domingo, 1 de mayo de 2022

El Calendario Azteca.

 


Tlacatle tlatoanie ca ye otimotequili,
ca ye otimotlacotili,
ca ye ompopouh ca ye on ixtlauh in itcoca in imamaloca in matzin in motepetzin... 

Cuauhxicalli

Dr. Xavier A. López y de la Peña
 

            La traducción de las líneas iniciales escritas en náhuatl, son parte del Huehuetlatolli o “pláticas de los ancianos”, (recopilación de discursos-enseñanzas que los ancianos decían a los jóvenes, los maestros a sus estudiantes y los padres a sus hijos para aconsejarles, guiarles y educarles sobre las normas morales, sociales y creenciales dentro de su cultura azteca y que eran transmitidos de generación a generación) a partir del manuscrito MPM 4068.J83 de la Biblioteca de Bancroft de la Universidad de California, en Berkeley E.U.A., que nos ofrece el padre Ángel Ma. Garibay Kintana (1943)1, y dice así:

            Señor Rey, pues ya cumpliste con tu encargo, ya has trabajado como esclavo pues ya se realizó se cumplió el gobierno el mando de tu ciudad...


            Cuando se desconoce una lengua, el contenido de sus escritos resulta enigmático, fascinante e indescifrable y limita en gran medida el acercamiento al “conocimiento” que se nos brinda. El conocerla al fin tras denodados esfuerzos, resulta en una explosión de belleza inconmensurable y representa la llave que abre el cofre del tesoro de ese conocimiento inscrito en caracteres mucho tiempo atrás ignorados. Con ello, un jirón más del ropaje cultural de la humanidad con un tejido otrora desconocido tras el que se ocultaban celosamente, tanto el artesano como el telar y su entorno, ha sido dado a la luz.
            Otras veces, tenemos el conocimiento -por ejemplo- de que en el México prehispánico los sacrificios humanos como ofrenda a los dioses eran practicados como parte de un ritual de enorme trascendencia y, creo que, para muchas personas el conocer que sobre la piedra de los sacrificios el sacerdote abría el pecho del sacrificado para extraerle el corazón palpitante, es aún algo familiar.
            El padre Fco. Javier Clavijero se refería a estas prácticas diciendo que “el empleo más considerable del sacerdocio y el acto principal de la religión de los mexicanos eran los sacrificios humanos que hacían para merecer algún favor del cielo o en acción de gracias por los beneficios recibidos”.
            Sin embargo, no hay como las representaciones ideo-gráficas que nos ofrecen los códices para resumir, en unas cuantas figuras, tan enorme concepto con nombre y apellido -si se me permite decirlo así- de los protagonistas como podemos ver en la siguiente figura tomada del manuscrito mixteco o Códice Selden A, pág. 12, (realizado cerca del año 1560) que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Oxford:
Códice mixteco
o Selden
           
En ella se observa -basándonos en la interpretación realizada por el Dr. Hermann Beyer2- que, sobre una “faja con almenas se asienta un techcatl o piedra para sacrificios humanos (temalácatl se nombraba a esta piedra, pero destinada específicamente al sacrificio gradiatorio) y sobre ella y de espaldas, a una víctima tendida. El sacerdote o ministro conocido generalmente como topiltzin es quien se encarga de la ejecución, apoya su cuerpo hendiendo con un cuchillo el pecho de la víctima abriendo una herida de la cual brota abundante sangre. Ambos personajes tienen sus nombres inscritos a la derecha con numerales e ideogramas que representan fechas del calendario; el hombre ritualmente sacrificado lleva el nombre de “13-ciervo” y el sacerdote el de “9-casa”. En la parte superior de la figura se observa la imagen de un dios solar recibiendo el corazón y sangre de la víctima llevada hasta él por dos figuras mitológicas: en la mano-garra de un águila al lado derecho, y en la mano de una deidad con caparazón de tortuga al lado izquierdo”.
            Una vez extraído el corazón de la víctima sacrificial, se le depositaba en un recipiente pétreo llamado cuauhxicalli (en español Cuauhtli=Águila, calli=Casa, por lo tanto, corresponde a la casa del águila) trátase de un vaso o recipiente de piedra usado por los aztecas para colocar los corazones de los humanos sacrificados en sus ceremonias).

            Uno de los monolitos pétreos más conocidos en México y en el mundo representativo de estos ceremoniales de sacrificio es, sin dudarlo, el llamado “Calendario Azteca”, tanto es así que su imagen representa el ícono de la cultura azteca y del propio Museo de Antropología e Historia en donde preside la sala Mexica.

