lunes, 24 de enero de 2011

Substancia y Forma


IDEAS SOBRE LA MATERIA Y FORMA

© DR Xavier A. López y de la Peña

De aquel jarro de vino, que a nadie perjudica,
llena tu copa y bebe, y sírveme a mi otra,
muchacho, antes de que haga, sin prestar atención,
con tu tierra y la mía un jarro el alfarero.
[…]
Sabe que de tu alma serás separado
y que pasarás detrás de la cortina que guarda los secretos de Dios.
¡Sé feliz!... Tú no sabes de dónde has venido…
¡Bebe vino!... Tú no sabes adónde irás.

De la obra, Rubayyat, de Omar-Al-Khayyam (1040-1124 d.C.)

Esta es la gran dicotomía que enfrenta el pensamiento en la historia de la biología desde tiempos inmemorables.
La materia entendida como una realidad que existe por sí misma, fuera del sujeto que la conoce y es soporte de sus cualidades o accidentes. Es toda realidad objetiva que ocupa un lugar en el espacio y que puede ser percibida de la misma manera por diversos sujetos. Es todo aquello que, ocupando un lugar determinado en el espacio como referimos, se puede tocar, ver, sentir, medir, modificar, etc.
Y la forma, entendida no como una figura espacial (cubo, silla, perro, etc.), sino como principio activo que con la materia prima constituye la esencia de los cuerpos y que pertenece o es relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo.
Esta idea de “esencia” o principio de las cosas como la elaboraron los filósofos presocráticos, particularmente Pitágoras, quien señaló que el principio (forma) de todas las cosas es el número. Platón quien dio un paso más allá al manejar el concepto de forma (eidos) en términos de concepto, especie o género, y finalmente por Aristóteles (384 a. de C.), el gran pensador y maestro de la sabiduría, hijo del médico Nicómano, considerado padre de la biología en la tradición occidental, quien se ocupó de este tema y estableció que la forma es lo que uno es, como sustancia; lo que verdaderamente es, en oposición con la materia y concibiendo la realidad de la sustancia como compuesta de materia y forma sustancial: el hilemorfismo. La materia entonces la concebía conteniendo la naturaleza esencial de todas las cosas, pero sólo en potencia, y por medio de la forma, esta esencia alcanzaba su realización; esto es a lo que llamó la entelequia.
En otros términos la materia es llamada también cuerpo, estructura o substancia de extensión limitada y perceptible por los sentidos, y alma a la forma, al patrón que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida y que en algunas religiones y culturas, se reconoce como sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos.
Estos razonamiento griegos presocráticos dieron un nuevo curso que habría de transformar la historia de la humanidad, llevando el pensamiento del hombre del nivel especulativo al objetivo, tratando de explicarse los fenómenos de la naturaleza mediante el razonamiento puro y dejando atrás los argumentos causales de génesis sobrenatural. Nace así la filosofía, el método de la razón que busca la claridad del pensamiento, la verdad y el entendimiento de cuanto fenómeno analice en función de la totalidad.
Sin embargo, las limitaciones que el ser humano tiene para dar respuesta a sus inquietudes sobre el universo y sobre sí mismo, dejan espacio suficiente para el razonamiento especulativo o metafísico (esto es, oscuro y difícil de comprender) como bien lo señala Eduardo Césarman (1968) diciendo: Mientras la ciencia no lo explique todo, desde los primeros principios y causas hasta sus últimas consecuencias y fines, incluyendo el problema tan importante para nosotros del significado, si es que lo hay, de nuestra propia existencia, habrá un lugar necesario para el pensamiento metafísico.
Hasta aquí llegaba la filosofía, esto es, el amor a la verdad mediante el razonamiento puro y objetivo, cuando la vida intelectual y espiritual de los filósofos y de todos los hombres del Mediterráneo, sufren el asalto de una multitud de corrientes religiosas que propugnan por conciliar la teología con la filosofía utilizando la filosofía grecolatina para dar sustento racional a la revelación religiosa del cristianismo.
