martes, 1 de marzo de 2022

Moral.

 

Su origen.

“…ninguna moral puede fundarse sobre la autoridad, ni siquiera,
aunque la autoridad fuera divina”. 

Alfred Jules Ayer


Dr. Xavier A. López y de la Peña. 

            Acorde con el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra moral es un adjetivo perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva. Y en femenino, es una doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.
            El comportamiento moral es común y necesario para la civilización dentro de un determinado grupo o cultura y suele establecerse, para su observancia general, en una norma o código de conducta (oral, inicialmente y escrito después) que lleva el propósito implícito de regular la convivencia social entre sus miembros.1 Acordémonos de la frase de Jean Paul Sartré: …el ser humano es responsable de sus actos frente a sí mismo y frente a los demás.
             Históricamente, bajo la concepción mágico religiosa imperante en las primeras civilizaciones, eran los supuestos dioses los que guiaban los ordenamientos morales a seguir entre sus pobladores.
            Como ejemplos de ellos, tenemos el llamado Código de Hammurabi escrito en el año 1750 a. C. por el rey Hammurabi de Babilonia de la antigua Mesopotamia, uno de los primeros intentos legislativos del ser humano escrito en acadio en el que se glorifica al dios babilonio Marduk o Shamash y, a través de él, a su rey. Cuyo objetivo era el de armonizar y unificar jurídicamente su reino.
            El Código moral Manu que, según el sanscritólogo británico William Jones, las Leyes de Manu fueron escritas en la antigua India entre el año 1250 y el 500 a. C. Se trata de un compendio sánscrito de antiguas leyes y costumbres sagradas seguidas por ortodoxos del Brahmanismo, cuyo origen era divino (Brahma) en una remota antigüedad y considerado como anterior a las enseñanzas de Buda. Según el texto, estas doctrinas fueron determinadas por el sabio Manu y en estas se hace referencia a las costumbres funerarias y otros aspectos sociales. Con frecuencia se citan en él algunas normas como piensa bien antes de actuar, recuerda hablar con la verdad, ten cuidado por donde caminas y filtra el agua que has de beber.2
            El Código moral de los Diez mandamientos que, según la Biblia, en 1250 a. C. el profeta Moisés recibió este de la mano directa de Dios en el monte Sinaí, y quien con su dedo escribió las normas que los israelitas debían respetar. Este código moral incluye aspectos sobre la fe, cómo pensar, la forma de vida, vivir en armonía con nuestros semejantes. Dios es amor; sus Mandamientos son en sí mismas leyes de amor a Dios y amor al prójimo. Y qué ideal fuera que se actuara con amor.
            Código del Islam 650-700 d.C.: Código moral de origen divino (Alá) basado en la religión que confluye con el Antiguo Testamento con el Islam y el Libro Revelado, El Corán. Código amplio que abarca distintos tópicos de la vida, ya regulando detalles de la vida doméstica, como los comportamientos internacionales. El objetivo último de este código moral recogido en gran parte en el Corán, es que las personas vivan con un profundo amor y sumisión a Alá.3
            Códigos prehispánicos (del grupo Borgia, Maya, etc.). Otros muchos, fueron destruidos tras la conquista de México, por orden de fray Diego de Landa, acorde al llamado Auto de Maní llevado a cabo el 12 de julio de 1562 en Maní (Yucatán) por considerarlos idolátricos. En todos ellos se registran normas, manifiestos, costumbres, y otros, y tenían como función educar, aconsejar, guiar al ciudadano precolombino a seguir una serie de conductas y creencias del pueblo que representaba a la sobra de sus múltiples deidades: Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Tláloc y más. Cada cultura antigua tenía entonces, como ahora, su propio código moral.
            Código moral masónico originado en Londres en el año 1717 y aprobado formalmente en Lausana, Suiza en 1875, después de un largo proceso: Contiene variantes como: Ama a tu prójimo, haz el bien, y deja hablar a los hombres, y cuya primer norma señala: Adora al Gran Arquitecto del Universo. El verdadero culto a Dios consiste en las buenas costumbres. Haz el bien, por el amor al bien mismo. Conserva tu alma pura; que pueda presentarse a toda hora delante de Dios, libre de todo reproche. Ama a los buenos, compadece a los débiles, huye de los malvados, mas no odies a nadie.4 

            Sin embargo, un enorme cambio se suscitó sobre la concepción de las costumbres o de la moral con el pensamiento y entendimiento griego, a cuyos orígenes debemos nuestra cultura occidental y cuyo uso de la razón les guio para entender al mundo y el lugar que el ser humano ocupa en él, apartando de su ideología el sustrato ultraterreno o divino como gestor y motor del creer, proceder y hacer el bien en la vida cotidiana de los seres humanos.