            Trátase de un monolito-plataforma (Una piedra basáltica circular, de 3,56 m de diámetro y un peso de 25 toneladas) que, además de reunir fórmulas para el cómputo del tiempo y de claves para la interpretación de signos astrológicos, funcionaba a manera de techcatl o temalácatl, se utilizaba para recibir la sangre y los corazones de las víctimas; era, por tanto, un recipiente o cuauhxicalli, que cumplía simultáneamente con ambas funciones según se refiere en estudios recientes.3

           Este techcatl-cuauhxicalli o Piedra del sol, o Calendario azteca, es un monumento pétreo dedicado al culto solar cuya parte central se representa parcialmente en nuestras monedas de 10 pesos actuales.

            Esta obra del artífice prehispánico fue encontrada en 1790 al sureste de la actual Plaza de la Constitución en la ciudad de México. y por un tiempo se exhibió en el costado poniente de la torre occidental de la Catedral Metropolitana, hasta que en 1885 se llevó y guardó en el Museo Nacional de Antropología en un lado del Palacio Nacional. Hoy, esta soberbia pieza ocupa un sitio de honor en el Museo Nacional de Antropología e Historia de Chapultepec, y es considerado uno de los monolitos más conocidos sobre la cultura mexicana en el mundo como habíamos referido.

            Aparentemente esta piedra fue labrada en tiempos del rey Axayácatl, sexto rey (Tlatoani) de México,4 en el año de 1479 y estaba colocada en el Templo del Sol.5 Su enorme contenido ideo-gráfico simbólico, sin embargo, sigue siendo ajeno a muchos de nosotros a pesar de rodar en nuestras manos impresionado como moneda y utilizarle frecuentemente en nuestras transacciones comerciales.

            Si le observamos detenidamente y quizá con la ayuda de una lupa, veremos que la parte central está representada por un rostro, reconocido hoy como tonatiuh el numen solar quien lleva en la frente una banda adornada con 3 chalchihuites, la central con forma de corazón. Se observa que Tonatiuh tiene así mismo la boca abierta simbolizando que de él emanan los rayos de luz y el calor que da vida a la tierra y de ella también sale su lengua transformada en un cuchillo de sacrificio, el tecpatl o “cuchillo de pedernal” como si se mostrase ávido de incidir sobre el pecho de los mortales para recibir de ellos el manjar de su corazón y su sangre: su “vitalidad”. Es, por tanto, el símbolo del movimiento, del despertar de la conciencia, que tiene que ver con ese cruce de caminos.

            A la izquierda y derecha de la imagen de tonatiuh se observa una “garra” transformada en fauces que devoran un corazón y, complementando el marco se aprecian cuatro figuras rectangulares (Nahui-Ollin -cuatro-movimiento-) representando a los 4 soles, ya perdidos y que antecedieron al actual “quinto sol” central.

            Arriba a la izquierda está Ehecatonatiuh, “el sol del aire” representando a Quetzalcóatl, el norte como punto cardinal y con el símbolo de tecpatl (pedernal) para significar que los vientos eran tan cortantes como el filo de un cuchillo. A la derecha y arriba está Tlaltonatiuh o “sol de tierra”, cuyo punto cardinal es el sur, su elemento la tierra y el símbolo es el tochtli (conejo). Abajo a la derecha está Atonatiuh “dios de agua” cuyo punto cardinal es el oriente, su dios Tezcatlipoca y su símbolo Acatl (caña) y la estación el verano. Por último, abajo a la izquierda Tletonatiuh o “sol de fuego” representado por el dios Tonatiuh, punto cardinal poniente, estación del año que representa es la primavera y su símbolo calli (casa). En resumen, la representación simbólica de los elementos naturales: tierra, agua, aire y fuego; y de otra manera los cuatro puntos cardinales.

            Contiene más detalles que por ahora no referiremos pero que, al fin y al cabo, demuestran que el sistema calendárico de este pueblo mexica poseía era muy complejo ya que hacían coincidir el calendario religioso o ritual de 260 días (tonalpohualli), con otro solar de 365 días cada 52 años, en las llamadas Fiestas del Fuego Nuevo

            Así también el conocimiento de este sistema calendárico era utilizado por los sacerdotes en la práctica de la adivinación, dándole a los padres del recién nacido una genuina “carta astral” que indicaba su destino y la fórmula para sortear los obstáculos posibles que se le presentasen.