En la antesala de este acontecimiento estaba Filón (15/10-45/50 a. de C), el filósofo judío que en Alejandría dedicó su vida a conciliar las Sagradas Escrituras y la cultura judía con lo expresado por la filosofía griega, particularmente con las ideas de Platón (427-347 a. de C.); Plotino (205-270 a. de C.), el egipcio copto con nombre romano, también en Alejandría, quien sostenía que el hombre estaba compuesto de la triada cuerpo, alma y mente y que la suprema virtud sólo sería alcanzable mediante la transmigración del alma de una forma a otra, según sus méritos o defectos, en cada reencarnación. Así también concebía a Dios como una triada: razón (nous), unidad (hen) y alma (psyche). La Unidad Absoluta -enseñaba-, no puede alcanzarse con la mente, sólo cuando el alma es divinamente poseída e inspirada.
De hecho, este proceso místico ocurrió con Aurelio Agustín de Hipona quien naciera en Tagaste, Norte de África, en el año 354 y que, estando en un jardín de Milán, Italia, oyera un voz decirle: “Abre el libro y lee”. (Abrió la Biblia al azar por las cartas de Pablo y leyó el pasaje Rom 13): Andemos decentemente y como de día, no viviendo en comilonas y borracheras, no en amancebamiento y libertinaje, no en querellas y envidias; antes vestíos del Señor Jesucristo y no os deis a la carne para satisfacer sus concupicencias.
A este proceso que usó la razón natural humana, en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana se denominó escolasticismo que se asentó en las escuelas y universidades medievales de Europa, desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XV. Su conformación fue múltiple pues reunió en su ideología tanto corrientes filosóficas grecolatinas, como árabes y judías. Su constructo filosófico descansaba en el argumento de autoridad y su distanciamiento de la ciencia y el empirismo. La Biblia era la fuente del conocimiento pues procedía, aseguraban, de una Revelación divina.
Pero una nueva luz iluminó de nuevo a la razón y en los siglos XV y XVI la oscuridad medieval sustentada, como referimos, en la filosofía legada por Aristóteles y la teología cristiana, dio un vuelco enorme al transformar la concepción de un universo viviente, orgánico y espiritual en el nuevo paradigma mecanicista dominante de los tiempos modernos.
Este movimiento cultural generado en la Europa occidental y llamado Renacimiento insufló nuevos bríos en el conocimiento y progreso de la humanidad al dejar atrás el dogmatismo de la Edad Media y abrir las puertas a una nueva concepción del mundo y el hombre al impulso de la ciencia. El eje del conocimiento en base a la deidad (Teocentrismo), fue sustituido por el del basado en el hombre mismo (Antropocentrismo).
Uno de los iniciadores de este renacer estuvo a cargo de René Descartes (1596-1650), el pensador francés considerado como padre de la filosofía moderna quien rechaza, por supuesto, el razonamiento escolástico y da vida al razonamiento analítico que nos presenta en su Discurso del Método. También consideró la materia (cuerpo) y la forma (alma) como entidades separadas e independientes: res cogitans versus res extensa. El pensamiento cartesiano sostenía que todo en el universo (incluyendo a los seres vivos) podía ser comprendido si se le reducía al racional análisis a partir de sus componentes más pequeños.
En el terreno de la ciencia, Andrés Vesalio (1514-1564) confrontó sus hallazgos anatómicos con las ideas magister dixit impuestas por Hipócrates y Galeno, mostrando el cuerpo humano sin las hojas de parra cubriendo sus regiones pudendas, que habían impuesto los censores escolásticos cegados por la ideas vergonzosa y pecaminosa de la figura humana echada del paraíso por haber comido de la manzana del árbol de la sabiduría. El inglés, William Harvey (1578-1657), que inspirado en Descartes y probablemente en el español Miguel Servet (víctima de la sinrazón y quemado en la hoguera por haber descrito la circulación pulmonar en una obra teológica: Christianismi Restitutio, publicado en 1553) describió la circulación de la sangre a partir del corazón.
La filosofía estaba entonces restaurada en su fin último de conocer la verdad mediante el uso de la razón, siguiendo el método científico. Objetivando, sistematizando, analizando, deduciendo y reproduciendo, si ello es posible, los fenómenos observados y sujetos al análisis.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Maternidad subrogada


