La pulsión del destrudo en eventos
actuales:
Guerra y Futbol.
Un
equipo de once personas vistiendo los colores nacionales se convierte en la
iglesia visible de la patria, transformando un juego en una guerra santa
dominical.
Eric John Ernest Hobsbawm
Dr. Xavier A. López y de la Peña
Somos considerados como seres pensantes y sapientes (Homo sapiens) por nuestra capacidad de razonar; sin embargo, nuestra especie tiene la capacidad única de destruir su entorno y a sí misma.
En tanto que otros
seres matan por necesidad biológica de supervivencia nosotros desarrollamos
una pulsión destructiva que ha desembocado en una crisis ecosistémica mundial. Somos así mismo entonces, un Homo destrudo. Término del psicoanálisis introducido en 1935 por el psicoanalista Edoardo Weiss para describir nuestra energía psíquica ligada al instinto de muerte o Tánatos que es la contraparte oscura de la libido y que representa nuestra pulsión de agresión, dominio y autodestrucción.1
una pulsión destructiva que ha desembocado en una crisis ecosistémica mundial. Somos así mismo entonces, un Homo destrudo. Término del psicoanálisis introducido en 1935 por el psicoanalista Edoardo Weiss para describir nuestra energía psíquica ligada al instinto de muerte o Tánatos que es la contraparte oscura de la libido y que representa nuestra pulsión de agresión, dominio y autodestrucción.1
En la actualidad vivimos inmersos en situaciones varias ligadas
estrechamente a esta pulsión bajo un fuerte componente religioso:
¿Cuáles son esos determinantes religiosos
comunes?
En religión lo sagrado es como su núcleo, separado
de lo cotidiano, considerado puro o prohibido; los objetos, imágenes, gestos o
expresiones; los mitos; los rituales, la doctrina, vestimenta, la comunidad y
la experiencia mística le componen.
Bien.
En el tema de la guerra sabemos que existen actualmente
entre 59 y 65 conflictos armados activos basados en Estados (guerras directas o
guerras civiles), repartidos en aproximadamente 35 a 40 países directamente
afectados en su territorio, afectando a más de 612 millones de personas
(específicamente mujeres y niñas). Sobresaliendo el conflicto Ucrania y Rusia, Medio
Oriente (Eje Israel-Gaza-Irán-Líbano), Sudán, Myanmar (Birmania) y Zonas de
insurgencia continua e países como Siria, Yemen, Somalia, Nigeria y la
República Democrática del Congo. Estas guerras han dejado entre 244,000 y
255,000 muertes anuales directas en combate, en cuanto a las personas
lesionadas, heridas o mutiladas, se estima que la cifra supera los 2.5 millones
de personas, a lo que se suma un colapso sanitario que multiplica las víctimas
indirectas por enfermedades y desnutrición.
La guerra ha sido
constante entre los humanos debido a varias causas: Por la competencia por
recursos como mecanismo de supervivencia; por la división que hacemos del mundo
entre el "nosotros" y "ellos"; por el deseo de poder, honor
y dominación social; por la distribución desigual de la riqueza entre naciones
ricas y pobres; cuando un país aumenta sus armas para defenderse, hace que sus
vecinos se sienten amenazados y se armen también; cuando se inician guerras
para el propio beneficio político o financiero; cuando ocurre un choque entre
creencias o ideologías religiosas o políticas que llevan a justificar la
deshumanización del “otro” (enemigo) y como consecuencia de la narrativa
histórica que inyecta el deseo de vengarse ahora por los pasados agravios.
En el tema del futbol
(Copa Mundial) organizada por Canadá, México y Estados Unidos participan 48
países que suman una población total combinada de aproximadamente 2,300
millones de habitantes. Esta cifra representa cerca del 27.7% de la población
mundial actual. En las predicciones por computadora (Opta) se señalan como
favoritos (en este orden) a ganarla: Francia, España, Inglaterra, Argentina, Brasil
y Portugal.