            De esta manera y de forma muy sencilla, hemos apreciado que las obras artísticas del pasado prehispánico perduran grabadas en nuestra cultura y en nuestras monedas -como la que analizamos-, como una liga en el contínuum del saber con nuestros antepasados, en un vínculo atemporal, aunque pocos nos demos cuenta de ello, lo admiremos y nos sintamos como sus orgullosos herederos.



1  Garibay KAM. Huehuetlatolli, Documento A. Tlalocan. (México) 1943;I(2):81.

2   Beyer H. Mito y simbolismo del México Antiguo. Sociedad Alemana Mexicanista. México, Tomo X, 1965:138 (figura tomada de aquí).

3  Solís, Felipe. “La Piedra del Sol”. Arqueología Mexicana. Núm. 41, Año 2000, pp. 32-39.

4  Clavijero FJ. Historia antigua de México. Ed. Porrúa, S. A. (Colección Sepan cuantos… No. 29)  México 1964:112.

5  Mitos y leyendas mexicanas. El Libro Español. México. 1963:128.

viernes, 1 de abril de 2022

La flecha.

 

La flecha.
Símbolo médico primigenio 

El símbolo universal es aquel en el que hay una relación
intrínseca entre el símbolo y lo que representa. 

Erich Fromm

Dr. Xavier A. López y de la Peña 

            Un símbolo (del latín symbŏlus, y este del griego σύμβολος sýmbolon, es una palabra que significa signo o contraseña) y corresponde a un elemento u objeto que, por su convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc.
            Es así mismo, una figura retórica de pensamiento que representa una idea o concepto normalmente de carácter espiritual, con rasgos asociados por un acuerdo socialmente aceptado. Es un signo sin semejanza ni contigüidad, que solamente posee un vínculo convencional entre su significante y su denotado, además de una clase intencional para su designado. Así, el símbolo establece una relación de correspondencia, de modo que al nombrar el concepto simbólico se sugiere o se evoca el concepto real.
            En resumen, el símbolo es una representación sensible y no verbal de una idea compleja, que surge como un mecanismo de asimilación y síntesis de dicha idea dentro de una determinada cultura. De hecho, el simbolismo constituye una de las formas de lenguaje más arcaicas del pensamiento humano. 
            Recordemos ahora algunos símbolos que han representado y representan el hacer médico o la medicina, sus características e interpretación modélica; anticipando que, generalmente se tiene el concepto de que el símbolo de la medicina moderna tuvo su origen con la Escuela hipocrática de Cos (430-330 a.C.) con la llamada Vara de Esculapio (cuyo símbolo se presenta como una vara con una serpiente enrollada, representando al dios griego Asclepio (Esculapio para los romanos), quien en la mitología griega tenía el poder de curar todas las enfermedades.
            No obstante, ahora abordaremos la imagen de una FLECHA como constituyente del símbolo primigenio del médico o de la medicina.

            Sí, la flecha, cuya palabra se entiende como ser arma arrojadiza que se dispara con un arco y que deriva del vocablo francés antiguo fliche y este del fráncico fliugika (volador o la que vuela). 

            Un poco de datos sobre la flecha.

