martes, 1 de octubre de 2019

Centenario Luctuoso del Dr. Jesús Díaz de León Ávila.


Conmemorando al Dr. Jesús Díaz de León Ávila.1851-1919.


“La conquista propia es la más grande de las victorias.” Platón


             Sirvan estas breves líneas para recordar al ilustre aguascalentense, Dr. Jesús Díaz de León Ávila,1 a cien años de su defunción. Prohombre que dedicara su vida a la búsqueda, comprensión y divulgación del conocimiento en múltiples campos.
             Jesús Díaz de León Ávila fue médico, historiador, docente, escritor, impresor, editor, poeta, político, naturalista, etnólogo, filólogo, sociólogo, zoólogo, geólogo, traductor, lingüista y divulgador de la ciencia.
             Fue un expósito que nació en Aguascalientes, Ags., México, el 1 de noviembre de 1851,…hijo -según registrara el profesor Alejandro Topete del Valle-, del señor F. Alonso y de la señora J. Gómez. De este matrimonio nacieron siete hijos a saber: Pedro, Ángela, Dolores, Eduarda, Néstor, «Jesús, nuestro sujeto» y Margarita. Por penosas circunstancias derivadas del uso inmoderado del alcohol, su padre le rechazó agresivamente y, apenas recién nacido fue llevado y dejado a las puertas de la casa del Dr. Rafael Díaz de León y Dominga Ávila quienes le tomaron en adopción.
             Creció en el seno de una familia y un entorno católico conservador, en un estado que contaba con 79,000 habs., mayoritariamente rural en el que se registraba una gran morbimortalidad causada por enfermedades infecto-contagiosas.
             En el curso de su vida fue testigo de grandes acontecimientos nacionales como la Guerra de Reforma 1858-1861, la intervención francesa 1862-1867 y de la Revolución Mexicana 1910.
             Cursó estudios elementales en Aguascalientes al lado del profesor José María Guerrero, hombre de rectitud, probidad y honradez intachable, creyente católico cabal y muy respetado en la comunidad.
             A los 10 años de edad murió su padre adoptivo dejándole como herencia (entre otras cosas) la Hacienda “Gracias a Dios”, terrenos en Tortuguillas, una casa en la esquina de Nieto y Galeana, alhajas de la familia, onzas de oro, encajes de Milán y Brujas, brocados, mantillas, mantones y más que vendió para comprar libros, incunables en códices, en infolios, en biblias venecianas y políglotas, en enciclopedias, en antologías y libros en su idioma original de todos los clásicos griegos y latinos, hebreos y sánscritos, en equipo de laboratorio químico y de botica, en aparatos astronómicos y para su gabinete de historia natural. Invertía sus recursos en todo lo concerniente a la ciencia. En su sección de diccionarios tenía hasta una edición de chino.
             En 1870 fue alumno en el  Liceo de Varones de Guadalajara donde  estudió con el profesor Lázaro Pérez Gutiérrez (1817-1900),  químico farmacéutico, meteorologista y pedagogo; que impartía clases de química, farmacia, sociología, física, botánica y legislación farmacéutica.  Aprendió también  en esta época inglés, francés e italiano.
             El día 31 de enero de 1876 se recibe de Médico Cirujano y Partero en la Universidad de Guadalajara, siendo aprobado por aclamación en el examen de Academia y por unanimidad en el de Clínica Interna, Externa y Partos. También aprende alemán.

             Su desarrollo intelectual se forjó en estas instituciones que, aunque religiosas, estaban permeadas por las ideas positivistas de Augusto Comte; siguiendo la razón y la ciencia como únicas guías de la humanidad, capaces de instaurar el orden social sin apelar a lo que él considera oscurantismos teológicos o metafísicos. A partir de entonces, el Dr. Díaz de León, reconoció e interpretó los fenómenos de la naturaleza en base a la razón, guiándose por el paradigma científico para conocer y aprehender el mundo.
             Profundizó en el  latín, griego, francés, alemán, inglés, hebreo, italiano, sánscrito y volapuk.
             En 1872 publica sus primeras obras, hoy perdidas: El calor animal, La Vacuna, La vida Fisiológica y La vida psíquica.
             Regresa en 1876 ya como médico y cirujano a Aguascalientes y se incorpora como catedrático en el Instituto de Ciencias con las asignaturas de raíces griegas y latinas e historia natural.
             En 1878 funda con otros personajes el Liceo de Niñas e introduce en sus planes de estudio las asignaturas de: Historia del arte, telegrafía, astronomía, botánica, zoología, historia de la civilización y fotografía.
             En 1879 obtiene un Diploma en Aguascalientes y Medalla de segunda clase en Guadalajara por sus muestras de opio y se desempeña como catedrático de Filosofía en el Colegio de San Ignacio, en Aguascalientes.
             Contrae matrimonio con la señorita Ángela Bolado en 1880 y es nombrado director del Hospital Civil de 1878 a 1881.
             Recibió a lo largo de su vida múltiples premios, reconocimientos, condecoraciones y membresías de sociedades científicas, humanitarias y literarias de países como Italia, Francia, Inglaterra, España, Portugal, Austria, Baviera, India, Estados Unidos, Alemania y México.
             En 1880 laboró temporalmente en Torreón y Gómez Palacio, Dgo., en la compañía minera Peñoles. La prensa local así lo reconocía:

“Para nadie en Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, es desconocida la personalidad o el nombre de este eminente y digno discípulo de Hipócrates, porque el último aún se conserva escrito y deseáramos que allí se conservara, siquiera para un recuerdo grato a los que tuvimos la inmerecida honra de tratarlo, en las vidrieras del Consultorio Médico, de la Botica Internacional del señor Francisco Villanueva, en este lugar lo mismo que en su sucursal establecida en Lerdo, del mismo propietario”.