MADRE DE SUSTITUCIÓN
O DELEGADA.

© Dr. Xavier A. López y de la Peña

¡Oh, hombre, ¿cuál es tu procedencia?
Eres demasiado malo para un Dios
y demasiado bueno para haber surgido del azar!

Ma. Elena Martín Alonso (1993)


Es probable que un importante número de personas desconozcan los alcances y avances que se han logrado en el terreno de la reproducción humana y que han llevado a una disociación conceptual de la procreación y de la relación sexual.
Hoy han perdido sentido las antiguas frases latinas: mater sempre certa est que otorgaba el verdadero crédito de madre a la mujer que paría un hijo de sus entrañas, y el de pater is est quem nuptiae demostrant en el que el padre es el esposo de la madre.
La fecundación y la gestación se han fragmentado de forma tal que es posible la unión de un óvulo con un espermatozoide fuera del cuerpo humano y la posibilidad de implantar a este embrión en el cuerpo de otra mujer que, dejando entonces de ser genitora se convierte ahora en gestadora. Su hijo así, realmente no será hijo suyo; esto es lo que suele conocerse como -existen otras acepciones- madre portadora, madre de sustitución o subrogada.
El campo biotecnológico aplicado a la reproducción humana así, queda abierto para la participación de personas “ajenas” a ella y puede establecerse la venta o donación de óvulos a mujeres estériles, llevar a término el embarazo con embriones de otras mujeres o gestar embriones de donantes desconocidos y otras más. Como ejemplo actual, se tiene a la compañía norteamericana llamada The Surrogacy & Egg Donation Center (www.madresubrogada.com), fundada por Theresa M. Erickson y con oficinas en San Diego, Los Angeles y Miami.
La maternidad por sustitución, -esta información nos lleva a recordar el caso de maternidad “subrogada” bíblica de Abraham cuya mujer Sarai era estéril y, en el que ella misma le propuso a Abraham que tomara como concubina a una esclava egipcia de nombre Agar de la que tuvo un hijo al que pusieron por nombre Ismael (Génesis 16:2)-, delegada o subrogada inició operaciones comercialmente en 1980 con la Surrogate parenting associates en Louisville, Kentucky, E.U.A. con un “costo” -estimado- de 15 000 dólares; aquí, las mujeres “contratadas” para gestar el hijo mediante convenio son inseminadas artificialmente con semen del marido de la mujer estéril.
Se abre también con el procedimiento descrito, una nueva forma de filiación que puede denominarse contractual, que sigue a la legítima, natural y adoptiva que daban seguridad a la transmisión genealógica.
La dimensión que ofrecen las nuevas tecnologías rebasan con mucho los campos éticos y legales de la ciencia y caen con mucha frecuencia en la transformación objetiva del asunto desde una óptica mercantil como lo ofrece el contenido conceptual de la terminología empleada: Banco de semen, gestación por cuenta ajena, alquiler de vientre, stock de embriones, procreática, ingeniería genética, maternidad subrogada, donación o venta de ovocitos, etc.
Tres elementos de enorme trascendencia están ahora en la mesa de discusión en torno a la identidad humana: la diferencia entre los sexos (las operaciones para la reasignación de sexo, como expresan psiquiatras y cirujanos, que se reducen -desde el punto de vista morfológico únicamente- a un simple cambio de los órganos genitales en una persona para asemejarse al sexo opuesto únicamente. Los hombres siguen biológicamente siéndolo pero sin pene ni capacidad generacional y las mujeres con pseudopene son incapaces de concebir.), el orden naturabilis de las generaciones (nadie como los árabes que conocen su genealogía hasta la más remota generación) que fracturan la filiación, y la inviolabilidad del cuerpo humano que hoy es sujeto de manipulación desde su primerísima célula.