            Bajo esta mirada las normas y las leyes morales fueron ya concepciones humanas, no divinas. Entonces, la moralidad o lo moral no fue más tema ni asunto de los dioses, como ya desde la antigüedad opinaba el sofista y poeta griego, Diágoras de Melos ¿465 a. C. - 410 a. C.?, según como lo refirió el médico y filósofo griego, Sexto Empírico relatando que, al percatarse Diágoras de que un enemigo suyo salía libre sin pena alguna en un juicio en donde con certeza había cometió perjurio, dijo la frase siguiente: Si la inmoralidad puede permanecer impune ¿para qué creer en dioses que velan la virtud humana?
            Más adelante el Derecho romano, como producto de los grandes estudiosos del pensamiento griego, surgió como el elemento legislativo más desarrollado de la Antigüedad. Se representa con el Corpus iuris civilis o también conocido como Código Justiniano, que fue resultado de una compilación de leyes varias ordenadas por el emperador bizantino Justiniano I (527-565 d. C.), e impreso por vez primera por Dionisio Godofredo en Ginebra en el año 1583.5
            En la antigua Roma y durante sus primeros siglos, el derecho entre las personas (derecho privado) se regía por las “costumbres de los mayores” o mores majorum, por lo cual la ley quedaba a la interpretación y arbitrio de los magistrados patricios. Por ello, la plebe frecuentemente protestaba ante los tribunos y éstos a su vez, solicitaron se redactara una ley aplicable para todos los ciudadanos. Por esto y más, se inició la redacción de la Ley de las XII Tablas cuya elaboración comenzó a partir del año 464 a. C., a insistencia de un tribuno plebeyo conocido de nombre Terentilio Arsa. Esta Ley de las XII Tablas (Lex duodecim tabularum o Duodecim tabularum leges), fue el primer código de la Antigüedad que contuvo legislación sobre censura (esto es, la pena de muerte por poemas satíricos). Se publicó inicialmente en doce tablas de madera y luego, en doce planchas de bronce que fueron expuestas en el Foro.6
             De hecho, sábese que la creencia en dioses o la religión, cualquiera que esta sea no impele la acción moral, sino que se convierte en el freno que ha obstaculizado su desarrollo. Sin embargo, la consecución de una buena práctica moral puede lograrse, como mucha gente lo hace, a través de la religión, pero sólo como una mera contingencia.7
            No es el castigo (infierno) o la recompensa (paraíso), mediados por el temor a la divinidad lo que nos hace actuar “bien” y que ella sea la base ética sobre la que se sustenta la moral. No, actuamos bien porque nos conviene hacerlo. Actuamos con la lucidez que nos proporciona el saber sobre qué está bien y qué está mal, no a la espera de una recompensa o castigo, sino por el convencimiento de hacer el bien y evitar el mal.
            Recordemos lo que decía el barón D’Holbach: Solo llamaremos virtud a lo que la experiencia, la reflexión, la razón nos muestren en todo momento, en todo lugar de acuerdo con la utilidad general y real de los habitantes de la tierra8 (…) …los males del hombre provienen de sí mismo, más allá de ser o no ser creyente.
            Así mismo, la acción moral no conlleva colocar a los individuos en un plano de superioridad o de inferioridad entre unos y otros, si se profesa o no alguna creencia o religión. No. Por ello, el código moral a seguir idealmente sólo podrá conseguirse en una sociedad laica y democrática.9
            Lo moral requiere pensar con claridad respecto a la comprensión del contexto, promoviendo y propugnando por la armonía entre las personas. Lo moral impele por el bien hacer en la colectividad. Lo moral se entrelaza con cualidades como el respeto mutuo, la empatía, la no violencia y más.
             En la actualidad, nos regimos por el Derecho moderno como obra del Estado laico; esto es, el de una nación o país que funciona de manera independiente de cualquier organización o confesión religiosa o de toda religión y, democrático, en el que las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes, mismo que se rectifica, modifica o adecúa según las necesidades sociales. 

            Siguiendo al filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, terminaremos estas reflexiones sobre la moral utilizando sus propias palabras: …como las personas crean o no deben de seguir ciertos principios para formar leyes que armonicen en la sociedad manteniendo la secularización del estado.



