miércoles, 22 de diciembre de 2010

Maternidad subrogada


MADRE DE SUSTITUCIÓN
O DELEGADA.

© Dr. Xavier A. López y de la Peña

¡Oh, hombre, ¿cuál es tu procedencia?
Eres demasiado malo para un Dios
y demasiado bueno para haber surgido del azar!

Ma. Elena Martín Alonso (1993)


Es probable que un importante número de personas desconozcan los alcances y avances que se han logrado en el terreno de la reproducción humana y que han llevado a una disociación conceptual de la procreación y de la relación sexual.
Hoy han perdido sentido las antiguas frases latinas: mater sempre certa est que otorgaba el verdadero crédito de madre a la mujer que paría un hijo de sus entrañas, y el de pater is est quem nuptiae demostrant en el que el padre es el esposo de la madre.
La fecundación y la gestación se han fragmentado de forma tal que es posible la unión de un óvulo con un espermatozoide fuera del cuerpo humano y la posibilidad de implantar a este embrión en el cuerpo de otra mujer que, dejando entonces de ser genitora se convierte ahora en gestadora. Su hijo así, realmente no será hijo suyo; esto es lo que suele conocerse como -existen otras acepciones- madre portadora, madre de sustitución o subrogada.
El campo biotecnológico aplicado a la reproducción humana así, queda abierto para la participación de personas “ajenas” a ella y puede establecerse la venta o donación de óvulos a mujeres estériles, llevar a término el embarazo con embriones de otras mujeres o gestar embriones de donantes desconocidos y otras más. Como ejemplo actual, se tiene a la compañía norteamericana llamada The Surrogacy & Egg Donation Center (www.madresubrogada.com), fundada por Theresa M. Erickson y con oficinas en San Diego, Los Angeles y Miami.
La maternidad por sustitución, -esta información nos lleva a recordar el caso de maternidad “subrogada” bíblica de Abraham cuya mujer Sarai era estéril y, en el que ella misma le propuso a Abraham que tomara como concubina a una esclava egipcia de nombre Agar de la que tuvo un hijo al que pusieron por nombre Ismael (Génesis 16:2)-, delegada o subrogada inició operaciones comercialmente en 1980 con la Surrogate parenting associates en Louisville, Kentucky, E.U.A. con un “costo” -estimado- de 15 000 dólares; aquí, las mujeres “contratadas” para gestar el hijo mediante convenio son inseminadas artificialmente con semen del marido de la mujer estéril.
Se abre también con el procedimiento descrito, una nueva forma de filiación que puede denominarse contractual, que sigue a la legítima, natural y adoptiva que daban seguridad a la transmisión genealógica.
La dimensión que ofrecen las nuevas tecnologías rebasan con mucho los campos éticos y legales de la ciencia y caen con mucha frecuencia en la transformación objetiva del asunto desde una óptica mercantil como lo ofrece el contenido conceptual de la terminología empleada: Banco de semen, gestación por cuenta ajena, alquiler de vientre, stock de embriones, procreática, ingeniería genética, maternidad subrogada, donación o venta de ovocitos, etc.
Tres elementos de enorme trascendencia están ahora en la mesa de discusión en torno a la identidad humana: la diferencia entre los sexos (las operaciones para la reasignación de sexo, como expresan psiquiatras y cirujanos, que se reducen -desde el punto de vista morfológico únicamente- a un simple cambio de los órganos genitales en una persona para asemejarse al sexo opuesto únicamente. Los hombres siguen biológicamente siéndolo pero sin pene ni capacidad generacional y las mujeres con pseudopene son incapaces de concebir.), el orden naturabilis de las generaciones (nadie como los árabes que conocen su genealogía hasta la más remota generación) que fracturan la filiación, y la inviolabilidad del cuerpo humano que hoy es sujeto de manipulación desde su primerísima célula.
Tocan a las puertas del conocimiento humano también, las posibilidades reales de llevar a feliz término la ectogénesis (embarazo llevado a cabo fuera del útero y totalmente en un tubo de ensayo) y la clonación (copia idéntica de un mismo individuo -los Dres. Briggs y King en el Instituto Carnegie en Washington los iniciaron con éxito desde 1952).
En el caso de la ectogénesis (crecimiento y desarrollo de un organismo vivo en un ambiente artificial) obtenido a partir de un óvulo y un espermatozoide anónimos ¿quiénes serán asignados como los padres? o dicho de otra forma ¿cómo se establece la filiación?, ¿la “madre” -en el absurdo- será la el útero artificial en que se desarrolló el nuevo ser? La ciencia y tecnología actuales ya están sobre los pasos de este procedimiento, y los avances en la puesta en marcha de una placenta artificial se describen ampliamente en: Development of an Artificial Placenta. Nobuya Unno. pp. 62-69. Disponible en la internet en:
http://translate.google.com.mx/translate?hl=es&sl=es&tl=en&u=http%3A%2F%2Fen.wikipedia.org%2Fwiki%2FEctogenesis
En 1791 en Inglaterra aparentemente se iniciaron las primeras medidas encaminadas a aplicar la inseminación artificial a solicitud de parejas con problema de esterilidad y sin embargo parece que no tuvieron éxito y, para 1897 el Santo Oficio les impuso una oposición formal: non licere. El tribunal de Bordeaux había antes (1883) emitido una condena previa al decir que “la inseminación artificial repugna a la ley natural, puede constituir un verdadero peligro social e importa a la dignidad del matrimonio que semejantes procedimientos no sean trasladados del terreno de la ciencia al de la práctica.”