Tocan a las puertas del conocimiento humano también, las posibilidades reales de llevar a feliz término la ectogénesis (embarazo llevado a cabo fuera del útero y totalmente en un tubo de ensayo) y la clonación (copia idéntica de un mismo individuo -los Dres. Briggs y King en el Instituto Carnegie en Washington los iniciaron con éxito desde 1952).
En el caso de la ectogénesis (crecimiento y desarrollo de un organismo vivo en un ambiente artificial) obtenido a partir de un óvulo y un espermatozoide anónimos ¿quiénes serán asignados como los padres? o dicho de otra forma ¿cómo se establece la filiación?, ¿la “madre” -en el absurdo- será la el útero artificial en que se desarrolló el nuevo ser? La ciencia y tecnología actuales ya están sobre los pasos de este procedimiento, y los avances en la puesta en marcha de una placenta artificial se describen ampliamente en: Development of an Artificial Placenta. Nobuya Unno. pp. 62-69. Disponible en la internet en:
http://translate.google.com.mx/translate?hl=es&sl=es&tl=en&u=http%3A%2F%2Fen.wikipedia.org%2Fwiki%2FEctogenesis
En 1791 en Inglaterra aparentemente se iniciaron las primeras medidas encaminadas a aplicar la inseminación artificial a solicitud de parejas con problema de esterilidad y sin embargo parece que no tuvieron éxito y, para 1897 el Santo Oficio les impuso una oposición formal: non licere. El tribunal de Bordeaux había antes (1883) emitido una condena previa al decir que “la inseminación artificial repugna a la ley natural, puede constituir un verdadero peligro social e importa a la dignidad del matrimonio que semejantes procedimientos no sean trasladados del terreno de la ciencia al de la práctica.”
Actualmente consideramos que no representa un problema mayor tanto jurídico como ético-filosófico el que una pareja con problema de esterilidad recurra a la inseminación artificial empleando sus propias células germinales, ya que el hijo concebido así, será realmente su hijo biológico y afectivo.
La controversia se suscita cuando en la procreación artificial se hace participar a un donante y/o una madre de sustitución, porque se ponen en tela de juicio la maternidad-paternidad, el derecho a la filiación, las estructuras de la parentalidad, y la representación del hijo en la sucesión de las generaciones, además de que coloca al cuerpo humano como una posible opción inaceptablemente negociable, esto es, que pudiera estar sujeta de comercio que sustituye la relación de pareja en el orden del ser con una relación en el orden del tener: el hijo se convierte entonces en la cosa de su madre, simple objeto de posesión -apunta el profesor Alain Seriaux-.
Aún cuando muchos procedimientos actualmente utilizados en el tratamiento de la o los problemas de infertilidad sean legalmente aceptados, moralmente se presentan objeciones dependiendo de razones culturales, religiosas, económicas y hasta políticas en su caso.
La Dra. López Moratalla en su libro de Deontología biológica (1987) nos dice: El desarrollo tecnológico ha acostumbrado de tal forma al hombre de la civilización actual a fabricar cualquier cosa, que se ha hecho en ocasiones difícil reparar en la gravedad que supone sacar el origen de una nueva vida humana del entorno profundamente humano de la sexualidad conyugal, para situarlo en el mundo de la técnica, donde el padre y la madre, convertidos en simples donadores de gametos, no son ya insustituibles, y lo único que queda como imprescindible es el trabajo de un técnico capacitado y eficaz.
