral que razonada.

             Sobre el mestizo vulgar, dice coincidiendo con su contemporáneo el escritor, periodista y político mexicano Francisco Alonso de Bulnes, que:
…es fanfarrón y valiente… pero no es supersticioso, ni potruco ni semidiós… es prácticamente polígamo, infiel a todas las damas, a sus dioses y a sus reyes. Es un espíritu  bárbaramente escéptico desinteresado como el indio, con una gran virtud, nada ni nadie le produce envidia. No tiene más aspiración que la de ser muy hombre… ama a su patria y tiene el sentimiento de lo que es una gran nación; es fiel como un árabe cuando promete pelear e informal como un astrólogo cuando promete saldar sus deudas… es anticlerical, jacobino sin apetito sanguinario: se burla de los frailes sin aborrecerlos y le entusiasma todo lo que es progreso, osadía, civilización.
             Sin embargo, recalca que no está de acuerdo con la última parte que se refiere al entusiasmo por el progreso y la cultura. No resiste la tentación ni la burla fácil, ni a las bebidas embriagantes, ni a la sugestión de las faldas ni del motín callejero, ni la pereza del san lunes. No le interesa la economía ni la vejez y no trata de salir de su esfera social de libertad e irregular trabajo; tampoco se preocupa por aspiraciones superiores. Su respuesta emocional en consecuencia es cerebral, intuitiva, concreta, imaginativa, no intelectual propiamente dicha, abstracta y deductiva.

             En cambio, en el mestizo superior su respuesta emocional se intelectualiza, sus ideas se transforman lúcidamente en ideales. Así, él ha sentido el ideal de la Independencia, de la Reforma, de la democracia, de la instrucción obligatoria, de la civilización profusa y gratuita. Si bien no lo hace como el anglosajón, poco a poco y con algunos traspiés, logra sus cometidos.

             3. Luego trata cuánto dura y cuál es la fuerza de dichas respuestas emocionales.
             En el indígena la respuesta emocional se produce con dificultad, también con dificultad penetran en él las ideas y por tanto sus respuestas emocionales no se diversifican ni enriquecen. El indígena –dice- “es comparable a un volcán coronado de nieves: es superiormente impasible aunque esté profundamente llagado”. Nada altera el rostro de esta raza como el de Cuauhtémoc que incólume sufriera consumirse sus pies y palmas de sus manos a fuego lento. De ello nace su testarudez y tenacidad.

             Sigue luego con el mestizo vulgar con respuesta emocional más brillante y aguda, más rápida e intelectualizada que la del indígena, pero es sólo superficial; son inestables y lo único que les dura es el amor propio o dignidad al estilo de los extintos señores feudales.

             Para el mestizo superior no sólo por la simple imaginación sino de la manera de construir abstractos ideales, raquíticos o extensos, cerebralizando los sentimientos los hace a los tiempos fuertes y vivaces, relativamente estables y concentrados: resultan con ello los hombres del sistema a los que llamamos jacobinos, adaptables al concepto racionalista. Como ejemplo cita a Gabino Barreda, el padre de la Escuela Nacional Preparatoria.

             4. Efectos de la respuesta emocional; se pregunta ¿produce ésta múltiples reacciones exteriores, es expansiva, dinámica, centrífuga, o bien por lo contrario determina efectos internos, es centrípeta, inerte?