            La flecha deriva de otra arma ofensiva, la lanza, estimando que esta última ya era utilizada hace aproximadamente 500,000 años atrás en el continente africano cuyos habitantes prehistóricos la utilizaban para la caza, ya sosteniéndola con una mano o arrojándola a su objetivo y posiblemente también para la guerra, y para la defensa entre sus congéneres. La flecha es en sí una lanza pequeña, arma arrojadiza también, pero que se proyecta por medio de un arco.
            Se acepta que la tecnología de la caza con arco y flecha se desarrolló con los humanos modernos de África hace unos 71,000 años. De hecho, arqueólogos en Sudáfrica han encontrado en la Cueva de Sibudu, al norte de KwaZulu-Natal, lo que se cree es la primera evidencia de seres humanos que elaboraron flechas con punta de piedra, hace 64.000 años, y que su uso con arco fuera de África ha sido demostrado por otros investigadores, diciendo que fue entre 45 y 48 mil años atrás, durante el Pleistoceno, según estos utensilios encontrados en la cueva Fa-Hien Lena de Sri Lanka.1
            De este antiquísimo desarrollo tecnológico, la flecha constituyó uno de los pilares creativos que impulsaron la supervivencia, crecimiento y desarrollo de la humanidad, a la par que el dominio del fuego.
            Así también, la flecha y el arco forman un vínculo indisoluble con la fábula y la mitología entreverado en un interesante simbolismo. Así, el poder la gloria y reinado será de aquél que logre lanzar más lejos su flecha, será también el más viril, el mejor dotado para fecundar, el más decidido. Muchas divinidades se identificaron con el arco y las flechas, armas tanto de destrucción, como de fuerza y conquista amorosa; entre ellas Eros, Shiva, Diana y Apolo, por citar solo algunos ejemplos.
            Desde la óptica del arte de la adivinación, ver un arco es señal de tristeza; tirar con él, de consuelo. Al arte de la adivinación utilizando flechas se denomina belomancia.
            Psicológicamente el arco representa una herida infligida en la vida psíquica del soñador; palabras venenosas, desacuerdos. Sin embargo, lanzar una flecha lleva también a la idea de la fidelidad, de la interdependencia y de la confianza en la propia capacidad. Para el padre del sicoanálisis, Sigmund Freud, la flecha representa el órgano genital masculino; el arco que la lanza la feminidad provocadora y la vagina.
            En la esfera de la medicina se interpreta que soñar con lanzar una flecha se puede revelar como una señal de un incipiente reumatismo articular. De otra parte, una flecha sola suele indicar una manifestación patológica cutánea.2 Pero, en general soñar con flechas, se suele interpretar como haber tenido un sueño “agresivo”, que se va rápido o de que hay un peligro inminente. Soñar con flechas rotas también pudiera interpretarse como un desengaño amoroso o que se conduce por un camino errado.
            La flecha ha sido considerada también como un símbolo de penetración, de apertura. Le abre paso a la luz como una forma de proveer el entendimiento que da paso al pensamiento racional. Es también valorada como un elemento creador que se abre paso con su poder fecundante. Se le suele atribuir un poder de origen divino que, al descender como sucede con el rayo o la lluvia, actúan ya como un castigo o como elemento dador de vida o fertilizante. De igual manera se le considera un elemento de rectitud, firmeza y propósito, de liberación y superación o de dirección a seguir. Es, tanto un elemento de protección y amparo como de lesión y muerte. 
            Vali, el dios de la mitología nórdica, hijo de Odín y la gigante Rind, era considerado el dios de la luz eterna, y como sus rayos de luz eran a menudo llamados flechas, siempre se le representó y veneró como un arquero.3
            Dios también fue considerado como un arquero: Y si (el impío) no se arrepiente, El afilará su espada; tensado y preparado está su arco. Ha preparado también sus armas de muerte; hace de sus flechas saetas ardientes. Salmos 7:12-13.4 El erudito teólogo cristiano primitivo, Orígenes de Alejandría, califica a Dios como Arquero,5 y las miniaturas del siglo XII la representan con frecuencia, sobre todo un manuscrito italiano, donde Dios caza a Adán y Eva a flechazos, o como Apolo en la Ilíada persiguiendo a los griegos.6 La flecha simboliza, de hecho, el destino, la muerte súbita y fulminante como ocurría a través de las flechas disparadas por Apolo. Se alude también al carcaj de los dioses y al arco de los centauros, como Quirón de la mitología griega, quien fuera educador en música, arte, caza, moral, medicina y cirugía, y tutor de varios de los héroes más destacados en la mitología griega, entre ellos el mismísimo dios griego de la medicina, Asclepio o Esculapio para los romanos.
            Apolo el arquero, fue una deidad griega de la curación, junto con Artemisa y Eros. Tuvo muchos epítetos como Apolo iatromantis (médico-profeta); como Apolo Pitio o Délfico en alusión a su santuario de Delfos; Apolo Paean en los himnos de agradecimiento hacia el dios o en las invocaciones que los médicos realizaban durante sus curas; Apolo Loimios cuando quería expulsarse una enfermedad o plaga de una ciudad; y como Apolo Oulios (epíteto vinculado con la salud y lo destructivo) por parte de los oulíades o descendientes de Apolo Oulios que practicaban la curación mágica.
            En la cultura oriental las lecturas, tanto de la medicina china como de la egipcia, también sugieren que el símbolo más apropiado para la medicina puede ser: el de la flecha o el carcaj de flechas; así: 
            En China:
            Los primeros testimonios de prácticas curativas en el territorio chino de los que se tiene constancia se remontan a la dinastía Shang, que reinó entre los siglos XVI a XI a. C. en lo que hoy día corresponde a la provincia de Henan.
            De esta época se conservan restos de huesos y de conchas de tortuga con inscripciones oraculares, en las que aparecen mencionadas distintas dolencias que sufrían los miembros de la familia real.
            Para explicar el origen de la medicina china tradicionalmente se invocan a tres legendarios emperadores: Fu Xi, Shen-nong y Huangdi, conocidos también por los “tres augustos”.
            Se considera que fue Hua Tuo el primer y más grande médico de la época (145-208), acupuntor y cirujano que, entre otras habilidades, era capaz de servirse de las agujas como método para anestesiar a sus pacientes.7
Pero volvamos al asunto de las flechas.
            Para registrar el termino medicina se usa el ideograma nombrado yi, y en él, el pictograma de flecha aparece como raíz, como sucede en diversos ideogramas chinos que están relacionados con la inteligencia y el conocimiento; de hecho, el ideograma que representaba a la medicina o yi (ver imagen), se mostraba con una flecha, simbolizando la idea de penetración y, por tanto, de conocimiento.
            Los componentes de este ideograma (ver imagen) son los siguientes:
           