             ¿Cómo era el Dr. Jesús Díaz de León Ávila? El contemporáneo y colega suyo, Dr. Manuel Gómez Portugal Rangel, así le describió:

De carácter poco seco, sin ser huraño; serio sin esa seriedad repugnante de la misantropía; grave, sin la gravedad de la petulancia y de la necedad, y por último, retraído, no por orgullo como muchos lo creen, sino porque prefiere a las ocupaciones frívolas muchas veces de la sociedad, las que proporcionan el estudio y la observación de la naturaleza.
Es un trabajador infatigable; las horas que le deja libres el ejercicio de su profesión, las emplea en el estudio y la meditación y todavía le roba otras al sueño para continuar sus trabajos del día; posee una biblioteca selecta, y es de verlo en su gabinete de estudio, que es como si dijéramos su Sancta - Sanctorum, …medio perdido entre los libros y los papeles, los periódicos y los cuadernos que recibe de todas partes del mundo, leyendo, tomando notas, haciendo acotaciones, contestando correspondencia, en una palabra, haciendo y llevando a cabo toda esa labor silenciosa pero eminentemente práctica, que hacen y llevan a cabo los que contribuyen de buena fe y voluntad firme, al progreso de sí mismos y de sus semejantes.
Como hombre público es de una rectitud y de una fidelidad intachable, siempre dispuesto a cuanto tiende a implantar el progreso en su suelo natal; entusiasta por la instrucción pública, ya en el Congreso, ya en las relaciones con el Ejecutivo,…nunca deja de abogar por ella, de consagrarle sus afanes, de iniciar mejoras, de perfeccionarla, de ensancharla y de llevarla hasta las últimas clases sociales. Por fortuna, en este punto goza de todo el apoyo del actual Gobernador, D. Alejandro Vázquez del Mercado, hombre progresista y enérgico y de gran elevación de carácter y de inteligencia.
          Para los que conocen la vida monótona y pasiva, sin ambición y casi sin esperanza que se arrastra por desgracia en la mayor parte de nuestros Estados, y esto por causas que no podemos examinar aquí, como lo sabemos nosotros, de aquél que por un trabajo ímprobo pero siempre noble, procura salir del quietismo de la ignorancia y elevarse un poco sobre el nivel medio; para los que saben esto repetimos, no les extrañará que al Dr. Díaz de León se le vea como una especie de ser raro y extraño, con sus ribetes de descreído y casi como dejado de la mano de Dios.

             Su clientela particular era numerosa; también elaboraba y publicitaba sus propias fórmulas terapéuticas.
             Fue gobernador interino en 1891 e interino constitucional de diciembre de 1891 a diciembre 1893. Diputado propietario en el Congreso de 1877-1879, 1889-1891, 1891-1893 y 1901-1903. Diputado suplente en 1885-1887 y 1887-1889. Diputado federal propietario en 1880 y suplente en ocho períodos del año 1886 a 1910.
             Editó ininterrumpidamente (1884-1907) ¡durante 23 años! la revista mensual “El Instructor”, con temas de literatura, ciencia, religión, cultura, lingüística, agricultura, poesía, filosofía y muchos temas más.
             Publicó muchos libros, entre 50 de ellos destacamos los siguientes:
             En 1891 El cantar de los cantares de Salomón edición heptaglota en hebreo, griego, latín, alemán, francés, inglés y español.
             En 1892 Apuntes para el estudio de la higiene en Aguascalientes, en colaboración con el Dr. Manuel Gómez Portugal.
             En 1892 Anatomía artística y Curso de raíces griegas.
             En 1894 Apuntes para una tesis sobre la inmortalidad del alma. Libro comentado por
Emeterio Valverde Téllez  (1864-1948), obispo de León, Gto., en su Crítica filosófica o estudio bibliográfico crítico de 1904, quien señala sobre el autor, entre otras, que:

…por desgracia ha sido víctima o de los malos libros o de la propia alucinación, en puntos filosóficos de gran trascendencia. Y dice  (Don Emeterio) que la inmortalidad del alma… es una verdad revelada y que los excéntricos que la niegan, son sólo ruines desequilibrados con vocación de manicomio.
             1895. Compendio de Etnología General,  Bosquejo sobre la filosofía esotérica de las religiones de la antigüedad y Curso de raíces latinas.
             1896. Nociones elementales de agricultura.
             1897. El cerebro y sus funciones.
             1899. El libro del hogar y Nociones de botánica.
             1904. Lecciones de cosas e Índice de batracios.
             1905. Catálogo de los mamíferos de la República Mexicana.
             1907. Historia natural aplicada.
             1911. Concepto de indianismo en México.
             1913. Lamentaciones de Jeremías.

