SOBRE EL ALBUR.
Si lo
que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Proverbio
árabe.
Dr. Xavier A. López y de la Peña.
El Diccionario de la
Lengua Española de la RAE 2024, nos dice sobre el Albur: “Palabra que viene del ár. hisp. albúri, este del ár. clás. būrī, y este del egipcio br; cf. copto
bōre. En México y República Dominicana en un juego de palabras de doble sentido”.
En tanto que en el Diccionario del Español de México
editado por el Colegio de México 2026, la definición se amplía diciendo: Juego
de palabras de doble sentido que en una conversación sirve para comentar o
responder a algo en plan de burla o escarnio, normalmente aludiendo a algo que
se considera una humillación sexual.1
El origen del albur en México suele decirse que
ocurrió durante la Colonia como una jerga entre los mineros de la zona de
Pachuca, Hidalgo, que utilizaban para comunicarse entre sí sin que los
capataces españoles lo entendieran y, frecuentemente, cargado de críticas o
humor sexual. Sin embargo, algunos otros estudiosos del tema, tratando de
retrotraer o “mexicanizar” más el vocablo, recuerdan que en un género de la
poesía y lírica náhuatl de carácter erótico y festivo llamado cuecuechcuícatl
o “canto travieso”, se hacían alusiones eróticas, en ocasiones encubiertas
(un tipo de doble sentido) usado para la atraer la fertilidad y en donde el cuecuechcuícatl
tenía un carácter erótico, "obsceno". 2
Ahora, recientes trabajos de estudio sobre el albur,
le refieren como un lenguaje especial usado entre algunos grupos, generalmente de
mal gusto y difícil de comprender o jerigonza,3 como
un fenómeno cultural y lingüístico de ingenio fundamentado en un juego de
palabras con doble sentido, empleado como un modo de agresión, dominio y
sometimiento verbal contra una persona que tal vez algunos consideren vulgar, impropio,
soez u obsceno por la naturaleza picante o erótica de sus mensajes, y que otros,
le identifican como una forma de pertenencia a una comunidad lingüística que
burla la censura; pero para todos, un espacio en donde el ingenio y la picardía
imponen su ley.4
México, y particularmente la Ciudad de México, tiene
en el emblemático Barrio de Tepito ubicado en la Alcaldía Cuauhtémoc, que forma
parte de la colonia Morelos, el bastión y cuna del “albur contemporáneo” en
donde se han establecido normas y reglas informales acerca de su juego como
son, básicamente, no insultar, usar rimas y no usar palabras soeces directas.
El albur saltó de las calles a la cultura de las
masas entre finales del siglo XIX y mediados del XX través del movimiento popular,
teatral y de variedades con funciones accesibles en carpas itinerantes que
combinaban sátira política, comedia popular (con albures, por supuesto),
música, baile y circo (Mario Moreno «Cantinflas», Jesús Martínez
Rentería «Palillo» y Alberto Zayas «El
rey sin corona del abur»,
entre otros), el teatro de revista y el cine.
El doble sentido del albur principalmente tiene
alusiones sexuales en cuya construcción se emplean diversas figuras retóricas,
entre las que están: Anfibologías, antonomasias, paronomasias, retruécanos,
antónimos, sinónimos, homofonías, eufemismos y otros.
Veamos ahora los actores:
El ambiente en el que ocurre:
El lugar en donde se desarrolla el albur constituye
el espacio de significación cultural (semiosfera), en donde este actúa como un
“texto catalizador” entre los hablantes que permite una comunicación que
trasciende lo literal y debe ser propicio para ello. Esto suele suceder en un
entorno de “camaradería” en donde la agresión simbólica no sea tomada como una
agresión real y que -generalmente-, ocurre en los mercados, las obras de
construcción, los talleres mecánicos y las cantinas
El iniciador (alburero):
Es una figura paradójica: Agresiva pero creativa,
vulnerable pero invulnerable en apariencia, ágil y hábil en la retórica, pero a
menudo atrapada en estructuras de sometimiento; es una expresión de la psicología
del mexicano que utiliza la palabra para controlar su entorno auto protegiéndose
de su vulnerabilidad. Suele dar inicio al albur al identificar a su potencial objetivo
como una persona dispuesta, vulnerable o desprevenida buscando demostrar hacia
ella su “superioridad mental” para humillarlo sutilmente y, que se siente
seguro de poder ganar porque en esta interacción lo único que cuenta es
triunfar sobre el otro; esto es, para expresarlo con un término coloquial, popular y vulgar de la
comunicación cotidiana en México: ¡Chingárselo! Expresando en ello, además, un
fuerte arraigo a la madre y a la familia como núcleo sagrado, que choca
constantemente con la pulsión de rebeldía hacia la figura de autoridad (el
padre o el gobierno), y cuando ha analizado que el ambiente en el que actuará
sea propicio y de confianza.