El móvil antropológico y social del deporte
competitivo (futbol en este caso concreto) es el de ser un sustituto pacífico
de la guerra que funciona como una catarsis colectiva en donde el enfrentamiento
entre grupos, comunidades, ciudades o naciones ocurre sin la destrucción real
de la guerra. Conmina a pertenecer a un "grupo" reuniendo a miles de
personas bajo los mismos colores, símbolos y cantos en donde el jugador compite
para alcanzar la gloria, el reconocimiento público, trofeos, récords, etc.
Actuar en el escenario donde gana quien demuestra mayor destreza, disciplina y
esfuerzo en condiciones idénticas. Todo ello impulsado por la industria del
deporte enfocada en capturar la atención de las masas para generar ingresos a
través de derechos televisivos, patrocinios y publicidad.
Veamos ahora cuáles son los lazos que comparten:
En el futbol el objetivo que se tiene es la
victoria en el marcador, vencer al rival en el torneo y la conquista del galardón
en el terreno de juego donde el rendimiento físico atlético de élite sustituye
la letalidad de las fuerzas de combate. En tanto que en la guerra se estimula
el patriotismo extremo como forma de identificación grupal y nacionalista, la
propaganda, los himnos, las banderas y la narrativa del "nosotros contra
ellos" para unificar a la población civil frente a una amenaza; en tanto
que en el futbol los estadios son campos de batalla simbólicos. Las selecciones
nacionales visten los colores de su bandera, se cantan los himnos nacionales
antes del combate deportivo y la afición se moviliza bajo una identidad
colectiva -a veces-, destructiva y feroz.
En la guerra se planea la ofensiva en mapas, se
exploran las debilidades del enemigo, se despliegan líneas de defensa y utilizan
la inteligencia militar para sorprender y acorralar al contrincante, en tanto que,
en el futbol, el cuerpo técnico diseña las tácticas en una pizarra y se habla
en términos militares también como el “atacar por los flancos”, “replegar a las
defensas”, “atacar y contra atacar”, usar estrategias defensivas y ofensivas y todo
ello para acertar al gol venciendo al guardameta.
La guerra se rige por códigos militares y el Derecho
Internacional Humanitario (Convenios de Ginebra) para evitar la barbarie total,
castigando los crímenes de guerra; en tanto que el futbol se rige por el deseo
de un Fair Play o el juego limpio y el reglamento de la FIFA castigando
con tarjetas (amarillas o rojas) a los jugadores que cometan agresiones
ilegales o violencia física.
La guerra es un motor económico industrial
(producción de armamento) y una herramienta geopolítica destructiva para
alterar el equilibrio de poder mundial, en tanto que en el futbol el motor es comercial
masivo (derechos de televisión, patrocinios) y una herramienta de "poder
blando" (soft power) en que los países utilizan el éxito deportivo
o la organización de mundiales para lavar su -tal vez deteriorada-, imagen
internacional o para demostrar supremacía político-económica de una forma más o
menos pacífica.
Vemos así que la relación entre la guerra,
religión y futbol representa un fenómeno social poderoso e interesante,
donde el deporte se transforma en un canalizador de devoción espiritual o en un
reflejo de conflictos bélicos históricos, actuando tanto como un sustituto
pacífico de la guerra o como un catalizador de tensiones religiosas, donde ambos
pueden considerarse seguidores y partícipes de una Religión Laica.
Así, los estadios de futbol u olímpicos actúan como
catedrales modernas; la cancha es el altar y el campo de batalla es el terreno
sagrado.
Los himnos nacionales, las ceremonias de apertura,
los desfiles de banderas y los juramentos iniciales imitan fielmente las
procesiones religiosas.
Los uniformes militares y las camisetas de los
equipos funcionan como hábitos sagrados que identifican a los fieles.
Los generales históricos y los atletas de élite
(como Maradona, Pelé, Messi, Ronaldo) son venerados como semidioses dotados de
capacidades sobrehumanas.
