miércoles, 1 de julio de 2026

Homo destrudo.

 

La pulsión del destrudo en eventos actuales:

Guerra y Futbol. 

Un equipo de once personas vistiendo los colores nacionales se convierte en la iglesia visible de la patria, transformando un juego en una guerra santa dominical.

Eric John Ernest Hobsbawm

Dr. Xavier A. López y de la Peña



Somos considerados como seres pensantes y sapientes (Homo sapiens) por nuestra capacidad de razonar; sin embargo, nuestra especie tiene la capacidad única de destruir su entorno y a sí misma.
En tanto que otros seres matan por necesidad biológica de supervivencia nosotros desarrollamos

una pulsión destructiva que ha desembocado en una crisis ecosistémica mundial. Somos así mismo entonces, un Homo destrudo. Término del psicoanálisis introducido en 1935 por el psicoanalista Edoardo Weiss para describir nuestra energía psíquica ligada al instinto de muerte o Tánatos que es la contraparte oscura de la libido y que representa nuestra pulsión de agresión, dominio y autodestrucción.1
En la actualidad vivimos inmersos en situaciones varias ligadas estrechamente a esta pulsión bajo un fuerte componente religioso:
¿Cuáles son esos determinantes religiosos comunes? 
En religión lo sagrado es como su núcleo, separado de lo cotidiano, considerado puro o prohibido; los objetos, imágenes, gestos o expresiones; los mitos; los rituales, la doctrina, vestimenta, la comunidad y la experiencia mística le componen.
            Bien.
En el tema de la guerra sabemos que existen actualmente entre 59 y 65 conflictos armados activos basados en Estados (guerras directas o guerras civiles), repartidos en aproximadamente 35 a 40 países directamente afectados en su territorio, afectando a más de 612 millones de personas (específicamente mujeres y niñas). Sobresaliendo el conflicto Ucrania y Rusia, Medio Oriente (Eje Israel-Gaza-Irán-Líbano), Sudán, Myanmar (Birmania) y Zonas de insurgencia continua e países como Siria, Yemen, Somalia, Nigeria y la República Democrática del Congo. Estas guerras han dejado entre 244,000 y 255,000 muertes anuales directas en combate, en cuanto a las personas lesionadas, heridas o mutiladas, se estima que la cifra supera los 2.5 millones de personas, a lo que se suma un colapso sanitario que multiplica las víctimas indirectas por enfermedades y desnutrición.
            La guerra ha sido constante entre los humanos debido a varias causas: Por la competencia por recursos como mecanismo de supervivencia; por la división que hacemos del mundo entre el "nosotros" y "ellos"; por el deseo de poder, honor y dominación social; por la distribución desigual de la riqueza entre naciones ricas y pobres; cuando un país aumenta sus armas para defenderse, hace que sus vecinos se sienten amenazados y se armen también; cuando se inician guerras para el propio beneficio político o financiero; cuando ocurre un choque entre creencias o ideologías religiosas o políticas que llevan a justificar la deshumanización del “otro” (enemigo) y como consecuencia de la narrativa histórica que inyecta el deseo de vengarse ahora por los pasados agravios.
            En el tema del futbol (Copa Mundial) organizada por Canadá, México y Estados Unidos participan 48 países que suman una población total combinada de aproximadamente 2,300 millones de habitantes. Esta cifra representa cerca del 27.7% de la población mundial actual. En las predicciones por computadora (Opta) se señalan como favoritos (en este orden) a ganarla: Francia, España, Inglaterra, Argentina, Brasil y Portugal.
El móvil antropológico y social del deporte competitivo (futbol en este caso concreto) es el de ser un sustituto pacífico de la guerra que funciona como una catarsis colectiva en donde el enfrentamiento entre grupos, comunidades, ciudades o naciones ocurre sin la destrucción real de la guerra. Conmina a pertenecer a un "grupo" reuniendo a miles de personas bajo los mismos colores, símbolos y cantos en donde el jugador compite para alcanzar la gloria, el reconocimiento público, trofeos, récords, etc. Actuar en el escenario donde gana quien demuestra mayor destreza, disciplina y esfuerzo en condiciones idénticas. Todo ello impulsado por la industria del deporte enfocada en capturar la atención de las masas para generar ingresos a través de derechos televisivos, patrocinios y publicidad.
Veamos ahora cuáles son los lazos que comparten:
En el futbol el objetivo que se tiene es la victoria en el marcador, vencer al rival en el torneo y la conquista del galardón en el terreno de juego donde el rendimiento físico atlético de élite sustituye la letalidad de las fuerzas de combate. En tanto que en la guerra se estimula el patriotismo extremo como forma de identificación grupal y nacionalista, la propaganda, los himnos, las banderas y la narrativa del "nosotros contra ellos" para unificar a la población civil frente a una amenaza; en tanto que en el futbol los estadios son campos de batalla simbólicos. Las selecciones nacionales visten los colores de su bandera, se cantan los himnos nacionales antes del combate deportivo y la afición se moviliza bajo una identidad colectiva -a veces-, destructiva y feroz.
En la guerra se planea la ofensiva en mapas, se exploran las debilidades del enemigo, se despliegan líneas de defensa y utilizan la inteligencia militar para sorprender y acorralar al contrincante, en tanto que, en el futbol, el cuerpo técnico diseña las tácticas en una pizarra y se habla en términos militares también como el “atacar por los flancos”, “replegar a las defensas”, “atacar y contra atacar”, usar estrategias defensivas y ofensivas y todo ello para acertar al gol venciendo al guardameta.