Jacques Testard, el padre científico del primer “niño de probeta” francés (recordamos que el primer “bebé de probeta”, la niña Louise Brown nació el 25 de julio de 1978 en el Oldham and District General Hospital de Lancanshire, cerca de Manchester luego de 15 años de trabajos del fisiólogo Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe) se retiró de la investigación en 1987 con las siguientes palabras:
“El científico no es ejecutor obligado de cualquier proyecto salido de la lógica inherente de su propia técnica. Situado en el eje del remolino de las posibilidades, el investigador adivina antes que nadie la dirección de la curva que sigue, y debe tener capacidad autocrítica. La novedad trae satisfacción y hace falta mucho coraje para detenerse en la investigación comenzada..., pero sé que cuanto más se avance en estas técnicas sin una guía ética los riesgos y los percances serán mayores: no ha ocurrido nunca que un conocimiento adquirido deje de ser aplicado después.
Yo, Jacques Testard, trabajando en el campo de la procreación asistida he decidido parar y acabar con esta carrera enloquecida hacia la novedad científica, porque sé la dirección de la curva. Se pretende sacrificar innumerables vidas humanas para construir un hipotético progreso genético: primero se eliminarán embriones con enfermedades congénitas y posteriormente serán otros motivos para desecharlos: el sexo, la estatura, el color de los ojos, el color de los cabellos... Mi última aportación ha sido la congelación de embriones humanos, pero no iré más allá, ni intentaré otras marcas. Lo harán otros, pero no porque sean mejores, sino simplemente porque tienen ganas de hacerlo, de que se hable de ellos, de aparecer en la televisión. Soy plenamente consciente de que esta decisión equivale para mí a una especie de suicidio profesional”.
Cuando el ser humano -apunta la Lic. Ma. Elena Martín Alonso (1993)- pueda ser expresado ad integrum, éste quedará reducido a un objeto. La dignidad y racionalidad del hombre, único, irrepetible, incanjeable, insustituible y trascendente deberían ser permanentes, intocadas.
Todas estas opiniones tienen valor, sin embargo, no responden cabalmente al derecho humano de procrear cuando ciertas condiciones de naturaleza insalvable lo impiden. Surge entonces la posibilidad de procrear artificialmente mediante la procreática, término acuñado por los franceses para referirse a todo el espectro de la reproducción artificial o fabricación de seres humanos y que habla del derecho a tener o a no tener hijos, del derecho a la reproducción, a la libertad reproductiva, etcétera.
Es entonces necesario encontrar alternativas terapéuticas válidas a la esterilidad, compatibles con la dignidad de la procreación humana. Todo un reto para los científicos responsables de conciliar la ciencia y la ética.
En México se estima actualmente que hay un millón y medio de parejas con problemas de fertilidad y acaba de promulgarse en el Distrito Federal la Ley de Gestación Subrogada que fue aprobada el 29 de noviembre del 2010. Esta ley entrará en vigor a partir del mes de enero de 2011 y ha sido producto de esfuerzos conjugados que se han venido gestando desde años atrás. Recuérdese el documento titulado: Maternidad Subrogada, que emitió en el 2008 la Cámara de Diputados de la LX Legislatura a través del Servicio de Investigación y Análisis, Subdirección de Política Exterior, de la autora Lic. Alma Arámbula Reyes, Investigadora Parlamentaria, accesado en: http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/spe/SPE-ISS-14-08.pdf.
El tiempo y la experiencia habrán de decirnos si esta ley, similar a la que se tiene en algunos países como Australia, Alemania, Francia, Noruega y Suecia, entre otros, contribuye a hacer valer el derecho de procreación de las mujeres imposibilitadas naturalmente para ello, en nuestro país.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sobre el morir


