lunes, 20 de junio de 2011

Drogas psicoactivas


EL PARAÍSO PERDIDO
DE LAS DROGAS PSICOACTIVAS*

* © DR. Xavier A. López y de la Peña


El complejo desarrollo humano a través de la historia, evidencia el intrincado camino que ha seguido por hacerse del paraíso, del que fue echado, aún cuando fuese por un segundo. Su inquietud innata le llevó, entre otras fantásticas y riesgosas aventuras a la febril búsqueda los paradisíacos El Dorado o Shangri-La venciendo obstáculos una y mil veces.
El paraíso -decían triste y lánguidamente- ¡se miraba tan cerca!
El paraíso -en otra apreciación- podría haber sido la concepción y puesta en marcha de la misión jesuita en las orillas del Paraguay -la «Reducción»-, era el nombre que le daban en donde estos religiosos recrearon un estilo de vida comunitaria idílica, una utopía más en la historia de la humanidad hacia la búsqueda de felicidad, en la que sólo se hablaba y escribía en guaraní, no existía la propiedad privada y era, sin exagerar un ápice, el único reducto humano en el mundo en el que no había analfabetas en pleno siglo XVII.
Otro paraíso al que se abrieron y accesaron los seres humanos fueron las drogas.
Las drogas psicoactivas entendidas como toda aquella sustancia que determine modificaciones en la esfera psíquica y cuyo consumo no médico, está prohibido y que es capaz de generar problemas, fueron un vehículo muy importante para traer hacia sí el paraíso perdido. Estas drogas psicoactivas sirvieron y sirven para lograr la comunicación con “otros” niveles que traen imágenes fantásticas, sensaciones superiores que condicionan por lo general un gran placer, un estado surrealista, si es el caso, en el que campean las más diversas formas expresivas y perceptivas. Bienestar, placer, quietud, paz, felicidad, brillantez, percepción, memoria, fuerza, aplomo, determinación, entereza, etcétera, son términos habitual y generalmente asociados con el uso de ellas. Las drogas sirvieron y sirven como medios de enlace, como facilitadoras, como creadoras de estos paraísos y tanto histórica como antropológicamente han estado ligadas a lo humano. El paraíso que atrae y atrapa a quien lo encuentra. El mundo de las drogas, que sin embargo, lleva tanto al paraíso como al infierno. Es, valga la metáfora, como el canto y música de las Sirenas de la mitología griega que con la magia de sus voces y con la belleza polifónica que salía de sus liras y flautas, atraían a los navegantes perdiendo estos la orientación y estrellándose luego contra los bajíos, donde eran devorados por estas astutas encantadoras: Aglaopé, la del bello rostro; Aglaophonos, la de la bella voz; Leucosia, la blanca; Ligia, la del grito penentrante; Molpé, la música; Parthenopé, la de cara de doncella; Pisinoé, la que persuade; Raidné, la amiga del progreso; Teles, la perfecta; Telxepia, la encantadora; y Thelxiopé, la que persuade.
México ha escuchado este canto de Sirenas ya que tiene un historial riquísimo desde el ámbito prehispánico en el uso de drogas psicoactivas que tienen, por ejemplo, capacidades alucinógenas como con el uso de ciertos hongos: el teonanacatl (Paneolus sphinctrinus) y el peyote para no abundar. Hernán Cortés en los albores de la conquista fue testigo de las intoxicaciones indígenas por peyote en ceremoniales religiosos, en los que esta “planta del diablo” como la llamaron los misioneros, les producía alucinaciones las más de las veces giratorias y fantásticas. El peyote antaño fue llamado científicamente como Anhalonium lewinii en honor a que había sido estudiado por el farmacólogo alemán Ludwig Lewin y hoy se le conoce como Lophophora williamsii. Recuérdese que actualmente un grupo de indígenas en Estados Unidos forman parte de la Native American Peyote Church que utilizan a este último producto en sus ceremonias, en tanto que fuera de él está estrictamente prohibido en todo su territorio.
El historial sobre las substancias que influyen en el estado de ánimo de quien las toma o consume de alguna otra forma es enorme. Recordamos las “permitidas” como el té, el café, el chocolate, el tabaco y el alcohol, que sin embargo, bajo ciertas circunstancias y acorde con particulares hábitos de consumo, pueden causar serios problemas de salud como en la llamada “epidemia de la ginebra” que generó enormes estragos en la Inglaterra del siglo XVIII al afectar, principalmente, a la clase proletaria y que llevó a plantear ya para el siglo siguiente la adopción de medidas de índole moral y económicas más que sanitarias para combatir este flagelo.