Actualmente consideramos que no representa un problema mayor tanto jurídico como ético-filosófico el que una pareja con problema de esterilidad recurra a la inseminación artificial empleando sus propias células germinales, ya que el hijo concebido así, será realmente su hijo biológico y afectivo.
La controversia se suscita cuando en la procreación artificial se hace participar a un donante y/o una madre de sustitución, porque se ponen en tela de juicio la maternidad-paternidad, el derecho a la filiación, las estructuras de la parentalidad, y la representación del hijo en la sucesión de las generaciones, además de que coloca al cuerpo humano como una posible opción inaceptablemente negociable, esto es, que pudiera estar sujeta de comercio que sustituye la relación de pareja en el orden del ser con una relación en el orden del tener: el hijo se convierte entonces en la cosa de su madre, simple objeto de posesión -apunta el profesor Alain Seriaux-.
Aún cuando muchos procedimientos actualmente utilizados en el tratamiento de la o los problemas de infertilidad sean legalmente aceptados, moralmente se presentan objeciones dependiendo de razones culturales, religiosas, económicas y hasta políticas en su caso.
La Dra. López Moratalla en su libro de Deontología biológica (1987) nos dice: El desarrollo tecnológico ha acostumbrado de tal forma al hombre de la civilización actual a fabricar cualquier cosa, que se ha hecho en ocasiones difícil reparar en la gravedad que supone sacar el origen de una nueva vida humana del entorno profundamente humano de la sexualidad conyugal, para situarlo en el mundo de la técnica, donde el padre y la madre, convertidos en simples donadores de gametos, no son ya insustituibles, y lo único que queda como imprescindible es el trabajo de un técnico capacitado y eficaz.
Jacques Testard, el padre científico del primer “niño de probeta” francés (recordamos que el primer “bebé de probeta”, la niña Louise Brown nació el 25 de julio de 1978 en el Oldham and District General Hospital de Lancanshire, cerca de Manchester luego de 15 años de trabajos del fisiólogo Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe) se retiró de la investigación en 1987 con las siguientes palabras:
“El científico no es ejecutor obligado de cualquier proyecto salido de la lógica inherente de su propia técnica. Situado en el eje del remolino de las posibilidades, el investigador adivina antes que nadie la dirección de la curva que sigue, y debe tener capacidad autocrítica. La novedad trae satisfacción y hace falta mucho coraje para detenerse en la investigación comenzada..., pero sé que cuanto más se avance en estas técnicas sin una guía ética los riesgos y los percances serán mayores: no ha ocurrido nunca que un conocimiento adquirido deje de ser aplicado después.
Yo, Jacques Testard, trabajando en el campo de la procreación asistida he decidido parar y acabar con esta carrera enloquecida hacia la novedad científica, porque sé la dirección de la curva. Se pretende sacrificar innumerables vidas humanas para construir un hipotético progreso genético: primero se eliminarán embriones con enfermedades congénitas y posteriormente serán otros motivos para desecharlos: el sexo, la estatura, el color de los ojos, el color de los cabellos... Mi última aportación ha sido la congelación de embriones humanos, pero no iré más allá, ni intentaré otras marcas. Lo harán otros, pero no porque sean mejores, sino simplemente porque tienen ganas de hacerlo, de que se hable de ellos, de aparecer en la televisión. Soy plenamente consciente de que esta decisión equivale para mí a una especie de suicidio profesional”.
Cuando el ser humano -apunta la Lic. Ma. Elena Martín Alonso (1993)- pueda ser expresado ad integrum, éste quedará reducido a un objeto. La dignidad y racionalidad del hombre, único, irrepetible, incanjeable, insustituible y trascendente deberían ser permanentes, intocadas.
Todas estas opiniones tienen valor, sin embargo, no responden cabalmente al derecho humano de procrear cuando ciertas condiciones de naturaleza insalvable lo impiden. Surge entonces la posibilidad de procrear artificialmente mediante la procreática, término acuñado por los franceses para referirse a todo el espectro de la reproducción artificial o fabricación de seres humanos y que habla del derecho a tener o a no tener hijos, del derecho a la reproducción, a la libertad reproductiva, etcétera.
Es entonces necesario encontrar alternativas terapéuticas válidas a la esterilidad, compatibles con la dignidad de la procreación humana. Todo un reto para los científicos responsables de conciliar la ciencia y la ética.
En México se estima actualmente que hay un millón y medio de parejas con problemas de fertilidad y acaba de promulgarse en el Distrito Federal la Ley de Gestación Subrogada que fue aprobada el 29 de noviembre del 2010. Esta ley entrará en vigor a partir del mes de enero de 2011 y ha sido producto de esfuerzos conjugados que se han venido gestando desde años atrás. Recuérdese el documento titulado: Maternidad Subrogada, que emitió en el 2008 la Cámara de Diputados de la LX Legislatura a través del Servicio de Investigación y Análisis, Subdirección de Política Exterior, de la autora Lic. Alma Arámbula Reyes, Investigadora Parlamentaria, accesado en: http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/spe/SPE-ISS-14-08.pdf.
El tiempo y la experiencia habrán de decirnos si esta ley, similar a la que se tiene en algunos países como Australia, Alemania, Francia, Noruega y Suecia, entre otros, contribuye a hacer valer el derecho de procreación de las mujeres imposibilitadas naturalmente para ello, en nuestro país.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sobre el morir