             El Dr. Díaz de León, tenía familia, mujer y cinco hijos, y el trabajo del pensamiento, el aislamiento y el silencio, no le daban para subsistir. La vida moderna –refiere su hijo José Rafael- no se une a la del espíritu y le faltó la riqueza para darse el regalo de producir, de superarse en medio del silencio y del aislamiento.
             En 1901, es llamado por el Gobierno Federal y se le nombra profesor de Historia de las Ciencias en la Escuela Nacional Preparatoria de la capital de la República; distinción que aceptó el señor Dr. Díaz de León, con mucho gusto, para contribuir al adelanto de la juventud que se educa en los diversos colegios de la Metrópoli.
             En 1910 recibió el grado de Doctor ex oficio por parte de la Universidad Nacional.
             En 1911 es nombrado director del Museo de Historia Natural.
             En 1914 junto con otros 51 profesores universitarios, promovió la autonomía y laicidad de la Universidad Nacional de México, acorde al siguiente documento…

Proyecto de Ley de Independencia (Autonomía) de la Universidad Nacional de México, cuyo Artículo 1º. Asienta:
Se decreta la independencia de la Universidad Nacional de México, en consecuencia, no dependerá en lo sucesivo del Gobierno Federal, que se concretará a garantizar su autonomía y a ministrarle los fondos indispensables para su subsistencia y desarrollo. En todo caso las enseñanzas que la Universidad imparta serán laicas.

             En 1915 la biblioteca que llegó a reunir a lo largo de unos veinte años fue totalmente saqueada cuando entraron a Aguascalientes las fuerzas revolucionarias al mando del General Fuentes Dávila. No se recuperó nada y parte de ella fue destruida por analfabetas que vieron en los caracteres de los viejos libros obras de hechicería o los vendieron para envolver kilos de manteca o de cereales. Otra parte, valorada por ojos menos analfabetas, fue llevada al extranjero.
             Finalmente, a los 67 años de edad, el día 26 de mayo de 1919 a las 11.05 hrs., murió a causa de una infección intestinal, en su casa de la calle de Regina No. 59 de la ciudad de México. Le sorprendió una anemia cerebral profunda y una colitis repentina agravó el caso. En su lecho de muerte su amigo, compañero y médico de cabecera, Dr. Manuel González de la Vega Hornedo, al aprestarse a ponerle una inyección - el Dr. Díaz de León le preguntó- ¿de qué, Manuel? De esto –respondió-, para que se anime doctor. No -contestó-, ya no Manuel, deje que “esto” venga luego. El Dr. González de la Vega comprendió entonces que su gran amigo y compañero se aprestaba a morir.

             En Aguascalientes  se informa (El Republicano, 1 de junio de 1919) escuetamente de tan desgraciada noticia:

Dejó de existir en la capital de la República, el sabio Doctor don Jesús Díaz de León, hijo distinguido de este Estado.

             El Dr. Díaz de León dejo inconclusas las siguientes obras:
             1. Gramática Hebrea.
             2. Los Amores de Eros. Poema mitológico.
             3. Los Orígenes del Alfabeto. Estudios filológicos.
             4. La Ruta de los Pueblos. Estudio sociológico.
             5. Filología Clásica. Resumen de las clases de 1º. y 2º. año de Filología, como profesor de la materia en la Escuela de Altos Estudios.
             6. El Libro de Ruth. Análisis gramatical del hebreo al español. Versión libre.
             7. Profecías de Malaquías. Análisis gramatical del hebreo al español. Versión libre.
             8. Profecías de Ageo. Análisis gramatical del hebreo al español. Versión libre.
             9. Profecías de Osadías. Análisis gramatical del hebreo al español. Versión libre.
             10. La Lengua Hebrea.
             11. Estudios Filosóficos.
             12. Los Colibríes de México. Estudio ornitológico.
             13. Elementos de Álgebra.

             En su semblanza, su hijo José Rafael, trató de conciliar la imagen antirreligiosa que algunos biógrafos daban de su padre diciendo que él era:

Instruido, empapado en aquél misticismo escolástico y al mismo tiempo en aquél escepticismo médico que reinó a fines del siglo XIX y principios del XX, ni abandonaba la creencia por la ciencia, ni dejaba de cultivar ésta, sin perjuicio de ser tan ortodoxo como el que más lo fuera.
No, el Dr. Díaz de León desoyó la “Ley de los Tres Estados” que cita su biógrafo y pasó a mejor vida mostrando en sus manos un crucifijo, en vez de la “Cartilla Comtiana”.