1. https://www.divinoplacebo.com/la-moral-no-proviene-de-la-religion/
2. Código de Manu. Consultado en internet el 3 de febrero de 2022 en: https://www.ecured.cu/Leyes_de_Manu#:~:text=Conocido%20adem%C3%A1s%20como%20C%C3%B3digo%20de,divino%20y%20una%20remota%20antig%C3%BCedad.
3 . Juan Martos Quesada. El Corán como fuente de derecho en el Islam. Cuadernos de Historia del Derecho. 2004, 11 327-338.
4 . https://www.timetoast.com/timelines/codigos-morales-antiguos
5 . Corpus iurus civilis. Consultado en inetrnet el 3 de febrero de 2022 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Corpus_iuris_civilis
6 . https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_las_XII_Tablas.
7 . Daniel Dennett, filósofo y científico cognitivo. “La religión no es el motor de la moral sino el freno que ha ralentizado su desarrollo”. Consultado en internet el 2 de febrero de 2022 en: https://www.agenciasinc.es/Entrevistas/La-religion-no-es-el-motor-de-la-moral-sino-el-freno-que-ha-ralentizado-su-desarrollo
8 . Coloquio internacional de intelectuales (1 de enero de 1979). Modèles et moyens de la réflexion politique au XVIIIe siècle: Débats et combats idéologiques: sociétés de pensée, loges,clubs... Tome 3 (en francés). Presses Universitaires du Septentrion. p. 21. ISBN 978-2-85939-118-8. Consultado el 16 de febrero de 2021.
9 . Pedro López López. Profesor de la Universidad Complutense. Consultado en internet el 2 de febrero de 2022 en: https://laicismo.org/la-religion-un-referente-moral/187059

martes, 1 de febrero de 2022

Razonamiento analógico.

 

A vuelo de pájaro.

Acupuntura.

Mirando lo que no tiene forma,

saboreando lo que carece de sabor,

hablando con precisión de lo que es oscuro,

ellos (los médicos) son semejantes a los Espíritus. 

Su Wen (Canon de medicina interna del Emperador Amarillo).

Dr. Xavier A. López y de la Peña


 

            En el Libro Anales de primavera y otoño escrito en el siglo VI antes de Cristo, y cuya autoría tradicionalmente se le atribuye a Confucio, se relatan sucesos acaecidos durante el reinado de los doce duques del estado de Lu, del año 722 al 481 a.C., y en ellos se hace ya referencia a la práctica de la acupuntura.
            Registramos al iniciar este ensayo, algunas palabras referidas en el Canon Interior de Huangdi nijing del Emperador Amarillo (elaborado entre el final del periodo de los Reinos Combatientes (475-221 a.C.) y el período Han temprano (206 a.C.-220 d.C.) que, en su primer texto llamado el Suwen, mejor conocido como la sección de las Preguntas básicas, se hace referencia a las bases teóricas de la medicina china y sobre sus diversos procedimientos diagnósticos.
            Con este preámbulo nos preguntamos: ¿Qué ven entonces?, ¿Qué saborean y de qué hablan los espíritus de los médicos chinos?          
            Sábese que su cultura médica china se desarrolló dentro del pensamiento filosófico y religioso taoísta impulsado por el filósofo chino Lao Tse (siglo IV a. de C.). Este pensamiento se fundamenta en la existencia de dos fuerzas opuestas, una pasiva y otra activa, el Yin y el Yang, de cuyo equilibrio -refieren-, depende la salud.
            La acupuntura, uno de sus procedimientos terapéuticos como tal, fue inscrita oficialmente por el mitológico emperador Huang Ti quien, conversando con su ministro Ki Po, da las razones de su decisión diciendo:

            "Yo soy el jefe de un gran pueblo

Responsable de una multitud de familias

Y que debería por lo tanto percibir impuestos,

Constato con aflicción que no percibo nada

Porque mi pueblo está enfermo.

Quiero que se cese de administrar remedios

Que vuelven cada vez más enfermo a mi pueblo.

Quiero que se abandonen los Pien Cheu (punzones de piedra)

Para no emplear desde ahora más que agujas de metal.

Que se pinchan en los Tsing (meridianos)

Para que actúen sobre el Sueh (sangre) y el Tsri (energía)

Y restablezcan el buen equilibrio.