El alcohol también sirvió, de alguna manera, como mecanismo de control, sujeción y exterminio de ciertos grupos indígenas en América. Las terribles guerras del opio (1842 y 1857-8) británico-chinas por el comercio entre el té intercambiado por el opio. Luego llegan la morfina en 1805, la cocaína en 1859 y los barbitúricos y la heroína a fines de siglo. En los tiempos modernos hacen aparición las amfetaminas, la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), benzodiacepinas, el “éxtasis”, “polvo de ángel” y más y más. Diferentes nombres, como diferentes son las Sirenas.
Otros productos de uso milenario incluyen al haschich, ampliamente consumido en oriente y que es una variedad de cáñamo y del mismo género al que pertenece la nuestra bien conocida marihuana (cannabis). El haschich, es conocido por sus efectos tóxicos y se conoce la tristemente célebre historia en que por mediación de Hassán Ibn Sabbah nacido en el Cairo, Egipto en 1034 a partir del cual se fundó la secta de “Los Asesinos” (la palabra asesino, deriva de que estos individuos, permanentemente intoxicados con haschih¸ fueran llamados haschischins). El objetivo de Hassán era ofrecer a sus fieles los placeres sensuales prometidos por Mahoma y, una vez intoxicados secretamente por el haschich, quedaban a su merced; sus fedayines -nombre que les daba a sus ya soldados y que perdura hasta la actualidad para designar a los terroristas fanáticos dispuestos a todo- hacían entonces ciegamente lo que se les mandaba. El paraíso del haschich los convertía en endemoniados asesinos.
Las drogas psicoactivas en los tiempos modernos han generado, sin embargo, serios problemas desde distintos órdenes. Por ejemplo, en la dimensión de la salud, el uso de estos productos puede llevar a graves disfunciones orgánicas y hasta a la muerte misma, pasando por grados variables de afectación a la salud de orden temporal o permanente, agudo o crónico y que han conformado actualmente un serio problema de salud pública nacional e internacionalmente. Han generado también serios inconvenientes en la esfera de la seguridad pública ya que sus uso está aparejado con un aumento de la violencia y delincuencia, a la proliferación de organizaciones criminales que controlan la producción y el mercado de estas substancias y que tienen en jaque permanente a las autoridades en todo el mundo. También conforman un importante factor de daño político al promover la corrupción de todos los sistemas públicos para favorecer el tráfico y la llegada al consumidor final de las drogas mediante mil estrategias en donde el dinero y el poder son su principal motor y fin.
La sociedad mundial se debate al son del flagelo (el canto de las Sirenas que se deja oír, ya globalizado) de las drogas psicoactivas y ha elaborado varios acuerdos internacionales que tienden a su regulación como el Convenio internacional de La Haya sobre restricción en el empleo y tráfico de opio, morfina, cocaína y sus sales signado el 23 de enero de 1912; el Convenio internacional sobre restricción en el tráfico del opio, morfina y cocaína, de Ginebra, Suiza el 19 de febrero de 1925; la Convención internacional sobre fabricación y reglamentación de la distribución de estupefacientes, también de Ginebra, Suiza el 13 de julio de 1931; el Convenio para la supresión del tráfico ilícito de drogas nocivas, Ginebra, Suiza, 26 de junio de 1936; el Protocolo de París sobre fiscalización internacional de drogas sintéticas del 19 de noviembre de 1948; el Protocolo sobre adormidera y opio de Nueva York, el 23 de junio de 1953; la Convención única de 1961 sobre estupefacientes en Nueva York el 30 de marzo de 1963; el Convenio sobre substancias psicotrópicas de Viena, 21 de febrero de 1971; el Protocolo de modificación de la Convención única sobre estupefacientes de Nueva York el 25 de mayo de 1972; y la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, Viena 20 de noviembre de 1988. Todas ellas llevan en su misión la protección de la salud física y moral de la humanidad, y a la consideración reciente de que se llama «drogas» a las substancias psicoactivas fiscalizadas por ellos y que, introducidas en el organismo, pueden modificar una o más funciones de éste, produciéndole efectos nocivos -toxicidad- y un estado de dependencia que lleva al uso indebido o toxicomanía.
Las drogas psicoactivas y algunas de ellas utilizadas desde la más remota antigüedad como hemos señalado, han tenido sólo un reconocimiento social-jurídico reciente cuando éstas han tenido y se les ha dado una connotación y tratamiento «legales», en consideración a la generalización que ha habido en su consumo por el hábito, cada vez más extendido, de socialización que se da entre los jóvenes particularmente, consumiendo las substancias prohibidas o ilegales, alentadas por un mercado negro con gran rentabilidad que se las hace llegar a precios reducidos.