             Trece años después de su muerte, el 30 de mayo de 1932, el Sr. Manuel M. Zavaleta, de la Dirección de la Acción Cívica de la capital de la República, se dirigió al C. Presidente del H. Congreso del Estado de Aguascalientes diciendo que, en honra y memoria del ilustre sabio aguascalentense Dr. Jesús Díaz de León, se le solicita se le dedique en la misma ciudad una calle con su nombre. Refiere -además- que la obra completa de este médico la va a publicar la Secretaría de Educación: serán 50 tomos, sobre filología, filosofía, medicina, ciencias físicas y naturales, historia general y patria, religiones, etc.,  obra que nunca llegó a cristalizarse.

Colofón:

             Para terminar, debe reconocerse y decirse con gran orgullo que el Dr. Jesús Díaz de León Ávila, es el expositus aguascalentense más grande que proyectara su luz desde el centro de la República a México y al mundo en las postrimerías del siglo XIX, y cuyo brillo no se extinguirá jamás. Un polifacético prohombre liberal encerrado en sí mismo y atormentado por dar respuesta al eterno ¿cómo?, ¿por qué? y ¿para qué? de su propio tiempo y circunstancia con la herramienta de la razón.
             La memoria histórica de México le recuerda y deberá recordarla siempre. Sus propias palabras pueden servir para construir su epitafio:

El hombre que consagra su vida al progreso de la ciencia, bajo cualquier aspecto que se la considere o en cualquiera de sus importantes ramificaciones, es acreedor al título de benefactor y la sociedad cumple con un deber de justicia inscribiendo su nombre en el libro de los inmortales.


1 . Xavier A. López y de la Peña. Historia de la medicina en Aguascalientes. Universidad Autónoma de Aguascalientes. Aguascalientes, México 2018, pp. 701-726.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Anestesia en Aguascalientes.


EL ÉTER
 EN AGUASCALIENTES.
  
Dr. Xavier A. López y de la Peña

 El dolor es una manifestación que nos hace reconocernos, es también, una expresión sensorial indicativa de que “algo” en el organismo no marcha bien.
El ser humano desde tiempo inmemorial ha tratado de controlar y combatir el dolor en cualquiera de sus manifestaciones, ya como síntoma de una enfermedad o para lograr un estado de insensibilidad para poder realizar algún procedimiento quirúrgico necesariamente doloroso.
Para este último propósito sabemos que ya los asirios alrededor del año 3000 a. de C. recurrían a un método eficaz aunque ciertamente muy riesgoso: comprimir las arterias carótidas a nivel del cuello para provocar en la persona una isquemia cerebral que le llevara a la inconsciencia transitoria y con ello poder realizarle alguna intervención quirúrgica.
Los antiguos egipcios por allá del año 1000 a. de C. conocían y utilizaban la adormidera o amapola (planta papaverácea de hojas hendidas y grandes flores rojas o blancas, originaria de Oriente y de cuyo zumo se extrae el opio) como inductor del sueño o narcótico y productor de insensibilidad al encontrarse bajo sus efectos. Como paréntesis y sobre esta planta, merece aquí nuestro reconocimiento al ilustre médico poeta, naturalista, lingüista, ensayista etc., aguascalentense Jesús Díaz de León Ávila (1851-1919) quien en 1878 obtuvo reconocimientos por parte del Ministerio de Fomento y de los Jurados en las Exposiciones de Aguascalientes y Guadalajara, por sus muestras del primer opio recolectado por él en México1.
Hipócrates, el llamado padre de la medicina, empleaba por los años 460-377 a. de C. la llamada “esponja soporífera” que contenía una preparación de opio, beleño y mandrágora2.
El filósofo español Ramón Lull en el siglo XIII y Paracelso (1493-1541), combinaban ácido sulfúrico con alcohol caliente dando como resultado éter sulfúrico que, al inhalarse era capaz de producir un sueño profundo, sin embargo, no apreciaron sus propiedades como verdadero anestésico y habrían de transcurrir unos trescientos años más para que, seguido por los estudios del médico norteamericano Crawford Williamson Long (1815-1878) quien se había dado cuenta de que las personas que inhalaban el éter (este producto se utilizaba en su época como una “droga recreativa” en las fiestas) se producían lesiones sin percatarse de ello, le llevó a utilizarlo como anestésico propiamente, quitando exitosamente unos quistes sebáceos en el cuello a un muchacho en 1842; publicó posteriormente sus experiencias en el Southern Medical and Surgical Journal de 1849. El crédito histórico, sin embargo, se le otorgó al dentista norteamericano de Boston, William Thomas Green Morton después de la conocida demostración pública que hizo el 16 de octubre de 1846 en el Hospital General de Massachussets3.
La anestesia con éter marcó un capítulo brillante en la historia de la medicina mundial al lograrse un anestésico que permitiera abrir el campo de la cirugía, ahora sin temor al terrible y muchas veces insoportable dolor.
Aguascalientes no se mantuvo a la zaga de tan importante acontecimiento y utilizó, en manos de sus médicos, este notable recurso de manera exitosa, marcando con ello una primicia médica estatal en el año de 1847.
Para ese año del cuarenta y siete con el país enfrentando la agresión norteamericana, la ciudad de Aguascalientes contaba con una población estimada en 20,000 habitantes y el Ayuntamiento daba cuenta de 1918 niños bautizados y haber dado curso a 1660 entierros. Las causas de mortalidad dadas a conocer en 1649 por casos específicos la encabezaban los problemas infecciosos como era de esperarse: El primer lugar lo ocupa el sarampión con 437 defunciones (la quinta parte de los niños bautizados), seguidos por la Alferecía (convulsiones) 199, Tos 148, Cólico 133, Empacho (diarrea – enteritis) 132, Inflamación 129, Diarrea 124, Fiebre 107, Dolor de costado 96, Hidropesía (cirrosis) 36, Reumas 34, Parto 30, Apoplejía 17, Ictericia 16 y Heridas 11.4,5.
Bajo este escueto panorama, el día 20 de noviembre de 1847 fue realizada en Aguascalientes la primera anestesia con éter de acuerdo con la nota publicada en El Patriota, Periódico Oficial del Estado de Aguascalientes, del 27 de noviembre de 1847 y que a continuación reproducimos con correcciones ortográficas básicamente:6