Un soldado que cae en combate y un atleta que se
lesiona de por vida o muere en la cancha por defender los colores reciben el
mismo estatus de mártir.
Ambos dividen el mundo de forma absoluta entre la
comunidad de fieles (tu país o tu equipo) y los infieles o rivales (el enemigo).
El verdadero fanático apoya a su equipo "en las
buenas y en las malas", un nivel de lealtad ciega idéntico al dogmatismo
religioso o al patriotismo bélico.
Tanto la guerra como el deporte permiten al
individuo disolver su ego para formar parte de algo más grande, otorgando un
propósito existencial.
El entrenamiento militar y la preparación atlética
exigen ambos la mortificación del cuerpo, el dolor físico extremo y la
disciplina absoluta en busca de la "salvación" o la “victoria”.2
Recuérdese también
que, en diversas regiones del planeta, el futbol dejó de ser un simple juego
para convertirse en un verdadero campo de batalla de guerras religiosas y
políticas preexistentes. El ejemplo más simbólico a nivel mundial es El
derbi "Old Firm" de Escocia. Entre los Celtic F. C. y Rangers F. C.
con su origen bélico históricamente ligado al conflicto de la defensa Irlanda
del Norte vinculado a de la Corona Británica.
Al terminar este encuentro muchos aficionados de los
locales ya se marchaban del estadio cuando Colin Stein anotó el tanto del
empate en el tiempo de descuento, lo que provocó el delirio de la afición. En
medio de la confusión de los que se iban y la celebración del tanto, en la
escalera 13 ocurrió una desbandada que dejó 66 muertos, la mayoría por asfixia entre
los que estaban muchos niños, y también más de 200 heridos en el que es un
capítulo negro en la historia del futbol escocés. Esta historia de fanatismo y rencores
desbordados e incontrolables comenzó un 28 de mayo de 1888 en un encuentro que
venció el Celtic por 5-2 y ahí comenzó la historia de un choque no solo
futbolístico, sino que va más allá y queda marcado hace más de un siglo en el
pensamiento que enfrenta a católicos y protestantes, irlandeses contra
unionistas, ricos contra pobres.
Finalmente, la triada compuesta por la
guerra, la religión y el futbol expone las fibras más íntimas de la psicología
de masas y la antropología cultural, en donde el futbol competitivo es hoy uno
de los logros sociales más sobresalientes de la humanidad al constituirse como
una Religión laica aunada fuertemente a la estructura estratégica y
competitiva de la guerra, que “trata” de aprisionar -aunque, desgraciadamente
algunas trágicas veces no lo logra-, los instintos naturales más peligrosos y
destructivos de nuestra especie dentro de un espectáculo “pacificado”.
Disfrute pues de los juegos de esta Copa Mundial de
Futbol 2026, sin fanatismo, gozando de la inteligencia, agilidad, disciplina, destreza,
fuerza, capacidad, estrategia y orden común entre jugadores de uno y otro
equipo, ya que:
“El fanatismo ciega; el deporte une.”
“La violencia no juega, el respeto sí.”
Ganadores y perdedores todos en paz y armonía,
dejando atrás nuestra pulsión del “destrudo” y gozando de la “libido” o pulsión
de vida, enfocada principalmente en la búsqueda del placer que este deporte nos
produzca.
1 . https://en.wikipedia.org/wiki/Death_drive
2 . Durkheim, É. Las formas
elementales de la vida religiosa. Madrid, 1912. Alianza Editorial.
3 . Huizinga, J. Homo Ludens. Buenos Aires, 1938. Emecé Editores.
4 . Orwell, G. The Sporting Spirit.
Tribune, 1945. London.
5 . Foer, F. How Soccer Explains the
World: An Unlikely Theory of Globalization. New York, 2004. HarperCollins.
6 . Armstrong, G. Football Hooligans:
Knowing the Score. Oxford, 1998. Berg.

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