CAPACITACIÓN TANATOLÓGICA

© Dr. Xavier A. López y de la Peña


Nuestra alma se desliga fácilmente de la tierra
cuando ve desaparecer aquellos que amamos;
la muerte de una persona querida cambia
completamente a nuestros ojos el aspecto del mundo.

Eugenie de Guerin


Afrontar a la muerte siempre ha constituido un reto enorme. ¿Cómo actuar, qué hacer, qué decir o callar ante un ser humano que ha dejado de vivir? ¿Cómo nos percibimos nosotros mismos el encontrarnos ante un congénere sin sentido vital?
Paradoja enorme enfrenta el médico ya desde sus inicios en la formación profesional. De la dedicación exclusiva por la vida en su quehacer, empieza a formarse en las primeras lecciones escolares bajo dos constructos diferentes que entretejen los ejes de su preparación y conducta ulteriores: inicia con la enseñanza en la muerte, con más propiedad, sobre el ser humano muerto y por demás fraccionado en secciones corporales en los que se busca y entiende su forma, apariencia, consistencia, sus relaciones entre uno y otro elementos. Se instruye en y sobre objetos humanos inanimados, se vuelve por tanto su mirar al ser humano en objetivante, inerte, sin sentido personal.
Luego se refrenda el seguimiento del cuerpo humano ya en la salud como en enfermedad desde una óptica ahistórica y carente de casi cualquier componente social.
Después, pero prontamente, el escolapio aprende que la muerte constituye el fracaso no infrecuente de su misma lucha por la vida y se le enseña a evadirla. Cesa abruptamente su razón de ser ante la persona muerta y prefiere cerrar los ojos y los oídos, las puertas a su interior. ¿Fue un fracaso esperado o inevitable, o por el contrario, un desenlace imprevisto y súbito? Sea cual fuere, la consigna ineludible es que debe evitarse.
El conjunto de representaciones que giran alrededor de la muerte misma como la agonía y el duelo, no son temas a discutir y a aprender en el curriculum médico. Ello se consigue a pulso, sin la formación adecuada.
El profesional de la salud, el técnico y el administrativo que guarden relación con el hacer médico deben entonces capacitarse sobre la agonía, la muerte y el duelo de los seres humanos para dar respuesta a estas necesidades insatisfechas de la población.
La muerte constituye no solamente la cesación de una vida sino la pérdida de un ser humano dentro de un cuerpo social.
La noticia sobre una muerte próxima o la ya consumada implican necesariamente el establecimiento de una comunicación entre 2 o más personas y que debe atender a diferentes contenidos. Uno de ellos es el informativo, simplemente dar la noticia. Este elemento debe permearse, no obstante, con sensibilidad ante un evento doloroso por sí mismo. El comunicador debería estar preparado y manejar ciertas destrezas para que la comunicación fluya sutilmente ya que no siempre se hace en el mismo tiempo y forma. Ello depende de la persona con la que interactúa, sus necesidades propias, las expectativas, sus sentimiento de pérdida, su participación (si la hubo) en el mismo proceso del morir, su preparación personal, su forma de responder tanto de manera verbal como no verbal, el ámbito en que el suceso se da y más.
Otro elemento a considerar en la comunicación es el orientador. ¿Qué hacer con la persona por morir o muerta? ¿Qué hacer ahora que un ser humano se ha perdido? ¿Qué hacer y harán los que se quedan? No se trata sólo de decir que se tiene que hacer determinado trámite ante la oficina del Registro Civil, de requisitar un formulario especial para obtener el Certificado de Defunción y/o de dar aviso a una determinada agencia funeraria. El apoyo psicológico juega un papel muy importante en la orientación ante la pérdida y responde, también de forma personalísima, a las necesidades del interlocutor. El aplomo en el control de la situación, el reconocimiento de la angustia, la frustración, el enojo, la resignación y otras manifestaciones de la persona que enfrenta la pérdida, requieren de la sutileza del comunicador para disminuir tensiones. A veces se requieren de muchas palabras, gestos y acciones, otros más de largos y quizá únicos silencios.