El radical fang expresa un antiguo instrumento utilizado para dibujar cuadrados y que le otorga a la medicina el sentido de ser una disciplina o conjunto de reglas.
            El radical shi muestra a un arquero disparando una flecha y puede interpretarse como las heridas causadas por la flecha o a los traumatismos en general, o a las agujas utilizadas en la acupuntura.
            El pictograma shu, tiene dos partes: la de arriba simboliza agua en movimiento y la de abajo es un carácter antiguo para “mano”; esto es, la mano que agita el agua y simboliza el Tui Na o tuina, un conjunto de técnicas de masaje como parte de la medicina china.
            El pictograma you representa una botella con alcohol, empleado para conservar y diluir las hierbas medicinales, simbolizando así la fitoterapia como técnica médica china.8 
            En Egipto:
            En el antiguo Egipto y su escritura jeroglífica, la palabra doctor swnw (pronunciado como cosido en inglés) también contiene un carcaj de flechas o una sola flecha.
            Se tiene información de que el faraón Djer (o Athois) de la Primera Dinastía enterrado en Abydos alrededor del año 3000 a.C., jugó un papel como médico según se refiere en la Historia de Egipto (o Aegyptíaka), obra hoy perdida, escrita para los griegos por el sumo sacerdote, escritor e historiador egipcio Manetón en el siglo III a.C., pero se considera a Imhotep o Imutes, como el primer médico reconocido en la historia y fundador de la medicina egipcia quien, además de médico, fue arquitecto y astrónomo, viviendo entre los años 2690 y 2610 a.C. Fue así mismo sumo sacerdote y visir del faraón Zoser de la 3ª. dinastía del Imperio antiguo de Egipto, y quien diseñó la pirámide escalonada de Saqqara.
            

En estos tiempos, el símbolo hierográfico de “médico” (SWNW), estuvo representado por una flecha que es la fonética trilateral de swn, mientras que la olla o el cuenco es el nw bilateral muy común. Es posible que la flecha indicara que el swnw era un arquero, o una persona hábil para quitar las flechas de los soldados heridos; y el hombre sentado (cuyos brazos mantienen una posición sugerente de que sostiene un arco) constituye el determinante masculino. Es así que la designación o símbolo más simple para referirse a un médico era, de hecho, la flecha.
            Hesy-ra (Reino Antiguo, 3ra Dinastía. Ca. 2 600 a. C.) es único personaje en ser el primero autenticado como médico en la historia. Un hombre importante que ocupó muchos títulos bajo el rey Netjerkhet (Djoser) y que fuera contemporáneo de Imhotep. Su tumba, exhibida en el Museo de El Cairo, muestra seis estelas-nicho de madera bien preservadas. En una de ellas y en la esquina superior derecha se representa un símbolo que incluye una golondrina, un colmillo y una flecha, lo que significa "odontólogo jefe y médico".9

            Quizás, como lo sugiere el médico escocés, Kenneth Caiman, podríamos repensar el símbolo del médico, retirando el Caduceo como símbolo de la medicina y reemplazándolo por el de una Flecha que, como hemos señalado precede por mucho tiempo atrás al símbolo del caduceo y que representa, en sí misma, un objeto simbólico de precisión y exactitud en el combate de enfermedades y dolencias varias. O quizás, por un carcaj de flechas sugiriendo con ello que, además de lo referido con anterioridad, hay varias formas de abordarlo y hacerlo ya que el médico puede no limitarse un solo método terapéutico.10 