Para que este arte pueda ser transmitido a las generaciones fu es necesario que sus leyes sean definidas,

Que su práctica se desarrolle y se extienda sin cesar.

Que no se la olvide, sobre todo,

Y que llegue a ser fácil de aplicar.

Hace falta por lo tanto consignar sus reglas por escrito,

Hace falta marcar las diferencias

Distinguir los internos de los externos

Y que cada una sea expresada claramente

Sin olvidar las reglas de manipulación de las agujas.

              Tal es mi sentimiento”.[1]

            Las agujas utilizadas en la acupuntura -afirman además algunos teóricos-, hacen la función de antenas; sí, de vehículos que conectan con el universo.
            De hecho, los sabios y antiguos acupunturistas de la India consideraron al cuerpo humano como un microcosmos y encontraron en él determinadas zonas o puntos entre los que se cruzaban ciertas líneas de energía, mismas que recibían la energía del cosmos y que fueron denominados chakras (ruedas). Estos chakras -se dice-, generan energía constantemente en rotación que irradia y activa ciertas fuerzas secundarias que, sin embargo -enfatizan-, no son visibles al ojo humano, sino que constituyen unas antenas susceptibles de captar las fuerzas vitales del cosmos y de atraerlas al organismo. Este complejo vital ejerce así una doble actividad: sirve de matriz para los cambios fisiológicos además de formar un mecanismo de unión entre los planos no físicos del ser humano y su estructura física.[2]
            Es así que los hindúes manejaban también los conceptos energéticos tanto positivos como negativos, pero los chinos controlaron con maestría estas líneas de fuerza nominadas Yang y Yin respectivamente. En el taoísmo se consideraba al cuerpo como una fuente de energía que circulaba entre doce líneas de fuerza que, al pincharlo con agujas en ciertos puntos específicos podía equilibrarse la energía (la enfermedad pues, era considerada un desequilibrio energético), armonizando al Yang y al Yin con el cosmos y recuperando con ello la salud.
            De esta forma las agujas utilizadas en la práctica de la acupuntura pueden ser, además, consideradas simbólicamente como flechas que se hunden en la piel para sacar el mal. 

            A esta manera de pensar se le conoce como razonamiento analógico, y consiste en utilizar argumentos que determinan que dos o más asuntos o cosas tienen una característica en común y de esto se infiere que es probable que tengan otra característica en común, aunque no se sepa con certeza si uno de los términos realmente posee dicha propiedad. Es decir, la conclusión de este tipo de argumentos solo es probable, ya que no constituye una verdad incuestionable. Este modo de pensar es uno de los métodos más comunes por los que los seres humanos tratan de entender el mundo y tomar decisiones. Se razona inductivamente por comprender que algo que es probable, sea realmente cierto, en lugar de probarlo deductivamente como una certeza.

            Veamos algunos ejemplos de esta forma de razonamiento analógico:

            1)Juan, Carlos y Esteban estudiaron medicina; Juan y Esteban son buenos médicos; por lo tanto, Carlos debe ser un buen médico.
            2) El rojo, el azul y el violeta combinan con el negro; el rojo y el azul combinan con el blanco; por lo tanto, el violeta debe combinar con el blanco.[3] 
            Bajo esta perspectiva y modo de razonamiento analógico ¿Qué sentido tendría para el médico tradicional chino demostrar -si así se le solicitara-, que un determinado "esquema diagnóstico y terapéutico" sui generis como lo es la acupuntura funciona para una alteración de salud específica, si lo han estado empleando durante milenios? A él no le preocuparía el hecho de tener que demostrar la existencia del Chi, (este Chi, sería un equivalente al Élan vital, una fuerza hipotética causal de la evolución y desarrollo de los seres vivos que fuera introducida por el filósofo francés Henri Bergson en 1907 en su libro La evolución creadora), porque éste es su trabajo diario; él, con su práctica, corrige obstrucciones abriendo y cerrado válvulas para que pueda fluir libre y correctamente el Chi; lo respira, lo come, lo siente y lo puede incluso ceder o aplicar en un paciente. Esto es lo natural para él; mientras que lo curioso, suspicaz y contraproducente para la medicina occidental es que, en algunos casos funciona (¿placebo?). Cuando él exhibe este producto de su linaje secular, ¿por qué habría de aceptar la duda razonable en que se suele basar el criterio de la objetividad en el razonamiento lógico?
            Sin ánimo novedoso, no es ocioso decir que ciencia se ha hecho siempre, sólo que, con diferentes intensidades y connotaciones, aunque hoy sea una institución social que influye e impacta en casi todos los aspectos de la vida de las gentes. 
            Por ello, se hace entonces imprescindible para las ciencias la búsqueda de un nuevo camino o paradigma para enfocar, tal vez empatar y comprender éstas diversas y disímbolas concepciones de la realidad.
            Quizás podría abordarse este problema desde la llamada Epistemología de la Complejidad,[4] como lo apuntara el filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, quien propone un abordaje multidisciplinario y multirreferenciado para lograr la construcción del pensamiento que se desarrolle con un análisis profundo de elementos de certeza.
            Esta epistemología de la complejidad ¿Cómo entenderla? Se ha dicho, así de sencillo (si se me permite el exabrupto), que «la complejidad es una complejidad que es compleja».[5]
            Pero la realidad es que ya se trabaja en ello en el campo médico, como en la Epistemología y la Medicina Compleja (2005) que señala doctor en filosofía Miguel Ángel Briceño Gil, en la que expone:

            ...qué están haciendo algunos médicos latinoamericanos en torno a la complejidad y su incidencia en las relaciones interorganísmicas, médico-paciente, mente-cuerpo, individuo-sociedad-ambiente; para finalmente proponer que, en las actuales condiciones un avance en el campo de la medicina debe estar signado por la transdisciplinariedad, en una nueva forma de interacción y producción de conocimientos y nueva relación con el objeto y su entorno que quisiera designar -así lo refiere-, como Medicina Compleja.[6]

            Pero, a pesar de estos esfuerzos por comprender y empatar el razonamiento lógico con el analógico en una unidad en torno a la medicina por medio de la epistemología de la complejidad, recordamos las palabras que señalara el divulgador y filósofo de la ciencia estadounidense, Martín Gardner, sobre nuestra realidad sostenida por el razonamiento analógico:

            El embobamiento de la gente con toda clase de medicinas alternativas no da señales de disminuir. La acupuntura, la homeopatía, la aromaterapia, los remedios de herbolario, la quelación, la iridología, el toque terapéutico, la magnetoterapia, la sanación psíquica y otras cosas parecidas ganan nuevos conversos cada día. Por supuesto, ocurren tragedias cuando los crédulos pacientes confían exclusivamente en estos remedios y se niegan a pedir ayuda a la medicina convencional. [7]


            Hace 5 años en México (2017) se hizo una propuesta legislativa para reformar nuestra Ley general de salud, para incluir en ella y por ende oficializar, una retahíla de medicinas alternativas o, también llamadas prácticas pseudocientíficas alternativas.
            El Proponente tenía como objetivo lo siguiente: ARTÍCULO ÚNICO. Se adicionan las fracciones VIII y IX al artículo 2o., se reforma la fracción VI Bis del artículo 6o., se adicionan los artículos 77 bis 42, 77 bis 43, 77 bis 44, 77 bis 45, 77 bis 46, 77 bis 47, 77 bis 48, 77 bis 49, 77bis 50, 77 bis 51, 77 bis 52, 77 bis 53, 77 bis 54, 77 bis 55, el TÍTULOTERCERO Medicina Tradicional Indígena, Complementaria y Alternativa, se reforma el artículo 93, de la Ley General de Salud, para quedar como sigue:

            Artículo 77 bis 51.- Se reconocen como prácticas complementarias y alternativas originadas desde la medicina occidental biomédica, las siguientes: A. Diagnósticas: Iridología. B. Energía: Terapia de Luz, Cromoterapia, Terapia magnética, Ionoterapia, Radiestesia. C. Movimiento y manipulación del cuerpo: Quiropráctica, Rolfing, Osteopatía, Masoterapia, Kinesiología, Feldenkrais, Técnica Alexander, Terapia corporal, Terapia cráneo sacra, Terapia Heder, Enfoque Trager. D. Terapias Químico-Biológicas: Homeopatía, Fitoterapia, Aromaterapia, Flores de Bach, Microdosis, Quelación, Terapia celular, Terapia del colon, Proloterapia, Apiterapia. E. Mente-Cuerpo: Nueva medicina Hamer, Zooterapia, Constelaciones familiares, Entrenamiento autógeno, Bioretroalimentación, Musicoterapia.