La muerte y sus pormenores, su preparación para afrontarla, da a quien la enfrenta una formación actual en nuestro medio empírica, sobre la marcha, no se obtiene una formación especializada como se propone.
La situación mortal debe reconocerse, si ello es posible, y afrontarse. Ciertamente un desenlace no esperado como el que se presenta con la muerte de un pequeño o un joven en plenitud de vida aparente, improntan e impresionan más a quienes le rodean que el deceso en un anciano aquejado de un mal incurable conocido hacía poco tiempo atrás. Podría decirse que el primer caso tuvo un desenlace inoportuno que lleva así mismo todo un bagaje de incomprensión en el orden temporal difícil de asimilar y entender, en tanto que el segundo caso ilustra un deceso esperado, ya temporalmente y racionalmente asimilado.
¿Qué debe hacerse para enfrentar al agonizante, al muerto y a los dolientes? Quizá el primer elemento a considerar sea el de adoptar una mentalidad abierta, receptiva a las personas y las situaciones que les rodean. Que mejor enseñanza se podrá tener que la de enfrentar a los casos reales bajo la tutela de un capacitador experimentado. Alguien que enseñe sobre la muerte, que ofrezca capacitación tanatológica.
Recuerdo una técnica utilizada por nosotros como herramienta en el proceso de la enseñanza-aprendizaje que nos llevaba de la práctica a la teoría y luego nuevamente a la práctica en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud del IPN. Esta fórmula nos enfrentaba con la realidad (práctica) para luego llevarnos a su discusión y análisis en el gabinete a nivel multidisciplinario (teoría) y, ya con propuestas de cambio metodológicamente estudiadas eran llevadas para su implementación en el terreno (práctica) nuevamente. Pues bien, este modelo es ideal para la capacitación tanatológica.
El cuadro del morir, que incluye su antes y después, puede ser discutido y analizado con enorme provecho bajo esta óptica. Con ello, quien enfrente el reto sabrá qué hacer o dejar de hacer ante la pérdida real o en potencia de un ser humano.
Pequeñas tareas rodean el hacer sobre la muerte que revisten, sin embargo, una importancia considerable como la privacía. Nada hay como favorecer un ámbito en confidencia, porque pocas cosas y sucesos hay que demanden tan personalísima atención. Comodidad: la tensión suele disiparse y liberarse con facilidad si se dispone de elementos que brinden comodidad a los interlocutores. Sentido común y de equipo entre los diversos actores en torno a la pérdida, cada uno de ellos asumiendo el papel y cumpliendo con las responsabilidades que le competan. La muerte de las personas involucran directa e indirectamente a los deudos, el personal de salud, y a una amplia gama de administrativos particulares y oficiales.
No hay respuestas concretas a situaciones determinadas; hay actitudes asimiladas con buen o mal sentido proyectivo. La sociología de la muerte puede ser ajena a las etapas del morir señaladas por la Dra. Elizabeth Kübler-Ross que comprenden la negación, el enojo, la ira, la envidia, la aceptación y resignación, y la respuesta de los deudos tampoco modelarse unívocamente.
Sin embargo, tanto al agonizante como a los deudos debe enfrentarse. El personal de salud ha sido entrenado por las breves razones que arriba mencionamos a evitarlo. Es difícil que alguien se pueda, y de hecho se haga, cargo del asunto. El tema se evita y se burla la atención derivándola hacia otra u otras personas, si ello es posible. El personal de salud está estructurado para el mantenimiento objetivo de la atención hacia los problemas de salud, hacia la vida, no hacia el morir o la muerte.
La muerte debe ser entendida como parte de la misma vida, su fenomenología debe ser descubierta, disecada y expuesta a la luz del entendimiento. Debe desmitificarse. La capacitación tanatológica es una necesidad, no cubierta, en la formación profesional de quienes le enfrentan con más frecuencia: el personal que provee servicios de salud.