CAPACITACIÓN TANATOLÓGICA

© Dr. Xavier A. López y de la Peña


Nuestra alma se desliga fácilmente de la tierra
cuando ve desaparecer aquellos que amamos;
la muerte de una persona querida cambia
completamente a nuestros ojos el aspecto del mundo.

Eugenie de Guerin


Afrontar a la muerte siempre ha constituido un reto enorme. ¿Cómo actuar, qué hacer, qué decir o callar ante un ser humano que ha dejado de vivir? ¿Cómo nos percibimos nosotros mismos el encontrarnos ante un congénere sin sentido vital?
Paradoja enorme enfrenta el médico ya desde sus inicios en la formación profesional. De la dedicación exclusiva por la vida en su quehacer, empieza a formarse en las primeras lecciones escolares bajo dos constructos diferentes que entretejen los ejes de su preparación y conducta ulteriores: inicia con la enseñanza en la muerte, con más propiedad, sobre el ser humano muerto y por demás fraccionado en secciones corporales en los que se busca y entiende su forma, apariencia, consistencia, sus relaciones entre uno y otro elementos. Se instruye en y sobre objetos humanos inanimados, se vuelve por tanto su mirar al ser humano en objetivante, inerte, sin sentido personal.
Luego se refrenda el seguimiento del cuerpo humano ya en la salud como en enfermedad desde una óptica ahistórica y carente de casi cualquier componente social.
Después, pero prontamente, el escolapio aprende que la muerte constituye el fracaso no infrecuente de su misma lucha por la vida y se le enseña a evadirla. Cesa abruptamente su razón de ser ante la persona muerta y prefiere cerrar los ojos y los oídos, las puertas a su interior. ¿Fue un fracaso esperado o inevitable, o por el contrario, un desenlace imprevisto y súbito? Sea cual fuere, la consigna ineludible es que debe evitarse.
El conjunto de representaciones que giran alrededor de la muerte misma como la agonía y el duelo, no son temas a discutir y a aprender en el curriculum médico. Ello se consigue a pulso, sin la formación adecuada.
El profesional de la salud, el técnico y el administrativo que guarden relación con el hacer médico deben entonces capacitarse sobre la agonía, la muerte y el duelo de los seres humanos para dar respuesta a estas necesidades insatisfechas de la población.
La muerte constituye no solamente la cesación de una vida sino la pérdida de un ser humano dentro de un cuerpo social.
La noticia sobre una muerte próxima o la ya consumada implican necesariamente el establecimiento de una comunicación entre 2 o más personas y que debe atender a diferentes contenidos. Uno de ellos es el informativo, simplemente dar la noticia. Este elemento debe permearse, no obstante, con sensibilidad ante un evento doloroso por sí mismo. El comunicador debería estar preparado y manejar ciertas destrezas para que la comunicación fluya sutilmente ya que no siempre se hace en el mismo tiempo y forma. Ello depende de la persona con la que interactúa, sus necesidades propias, las expectativas, sus sentimiento de pérdida, su participación (si la hubo) en el mismo proceso del morir, su preparación personal, su forma de responder tanto de manera verbal como no verbal, el ámbito en que el suceso se da y más.
Otro elemento a considerar en la comunicación es el orientador. ¿Qué hacer con la persona por morir o muerta? ¿Qué hacer ahora que un ser humano se ha perdido? ¿Qué hacer y harán los que se quedan? No se trata sólo de decir que se tiene que hacer determinado trámite ante la oficina del Registro Civil, de requisitar un formulario especial para obtener el Certificado de Defunción y/o de dar aviso a una determinada agencia funeraria. El apoyo psicológico juega un papel muy importante en la orientación ante la pérdida y responde, también de forma personalísima, a las necesidades del interlocutor. El aplomo en el control de la situación, el reconocimiento de la angustia, la frustración, el enojo, la resignación y otras manifestaciones de la persona que enfrenta la pérdida, requieren de la sutileza del comunicador para disminuir tensiones. A veces se requieren de muchas palabras, gestos y acciones, otros más de largos y quizá únicos silencios.