            Artículo 77 bis 52.- Se reconocen como prácticas complementarias y alternativas originadas desde el sistema médico tradicional chino-japonés, las siguientes: A. Nutrición: Dieta china, Macrobiótica. B. Bencaología: Herbolaria, Animales, Minerales. C. Energía: Reiki. D. Movimiento: Qi gong, Taichichuan, Wushu, E. Ambiental: I. Feng Shui. F. Calor y frío: Moxibustión, Agua y barro. G. Agujas: Acupuntura, Ryodoraku, Reflexoterapias, Auriculoterapia. H. Masajes: Shuatzu japonés, Tuina Chino. I. Emocional: I. JinShin.

            Artículo 77 bis 53.- Se reconocen como prácticas complementarias y alternativas originadas desde el sistema ayurvédico de la India, las siguientes: A. Energía: Sanación, Alineación de chakras, Mantras, Sonidos, Cristaloterapia. B. Mente: Meditación, Respiración. C. Elementos Naturales: Hidroterapia, Helioterapia, Energía conciencia, Depuración, Barro. D. Herbolaria: Depurativa, Reconstructiva. E. Alimentación: Dieta naturista, Dieta depurativa, Vegetarianismo, Destoxificación. F. Ejercicio y movimiento: Yoga, Hatha, Kundalini, Ashtanga, lyengar, Kriya, Sivananda, Tantra, Vini. G. Masaje: Depurativo, Cepillado de la piel, Aceites de hierbas, Drenaje linfático.

 

            Finalmente, como conclusión a esta propuesta se determinó que: …la regulación que se propone para la “medicina complementaria o alternativa”, dentro de la Ley General de Salud, es INVIABLE, pues no cuentan con un sustento científico que garantice que coadyuven con eficacia, calidad y seguridad en el manejo, tratamiento o rehabilitación de los pacientes que se someten a estas prácticas; ya que los resultados pueden ser variables, y en muchos casos significan un riesgo real y potencial para la salud y la vida de sus usuarios.[8] 
            Carl Sagan ya lo ha dicho con esta frase que se le atribuye: Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento “new age” y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización...

            Para ampliar la información sobre este tema se recomienda leer los siguientes artículos:

            Guillermo Murillo-Godínez. Panaceas, medicinas alternativas y similares: el auge y triunfo de la pseudociencia médica. Med Int Méx. 2019 enero-febrero;35(1):113-143.

           Miguel Ángel Briceño Gil. Epistemología y Medicina Compleja. Texto Contexto Enferm 2005 Jul-Set; 14(3):364-72. 

Fuentes:


[1] . Bernardo Lefevre. Historia de la acupuntura china. Tesis doctoral. Universidad de Madrid. Facultad de Medicina. Madrid, España 2015, p. 148. Consultado en internet el 20 de diciembre de 2021 en: https://eprints.ucm.es/id/eprint/53629/1/5315021392.pdf
[2] . Acupuntura. Consultado en internet el 29 de diciembre de 2021 en: https://www.binasss.sa.cr/poblacion/acupuntura.htm
[3] . Fuente: https://www.ejemplos.co/argumentos-analogicos/#ixzz7JZMdqaB9
[4] . Abréu Guirado, Orlando A. (2008). ¿Hubo ciencia en la Medicina Tradicional China? Una mirada desde la epistemología de la complejidad. Humanidades Médicas, 8(2-3) Recuperado en 26 de diciembre de 2021, de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1727-81202008000200002&lng=es&tlng=es.
[5] . Gestiópolis. Consultado en internet el 26 de diciembre de 2021 en: https://www.gestiopolis.com/espistemologia-de-la-complejidad-edgar-morin/
[6] . Reflexión. Epistemología y medicina compleja. Texto Contexto Enferm 2005 Jul-Set; 14(3):364-72.  https://doi.org/10.1590/S0104-07072005000300007  
[7] . Gardner M. ¿Tenían ombligo Adán y Eva? La falsedad de la seudociencia al descubierto. Editorial Debate, S.A., Madrid, 2001:107-117.
[8] . Gaceta del Senado. MARTES 18 DE ABRIL DE 2017 / GACETA: LXIII/2SPO-122/70289

sábado, 1 de enero de 2022

Tiempo.

 

Tiempo.

Lo que es y lo que no es. 

Lo pasado ha huido,

lo que esperas está ausente,

pero el presente es tuyo. 