El “problema de las drogas” como suele llamarse en forma general, enfrenta no obstante una polarización aparentemente irreconciliable en su manera de combatirlo: su legalización o su prohibición.
Los que abogan por su legalización aducen argumentos como el de la autonomía y la libertad en base a los lineamientos presentados por John Stuart Mill, diciendo que estos derechos (el derecho personal a decidir que hacer uno con su propia persona) no pueden ni deben ser enajenados por un “estatismo químico” protector. El controversial teórico de la medicina Thomas Szasz lo planteó de la siguiente manera:
¿Por qué carecemos ahora de un derecho que poseíamos en el pasado? ¿Por qué los Padres fundadores consideraron tan evidente el derecho a las drogas que no vieron razones para mencionarlo siquiera? Estas preguntas quedan sin respuesta. Sin embargo, las propiedades farmacológicas de las drogas no han cambiado desde el siglo XVIII; ni las reacciones fisiológicas del organismo humano; ni la Constitución, que nunca fue enmendada en materia de drogas, al contrario de lo que sucedió con el alcohol. ¿Por qué, entonces, controla el Gobierno federal algunos de los más antiguos y valiosos productos agrícolas de la humanidad y las drogas que de ellos se derivan?
En tanto que los que están a favor de la prohibición (como G. Elorriaga) esgrimen los siguientes argumentos:
Sometido a la esclavitud de la droga, el adicto no es un hombre libre, cuya libertad se manifiesta en su derecho a consumir, sino un hombre privado de voluntad y libertad auténtica, al que hay que ayudar con la tutela a liberarse a la esclavitud en que ha caído para que recupere su verdadera libertad. No luchan por la libertad quienes hacen bandera del derecho al consumo, sino quienes luchan contra el consumo de sustancias aniquiladoras de la voluntad del individuo. Y son hipócritas las medidas de dureza, como la violación de domicilio sin orden judicial por efectivos policiales, cuando, al final, el encuentro de dosis de droga puede justificarse por el derecho a la posesión para el propio consumo. Tipificar la posesión de droga no es atacar la libertad, sino defenderla.
En la búsqueda del paraíso perdido que, cuando lo encontramos, acaba por perdernos, el capítulo del debate en torno al control de las drogas psicoactivas no se ha cerrado. Frente a las divergentes y extremas posiciones indicadas, tercia ya la que ha dado en llamarse el “paternalismo justificado” por parte del Estado, como una proposición que señala que:
Es fácil notar que, para admitir que la cuestión del uso de drogas es un caso de tutela estatal de la salud y de la integridad física [...] habría que convenir antes en dos puntos. Primero, que no todo uso de drogas es en sí inmoral (o sea, que el de las medidas antidrogas no constituye un caso de moralismo legal), lo que no es difícil de admitir. Y, segundo, que los consumidores de drogas no se convierten siempre y sólo por este hecho en sujetos carentes de autonomía (como los niños o los locos), lo que tampoco debe presentar grandes objeciones. Si se acepta esta doble afirmación, entonces es posible aplicar a las medidas antidrogas el esquema de paternalismo jurídico.
Prohibir, legalizar o “diferenciar” son los verbos que se conjugan en el lenguaje actual sobre el “problema de las drogas” cuyo léxico abunda y enfatiza si se es, entre otras muchas, «consumidor» o «adicto», «legal» o «ilegal».
Finalmente diremos que los chispazos encefálicos que evocan fantasías y detonan en el sensorio las más diversas percepciones placenteras y no placenteras otras veces, producto del consumo de drogas psicotrópicas, también pueden extender sus cortocircuitos bioquímicos inutilizando sus estructuras y potenciales con toda la cauda de dolor, agravios, sinsabores y fatalidades inclusive, que tienen a la humanidad al filo de la navaja. Entre el paraíso y el infierno. En el border line del placer y el dolor-muerte.
La lucha actual contra las drogas ha fracasado a nivel global y por ello es que se hacen propuestas para poner fin a la perspectiva de su “no” criminalización de acuerdo al informe de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas encabezado por el ex secretario de la ONU, Kofi Anan.
El mundo de las drogas incluye a 250 millones de personas consumidoras de drogas “ilícitas” y otro multimillonario contingente de productores, traficantes y vendedores.
El enfoque en la lucha contra las drogas debe ahora replantearse y dejar atrás la declaración del entonces presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (1971), Richard Nixon, que fue seguida por muchos países en el mundo, declarando al abuso de drogas como el “enemigo público número uno.”
A natura contra natura por natura. Seres humanos en búsqueda de “sus” paraísos y al encuentro también de “sus” infiernos.