La muerte y sus pormenores, su preparación para afrontarla, da a quien la enfrenta una formación actual en nuestro medio empírica, sobre la marcha, no se obtiene una formación especializada como se propone.
La situación mortal debe reconocerse, si ello es posible, y afrontarse. Ciertamente un desenlace no esperado como el que se presenta con la muerte de un pequeño o un joven en plenitud de vida aparente, improntan e impresionan más a quienes le rodean que el deceso en un anciano aquejado de un mal incurable conocido hacía poco tiempo atrás. Podría decirse que el primer caso tuvo un desenlace inoportuno que lleva así mismo todo un bagaje de incomprensión en el orden temporal difícil de asimilar y entender, en tanto que el segundo caso ilustra un deceso esperado, ya temporalmente y racionalmente asimilado.
¿Qué debe hacerse para enfrentar al agonizante, al muerto y a los dolientes? Quizá el primer elemento a considerar sea el de adoptar una mentalidad abierta, receptiva a las personas y las situaciones que les rodean. Que mejor enseñanza se podrá tener que la de enfrentar a los casos reales bajo la tutela de un capacitador experimentado. Alguien que enseñe sobre la muerte, que ofrezca capacitación tanatológica.
Recuerdo una técnica utilizada por nosotros como herramienta en el proceso de la enseñanza-aprendizaje que nos llevaba de la práctica a la teoría y luego nuevamente a la práctica en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud del IPN. Esta fórmula nos enfrentaba con la realidad (práctica) para luego llevarnos a su discusión y análisis en el gabinete a nivel multidisciplinario (teoría) y, ya con propuestas de cambio metodológicamente estudiadas eran llevadas para su implementación en el terreno (práctica) nuevamente. Pues bien, este modelo es ideal para la capacitación tanatológica.
El cuadro del morir, que incluye su antes y después, puede ser discutido y analizado con enorme provecho bajo esta óptica. Con ello, quien enfrente el reto sabrá qué hacer o dejar de hacer ante la pérdida real o en potencia de un ser humano.
Pequeñas tareas rodean el hacer sobre la muerte que revisten, sin embargo, una importancia considerable como la privacía. Nada hay como favorecer un ámbito en confidencia, porque pocas cosas y sucesos hay que demanden tan personalísima atención. Comodidad: la tensión suele disiparse y liberarse con facilidad si se dispone de elementos que brinden comodidad a los interlocutores. Sentido común y de equipo entre los diversos actores en torno a la pérdida, cada uno de ellos asumiendo el papel y cumpliendo con las responsabilidades que le competan. La muerte de las personas involucran directa e indirectamente a los deudos, el personal de salud, y a una amplia gama de administrativos particulares y oficiales.
No hay respuestas concretas a situaciones determinadas; hay actitudes asimiladas con buen o mal sentido proyectivo. La sociología de la muerte puede ser ajena a las etapas del morir señaladas por la Dra. Elizabeth Kübler-Ross que comprenden la negación, el enojo, la ira, la envidia, la aceptación y resignación, y la respuesta de los deudos tampoco modelarse unívocamente.
Sin embargo, tanto al agonizante como a los deudos debe enfrentarse. El personal de salud ha sido entrenado por las breves razones que arriba mencionamos a evitarlo. Es difícil que alguien se pueda, y de hecho se haga, cargo del asunto. El tema se evita y se burla la atención derivándola hacia otra u otras personas, si ello es posible. El personal de salud está estructurado para el mantenimiento objetivo de la atención hacia los problemas de salud, hacia la vida, no hacia el morir o la muerte.
La muerte debe ser entendida como parte de la misma vida, su fenomenología debe ser descubierta, disecada y expuesta a la luz del entendimiento. Debe desmitificarse. La capacitación tanatológica es una necesidad, no cubierta, en la formación profesional de quienes le enfrentan con más frecuencia: el personal que provee servicios de salud.