             Refiriéndose nuevamente al citado F. Bulnes, sobre el indígena, anota:
...es un hombre que debía vestir una mortaja y regalar sus magníficos dientes, pues ni ríe, ni habla, ni canta y casi ni come. Job en su muladar es un vociferador de color socialista; el indio en el suyo es el verdadero Job, con aspecto taciturno y ateo.
             De este carácter interno y centrípeto, la respuesta emocional indígena, que en todas las razas son impulsivas, dado que la reacción sucede inmediatamente a la excitación y suele originar con ello delitos; en toda América, el indígena es una excepción: no es impulsivo sino inerte, estático y pasivo. Con ello el excitante queda sin respuesta emocional o se aplaza por largo tiempo produciéndole rencor (el indio nunca olvida).
             Es así que el indígena sometido y quebrantado durante siglos, como ocurría con los macehuales desde los tiempos de Moctezuma Xocoyotzin, ha llegado a soportarlo todo: hambre, que sacia con el exiguo alimento, como la fatiga a la que es sometido como bestia de carga.
…y tanto la larga peregrinación con silicios de espinas para llegar al santuario de Guadalupe, cuanto la afrenta del zafio tendero que lo trata con burla procaz e imbécil desdén, y el despotismo del amo de la hacienda, de la misma manera que el del militar de superior graduación que lo coge de leva, lo trata a cintarazos y lo lleva a pelear y a morir en cualquier hecho de armas.
             El resultado de esta centenaria expoliación no ha aniquilado a los indígenas dada la dificultad y lentitud que tienen para que se produzcan reacciones o respuestas emocionales adecuadas, y le han dejado fortalecida su humildad, su desfallecimiento e hipocresía. Le han hecho desconfiado, semejando a una sombra sin voz ni aliento, viviendo sin sentido y sólo reaccionando cuando la desesperación lo sacude hasta las entrañas.

             En el mestizo vulgar las respuestas emocionales se oponen a las del indígena: es invasora y dinámica. Dice el autor,  que en el individuo al que despectivamente se le llama pelado, la respuesta emocional es centrífuga y expansiva, impulsiva, ardorosa y fugaz. De ello da cuenta la criminalidad observada en las ciudades por el sociólogo Miguel S. Macedo, generada por una respuesta emocional súbita y desproporcionada incrementada frecuentemente por la embriaguez, en gran parte de la altiplanicie por debida al consumo del pulque como señalara el pionero de la pediatría y criminología en México: Dr. Roque Macouzet.

             Para el caso de los mestizos superiores las respuestas emocionales son dinámicas y centrífugas y conducen a actos. Los diversos estímulos que se reciben, son tamizados de alguna manera en la balanza de la voluntad, por la reflexión y así la respuesta emocional queda liberada del aventurero régimen de los reflejos. Surge con ello el concepto del propio interés y del ajeno y que aparezcan subconsciente como conscientemente, el egoísmo y el altruismo. Afirma el autor que en México se observa poco el egoísmo y más el altruismo como lo han descrito (los comerciantes) don Enrique C. Creel (1854 – 1931) y don Telésforo García (1890- ¿?).
             Se observa en la gran masa de mestizos superiores que, “por su considerable estado de cultura, han sido mejor que los restantes grupos demográficos del país los que con hambre y sed de perfeccionamiento han planteado y resuelto, a menudo satisfactoriamente, colosales problemas nacionales”.

             Datos complementarios sobre la vida y obra de este personaje se pueden encontrar en estas fuentes:

Hernández Luna, Juan. Ezequiel A. Chávez. Impulsor de la educación mexicana. México, UNAM, 1981. CD Enciclopedia de México. Consultado en internet en: http://biblioweb.tic.unam.mx/diccionario/htm/biografias/bio_c/chavez_eze.htm

Ezequiel A. Chávez. El Colegio Nacional. Consultado en internet el 6 de marzo de 2019 en: http://colnal.mx/members/ezequiel-a-chavez

Ma. del Carmen Rovira Gaspar. Ezequiel A. Chávez ante la condición humana. Facultad de Filosofía y Letras/UNAM. Julio 2006. Consultado en internet el 6 de marzo de 2019 en: https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/mexico/chavez.htm



1 . Ezequiel A. Chávez. La sensibilidad del mexicano, en: Roger Bartra (Selección y prólogo). Anatomía del mexicano. Random House Mondadori, S. A. de C. V. México 2006, pp. 25-45.