Operación practicada bajo la influencia del Éter, con el aparato de insensibilidad.
El día 20 el Sr. Rivera, asociado de los Sres. Rodríguez, Rayón y Cierra, amputó el brazo izquierdo a una mujer de 56 años de edad, y en ella es la 1a. en que ha usado el aparato de insensibilidad por medio de las aspiración de éter, y sobre cuyo aparato tanto se ha escrito en pro y contra. Se preparó con 8 onzas de éter y se colocó para que la paciente lo aspirase. El ser la primera vez que se usaba el aparato, hacía que el facultativo procediese sin la confianza de la certeza, y sin la habilidad que da la práctica, de manera que todo era imperfecto. Bajo estos auspicios comenzó la operación, y tan luego como la paciente aspiraba éter y comenzaba a sentir los primeros síntomas de la embriaguez, hablaba, gritaba y aun lloraba aspirando el aire que nulificaba la influencia del éter. Así concluyeron las 8 onzas sin dar resultado, por lo expuesto; mas se dio observación al facultativo, que determinó cargar de nuevo el aparato con 4 onzas de éter, y que si concluidas no se conseguía la insensibilidad de la paciente, se procediese de todos modos a la amputación del brazo.
Comenzó la aspiración de este 2°. éter del mismo modo que la del primero, pero estaba al concluirse cuando a la paciente se le obligó a que se aspirase sin interrupción, y a los 8 minutos se observó que había en ella mucha fatiga, se quejaba, lloraba y aun gritaba, y entonces habiéndola pellizcado, vimos que no sentía, creímos ya conseguido el efecto de la insensibilidad y no nos engañamos, pues se le dio una ligera cortada y no la sintió, y en el instante se le amputó el brazo izquierdo, sin dar mas muestras de sensación que las que antes estaba dando, llanto, gritos y desasosiego, efecto de la embriaguez de la eterización. La operación fue felizmente terminada y la eterización siguió lo mismo después como por una hora. Se recuperó la paciente, entró en calma y dijo, que nada había sentido, ni nada le había dolido: que se acordaba cuando le aserraron haber sentido una cosa amorosa, y que cuando le ligaron las arterias conocía que le estiraron una cosa pero que le era sabrosa. Objetándole que debió haberle dolido mucho, pues gritó, lloró, y se inquietó o fatigó, respondió, que ella no se acordaba haberlo hecho, y que si lo hizo seria porque estaba borracha, y que como nunca lo había estado sentía cosas muy feas. De este hecho rectamente inferimos: 1°. que la acción del éter en esta enferma, determinó una fuerte embriaguez; 2° que esta embriaguez fue causa del llanto, gritos, fatiga y desasosiego de la paciente, antes, durante y después de la operación; 3° Que se produjo una perfecta insensibilidad en la misma operación por confesión de la paciente, y que la amputación se practicó sin conciencia; 4°, por último, que con la aspiración del éter sin interrupción y con practica en el manejo del aparato, la insensibilidad se producirá a una media hora, y con 4 onzas de éter.
Se ha referido el caso tal cual ha pasado en el honor del facultativo operante, y para que de él deduzcan las inferencias a que dé lugar, los médicos prácticos en el uso del aparato de insensibilizar, y para que por ellos sea tratado este punto tan interesante en cirugía.

¿Quiénes fueron los protagonistas de este jirón de la historia médica en Aguascalientes? Por el orden en que fueron descritos la encabezó el Sr. Guadalupe Rivera, facultativo médico como se le llamaba, y político muy activo que ocupó -entre otros muchos puestos- un lugar como diputado en el Congreso del Estado en 1846 y venía ejerciendo su profesión cuando menos desde 1835 en Aguascalientes. En seguida se menciona al Sr. Rodríguez, en referencia a don Atanasio Rodríguez Ramírez, activo y muy conocido farmacéutico local que anunciaba la farmacia de su propiedad en los siguientes términos ya sin correcciones ortográficas:

AVISO en “El Patriota” de 1847:
El establecimiento de BOTICA, cita en la plaza de armas conosida con el nombre de RODRIGUEZ, se ha vuelto a abrir con un exselente surtido de medicinas nuevas y selectas, que espenderán al público y a las personas que deseen igualarse a precios muy cómodos, obserbando la esactitud debida en el despacho de resetas, para que obren con la energía apetesible contra las enfermedades a que han sido aplicadas7.