viernes, 29 de octubre de 2010

Albedrío conculcado: Aborto


Blanco y Negro,o del Aborto.
Albedrío conculcado.*

*© (DR) Xavier A. López y de la Peña

Hombres [y mujeres] necios que imponéis
vuestra moral a la mujer,
sin ver que son de razón
y libres de decisión;
si con ansia sin igual
solicitáis su atención,
¿porqué no las dejáis que obren por elección
si las forzáis a vuestra convicción?
Siempre tan necios andáis,
que con desigual nivel
a una culpáis por ilegal y cruel
y a otra la excomulgáis.
¿Para qué os espantáis, pues, de la culpa que tenéis?
Regocijaos enhorabuena,
queredlas y dejadlas a su conciencia hacer
y os suplico por favor,
son mujeres con razón, no os entrometáis.

Quise rescatar este ensayo escrito en el año 2000 porque, a pesar de ciertos avances legislativos en la materia, la óptica sigue siendo más que miope en asunto tan trascendente en la vida humana.

El color «blanco» se define como el “color de la luz solar, no descompuesta en los del espectro”, y «negro» a lo “totalmente oscuro, como el carbón, y en realidad falto de todo color”. Para fines prácticos contrarios son el tener o no color.
El tema del aborto, como sustantivo de abortar y que significa el “expulsar un feto muerto o que todavía no está en condiciones de vivir” (en tanto que en el Código Penal para el D.F. en materia común y para toda la república en materia federal se establece que el «aborto» es la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez) por causas varias, desde directas a indirectas, intencionales o no intencionales, voluntarias o involuntarias, enfrenta siempre a “pensares” contrarios de manera tan estricta como lo es con la tenencia o ausencia de color.
Sí a la despenalización del aborto, bajo ciertas circunstancias se matiza y esgrime de una parte, no a la despenalización del aborto bajo ninguna circunstancia se enfatiza y apuntala del otro.