Proverbio árabe


Dr. Xavier A. López y de la Peña

 Fue el filósofo y geógrafo griego Anaximandro de Mileto (610-546 a. C.), quien registrara el vocablo y el concepto de tiempo: Cronos, entendido como tiempo abstracto general, tiempo o periodo determinado, diciendo que todas las cosas tienen su génesis en Lo Indeterminado (ápeiron), y todas van a terminar en él “según el orden del tiempo”; fue también la primera persona en inventar el gnomon (del griego γνώμων: ‘guía’ o ‘maestro’; que es un objeto alargado expuesto a la luz solar cuya sombra del gnomon se proyectaba sobre una escala graduada y servía para medir el paso del tiempo (reloj solar), también fue el primero en trazar el perímetro de la Tierra y el mar y construyó también una esfera celeste.

            A su vez, la palabra tiempo viene del latín tempus, temporis y significa momento, ocasión propicia, estado temporal en un momento determinado. El diccionario de la RAE lo define como la duración de las cosas sujetas a mudanza o como una magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y cuya unidad en el sistema internacional es el segundo, definido como un número de veces específico del tiempo que dura la transición energética entre dos niveles del átomo de cesio 133.

             No obstante el tiempo, además del espacio como muchos otros constructos, ¿son reales o sólo son imaginaciones en la conciencia?

            Sea como sea, son abstracciones que no han encontrado una definición que satisfaga completamente al ser humano como elementos constitutivos del, podríamos llamarlo, Todo. El Todo que queda incluido en la tetralogía METE (Materia-Energía-Tiempo-Espacio).

            En este asunto, los filósofos son los más preocupados por el tema, aunque continúen divagando sobre él en el éter porque el tiempo y su definición, está aún muy lejos y fuera de su alcance. A los simples mortales nos satisface saber que el tiempo es la medida entre una sucesión de eventos, conformando un pasado (ayer), un presente (hoy) y un futuro (mañana).

            Dos corrientes filosóficas se disputan particularmente el asunto del tiempo, el idealismo y el materialismo. Unos por lo que parece “ser” (subjetivo) y otros por lo que “es” (objetivo).

            Así, dentro de la corriente idealista de la filosofía, se niega que haya una dependencia del tiempo y espacio respecto de la materia. Como lo propusiera el obispo y filósofo irlandés George Berkeley (1685 - 1753 d. C.) quien desarrolló una rama de la filosofía conocida como idealismo subjetivo o inmaterialismo en la que se niega la realidad de las abstracciones como la materia extensa; o como lo concibiera el filósofo, historiador, economista y ensayista escocés David Hume (1711-1776) cuya concepción del tiempo la consideraba como una “idea ordenadora” de la sucesión de determinados eventos. Por ello mismo tanto el tiempo como el espacio son sólo ideas preformadas acorde a la impresión percibida por los sentidos; o entendiéndolo como formas apriorísticas de la contemplación sensorial como señalara el filósofo y científico prusiano Immanuel Kant (1724.1804), quien fuera el primer representante del criticismo y precursor del idealismo alemán afirmando que el tiempo es, pues, dado a priori. Sólo en él es posible la realidad de los sucesos o fenómenos. Todos ellos pueden desaparecer, pero el tiempo mismo (como condición universal de su posibilidad) no puede ser suprimido. Es, por tanto, una condición de la inteligencia humana; o entendiéndolo como categorías del espíritu absoluto como pensara Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 - 1831), filósofo también del Idealismo alemán quien consideraba al tiempo como algo sencillamente abstracto e ideal, diciendo que “el tiempo es el ser que, mientras es, no es, y mientras no es, es”; el devenir intuido; lo que quiere decir que las diferencias, simplemente son momentáneas, o sea, que se niegan inmediatamente, son determinadas como diferencias extrínsecas, esto es, exteriores a sí mismas.

            En contraposición a este modo de pensar, en la filosofía materialista se defiende el carácter objetivo del tiempo y el espacio como componentes inseparables de la materia y energía; es decir, son elementos constitutivos de la universalidad.

            En el espacio se ubica el orden de distribución de la materia-energía existente, en tanto que el tiempo, expresa “la consecutividad de los procesos o fenómenos que se sustituyen entre unos a otros” de forma irreversible siempre del pasado al futuro.

            El tiempo como elemento aún demandante de definición, resulta ser un factor conceptual constitutivo del universo, del Todo, y cuyo constructo como propiedad física mesurable (objetivo) por el razonamiento humano instrumentalizado en un reloj, nos permite “entender”, dar “explicación” y “prever” sobre lo que sucede en nuestro entorno, y para satisfacer lo que necesitamos y deseamos.