Este hombre fue descrito por don Agustín R. González como “un hombre de pueblo, farmacéutico y médico sin título, no muy conocedor de los ramos de la administración pública; honrado, devoto, de trato afable y desinteresado. Tenía relaciones con casi todas las familias, era consultado por muchas de ellas, y de otras conocía hasta los secretos que le confiaban. Era popular y su popularidad crecía hasta el puesto que desempeñaba; pero irresoluto, débil, una bandería explotó a este hombre convirtiéndole en su instrumento8.” Ocupó el puesto Jefe Político del Estado de 1850 a 1853 cuando fue anexado como partido político de Zacatecas y al dejar don Jesús Terán el cargo.
El tercer personaje es el de don Antonio Rayón, gobernador interino en Aguascalientes de febrero a abril de 1862, descendiente de la familia de los héroes de la independencia y también descrito por Agustín R. González como “un hombre de baja estatura, color moreno, frente ancha, ojos pequeños. Era farmacéutico y su botica fue un club político en donde se reunían muchas personas. Rayón leía y escribía mucho. Fue liberal como pudo ser conservador, pues su temperamento flemático, su indiferencia, su escepticismo no le permitía preocuparse por nada ni por nadie. No fue hombre de pasiones y vio con frialdad, con calma cuanto pasaba. Se dejaba persuadir fácilmente, y a los terribles ataques que por la prensa le dirigían sus enemigos, contestaba con una sonrisa que nunca alteró su fisonomía. Como diputado, le era indiferente que sus proyectos de ley fuesen aprobados o reprobados. Por lo demás, era Rayón desinteresado, buen amigo y protegía a los pobres9.”
El cuarto y último personaje protagonista de este acontecimiento fue probablemente el médico cirujano José María Sierra que se anunciaba como tal y despachaba en la botica San Rafael allá por el año de 1867.
Esta primicia médica es, a todas luces, un orgullo para la anestesiología nacional y estatal ya que habla muy bien de la información y recursos que tenían nuestros médicos y farmacéuticos, y parece ser la segunda en el país realizada por mexicanos si se considera que la primera anestesia con éter en México conocida hasta hoy, se hizo en Yucatán el 12 de junio de 1847 por el Dr. José Matilde Sansores en el Hospital de San Juan de Dios al realizar una amputación de la mano izquierda en la persona de José María Juchim y cuya descripción está consignada en el diario “El Noticioso de Yucatán” fechado el 15 de junio de 1847.10
La primera anestesia con éter en Aguascalientes es, ciertamente, una lasca histórica orgullosamente aguascalentense.


1. El Instructor, 1 de agosto de 1894, páginas 6 y 7.
2. Luis F. Higgins G., César Cortez Román. Cronología de la historia de la anestesia. Tomado de: http://www.anestesia.com.mx/histor2.html el 10 de julio de 2001.
3. Westhorpe R. William Morton and the first successful demostration of anestesia. Anaesth Intens Care 1996;24:529.
4. El Patriota, Periódico Oficial del Estado, 29 de enero de 1848.
5. Secretaría de Economía. Catálogo de las sinonimias populares mexicanas de las enfermedades y su clasificación conforme a la clave internacional detallada. México 1956.
6. Xavier A. López de la Peña. Primera anestesia con éter en Aguascalientes, México. Gac Med Mex 2001;137(1):85-86.
7. El Patriota, Periódico Oficial del Estado, septiembre 3 de 1847.
8. González Saldaña, Agustín Rómulo. Historia del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes. México. 4a. Ed. 1992. pág. 170.
9. González Saldaña, Agustín Rómulo. Historia del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes. México. 4a. Ed. 1992, págs. 206-7.
10. Carlos Sáenz Larrache. ¿Es la primera anestesia por inhalación administrada en Yucatán, la primera en la República Mexicana?  Rev Mex Anest 1985;8:151-154.

jueves, 1 de agosto de 2019

Física o metafísica.


ES O NO ES.


Deepak Chopra comenta: Todo lo que está mal en el mundo se debe a que
la ciencia ha evolucionado sin incluir a la espiritualidad.
Richard Dawkins contesta: El oscurantismo ideal, [es] el verdadero enemigo de la ciencia,
 si viene de la religión o de la voluntad.

Palabras de estos dos personajes en la confrontación que sostuvieron
en el Complejo Cultural Universitario (CCU) de la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla (BUAP), en el marco de la sexta edición
de la Ciudad de las Ideas (CDI).
Puebla, Puebla, México, 9 de noviembre de 2013.