PANORAMA REAL

En México como en todos los países, se acepte o no, quiérase o no se aborta legítimamente o no también bajo circunstancias varias. En el Programa Nacional de Población 1995-2000 (México 1995), el Consejo Nacional de Población (CONAPO) estimó que un 19.8% de la mujeres en edad reproductiva que han tenido algún embarazo informaron que habían tenido cuando menos un aborto.
Apreciaciones de la OMS para nuestro país consideran la cifra de 800 000 abortos ilegales practicados anualmente, en tanto que la referencias ofrecidas por las feministas estudiosas del tema y directamente implicadas la cifra asciende a casi 2 000 000. Si consideramos que de los abortos realizados ilegalmente sólo el 12% tienen complicaciones y que de éstas muere un 8% como se estimó en un estudio realizado en el IMSS en 1980, podemos inferir que por causa de este tipo de aborto ilegal y complicado en México mueren entre 7 680 y 19 200 mujeres anualmente.
Por estar penalizado el aborto en nuestro país, salvo bajo ciertas circunstancias y como especifica el código penal de una u otra entidad federativa y que son: por imprudencia de la mujer embarazada, o como resultado de una violación, por causas eugenésicas en situación de peligro para la vida de la madre, por grave daño a la salud y por razones económicas serias (Yucatán) o de inseminación no deseada (Colima, Chihuahua, Guerrero); algunas de las 800 000 a 2 000 000 mujeres que recurren al aborto ilegal aducen las siguientes razones de acuerdo a Marie Claire Acosta y cols. (El aborto en México, FCE 1976) y que son: 52% por considerar que ya tienen muchos hijos (método de control natal), 27% por problemas económicos, 12% por problemas con su pareja, y el resto argumentan razones de salud o terapéuticas.
De otra parte, la autoridad no parece fortalecer el mandato prohibitivo puesto que tampoco la ley se ejecuta si consideramos que de todas la mujeres que estimada mente abortaron ilegalmente en México en 1988 (unas 800 000 como mínimo como hemos señalado), sólo 15 de ellas fueron sometidas a juicio y de éstas sólo 6 fueron declaradas culpables. Por tanto, la ley establecida en realidad no desalienta la práctica ilegal aborto. La Iglesia Católica por otra parte y que yo sepa hasta hoy, no ha excomulgado a ninguna de las mujeres que ilegalmente abortaron en... 1995, 1996, 1997.....
7 680 o 19 200 mujeres muertas anualmente en el país por complicaciones de abortos ilegales constituyen un problema «real» de salubridad pública que no previenen ni frenan nuestras leyes ni las ideas religiosas. El Estado entonces, como responsable de la salubridad pública en el país debe ser considerado como el único responsable por dichas muertes. La única solución posible está, indiscutiblemente, en la despenalización del delito del aborto.
El otrora presidente francés V. Giscard enfrentó esta situación en su país y al aprobar la despenalización del aborto en 1975 dijo a sus conciudadanos los siguientes motivos: “Yo soy católico, pero también soy presidente de una República cuyo Estado es laico. No tengo por qué imponer mis convicciones personales a mis conciudadanos, sino que debo procurar que la ley responda al estado real de la sociedad francesa, para que pueda ser respetada y pueda ser aplicada..."
El Estado mexicano también laico, ha sido incapaz de afrontar la misma situación «real de la sociedad mexicana» con la misma medida.

LO DIVINO

La Iglesia Católica, como la religión (conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto) predominante en México, finca su posición en cuanto a negarse a la despenalización del delito del aborto basada en la aceptación de un Dios que da la vida y por tanto solo él puede quitarla. Es, de hecho un razonamiento dogmático sobre el cual ninguna argumentación objetiva y racional puede hacerse si se piensa en contrario.
La creencia y el dogma (en la religión católica como en las otras) constituyen una manera de entender y ver el mundo que le rodea a la persona, lo que de suyo no necesariamente es cierto o falso.
Si las personas creen en esta forma de comprender el mundo, entonces considerarán indiscutible el dejar a Dios las decisiones, y toda intervención humana sobre la vida será, definitivamente reprobable. Pero si las personas no creen, su forma de entender al mundo se desligará del mando de Dios y podrá decidir ejerciendo su albedrío sobre el asunto de la vida, luego entonces, en tanto que en México habemos creyentes y no creyentes, la pretendida imposición de los primeros hacia los segundos es, a todas luces, inaceptable.
La vida tiene para los creyentes como para los que no creen un valor intrínseco ciertamente, sólo que para los segundos, este valor tiene un significado humano en su dimensión social que le hace diverso contra el unívoco deificado extra-social y acorde al positivismo moral. Sin embargo, hay que resaltar que de los 7 680 o 19 200 abortos ilegales realizados anualmente en México, aproximadamente podríamos considerar que un 90% de las mujeres que lo consintieron, son o se dicen católicas que también decidieron su acción en función de lo social que les «apremió» y no les contuvo el precepto religioso. Pretender entonces imponer una posición religiosa a otros les lleva a caer en el dogmatismo o la presunción de los que quieren que su doctrina o sus aseveraciones sean tenidas por verdades inconcusas.