La guerra se rige por códigos militares y el Derecho Internacional Humanitario (Convenios de Ginebra) para evitar la barbarie total, castigando los crímenes de guerra; en tanto que el futbol se rige por el deseo de un Fair Play o el juego limpio y el reglamento de la FIFA castigando con tarjetas (amarillas o rojas) a los jugadores que cometan agresiones ilegales o violencia física.
La guerra es un motor económico industrial (producción de armamento) y una herramienta geopolítica destructiva para alterar el equilibrio de poder mundial, en tanto que en el futbol el motor es comercial masivo (derechos de televisión, patrocinios) y una herramienta de "poder blando" (soft power) en que los países utilizan el éxito deportivo o la organización de mundiales para lavar su -tal vez deteriorada-, imagen internacional o para demostrar supremacía político-económica de una forma más o menos pacífica.
Vemos así que la relación entre la guerra, religión y futbol representa un fenómeno social poderoso e interesante, donde el deporte se transforma en un canalizador de devoción espiritual o en un reflejo de conflictos bélicos históricos, actuando tanto como un sustituto pacífico de la guerra o como un catalizador de tensiones religiosas, donde ambos pueden considerarse seguidores y partícipes de una Religión Laica.
Así, los estadios de futbol u olímpicos actúan como catedrales modernas; la cancha es el altar y el campo de batalla es el terreno sagrado.
Los himnos nacionales, las ceremonias de apertura, los desfiles de banderas y los juramentos iniciales imitan fielmente las procesiones religiosas.
Los uniformes militares y las camisetas de los equipos funcionan como hábitos sagrados que identifican a los fieles.
Los generales históricos y los atletas de élite (como Maradona, Pelé, Messi, Ronaldo) son venerados como semidioses dotados de capacidades sobrehumanas.
Un soldado que cae en combate y un atleta que se lesiona de por vida o muere en la cancha por defender los colores reciben el mismo estatus de mártir.
Ambos dividen el mundo de forma absoluta entre la comunidad de fieles (tu país o tu equipo) y los infieles o rivales (el enemigo).
El verdadero fanático apoya a su equipo "en las buenas y en las malas", un nivel de lealtad ciega idéntico al dogmatismo religioso o al patriotismo bélico.
Tanto la guerra como el deporte permiten al individuo disolver su ego para formar parte de algo más grande, otorgando un propósito existencial.
El entrenamiento militar y la preparación atlética exigen ambos la mortificación del cuerpo, el dolor físico extremo y la disciplina absoluta en busca de la "salvación" o la “victoria”.2
            Recuérdese también que, en diversas regiones del planeta, el futbol dejó de ser un simple juego para convertirse en un verdadero campo de batalla de guerras religiosas y políticas preexistentes. El ejemplo más simbólico a nivel mundial es El derbi "Old Firm" de Escocia. Entre los Celtic F. C. y Rangers F. C. con su origen bélico históricamente ligado al conflicto de la defensa Irlanda del Norte vinculado a de la Corona Británica.
Al terminar este encuentro muchos aficionados de los locales ya se marchaban del estadio cuando Colin Stein anotó el tanto del empate en el tiempo de descuento, lo que provocó el delirio de la afición. En medio de la confusión de los que se iban y la celebración del tanto, en la escalera 13 ocurrió una desbandada que dejó 66 muertos, la mayoría por asfixia entre los que estaban muchos niños, y también más de 200 heridos en el que es un capítulo negro en la historia del futbol escocés. Esta historia de fanatismo y rencores desbordados e incontrolables comenzó un 28 de mayo de 1888 en un encuentro que venció el Celtic por 5-2 y ahí comenzó la historia de un choque no solo futbolístico, sino que va más allá y queda marcado hace más de un siglo en el pensamiento que enfrenta a católicos y protestantes, irlandeses contra unionistas, ricos contra pobres.
Finalmente, la triada compuesta por la guerra, la religión y el futbol expone las fibras más íntimas de la psicología de masas y la antropología cultural, en donde el futbol competitivo es hoy uno de los logros sociales más sobresalientes de la humanidad al constituirse como una Religión laica aunada fuertemente a la estructura estratégica y competitiva de la guerra, que “trata” de aprisionar -aunque, desgraciadamente algunas trágicas veces no lo logra-, los instintos naturales más peligrosos y destructivos de nuestra especie dentro de un espectáculo “pacificado”.

 

Disfrute pues de los juegos de esta Copa Mundial de Futbol 2026, sin fanatismo, gozando de la inteligencia, agilidad, disciplina, destreza, fuerza, capacidad, estrategia y orden común entre jugadores de uno y otro equipo, ya que:
“El fanatismo ciega; el deporte une.”
“La violencia no juega, el respeto sí.”
Ganadores y perdedores todos en paz y armonía, dejando atrás nuestra pulsión del “destrudo” y gozando de la “libido” o pulsión de vida, enfocada principalmente en la búsqueda del placer que este deporte nos produzca.


1 . https://en.wikipedia.org/wiki/Death_drive
2 . Durkheim, É. Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid, 1912. Alianza Editorial.
3 . Huizinga, J. Homo Ludens. Buenos Aires, 1938. Emecé Editores.
4 . Orwell, G. The Sporting Spirit. Tribune, 1945. London.
5 . Foer, F. How Soccer Explains the World: An Unlikely Theory of Globalization. New York, 2004. HarperCollins.
6 . Armstrong, G. Football Hooligans: Knowing the Score. Oxford, 1998. Berg.
7 . https://www.elespanol.com/deportes/futbol/20190102/celtic-rangers-desastre-ibrox-marco-futbol-escoces/364963821_0.html

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