1 . EFE. Madrid, 12 junio 2020. En: https://www.efe.com/efe/espana/efefuturo/el-primer-uso-del-arco-y-la-flecha-fuera-de-africa-fue-hace-48-000-anos/50000905-4270967

2 . Laura Tuan. El gran libro ilustrado de los sueños. Consultado en internet el 1 de marzo de 2022 en: https://books.google.com.mx/books?id=QtAwDwAAQBAJ&pg=PT82&lpg=PT82&dq=Flecha,+s%C3%ADmbolo+patologico&source=bl&ots=zA2OAPhZtc&sig=ACfU3U2HSAb-FeHjNjiKWKAdF0VT6817Zg&hl=es-419&sa=X&ved=2ahUKEwi48aSOwKX2AhXHJ0QIHROEDN0Q6AF6BAg-EAM#v=onepage&q=Flecha%2C%20s%C3%ADmbolo%20patologico&f=false

3 . Vali (hijo de Odin). Consultado el 30 de enero de 2022 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Vali_(hijo_de_Od%C3%ADn)#:~:text=Vali%20es%20un%20dios%20de,de%20los%20dioses%2C%20el%20Ragnar%C3%B6k.&text=Era%20adem%C3%A1s%20el%20dios%20de,y%20vener%C3%B3%20como%20un%20arquero.

4 . https://bible.knowing-jesus.com/Espa%C3%B1al/topics/Arqueros,-Semejante-A-Dios

5. M.A. Carrillo de Albornoz y M.A. Fernández. Simbolismo de… la flecha. Publicado el 04-11-2015 en Nueva Acrópolis. Consultado en internet en 30 de enero de 2022 en: https://biblioteca.acropolis.org/simbolismo-de-la-flecha/

6. Olivier Beigbeder. Léxico de los símbolos. Editorial Encuentro, Madrid 1989, p. 63.

7. Los orígenes de la medicina china. Escuela Li Ping de acupuntura y MTC (Medicina Tradicional China). Consultado en internet el 17 de enero de 2022 en: https://escuelaliping.com/wp-content/uploads/2013/10/Tema1.pdf

8 . Los orígenes de la medicina china. Escuela Li Ping de acupuntura y MTC. Pág. 4.

9. J.F. Nunn. The doctor in Ancient Egypt. Consultado en internet el 17 de enero de 2022 en: https://simon.rupf.net/wp-content/uploads/2015/05/The-doctor-in-Ancient-Egypt-J.F.-Nunn.pdf

10. Caiman, Kenneth. The arrow or the Caduceus as the symbol of the doctor. The Lancet, Volume 362, Issue 9377, 84. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(03)13833-0

martes, 1 de marzo de 2022

Moral.

 

Su origen.

“…ninguna moral puede fundarse sobre la autoridad, ni siquiera,
aunque la autoridad fuera divina”. 

Alfred Jules Ayer


Dr. Xavier A. López y de la Peña. 