sábado, 28 de mayo de 2011

La mujer mexicana


Algunas palabras para la mujer.

© DR. Xavier A. López y de la Peña.



    El retrato de mujer, construido y teñido sobre suelo mexicano, guarda tonalidades diversas, incomprensibles algunas, misteriosas otras, bellísimas también las más, que nos muestran la posición mosaica que a ellas y de ellas se ha dado en nuestra tierra mexicana.
    La mujer en México, como en otras latitudes por supuesto, se reconoce como la del “rostro negado”, la que es un-no-es lamentablemente todavía, desde la perspectiva de muchos. Óptica cultural necesitada urgentemente de anteojos con graduación progresiva, no regresiva.
   ¿Qué o cuál mujer? La de Parácuaro, lindo nombre purépecha, la Cabello de Elote salida de la pluma de Mauricio Magdaleno, que nos muestra el encuentro moderno del extranjero italiano Felipe Galeri con Romana la india de la que nace Florentina, la Cabello de Elote recreando en el horizonte michoacano el vivir de una mujer en su circunstancia particular; una mujer mexicana cincelada por la cultura de su momento.
    Quizá Hortensia Chacón, la mujer descrita por Carlos Fuentes en La región más transparente que aprende a callar desde su más tierna infancia porque quien solicita, pide o abruma -dice-, no es mujer. “La mujer -sigue hablando Hortensia- tiene que esperar sin abrir los labios, esperar su momento de dolor y su momento de que la llamen, sin pedir anticipadamente ese dolor o esa llamada, usted lo sabe; y eso aprendí; no con palabras, le digo, no con claridad, pero sí en el lugar mudo de todo lo cierto”. ¿Quién más con su vida, su entrega, sufrimiento y luchas? ¿Sor Juana Inés de la Cruz enfrentando la terrible opresión y censura eclesiástica para “realizarse”, Doña Josefa Ortiz de Domínguez conspirando por la libertad mexicana? ¿Paula, Encarnación, Margarita, Jimena, Juana, Elisa, Martha, Florencia, Josefina, Mireya, Judith, Eloísa, Cristina, Esmeralda, Claudia, Verónica....? Cualquier mujer.
    La mujer y el hombre con diferencias, pero también, con semejanzas notables, se conflictúan no pocas veces en sus relaciones. Uno y otra se miran y conceptúan divergentemente. Mantienen un choque y una eterna pugna por diferendos culturales. Sí, sólo culturales.
    Los machos y las hembras entre otros mamíferos no pugnan entre sí, de suerte que las leonas son leonas y se comportan como leonas, y los leones son leones y se comportan como leones siempre.           Luego entonces ni las leonas quieren ser leones y comportarse como tales, ni los leones quieren ser leonas y comportarse también como ellas. Cada uno de ellos tiene su “hacer” determinado naturalmente. Sí, porque los animales No tienen cultura. La cultura sólo se da entre los seres humanos y ella, sí es orientada por y hacia un sexo, aquí está el conflicto. Mientras que en los otros seres hay “naturaleza”, armonía, en los seres humanos hay “culturaleza”, provocadora de disarmonía que impone a cada quién, ser humano macho o hembra, un rol determinado que “debe” seguir en su vida para legitimarse socialmente ya como macho o hembra. La lucha y diferendo entre hombres y mujeres hace tiempo, pretende desvanecer estos “debe” (culturales) que señalan diferencias a uno y otro en aras de un “ser” (natural). Podríamos preguntarnos entonces, ¿seremos capaces de modificar la cultura haciéndola unisex?