Dr. Xavier A. López y de la Peña

             El mundo de las ideas, en términos muy simples,  gira en torno de dos supuestos. Lo que se conoce y lo que se desconoce. Todos nosotros nos manejamos cotidianamente entre ambos extremos. Conocemos el espectro de la luz al descomponerse a su paso por un prisma como demostrara Isaac Newton desde 1666, y que la longitud de onda de la luz roja equivale a unos 645-700 nm en tanto que la violeta corresponde a 44 nm; que la velocidad de la luz en el vacío se desplaza a 299 792 458 m/s1 y sabemos también la posición precisa que diversos aminoácidos guardan en la estructura de la insulina humana, la hormona que interviene en la homeostasis de la glucosa, entre muchas otras cosas.
             Desconocemos sin embargo, qué es la conciencia y dónde radica, o porqué un grupo ordenado y extraordinariamente complejo de macromoléculas se llegan a integrar y se “activan” en lo que conocemos simplemente como “vida”, por mencionar sólo unas pocas incógnitas.
             Un ejemplo sobresaliente para ilustrar este negocio sobre el ordenamiento de lo que conocemos y lo que desconocemos (lo palpable o impalpable, dicho de otra manera) lo tenemos en la historia al recordarnos que, al clasificar los escritos que hiciera Aristóteles para darlos a la publicidad en Roma, Andrónico de Rodas, el filósofo peripatético griego del siglo I a.C, tropezó con la dificultad de asignarles un título acorde con el tema de que trataban algunos de ellos; para no quebrarse más la cabeza, decidió que los títulos que no se referían a la física, a hechos concretos, se integraran en un grupo aparte bajo el nombre de meta ta physika, es decir, “después de la física”2 para incorporarse luego en el término conocido por metafísica. Hoy, la moderna metafísica se acepta como un método, un procedimiento o un conjunto de pensamientos o consideraciones profundos que se realizan acerca de un tema de forma especulativa.
             El quehacer diario de la humanidad en su conjunto sigue rigiéndose, sin embargo, entre certezas e incertidumbres. El vivir es decidir constantemente ante la incertidumbre que da la vida. El ser humano antes que ocuparse de sí mismo se pre-ocupa por sí mismo y para ello debe actuar, debe decidir sobre qué, cuándo y cómo hacer alguna cosa. Al preocuparse por qué hacer, y haciéndolo, se ocupa a su vez en construirse a sí mismo.
             Preparar la tierra para sembrar maíz a partir de mañana -pensaría un campesino- implica, para el que lo desea hacer, tomar las providencias necesarias para ello, esto es, que se pre-ocupe y, al siguiente día, se ocupe en ello. Debe entonces esta persona tomar ciertas decisiones a seguir: proponerse el levantarse temprano al siguiente día, luego vestirse, lavarse, desayunar algo, proveerse de un recipiente con agua para resistir la temperatura elevada que prevé tener para el día siguiente, tener a mano los implementos necesarios para roturar la tierra, y luego caminar hasta llegar a la parcela que se sitúa a 5 km de distancia, etc. En lo referido, la persona tiene la certeza de lo que habrá de hacer al siguiente día, sin embargo, también existe la incertidumbre de si podrá hacerlo, tal vez porque el cielo se ha visto nublado hace unos días y podría llover, también tiene incertidumbre en saber si se logrará la cosecha del maíz que se propone sembrar porque podrían atrasarse o adelantarse las lluvias, ser muy escasas o abundantes, y más.
             La física y la metafísica en sentido amplio, se amalgaman en la vida. Con otras palabras dicho, la certeza y la incertidumbre se reúnen. Lo que se conoce con lo que se desconoce. Lo natural con lo sobrenatural. Lo que puedo con lo que no puedo controlar. Lo que sé con lo que no sé.
             El ser humano vive haciendo su propio camino en un mundo de hechos, creencias, ideas y conceptos, preocupado por su futuro entre la certeza y la incertidumbre. Los animales tienen un destino preconcebido y por tanto no necesitan preocuparse.
             Lo cierto nos da seguridad en tanto que lo incierto atemoriza, sobrecoge en algunos casos extremos y quizá hasta aterroriza. En nuestro hacer cotidiano solemos darles explicaciones a los hechos que desconocemos. Justificamos los hechos o situaciones inciertas de una u otra forma y con ello la angustia se desvanece y recuperamos seguridad, estabilidad, certeza.
             Si desconozco porqué la célula cardíaca se contrae rítmicamente y me refiero, no sólo al conocimiento que pudiera tener de los cambios en los potenciales de membrana que en ella se suscitan, de la estructura molecular de sus elementos constitutivos ni de la compleja termodinámica que ello determina, entonces debo asignar a algo la razón que “explique” porqué la célula cardiaca se contrae y ello podría ser asignado a un fenómeno sobrenatural -metafísico- o justificarlo con un simple “hasta ahora no lo sé, pero es posible que mañana pueda descubrirlo”. Si doy una u otra explicación (válida o no a la luz de la inteligencia o conocimientos de otras personas) a algo que por ahora no sé o desconozco, entonces cede la angustia y me tranquilizo.
             En el campo de la medicina suele suceder algo similar. Hace un largo tiempo tuve la oportunidad de leer un libro titulado Curación Cuántica escrito por el Dr. Deepak Chopra3, médico endocrinólogo de origen indio formado en la medicina occidental y orientado en su quehacer profesional ahora hacia la medicina Ayurvédica, la pseudociencia y la magia, eso sí, con un extraordinario éxito comercial.
             Enfoca de inmediato en su libro el conflicto entre la certeza y la incertidumbre en que el ser humano se desenvuelve al decir que la “base física de la ciencia es muy sólida, “certeza, physica” y, para un médico, sumamente convincente. En cambio, el poder de la mente es harto sospechoso “incertidumbre, metaphysica”.
             El título del libro ya es en sí mismo sugerente: Curación Cuántica. Considero que atrae y, de alguna manera, pretende explicar algo hoy inexplicable aparentemente. Ello lo hace a su vez más interesante comercialmente. La curación, que en este caso representa la certeza de que una enfermedad tenida por una persona, se esfuma y, cómo no sabe cómo, le vino en gana darle el calificativo de cuántica en consonancia con los conceptos del físico alemán  Max Planck (1858-1947) de 1900 al determinar que la radiación se compone de “cuantos”, ondas-partículas cuyo dualismo demostró ulteriormente el físico Compton.  Por radiación cuántica (se refiere a la emisión continua de energía desde la superficie de cualquier cuerpo, esta energía se denomina radiante y es transportada por las ondas electromagnéticas que viajan en el vacío a la velocidad de 3·108 m/s), se refiere al paso de un nivel de funcionamiento a otro superior. El paso o “salto” que se da cuando el enfermo -dice el Dr. Chopra- sabe o intuye que va a curarse, y siente que la fuerza responsable viene de dentro y a la vez no se limita al interior, expandiéndose más allá de sus fronteras personales, hacia la Naturaleza. Es más, un concepto clave en la charlatanería de Chopra es el concepto del Dosha o la "esencia humana del cuerpo cuántico", que al parecer se puede determinar con facilidad mediante la comprobación del pulso del paciente.4