            Acorde con el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra moral es un adjetivo perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva. Y en femenino, es una doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.
            El comportamiento moral es común y necesario para la civilización dentro de un determinado grupo o cultura y suele establecerse, para su observancia general, en una norma o código de conducta (oral, inicialmente y escrito después) que lleva el propósito implícito de regular la convivencia social entre sus miembros.1 Acordémonos de la frase de Jean Paul Sartré: …el ser humano es responsable de sus actos frente a sí mismo y frente a los demás.
             Históricamente, bajo la concepción mágico religiosa imperante en las primeras civilizaciones, eran los supuestos dioses los que guiaban los ordenamientos morales a seguir entre sus pobladores.
            Como ejemplos de ellos, tenemos el llamado Código de Hammurabi escrito en el año 1750 a. C. por el rey Hammurabi de Babilonia de la antigua Mesopotamia, uno de los primeros intentos legislativos del ser humano escrito en acadio en el que se glorifica al dios babilonio Marduk o Shamash y, a través de él, a su rey. Cuyo objetivo era el de armonizar y unificar jurídicamente su reino.
            El Código moral Manu que, según el sanscritólogo británico William Jones, las Leyes de Manu fueron escritas en la antigua India entre el año 1250 y el 500 a. C. Se trata de un compendio sánscrito de antiguas leyes y costumbres sagradas seguidas por ortodoxos del Brahmanismo, cuyo origen era divino (Brahma) en una remota antigüedad y considerado como anterior a las enseñanzas de Buda. Según el texto, estas doctrinas fueron determinadas por el sabio Manu y en estas se hace referencia a las costumbres funerarias y otros aspectos sociales. Con frecuencia se citan en él algunas normas como piensa bien antes de actuar, recuerda hablar con la verdad, ten cuidado por donde caminas y filtra el agua que has de beber.2
            El Código moral de los Diez mandamientos que, según la Biblia, en 1250 a. C. el profeta Moisés recibió este de la mano directa de Dios en el monte Sinaí, y quien con su dedo escribió las normas que los israelitas debían respetar. Este código moral incluye aspectos sobre la fe, cómo pensar, la forma de vida, vivir en armonía con nuestros semejantes. Dios es amor; sus Mandamientos son en sí mismas leyes de amor a Dios y amor al prójimo. Y qué ideal fuera que se actuara con amor.
            Código del Islam 650-700 d.C.: Código moral de origen divino (Alá) basado en la religión que confluye con el Antiguo Testamento con el Islam y el Libro Revelado, El Corán. Código amplio que abarca distintos tópicos de la vida, ya regulando detalles de la vida doméstica, como los comportamientos internacionales. El objetivo último de este código moral recogido en gran parte en el Corán, es que las personas vivan con un profundo amor y sumisión a Alá.3
            Códigos prehispánicos (del grupo Borgia, Maya, etc.). Otros muchos, fueron destruidos tras la conquista de México, por orden de fray Diego de Landa, acorde al llamado Auto de Maní llevado a cabo el 12 de julio de 1562 en Maní (Yucatán) por considerarlos idolátricos. En todos ellos se registran normas, manifiestos, costumbres, y otros, y tenían como función educar, aconsejar, guiar al ciudadano precolombino a seguir una serie de conductas y creencias del pueblo que representaba a la sobra de sus múltiples deidades: Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Tláloc y más. Cada cultura antigua tenía entonces, como ahora, su propio código moral.
            Código moral masónico originado en Londres en el año 1717 y aprobado formalmente en Lausana, Suiza en 1875, después de un largo proceso: Contiene variantes como: Ama a tu prójimo, haz el bien, y deja hablar a los hombres, y cuya primer norma señala: Adora al Gran Arquitecto del Universo. El verdadero culto a Dios consiste en las buenas costumbres. Haz el bien, por el amor al bien mismo. Conserva tu alma pura; que pueda presentarse a toda hora delante de Dios, libre de todo reproche. Ama a los buenos, compadece a los débiles, huye de los malvados, mas no odies a nadie.4 

            Sin embargo, un enorme cambio se suscitó sobre la concepción de las costumbres o de la moral con el pensamiento y entendimiento griego, a cuyos orígenes debemos nuestra cultura occidental y cuyo uso de la razón les guio para entender al mundo y el lugar que el ser humano ocupa en él, apartando de su ideología el sustrato ultraterreno o divino como gestor y motor del creer, proceder y hacer el bien en la vida cotidiana de los seres humanos.