    Hoy como siempre, hechos de la “culturaleza”, hay casos de hombres que quieren ser “mujeres” y mujeres que quieren ser “hombres” y su comportamiento ya sencillo o complejo les hace llegar a extremos de someterse a cirugías de cambio de sexo; un cambio de sexo morfológico que les provea de atributos exógenos, que no genéticos, compatibles con sus “sentires” ya varoniles o femeniles. La “culturaleza”, en la pugna de la sociedad actual, abriga entonces la esperanza de llegarse a la cultura del ser humano “neutra”. Fuera lo masculino y lo femenino predominante de las leyes, igualdad para unos y otras, mismas oportunidades, obligaciones y derechos.
    La cultura ha sido modelada “masculina” quiérase o no y por muchas razones, este es el escollo, el punto álgido. De allí la terminología que, en el hacer “culturaleza”, acuñó en genérico para referirse al ser humano: homo (hombre) erectus, habilis, faber o sapiens, y nunca en la mulier (mujer) erectus, habilis, faber o sapiens. Hoy se pretende integrar la humanum culturae en general, la cultura sin sexo. Pero ya nos estamos desviando.
    La mujer y el hombre proceden del mismo barro, tienen ojos y brazos, cabeza y pies, un corazón y dos riñones, y genéticamente sólo se diferencian en tener (los hombres) una combinación cromosómica XY y las mujeres una doble X (XX).
    Ambos poseen hormonas tiroideas y suprarrenales y son capaces de comer los mismos alimentos si la “culturaleza” no les hace hacerse vegetarianos adictos a la lechuga y las zanahorias o carnívoros afectos a las “carnitas” o la birria, pero en los dos casos, fanáticos a ultranza. Pero... los modelos finales son diferentes. Distribuyen la grasa corporal de distinta forma, elaboran ciertas hormonas en cantidades, ritmos y a receptores en cantidades diferentes o hacia órganos distintos, poseen un timbre de voz también diverso, su pelo se distribuye de manera desigual en unos y otras, utilizan el cerebro integralmente en forma distinta (Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, ya se sabe), se tienen pene o vagina, y más. ¡vive le difference!
     Tienen en sus semejanzas y en sus diferencias sólo dos posibilidades a ser: hombres o mujeres. El intermediarismo e indiferenciación no infrecuentemente polifacético, terreno áspero en que se sitúan alguno/as, aceptado o rechazado por algunos de nosotros, dejan que la verdadera homosexualidad -como dice Oriol Anguera- una vez que se han roto “las amarras genitales a nivel orgánico, una vez liberadas las restricciones a nivel freudiano, una vez borrada la condena limitante a nivel religioso, una vez instalada la juventud en un ambiente de pornografía, “unisex”, discotecas y música electrónica, la sexualidad se hace múltiple y confusa. Ni homosexualidad pura ni heterosexualidad permanente. Lo grave es que una vez instalados sobre esta plataforma intersexual... Todo se vale. Todo es lícito. Todo apetece. Todo Cansa. Nada apetece. En una palabra: vivimos la época de las neurosis noogénicas, y por ende cosechamos a pasto: Depresiones y delirios. Drogas y alcoholismo. Suicidios y homicidios... ¡Esta es nuestra perspectiva para el futuro!”
    Vivimos una “culturaleza” -digo yo ahora- modernista que llega a legitimar uniones y expresiones contra “natura”, valga otro latinajo, ¡mutatio mundi!, afanada en la búsqueda, aún no lograda, del material genético en ellos/as que sea el que promueva ciertos impulsos altruistas de la humanidad, como sugirió el sociobiólogo Edward O. Wilson.
    Bueno, la aprobación de las preferencias sexuales, bajo cierta óptica, ya establecida por la “culturaleza” actual, que la siga el o la que le guste en tanto que cumpla “cabalmente en todos los frentes del comportamiento humano, [...] porque la alcoba del ser humano no forma parte de la vida pública del ciudadano/a”, como indica Oriol Anguera. Entiendo que a algunos/as les gusten los chocolates, yo, prefiero los caramelos y que cada quien disfrute su golosina.