             Este “salto cuántico” que podríamos decir, del cuerpo  (física) a la mente (metafísica) lo reúne también con el término “holístico”,  cuyos requisitos cubre de forma satisfactoria -dice también-, la medicina Ayurvédica.
             El o los efectos de la mente sobre el cuerpo son, de tiempo atrás harto conocidos. Se sabe que una persona con mente sana tiene por lo general un cuerpo sano. Que una actitud positiva, de superación ante la adversidad o una enfermedad le hace sobrellevarla de mejor forma e incluso superarla. El organismo responde afirmativa o negativamente a nivel inmunológico ante el estrés. El encéfalo, bajo determinadas circunstancias, puede liberar  “endorfinas” capaces de controlar el dolor, etc.
             No es la medicina ayurvédica, china, alopática u homeopática la que cura por sí misma. Es la certidumbre, en síntesis, que la persona cree poseer que tal o cual orientación terapéutica restablecerán el equilibrio entre el cuerpo y la mente para que el sistema inmunológico -entre otros- reaccione favorablemente. A este nivel, las células que conforman el sistema inmunológico no repararán en saber si el médico cree o no en la medicina tradicional o las otras referidas.
             En la medicina, como en todos los campos del conocimiento humano no hay nada sobrenatural o metafísico. Quizá no comprendamos ahora todos sus secretos pero a la larga, sus misterios serán revelados.             Mientras tengamos alguna incógnita sobre la naturaleza o el universo, seguiremos subsanándola con la explicación que nuestras ideas, creencias, hechos, cultura y conceptos generen. La incertidumbre entonces se trocará en “nuestra certeza” y esta sólo será cien por ciento válida a partir de la física.
             Aún en mecánica cuántica, la relación de indeterminación de Weiner Heisenberg o “principio de incertidumbre” (1927) donde se afirma la imposibilidad de reducir el error en la posición sin incrementar el error en el momento, y que ha sido leído  a menudo como que el conocimiento científico está a merced de los caprichos imprevisibles de un Universo donde el efecto no sigue necesariamente a la causa, viene a recordarnos que el Universo es más complejo de lo supuesto, como ha señalado Isaac Asimov.5

             Materia y energía6 integradas en la naturaleza de manera organizada, se presentan acumulando energía en forma ascendente y jerarquizada. Cuerpo y mente conforman una unidad de naturaleza física  tratando de comprenderse a sí misma. Somos, como dijera Carl Sagan, polvo de estrellas.


1  Asimov I. Introducción a la ciencia. Plaza y Janés, Editores. S.A. Barcelona (España) 3a. Ed. 1979 p. 316.
2  Martí Ibañez F. El hombre que miraba las estrellas. MD en Español, febrero de 1967 p. 11.
3  Chopra D. Curación cuántica. Editorial Plaza y Janés, S.A. Barcelona (España),  2a. Ed. 1991.
4 . Wiki Pseudociencia. Deepak Chopra. Consultado en internet en: https://pseudociencia.fandom.com/es/wiki/Deepak_Chopra
5  Asimov. Ob Cit. P. 349-350.
6  Césarman E. Hombre y Entropía. Editorial Pax-México, S.A.  1974 p. 28-9