             Sin embargo, algunos científicos como el físico teórico británico, Julian Barbour en su libro The End of Time (Oxford University Press 1999), maneja la idea de una física “sin tiempo” argumentando que el tiempo como lo percibimos no existe, es ilusorio y que algunos problemas en las teorías de la física surgen de suponer su existencia como real. El tiempo, afirma, es sólo una ilusión del ser humano que se interpreta a través de lo que él llama cápsulas de tiempo, que no son otra cosa más que cualquier patrón fijo que genere o codifique la apariencia de movimiento, cambio o historia

Mi idea básica -explica- es que el tiempo como tal no existe. No hay ningún río invisible del tiempo. Sin embargo, hay cosas que se podrían llamar instantes de tiempo, o «Ahoras». Conforme vivimos parece que nos movemos a través de una sucesión de Ahoras, y la pregunta es, ¿qué son? Son configuraciones de todas las cosas en el universo, unas con respecto a otras, en cualquier momento, por ejemplo, ahora.

            Y argumenta también que, las personas que no comparten sus ideas, suelen ser aquéllas que “no quieren tomar en serio la interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica, y que están tratando de modificar la mecánica cuántica a fin de desterrar ese fantasma”.

             Pero…           Suena la alarma de mi reloj y me percato que debo poner punto final a esta brevísima e incompleta disertación sobre el tiempo, ya que tengo que salir a una junta con colegas para tratar sobre los contenidos de un programa a realizar en el mes de junio en Medellín, Colombia.

            Me percato también que no puedo frenar el tiempo para seguir escribiendo, a menos que ilusoriamente lo detenga, quitándole la batería al reloj digital o poniéndole un tropiezo a la manecilla del reloj analógico con un esparadrapo.

            Tal vez objetivamente pudiera tratar de “matar el tiempo” dándole un martillazo a mi reloj de mesa (porque no concibo otra forma de hacerlo), para detener el tiempo, pero creo que ello sólo sería algo completamente “ilusorio” o estúpido, además de una tarugada.

            Me doy cuenta que tampoco puedo “alargar el tiempo”, porque los recursos tecnológicos de que dispongo (y creo que nadie los tenga tampoco) para su medición y registro, esto es, mis relojes, no son elásticos.

            Aunque (no me han de creer), siento que el tiempo se me “echa encima” con cada minuto que transcurre mientras sigo pegado aquí, escribiendo, palabra tras palabra.

            Súbitamente también, en medio de este embrollo me surge a manera de chispazo el recuerdo de la letra del tango “Volver”, de Gardel, que dice en una parte que cierto periodo de tiempo es “nada”: 

Volver, con la frente marchita

Las nieves del tiempo

Mancharon mi sien.

Sentir que es un soplo la vida,

Que veinte años no es nada… 

            Sí, ciertamente “veinte años son nada” como dice la canción, pero mi problema es que sólo faltan seis meses para el programa en Medellín y aún no hemos hecho reservaciones en el Centro de Convenciones del Hotel Tequendama para realizar el evento, entre muchas otras cosas.

            Que ayer no me tomé las píldoras para el control de mi presión arterial.

            Que me percato que soy como el Yo a la manera como lo describiera Jorge Luis Borges, que soy tiempo sangre agonía como expresara en su poema El ápice: 

[…]

Tu materia es el tiempo, el incesante

Tiempo. Eres cada solitario instante,

Sustancia suave y pesada

Que parece que ha sido imaginada

Para medir el tiempo de los muertos.

             Que quién sabe qué es el tiempo sino una ilusión del Ahora, qué fue y que probablemente será. Que hoy, en este momento dejé de escribir lo que pensé, lo que argüí y, para alguien que lo lea mañana, ya fue y no será más. Sobre el tiempo, eso sí, seguiremos estando perplejos (sí, la palabra la escribí bien).

            Tal vez poéticamente sea, como lo conceptuaba en un febril devaneo mezclando el tiempo y el vacío el historiador español, Eloy Benito Ruano

Tiempo.

Vacío.

Tiempo vacío.

Capacidad inmensa.

Esencia

sin existencia:

Realidad de la nada.

Pero en ti todo existe.

Nada escapa al contorno

informe, ilimitado,

de tu ser, el Ser mismo,

antes de ser creado.

En ti la Historia.

De ella tú la sustancia

ella tu simple adensamiento

amorfo, indefinido,

sólo muy tarde

—¿tarde? — moldeado.