    Pero regresamos a la mujer. Ella, (con la suma de algunos de nosotros, hombres) lucha por la igualdad enfrentando un mundo modelado con troqueles masculinos.
    La “culturaleza”, con más propiedad, debería entonces también ser llamada “culturalezo”. Enfrenta así dos retos de enorme profundidad y complejidad. Por un lado, el de revertir el mundo masculinizado en un orbe uni-genérico (“culturalez” simple podría denominarse, sin a ni o) y luchar contra sí misma por lograr una congruencia entre su concepción real y legítima de independencia, con su actuar autónomo en un medio hostil. De otro lado, compaginar su particularidad procreativa con su ser en “su” circunstancia. La liberación femenina no pretende enajenar a la mujer su capacidad gestadora ni de negar darle su leche al ser nacido, ¡no!, pretende hacerla accesar al voto (que no se piense que ésta es sólo una simpleza), a compartir y construir con el hombre un mundo nuevo en libertad e igualdad. Pretende retirar de la faz de la tierra el concepto represivo religioso (cristiano, musulmán, etc.) que le representa como un peligro y tentación temibles, o sujeta al hombre como lo dice la Epístola de Paulo a los éfesos (éfesos 5, versículos 22 a 23): Fratres: Mulíeres viris suis súbditae sint, sicut Dómino: quóniam vir caput est mulíeris: sicut Christus caput est Ecclésiae: Ipse, salvátor córporis ejus. «Hermanos: Las casadas están sujetas a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo», y que cursa periódicamente con impurezas. La Eva inductora al pecado, causal de la tragedia humana. Tentación, pecado, suciedad, represión, histeria, frustración y más, unidos al sexo femenino como epítetos descalificadores elaborados e impuestos por hombres necios. La ideología religiosa lo machaca en sus fieles en interminables frases como esta del Corán (Sura II, La Vaca, 228): “Los maridos son primero que sus mujeres, Dios es poderoso y sabio.”
    La mujer tiene el derecho a accesar al fruto del bien y del mal como le plazca, ejerciendo su libre albedrío y mordiendo la manzana que elija con su propia dentadura; dejando en ella su huella marcada con dos cromosomas X por sobre la faz de la tierra y aún más allá, sin nadie por encima que se lo prohíba.
    La mujer utilizada, enajenada y constreñida debe ya quedar atrás y sólo permanece en remanente en algunas sociedades retrógradas y decadentes, o habitando la enteca mente de algunos estúpidos/as.
    Debe ser historia el mundo de la mujer que delineara Gabriel Careaga en su obra Mitos y fantasías de la clase media en México, describiendo a la mujer-objeto mexicana construida y acotada desde la ideología masculina. Debe ser historia también su retroyección con la Coatlicue, la diosa azteca de la tierra que dio vida a Huitzilopochtli (el colibrí zurdo) y de la que, por otras razones, se ha dado la explicación a su supuesto carácter endeble e indefenso; con la Malintzin de Coatzacualco que se dijo traicionara a su pueblo uniéndose al extranjero Cortés, o con la mujer que se raja o se abre en el lenguaje paziano (de Octavio Paz), quien quiera que sea; debe dejar atrás (su brega es por ello) ya la estigmatización impuesta por las religiones y toda la “culturaleza” machista que le enajena en lo familiar, social, económico, político, cultural y estético para decir hoy, uniendo voces como con la de quienes luchan por ello en sus trincheras:

Hoy soy y seré capaz de crear, creer, proponer y de soñar,
de sentir, vivir, discutir, disentir y compartir,
de disfrutar y sufrir también, ¿por qué no?
en libertad, igualdad y con autonomía en el mundo,
con la alegría y el orgullo de ser humanum mujer.

martes, 12 de abril de 2011

Medicina Alternativa


SOBRE LA ACUPUNTURA CHINA*

*© DR. Xavier A. López y de la Peña.

La medicina china es una de las más antiguas y quizá la menos comprendida por la mente occidental por razones varias, entre las que destacan su desarrollo cultural protegido por milenios con un aislacionismo férreo, como queda representado simbólicamente hoy con la Gran Muralla.
Los orígenes de la acupuntura (Tchin-kieu) se pierden en el pasado histórico chino pues se tiene evidencia de agujas de obsidiana y hueso desde el Neolítico en Asia, sin embargo, hay datos que remontan al tiempo del emperador Fu-Hsi (ca. 2900 AC) en que gestaron los conceptos del yang y yin (elementos masculino y femenino) de manera formal y que regulan la actividad del universo con sus cualidades opuestas y que también aplicaban al organismo en cuyo equilibrio radicaba precisamente la salud; Shen Nung (ca. 2700 AC) reconocido como el padre de la herbolaria y la acupuntura y de Wang-ti -el llamado "emperador amarillo"- (ca. 2600 AC) quien escribió el texto de medicina más antiguo, el Nei Ching aún vigente en aquél país y que contiene información muy interesante, además de la acupuntura a la que se dedica el 50% de la obra, sobre el interrogatorio y la exploración física incluyendo la auscultación y la palpación muy detallada sobre el pulso particularmente del que describían más de dos centenares de variantes y 37 matices del color de la lengua.
La historia registra una gran cantidad de médicos destacados en la práctica de la acupuntura, entre ellos Bian Que del Período de los Estados Combatientes (475-221 AC) y Hua Tuo de la dinastía Han del Este (220 AC.-25 DC.) quienes llevaron el sobrenombre de “médicos divinos”. También se recuerda a Wang Weiyi de la dinastía Song quien sobresalió por haber diseñado y ordenado hacer en el año 1027 dos modelos de figuras humanas en bronce, en las que estaban delicada y maravillosamente esculpidos los doce canales principales y colaterales, así como los 354 puntos acupunturales. Estos modelos sirvieron enormemente para las tareas de enseñanza aprendizaje de este arte milenario de la acupuntura china.
La acupuntura (de la traducción china al latín: acus, aguja y punctum, punto) es la práctica médica china consistente en la introducción de agujas muy finas a través de la piel en ciertos puntos especiales por donde se supone que corren ciertos "canales" llamados chin; con ello se pretenden liberar los posibles obstáculos o elementos dañinos que impiden la adecuada circulación de los principios vitales yin y yang alterados.
De la acupuntura ha derivado otro método chino no invasivo, el Ngan-mo (ngan, mano y mo, descanso) que consiste en hacer presión con los dedos -pulgares principalmente- sobre puntos similares a los de la acupuntura y similar a la técnica japonesa del Shiatsu (shi, dedo y atsu, presión).
Las agujas utilizadas fueron en un tiempo de oro (con efecto estimulante) y de plata (de efecto sedante) a las que se les asignaba también un principio yin o yang, hoy substituidas por las de acero inoxidable y se aplican -hay una gran variabilidad- hasta en cerca de 780 puntos que "activan o desactivan" la energía vital llamada chi que va o fluye por los 12 o 14 meridianos o canales que corren por el cuerpo y que corresponden a los órganos internos y las extremidades. Por ejemplo: el meridiano denominado Fey-ching corresponde a los pulmones y se localiza desde la tercera costilla hasta el pulgar y tiene 11 puntos sobre los que se puede actuar con las agujas, sin embargo es muy importante reconocer su localización exacta y para ello se dispone de ciertos atlas o mapas anatómicos que les ubican o se toman y usan medidas correspondientes a los de una pulgada o tsun en cada caso particular.