            Bajo esta mirada las normas y las leyes morales fueron ya concepciones humanas, no divinas. Entonces, la moralidad o lo moral no fue más tema ni asunto de los dioses, como ya desde la antigüedad opinaba el sofista y poeta griego, Diágoras de Melos ¿465 a. C. - 410 a. C.?, según como lo refirió el médico y filósofo griego, Sexto Empírico relatando que, al percatarse Diágoras de que un enemigo suyo salía libre sin pena alguna en un juicio en donde con certeza había cometió perjurio, dijo la frase siguiente: Si la inmoralidad puede permanecer impune ¿para qué creer en dioses que velan la virtud humana?
            Más adelante el Derecho romano, como producto de los grandes estudiosos del pensamiento griego, surgió como el elemento legislativo más desarrollado de la Antigüedad. Se representa con el Corpus iuris civilis o también conocido como Código Justiniano, que fue resultado de una compilación de leyes varias ordenadas por el emperador bizantino Justiniano I (527-565 d. C.), e impreso por vez primera por Dionisio Godofredo en Ginebra en el año 1583.5
            En la antigua Roma y durante sus primeros siglos, el derecho entre las personas (derecho privado) se regía por las “costumbres de los mayores” o mores majorum, por lo cual la ley quedaba a la interpretación y arbitrio de los magistrados patricios. Por ello, la plebe frecuentemente protestaba ante los tribunos y éstos a su vez, solicitaron se redactara una ley aplicable para todos los ciudadanos. Por esto y más, se inició la redacción de la Ley de las XII Tablas cuya elaboración comenzó a partir del año 464 a. C., a insistencia de un tribuno plebeyo conocido de nombre Terentilio Arsa. Esta Ley de las XII Tablas (Lex duodecim tabularum o Duodecim tabularum leges), fue el primer código de la Antigüedad que contuvo legislación sobre censura (esto es, la pena de muerte por poemas satíricos). Se publicó inicialmente en doce tablas de madera y luego, en doce planchas de bronce que fueron expuestas en el Foro.6
             De hecho, sábese que la creencia en dioses o la religión, cualquiera que esta sea no impele la acción moral, sino que se convierte en el freno que ha obstaculizado su desarrollo. Sin embargo, la consecución de una buena práctica moral puede lograrse, como mucha gente lo hace, a través de la religión, pero sólo como una mera contingencia.7
            No es el castigo (infierno) o la recompensa (paraíso), mediados por el temor a la divinidad lo que nos hace actuar “bien” y que ella sea la base ética sobre la que se sustenta la moral. No, actuamos bien porque nos conviene hacerlo. Actuamos con la lucidez que nos proporciona el saber sobre qué está bien y qué está mal, no a la espera de una recompensa o castigo, sino por el convencimiento de hacer el bien y evitar el mal.
            Recordemos lo que decía el barón D’Holbach: Solo llamaremos virtud a lo que la experiencia, la reflexión, la razón nos muestren en todo momento, en todo lugar de acuerdo con la utilidad general y real de los habitantes de la tierra8 (…) …los males del hombre provienen de sí mismo, más allá de ser o no ser creyente.
            Así mismo, la acción moral no conlleva colocar a los individuos en un plano de superioridad o de inferioridad entre unos y otros, si se profesa o no alguna creencia o religión. No. Por ello, el código moral a seguir idealmente sólo podrá conseguirse en una sociedad laica y democrática.9
            Lo moral requiere pensar con claridad respecto a la comprensión del contexto, promoviendo y propugnando por la armonía entre las personas. Lo moral impele por el bien hacer en la colectividad. Lo moral se entrelaza con cualidades como el respeto mutuo, la empatía, la no violencia y más.
             En la actualidad, nos regimos por el Derecho moderno como obra del Estado laico; esto es, el de una nación o país que funciona de manera independiente de cualquier organización o confesión religiosa o de toda religión y, democrático, en el que las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes, mismo que se rectifica, modifica o adecúa según las necesidades sociales. 

            Siguiendo al filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, terminaremos estas reflexiones sobre la moral utilizando sus propias palabras: …como las personas crean o no deben de seguir ciertos principios para formar leyes que armonicen en la sociedad manteniendo la secularización del estado.



1. https://www.divinoplacebo.com/la-moral-no-proviene-de-la-religion/
2. Código de Manu. Consultado en internet el 3 de febrero de 2022 en: https://www.ecured.cu/Leyes_de_Manu#:~:text=Conocido%20adem%C3%A1s%20como%20C%C3%B3digo%20de,divino%20y%20una%20remota%20antig%C3%BCedad.
3 . Juan Martos Quesada. El Corán como fuente de derecho en el Islam. Cuadernos de Historia del Derecho. 2004, 11 327-338.
4 . https://www.timetoast.com/timelines/codigos-morales-antiguos
5 . Corpus iurus civilis. Consultado en inetrnet el 3 de febrero de 2022 en: https://es.wikipedia.org/wiki/Corpus_iuris_civilis
6 . https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_las_XII_Tablas.
7 . Daniel Dennett, filósofo y científico cognitivo. “La religión no es el motor de la moral sino el freno que ha ralentizado su desarrollo”. Consultado en internet el 2 de febrero de 2022 en: https://www.agenciasinc.es/Entrevistas/La-religion-no-es-el-motor-de-la-moral-sino-el-freno-que-ha-ralentizado-su-desarrollo
8 . Coloquio internacional de intelectuales (1 de enero de 1979). Modèles et moyens de la réflexion politique au XVIIIe siècle: Débats et combats idéologiques: sociétés de pensée, loges,clubs... Tome 3 (en francés). Presses Universitaires du Septentrion. p. 21. ISBN 978-2-85939-118-8. Consultado el 16 de febrero de 2021.
9 . Pedro López López. Profesor de la Universidad Complutense. Consultado en internet el 2 de febrero de 2022 en: https://laicismo.org/la-religion-un-referente-moral/187059