LO HUMANO

El óvulo fecundado por el espermatozoide se convierte en un complejo biológico potencialmente en condiciones (si todo es propicio) de desarrollarse (pasando por estadios definidos como mórula, blástula, gástrula, etc.) hasta un ser humano hombre o mujer. Es por tanto una “persona en potencia”, sin embargo, como sucede en aproximadamente un 20% de todos los embarazos, éstos terminan en abortos. Quiere decir que 2 de cada 10 embarazos de “personas en potencia” son, de hecho, “no personas en potencia” por lo que resulta complicado otorgar un valor moral derivado igual a uno u a otro. Uno que podrá llegar a ser y de otro que no podrá llegar a ser. Damos valor así sólo a las “personas potenciales” que llegan a ser.
Ahora vamos al asunto de las personas. El diccionario define a lo que llamamos persona como: Individuo de la especie humana, hombre o mujer, con un supuesto inteligente. Las personas entonces son consideradas como constituidas con dos atributos: a) un cuerpo (materia y forma) particular indiscutibles. Es así que un árbol, como una vaca o un plamodium que también poseen materia y forma nunca podrán ser considerados personas y; b) las personas poseen una conciencia o una «acción intencional» o un supuesto inteligente como se le ha denominado.
Si otorgamos entonces un valor moral a las personas, entonces el asunto nos obliga a una exigencia moral de ello derivada. Si el óvulo fecundado tiene el potencial humano, podremos reconocer en él su componente corpóreo exclusivo –materia, aunque no forma aún- si tomamos en cuenta a su carga genética humana única ciertamente, pero también muy distante de ser (o no ser) una persona, y a este nivel ausente por completo de una acción intencional o un supuesto inteligente.
Si la Iglesia Católica opone el argumento bajo su particular manera de entender al mundo, dogmática e incuestionable de que la vida surgida de la unión de los gametos está infundida por Dios y que desde ese momento por su potencialidad es una persona, aún sin su forma de persona ni sin el supuesto inteligente que, también potencialmente habrá de adquirir. Nada puede razonarse en contrario.
El asunto del aborto y su despenalización en México, en todo caso, contiene argumentos a favor o en contra, de índole legal, social y religiosa y bajo los cuales cada actor esgrimirá cuanto recurso ideológico y material sea necesario para apuntar, justificar, criticar, imponer, liberar o anatemizar su convicción en contra de otro.
La norma mexicana legal que lo regule y que apremia, no obstante, debe contener ya los supuestos que den amparo a la «razón real social» que hoy tilda de ilegales a las 7 680 o 19 200 mujeres que ejercieron su potestad de obrar por reflexión y elección personalísimos (cada quien su conciencia) optando por el aborto clandestino y murieron por la miopía legislativa y religiosa.
Las controversias seguirán pero, en tanto que el Estado cacareadamente laico de México siga orientado como “conciencia moral” impositora como sucedió con la resolución del Congreso de Guanajuato que aprobó (hoy, asunto ya vetado por el Gobernador) la penalización del aborto en caso de violación, que no sólo privaba a las mujeres de un recurso antes legal (aunque también se les negara como en el infame caso de Paulina) sino que les obligaba además a sobrellevar una maternidad repugnante y no deseada; y que se muestre ciego a la realidad social que deja atrás miles o millones de tumbas de mujeres que ejercieron su albedrío por las razones que a ellas les atañen en manos del insalubre -las más de las veces- clandestinaje abortero al que fueron forzadas, seguirá siendo el único responsable por ello.

FINAL

El aborto es un asunto de albedrío.
No rendir el albedrío nos hará personas (cuerpo e inteligencia) libres; rendirlo nos hará ser sólo títeres entecos aherrojados por la “conciencia” de otro u otros.