La acupuntura ha sufrido los embates, aún dentro de la misma China por la influencia de la medicina occidental que pretendió en 1822 por medio del Gran Consejo Médico Imperial eliminarla sin resultados y por el fundador de la República china en 1911, el médico titulado en Hong-Kong Sun Yat-sen quien hizo esfuerzos por implantar la medicina occidental en su país de manera infructuosa.
La revolución china que encabezó Mao Tse-tung y que consolidó a la República Popular China de 1949, amalgamó en 1954 en la Asociación Médica China en igualdad profesional a los chong-yi o médicos tradicionales (de los que había 1:900 habitantes) con los si-yi médicos científicos graduados (1:10,000 habitantes).
La acupuntura ha logrado refinamientos con el paso del tiempo y así, se ha incorporado a su práctica el elemento eléctrico aplicando corrientes hasta de 20 miliamperios a las agujas dando paso a la ahora llamada "anestesia por electroestimulación" con importantes seguidores en China, Japón, Vietnam, Corea y otros países occidentales como Alemania, Francia y Suiza entre otros.
Para la mentalidad occidental que demanda justificar los procedimientos sobre bases fisiopatológicas, los conceptos del yang y yin así como el principio vital del chi son aún incomprensibles y han permeado de forma tan importante la cultura china, que a dado paso a que se cuestione esto mismo en libros de acupuntura de gran relevancia conceptual en Shangai de1971, sin embargo los intensos estudios sobre acupuntura en el campo particular de la anestesia y analgesia, han demostrado que los estímulos producidos por las agujas se transmiten por fibras nerviosas muy mielinizadas o fibras "beta" capaces de bloquear los impulsos dolorosos que en tanto se transmiten por fibras no mielinizadas o "alfa" como evidenció el profesor Chang Hsiang-tung en sus investigaciones del Instituto de Fisiología de Shangai.
También se han aislado vías nerviosas sensitivas con mediciones simultaneas del potencial eléctrico entre la fibra y el electroencefalograma, demostrando que la acupuntura generaba unos impulsos eléctricos capaces de ser bloqueados con el uso de anestésicos locales, hecho que confirma su utilidad y efecto en algunos procesos dolorosos particulares como en 1992 demostraron unos investigadores suizos.
Médicos occidentales han comprobado los efectos de la acupuntura en China y con chinos, en el que su práctica está milenariamente arraigada y se toma, a falta de elementos sólidamente estructurados para la mentalidad occidental, como una artículo de fé independientemente de sus bases nerviosas ya mencionadas; mecanismo que a su vez es capaz de producir ciertas substancias a nivel del sistema nervioso central llamadas "endorfinas" que actúan como analgésicos.
La acupuntura, fuera de los países asiáticos en que su reconocimiento es oficial, tiene un buen sitio ganado en países europeos y americanos como una medicina paralela, alternativa o marginal particularmente en la esfera del control del dolor.
Una investigación en Estados Unidos de América sobre medicinas "no convencionales" estimaba que en 1990 se otorgaron 425 millones de de consultas a 61 millones de norteamericanos por proveedores de estas medicinas -entre ellas la acupuntura-, lo que representó un gasto aproximado de 13.7 billones de dólares. En México no se conoce en cifras la participación que, como medicina alternativa tiene la acupuntura en el terreno de la salud.
Atractiva por exótica, misteriosa y, en algunos casos por simple extravagancia al impulso de lo novedoso, la acupuntura hace presa fácil en el público que recurre a ella en manos de charlatanes y no de verdaderos artistas de esta milenaria medicina china que se redime hoy con la voz de Hsiang-Tung Chang, (Laboratory of Neurobiology, Shanxi Medical University, Taiyuan 030001, China and Neurological Science Institute, Oregon Health and Science University, Portland, OR 97006, USA) distinguido neurobiólogo que estudiara las modificaciones de la plasticidad sináptica de los potenciales de accion dendríticos:

El antiguo arte chino de la acupuntura ha sido colocado ahora sobre una base científica y así se lo ha revivido. Sin duda, conducirá en todo el mundo a un enriquecimiento del instrumental médico en la lucha contra el dolor.