El receptor (albureado):
Deseablemente su papel no debería ser pasivo, debe
saber ver y oír e interpretar el “ataque verbal” para poder “defenderse”; atento
y calmado al recibir el mensaje y responder en esta batalla verbal “consentida”;
astuto para detectar el doble sentido debe entonces ser implacable, rápido y
directo al responder con un contra albur para evitar ser dominado, agachado,
rebajado o “chingado”. Necesita tener entonces una mente maliciosa y el afán de
no dejarse “chingar” porque, de no ser así pierde por su ingenuidad o falta de
destreza mental, lo cual le puede costar el apelativo de ser un “pendejo” o “güey”
ante los testigos, en equivalencia a sufrir una "humillación"
intelectual y sexual.
Y los testigos
del duelo alburero:
Para los pasivos e interesados observadores que
“disfrutan” el gozoso espectáculo retórico, su interés radica en dilucidar y
comprender con rapidez los sentidos y mensajes ocultos y encriptados en el
lenguaje usado por los contrincantes, a la vez que celebrar y calibrar la “sagacidad”
del vencedor que -en su caso-, al hacer callar a su contrincante, triunfa y a
la vez veja y humilla al vencido porque simbólicamente lo somete y lo utiliza
como si fuera una hembra. Es, pues, un juego agresivo y machista: el vencedor
constata y reafirma su calidad masculina mientras rebaja a la feminidad
la calidad viril del vencido, mismo que, al enmudecer, simbólicamente se traga
las armas de su contrincante, es decir, las palabras, lo cual “significa que se
deja penetrar, violar”.5
Las reglas y estructura general del albur:
Lograr evitar que el contrario pueda contestar lo
que se le dijo.
Utilizar el verso rimado en vez de la prosa.
Usar la acentuación para formar, con dos o más
palabras, otra que sea el verdadero sentido (calambur). Por ejemplo,
"Johnny Lotengo" se acentúa y espacia para decir "Yo ni lo
tengo".
Los versos deben ser nuevos y relacionados con una
situación diferente a la que se trata en la realidad.
Se pueden incluir ademanes, gestos, expresiones
gráficas, escritas e incluso sonoras no lingüísticas.
El las reglas oficiales del Campeonato
Nacional del Albur se establece que:
No se puede insultar directamente al contrincante.
No se pueden utilizar palabras soeces (causa de
descalificación inmediata).
Se debe contestar el albur en menos de “cinco
segundos” o se pierde.
No se puede repetir un verso.6
Para más, ya se cuenta con un Reconocimiento oficial:
En el Campeonato Nacional del Albur de 1997, en el
concurso "Trompo contra perinolas" celebrado en el Museo de la Ciudad
de México, Lourdes Ruiz Baltazar, representó a la figura de la "mujer
cabrona" de Tepito, término que ella misma utilizaba para referirse a las
mujeres fuertes y resilientes de su barrio, obtuvo el primer lugar en el torneo
de albures compitiendo contra 50 hombres, convirtiéndose en la primera mujer en
ganar este tipo de competencia y ganándose el apodo de "La Reina del
Albur" o "La Verdolaga Enmascarada".
En 1998, en la ciudad de Pachuca, se inauguró el
Concurso Nacional del Albur por parte de la Fundación Arturo Herrera Cabañas,
A.C., el Gobierno del Estado y con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y
las Artes.
El albur forma parte de la Lista de Identificación y
Registro del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. Desde hace
años, el 1 de marzo se celebra (¿?) el Día Nacional del Albur en México,
designado a instancias de un grupo de estudiantes universitarios y de la
revista Chilango.7
Finalmente, como corolario podemos
decir que:
Nos guste o no,
tengamos las herramientas retóricas necesarias para el albur o no y la propensión
a liberar con consciente malicia “juguetona y picante” una posible reacción
defensiva homofóbica, así como una empoderada pulsión machista y ofensiva de
burla y escarnio proyectándola hacia el “otro” para someterlo y rebajarlo detrás
de una “máscara de risa”, el albur forma parte del folclor dialéctico cotidiano
del mexicano considerado ya como un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad
de México.
1 .
https://dem.colmex.mx/ver/albur
2 . El cuecuechcuícatl: ¿un
canto erótico de origen huasteco?
https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-cuecuechcuicatl-un-canto-erotico-de-origen-huasteco
3 .
https://etimologias.dechile.net/?jerigonza
4 . Ruiz Zaragoza, B. E.
(2023). Ingenio y picardía en el habla popular mexicana: albur y calabur.
Revista Argos, 10(26), 132–146. Recuperado a partir de
https://revistaargos.cucsh.udg.mx/index.php/argos/article/view/79
5. Helena Beristáin. El
Albur. Nuevas Glosas Estudios Lingüísticos y Literarios. NÚMERO 5 | enero
–junio 2023 | ISSN: 2954-3479 | 62-83.
DOI: 10.22201/ffyl.29543479e.2023.5.1956
6 .
https://es.wikipedia.org/wiki/Albur_(M%C3%A9xico)
7 . Helena Beristáin. Ob. Cit. Pág. 74.

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